Relatos eroticos, Sexo, Sexo gratis, Videos porno, Fotos porno, Porno, Porno gratis, xxx

Relatos eróticos Marqueze. El Sexo que te gusta leer.

Mi madre y mi hermana

23 de febrero de 2009

El cuerpo de Agustina se transformó en un volcán en erupción, su pequeña concha manaba lava ardiente y los firmes labios vaginales se inflamaron y abrieron preparándose para recibir el ansiado miembro que inundaría sus entrañas con mi semen, pero solo la penetré cuando estuve convencido de proveerle el mayor placer que jamás había brindado a ninguna mujer en toda mi vida.

Nadie que no lo haya vivido puede imaginar el tormento que significa vivir con cuatro mujeres, sobre todo cuando tres son todavía prácticamente adolescentes. Mi familia se compone de padre y madre jóvenes aún, papá 44 y mamá 43, luego yo con 21, una hermana de 20 y las gemelas con 18. Mi padre es viajante de comercio y suele estar fuera de casa tres semanas al mes, así que el único hombre de la casa durante casi todo el tiempo soy yo.

Todo el mundo opina que somos una familia hermosa, papá y mamá son juveniles y muy deportistas y sumamente agraciados, mamá es una verdadera belleza. Mi hermana mayor, Agustina, es la que más se le parece, con su metro setenta y cinco y su imponente figura quita el aliento, las gemelas no son tan altas todavía, lo que tienen es un cuerpito espectacular, maravillosas tetitas y un culito pequeño y redondo que hace que se te haga agua la boca, y una carita de niñitas perversas que promete los más excitantes placeres prohibidos, de mi prefiero no hablar por pudor, pero les aseguro que tengo mucho éxito con las chicas.

El problema es la convivencia porque no consideran en ningún momento que yo sea un hombre, salen de su habitación en paños menores para ir al baño, dejan las bombachas colgadas de las canillas, guardan los tampones en el botiquín sin importarles que yo los vea, los corpiños por el piso, cuelgan las medias del barral de la bañera y muchísimas veces se olvidan de cerrar la puerta cuando se bañan y cuando entró desprevenido pegan unos alaridos que hielan la sangre y me insultan a los gritos, pero eso no es nada comparado con el olor.

Si, las mujeres huelen y fuerte, abusan de los perfumes y de las cremas, usan champúes y acondicionadores de pelo muy perfumados y estos olores, dulzones y empalagosos, mezclados con transpiración y el acre olor a concha cuando están indispuestas, hacen una mezcla verdaderamente nauseabunda. Por las mañanas pasar por la habitación en la que duermen mis tres hermanas me produce nauseas, sale de ella un tufo digno de la cueva de un oso invernando, pero confieso algo, ese olor a hembra también me calienta horrores.

Claro que ustedes pensarán que debería estar acostumbrado, pero mis hermanas son chicas muy lindas y mamá sigue atrayendo miradas como cuando tenía la edad de ellas y yo no soy de fierro, imagínense: A mis hermanas las veo semi vestidas (o semidesnudas) todos los días y las he visto desnudas infinidad de veces (siempre accidentalmente) y las huelo todo el tiempo. A mi mamá suelo verla en camisón cuando me da el beso de las buenas noches y cuando prepara el desayuno a la mañana, siempre se cubre con un salto de cama, pero no puedo evitar espiar a través del escote, mamá tiene las tetas pecosas, por las mañanas, cuando está papá, suele oler a sexo y me excita terriblemente pensar que durante la noche hicieron el amor incansablemente (los pobres deben querer compensar el tiempo que están separados)

Vivir rodeado de mujeres hermosas es una verdadera prueba de templanza y un desafío a la continencia, pero aunque me mantenga fiel a mis principios y haya erradicado de mi mente la posibilidad de masturbarme pensando en mis hermanas y mamá, la naturaleza me suele traicionar muchas noches y tengo sueños eróticos con ellas que terminan en tremendas poluciones nocturnas que luego me producen profunda culpa. Me he preguntado alguna vez si a mis hermanas les pasaría lo mismo, si se les ha cruzado la idea de masturbarse pensando en mí, o si lo han hecho, o si tendrán sueños eróticos ellas también que terminan en inesperados orgasmos, la respuesta llegó del modo más inesperado.

