Mi morena

Todo ocurrió cuando tenía 18 años. Justo al lado de mi casa vivía mi mejor amigo de ese entonces. Él Iba a la escuela en la tarde y yo en la mañana, pero siempre teníamos espacio a eso de las 7:00 para escuchar música y hablar. Su madre era una morena muy atractiva, cuarenta años, medía como 1.65, cabello rizado, contextura fuerte, un culo grande y redondo y unos pechos maravillosos. Yo por supuesto, me hacia la paja todos los días imaginándola desnuda.

Cuando visitaba a mi amigo (casi a diario), ella siempre nos preguntaba si queríamos algo de comer o simplemente si necesitábamos alguna cosa. Yo aprovechaba esos instantes para admirarla. Usaba vestidos delgados, pues era época de mucho calor, sandalias que mostraban sus hermosos pies al caminar, o poleras escotadas con jeans ajustadísimos, tal vez por esto me calentaba tanto. Como era frecuente que visitara su casa ella me trataba con mucha confianza y tenia relaciones cercanas con mi familia, por lo que era normal habláramos cuando nos encontráramos al salir de nuestras casas o en el barrio donde vivíamos.

Un día, estaba saliendo de la ducha y vistiéndome luego de llegar de clases, cuando golpearon a la puerta, me asomé por la ventana y vi a la madre de mi amigo. Le dije que me esperara para poder ponerme ropa. Luego abrí la puerta y me dijo que necesitaba que la ayudara a mover unos muebles, porque estaba haciendo aseo y no podía acarrearlos sola. Accedí inmediatamente, tomé las llaves de mi casa y fuimos a la de ella. Cuando entré había un desastre de esos típicos cuando estás ordenando todo, me señaló un estante con puertas de vidrio y me indicó su nuevo lugar. Yo tomé un lado y cuando ella tomó el otro costado, noté el fabuloso escote de su polera maximizado por la postura agachada que el traslado le exigía.

Asi estuvimos ordenando cerca de 40 minutos, yo le dije que no importaba el tiempo, pues solo tenía actividades de ocio aquella tarde, ella se sentó un rato en el sofá y me dijo si quería algo de beber. Terminamos la bebida y me pidió que ordenáramos un poco su dormitorio. Debo reconocer que en ese momento sospeche de algo raro, pero la calentura que me invadió nublo completamente cualquier acto de timidez de mi parte, algo normal teniendo en cuenta mi virginidad.

En el dormitorio la cosa no fue muy distinta, ordenamos y limpiamos, pero el calor sofocante de ese espacio me tenía sudando la gota gorda. Ella también estaba muy sudada y con calor, asi que me propuso que prendería el calentador de agua para que pudiera darme una ducha. Yo por supuesto obedecí.

Cerré la puerta del baño y me desvestí. Cuando estaba probando la temperatura del agua escuché que la puerta se abrió un poco y asomándose cuidadosamente me preguntó si estaba bien el agua. Le respondí que si, y me comencé a duchar. Estaba jabonándome cuando nuevamente escuché la puerta abrir, pero esta vez ella entró y me dijo que solo quería refrescarse. Le respondí que había terminado y le pedí una toalla. Ella fue a su dormitorio y trajo lo que solicité y me la entregó por un costado de la cortina de baño.

Me sequé completamente sin abrir esta, pues ella seguía dentro, y me la envolví en la cintura para correr la cortina. Cuando lo hice ella estaba refrescándose sin su polera tapando sus enormes pechos con un brazo, que apenas si podían cubrir estos, dejando a mi placer todos los bordes de sus tetas.

El pene se me puso duro casi inmediatamente. Mi corazón latía a una velocidad estrepitosa y torpemente me salí de la bañera disimulando mi poderosa erección. Ella me miró y me dijo que era muy atractivo, y bajando su brazo para dejar al descubierto sus pechos me dijo que quería que le diera un baño. Se quitó su Jean y pude contemplar su calzón blanco con encajes (que rica se veía) que no tardó mucho en remover también. Sentí su respiración agitada cuando se acercó y me sacó la toalla, que dejó mi enorme erección en evidencia. Tomó mi cabeza y la llevó a sus pechos y me dijo “chupámelos un ratito”, mientras sus manos me recorrían entero sin tocar mi pene que latía como si fuera a explotar.

