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Mi madre y yo

2 de abril de 2009

Le pedí a mamá que se diera vuelta, quería ver su inmenso culo mientras la cogía. Mamá aceptó de inmediato, pero tuvo que levantarse liberando mi verga. Sólo en ese momento noté que mi semen comenzaba a escurrir de su vagina, en su nueva posición tomó mi mojado miembro con una mano y colocándolo en su conchita se ensartó en un solo movimiento y comenzó a menearse.

Soy un asiduo lector de historias de esta página, especialmente las que hablan de relaciones entre madres e hijos, ya que esa ha sido mi fantasía desde que despertaron mis instintos sexuales. Y fue una fantasía muy bien escondida, ya que mi padre, hombre muy dominante, me habría molido a palos de haberme sorprendido mirando a mamá con otros ojos que no fueran los de un hijo obediente.

Hoy soy un hombre de 32 años y con un físico similar al de mi padre, es decir 1,83 m de estatura, blanco, delgado y fibroso y busqué como esposa una mujer que se pareciera a mi madre, obviamente. El matrimonio resultó un desastre y nos separamos, luego de un par de años, sin hijos. Mi mujer se fue y yo quedé viviendo solo en el departamento. No intenté reincidir y busqué sólo relaciones sin compromiso. Por su parte, mis padres se separaron hace unos cinco años, luego que mi madre no soportara ya la tiranía, infidelidades y abandono afectivo de su marido. Mi padre se fue al extranjero y no supe más de él. Mi madre quedó sola en la casa familiar.

Un día, hace más o menos un año, con motivo de mi visita semanal, mi madre me propuso ir a vivir con ella, ya que estábamos solos y la casa es grande para ella sola. Le dije que ya me había acostumbrado a vivir así, sin controles y que no me gustaría molestarla con mi forma de vida. Ella me respondió que sería un ahorro para ambos y que necesitaba compañía. Me prometió que no interferiría con mi vida y que seríamos buenos amigos. Luego de conversar largamente, me convenció y me mudé a vivir con ella. Me instalé en un dormitorio contiguo al suyo, al lado del baño.

La verdad es que estaba bastante más cómodo que en mi pequeño departamento. La vida continuó rutinariamente y me fui acostumbrando a vivir con mamá, especialmente a las horas de comida en que conversábamos e intercambiábamos impresiones acerca de lo sucedido en el día. Mamá tiene un carácter dulce y cariñoso, por lo que mis salidas nocturnas se fueron espaciando hasta que dejé de salir por la noche. Hasta allí, todo transcurría sin novedades. Sólo que mi cuerpo comenzó a reclamar por falta de desahogo. Sin darme cuenta, mi antigua fantasía se hizo presente y comencé a soñar con mi madre.

Ella es una mujer de cincuenta y tres años, cerca de 1,70 m de estatura, pelo negro de grandes ondas que ella amarra en una cola, su piel es ligeramente canela. Su cara es suavemente angulosa, la que a menudo se ilumina con la tierna sonrisa de sus labios carnosos. Está algo excedida de peso, aunque conserva sus proporciones. Sus tetas son enormes y van de acuerdo con sus amplias caderas. Sus pierna contestó mamá, con un dejo de tristeza.

-Y dime, mamá, después que papá se fue, tú… ¿nunca…? -Nada, hijo. He estado sola desde que se fue, respondió, bajando la vista.Entonces se me ocurrió una idea. -Mamá ¿no te gustaría salir conmigo a tomar una copa y pasar un rato en un lugar agradable? Pregunté.-Y ¿qué lugar es ese? Preguntó mamá, intrigada.-Es un club para gente adulta, tranquilo y con música suave, sin estridencia, hasta podríamos bailar, contesté persuasivo.

Mamá lo pensó unos momentos y mirándome sonriente, contestó: -¡Bien, hijo, vamos!

