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Relatos eróticos Marqueze. El Sexo que te gusta leer.

La primera experiencia con un travesti mulata, lo interesante de esto es que cuando le vi su polla quede impactado

En la página de rélax de un periódico de tirada nacional se anunciaba una “travesti explosiva superculona y superpollona, especialista en sexo activo sin dolor”. Aquel anuncio, sin duda, me llamó poderosamente la atención, tanto que martilleaba en mi interior y una calentura indescriptible me hizo marcar el número del anuncio.

Una voz femenina, con acento sudamericano, y cachonda, muy cachonda, me sugerió que quedáramos, que su apartamento era muy discreto, que si era mi primera vez no me iba a doler, que lo hariamos muy despacito, que su polla (como dos latas de coca cola) me iba a convertir en un vicioso, que todas las noches me acordaría del biberón… Tan caliente me puso que, recien llegado a Madrid, no había hecho más que llegar al aeropuerto, comprar el periódico y llamar a Rosalinda (así se llamaba), pedí al taxista que me llevara directamente a la dirección indicada.

Rosalinda me había dicho que volviera a llamar por teléfono cuando llegara al número de la calle, para señalarme el apartamento al que me tenía que dirigir.

- ¿Ya estás aquí, cariñito?. Uhmm. te voy a reventar… Sube al tercero derecha y pega tres veces en la puerta, verás qué cosita tengo para ti.

Rosalinda estaba lanzada, como si nos hubiéramos encontrado muchas veces. Y esa naturalidad y cachondez con que me trataba, me dominaba por completo. Estaba totalmente ciego, como ido. Debo reconocer que era mi primera vez con una travesti, pero que llevaba años, yo no sé por qué, soñando con comerme una buena polla que me follara bien follado después; y con esa polla siempre había un cuerpo de mujer, voluptuoso, con buenas tetas y buen culo, porque aunque me atraigan las pollas, los hombres no me gustan en absoluto. Esa travesti me estaba volviendo loco, había una parte de mí que advertía el peligro de subir a un apartamento desconocido, de perder mi condición heterosexual, pero otra parte me corrompía, me repetía las frases de Rosalinda: – Te voy a reventar, verás qué cosita, no te dolerá, pedirás biberón…; y me empujaba hacia arriba, hacia el tercero derecha, irremediablemente, hasta pegar tres veces en la puerta.

- Hola, mi amor, pasa. Ponte cómodo.

Rosalinda apareció ante mí como un angel. Morena, casi mulata, con los labios muy gruesos, operados; dos enormes tetas y unas piernas larguísimas. Me dio dos besos y me di cuenta que casi me sacaba una cuarta.

- Bueno, dime mi amor, qué quieres, qué hacemos. Uy, estás muy nervioso, tranquilízate hombre, soy especialista en principiantes y en penetración sin dolor, ya te lo he dicho.

Esta maldita mulata parece que leía mi pensamiento, que conocía mi vida, que era dueña de mi conciencia. Sabía que era primerizo y que deseaba estrenarme con una travesti superculona y superpollona como luego ella me demostraría.

- A ver, a ver, papito, qué llevas en la cartera. Uy, 200 euros, y la foto de tu mujer y tus hijos. Olvídate ahora de ellos y dame tu dinero, con esto puedo hacerte feliz.

Rosalinda cogió los 200 euros y los guardó en la mesita de noche. Luego se acercó hasta mí y comenzó a comerme una oreja y a pellizcarme los pezones. Me susurraba al oido:

- Qué calentito estás, no te vayas a correr, papito, que me la tienes que comer bien comida. No llevo bragas y tengo mucha lechita para ti. Quiero estrenar ese culito. Ese culito será siempre mío, mariconcito.

Rosalinda me empujó hacia la cama y me tumbó boca arriba. Me abrió la camiseta y comenzó a comerme las tetillas. ¡Qué placer me daba!. Ella iba con una minifalda, con medias negras y ligueros. Se puso de rodillas en la cama, yo seguía tumbado; y mirando cómo se deshacía de la faldita, hasta que apareció una polla de color marrón oscuro, de enormes proporciones, sin circuncidar, que en estado de semierección no medía menos de 20 cms. Las proporciones de la polla de la mulata eran realmente colosales, como nunca había imaginado en mis sueños. Ahora la recuerdo como extasiado, como el que descubre una obra de arte, era una polla que me encantó desde el primer momento.

