La relación con mi padre por aquellos dÃas no era muy buena. Pocas veces nos decÃamos algo más que hola y adiós, aunque a veces él pretendÃa ser cariñoso conmigo y me daba besos, me abrazaba apretándome contra él y me daba cachetes en el culo. Cuando lo hacÃa yo sólo podÃa sentir más asco por él, asà que intentaba evitarlo siempre que podÃa.
Mi padre era una persona muy abierta respecto a su sexualidad conmigo, asà que me mantenÃa al corriente de sus relaciones en la cama con mi madre, que eran más bien escasas. Por eso sabÃa que tenÃa problemas de erección, no podÃa empalmarse y habÃa tomado viagra para poder follarse a mi madre alguna vez, aunque con poco éxito. En parte sentÃa pena por él, y en parte sólo me repugnaba.
Aquella tarde yo estaba sola en casa asà que habÃa invitado a Ernesto con la intención de estar tranquilos a solas y poder hablar de fantasÃas, tocarnos y divertirnos un poco. Llevaba unos dÃas con muchas ganas de follar, y aquel dÃa por fin podrÃa desahogarme un poco.
En cuanto Ernesto entró por la puerta nos comenzamos a quitar la ropa para no perder ni un segundo, querÃamos mirarnos y sentir nuestros cuerpos excitados. Nos dirigimos a mi habitación y sentados en la cama comenzamos a acariciarnos suavemente. Él rozaba mis pezones con la yema de sus dedos y me besaba el cuello haciendo que se me endurecieran y me recorriera un escalofrÃo por todo el cuerpo. Mientras, yo acariciaba su espalda y sus hombros con una mano y con la otra le acariciaba el pene, al principio pequeño y juguetón y cada vez más duro y grande. Noté que estaba muy excitado, su respiración cada vez se escuchaba más fuerte,  y que tenÃa los huevos muy cargados de semen. Mi vagina también estaba cada vez más abierta, no podÃamos parar de enrollarnos y su saliva en mi cuerpo me excitaba tanto que ya notaba cómo el flujo salÃa por ella abundantemente.
Sentir su pene tan firme en mi mano hizo que me entraran ganas de metérmelo en la boca, asà que se tumbó y comencé a pasar mi lengua por él de arriba abajo y a chuparle los huevos mientras le masturbaba. Después me metà el glande en la boca, jugando con él con mi lengua y saboreando el lÃquido que de él salÃa. Ernesto, siéndose ya ansioso y excitado me agarró la cabeza metiéndome todo el falo dentro de la boca y comencé a meterlo y sacarlo entero, cada vez más rápido, y moviendo mi lengua alrededor de su glande, guiándome sólo por sus gemidos y cada vez más animada al oÃrle decir – Qué gusto…!
De repente dejé de escucharle y subà la vista para ver qué le pasaba. Estaba mirando fijamente a la puerta con cara de susto y vergüenza, y me temà lo peor. Efectivamente, allà estaba mi padre, de pie, mirándonos. Crucé una mirada con él y pude notar que no estaba enfadado, más bien excitado. Aún no sé bien por qué pero, sin pararme a pensar, seguà chupando el pene de Ernesto.
Aquella situación me excitaba, y se lo hice notar a él, que lo entendió e hizo como si mi padre no estuviera, disfrutando de la mamada que le estaba haciendo, convirtiéndolo en un juego un poco sórdido. Mi padre siguió plantado en la puerta, observándonos detenidamente asà que le dije a Ernesto – ¿Y si se lo hacemos pasar bien un rato?- Él dijo que sà con la mirada e invitamos a mi padre a entrar.
Al principio pareció dudar, pero luego accedió y comenzó a quitarse la ropa mirando cómo yo disfrutaba succionando un pene. Comenzó a masturbarse mientras nosotros cambiábamos de postura para que Ernesto pudiera chuparme la vagina que yo tenÃa muy mojada y con ganas de entrar en acción. Tumbada boca arriba como estaba entonces podÃa ver el pene de mi padre completamente erguido, sorprendentemente grande y firme. El hecho de excitarle aun teniendo en cuenta sus problemas sexuales hacÃa que me sintiera más guarra y sucia, lo que me ponÃa muy cachonda.
Alargando mi mano conseguà rozarle la punta y cada vez él se acercaba más y más hasta que al final pude agarrarlo por completo y atraerlo hacia mi boca. En un primer momento cerré los ojos para centrarme en el placer que estaba sintiendo por abajo y no pensar que estaba chupándole la polla a mi padre, pero pronto me sentà más relajada y comencé a disfrutar de la mamada asà que abrà los ojos y lo vi con la mirada perdida, con cara de estar sintiendo un placer más allá de lo conocido y respirando fuertemente. Mientras, Ernesto habÃa parado de juguetear con mi clÃtoris, me estaba metiendo 3 dedos y se la meneaba rápidamente, sorprendido y excitado como yo por la situación.
