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MI MADRE ES UNA CACHONDA

11 de diciembre de 2008

Hola amigos, mi nombre es Guillermo, y el relato que les voy a contar empezó un día cuando al llegar a mi casa encontré a mi vecino Juan en la cocina con mi madre, lo cual no era extraño ya que mi familia se lleva muy bien con este vecino de escalera, lo realmente sorprendente era que le estaba diciendo:

-Pero que sabroso y hermoso culo tienes vecina y ya sabes que tengo ganas de gozarlo como sea.

Mientras le decía esto, se lo acariciaba suavemente por encima del vestido pero abarcando todo el enorme pandero de ella.

Mi madre solo reía halagada, diciéndole que la miel no estaba hecha para la boca del burro, pero no oponía resistencia a las caricias de él, que seguía sobándole el culazo con mucha familiaridad.

Me metí a mi cuarto, reflexionando en que por primera vez me daba cuenta que mi madre a pesar de sus 50 años y que está algo gorda, estaba buenísima, con unos pechos grandes y redondos, unas nalgas grandes y paradas y unos muslos gruesos y torneados, por lo que era normal que le gustara tanto al vecino.

El sábado siguiente llegaron el vecino Juan y su mujer, a ver el partido de fútbol como solían hacerlo a menudo, en un momento dado Juan se paró y fue hacia la cocina donde mi madre estaba preparando una botana y sin aviso alguno y tomándola por detrás le masajeó las chichotas comenzando un delicioso sube y baja elevando ahora una, ahora otra y oprimiéndolas ambas, restregándole siempre el culo con su bulto…

Ella reía y le dijo que la soltara, ya que si los veían se iba a armar la bronca, en un momento dado hasta le levantó el vestido que traía para acariciarle sus muslazos, dejando al aire una visión maravillosa de mi madre, al fin se soltó y se dirigió a la sala con la botana, en ese momento yo corrí hacia mi habitación cerrando la puerta tras de mi, por lo que mi madre se dio cuenta que los había estado observando.

Cuando se fueron los vecinos, mi madre comentó como sin importancia, que si me había dado cuenta lo pesado que se había puesto Juan. Contestándole que si y que no se preocupara y que solo tuviera cuidado con sus admiradores, ya que era normal que la asediaran por que estaba muy guapa. Entonces no le digas nada a tu padre ya ves que es muy enojón y como no ha pasado nada para que armar un problema donde no lo hay.

Al lunes siguiente me los encontré en el descanso de las escaleras y Juan le decía algo al oído y mi madre solo reía pícaramente, se despidió y nosotros nos metimos a la casa. Comenté con mi madre que si Juan seguía insistiendo, terminaría por llevársela al huerto y no lo culpaba ya que estaba muy buena y hasta me atreví a darle una nalgada en su enorme trasero, ella rió y me dijo:

No hombre, Juan es muy simpático, pero si deseara tener un amante me buscaría a un jovencito, como de tu edad más o menos, dejando el comentario al aire.

Al momento y como sin darse cuenta se cambió el vestido por su bata de casa, quedando solamente en sujetador y pantaletas, se le marcaban unos pechos grandes y cachondos y a través de su pantaleta blanca se podría apreciar una vagina grande y frondosa, llena de pelos….

-Si el vecino te llega a ver así le da un infarto al pobre. Me contestó diciendo, -bueno lo del vecino y el cambiarme delante de ti debe quedar entre nosotros, por que si tu padre se entera se nos arma la grande, y es mejor que él siga con lo suyo y nosotros con lo nuestro.

Al siguiente día, cuando me disponía a salir hacia la universidad, sonó el teléfono y contesté, era Juan preguntando por mi madre ya que según él tenía que darle un recado de parte de su mujer, le dejé la llamada, sospechando que iban a tratar de aprovechar la ausencia de mi padre, que estaba de viaje, y la mía durante la tarde.

