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MI DESVIRGAMIENTO

28 de noviembre de 2008

Primero quiero confesar que desde hace aproximadamente un mes que he leído los relatos de esta página. Pero es hasta hoy que me atrevo a ser parte de ellos.

Pero he sido una grosera, no me he presentado.

Mi nombre es Shannon, tengo 23 años soy lilithista y también me considero hedonista, mido 1.68, soy tez clara, cabello castaño claro, ojos grandes de color miel y pestañas abundantes, labios regulares, caderas amplias, hombros angostos y de pecho… regular.

Mi relato se desenvuelve hace 5 años. En ese entonces yo me encontraba cursando el último año de la secundaria.

Tenía un novio que iba a terciaria. En mi salón iban dos de sus amigos. Un día el maestro de historia nos dejó hacer un trabajo en pareja. A mi me tocó un amigo de Oswaldo (mi novio) Matías, él tenía cierto sex appeal que hacía que tuviera un fuerte magnetismo hacia él.

Habíamos quedado empezarlo el viernes en mi casa. Ya que era para el siguiente miércoles y en mi casa no había nadie que nos molestara, ya que sólo vivíamos mi mamá y yo.

El día llegó y al salir de la escuela nos fuimos directo a mi casa. Al llegar Matías me pidió permiso para pasar al baño, le dije que no había problema, que el baño se encontraba en la parte de arriba y que yo mientras iría a cambiarme de ropa. Me dirigí a mi habitación y comencé a desvestirme. Cuando me iba a quitar la playera vi por el espejo a Matías, me estaba viendo desde la puerta que estaba entreabierta, decidí continuar cambiándome como sin nada. Matías siguió mirando, él no se había dado cuenta de que yo ya lo había visto. Cuando se dio cuenta de que yo ya iba a salir se quitó de la puerta y se dirigió a la sala. Cuando llegué a la sala, Matías estaba sacando algunas cosas de su mochila.

-¿Tienes alguna idea de como empezarlo? -me preguntó -Bueno, primero hay que sacar la información, y luego nos encargamos del material de apoyo. -¿Tienes Internet? -Si. -Pues hay que sacar la información. -OK, la computadora está en mi habitación.

Yo sentada en la silla secretarial buscando la información, y Matías detrás de mí. De repente él se acercó a mí a la altura de mi hombro. Su respiración me fue erizando los vellos de la nuca.

-¿Te has metido alguna vez a alguna página prohibida? -me preguntó. -¿A que te refieres? -Bueno, si alguna vez te has visto pornografía.

Me hice la molesta y le dije -Hay los hombres sólo piensan en eso… pero si, alguna vez llegué a ver, pero solo fueron como cinco segundos. Lo que pasó es un día estaba viendo una película normal, no la quité enseguida de que terminó, como a los 5 minutos pasaron algunas escenas, y eso fue todo.

Pero yo sabía el rumbo que Matías quería tomar, así que seguí por ese camino.

-¿Y tú has visto eso? -Si en varias ocasiones… ¿Puedo preguntarte algo pero sin que te molestes? -¿Pues que piensas preguntarme? -Es algo privado.

Yo siguiendo buscando la información le dije -Pues pregunta, si no me molesta te respondo. Deliberada y bruscamente me preguntó -¿Alguna vez lo has hecho? -¡Que!, esa pregunta es muy íntima… pero no. ¿Y tú ya?

Se fue acercando cada vez más hasta estar literalmente encima de mis hombros, y me dijo:

-Tú que crees. -Pues ya. -Pues no, aun no. Pero a poco nada de nada con Oswaldo. -Sabes que, la verdad ya no me interesa andar con él. Él es un chico muy atractivo y las chicas lo andan rondando todo el tiempo. -Así que estás celosa. -No son celos, simplemente no me gusta un chico que este rodeado de chicas constantemente, además el inseguro es él, es un celoso. -Y si no te gusta ¿por que sigues con él? -No se… tal vez por no estar sola, pero sabes que tienes razón. Creo que lo más sano sería cortar con él… La verdad me gustan los chicos que sean sencillos, inocentes, tiernos, un poco recat

ados y al mismo tiempo atrevido. Una persona así como tú. -Así que te gusto. -No yo nunca dije eso.

De repente me pregunta.