El primer mensaje llegó una noche. Retiraba las cobijas de mi cama para acostarme cuando vi sobre la almohada una pequeña tanguita rosada y a su lado una nota, el triángulito de la tanguita que cubre la rajita estaba mojado y la nota decía: “Me mojé pensando en vos” La olí, olía delicadamente a concha, luego le pasé la lengua y me encantó su sabor, no pude evitarlo y tuve una erección, una tremenda erección y rompí por primera vez la regla que me había auto impuesto: Me hice una tremenda paja envolviéndome el glande con la tanguita y luego la llevé al baño y la dejé en el cesto de la ropa para lavar.

A la mañana siguiente observé detenidamente la cara de mis hermanas intentando descubrir algún gesto que denunciase a la dueña de la tanguita, pero ninguna se comportó distinta a lo habitual. Por la noche al retirar las cobijas encontré otra nota, decía: “Gracias por el regalito, me encantó tu semen”. Un incontenible temblor me invadió, me imaginé a mi hermana lamiendo el semen de la bombacha, pero ¿Cuál de ellas?

Dos noches después al entrar a mi habitación encontré las cobijas de mi cama arrugadas y en el espejo de la cómoda pegada una nota que decía: “Frente a este espejo bailé desnuda para vos y luego me hice la paja en tu cama, te dejo mi corpiño”. Era un corpiño blanco y me pareció que aún estaba tibio, pero el tamaño no me daba ningún indicio de quien era porque usan todas la misma medida incluso mamá, lo sé porque muchas veces  se queja porque usan los de ella, la que fuese sabía muy bien lo que hacía, me estaba haciendo calentar como loco.

La noche siguiente encontré mi pijama sobre la cama  y una nota: “Me puse tu pijama para hacerme la mejor paja de mi vida, perdona si te lo mojé un poquito” Efectivamente estaba mojado en la entrepierna, se había hecho la paja sobre el pijama, yo me la hice oliendo ese exquisito olor a concha. Por las mañanas las miraba detenidamente, pero ninguna hacía el menor gesto que la delatase, me estaba volviendo loco fuese quien fuese. Para peor esa tarde al volver a casa fui a mi habitación a estudiar y descubrí pegada al monitor de la computadora otra nota: “Te dejo una foto para que empieces a conocerme”

Prendí la computadora, me había instalado como fondo de pantalla una foto de una concha sacada de frente. En el Escritorio había un icono “Mi concha” Se llamaba. Lo abrí, era otra nota: “Me saqué esta foto con tu cámara digital, espero que te guste” La observé detenidamente, era hermosa, labios gruesos, vello depilado, excepto un pequeño penacho en la parte superior, y el clítoris más bello que jamás había visto, rosado y erecto asomando de su capuchón. Eyaculé contra el monitor luego de una frenética paja. A la mañana siguiente al entrar al baño encontré el espejo escrito con lápiz labial: “Te deseo”. Decía.

Mientras me bañaba pensaba desesperadamente como averiguar quien era la autora de los mensajes, me estaba volviendo loco y hasta pensé interrogarlas francamente una a una hasta hacer confesar a la autora y luego cogérmela durante horas, pero cuando volví a vestirme encontré otra nota en mi habitación: “Si esta noche me quieres en tu cama pronuncia durante la cena la palabra “Si” en voz alta y clara, luego espérame en tu habitación. Hay dos condiciones: No debes prender la luz y no hablar ni una sola palabra mientras esté contigo”

Esa noche mientras comíamos, en un momento en que se hizo silencio, dije “Sí” en voz alta, las cuatro levantaron la cabeza y me miraron extrañadas, mamá preguntó: “¿Sí qué?” Me puse colorado. “Perdón, estaba pensando en algo y hablé en voz alta”. Dije mientras todas me miraban con curiosidad, pero yo sabía que una de ellas había recibido el mensaje. Me acosté desnudo y tenía una calentura tan tremenda que temblaba como si tuviese fiebre, me hizo esperar más de una hora, pero vino.

