Aquella noche mi Jefe habÃa llegado temprano. Asà que la cena todavÃa no estaba totalmente preparada.
Justo antes de que llegara, mi mujer, que se llama LucÃa, y yo habÃamos estado viendo una escena de una pelÃcula un poco subidita de tono en la cual una jovencita rubia se insinuaba a su vecino cincuentón desnudándose lentamente cerca de la ventana de su habitación. Esa escena habÃa puesto a cien a mi mujer que ya me habÃa sacado la polla y empezaba a mamármela mientras yo no quitaba la vista de la rubia desnudándose en la tele. Lo estaba gozando y comprobé que mi mujer también porque cuando le metà la mano por dentro de la braga noté una gran humedad en mis dedos.
En esto estábamos cuando sonó el timbre. Apresuradamente y a contragusto nos arreglamos un poco y adecentamos el sofá.
Abrà la puerta de casa, entró mi jefe y le presenté a mi mujer. Los dos eran de la misma edad, 35 años, mientras que yo ya soy algo mayor, 40 años. Mi jefe pidió disculpas por haber llegado tan pronto pero nos comentó que llevaba un rato en el bar de abajo tomando un par de copas de vino y consideró que si seguÃa allà bebiendo podrÃa no estar en un estado adecuado para acudir a una cena con nosotros. Le pregunté dónde habÃa dejado a su mujer y se disculpó de nuevo diciendo que ella tenÃa una reunión importante en su empresa y que, si no terminaba muy tarde, luego se pasarÃa a saludarnos.
Como la cena todavÃa no estaba lista le pedà a mi esposa que charlara un rato con mi jefe mientras yo terminaba mi especialidad culinaria: gambas al pil-pil con guarnición de arroz y salsa tártara.
Se sentaron en el sofá en donde mi mujer y yo habÃamos estado gozando justo antes de llegar él. Cuando dejaba el salón me dà cuenta que no nos habÃamos acordado de apagar la tele y continuaba la pelÃcula que tanto nos habÃa excitado. No le dà más importancia porque supuse que la escena que vimos era algo puntual ya que no era una peli porno.
Llevaba uno 5 minutos en la cocina, cuando escuché como mi mujer se reÃa. Me acerqué disimuladamente a la puerta y pude ver que charlaban animadamente. Los dos estaban mirando hacia la tele. Me sorprendà que pusiesen tanta atención en la pantalla y descubrà el motivo: La jovencita rubia estaba en el ascensor con una minifalda y una blusa blanca con mucho escote y el cincuentón le estaba metiendo mano. Primero le tocaba el culo pero como la rubia se dejaba hacer, fue subiendo y ahora le estaba tocando las tetas por debajo de la blusa.
No conseguà oÃr los comentarios entre mi mujer y mi jefe pero debÃan ser bastante graciosos porque se reÃan mucho.
Ya me disponÃa a volver a la cocina para que no se me quemara la cena cuando en el último momento pude ver asombrado que mi jefe habÃa puesto su mano sobre la pierna de mi mujer. En un primer momento mi asombro se tornó indignación pero, no sé por qué, me quede inmóvil viendo la situación. Empecé por recordar que ese vestido de mi mujer tenÃa un tacto tan suave que muchas veces yo me excitaba con sólo tocarlo y, por añadidura, era un vestido con un escote que, aunque no era muy pronunciado, insinuaba las preciosas tetas de mi mujer. Además, al estar sentada, la falda vaporosa le subÃa una cuarta por encima de sus rodillas dejando al aire sus hermosas piernas.
La mano de mi jefe estaba situada justo en el punto en que terminaba la falda y empezaba la pierna. Mi mujer no parecÃa inmutarse y estaba bastante atenta a lo que pasaba en la pantalla de la tele. Pasados unos segundos la mano de mi jefe, sin levantarla, se habÃa movido unos centÃmetros más arriba. Incomprensiblemente yo, en lugar de acudir en la ayuda de mi esposa, me quedé inmóvil e incluso me estaba excitando con lo que estaba presenciando.
También pude observar, a pesar de la distancia, que mi jefe tenÃa la entrepierna mucho más abultada que cuando llegó. O sea que estaba empalmado como un burro.
