Suavemente, como con experiencia en culos vÃrgenes, JoaquÃn metió la cabeza en mÃ, yo me agité y temblé un poco, luego él, tomándome por las caderas comenzó lentamente a meter y sacar solo la cabeza, no era muy gruesa, la sensación era sencillamente deliciosa, ya alguna vez alguna de mis novias, al hacer el amor, habÃa metido uno de sus dedos ahÃ, pero esto era aun más delicioso.
Esto ocurrió hace como dos años, el 24 de agosto de 2007, y cambió mi forma de ver todo, ahora soy más feliz, más abierto a las cosas y me conozco mejor, y a pesar de la naturaleza de lo que pasó y las circunstancias no cambió para nada mis preferencias sexuales, solo me hizo apreciar más lo que soy, lo que tengo y lo que me gusta, que son las mujeres. En aquel entonces tenÃa 23 años y llevaba ya una semana de regreso en casa, estaba pasando mis vacaciones ahà en el receso veraniego de la universidad. HacÃa un calor infernal y mi hermana Susana y yo nos la pasábamos tirados junto a la alberca o nadando en ella. Mi hermano JoaquÃn, de 18, era un poco malhumorado y se la pasaba mejor encerrado en su recámara haciendo quien sabe que. Nuestros padres me habÃan dejado encargado de ellos pues habÃan salido por fin en el crucero que tanto soñaron tomar por el Caribe.
Pero de improviso a Susana le salió un viaje con sus amigas a una casa en la playa que una de ellas tenÃa, normalmente no la hubiera dejado ir, pero como tenÃa meses sin relacionarme con una mujer, el verla en bikini con su delgado y precioso cuerpo me estaban dando malas ideas por lo que sin mucho trabajo la dejé ir. Además estarÃa prácticamente solo para descansar pues JoaquÃn rara vez salÃa de su habitación, con la música a todo volumen, o viendo la televisión, o ejercitándose con el pequeño equipo de pesas para él que habÃa ahorrado tanto.
La misma tarde que se fue Susana con sus amigas me arrepentà de haberla dejado ir, sabÃa lo caliente que éramos de familia y de seguro aprovecharÃa cualquier oportunidad para manosearse con cualquier adolescente más o menos bien parecido que se le pusiera enfrente. Pero este pensamiento, más bien aunado a mi hambruna sexual, me hizo calentarme más al imaginármela exquisitamente adolescente como era con un chavo como ella, de su misma edad, me imaginé sus cuerpos con poco vello frotándose el uno con el otro, mi hermana tomando su fina, suave y lampiña verga y llevándose a la boca, luego esa verga adolescente metiéndose en la también adolescente conchita de Susana…
La fantasÃa me duró un par de horas, tirado junto a la alberca. Caliente e insatisfecho me levanté para ir a mi recámara, cambiarme y luego buscar que cenar, pero en el pasillo vi la puerta de la recámara de mi hermano entreabierta, como iba descalzo no hacÃa mucho ruido al caminar, de todas maneras no habia misterio, pero no esperaba la imagen que iba a ver al asomarme.
JoaquÃn estaba con un codo sobre la cama, prácticamente de espaldas a mÃ, sobre el colchón habÃa dispersas un montón de revistas, algunas abiertas y a distancia, por la disposición de las fotos pude ver que eran pornográficas. Con su mano libre, no podÃa ver bien, pero él se frotaba entre las piernas. Me imagino que se masturbaba. El corazón parecÃa que se me saldrÃa del pecho, la sorpresa de la imagen, de lo que no esperaba ver me sobresaltó mucho y no pude moverme de ahà no sé si por curiosidad o por el mismo shock.
JoaquÃn, con los ojos cerrados se recostó sobre la cama y entonces pude ver su pene y como lo maniobraba hábilmente con su mano. Me sorprendió mucho ver que era exactamente al del adolescente que me habia imaginado follándose a mi hermanita. Me pareció divertido, pero a la vez me calentó el ver en la realidad lo que mi hermana podrÃa estarse llevando a la boca o a su conchita. Me excité mucho viendo a mi hermano masturbarse, imaginándome a mi hermana follando, y quizá también por lo prohibido de estar viéndolo, un asunto tan privado y de carácter sexual sin su consentimiento.