Nos cambiamos de ropa y salimos. A mis ojos, mamá estaba bella. Llevaba un vestido oscuro, de una pieza, de amplia y larga falda, ya que se avergonzaba de sus caderas anchas y su enorme culo. Se había maquillado prolijamente y había peinado su cabello que ahora llevaba suelto y que caía como una cascada sobre sus hombros, haciéndola lucir más joven. Llegamos al club, cuyo salón estaba iluminado tenuemente y ocupamos una mesa. En la pista central unas pocas parejas bailaban al lento ritmo de una melodía de los años 60. A mamá le gustó el ambiente. Un camarero se nos acercó para tomar nuestro pedido. Yo pedí un whisky, mamá guardó silencio. -¿Y para su esposa? Preguntó el camarero. Mamá volvió su cara hacia mí, sonriendo sorprendida. -¡Pues, lo mismo! Respondí rápidamente.

-¿Qué me dices? ¡Este hombre debe estar medio ciego! Me comentó mamá, riendo divertida.
-¡No mamá! Dije ¡la verdad es que estás muy bella y, sí, te ves joven! -¡Vamos! ¡Eso lo dices por adularme, para que no me sienta vieja! Exclamó mamá. -¡Eso lo digo porque es verdad y porque te amo! Le dije suavemente, acercándome y besándola en la comisura de los labios. Su aroma inundó mi nariz y mi corazón latió con fuerza. -¡Yo también te amo, mi cielo! Dijo mamá y respondió a mi beso con un suave beso en mis labios. Era la primera vez que mamá me besaba en los labios. ¡Mi fantasía despertó con furia!

Esperamos a que llegaran los tragos y la invité a bailar. No paramos en el medio de la pista, entre otras parejas y estiré mis brazos para que mamá se pusiera entre ellos como le acomodara. Se acercó a mí y colocando sus manos en mis hombros se apretó suavemente a mi cuerpo. La tomé por la cintura y me apreté un poco más. Un intenso calor recorrió lentamente mi espalda al sentir la presión de sus soberbias tetas. Comenzamos a movernos al lento ritmo de la música. No pude evitar que, al sentir el movimiento de sus caderas en mis manos y ante el contacto con su vientre, mi miembro despertara y comenzara a erguirse. Traté de separarme, pero, mamá me lo impidió.

-¡No me gusta bailar separada! Me dijo sonriendo tiernamente. Ante esa declaración, decidí seguir mis instintos. La rodeé con mis brazos y la apreté contra mi cuerpo. -¿Está bien así? Le pregunté, con mi cara casi rozando la suya. -¡Sí, mi amor, así me gusta! Respondió mamá. Pegué mi mejilla a la suya y continuamos bailando. Era imposible que mamá no notara mi tremenda erección. Cuando la pieza terminó, nos dirigimos a la mesa y bebiendo unos sorbos, mamá me comentó lo agradable que era el sitio, sin mencionar nada del baile. Luego de algunos minutos, salimos nuevamente a bailar.

Esta vez la tomé por la cintura con confianza y la abracé como a ella parecía gustarle y acerqué mi cara a la suya. Mi verga se endureció instantáneamente. ¡Te quiero, qué decir. Mamá tomó la iniciativa: -¡Me encantó la salida, hijo! ¡Me hacía falta! Dijo, mirándome a los ojos.
-¿De veras te gustó? ¿Todo? Pregunté dubitativo, tanteando el terreno. -¡Especialmente como bailas, mi amor! Respondió sonriendo con picardía. – ¿Me mostrarías de nuevo como lo haces? -¡Encantado, mamá! Repliqué, saltando del sofá.

Mamá puso un disco lento en el aparato y yo atenué las luces. Me paré frente a ella y estiré mis brazos. Se abrazó a mi cuello y se apretó a mí. La abracé estrechamente y la miré sin decir nada. Con sus labios entreabiertos, cerró los ajos y esperó. La besé con pasión, mientras acariciaba su cuerpo voluptuoso. ¡El sueño de mi vida se estaba convirtiendo en realidad!

Mientras la besaba, disfrutaba de la presión de sus enormes tetas, acariciaba su espalda con una mano, mientras con la otra recorría una de sus grandes nalgas. Mamá movía suavemente sus caderas restregando su vientre en mi apoteósica erección. Caliente a más no poder, dirigí mi mano derecha a la parte delantera de su vestido y comencé a desbotonarlo. Me moría por sentir en mis manos sus tan ansiadas tetas. Con su vestido abierto hasta la cintura, traté de meter una mano en su corpiño, pero, era tanto lo que tenía que contener que no pude hacerlo sin lastimarla.