El sigu
iente paso de éste fue ya algo más grave: Le dio un beso en el cuello a mi mujer. Yo tenÃa los ojos como platos porque ese gesto sabÃa que a mi mujer le volvÃa loca.
Los segundos siguientes se me hicieron eternos. La reacción de mi mujer me sorprendió un poco porque en lugar de arrearle una buena bofetada, giró la cabeza y le miró. No conseguà saber lo que le dijo pero pude ver que acercó su mano a la cara de mi jefe con suavidad y se la acariciaba suavemente mientras le hablaba.
Mi jefe, mientras la escuchaba, subÃa lentamente su mano hacia el interior de la falda de mi mujer.
En ese momento mi mujer giró la cabeza hacia la puerta donde yo estaba. Pienso que no me vio porque yo instintivamente me aparté rápidamente. Dejé pasar unos segundos (más bien pocos) y volvà a mirar. Ahora con más cuidado.
La situación se habÃa vuelto más sensual. Mi mujer tenÃa la cabeza apoyada en el respaldo del sofá, sus ojos estaban cerrados y mordÃa sus labios. La razón era clara al ver que mi jefe ya movÃa su mano sin disimulo por debajo de la falda de mi mujer y la besaba en el cuello.
Ahora el que se estaba poniendo como un burro era yo al ver la escena, incluso inconscientemente me habÃa metido la mano por dentro del pantalón acariciándome la polla y los huevos.
Mi jefe con la otra mano acariciaba una teta de mi mujer por encima del vestido.
En ese instante el olor a comida proveniente de la cocina me hizo reaccionar. Pensé que lo mejor era parar aquello de una forma sutil, asà que entré en la cocina y grité: La cena está casi lista cariño, vete poniendo la mesa por favor.
Ya no sabÃa si realmente la cena estaba en su punto o no pero me apresuré a colocar todo en unas fuentes. Cogà una de ellas y la botella de vino que tenÃa a enfriar y me fui directo al salón.
La escena habÃa cambiado, mi mujer tenÃa un semblante más serio y mi jefe se apoyaba en el reposabrazos con un gesto de haber estado aburrido esperando un buen rato. Las únicas señales de algo erótico en el salón fueron que mi mujer por un instante se colocó un poco el escote y que en la tele la rubia estaba desnuda en la cama (¡que pedazo cuerpo tenÃa la condenada!) con el cincuentón aunque ya en posición de descanso después de haber follado.
Colocamos todos los manjares en la mesa y nos sentamos a cenar. No sé si por casualidad o porque mi mujer lo preparó asÃ, lo cierto es que la distancia entre mi mujer y yo era bastante grande en comparación con la separación entre mi mujer y mi jefe.
A pesar de la poca atención que le presté lo cierto es que la cena estaba muy rica e invitaba a beber vino. Tanto es asÃ, que a media cena tuve que ir a la cocina a buscar otra botella. Cuando volvÃa oà que mi mujer y mi jefe estaban cuchicheando. Me oculté un poco y vi que él tenÃa su mano acariciándole el cuello y su boca estaba a escasos centÃmetros de su oreja.
Entré en el salón. Él súbitamente retiró su mano y cesaron la conversación.
La segunda botella también bajaba bien, por lo que en cuestión de minutos las conversaciones fueron más desinhibidas. Quizá sin venir mucho a cuento, mi mujer se puso a hablar de la chica de la pelÃcula. DecÃa que las mujeres saben cómo excitar a un hombre sin tocarlo y conseguir que satisfaga todos sus deseos.
Mi jefe, que se llamaba Alex, le contestó que sólo las mujeres atractivas como la de la pelÃcula o ella podÃan hacerlo. Mi mujer se ruborizó levemente y se abanicó un poco con la mano. Quizá por eso, se aflojó uno de los botones del escote. No llevaba sujetador, por lo que el movimiento de sus tetas permitÃa que cualquiera que estuviese cerca las pudiese contemplar en todo su esplendor (o sea, Alex era el afortunado).
Le contestó a mi jefe que las mujeres no insinúan su cuerpo a cualquiera, sólo a los que les interesan o les atraen fÃsicamente.
Esta respuesta provocó en mi polla un lento movimiento vertical y supongo que en Alex también lo harÃa.
