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Mi marido, mi vecina y yo

30 de mayo de 2009

Mi marido se arrimó a ella, la cogió y la sentó junto a mi cogiendo las cabezas de las dos y acercándolas a su polla, que estaba dura como una estaca, la cual empezamos a chupar como desesperadas, estábamos tan salidas que no teníamos ningún problema en juntar nuestras lenguas mientras le chupábamos la polla a Juan.

Esta es la historia que nos pasó hace no demasiado tiempo a mi marido y a mi, yo me llamo Susana, y mi marido Juan, hace un par de años nos mudamos a un pequeño pueblecito cercano a la capital donde vivimos, en principio todo estaba muy bien, mucha tranquilidad, con respecto a la ciudad cosa que nos gustaba bastante, enseguida hice amistad con algunas vecinas jóvenes como yo, pero en particular con Isabel, una chica joven de unos 27 años que vivía junto a nosotros, su relación matrimonial no iba todo lo bien que quisiera y se refugiaba en las amigas un poco para olvidarse de su marido.

Solía pasar por casa para charlar y tomar algo, y la verdad es que a mí me hacía compañía mientras mi marido estaba trabajando. Un día después de comer mi marido no tenía que trabajar y se quedó en casa, así que después de almorzar se quedó durmiendo la siesta un rato, pasado un rato llego mi amiga Isabel y nos pusimos a charlar de varias cosas mientras hacíamos zapping en la tele para ver si había algo interesante que ver, cuando sin darnos cuenta salió uno de esos canales porno de las cadenas de pago, Isabel se quedó un poco cortada, yo me di cuenta y le pregunté:

-Chica, ¿no has visto nunca una película de estas? -La verdad es que no, a mi marido no le gusta este tipo de cosas. -Pues están bien, a mí me gustan, salen unos tíos que ya quisiera yo para mí.

Isabel se echó a reír, pero no apartaba la mirada de la tele viendo como aquel tipo le clavaba su enorme tranca a la chica mientras esta no paraba de gemir.

Así que dejé la película mientras le ofrecí una copa a Isabel, me pidió una ginebra con cola, la cual le puse, un poco cargada me parece y yo me tomé otra, la verdad es que me apetecía tomarme una copita, me pongo muy a gusto con el alcohol y las escenas de sexo, mientras ponía las copas Isabel estaba entusiasmada en la película y no perdía detalle, decía que esa polla no era natural, que le parecía demasiado grande, y que su marido la tenía más  pequeña, le dije que la de mi marido no tenía nada que envidiarle y se puso un poco colorada…

Empezamos a tomarnos las copas y a ver la película comentando cosas de lo que estábamos viendo, la verdad es que yo me estaba poniendo un poco cachonda con la mezcla de alcohol y sexo, nos bebimos las copas y serví otras dos, los efectos del alcohol se empezaron a notar en Isabel que ya comentaba cosas totalmente desinhibida y sin complejos, como cuanto le gustaría tener un tío así en la cama que la follara sin descanso, y no como su marido que no servía para nada. tengo que decir que era verano y hacía bastante calor, por lo que no teníamos demasiada ropa encima, yo llevaba un pequeño vestido muy corto con un tanga y sin sujetador lo que hacía que mis pechos, bien formados, se movieran a su antojo, por su parte Isabel, que tenía un cuerpo precioso, llevaba una falda corta de vuelo y una camiseta de licra muy ajustada. A todo esto y entre copa y copa se me olvidó que mi marido estaba en la planta de arriba durmiendo, mi sorpresa fue cuando lo veo bajar por la escalera y se quedó un poco extrañado de vernos tan contentas y con una peli porno en la tele, pero se lo tomó bien y nos dijo:

-Qué, ya veo que os lo estáis pasando bien ¿no?

Isabel no le dio demasiada importancia a que la pillaran viendo la película, supongo que por efecto de las copas que se había bebido ya, y me di cuenta que no le quitaba la vista de encima al paquete de mi marido que había bajado solamente con un pantalón corto un poco ajustado, el cual le marcaba un buen bulto en la entrepierna.

Él se sentó en medio de las dos sin darle importancia y se puso una copa, así que seguimos un poco más  viendo la película, yo estaba a punto de reventar por la situación, tenía el tanga empapado y el coño me ardía, estaba deseando que Isabel se fuera para follarme a mi marido, pero él se dio cuenta y me metió la mano por debajo de la falda, y empezó un suave masaje por encima del tanga, a lo que yo casi sin darme cuenta abrí mis piernas para que pudiera trabajármelo sin problemas, casi sin pensar en que no estábamos solos, lógicamente Isabel se dio cuenta de la situación, y supongo que esto la puso más  caliente si cabe de lo que ya estaba, mi marido se dio cuenta y directamente me dijo:

- A ver cariño que me apetece comerte el coñito, que veo que lo tienes a punto.

Sin dejarme tiempo a reaccionar, cuando me quise dar cuenta tenía a mi marido chupándome el coño en el sofá mientras Isabel no apartaba la mirada de la escena, esto me puso a mil, y me corrí en la boca de Juan sin pensarlo dos veces, mientras me recuperaba de la corrida, que fue bestial, después de toda la tarde viendo la película y bebiendo copas, la verdad es que estaba casi borracha y me daba igual lo que pensara mi vecina, tenía a Juan con su polla al aire y acercándome a la boca, en ese momento me la metí y la chupé con todas mis fuerzas, mientras Isabel se había subido la falda y estaba en el sofá masturbándose y sobándose las tetas, soltando unos leves suspiros del placer que se estaba dando…

Mi marido se arrimó a ella, la cogió y la sentó junto a mi cogiendo las cabezas de las dos y acercándolas a su polla, que estaba dura como una estaca, la cual empezamos a chupar como desesperadas, estábamos tan salidas que no teníamos ningún problema en juntar nuestras lenguas mientras le chupábamos la polla a Juan, yo no podía más  y le dije a Juan que se sentara.

Me subí encima cabalgándolo como una loca, necesitaba correrme, mientras Isabel me empezó a chupar las tetas, mientras Juan me las sobaba así me llegó mi segunda corrida, pero la que no podía más  era Isabel y en cuanto me corrí yo me levanto mi vecina se clavó la verga de Juan de un solo golpe hasta el fondo, y empezó a botar encima de él mientras se corría la muy puta…

Juan se levantó y nos puso a cuatro patas en el sofá, una al lado de la otra y empezó a clavarme su tranca a mí mientras le sobaba el coño y el culo a Isabel, después de alguna embestidas se cambió y empezó a follarse a Isabel, así fue cambiando hasta que consiguió que nos corriésemos las dos, el estaba a punto así que nos ordenó que nos pusiésemos de rodillas y se la mamáramos.

Así lo hicimos sin rechistar como dos perras en celo, le comimos la polla a Juan que estaba empapada de nuestros jugos, mientras él se corría en la boca de Isabel y en la mía llenándonos a las dos de su leche, que goteaba por nuestras caras y caían en nuestras tetas.

Los tres caímos rendidos en el sofá, después de un rato, que recuperamos el aliento, entendimos que en lo que había pasado no había nada malo, y que sería nuestro pequeño secreto, después de esto Isabel subió a darse una ducha, mientras nosotros comentábamos lo que había pasado, cuando bajó se despidió con un beso y prometimos que solo volvería a pasar si los tres estábamos de acuerdo.

Pasado algún tiempo se repitieron varios encuentros de este tipo, pero eso ya lo contaré otro día.

Autor: Pirataxxx

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