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Mi esposa es una puta verdadera

15 de abril de 2009

Marcela no paraba de jadear, yo besaba sus tetas y la penetraba profundamente, así estuvimos largos minutos, mi esposa me decía que era mi puta, que le diéramos duro…y así lo hicimos durante mucho tiempo, hasta que de pronto como si nos hubiéramos puesto de acuerdo ambos eyaculamos y al unísono estremecimos nuestros cuerpos e inundamos los agujeros de Marcela.

Este relato es parte de una historia que he guardado durante muchos meses, se trata de la infidelidad de mi esposa con un joven que frecuentaba el gimnasio donde practica fitness.
Bueno para situarlos en contexto, les cuento que mi mujer, es una morena de 1.60 mts, tetas operadas que le dan 96 cm de busto y tiene un culo duro que llega a los 98 cm, el mismo que se nota espectacular debido a que tiene una cintura de 58 cm.

Resulta que Marcela es fanática del ejercicio, ella frecuenta un gimnasio que es de muy buen nivel, donde se reúnen gran cantidad de personas jóvenes de ambos sexos, Marcela, que tiene 34 años, es una de las mujeres más atractivas del gimnasio ya que se preocupa de su figura y no deja de cumplir a cabalidad con el régimen alimenticio.

Debido a ello es que nunca falta algún pretendiente, fue así que hace 8 meses, comencé a notar algo raro en su conducta, ella salía muy apresurada al gimnasio y al mismo tiempo muy arreglada, al principio me decía que se debía a que después del gimnasio iría de compras al supermercado y que no podía ir mal vestida ya que todo el mundo se fijaría en ella. Al comienzo fui ingenuo y creí en sus palabras, pero resulta que el gimnasio finalizaba a las 20:00 hrs y ella retornaba a eso de las 22:00 y no siempre volvía con bolsas del supermercado. Fue así que comencé a dudar de la veracidad de sus dichos y me dispuse a seguirla.

Efectivamente Marcela acudía a su gimnasio, entrenaba como de costumbre y al finalizar sus sesiones se quedaba conversando con un grupo de jóvenes de entre 20 y 25 años, todos ellos con unos físicos bastante trabajados. Pues bien, hasta ese momento nada extraño, pero resulta que después de la conversación Marcela se subió a nuestro auto y junto con ella uno de los jóvenes con el que conversaba previamente. Se trataba de un moreno de aproximadamente 1.75 mts, con el pelo muy corto y con una pinta de míster universo, al principio creí que ella lo llevaría a su casa y en el camino me di cuenta que estaba muy equivocado…

Marcela tomó un camino que sin dudas la llevaban a un motel muy elegante que quedaba fuera de la ciudad a unos 12 km de distancia, me sentí muy mal al seguir a Marcela, pero me sentí aún peor de saber que la mujer a la cual yo amaba me era infiel, al conducir por la carretera tenía la esperanza que estuviera equivocado, pero con el paso de los km y al llegar al motel simplemente confirmé que mi esposa era una puta igual que muchas…yo que durante tantos años nunca le había sido infiel y que siempre le había dado todo para que fuera una mujer feliz.

Pero la vida es dura y comprendí que definitivamente la fidelidad es simplemente un sueño en la mente de las personas enamoradas. Obviamente me quedé a esperar fuera del motel en un lugar oculto que mi esposa saliera del lugar, en realidad esperé aproximadamente una hora y de pronto vi salir del lugar nuestro auto, mi mujer conducía y el joven la acompañaba en el asiento del copiloto y le acariciaba el cabello. Pasaron por mi mente mil cosas, quería seguirlos para decirles mil cosas, que ella era una puta y que él era un cabrón aprovechador, pero debo reconocer que durante la hora que les esperé en la puerta del motel me sentí excitado con  la situación y me propuse seguir el juego de Marcela durante algún tiempo hasta poder desenmascararla.

En forma presurosa me dirigí a nuestra casa y la esperé como siempre, claro está que al verla llegar sentí mucha rabia y al mismo tiempo deseo. Ella se acercó a mí y me besó con pasión, sentí en su beso deseos de sexo, el olor que tenía su piel y la rubicundez de su rostro eran sinónimo de querer hacer el amor, mi pene me pedía que la penetrara y por mi mente pasaron las imágenes de Marcela entrando al motel…debo reconocer que estaba muy excitado, y comencé a besarla con pasión…

Recorrí su cuerpo con mis manos y la fui desnudando poco a poco hasta dejarla totalmente desnuda, ella gemía de deseo y con sus uñas recorría mi espalda y me apretaba contra su cuerpo desnudo, era imposible no desearla, en aquel momento solo pensé en hacerle el amor, su cuerpo me pedía que la penetrara y mi pene quería satisfacer esos deseos.

