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MI MADRE Y MAESTRA II

25 de noviembre de 2008

¡Hola, soy Silvia de nuevo!, queridas amigas que me habéis escrito con tanto cariño, gracias por vuestras cartas y tal y como prometí, os sigo contando mi despertar a la sexualidad, perfectamente dirigida y controlada por mi madre.

Como recordareis, yo me había despertado antes que mi madre y después de unos minutos de pensar en lo que había pasado esa noche, la falta de mi padre, la nueva relación incestuosa con mi madre y sinceramente, calentarme un poquito viendo el cuerpo desnudo de mi progenitora, me levanté, me puse la chaqueta de pijama que estaba en el suelo y que me quité la noche anterior y me fui a la cocina, preparé un desayuno ligero para las dos, desayuné yo y entré a despertarla con una taza de café con leche calentito y unas tostadas con mantequilla. Lo dejé en la mesita, me arrodillé ante mi madre querida, acaricié su mejilla con mi mano y cuando vi que empezaba a despertar, me acerqué y la besé en los labios. Fue entonces cuando esa bella durmiente despertó del todo, se quedó quieta mientras seguía con mi caricia, me miraba directamente a los ojos y sonreía.

-¡Soy muy feliz hija!, gracias por esta noche… y gracias también por ese café con leche ¡huele bien!

-¡Gracias a ti mamá, sinceramente tenía miedo! Papá y tú, me habéis educado en un ambiente muy liberal y sabes bien que no soy virgen, pero una relación lésbica y encima contigo ¡con mi propia madre!, eso nunca lo había pensado y ha sido maravilloso.

-¿De verdad eres feliz y te ha gustado cariño? -¡Si mamá y tal y como me pedias esta noche, me pongo en tus manos para ser tu amante! Quiero dormir contigo todas las noches, quiero que esta sea desde ahora mi habitación y mi cama y quiero que me enseñes, quiero que seas mi madre y mi maestra ¿quieres serlo mamá?

Mientras hablaba, mi madre se había tomado el café con leche y sus ojos se habían puesto brillantes, sabía que estaba emocionada y a punto de llorar, pero sin embargo, de repente me cogió con sus manos, me apretó contra ella y me dijo:

-¡Quiero follarte, pero ahora a plena luz del sol! ¡Quieres sexo, pues te voy a dar sexo!

Esta vez no se anduvo por las ramas. Me besó con fiereza, sus labios se aplastaban con los míos y su lengua se introducía con fuerza y pasión en el interior de mi boca. Sus manos recorrían mi cuerpo y su pierna derecha se metió entre las mías y empezó a frotar mi vagina. Cogí sus tetas con mis manos y las apreté fuertemente, me acordaba del dolor que ella me produjo esa noche, vi como sus pezones se ensanchaban y cambiaban de color y también conseguí que mis piernas frotasen su coño. Para mi sorpresa, mi madre se corrió antes que yo y de una forma brutal, se estremecía toda ella, daba saltos en la cama y sus piernas se movían con rapidez, me abrazó con fuerza y me besaba con tanta pasión, que temí por mis dientes.

Emitía sonidos guturales y daba la impresión de que me quisiese violar y también yo exploté, y fue distinto de la noche anterior, más violentamente, con más pasión y me apreté a ella, me entregué como la amante se entrega sin condiciones al amado y deseando que aquello no terminase nunca. Cada una de las dos se apretaba contra la otra y nuestras piernas no paraban de frotarse buscando más y más placer, mientras nuestras bocas no cesaban de besarse, de lamerse y de tragar saliva una de la otra y nuestras manos recorrían cada poro de la piel. Mi madre me soltó y empezó a mirar alrededor, hasta que me di cuenta que buscaba el consolador de arnés, me levanté y se lo di para que hiciese lo mismo que antes, pero ella sonrió y me dijo:

-¡No Silvia, no me lo des, es para ti! Póntelo tú y fóllame a mí. ¿No querías ser mi amante?, se pues mi macho esta vez. Se tu ahora quien dirija la orquesta de los sentidos.

Yo me quedé un poco parada ¿cómo saber qué hacer con esa polla de látex?, pero solté a mi madre, ba

jé de la cama y lo cogí sin saber cómo ponerme aquello. La polla interior, la que me tenía que poner yo, era más pequeña y más gruesa que la exterior con la que tenía que penetrar a mi madre. Le dije que iba a lavarla y mi madre me dijo:

-¡Déjalo así, son nuestros jugos! Ahora se juntarán los míos y los tuyos.