Luego me dijo “ven”, me tomó de la mano y me metió a la bañera, dio el agua (que estaba a una temperatura ideal) y casi infarte cuando subió una pierna apoyándola en el borde, “jabóname” ordenó con una voz de mujer en celo que nunca olvidaré. Jaboné sus pechos muy torpemente, mientras ella no dejaba de mirar mi pene, tomó mis manos y las dirigió, una a su culo y la otra a su concha, mostrándome en exacto movimiento que debían hacer. En el culo mi mano tenía que recorrer su ano de arriba abajo lubricado por la espuma del jabón y en su vagina la otra hacer círculos pequeños y con presión.

Sus pequeños gemidos de placer remarcados por el eco del pequeño espacio llegaban a mis oídos calentándome más y provocando mi abundante eyaculacion en su pierna, “que rico” dijo entre quejidos. Bajó su pierna volteo y se curvó levemente para que acariciara únicamente su culo.

Gimió más fuerte y comenzó a moverse hacia atrás en señal de completo éxtasis. Luego corto el agua y me dijo con mucha calentura “méteme la lengua” bajé con mi pene todavía durísimo y coloqué mi cara frente a ese culo tan rico, abrió sus glúteos y yo me metí para dar mi primera lamida, que coincidió con un quejido fenomenal. Seguí lamiendo, ahora con mas ahínco, mientras apoyaba mis manos en su piernas, solo decía entre quejidos “si, aassii” dando un vaivén a sus caderas procurando no despegar mi lengua de su ano.

Estuvimos asi un rato cuando me tomó del cabello para despegarse de aquel casi vicio que había provocado mi lengua, y me llevó a la cama, sin ni siquiera secarnos.

Estábamos mojados y calientes. Se puso en cuatro ofreciéndome nuevamente su culo pero esta vez, con su cola más arriba para que yo arrodillado bajo la cama lamiera también su vagina, “despacio” me dijo, mientras comenzaba a gemir y yo a saborear su líquidos que llevaba de la vajina a su culo y viceversa. Ahí fue cuando axcelerando su contoneo soltó un pequeño temblor junto con un grito orgásmico que metió mi nariz entre sus cachetes.

Luego de caer por unos segundos rendida a la cama, se volteo para sentarse en el borde me tomo un glúteo con cada mano y dijo “dámela”, acto seguido se metió mi verga profundo en su boca y me dio una chupada tan rica que a los pocos segundos no pude contenerme diciendo “voy a acabar” y ella dejó de chupármela para pajearme y dirigir mi eyaculacion a sus pechos.

Fue por una toalla dejándome recostado en la cama. Volvió y me dijo “¿te gustó?”, yo respondí que si.

Descansamos un rato mientras ella me miraba y sonreía con un poco de perversión en la mirada. Encendió un cigarro y me dijo que había hecho muy bien. No pasó mucho para que se me pusiera duro nuevamente al ver su cuerpo desnudo frente a mí. Se acercó y comenzó a acariciarme mi verga y a besarme mientras me decía al oído “que rica esta. Me la voy a comer toda”.

Se subió encima y con una mano se la puso en la entrada de su vagina y se sentó cuidadosamente al ver mi expresión de dolor. De a poco comenzó a entrar, facilitado por su abundante lubricación y aceleró su cabalgata. Tomó mis manos y las dejó sobre mi cabeza, dándome sus pechos para chuparlos y culearme como si el mundo se fuera a acabar, Mientras decía “te gusta mi concha, culeame rico, asiii”.

Luego de esa tarde no pasó mucho para que se mudaran de casa, volviendo ella más o menos al año a saludar a mi familia, dándome un abrazo apretado y diciéndome frente a todos que me encontraba un joven muy atractivo…

 

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