Por lo que ese día me salí mucho antes de lo normal de mis clases, para llegar sigilosamente a mi casa, sin hacer ruido me introduje dándome cuenta que en la

sala estaban Juan y mi madre sentados en el sofá, ella con la bata completamente abierta y con los pechos por encima del sujetador y Juan sobándoselos y chupándoselos como loco. Entonces mi madre se arrodilló delante de él y quitándole pantalón y trusa, inició una soberbia mamada a la verga de Juan.

-Que ganas tenía de que me mamaras la verga putona maciza, así, así mámala culona, que gusto!

Así estuvieron un buen rato, ella mamando, se tragaba todo el basto sin rechistar, le pasaba la lengua por todos lados y apretaba la cabezota en el fondo de la garganta, salivaba abundantemente, se sacaba el trabuco hasta chupetear solo la puntita y luego sepultarlo de nuevo hasta su esófago, era una maestra en el arte de la mamada, él manoseándole las exquisitas chichotas y las satinadas y enormes nalgotas y dándole ligeros piquetes en el culo con un dedo.

Hasta que él le dijo que se levantara, que se la iba a follar. Ella se incorporó relamiéndose y se quitó la bata, el sujetador y las pantaletas, mostrando su peludo coñazo. Se puso a cuatro patas en el suelo y el vecino se situó detrás para empezar a cogerla. Se la metió de un golpe y empezó el mete-saca.

Desde la puerta de la sala yo veía como bailaban los gordos pechos de mi madre mientras el vecino la follaba agarrándose a sus caderas y sobando el gordo culo de mi madre. Entre suspiro y suspiro ella le decía que estaba gozando mucho, que pasaba mucha hambre de verga y que llevaba tiempo deseando coger con él.

Siguieron follando un buen rato y yo cada vez estaba más excitado, tenía la verga completamente parada y no pude aguantarme; me la saqué y empecé a pajearme. Además, para no perder detalle, me atreví a abrir un poco más la puerta de la sala, pues en mi posición solo veía la cara de gusto de mi madre sacando la lengua en señal de gozo y el movimiento de sus gordos pechos.

Al notar el movimiento de la puerta mi madre se fijó más detenidamente descubriéndome. Yo entonces me iba a ir de allí apresuradamente cuando oí que ella decía:

-Hijo, cariño, no te vayas; anda entra que aquí hay carne para todos.

Yo no sabía que hacer, pero finalmente me decidí a entrar y lo hice con la verga en la mano. El vecino se quedó un tanto parado, pero mi madre reaccionó diciendo:

-Venga, Juan, tú sigue que tengo el chocho ardiendo y necesito tu verga, y tú hijo, ven aquí para que siga yo con la boca lo que estabas haciendo tú con la mano.

Estaba tan excitado que no lo pensé ni un segundo. Me acerqué a ella y dejando mi verga a la altura de su boca mi madre se la engulló empezando a hacerme una soberbia mamada mientras ella era jodida por el vecino impetuosamente.

Luego ya me atreví a tocarle los pechos y así estuvimos hasta que yo me corrí en su boca sin poder contenerme mientras le amasaba sus estupendos y gordos pechos. Instantes después se vino como una descosida apretándole el rabo tan sabroso al vecino que este también se corrió en su caliente almeja.

El vecino se despidió de nosotros, diciendo que se tenía que ir pero que a ver cuando se ponían de acuerdo para gozar de su culo, ya que ese era su sueño.

Mi madre al quedar solos, me dijo, -ay hijo pensarás que soy una putona, pero es que a pesar de mi edad el cuerpo todavía me pide guerra y tu padre ya no me hace caso y lo que pasó tenía que pasar tarde o temprano, y por otro lado me alegro mucho de que tú también hayas participado porque así podré disfrutar de un jovencito, si tú quieres, ya que es mi sueño desde hace tiempo.

Yo le dije que me parecía muy bien lo que había pasado y que me había gustado mucho; ella me dijo que todo aquello tenía que quedar en secreto, lógicamente, y finalmente me hizo otra petición con la que me volvió a sorprender por completo.