Se deslizó silenciosamente hacia mi cama y se metió bajo las cobijas, estaba desnuda y su piel estaba muy caliente, la sentí temblar cuando la abracé y su boca buscó la mía jadeando. “Agustina”. Descubrí, así que era ella.

Me di cuenta por su altura y sus piernas largas, pero la calentura la desbordaba y su mano atrapó mi pija y la apretó ansiosa tirando de ella para que se la meta sin dilaciones, pero no me dejó tomar la iniciativa, se subió encima y se auto penetró jadeando ruidosamente con la boca abierta, todo lo que pude hacer fue meterle un dedo en el culo. Fue demasiado rápido, estaba muy caliente y el orgasmo la arrasó, yo también eyaculé inconteniblemente.

Nos sacudimos como posesos con los sexos latiendo durante largo rato, yo sentía como su esfínter anal apretaba mi dedo enterrado en su recto con fuertes contracciones, después nos besamos largamente con las lenguas entrelazadas, agradecidos por el maravilloso orgasmo que nos habíamos brindado. Cuando nos calmamos Agustina se levantó en absoluto silencio y salió de mi habitación, pensé que iría al baño y luego volvería, pero esperé en vano, por esa noche la sesión había terminado.

A la mañana siguiente ni me miró, me saludó como si nada hubiese pasado y comprendí que no quería que nadie se diese cuenta de que algo distinto a todos los días había sucedido. Luego del desayuno volví a mi habitación y encontré un nuevo mensaje y un pequeño frasco de Anal Lub, el mensaje decía: “Para esta noche” Me temblaron las manos, Agustina me iba a entregar su último secreto.

Esa noche la esperé  ansiosamente, llegó en silencio como la vez anterior y se metió en mi cama temblando de la calentura. Estaba tan caliente que sollozaba mientras se apretaba contra mi cuerpo y sus manos aferraban mi verga.

La apreté, la besé, la mordí, chupé sus pezones haciéndola gemir y hundí mi boca en su vagina provocándole una sucesión interminable de orgasmos, finalmente separó mi boca de su entrepierna y giró arrodillándose en posición perrito, entonces me abalancé hacia su culo, lo lamí y le metí la lengua saboreándolo, después tomé el lubricante anal y lo lubriqué generosamente, primero metiéndole un dedo y luego dos, al tiempo que lo masturbaba, Agustina gemía y resoplaba y yo me lubriqué también la pija, luego se la metí lentamente.

El gemido de Agus se transformó en un aullido, que a duras penas sofocó mordiendo la almohada, nunca había penetrado un culo tan caliente en toda mi vida, era maravilloso y mi verga se deslizaba dentro de él con una suavidad asombrosa. “El mejor culo de toda mi vida”. Pensé mientras metía y sacaba mi verga endurecida y Agus rugía con la boca hundida en la almohada, esa mujer estaba gozando como una perra y yo me sentía un súper hombre.

Cuando sintió el primer chorro de semen dentro del recto acabó rugiendo, me tuve que aferrar a su cintura con todas mis fuerzas porque corcoveaba tan fuerte que casi me tira de la cama, era un potro indomable intentando quitarse de encima al jinete, pero la cabalgué como un experto domador hasta que de a poco se fue serenando, finalmente se deslizó hasta quedar aplastada en la cama bajo mi peso resollando como si hubiese galopado por horas mientras le besaba el cuello y lamía su nuca. Agustina me enloquecía, era una hembra apasionada como no había conocido antes otra, pero además ahora comprendía que sus condiciones, cogerla en silencio y con la luz apagada eran una genialidad que agregaba un condimento extra, adivinar nuestros cuerpos y no hablar, me excitaba terriblemente.