Me alejé de ahà sumamente excitado y en mi habitación terminé masturbándome, sin llegar a venirme pues tenÃa la teorÃa de que eso te cansaba innecesariamente y que era mejor guardar fuerzas para mejores ocasiones. Todo ese tiempo me imaginé a mi hermano masturbándose y en el frenesà lo imaginé follándose a nuestra hermana, pero más de una vez me sorprendà a mi mismo imaginándome más su polla que el cuerpo de mi hermana y cada vez me detenÃa y volvÃa a empezar la fantasÃa.
Más caliente que satisfecho me puse mi ropa y salÃ, pude oÃr como mi hermano movÃa trastos en la cocina, escaleras abajo, por lo que al pasar por su recámara y sabiendo que no estaba entré a ver las revistas que tanto lo calentaron. Mi sorpresa fue mayor al ver en todas las revistas fotos de encuentros bisexuales, incluso algunas de carácter totalmente homosexual, donde jóvenes adolescentes se follaban entre sà con frenesÃ, sin darme cuenta la mezcla de ver bellas y delgadas mujeres con jovencitos lampiños hizo que mi verga se pusiera más dura que antes. Asà sin notarlo bajé a la cocina a tratar de cenar algo y olvidar lo que habÃa visto.
Pero JoaquÃn de inmediato notó lo que hinchaba mis pantalones y difÃcilmente podÃa ocultar su interés pues sus ojos bailaban y se movÃan del sándwich que tenÃa entre las manos a mi entrepierna, ni siquiera el notar esto hizo que mi erección bajara, durante la cena siguió tan o más dura y asà continuó hasta que me fui a acostar. Como a las doce seguÃa masturbándome en mi recámara y sin poder dormir, pero me dieron ganas de orinar y esto hizo que mi erección se bajara, me levanté para ir al baño pero en el pasillo me quedé congelado al ver a mi hermano, JoaquÃn, chorreando agua pues se acaba de dar una ducha, completamente desnudo frente a mà y con su pene en completo estado de erección.
No pude evitar quedarme viéndole, su cuerpo ya bastante ejercitado, su abdomen marcado, casi nada de vello en su cuerpo y el que tenÃa era dorado, de no ser por su pene podÃa ser una mujer, pero lo que más atraÃa mis ojos era su pene, algo que nunca antes habÃa visto asÃ, con tanta atención, tan de cerca y en persona, el escaso vello dorado que tenÃa a su alrededor era apenas visible, casi como si no estuviera ahÃ, su bolsa testicular era rosa, lisa y sin pelos, su pene era delgado y de unas 6 pulgadas de largo, blanco y se veÃa de piel muy suave y lisa, estaba en completo estado de erección pues parecÃa palpitar.
El levantar la vista vi el rostro sonriente de mi hermano y entonces noté que lo que él veÃa era mi propia erección, que habÃa vuelto a despertar y se asomaba orgullosa y desinhibida por entre la abertura de mis bóxers. Avergonzado lo esquivé y entré al baño. “Tengo que mear” le espeté.
Solo muy dolorosamente pude orinar pues mi erección no cedió por más que esperé, al salir del baño me sorprendà aun más al ver a mi hermano recargado junto a su puerta esperando aun desnudo y sonriendo.
“¿Sabes Manuel?” me dijo sin dejar de sonreÃr nerviosamente “yo tampoco podÃa dormir, por eso me tuve que duchar, no podÃa dejar de pensar en lo que vi en la cocina. Te parecerá extraño, a mà nunca me habÃa pasado por la cabeza que tu… bueno el caso es que me he masturbado por horas pensando en tu erección” Yo estaba avergonzado, no sabÃa que decir, sobre todo porque mi verga era obvio para mà y para el que estaba excitado y necesitaba sexo y que lo que él me decÃa me estaba excitando aun más.