Hicimos el amor como hacía mucho tiempo no lo conseguíamos, ella agitaba su cabello y movía sus caderas de una forma espectacular, la penetré durante 20 minutos sin parar, ella jadeaba y sus tetas brincaban con mis embestidas, chupé sus pechos, sentí el sabor de su piel, su sudor recorría mi cuerpo y cambiamos muchas veces de posición, finalmente me pidió que la penetrara por el ano, eso nunca lo habíamos practicado, en ese momento comprendí el motivo de su excitación, seguramente el joven del gimnasio le había perforado el culo virgen…nuevamente volvieron a mí las imágenes de Marcela saliendo del motel y debo reconocer que la excitación fue mayor a mí rabia y la penetré.

Su ano era estrecho y a pesar de ello Marcela no se quejó, por el contrario me pedía que le diera más fuerte, más profundo, más rápido…ya veo que le gustaba ser sodomizada, mi excitación era tanta que no pude más y eyaculé, inundé su cuerpo con mi semen y extenuado me rendí, tuvimos una sesión de sexo como hacía muchos años no la habíamos tenido. En ese momento Marcela me besó y me abrazó diciéndome que me amaba.

Pasaron los días y mi curiosidad y rabia retornaron a mí mente, no podía olvidar a Marcela entrando y saliendo del motel con aquel joven, la seguí durante muchos días después de su salida del gimnasio, y la verdad no volvió a ser acompañada por aquel joven, algunas veces salía presurosa para ir al supermercado, otros conversaba con su instructor en la puerta del gimnasio y después subía al auto y retornaba a casa.

Esta situación me tenía muy confundido, pensé que lo que había ocurrido aquel día quizás fue algo casual, pero en realidad estaba equivocado, al cabo de unas semanas nuevamente Marcela comenzó a llegar tarde a casa, esto fue para mí algo muy difícil de aceptar, ella retornaba agotada y no quería hablar mucho conmigo, decía estar cansada por el ejercicio. Fue en ese momento que comprendí que su relación extramatrimonial continuaba y que yo era un cornudo, que tenía dos opciones desenmascarar la situación o aceptar que mi esposa era una puta y que continuara con su idilio con aquel joven.

Opté por la segunda opción con la finalidad de juntar pruebas para una separación legal, fue así como nuevamente la seguí durante algunos días, la situación se repetía, salía del gimnasio acompañada y se dirigía al motel, algunos días demoraba una hora y otros días varias horas, mi espera era eterna en el auto hasta que un día no aguanté más y pedí hablar con el administrador del lugar, para mi suerte lo encontré y con vergüenza le expliqué lo que me ocurría, él me señaló que lamentaba la situación pero que no podía hacer nada por mí, yo le comenté que estaba equivocado que podía hacer mucho…le pedí que me dijera cual era la cabaña en la cual se encontraba mi esposa y que yo le pagaría mucho dinero por esa información y él se negó durante algunos minutos pero finalmente ante mis ruegos él accedió obviamente me dijo que por ningún motivo él quería líos en su motel y que simplemente me hacia el favor por que comprendía mi rabia, pero si quería hacer escándalo eso tendría que ser fuera del lugar.

Me comprometí a no hacer líos y alquilé la cabaña que se encontraba junto a la que ocupaba mi esposa, durante largos minutos intenté escuchar que ocurría al otro lado de la pared… No escuchaba nada, así que me armé de valor y fui a golpear su puerta…pueden imaginar que esta decisión me costó mucho pero al final ganó mi rabia y lo hice, llegué y golpeé…durante algunos minutos nadie abrió la puerta, yo insistí hasta que de pronto se abrió la puerta, salió un joven musculoso, envuelto en una bata blanca me preguntó qué pasaba… ¿Que  pasa? le respondí, estás tirándote a mi esposa  y entré raudo en la cabaña, allí estaba Marcela entre sábanas, desnuda y con su cabello revuelto, sudorosa y con su cara sonrojada…Eres una puta le dije, ella al verme se sorprendió y comenzó a llorar, me pedía disculpas, trataba de dar explicaciones…

Se levantó y quiso abrazarme, sin darse cuenta que estaba desnuda, sus tetas rebotaban con el forcejeo que hacía conmigo para que la escuchara, en ese momento el joven intentó salir de la habitación pero se lo impedí, cerré la puerta y les exigí una explicación…en realidad la situación me había excitado demasiado…

Marcela se tranquilizó un poco y trató de decir algunas palabras, la verdad yo no quería escucharla solo quería tener sexo con ella, y sin más le pedí que me chupara el pene, ella se congeló, no sabía qué hacer, le dije, Eres una puta, haz lo que te ordeno, no me dirás que es la primera vez que chupas un pene..