Entonces Alex se dirigió a mÃ. Oye LuÃs, tu mujercita sabe como sacarle los colores a un hombre, ¿verdad?Yo, tal vez por los efectos del alcohol, le seguà el juego y le contesté: Claro que sÃ, los colores y los calores. ¿Qué os parece si nos sentamos en el sofá que estaremos más cómodos?Me levant
é, y entonces Alex me dice: LuÃs pues sà que te han subido a ti los calores al oÃr a tu chica. Mi polla me la habÃa jugado y les mostraba lo empalmado que estaba.
Mi mujer, que también estaba contentilla, se acercó a mà y me puso la mano encima del pantalón a la altura de la polla. Uff que dura la tienes cariño, me dijo. Eso hay que solucionarlo de inmediato.
Me sorprendió su comentario, pero más me sorprendió que acto seguido me bajara la cremallera, me bajó el calzoncillo y sacó la polla para afuera. No me dio tiempo a reaccionar para impedir que hiciese eso en presencia de mi jefe.
Yo no tengo una polla fuera de lo normal, pero he de reconocer que esa noche estaba como nunca.
Antes de metérsela en la boca, LucÃa dijo: Observe Don Alejandro como se le quitan los calores a un hombre en apuros.
Mi mujer, supongo que intencionadamente, me la estaba chupando en una postura que dejaba su apetitoso culo al alcance de la vista de Alex. Su vestido de seda en lugar de tapárselo, lo que hacÃa era insinuarlo todavÃa más, al igual que sus preciosas piernas y se le empezaba a ver la braga.
Yo estaba gozando del momento. Primero con el mete y saca de la boca de mi mujer y luego al ver los ojos lujuriosos de mi jefe que no apartaban la mirada del culo de LucÃa.
Mi jefe no aguantó más y lentamente acercó su mano al culo de mi chica. Lo acarició suavemente primero. Luego fue levantando la falda de mi mujer con la otra mano.
Ella reaccionó a esto mirándome con ojos suplicantes y sin dejar de mamarme la polla. Estaba deseando que mi jefe le tocase su cuerpo y lo habÃa conseguido.
Con lo que me estaba gustando la situación mi respuesta fue acariciarle el cuello en señal de aprobación y asentir con la cabeza. No sé si llegó a notar esa aprobación porque sus ojos se cerraron en el momento en el que la mano de Alex alcanzó su coño. Le debÃa estar metiendo los dedos porque el trasero de mi mujer tenÃa un ligero movimiento adelante y hacia atrás que además ayudaba a la mamada que me estaba haciendo.
En ese momento mi mirada y la de Alex se cruzaron. La suya estaba fija en mà y se mordÃa los labios indicándome lo buena que estaba mi señora y a mà no se me ocurrió otra cosa que hacerle un guiño de aprobación sobre lo que estaba haciendo con ella.
Acto seguido, sin cortarse ni un pelo y viendo que yo no le habÃa impedido meterle mano a mi mujer, mi jefe se bajó los pantalones y el calzoncillo dejando libre su polla. ¡Qué digo polla!, un pollón de más de 20 cm..
Mi mujer que me estaba mirando en ese instante, al ver mis ojos de sorpresa se giró levemente para ver el motivo. Inmediatamente cesó en su mamada y dijo sorprendida: Pero Alejandro ¿qué es lo que haces con todo eso al aire?Alex respondió que ella le habÃa puesto la polla tan dura que le molestaba y simplemente la habÃa dejado en libertad.
Yo no me anduve con rodeos y le pregunté a mi jefe: ¿Alex tú quieres follarte a mi mujer ahora?Él tampoco se anduvo con rodeos y contestó que sÃ.
Mi mujer me preguntó entonces: Cariño ¿tú ya no me quieres? ¿Vas a dejar que otro hombre me folle delante de ti? ¿Vas a dejar que el coño en donde durante tantos años has metido tu polla sea penetrado por esa otra?
Todas estas preguntas me estaban poniendo como una moto y le contesté: Sà cariño y además le voy a ayudar a hacerlo para que sientas mucho más placer.
Le sujeté suavemente por detrás magreándole las tetas, le besé el cuello y le subà la parte delantera de su falda hasta la altura de la braga. Alex, ¿que te parece el cuerpo de mi mujer? Desde que llegaste esta noche a nuestra casa y la viste tienes ganas de follártela ¿verdad?Sà LuÃs, tu mujer es un bombón y está para comérsela. Acto seguido se acercó a ella y le dio un beso en la boca diciéndole: LucÃa eres preciosa y entre estos dos machos te vamos a hacer gozar como nunca antes lo habÃas hecho.