-¡Vamos a mi cuarto, hijo! Propuso mamá.

La tomé por la cintura y nos fuimos allá. Una vez dentro, mamá hizo que su vestido se deslizara por su cuerpo, cayendo a sus pies. Luego, echó sus brazos hacia atrás y soltó el broche de su corpiño. Con movimientos lentos fue retirándolo de su cuerpo hasta que dejó ante mi asombrada vista el más glorioso par de tetas que jamás había visto. ¡Eran dos enormes melones que colgaban hasta, casi, su ombligo! Sus pezones, muy oscuros eran del tamaño de la punta de un pulgar y estaban rodeados por una amplia aureola oscura que mi mano no alcanzaría a cubrir. Puso sus pulgares en el elástico del enorme calzón y comenzó a bajarlo. Se agachó para bajarlo por sus piernas y sus tetas colgando taparon lo que acababa de descubrirse. Se incorporó lentamente y me miró con ojos de preocupación.

-Dime, amor ¿aún te gusta tu vieja y gorda madre? Dijo con voz trémula. -¡Mi hermosa madre! Corregí ¡Eres la mujer más bella que he visto! Dije, delatando mi excitación.

Tenía frente a mí, a mi madre desnuda, como nunca lo había imaginado ni en mis más calientes sueños. Pese a su edad, su piel no estaba ajada y lucía tersa. Miraba hipnotizado sus enormes tetas, que son un imán para mí. A pesar de su evidente sobrepeso, su cintura parece delgada al ver sus amplias caderas. Su grasa abdominal, que no es excesiva, y que redondea sus amplias caderas y su vientre, aumenta, para mí, el encanto de su apetecible cuerpo. Casi llegué al orgasmo cuando vi su impresionante mata de pendejos. Su bajo vientre está cubierto por una espesa maraña de pelos negros que ocultan completamente su codiciado tesoro.  Su sexo está, literalmente, comprimido entre sus gruesos muslos. La suave luz de la lámpara daba a su piel un tono fascinante. Su silueta semejaba la forma de un violín, bueno… la de un contrabajo. Era tal mi excitación que no atinaba a moverme.

Mamá se acercó a mí y me desbotonó la camisa, mientras yo soltaba mi cinturón y me liberaba del pantalón y los zapatos. Ella bajó mi calzoncillo y liberó mi miembro que palpitaba con una furia y dureza impresionante. Luego se puso de rodillas y tomándolo su boca deliciosa, inundada de olor a semen, la besé con pasión, abrazándola y acariciando su cuerpo de madona medieval que me enloquece. La guié hasta el borde de la cama y la deposité suavemente. Era mi turno.

La hice abrir sus piernas y me arrodillé frente a ella. Acaricié su peludo pubis y separé los suaves pendejos buscando su ansiada concha. Los pelos que la cubrían estaban empapados de líquido vaginal. Al separarlos me encontré con una conchita pequeñita que parecía no tener relación con el cuerpo de mi madre. Sus labios delgados apenas cubrían el erecto clítoris. Con mi corazón latiendo con fuerza, abrí la conchita de la que manaba abundante secreción y apliqué mi boca, bebiendo con ansia el delicioso néctar de mi madre. Mamá soltó un suspiro y sus muslos temblaron. Chupé, lamí y acaricié con mi lengua su duro botón de placer, mientras mamá se retorcía gozando de la boca de su hijo.

De pronto sus gruesos muslos apretaron mi cabeza, mientras, ella lanzaba un agudo chillido: estaba acabando y su orgasmo parecía ser muy intenso, a juzgar por sus contorsiones. Retiré mi boca de su concha sólo cuando ella se relajó.

Luego de aquel ardiente aperitivo, nos tiramos en la cama y abrazados nos entregamos a las más tiernas caricias. A sus 53 años, mamá conserva sus carnes aceptablemente firmes y es una delicia acariciarla. No podía dejar de chupar sus enormes tetas y de apretar sus grandes nalgas. Era tanta la excitación de tenerla desnuda entre mis brazos, temblando de pasión y deseo, que ya estaba listo para la consumación de mi sueño máximo, hacerla mía, poseer a mi madre.