Sorpresivamente, JoaquÃn, como impulsado por lo que sentÃa cayó de rodillas frente a mà y haciendo a un lado los bordes de la abertura del bóxer sacó mi erección y sin perder tiempo, ni dejarme detenerlo se la metió en la boca y comenzó a lamerla y llenarla de saliva. Las sensaciones, sin importar de quien venÃan, eran deliciosas, estaba tan necesitado de desahogarme que quizá eso hizo que mis inhibiciones bajaran un poco.
Solo cerré los ojos y sentÃa como su lengua se movÃa y masajeaba mi glande como una experta putita. Pronto con su habilidad habÃa aflojado mis piernas y totalmente a su merced me tomó de la mano y me guió a su recámara. Cerró la puerta tras de nosotros y acostándome delicadamente sobre su cama procedo a remover mis bóxers que eran lo único que cubrÃa mi cuerpo. Luego, acostándose sobre mi procedió a restregar su cuerpo sobre el mÃo, su piel delicada y sin vello se sentÃa tan deliciosa como la de una mujer, pro cuando intentó acercar sus labios a los mÃos lo contuve, él entendió el mensaje de que era un lÃmite que le ponÃa y del que nunca pasarÃa por lo que bajó besando mi cuerpo hasta llegar a mi verga que besó un minuto antes de empezar a mamar de nuevo. Pasaron incontables minutos mientras JoaquÃn lamÃa y chupaba mi verga, lamÃa y masajeaba mis testÃculos y luego volvÃa a succionar mi erección.
Como para buscar un nuevo ángulo, JoaquÃn se puso de nalgas a mà para poder chupar mi glande desde ese punto, sobre la cama puesto a gatas. Desde ese punto, mientras él me daba y obtenÃa placer pude ver sus genitales. Sin poder contenerme puse mi mano sobre su bolsa testicular para ver si era tan suave como parecÃa. JoaquÃn dio un pequeño salto y se estremeció y volteó a verme con una sonrisa, me imagino que sintió placer del contacto, por lo que acomodándose se puso sobre mà como si fuéramos a hacer el 69, pero entre lamida y lamida de mi pene me dijo que no temiera que solo lo hacÃa para que pudiera yo ver mejor su “arma”.
Y si, por largo rato la miré, analicé y aprecié, llegué a la conclusión de que, sin dejar de ser hombre heterosexual, me parecÃa atractiva y era una linda verga, volvà a imaginarme a una chica en posición de tener esa verga y lo que disfrutarÃa con ella dentro de su boca o vagina, pero en lo que más me entretuve es que serÃa ideal, por su tamaño para iniciar a una chica en el sexo anal, incluso me entretuve pensando en lo que ella sentirÃa
En eso las mamadas de mi hermano se hicieron más salvajes, me imagino que porque sentÃa mi respiración agitada sobre sus genitales, pero eso me llevó al borde del orgasmo y comencé a bombear como si lo hiciera en la vagina de una de mis novias. Me aferré de la cintura de JoaquÃn y comencé a meterla verga con fuerza por la boca y él se dejaba hacer, levanté la cabeza para tener más movimiento en las caderas y al hacerlo estaba golpeando la verga de mi hermano en cada envión, eso me calentó aun más y al eyacular me aferré a él pegando mis labios sobre la base de su verga, pero fugazmente para luego separarme y dejarme caer en la cama.
JoaquÃn no se detuvo hasta que se bebió cada chorro de esperma que salió de mi verga, exprimiéndome como pudo cada gota y bebiéndosela. Al levantarse casi se sentó sobre mi rostro, restregando sobre el sus testÃculos y parte de su verga, esto fue solo un segundo mientras se levantaba y se ponÃa junto a mi, pero me enardeció, por lo forzado y prohibido y tabú. El se sentó junto a mi sonriendo, su adolescente rostro radiante y sus mejillas enrojecidas. “¿Te gustó?” me preguntó.