Mi vagina pedÃa a gritos que un pene la penetrara, asà q sin parar de meneársela a mi padre me puse a 4 patas para que Ernesto me lo metiera. Agarrándome por las nalgas y abriéndome el culo comenzó a rozar con el glande mi ano y mi vagina lo que provocó que ésta se abriera, y con un movimiento rápido empujó su polla hasta el fondo provocándome tanto placer que me entraron ganas de correrme.
Como querÃa aguantar el orgasmo un poco más le dije q fuera más despacio, y asà podÃa notar con todo detalle como su miembro salÃa y entraba, rozándome los labios de la vagina y mezclándose su lÃquido con el mÃo. Cogió entonces mi dildo, e impregnándolo de lubricante, lo introdujo poco a poco en mi ano, produciéndome cosquillas al principio, hasta que entró entero y comenzó a moverlo al mismo ritmo que su pene. Yo imaginaba que era otra polla y la sensación de estar siendo doblemente penetrada era muy placentera y excitante, todo mi cuerpo temblaba de placer, y tenÃa que hacer un gran esfuerzo para no irme.
Introduje entonces el pene de mi padre en mi boca de nuevo y noté todo su calor y su sabor. Comencé a chuparlo y a succionarlo, de arriba abajo. Lo metÃa y sacaba rápidamente para luego ir más despacio, jugueteando con su glande y sus huevos e intentando introducir el falo entero en mi boca, aunque era tan grande que no me cabÃa.
SentÃa ya el sabor del lÃquido que salÃa de su gran polla cuando de repente Ernesto comenzó a follarme muy rápido, habÃa dejado el dildo y me estaba tocando el clÃtoris, y sin poder contenerme más, tuve un orgasmo explosivo y mi cuerpo se estremeció de placer.
Mi padre se sorprendió al ver cómo me corrÃa y gemÃa de gusto, riendo y pidiendo más. No querÃa que aquello parara. Entonces Ernesto le dijo – ¿Quieres meterle el pene?, yo necesito parar un poco, no quiero correrme aún – Y yo, tumbada en la cama y tocándome para poder seguir disfrutando, dije entusiasmada – Sà papá, vamos. ¡Fóllame! – Boca arriba como estaba, coloqué mi trasero al borde de la cama, por debajo de su polla, él la meneó un poco y se inclinó, apoyándose en la cama. Pude notar entonces su respiración fuerte y rápida y el olor de su cuerpo viejo y sudado. Se quedó por un momento observando mis tetas pero, aunque parecÃa tener ganas de chuparlas, avergonzado, no se atrevió. Cogió su falo y tanteando un poco, me lo introdujo muy lentamente, haciéndome sentir cómo el placer fluÃa por mi vagina.
Ernesto, que estaba de rodillas junto a mi cabeza, se tocaba despacio el pene para no correrse y lo acercaba a mi boca para que pudiera lamerlo y saborearlo con mi lengua. Escuchaba a los dos gemir de placer y sentÃa como sus pollas estaban ya tan duras que parecÃa que fueran a vaciarse de un momento a otro. De vez en cuando Ernesto me decÃa – Eres una guarrilla eh… - Aquello me ponÃa muy cachonda y ya iba notando cómo otro orgasmo se aproximaba, el placer se iba haciendo de nuevo cada vez más intenso.
La velocidad a la que mi padre me introducÃa su pene iba aumentando poco a poco, jadeaba como un perro y en ocasiones se escuchaba – No, no… – Se sentÃa culpable por lo que estaba haciendo, pero no podÃa parar. Yo tampoco querÃa que parara, aquella situación prohibida me provocaba un placer aún más intenso. En un impulso, agarré la polla de Ernesto fuertemente y la introduje en mi boca, comenzando a mamarla y moverla rápidamente.
Fue entonces cuando mi padre, sin poder contener por más tiempo la eyaculación, comenzó a temblar y su respiración se cortó.
Sentà como mi vagina se inundaba de su semen al explotar su polla de placer, chorreando el fluido por mis muslos, saliendo e introduciéndose de nuevo al moverse el pene hacia adentro y afuera. Aquella sensación hizo que me corriera, aún con mayor intensidad que la vez anterior, sintiendo espasmos de placer por todo el cuerpo. Sin darme cuenta habÃa comenzado a succionar el glande de Ernesto con más fuerza que antes y él no pudo tampoco aguantarlo más. Un enorme chorro de semen llenó mi boca, cayéndome por la barbilla y el cuello, mientras él gritaba – O sÃ, dios, que gusto, Victoria no pares -, y yo no podÃa parar de tener un orgasmo tras otro.
Le chupe el pene hasta que trague todo el semen mientras me masturbaba y no paraba de correrme, enseguida se lo limpie bien y le lamà los huevos, y pase a mi padre que yacÃa al lado, tenÃa el pene aun duro lleno de semen y flujo con un hilito de semen que le colgaba, me puso muy cachonda ver su semen, se lo chupe muy bien, primero rápido para cogerlo todo y después despacio para saborearlo, no paraba de lamerle el glande, el falo, le masturbaba, me sentÃa muy cochina chupándole el pene y me excitaba muchÃsimo, fui cada vez más despacio a la vez que le bajaba la erección chupando y chupando hasta que le deje la polla bien limpita.
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