-¿Te has dado cuenta en el pedazo de verga que tiene Juan? -la verdad es que el cabrón tenía un vergón como de 25 cm. por lo menos y bastante gordo.- bueno pues quiere gozar con mi culo pero a mi me da miedo ese trasto ya que soy virgen por detrás. Por eso había pensado que tú, que la tienes un poco más delgada, podrías estrenármelo para irme acostumbrando a recibir por el culo antes que me la meta él.

Solo con oír la proposición de mi madre la verga se me puso de nuevo com

o el hierro. Fuimos a la cocina, me la mamó un rato y luego me la embadurnó de mantequilla. Me pidió que le pusiera yo a ella mantequilla en el ano y al hacerlo me iba excitando más al ver aquel panderazo que iba a ser mío en breves instantes. Luego ella se apoyó sobre una silla dejando su enorme culazo en pompa y empecé a metérsela.

Nos costó bastante pero finalmente entró el glande y luego, de un empujón que a ella le hizo gritar, se la metí toda. Después de unos minutos enculando a mi madre sentí que me iba a correr. Entonces aflojé un poco el ritmo, se la saqué del culo y de un solo golpe se la metí en el coño.

Ella estaba tan cachonda que enseguida empezó a gritar corriéndose de gusto. Cuando se corrió, se la saqué y la volví a encular de nuevo. Ahora era yo el que estaba a punto de explotar, a los pocos segundos de estar perforando su trasero divino y bien agarrado a sus inmensas caderas, me corrí dejando mi leche en su ano.

Nos recostamos en el piso exhaustos yo sin dejar de sobar todo su cachondo cuerpo, sobre todo sus enormes y gordos pechos, sin despreciar su satinado, gordo y enorme culazo.

Tres días después de esto, llegué a la casa de la escuela y me metí a tomar una siesta, momentos después un murmullo de voces y risas me despertó, me asomé hacia la sala y vi a mi madre acodada en el alfeizar de la ventana respingando más aun su delicioso culo, y comentó riéndose, anda te espero sin moverme de aquí.

Momentos después oí como se abría la puerta y aparecía Juan, se acercó a ella y se quedó un momento admirando su rotundo trasero, amorosamente modelado por una ajustada falda, se acercó y abrazándola le restregó el culo con su tiesa verga diciéndole, pero que buena estás vecinita, le levantó el vestido y agachándose se lo empezó a besar y sin poder contenerse le quito las pantaletas y extasiándose con la contemplación de su robusto nalgatorio…

Separó ambos hemisferios para descubrir el divino ojete, oscuro, con finos pliegues y bordes un tanto salientes, como una dona, una preciosidad de ojete que yo ya había gozado recientemente, lo besó y le introdujo la lengua. mi madre respingó y disfrutó la mamada de culo restregándole las nalgotas en la cara.

Fui por la mantequilla a la cocina y acercándome a ellos les comenté, vaya, vaya, vaya así es que no pudieron aguantar más tiempo y han decidido culear sin invitarme, Juan volteó y me dijo, es que tienes una madre que está buenísima y sería un crimen no disfrutarla, entonces ten la mantequilla, comenzó a untarla en las prominentes nalgas…

En cuanto empezó a introducir sus dedos en su culote mi madre suspiró y respingó más el culo, abriendo un poco más sus macizos muslos, evidentemente estaba conforme con que la enculara así que Juan puso mantequilla en su verga y colocó el glande en el delicioso ano, apretando alojándoselo despacio, poco a poco, invadiendo su intestino con delicadeza, sodomizándola gentilmente.

Mi madre suspiraba y volteaba a vernos con adoración, estaba encantada con que Juan le dejara ir la verga por el culo, siguió presionando poco a poco hasta que la ensartó toda. Tenía a mi madre bien empinada y le había hundido la verga hasta el infinito por el culo, estaba sodomizando las nalgas más suculentas que ustedes hayan imaginado.