La puse de espaldas y subí sobre su voluptuoso cuerpo. Mamá me acogió abriendo sus gruesas piernas. Me apoyé en un codo y con la mano libre tomé mi verga y busqué entre sus pendejos los ardientes labios de su concha, acariciando su clítoris con la cabeza de ésta. Mamá entornó sus ojos al sentir la caricia de mi verga y respiró quedamente, esperando. Apoyé mi pecho en el suyo y empujé suavemente…

Mi sorpresa fue mayúscula. Mi madre, la mujer que tenía debajo de mí es una mujer grande, pero, su vagina es estrechísima. Me dio la impresión de estar desvirgando a una muchachita. No coincidía con la idea que me había formado de ella. Una mujer de su edad, con su físico, habiendo parido a un hombre como yo y, seguramente, con muchos encuentros sexuales no debería tener esa vagina de muchachita… Pero, esa era la deliciosa realidad.

La estrecha vagina de mi madre estaba abundantemente lubricada y mi verga se deslizó suavemente, llenándola. Cuando mi pubis se apretó contra su peludo pubis, mamá me abrazó con fuerza, suspirando y besándome repetidas veces y exclamó: -¡Mi amor, hijo querido, por fin soy tuya! ¡Me moría por tenerte dentro de mí! -¡Eres deliciosa, mamá! Exclamé a su oído. – ¡Eres la mujer más deliciosa que he conocido! -¡Hazme el amor, hijo adorado, ámame como no lo haz hecho nunca! Susurraba caliente. – !Recuerda que soy tu madre, calma mis ansias de ti!

No hacía falta pedírmelo. Su sensual cuerpo, sus enormes tetas bajo mi pecho, sus gruesos muslos a cada lado de mi cuerpo, su deliciosa vagina, eran suficientes para cogerla con toda la pasión de que era capaz, pero, lo que me tenía loco de lujuria era el hecho de estar poseyendo a mi madre, de estar gozando del prohibido placer con el que había soñado desde que tengo memoria. Comenzamos a follar suavemente, pero a medida que acariciaba sus opulentas formas mi calentura aumentaba, le susurré al oído… -Si de mí dependiera, no sacaría mi verga de ti nunca más! -¡Pues, me tendrás cuando lo desees! ¡Soy tuya y puedes tenerme las veces que quieras y como tú lo desees! Prometió mamá.

Mi verga había perdido dureza, pero, no totalmente y me sentía cómodo teniéndola en su vagina. Recuperaría fuerza dentro de ella. Una vez calmados, al menos momentáneamente, nuestros instintos, mamá quería comunicarse.

-Dime hijo ¿por qué demoraste tanto en hacerme tuya? ¡Hace más de seis meses que estaba muriendo por este momento! Dijo mamá. -Pues, es muy simple, porque eres mi madre. Esto es incesto y las mujeres no son proclives a esto, precisamente, respondí. -¡Tienes razón! Pero, tenía esta idea desde que te casaste y elegiste a una mujer parecida a mí, estaba casi segura que yo te gustaba. Y esta idea se transformó en deseo, cada vez más fuerte. No sé si es porque soy caliente o porque eres tan atractivo. Te imaginaba haciendo el amor con esa mujer y me masturbaba pensando en que podría ser yo. Pero, me detenía al recordar que el sexo entre madre e hijo está prohibido. Además, tengo mis años y estoy gorda. Hasta que me dije que si va a pasar, que pase. Por eso te propuse vivir conmigo.

-¡Mamá, no estás vieja y tu cuerpo es bello! ¡Me gustas y te deseado desde siempre, precisamente por tu cuerpo!   mi verga se había endurecido nuevamente, en la vagina de mi madre. -¿La sientes dentro de ti? ¿no sientes que te deseo? Le pregunté besándola. -¡Ven mi macho, hazme feliz! Respondió, mamá y moviendo su cuerpo hizo que yo quedara de espaldas en la cama con ella encima de mí, sin desacoplarnos. Puso sus manos en la cama y estiró los brazos, levantándose y dejando sus enormes tetas ante mi cara. -¿Te gustan? Preguntó mimosa. -¡Son mi locura, mamá! Respondí y, acariciándolas con mis manos, me apliqué a chupar y lengüetear sus grandes y duros pezones, mientras mamá comenzaba un lento meneo con sus anchas caderas, empalada en mi verga.