Esta vez no se fue tan rápido, se quedó un largo rato abrazada a mí mientras nos besábamos largamente y su mano me masturbaba lentamente hasta lograr una nueva erección, entonces hicimos un 69 antológico y recién se fue cuando bebió la última gota de mi semen. A la mañana siguiente mientras desayunábamos busqué sus ojos intentando descubrir algún gesto, pero Agustina no me dirigió ni una sola mirada que pudiese delatarla,  mamá llevó a las mellizas al colegio y luego fue a pasar el día con abuelita, Agus y yo nos quedamos inesperadamente solos, era una magnífica oportunidad para disfrutar de otra manera de amarnos, con luz y con palabras.

Me dio la espalda y comenzó a lavar las tazas del desayuno, estaba muy tentadora con su pantaloncito de tenis blanco enfundando su redondo culito, que tanto placer me había dado la noche anterior, sus largas piernas bronceadas y la remera corta que elevaban las paradas tetitas dejando su delicioso ombligo a la vista, se me hizo agua la boca cuando me acerqué a ella por la espalda dispuesto a darle una agradable sorpresa. La abracé por detrás aprisionándole sus duros pechos y apoyando mi notable erección entre sus nalguitas, pero no reaccionó como esperaba.

Se revolvió enfurecida y, dándose vuelta, me pegó una terrible bofetada que me dio vuelta la cara, al tiempo que gritaba: “¿Qué haces pelotudo?” Me quedé helado mirándola sin atinar a decir nada, y me dijo: “¡Si estás caliente, págate una puta!” Apenas balbuceé: “Pero…pero…” “¿Pero qué? ¡Imbécil!” Volvió a gritar “Agus… vos y yo… No entiendo…” Entonces como una revelación la verdad atravesó mi mente “Agus, ahora comprendo todo, por favor siéntate y déjame explicarte” “¿Qué es lo que vas a explicar?” Gritó enfurecida aún. “Por favor, escúchame” Supliqué y Agustina se sentó a regañadientes en una silla y yo frente a ella.

Le conté todo desde el principio, los mensajes, la forma en que fui recibiéndolos, mi intriga por saber quien los dejaba, las condiciones de oscuridad total y silencio impuestas para concretar nuestro encuentro y mis dudas hasta la noche en  que, quién pensé era ella, se metió en mi cama y la noche anterior me había entregado la puertita trasera. “Por la altura y la figura descarté a las mellizas y estuve seguro que eras vos, ni se me ocurrió pensar en otra mujer… hasta ahora”. “¡Mamá!” Exclamó Agustina llevándose mano a la boca como intentando ahogar la palabra. “Si, mamá” Confirmé “Solo ella pudo haber sido”.

Agustina rompió a llorar amargamente. “¡Vieja puta! ¡Hipócrita! ¡Hacerme quedar como una puta para cogerse a su propio hijo! ¡Perra inmunda!” Estaba furiosa y la comprendía, mamá la había usado por su parecido físico haciéndose pasar por ella para meterse en mi cama… ¿Tan caliente estaba que no podía esperar a que volviese papá? Pensé mientras intentaba consolar a Agus, que recién entonces se dio cuenta de algo que hasta el momento se le había escapado: “¿Y vos pensabas que te acostabas conmigo?” “Si”. Respondí.

“¿Yo te gusto?” Preguntó sollozando aún. “Si”. Respondí avergonzado. “¿Me habías deseado antes que mamá empezase con esto?” “Si, pero como era un imposible me negué la posibilidad de pensar en vos”. Contesté. “¿Y a las mellizas también?” “No como a vos”. Dije sinceramente. Se quedó callada unos minutos sollozando mientras pensaba, luego dijo: “Me siento rara… Acabo de descubrir que mi hermano me desea, que mi madre me usó para acostarse con él y que he comenzado a pensar cosas en las que no quería pensar…” “¿Qué cosas Agus? Pregunté. “Que yo también te he deseado… Cuando era chica muchas veces me imaginé con vos, pero eras mi hermano y te quité de mi cabeza, y ahora mamá te trae nuevamente… ”

Me senté a su lado y pasé mi brazo sobre sus hombros y Agustina apoyó su cabeza en mí “Nunca más volveré a hacerlo con ella, no podría”. Le dije. Me acarició la mejilla con ternura y mirándome a los ojos me dijo: “Al menos voy a tener que agradecerle que nos haya hecho sincerarnos”. Entonces tomé su barbilla con mi mano y acerqué mi boca a la suya, Agus bajó los parpados y entreabrió los labios para recibir mi beso. La llevé en brazos a la cama.

