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MI MARIDO SE PASÓ DE CORNUDO

24 de mayo de 2006

Intercambio, trío, hombre – mujer – hombre. Su marido le insinuó que quería ser un cornudo y no perderse ni un detalle cuando sucediera.

Este relato que les contaré, lo hago con el ánimo de conocer si a

alguna otra mujer le pasó algo similar a lo que me propuso mi marido.

Tengo 25 años de edad y siempre me he esforzado por mantener una

buena figura, con el afán de agradarle a mi esposo. Tengo un busto talla 36

totalmente natural, y para no ahondar en tallas y medidas

solo les diré que cuando camino sola por la calle soy el blanco de miradas y

piropos de los hombres.

Aunque ha habido ocasiones en que me fastidian por la calle cuando estoy con

mi esposo, él no se molesta y más bien parece que le agradara. Me gusta usar

minifaldas y ropa ceñida pero a diferencia

de lo que me cuentan mis amigas, que a sus esposos no les gusta que vistan

así mi marido mas bien me alienta para que lo haga.

En el plano sexual debo decir que mi relación con él siempre fue un

poco aburrida, ya que tiene un pene mas bien pequeño y en vez de aprovechar

la mujer que tiene, prefiere ver películas picarescas. Durante algún tiempo

estuve intrigada en saber que era lo que le excitaba realmente, hasta que un

día en que nos quedamos en casa tomando unas cervezas me lo confesó.

Sé que a algunos hombres les excita que su mujer se vista con

lencería, látex o cuero y hasta que les peguen con un látigo, pero

lo que me dijo mi marido me dejo sorprendida. Quiero sentirme un cornudo me

confesó, quiero que dejes que otros hombres te penetren

delante mío. Al principio pensé que estaba borracho o que me estaba gastando

una broma, pero empezó a explicarme que cuando hacíamos el amor se imaginaba

que antes que el ya me lo había hecho otro.

Me dijo también que le gustaría ver como otro hombre me metía mano

y yo le chupaba su verga. No podía creer todo lo que me estaba diciendo,

pero debo confesar que me excitaba pensando en el morbo

de la situación. Se puso de rodillas pidiéndome que lo complazca, y

yo le dije si no se arrepentiría de lo que me estaba proponiendo. Me aseguró

que no y me dijo que yo escogiera al hombre con que lo haría cornudo.

Esa noche al acostarnos pensé que cuando se le pasara la borrachera

entraría en razón, pero no fue así ya que al día siguiente me recordó

mi promesa. Me fui a trabajar y no podía dejar de pensar en lo que me

había pedido. Casualmente el sábado anterior había tenido una reunión

en la que me encontré con Enrique, el cuál conocí cuando era soltera

hace un par de años, y a pesar de que era casado salí con él, y en un

restaurante me robó algunos besos.

Enrique siempre me había gustado ya que era muy alto y grande, a diferencia

de mi marido que es menudo y de mi estatura. Busqué su teléfono en mi

directorio y lo llamé un poco nerviosa. Cuando me contestó se alegró mucho y

me invitó a almorzar, aceptando yo de inmediato. Durante el almuerzo me

empezó a halagar y me dijo que aun recordaba esos besos que nos dimos. Le

dije que tenía que pedirle

algo un poco extraño, y él me respondió que ya estaba concedido de antemano.

Cuando se lo dije se quedó mudo al principio y luego me respondió

que haría cualquier cosa por poseerme, así sea delante del cornudo

de mi marido. Le pedí que fuese a nuestro departamento el sábado por

la noche, y luego me despedí dándole un beso cerca de su boca.

Llamé a mi marido desde la oficina y le dije que el sábado se

cumpliría su fantasía, y él me respondió que iría a comprarme ropa

para esa ocasión. El día sábado en la tarde mi marido recién me dio

la ropa que había comprado. Fui a mi habitación a cambiarme y me desnudé

completamente para ponerme la ropa nueva. Primero me puse

unas braguitas color blanco las cuales tenían una pequeña abertura

por la parte delantera, y que per

mitían que se viera una buena parte

de ella. El sujetador dejaban mis pezones al aire y solo sostenían

los senos por debajo.

Me coloqué unas medias de nylon color carne y unos zapatos de taco

alto. Al mirarme al espejo parecía una puta, pero eso le gustaría a Enrique

mucho, y finalmente me puse una minifalda de vuelo y una

blusa que dejaba la parte de la cintura al aire. Me maquillé y peiné

lo mejor que pude, y salí a la sala para que mi marido me viera.

Al verme se sintió complacido y me dijo que me dejara meter mano y

que dejara que me tocara, de forma que él pudiera excitarse con todo

lo que viera. Asentí sin mucho convencimiento de lo que iba a hacer pero no

había vuelta atrás ya que Enrique estaba por llegar de un momento a otro, y

además de eso pensaba disfrutar de la cojida que me iba a dar.