Intenté ponerme el arnés, pero con los nervios y con lo gordo que era aquello, no lo conseguía, así que mi madre, cogió las tostadas con mantequilla y riéndose, frotó con ella la verga que me iba a introducir, me ayudó a abrir mis piernas y forzó la introducción de esa gruesa verga que dilataba al máximo mi vagina y producía tal placer en mi clítoris (tenía una pequeña protuberancia en la base) que mientras mi madre me ataba el arnés, me volví a correr y volviéndome hacia ella, llena de felicidad, le dije:

-¡Puta, so puta, me vas a volver loca de placer!. ¿Quieres que te folle, pues te voy a follar, quieres que haga de macho, pues seré tu macho?. Desde ahora seremos iguales, hombre y hembra a la vez, haremos el amor como mujeres y como hombres ¿es eso lo que quieres?.

-¡Si mi amor, es lo que quiero, ser tu amante, tu hembra, tu macho, tu madre y tu maestra ¿te gusta lo que estamos haciendo? -¡O si, me gusta, me gusta mucho y soy nueva en estas experiencias, quiero que me enseñes a ser como tu, liberal, sexual, lesbiana…! -¡No somos lesbianas cariño, pero en el fondo si deseamos serlo y por eso nos entregamos de esta manera y disfrutamos de nuestros cuerpos!. ¿Quieres aprender sobre lo que es el sexo, yo te enseñaré?, pero ahora cállate, fóllame y clávame tu polla.

Me arrodillé en la cama entre sus piernas, las separé y miré ese hermoso agujero que se abría ante mi, estaba mojado totalmente y era (y lo sigue siendo) hermoso. Totalmente rasurado, gruesos labios y un clítoris radiante que se asomaba entre ellos… y sentí algo especial, algo distinto de la noche anterior, al mirarme y ver esa polla de látex que asomaba enorme entre mis piernas, me sentí macho dominante y con muy pocos miramientos y menos experiencia, me deslicé hacia esa gruta, con mi mano agarré la polla y se la introduje unos centímetros y a continuación grité:

-¡Te voy a follar mamá, te voy a follar como si fuese tu marido, mi padre quien lo hiciese, lo hago por él y porque deseo verte estremecer de placer!.

Me dejé caer encima de ella y la penetré sin problemas. Todos los 25 cms. de polla entraron en ella y mi madre sintió el dolor en sus entrañas, me miró con ojos vidriosos, un rictus en su boca y me susurró:

-¡Nunca serás mi esposo, ni serás tu padre, pero puedes convertirte en macho, así que fóllame como un macho y a ver cómo te portas!.

Cerré mis ojos e intenté pensar en macho, veía las imágenes de las veces que yo había tenido relaciones con hombres y me intenté portar como ellos, solo que yo tenía un grave problema. Yo no era macho, no era hombre y mi polla era de látex y no de carne, así que no sentía esa sensación que tiene el hombre cuando te la introduce y por supuesto, la sensibilidad necesaria.

Follaba a mi madre con intensidad, la metía y la sacaba con ganas, con rabia, sin amor, era una relación puramente sexual y veía en mi madre el dolor y al mismo tiempo el placer. Un dolor y un placer distintos al mío y que me volvían loca. La gruesa polla que yo tenía en mi interior, me estaba destrozando, era enormemente gruesa para mi y parecía querer partirme en dos y esa protuberancia me destrozaba el clítoris y me hacia desear alcanzar el éxtasis sexual total.

Nos besábamos, nos acariciábamos, nos apretábamos los pechos, mordíamos los pezones, mi madre se movía, subía y bajaba sus caderas para adaptarse a mis embestidas. Le decía palabras soeces “¡puta, hijaputa, te voy a clavar, vas a ver quien es el macho, toma, toma, toma…!” y mientras tanto, nuestros organismos empezaron a funcionar y empezaron a llegar los orgasmos. Uno detrás de otro y yo no me sentía satisfecha. Estaba cansada, llevaba más de 15 minutos follando a mi madre y de ella no salió ningún quejido, solo palabras de ánimo para que siguiera y la reventara. Hasta que no pude más, me quedé quieta, encima de ella, con la polla dentro de su vagina y al oír un ligero quejido de su boca, me levant&eac

ute; como pude y le saqué ese trozo de látex con que la había follado… y del coño de mi madre brotaron unas pequeñas gotas de sangre.

La cama estaba hecha una mierda y al quitarme el arnés, salió todo un chorro de flujos míos con otras gotas de sangre. Allí sobre las sábanas, nuestra sangre se juntó con nuestros jugos y formó una mancha rarísima, pero lo que me impresionó fue el estado en que había dejado a mamá. Los labios estaban inflamados, rastros de sangre en la parte inferior del pubis, todo lo que se veía estaba enrojecido y eso me hizo exclamar:

-¡Lo siento mamá, creo que me he pasado, lo siento de verdad, siento haberte hecho daño, no se utilizar esto y no me decías nada! -¡Hija mía, si te preocupas por mi coño, es que no has visto el tuyo! La suerte que tienes tú es que como tienes pelo, se disimula mejor, pero lo tienes inflamado y con sangre. ¡Curémonos mutuamente! -¿Y cómo se hace eso? -¡Pues muy sencillo hija, con un 69 terapéutico y a lamer con cariño, no seas bruta ahora!