-¿No quieres a jugar algo?-Jugar, ¿como a que? -A la basurita. -¿A la basurita? ¿Y como se juega eso? -Tú te tiras al suelo y yo te recojo. -Eres un grosero! -le dije muy indignada, pero en el fondo me encantaba la idea. Pero no me tenía que ver tan fácil, bueno, al menos eso pensaba.

Las palabras de Matías cada vez me ponía más caliente, así que le di pie para que continúe.

Lo hice a un lado y me levanté de la silla. Le dije que me pondría unas pantuflas para estar más cómoda. Así que me agaché para buscarlas debajo de la cama, pero dejando mi trasero levantado y como traía una minifalda puesta (que me había puesto a propósito) con la intención de que viera algo más allá de lo que podía dejar… ver la misma…

-¡Aayyy! que lindos calzoncitos rosas tienes.

Como ya no podía y con un impulso le pregunté: -¿No quieres tocar? Él con una cara de sorprendido respondió: -¿Qué?

Con un impuso di un ágil movimiento lazándome a sus abrazos, dándole un beso. No se que me pasa por la cabeza por esos momentos. Pero definitivamente no tenia conciencia. Parecía que estaba poseída… Con un brusco movimiento Matías me lanzó a un lado y me dijo -Esto no está bien. Oswaldo es mi amigo y tú eres su novia.

Un poco agitada le dije: -Mira Matías, ya te dije que voy a cortar con Oswaldo, pero si no quieres, no hay problema. Me incorporé y me volví a sentar en la silla, -Nada más te digo que esta oportunidad jamás se te volverá presentar.

Con un hábil movimiento giró la silla y se me fue encima de mí dándome otro apasionado beso y al mismo tiempo me levantaba de la silla y nos arrojamos a la cama. Él me tocaba los pechos, mientras yo le quitaba la chaqueta. Comenzó a pasar sus manos por mi cuerpo, pasándolas por debajo de mi blusa, acariciando mi cintura. Después se levantó para quitarse la playera que llevaba, yo hacía lo mismo y me desabrochaba también el sostén. Nos volvimos a besar. Sus movimientos fueron más atrevidos empezaba a acariciar mis piernas y después posándolas sobre mi monte de Venus.

Mientras tanto, yo si pensarlo dos veces comencé a desabrochar el cinturón que sujetaba su pantalón. Él continuaba acariciando mis pubis sobre la delgada tela de mi braga y con un ágil movimiento me quitó la minifalda de mezclilla, dejándome sólo en bragas que al parecer para ese momento ya estaban completamente mojadas.

Él me besaba, pero esos besos comenzaron a descender por mi cuello, por mis pechos y dándoles un poco de atención a mis ya erectos y rasados pezones. Girando su lengua alrededor de ellos y luego retomando su camino, pasando por mi ombligo y finalmente llegando al resorte de mis pantys. Comenzó a besar y a dar unos pequeños mordisquitos, que cada vez me ponían más caliente.

Ya no sabía quien era y no me preocupaba, había perdido la conciencia. Así que comencé a bajar a aquel pantalón en el cual se ocultaba unos pequeños calzoncillos negros. Los cuales hacían un hermoso contraste con su blanca piel, y dejando ver unos cuanto vellos que salían de el. También que debajo de esa delgada tela, se podía transparentar una increíble fiera que se veía que ya estaba despierta.

Continuando comencé a descender aquel slip, que ya también se veían mojados con un poco de líquido pre-seminal y dejándolos a la mitad de sus muy gruesos muslos. De inmediato saltó una enorme, regordeta y rosada pinga que estaba babeante, quedando parada frente a mis ya húmedos labios, que deseaban ya tenerlo en su poder.

Me lancé sobre ese gigante cíclope y comencé a chupar descontroladamente. En ocasiones él se recorría, como señal de que quería eyacular, pero yo continuaba con esa exquisita faena. De repente, un disparo de leche ardiente cayó en mi garganta, sentía ahogarme, me saqué esa exquisita gota, salpicándome en mi cara. Aquella leche estaba hirviendo. Después de aquel derramamiento, el pájaro seguía de pie y dando señal de que iba a dar batalla hasta las últimas consecuencias.

-Acuéstate dejando tu trasero en la orilla de la cama – eso me dijo Matías. Yo obed

iente y sumisa, hacía lo que él me pedía.

Comenzó a deslizar mis muy diminutos calzoncitos rosas, hasta quitármelos por completo. Inmediatamente y como por instinto comencé a abrir mis piernas, dejando al descubierto mi más oculto tesoro.