Sonó el timbre de la puerta y mi marido me dijo que abriera, así que

fui a recibir a Enrique, que cuando me vio me miro de pies a cabeza

y me dijo al oído que estaba hermosa. Se lo presenté a mi marido y

al estar ambos parados se podía ver la diferencia entre sus estaturas.

Se pusieron a conversar como si fueran amigos, y le dijo a Enrique

que esperaba que esa noche se sintiera totalmente a gusto, y Enrique

le contestó que él esperaba lo mismo.

Me acerqué a ellos con una bandeja con copas y se las ofrecí. Cuando

le di su copa a Enrique y me incliné para dejar la bandeja en la

mesita de centro, sentí su mano que acariciaba mis piernas por encima

de las medias de nylon. Tu mujer es hermosa y tiene lindas nalgas, le

dijo a mi marido. El de una manera increíblemente natural le contestó

que así era, y que le agradaba saber que le gustaban.

Enrique al ver que era verdad todo lo que le había dicho bebió su

copa de un sorbo, y se abrió la bragueta delante de nosotros y dejó

salir una verga grande y con una cabeza toda colorada. Al mirarla me

arrepentí de no haber aceptado los avances de Enrique hace unos años,

pero ahora podría disfrutar de ella.

Miré a mi marido y él con una mirada me indicó que quería que me

acercara a Enrique. Decidida a todo me dije a mi misma que iba a aprovechar

esa oportunidad, y me acerqué a Enrique y siguiendo el

juego le pregunté, Que deseas que haga?. Inclínate y dame una mamada

me dijo. Yo me acerqué y mostrándole el culo a mi esposo me incliné

a chupar esa verga inmensa. Enrique agarraba mis tetas y yo seguía en lo

mío, comiéndome su miembro hasta la base.

Luego me incorporé y Enrique levantó mi falda para masajearme el coño

delante de mi marido, que solo miraba como manoseaban a su mujer. El

toqueteo que me daba, me estaba excitando al punto de sentir que de mi

concha empezaban a salir mis fluidos. Yo sola me quité la falda y la

blusita que llevaba puesta, y como no tenía necesidad de sacarme las

braguitas debido a la abertura que tenía, Enrique hizo que me pusiera

en cuatro patas sobre la alfombra, y me empezó a penetrar como si

fuera una perra. El le decía a mi marido si le gustaba como hacía

gozar a su mujer, y el muy cornudo no atinaba a responder viendo como

entraba y salía su verga de mi concha.

Me separé de Enrique para quitarme el sujetador y las braguitas, ya

que quería que me viera desnuda. Solo me quedé con las medias y los

zapatos puestos, y me tendí boca arriba para recibirlo. Enrique

también se había despojado de su ropa y nos mostró a ambos su cuerpo

atlético y su verga pétrea. Mientras se ponía sobre mí y comenzaba a

bombearme, pensé que estaría pasando por la mente de mi marido, y al ver su

cara se notaba que le gustaba presenciar como otra verga que

no era la suya me recorría a su antojo.

Me olvidé que mi marido estaba presente y empecé a besar a Enrique

en la boca, y él me chupaba los labios mientras me hacía jadear por

el movimiento de su verga dentro mío. La resistencia de Enrique en no

eyacular tan rápido me hizo sentir un primer orgasmo, y luego él se

separó de mi para sentarse en el sillón y me atrajo hacía el, sentándome

sobre su verga de tal modo que ambos nos en

contrábamos mirando a mi marido

de frente.

Mientras me culeaba de esa forma me abrazaba y agarraba mis tetas

con ambas manos, hasta que sentí que un liquido caliente invadía mi

interior. Yo me seguía moviendo sobre su verga y de pronto su semen empezó a

salir por un costado de mi concha. Mi marido al ver esto se paró de su sitio

y se arrodilló ante nosotros y empezó a lamer lo que salía. En ese momento

la verga de Enrique se salió y mi marido la

tomó con una de sus manos y empezó a chupársela. Yo voltee a mirar a Enrique

y me besó apasionadamente mientras mi marido le limpiaba lo

que aún le salía de su verga.

Luego que se la dejo bien limpia le pidió que por favor se marchara, así que

Enrique se vistió y así desnuda lo despedí en la puerta con

un beso en la boca, y en voz baja le prometí llamarlo a día siguiente. Al

cerrar la puerta mi esposo se había desnudado y me decía que era

lo más excitante que le había sucedido. Me llevó a la cama y empezó

a chuparme la concha lamiendo todo el semen que aún salía de ella. Luego me

metió su verga y me culeaba rápidamente hasta que eyaculó dentro de mí,

haciendo que su semen se una al de Enrique.

Luego de esa vez mi marido me ha pedido que no solo invite a uno,

sino quiere ver como dos hombres me culean a la vez. Lo único bueno

de esto es que yo estoy gozando mucho, y además con el permiso de

mi marido. Por eso si a alguna amiga que me lee le ha pasado algo

similar, le pido que me escriba para saber que no soy la única a la

que le sucede esto.

sleepkiss (arroba) hotmail.com

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