Besándole lentamente desde el cuello, bajando por el escote, le fue desabrochando todos los botones del vestido. Hizo una parada bastante larga en sus tetas. Las acarició apartando antes mis manos y luego le chupó y le mordió los pezones. Estaba claro que lo deseaba desde el mismo momento que vio a LucÃa al llegar a nuestra casa y ahora la tenÃa para su disfrute.
Yo que estaba detrás sujetándola, no
taba que cerraba sus ojos y en algún momento era como si le faltasen las fuerzas por el placer que le estaban dando aquel hombre.
Una vez que Alex acabó de desabrocharle los botones, entre los dos la liberamos del vestido de seda que cubrÃa su hermoso cuerpo.
Aquà tenéis una hembra con ganas de que la follen, dijo ella.
Quedó sólo con la braga cubriendo su cuerpo. Ésta era de color azul claro y por los encajes que tenÃa dejaba entrever su pubis.
Los dos hombres nos quedamos unos segundos contemplándola porque la verdad es que estaba espectacular. Sus insinuantes curvas parecÃan las de una actriz porno.
Yo me lancé a por sus tetas. Se las chupaba, lamÃa, acariciaba, mordÃa,….
Mi jefe, impaciente por verla totalmente desnuda, se decidió a quitarle lentamente la braga. Le debió gustar lo que vio porque lo acarició como quien acaricia una obra de arte. La verdad es que el coño de mi mujer tiene una forma bonita porque no tiene necesidad de depilarlo ya que los pelos que tiene son los justos para darle esa belleza especial tan atractiva.
En esto estábamos, cuando yo observo que mi mujer mientras me acaricia la polla tiene los ojos entreabiertos y la mirada fija en la ventana. Me doy cuenta que no habÃamos cerrado las cortinas del salón. Descubro la razón de la mirada de mi mujer: En el edificio de enfrente Manolo el del banco nos observa en la penumbra de su salón.
Vuelvo a insistir que las dos botellas de vino pueden disculpar mi reacción, pero en lugar de cerrar las cortinas lo que hago es mostrarle al vecino como le acaricio las tetas a mi mujer y le levanto la melena besándola el cuello que tanto le gusta a ella. Imagino a Manolo pensando en lo buena que está mi mujer y me excito aún más. Supongo que a mi mujer también le estaba excitando la situación: En la misma noche estaba emulando a la rubia de la pelÃcula que se exhibÃa delante de un cincuentón para ponerlo cachondo y además la va a follar el jefe de su marido estando él presente. Para morirse de placer pensarÃa ella.
Mi jefe ajeno al mirón de enfrente, le mete un dedo en el coño a mi mujer. Ella da como un pequeño saltito. Alex comprueba que mi mujer está mojadÃsima y muy abierta porque en el siguiente paso ya le mete sin dificultad dos dedos. En realidad ya se la habÃa empezado a calentar cuando yo estaba haciendo la cena en la cocina. Asà que estaba consumando los deseos que entonces se tenÃan.
Yo siguiendo su proceder, le meto un dedo por el culo. Mi mujer suelta un leve grito: No, por ahà no por favor!. Por ahà no! Sigue cariño. No! Todo esto en voz bajita y dejándose hacer. Al mismo tiempo seguÃa acariciándome la polla y la parte inferior de mis huevos. El dedo ya entraba y salÃa del culo con suavidad. Mi mujer, de vez en cuando abrÃa los ojos un poquito y miraba hacia la ventana. En alguna ocasión con la mano libre se cogÃa una teta y la apretaba mostrándosela a Manolo. Que a estas alturas debÃa tener la mano a cien por hora agarrando su polla.
Alex cesó en el mete y saca de dedos, se puso de pié y acercó su polla a la entrada del coño de mi mujer. Ella lo notó y se dispuso a esperar la embestida. Pero a mi jefe no debe gustarle mucho la postura de pié por lo que tomó a mi mujer y la colocó encima de la mesa en la que antes habÃamos estado comiendo. Tomó la botella de vino y le vertió un poco en el coño. Después pasó su lengua para succionar ese vino. Mi mujer disfrutaba una barbaridad con eso.