Cuando la desnudé comprendí que debí haberme dado cuenta que la que llegaba a mi cama en las noches no era Agustina, sus carnes eran firmes y su piel tersa, su cuerpo era evidentemente distinto al de nuestra madre, pero mi excitación y la sutil tarea de seducción que había desarrollado me habían confundido y seducido, sólo una cosa las igualaba, ambas eran igualmente ardientes y apasionadas. Sin embargo algo las diferenciaba notablemente, Agustina me hacía sentir amado y mamá sólo deseado.

La amé lentamente, a diferencia de la forma en que amaba a mamá, también ella reaccionaba de manera distinta. Aún en el paroxismo del clímax se manifestaba con gentil delicadeza, gemía dulcemente y sollozaba al arribar a cada orgasmo mientras hundía sus dedos en mi cabello y me acariciaba tiernamente. Su cuerpo se encendía cuando mis manos lo recorrían, sus pequeños y firmes pechos eran extremadamente sensibles y cuando lamí los duros pezones sus gemidos delataron que mi lengua era capaz de provocarle orgasmos, aún sin tocar su más preciado tesoro.

Cuando llegué a él, el cuerpo de Agustina se transformó en un volcán en erupción, su pequeña concha manaba lava ardiente y los firmes labios vaginales se inflamaron y abrieron preparándose para recibir el ansiado miembro que inundaría sus entrañas con mi semen, pero solo la penetré cuando estuve convencido de proveerle el mayor placer que jamás había brindado a ninguna mujer en toda mi vida.

La cogí muy lentamente mientras Agustina desfallecía entre mis brazos y sus gemidos eran música celestial en mis oídos. Sus manos recorrían mi espalda y acariciaban suavemente, pero también pasaba sus uñas con mucha suavidad sobre mi piel haciéndome estremecer.

Me movía lentamente entrando y saliendo de ella y a poco Agustina se fue acoplando a mi ritmo hasta que ambos parecíamos eximios ejecutantes de una maravillosa sinfonía, yo jamás había amado a una mujer como mi hermana y estaba asombrado de nuestra sincronía.

Esa misma tarde papá volvió a casa con una buena noticia: Lo habían nombrado Gerente de Ventas y ya no volvería a viajar. Mamá y las mellizas recibieron la nueva con alborozo y Agustina y yo con profundo alivio, ya no habría más mensajes ni simulaciones, mamá tendría todos los días lo que tanto necesitaba.

Pero las visitas nocturnas a mi cama no se interrumpieron, por el contrario se incrementaron notablemente, Agustina y yo nos amábamos y deseábamos enloquecidamente al punto que unos meses después resolvimos confesar nuestra relación e irnos a vivir juntos.

A papá le cayó como un balde de agua fría la noticia, pero la asumió respetuoso de nuestra decisión y mamá tragó saliva y no opinó, ella sabía que su mentira había sido descubierta.

Las mellizas opinaron que era la historia de amor más romántica que habían escuchado en toda su vida y nos apoyaron fervientemente y hasta hicieron planes e imaginaron nombres para sus futuros sobrinos…

Cinco años después se dieron el gusto de elegir el nombre para nuestro primogénito, pero el año siguiente, para el nombre de nuestra niña, exigí se respete mi inalterable decisión:

Se llama Agustina.

Autor: Marcelo

GD Star Rating
loading...
GD Star Rating
loading...
Mi madre y mi hermana, 9.4 out of 10 based on 9 ratings
  
categoría:

Ningún comentario »

Aún no hay comentarios

Canal RSS de los comentarios de la entrada | URL para TrackBack

Deja un comentario

Debes iniciar sesión para hacer comentarios.

Bienvenido a la mayor comunidad de escritores de relatos eróticos


Copyright © 2008. Gestores Profesionales de Contenidos Digitales S.L.
Todos los derechos reservados