Rosalinda avanzó de rodillas hasta la cabecera de la cama y entonc

es se puso a mi lado izquierdo y me ofreció su pollón en bandeja.

- Venga cariñito, vas a chupar tu primera polla, que te lo tienes merecido, que te lo has ganado, mariconcito. Rosalinda cogía su polla con la mano derecha y me la restregaba por la cara, se echaba el prepucio para atrás y salía un enorme capullo color café con leche, o quizás más rojizo, con el que me daba en la nariz, en la boca. Poco a poco, con esos movimientos, su enorme polla se ponía más dura, yo la notaba como una barra de hierro, pero caliente, y con un olor a macho que me estaba enloqueciendo.

Sí, la polla de Rosalinda era majestuosa, imponente, todo un mastil de carne caliente que en su dimensión alcanzaría los 25 cms., y que, descapullada olía fuerte, muy fuerte, como restos de orín y de leche, de dios sabe cuántas corridas, cuántas bocas penetradas, cuántos culos vapuleados. Era también olor a mulato, muy penetrante, olor muy guarro y muy cachondo, que me hizo perder la noción del tiempo y del espacio. Yo sólo quería tener ese olor toda la vida conmigo y esa enorme pollón dándome azotes por todo el cuerpo.

- Venga, cariño, a chupar, a chupar. Mira que polla tiene Rosalinda para ti. Te la vas a comer enterita y vas a buscarla todos los días. Uy, uy, qué falta te hacía.

Me puse a comer mi primera polla como un poseso. Al principio, apenas me cabía el capullo en la boca, pero luego me llegó a entrar hasta la mitad de su mástil. Y creo que a Rosalinda le estaba gustando. Removía mi lengua como un molinillo, apretaba la punta de mi lengua contra su meato, con fuerza; agarraba el mástil con mi mano derecha y me lo zambullía y lo sacaba, ensalivándolo bien, tanto que tenía la boca echa agua y todo el pecho me chorreaba.

Rosalinda llegó a excitarse. Lo noté porque su pollón se puso muy, muy duro, y porque cada vez me trataba con más violencia. Con una mano me apretaba un pezón, muy fuerte, y con la otra acompasaba los movimientos que yo le daba a su polla.

- Chupa, chupa, maricón!. Cométela toda. Te va salir la leche por las orejas. Eres todo para mí. Hoy te voy a follar bien follado. Te voy a dar mi lechita, cabrón. Qué bien la comes. Uhmmm. Chúpala, chúpala, guarra, putita. Y dices que no sos maricón, so guarro. Ahora verás, te voy a partir el culo en dos, te voy a reventar bien reventado, maricón.

Rosalinda salió de golpe de mi boca. Estaba muy nerviosa. Me quitó los zapatos, tiró a toda prisa de mis pantalones y de mis calzoncillos y me dejó totalmente desnudo.

- Mirad, qué polla tienes. Y con esa polla tú quieres hacer algo. Voy a convertirte en mi mujercita. Ponte a cuatro patas maricón de mierda que voy a follarte bien follado.

En ese momento, todavía no sé por qué, obedecí sin rechistar, la travesti mulata me había dominado por completo; y ahí me veia en una cama extraña puesto por primera vez a cuatro patas, como un perrito, con el culo caliente y una mulata pollona a punto de reventarme para toda la vida.

- Agacha la cabeza, bien agachadita. Ahora Rosalinda te va a hacer ver las estrellas, cariño. Uy, qué culo tenés, qué lindo y qué agujerito más cerradito. Eso no puede ser, un mariconcito como tú tiene que tener el culo mucho más abierto.

Y Rosalinda abrió la mesita de noche, donde antes había dejado los doscientos euros, y sacó un bote con una crema fría que comenzó a extenderme en el culo. Me metió un dedito buen hondo y muy rápido, no me dolió nada, todo lo contrario, echaba en falta algo más gordo. Comenzó a mover en círculos ese dedo, cómo si quisiera dilatarme el culito. Lo sacaba y ponía más crema, mucha cremita, creo que gastó el bote entero. Luego noté que ponía la punta de su capullo en mi agujerito. Y movía su pollón de arriba abajo, de abajo arriba, en mi raja, como dándome brochazos. Eso me volvía loco, me gustaba mucho.