No sé lo que se apoderó de mi, pero al ver su preciosa y joven verga aun erecta mi mente se nubló, sin contestarle me volteé y me puse a gatas, ofreciéndole mi trasero. Solo pude oÃr como él daba un gritito de alegrÃa, unos instantes después pude sentir como ponÃa una sustancia frÃa sobre mi culo y un poco dentro con su dedo. Me estremecà al sentir su dedo, me excité como no lo habÃa hecho en mucho tiempo.
Pero lo mejor vino cuando sentà por primera vez la cabeza de su verga en la entrada de mi culo. Era suave como seda, podÃa sentir su ligero grosor lo que me calmaba y excitaba a la vez y lo mejor, lo sentÃa palpitar contra mi ya palpitante ano. Suavemente, como con experiencia en culos vÃrgenes, JoaquÃn metió la cabeza en mÃ, yo me agité y temblé un poco, luego él, tomándome por las caderas comenzó lentamente a meter y sacar solo la cabeza, no era muy gruesa y era tan suave, la sensación era sencillamente deliciosa, ya alguna vez alguna de mis novias, al hacer el amor, habÃa metido uno de sus dedos ahÃ, pero esto era aun más delicioso.
Con habilidad, poco a poco, empezó a metérmela aun más dentro, más profundamente, hasta que llegó el momento en que pude sentirla toda dentro de mi culo, me sentÃa lleno y entonces, él empezó a moverse, a meterla y sacarla con fuerza y rapidez, su tamaño y el lubricante que me puso lo permitÃan, la fricción, la fuerza y la rapidez hacÃan todo delicioso. PodÃa sentir su abdomen golpeando mi baja espalda y nalgas y sus testÃculos balanceándose y golpeando mis muslos con fuerza. Sus manos sujetándome fuertemente por las caderas, todo era fricción y movimiento, lujuria adolescente, y yo era el objetivo de toda esa fuerza y lujuria juvenil.
De pronto, después de lo que pareció una eternidad o unos segundos de frenesà sexual, sentà esa joven y delgada verga explotar en mi culo, en segundos me llenó de semen, sus chorros eran potentes e interminables y cada uno de ellos lo disfruté sin medida, me sentà bien, sin prejuicios, no consideraba a mi hermano un hombre aun, y esa verga delgada y casi sin vello, me parecÃa tan deliciosa y tan poco masculina como una vagina de mujer, no sentÃa estar perdiendo mi masculinidad pero disfrutaba enormemente las sensaciones que esa mediana verga le estaba dando a mi culo. Su cuerpo menudo pero musculoso agitándose y frotándose contra el mÃo, y el hecho de que fuera un adolescente que aparentaba menos años aun, y que aun peor fuera mi hermano hacia el morbo deliciosamente insoportable.
Cuando se separó de mi, besé ligeramente sus sonrientes labios que adornaban una sonrojada y agitada cara y me fui a mi habitación. Durante dos dÃas no nos hablamos, pero noté como los dos tenÃamos una erección cuando estábamos cerca.
Cuando Susana, mi hermana, volvió de su viaje, argumentando que le dirÃa a nuestros padres que habÃa descubierto sus andanzas sexuales en la playa, la seduje y le hice el amor deliciosamente por horas que ella aprendió a disfrutar enormemente.
Debo confesar que eso solo lo hice para reafirmar mi masculinidad y no se volvió a repetir, pero me sirvió para darme cuenta que no soy homosexual. Hoy soy feliz con mi novia, pero mi culito le pertenece a JoaquÃn y se lo entrego cuando él quiere y lo desea, creo que está enamorado de mÃ, no me importa, lo amo como hermano y lo disfruto como amante, tiene una verga de ocho pulgadas, pero con la experiencia lo puedo acomodar con facilidad y me hace gozar como él solo sabe hacerlo.
Autor: Manuel
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