Él estaba embelesado observando esa parte oculta, que ningún otro hombre había visto antes. Comenzó a dar lengüetazos, de los cuales no podía ocultar unos pequeños gemidos, que salían del más profundo de mi ser.

Al parecer eso le excitaba a él. Con un ágil movimiento, dio un giro de 180°, quedando frente de mí ese gran monumento viril. No lo pensé dos veces y comencé comerme ese pichón, que se veía cada vez más grande, rojo y caliente, y viéndolo bien también comenzaba a vibrar. Me la comía frenéticamente. Desde ese ángulo tenía muy buena vista de esas dos bolas peludas del tamaño de unos albaricoques.

Él continuaba con su debida labor, concentrándose por unos minutos en mi clítoris, pasando su húmeda lengua descontroladamente y luego prosiguiendo con sus dedos. Era tan buena su labor, que me vino una secuencia de temblores, mis músculos se contraían, mis oídos comenzaban zumbar y mi respiración era agitada consecutiva e involuntariamente. En pocas palabras tuve una serie de orgasmos consecutivos.

Al terminar esa grandiosa sensación, me sentía endeudada con Matías así que comencé a comerme despavoridamente ese grandioso pene. Después de unos segundos vi como aquella manguera comenzaba a reaccionar, pero yo no quería que me mojara de nuevo, así que le obstruí el paso, presionando su uretra en el área del perineo. Al parecer él estaba sufriendo de esa misma sensación.

Era el momento de inaugurar ese bello lugar. Él se posicionó sobre mí, quedando aquella bestia enfrente de mi cuevita. Tenía una un cierto temor, que algo descomunal como eso me fuera a desvirgar, pero con cierto entusiasmo, que esa monstruosidad fuera quien cortará mi listón virginal.

Comencé a sentir su muy caliente y palpitante glande. Sentía como se abría paso, separando mis dos húmedas paredes. Que por durante esos años habían permanecido unidas. Sentía como cada milímetro iba entrando en una muy estrecha vagina. Sentía un fuerte dolor, que a cada centímetro que entraba, se convertía en un grandioso placer, pero finalmente entró sin ninguna dificultad.

Comenzó el vaivén o el mete y saca. Al principio era algo lento y torpe, pero como iban avanzado los minutos, tomaba agilidad. Estuvimos en esa posición por varios minutos, para luego pasar a la del perrito. En la cual se sentían las penetraciones más profundas y de las seis fue mi preferida. Para luego seguir con la del a cucharita, pasando a la del domador, para luego cargarme como el cartoncito de cerveza y como recompensa le apliqué la vaquera. En la cual culminó nuestra ya mutua larga primera experiencia.

Sentí como ese ardiente néctar llegaba hasta lo más profundo de mis entrañas. Acto seguido caí sobre de él. Quedando dentro de mí su aún erecta herramienta.

Nos quedamos profundamente dormidos. Nos despertamos dos horas después y luego nos metimos a bañar y por supuesto volvimos a pecar, o sea coger.

Deseábamos quedarnos a dormir juntos, pero mi mamá estaba a punto de llegar, lo tuve que despedir no con mucho gusto, pero si con un gran beso de pasión.

Hubo una cosa de la cual me sentía totalmente arrepentida y por las cuales pasé días de angustia. NO USAR CONDÓN, pero después de días de angustia y de la visita de Andrés, me vino un gran alivio. Me alegro de que mi himen no fuera roto por un pedazo de látex, si no por la más exquisita de las carnes.

Al siguiente día rompí con Oswaldo. Volví a fornicar varias veces más con Matías, pero con precaución. Haciendo esa etapa de mi vida una de las más disfrutadas y que fue la base del descubrimiento de nuevas experiencias sexuales y de ninfomanía que dormía en mí.

Agradezco su atención y espero que les haya gustado mi relato, mis queridos lectores. Al final les pongo mi correo para recibir sus opiniones y todo lo que me quieran mandar.

Nos vemos en la próxima, pronto me estarán leyendo otra vez. Si es que Ustedes así lo desean por medio

de sus votos, que espero, y deseo, sean muchos…

Besos de lengüita para todos… y pueden ponerlos donde ustedes quieran.

Autor: Shannon Quericosesienteeso (arroba) live.com.mx

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