– Fóllame, por favor, fóllame de una vez.

Fue todo lo que acerté a decir, cuando de pronto noté un profundo calor interno y como la raja de una herida en mi culo. Me dolía mucho, no era tan indoloro como me había prometido, pero es que la mulata se había vuelto violenta, quería follarme de verdad.

- Aguanta, maricón, aguanta; me gritó cuando yo lancé un grito desesperado. Entonces comen

zó a darma palmotazos en los cachetes de mi culo, muchos palmotazos, con mucha fuerza, y a apretar más su polla para adentro. Se echó sobre mí y notaba su respiración ansiosa en mi nuca. Me estaba follando con muchas ganas.

- Aguanta, maricón, aguanta. Qué culito más estrechito tienes, qué bueno, qué rico, qué me gusta. Me hablaba al oido echada sobre mí y las sensaciones dolorosas iniciales comenzaron a transformarse en un profundo bienestar. Me sentía lleno, completamente lleno. No quería estar vacío nunca más. Quería tener ese pollón de 25 cms. bien adentro, toda la vida. Rosalinda volvió a su posición inicial incorporándose y después de dos cachetazos comenzó a bombarme despacito. Salía de mi culo y entraba con más rapidez. Salía y entraba. Salía y entraba. En una de estas que entraba noté un placer inmenso, una sensación que nunca más tuve en mi vida sexual. Estaba teniendo un orgasmo y ni siquiera estaba empalmado. Ni yo ni la mulata habiamos tocado mi polla que estaba completamente arrugada, y sin embargo estaba corriéndome con un placer inmenso, como una auténtica mujercita. La mulata apretaba cada vez con más fuerza y su polla volvía a ponerse muy, muy dura, estaba inflamándose por momentos. De pronto volvió a echarse sobre mí y a gritar improperios: – Toma maricón, toma por culo, toma mi leche. Noté un inmenso calor interior y la sensación de que reventaba, de que no me cabía más, de que me cagaba allí mismo. La mulata se había corrido y se quedó encima mía un largo rato. Luego se echó a un lado y sacó despacito su enorme polla que había perdido dureza y grosor. Noté una sensación extraña en mi culo y manché las sábanas con una mezcla de leche, sangre y mierda. Ahora mi culo estaba completamente abierto y yo había sido desvirgado por un mulata superpollona.

Rosalinda agarró mi polla, que no reaccionaba, con su mano derecha, y comenzó a moverla, comprobando que estaba llena de restos de leche. – Pero, ¿esto qué es?, si se ha corrido como nunca el muy maricón, sin tocarse siquiera. Se puso nuevamente de rodillas en la cama dirigiéndose a la cabecera y otra vez me ofreció su pollón exhausto. El olor era increíble, ahora mezclado con el olor de mi propio culo. La mulata se agarraba la polla con su mano derecha y apuntaba a mi cara. Fui a acercarme con la boca para limpiársela con mi lengua y noté un chorro caliente, muy caliente y abundante. Estaba meándose en mi cara. La mulata pollona se meaba en mi cara con todas sus fuerzas, durante un largo rato, pues esa manguera daba para mucho riego, y me ponía completamente perdido.

Luego de haberme meado me preguntó si me había divertido. Yo estaba desconcertado, aturdido, no sé si incluso arrepentido después de que me hubiera meado, pero, por otro lado, completamente satisfecho. Le pregunté que si podía lavarme, a lo que me contestó que no y que me fuera rápidamente que tenía otro cliente esperando tan maricón o más que yo. Así que me vi en una calle perdida de Madrid, totalmente desorientado, con el culo abierto chorreando todavía leche, completamente meado, el pelo, la cara, todo el cuerpo; y el recuerdo de un olor a polla que todavía es motivo de mis pajas.

Autor: Juan Jose

juanmalaga ( arroba ) miportal.es

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MI PRIMERA EXPERIENCIA CON UNA TRAVESTI MULATA SUPERPOLLONA, 9.5 out of 10 based on 8 ratings
  
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