Luego colocó el cuerpo de mi mujer de forma que la entrada del coño quedase al borde de la mesa. Cogió su gran polla se la acercó. LucÃa erguÃa su cabeza para verla y Alex se la fue metiendo hasta la mitad.
Mi mujer parecÃa que se iba a morir de placer. Ahh, Alejandro que polla tienes cabrón. Pensé que no me ibas a follar nunca con ella.
Alex, ¿como se llama tu mujer? le preguntó mi mujer mientras se la metÃa.
Se llama Susana, pero no hables de ella ahora.
¿Qué pensarÃa si te viese follándome con mi marido presente? ¿Se excitarÃa?No hables de eso LucÃa, le decÃa suavemente mi jefe. Pero lo cierto que las palabras de mi mujer lo estaban poniendo más cachondo.
Mi mujer respiraba fuerte y decÃa: Que pedazo de polla tienes Alex! Métemela más cabrón! Dale más placer a la mujer de un empleado tuyo!. Seguro que ya te has follado a todas las mujere
s de tus empleados con este pedazo de polla. Seguro que ellas piensan en ti cuando follan con sus maridos.
¿Estará Susana follando con otro en estos momentos?, le dijo en voz baja.
Él tardó unos segundos en responder y luego dijo: ¿Te excita pensar que sÃ?Claro, dijo ella.
Yo en esos momentos pensaba para mÃ: Que yo sepa es la primera vez en diez años que mi mujer folla con otro hombre y yo le estoy ayudando a que lo haga. Me salÃa algo de semen de la polla pensando en eso.
Dejé que Alex la embistiera durante unos minutos porque notaba que ambos disfrutaban del contacto de sus cuerpos calientes.
Alex, me gustarÃa que estuviese aquà Susana y follase con mi marido mientras lo hacÃamos nosotros. ¿A ti te gustarÃa eso LuÃs?Claro LucÃa, pero seguro que no hay otra mujer en el mundo con un cuerpazo tan apetitoso como el tuyo. También me excitarÃa ver a la mujer de Alex follando también contigo y dándote placer. Tiene aspecto de saber follar muy bien.
¿La conoces?Sólo de vista. Nunca nos la ha presentado.
Seguro que Alex pensará en mi cuerpo cuando esté follando con Susana, ¿verdad Alex?Alex no decÃa nada pero aceleraba el mete-saca y sudaba por todo el cuerpo. Le gustaba lo que oÃa.
Él todavÃa no se habÃa corrido. LucÃa sà que se habÃa corrido un par de veces pero necesitaba más. Cariño ven y fóllame tú ahora. Quiero sentir dos pollas dentro de mà esta noche.
Me puse delante de mi mujer y le metà mi polla. Estaba muy abierta. Ella me decÃa: Cariño ¡como estoy disfrutando esta noche! Métela y disfruta tú también. Mira Alex como me folla mi marido. Un dÃa tienes que traer a Susana para que te la folle LuÃs.
Me dediqué a metérsela y al mismo tiempo le acariciaba sus tetas con mis manos. Al oÃr a mi mujer, me estaba imaginando que estaba follando con la mujer de mi jefe y él estaba allà presente. Por poco digo el nombre de Susana en lugar de LucÃa.
Alex parecÃa estar al margen mientras follábamos.
Yo le susurré a mi mujer: LucÃa, me gusta ver como disfrutas de la polla de mi jefe.
Ella me susurró también: Lo estoy pasando muy bien cariño. Gracias por dejarle hacer.
Cuando estaba en faena con mi mujer, noté unas manos acariciándome los huevos. Evidentemente eran las de Alex.
Fue una sensación rara. Primero un escalofrÃo pero luego placer. Mi mujer sonreÃa al ver lo que estaba pasando y luego echaba la cabeza hacia atrás.
La mano derecha de Alex sujetaba mi polla y la dirigÃa hacia el coño de LucÃa. También, a veces, la acariciaba a ella provocándole pequeños escalofrÃos de placer.
Para que voy a negarlo: Me gustaba lo que nos estaba haciendo y cerré los ojos.