Y desde luego, no fui nada bruta, al revés, lamia el coño y hasta la entrada del ano de mi madre con todo cariño. Lo hice con todo el amor posible, para reparar el daño que había cometido con mi inexperiencia, mis nervios y mi deseo. Notaba la lengua de mi madre lamiendo mi entrepierna y deteniéndose en mi clítoris y en la parte interna del principio de la vagina. Era como un suavizante y entre las lamidas que le daba a mi madre y las que recibía de ella, me fui relajando y sorprendentemente, volví a correrme ¡era el primer orgasmo relajante de mi vida y fue precioso!. Mi madre lo notó y me dijo:

-¡No te pares ahora, sigue, sigue que yo también me corro!.

Y en pocos segundos, tuve toda su descarga en mi boca. Sorbí lentamente el raro sabor de sus flujos y cuando la dejé seca, me deslicé, me coloqué a su lado, le acaricié el rostro y levantándome un poco, posé mis labios sobre los suyos en un beso sencillo, suave y lleno de todo mi cariño. Mi madre entonces, me abrazó fuertemente y me devolvió el beso con pasión. Nos besamos durante unos minutos, apasionadamente mientras nuestras lenguas reptaban y se enroscaban en un baile sin fin. Después empezó a llorar y me dijo:

-¡Nunca más hija mía, vuelvas a nombrar a tu padre en estos momentos! Él ya no está entre nosotras y nosotras solas debemos afrontar esta nueva unión. He tenido muchos amantes en mi vida, tu padre y yo hemos practicado el intercambio de parejas desde antes de nacer tu y ni tu ni nadie lo va a sustituir, ni como esposo, ni como padre, ni como amante. ¿Lo has entendido?. Nunca más lo vuelvas a nombrar en estos momentos íntimos.

Yo me quedé parada. Lo que yo había sospechado, o intuido desde hacía mucho tiempo, era verdad y le hice una pregunta estúpida a mi madre:

-¿Y con cuantos hombres te has acostado?

Mi madre se rió y me dijo:

-¡Incontables hija mía, añádele a esto la cantidad de mujeres con las que he tenido relaciones! ¿Y quieres saber más de las actividades sexuales de tu madre?

Con la cabeza afirmé que sí. Me miró fijamente y me dijo:

-¡Me he prostituido muchas veces! Perdí una apuesta con tu padre… ¡y es la última vez que te hablo de él sobre estos temas de sexo! y lo hice por dinero, eso me dio inicialmente un poco de vergüenza, pero luego mucho morbo, placer y deseo y lo volví a repetir. Eso es lo que te decía, cuando te explicaba que no sabes nada del sexo, eres un ser que empieza a querer nacer en la sexualidad, pero solo eres eso cariño. Y nunca ha sido por el dinero, sino por esa situación morbosa que se genera.

-¡Entonces mamá, me tendrás que enseñar muchas cosas y quiero que me enseñes ya mismo!. Ya que me has hecho una hija de puta, tengo el mismo derecho que tu a disfrutar del sexo sin tabúes, ni limitaciones. Pero solo te pongo una condición.

-¿Cual hija mía? -¡Que no dejemos nunca de ser amantes! Quiero ser para siempre tu amante, tu pareja y tu hija amada. Quiero desde hoy mismo, vivir y dormir entre estas sábanas, en esta cama, quiero que esta sea nuestra cama matrimonial, que seamos pareja desde ya y para siempre ¿te parece bien mamá?

-¡Me parece la mejor decisión de nuestras vidas! Desde ahora, estaremos unidas para todo. Y ese todo, es un todo total y absoluto. Y te aseguro que lucharé para que seamos felices las dos y

para siempre.

Guardamos silencio, juntas, abrazadas, con mi cabeza recostada entre su cuello y su pecho izquierdo, levantándose al compás de la respiración de mi madre, oyendo latir su corazón, me sentí distinta, feliz, intensamente unida a ella y sabiendo que formaba parte de su vida, pero de una vida totalmente distinta para las dos. De repente, mi madre me dio un suave beso en mi cabeza, me acarició y me dijo que ya era hora de levantarnos, casi era mediodía y nos fuimos a la ducha. Realmente la necesitábamos.

Y mis queridas amigas y amigos, hoy lo dejo aquí y les prometo seguir mi proceso de amor lésbico-filial y mi iniciación sexual, guiada siempre por la cálida y amiga mano de esa maestra, que es mi madre.

un besito por cada voto, mil gracias…

Autor: Silvia lliuredona (arroba) yahoo.es

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1 comentario »

  1. inczo dice:

    hermoso y candente relato, me he masturbado dos veces, las mismas que lo he leído. Felicidades y ojalá sigas enviando más relatos.

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