La abrazó apoderándose de sus tetonas y comenzó a limarle el anillo del culo, metiendo y sacando su afortunada verga del fastuoso culazo de mi madre. Mi madre estaba encantada y se hacía para atrás y jadeaba, movía las nalgas apretándolas y exprimiendo la verga de Juan, él llevó su mano a su coño para masturbarla y siguió enculándola hasta que ella acabó en un gran orgasmo, y así siguió dándole por el culo a mi preciosa madre que estaba encantada con la abundante verguiza que le daba el vecino.

-¡Que rico me coges papi… que rico… sigue… que mi hijo vea como goza la puta de su madre! -¡Si mi reina si, me encanta tu culo, mi vida tienes el culo más bello del mundo! ¡Aprieta el culito, mi cielo, apriétame la verga, para que tu hijo aprenda como te ha de encular! ¿Te gusta que te meta la verga por el culo? -¡Si, papi… me encanta!

Mi madre tuvo otro par de orgasmos antes de que el vecino le arrojara una lechada en el hospitalario ojete. Ju

an se despidió, asegurándome que nunca había sodomizado unas nalgas tan hermosas y me felicito por el hembrón de madre que tenía.

Nada más se fue Juan y la tumbé en el sofá para quitarle del todo la ropa y admirar su poderoso cuerpazo desnudo, procedí a desnudarme yo también y me coloqué entre sus abiertos muslos, me eché a los hombros sus curvadas pantorrillas y apoyando en su coñazo la punta de mi ariete empecé a hundírselo.

Mi madre gemía y se quejaba, pero no de dolor, estaba más que lubricada, sino de pasión, era obvio que era una hembra lujuriosa que disfrutaba como una loca con una verga metiéndosele en la concha.

-¡Aaay hijo…que lindo…aaah…que rico…si…sigue, mi rey!

-¡Mami, que rica estás, esto es el cielo! ¡Que buena estás, madre! ¡Me encantas! ¡Toma, toma verga mami! ¿Te gusta que te meta la verga mamá? -¡Si, hijo… si… me encanta… métemela… mi rey… me encanta tu verga… métemela… métemela toda… toda… aaay!

Y yo se la metía una y otra vez, hasta el fondo, me la cogía duro y macizo, despacio primero, después de prisa, luego con recios golpes repentinos de pelvis, envergándola hasta el fondo de un solo empujón, lamiéndole las exquisitas chichotas, manoseándole las nalgotas y dándole piquetes en el culo con un dedo. Mi madre se retorcía y balbuceaba pidiéndome más y más verga, yo rendido adorador de sus portentosas redondeces, la halagaba verbalmente patentizándole mi adoración por sus formas:

-¡Que chichotas, mamá, me encantan tus pechos, me encanta mamarte las tetas,… y que preciosas nalgas tienes, mi putona chula, que nalgotas,..! ¡Que hermosa eres mama! -¡Soy tuya, mi amor, papito, soy tuya! ¡Cogeme, mi rey, cogeme toda que soy tuya! -¡Toma verga, mami, toma verga para tu chochito lindo! ¡Apriétame con esa deliciosa conchita… que rica estás, madre… que rico aprietas mi verga, me encanta! -¡Y tú a mi hijito… me encanta como me cogen tú y Juan! ¡Cogeme, hijo, meteme la verga, metémela toda! ¡aaah que rico me coges hijoooo!

Y mi exquisita y cachonda madre se vino como una loca, apretándome el nabo sabrosamente, redoblé mis caricias y la fuerza de los vergazos que le atizaba hasta hacerla venirse de nuevo dejándola medio muerta.

Momentos después, yo fui el que me vine, dejando en su cuevita una buena cantidad de leche.

Después de esto ha habido más aventuras en las que ha participado incluso un amigo de Juan. Por otro lado yo también he tenido relaciones con la mujer de Juan, que igual que mi madre es toda una cachonda, pero esto se los relatare en otra si deciden publicar esta.

Autor: Guillermo

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1 comentario »

  1. markcc dice:

    una exelente mama ke tienes ojala la mia fuera asi
    pues espero ke cuentes como cojes a la mujer de juan eso si esta bueno
    cuidate y sigue escribiendo

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