Luego de un largo rato en esa postura, le pedí a mamá que se diera vuelta, es decir, de espaldas a mi cara. Quería ver su inmenso culo mientras la cogía. Mamá aceptó de inmediato, pero, tuvo que levantarse, liberando mi verga. Sólo en ese momento noté que mi semen comenzaba a escurrir de su vagina, tan estrecha es. En su nueva posición tomó mi mojado miembro con una mano y colocándolo en su conchita se ensartó en un solo movimiento y comenzó a menearse. Encandilado con el espectáculo de su enorme culo moviéndose, tomé con mis manos sus inmensas nalgas y las estrujé, acariciándolas rudamente.

En un momento dado, las separé y quedó a mi vista el pequeño y oscuro orificio de su ano. Ensalivé uno de mis dedos y comencé a acariciarlo y poco a poco fui introduciéndolo al ritmo de sus meneos. Mamá aceptó esa nueva caricia con placer, dando pequeños quejidos y exclamando: -¡Que rico, mi amor!. -Mamá ¿te gustaría hacerlo por allí? Pregunté cautelosamente. Mi madre volvió sus cabeza, con sus ojos iluminados y sonriendo con lujuria… -¡Todo lo que quieras, mi cielo, mamá es tuya!

Mamá salió de encima de mí y la hice ponerse de rodillas, con las piernas separadas, apoyada sobre un grueso cojín y me instalé frente a su trasero. Mi dura verga se encabritó ante la visión del monumental culo de mi madre. Sus anchas caderas cubrían mi espacio visual y mis ojos estaban clavados en sus inmensas nalgas. Temblando de emoción estiré mis brazos y la tomé por las caderas, y metí toda mi verga en el estrecho culo de mi madre, desvirgándolo. Debí hacer un gran esfuerzo para contenerme al ver mis pendejos acariciando la raja entre las grandes nalgas de mi madre.

Acaricié los grandes globos y luego su cintura. Enseguida me incliné y me apoderé de sus inmensas tetas, acariciando suavemente sus duros pezones y comencé a culearla como ella lo merecía. Loco de lujuria, acariciaba a mamá en todo su cuerpo, no me bastaban mis dos manos, el cuerpo de mamá me enloquecía. La afirmé nuevamente por sus anchas caderas y la cogí con fuerza. En cada metida, mi madre se quejaba exclamando… -¡Sí! ¡sí! ¡sí!

Hasta que, crispando sus dedos en la sábana gritó…  -¡Mi amooooor!

Una fuerte contracción de su ano me indicó que estaba acabando. Me dejé ir y las solas contracciones bastaron para producirme un violento orgasmo y llenar las entrañas de mamá con mi semen. Ahora sí mi verga estaba rendida. Perdió rápidamente su dureza y se deslizó fuera del culito de mamá.

Luego, nos recostamos uno al lado del otro y abrazados nos besamos cansados, satisfechos y felices. No tardamos en quedarnos dormidos. A pesar de los años, mi fantasía se hizo realidad, mamá es ahora toda mía.

Autor: Ricardo

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2 comentarios »

  1. olrac dice:

    hola e leido la historia que has mandado teniendo relaciones con tu mama, es bien rico y sobre todo romperle el culo yo e hecho lo mismo con mi mama dime si te atreverias a tener relaciones con tu madre pero doble penetracion yo lo e hecho con mi mama y es bien rico [correos NO permitidos en comentarios - eliminado por la administración R.M.] chauuuu

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  2. cogegorditas dice:

    Excelente relato!!

    Tuve la misma fantasía desde niño y mi madre también es gruesa y con enormes tetas. Pero como tú dices, la sociedad no permite eso.

    Estoy en una situación similar ahora, ella vive sola y mi padre la a dejado.
    No se si intentar algo, pero tú relato me da ánimo.
    Veré qué sucede, pero mientras leía tu historia me imaginaba cómo hacerlo.

    Qué hago?

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