Pero Alex decidió dar un paso más. Cogió su polla y la acercó a la entrada de mi culo. Acercó también su boca a mi oreja y me susurró: LuÃs, hoy sólo piensa en disfrutar y no te reprimas. Tu mujer folla tan bien como una puta y tú tienes un bonito cuerpo. Un dÃa dejaré que tú te folles a mi mujer que yo sé que te pone cachondo cuando va a la oficina con aquellos vestidos tan escotados marcándole las tetas.
Me estaba diciendo esto cuando noté que su polla estaba entrando en mi culo. Hice un leve movimiento para apartarlo pero mi mujer me sujetó fuertemente el culo hacia ella y luego Alex me abrazó por detrás y empujó su polla.
Me dolÃa un poco pero mi polla sentÃa placer y el hecho de verme sujetado por delante por mi mujer y por detrás por Alex me estaba gustando.
Me dejé hacer. Debieron ser unas 6 o 7 embestidas de la tremenda polla de aquel hombre. Era tanto el placer que sentÃa que no aguante más y me corrà dentro del coño de mi mujer.
Ella sonrió, luego giró su cabeza hacia la ventana. No me importó que Manolo nos hubiese visto. Seguro que él disfrutó tanto como nosotros.
Me senté en el sofá a recuperarme. Pude ver que mi mujer se incorporó levemente pero no estaba saciada porque se acariciaba el coño chorreante mirando fijamente a la polla de Alex y llamándolo con su dedo Ãndice.
Mi jefe no tardó ni un segundo en acudir a la llamada de la hembra en celo.
La folló durante un buen rato con aquel pedazo de polla que a ella tanto le habÃa impresionado. Mi mujer chillaba de placer: Aahh! Aahh!. Como me gu
sta la polla de tu jefe, LuÃs. Luego fue mi mujer la que llevó la iniciativa y me llamó: LuÃs ven a mi lado. Apóyate en la mesa. No, sentado no, acuéstate mirando hacia delante y separa las piernas.
Comprendà lo que pretendÃa y me coloqué como indicaba. Luego le dijo a mi jefe: Alex mi marido es todo tuyo. Hazle gozar a él otra vez como has hecho conmigo con esa buena polla que tienes.
Alex se acercó con su polla dura todavÃa (mira que tenÃa aguante). Primero me volvió a meter los dedos y luego su polla fue entrando poco a poco en mi culo.
Mi mujer se agachó debajo de mà y me chupaba la polla acariciándome los huevos. También le tocaba la polla al jefe mientras me la metÃa. No tardó en ponérmela dura otra vez. Cerré los ojos y disfruté del momento. Alex metió y sacó varias veces. Lo calculó tan bien que eyaculó en mi culo al mismo tiempo que la boca de mi mujer se tragaba mi semen. Fue una corrida sensacional que me dejó exhausto.
Manolo debió dejarse llevar por la situación porque salió de la penumbra y se estaba haciendo la paja mirando hacia nosotros con los pantalones y el calzoncillo bajados. Dijo mi mujer: Pobre Manolo, que ganas tiene de meterme mano cada vez que me ve en la calle. Nunca le quita ojo a mis tetas ni a mi culo. Me gusta provocarlo.
Mi mujer decidió ayudarlo: Aquà tienes mi cuerpo Manolo. Se acariciaba sus tetas con una mano y con la otra se metÃa un dedo en el coño pegada a la ventana. Esparció mi semen por su piel desnuda. Manolo no aguantó más y se corrió. Debió de dejar su salón salpicado de semen por todos lados. Agotado, antes de marchar nos saludó con la mano.
Mi mujer, yo y Alex decidimos darnos una ducha juntos antes de despedirnos.
Por supuesto, en la ducha los dos hombres gozamos del cuerpazo de mi mujer. Ella habÃa disfrutado como nunca antes lo habÃa hecho. Estaba claro que los trÃos la ponÃan cachondÃsima. Bueno, también la buena polla que tiene mi jefe ayudó bastante.
Dos dÃas después por la tarde, me di cuenta que Alex no habÃa acudido a trabajar. Luego también recordé que era el dÃa libre de mi mujer en el hospital. Mi imaginación impedÃa que me concentrara en mi trabajo o quizá mejor dicho, mi polla dura me lo impedÃa.
Autor: Triple X
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