Llevas semanas poniéndome cuernos con este tipo y ahora te haces a la santa, ahora verás lo que significa ser una puta, te vamos a penetrar con tu amante y no te podrás quejar ya que es lo que te gusta.

En ese momento sentí que era el dueño de la situación, tenía el poder para ordenar a mi mujer lo que yo quisiera y ella solo podía acceder, el joven no atinó más que a seguir mis órdenes, al parecer el miedo a mi reacción bloqueó sus deseos sexuales ya que su pene a diferencia del mío estaba totalmente flácido…

Le ordené a Marcela chuparle el pene a su amante, ella con temor me miraba y comenzó a hacerlo, Hazlo como durante todos estos días le dije…puta eso eres, ahora resulta que no sabes mamar un pene…

Se sentó en el sillón y mientras ella le mamaba el pene al joven yo  comencé a chupar su raja, la verdad estaba bastante húmeda seguramente los flujos que salían de su vagina eran mezcla de sus jugos y semen, yo estaba muy excitado, mi pene estaba duro como un riel, y comencé a penetrarla, ella se retorcía de placer y sus lágrimas pronto fueron jadeos, su boca se comenzó a llenar con la verga del moreno así estuvimos durante largos minutos…

Le ordené que cambiáramos de posición, Ahora mama el pene de tu esposo cornudo le dije y este cabrón te culeará como te gusta…puta. Si soy tu puta, te amo me dijo, perdóname…Te perdonaré solo si satisfaces mis deseos le dije así que chupa mi pene, trágatelo todo…

En eso el joven la penetró, parece que el susto de mi presencia había pasado ya que tenía un pene de gran tamaño, llenaba el culito de mi esposa y ella no podía sino que jadear con sus embestidas más duro, más fuerte más adentro le decía…

Mi pene estaba que reventaba, mi excitación era mucha y exploté en su boca, mi semen chorreaba por sus labios y goteaba sobre sus hermosas tetas, el moreno la seguía penetrando hasta que de repente comenzó a tener espasmos en su espalda y raudo retiró el pene del culo de mi esposa y eyaculó en sus tetas…

Marcela estaba exhausta, su cuerpo sudoroso y lleno de semen era para mí una imagen para no olvidar, Puta, eres una puta, le repetía…Si me dijo ella, Soy tu puta y quiero sentir tu pene en mi raja y el de Mauricio, Mauricio se llamaba el moreno, en mi culo, hazme feliz quiero ser muy puta. Lo eres y seguirás siendo ya que me excita verte penetrada por otro le dije.

Ella me miró con picardía, la penetré y mis embestidas la hicieron gritar, Más duro, más fuerte, te siento muy adentro, te amo, te deseo, dame más, dámelo todo me decía  y al mismo tiempo nuevamente comenzó a chupar la verga de Mauricio, el moreno estaba como un roble, no podía creer lo que estaba pasando pero disfrutaba del momento, así que cuando su pene alcanzó su máxima expresión la penetró por el culo…

Marcela no paraba de jadear, yo besaba sus tetas y la penetraba profundamente, así estuvimos largos minutos, mi esposa sudaba, rasguñaba mi espalda, me decía que me amaba, que era mi puta, que siempre lo sería, que gracias por entenderla, que le diéramos duro…y así lo hicimos durante mucho tiempo, hasta que de pronto como si nos hubiéramos puesto de acuerdo ambos eyaculamos y al unísono estremecimos nuestros cuerpos e inundamos los agujeros de Marcela…

Te amo le dije, siempre te amaré y tú serás mi puta siempre cuando yo lo quiera, si soy tu puta  siempre seré tu puta… te amo.

Esta es mi historia, actualmente con Marcela estamos viviendo nuestra segunda luna de miel, han pasado seis meses y ella continúa frecuentando el gimnasio, claro que no hemos vuelto a reunirnos con Mauricio, él fue de viaje a un campeonato de fisicoculturismo fuera del país y Marcela está con un cuerpo espectacular, su figura me recuerda al de Beyoncé, morena de grandes tetas y un culo de infarto, la amo más que antes y cada vez que recordamos aquella noche en el motel, le hago saber que es mi puta y ella lo acepta, tenemos sexo por todos sus agujeros y siempre le eyaculo en su boca…ella me lo pide, me dice que el sabor de mi semen es único, que la hace ser una puta verdadera.

Autor: Mauricio

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