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MI TIA Y MI MAMA I

30 de abril de 2007

Hola, me llamo José, tengo 22 años y voy a contar como empecé a tener relaciones sexuales con mi madre y mi tía. Este relato lo escribo yo, ya que se me da mejor lo de teclear, pero lo hago en compañía de mi madre porque a ella también le hace ilusión que nuestra historia pueda ser conocida por todos vosotros y que quizás nos contéis otras similares y tener contacto con sus protagonistas. A lo mejor hacemos algo juntos; nunca se sabe. En próximas cartas os contaremos otros detalles de nuestra vida sexual.

Aunque he tenido experiencias sexuales con varias chicas de mi edad la verdad es que ahora lo que más me gusta es gozar con estas dos jamonas maduritas que son mi madre y mi tía Luci. Me produce un morbo y una excitación especial tener relaciones con estas dos mujeres casadas, amas de casa, de 45 años mi madre y 40 mi tía, muy decentes y recatadas de cara al exterior pero que, a pesar de su edad, en la intimidad son unas viciosas de campeonato. Primero diré que antes de que sucediera lo que voy a relatar a continuación ya yo había tenido algún escarceo previo con mi tía Luci, pero aún no sabía que mi madre era también una calentona y que incluso iba a poder gozar con ella. Cómo empezaron mis relaciones con mi tía Luci ya lo contaré otro día, si os parece, ya que incluso en ello tuvo que ver mi madre. Todo empezó un día en el que yo llegué a casa a media tarde, mucho antes de lo que lo acostumbro a hacer, y me las encontré a ambas en el salón llevando tan sólo puestos unos conjuntos de ropa interior muy provocativos. Mama llevaba unas bragas negras de encaje que, bien encajadas en la raja, dejaban su glorioso culazo al descubierto. Un liguero sujetaba sus medias negras de amplia malla que descubrían sus largas y jamonas piernas realzadas por altos zapatos de estilete.

Completaba su desnudo un minisujetador también de encaje negro semi-transparente que transparentaba los pezones, cubría bien poco de sus deliciosas tetazas, pero las empujaba para arriba y las ponía respingonas. Luci, por su parte, también tiene un buen culazo y unas piernas muy atractivas que yo, algunas veces, ya había catado, pues entre ella y yo siempre ha habido mucha confianza y eso, unido al hecho de que ella es una cachonda aunque aparente ser una reprimida, me había permitido tomarme algunas libertades con ella. Luci aquel día llevaba también zapatos de tacón alto, unas medias negras que llegaban hasta medio muslo dejando al aire la mitad de la gloria de aquellos jamones, bragas de color gránate y negro y un picardías transparente bajo el cuál se apreciaban sus bonitas tetas no tan grandes como las de mama pero un poco mas enhiestas. Al verme los dos se pusieron coloradas, mostraron sorpresa y un cierto nerviosismo. Yo, cuando me recuperé de mi sorpresa, las piropeé diciéndoles que estaban muy atractivas y mi madre, para explicar aquella situación, me dijo que se estaban probando la ropa interior que se habían comprado aquella misma mañana-

Ver a mi madre y a mi tía medio desnudas y con aquellos conjuntos de zorras me excitó bastante. A pesar de que las dos son de la familia y una de ellas mi madre, la verdad es que estaban cojonudas mostrando sus carnes con aquellos conjuntos más propios de busconas que de honestas amas de casa.

A pesar de su edad, las dos son unas jamonas de lo más apetecibles de carnes llenas pero duras. Ellas, para quitar hierro a la situación, me explicaron entre bromas que se habían comprado esos modelitos porque a su edad necesitaban llamar la atención de sus maridos de alguna forma Todos reímos y yo entonces, aprovechando la confianza que tenía con mi tía Luci para estas cosas y recordando que ella alguna vez me había insinuado que mi madre tampoco era en realidad tan recatada como aparentaba, me atreví a decirles:

-Pues ya que he tenido la suerte de llegar cuando os estáis probando la ropa, si no os importa a mí me encantaría asistir al pase de modelos, porque la verdad, estáis las dos como para comeros.

-Por supuesto, cariño. Dijo mi madre aceptando mi píca

ra propuesta y riéndose ella también con picardía. -Nos gustará mucho oír tus opiniones. Además es muy agradable saber que a nuestra edad todavía le podemos gustar a un jovencito.

Entonces las dos mujeres se exhibieron delante de mí, paseándose, contoneándose y hasta poniendo poses algo provocativas. Así las cosas, yo me atreví a darles algún que otro cachete en sus gordos culos mientras les decía que estaban muy buenas y que seguro que tendrían todo el éxito que quisieran con los hombres. Yo, con toda aquella exhibición de carne madura, me estaba poniendo como un burro y me estaban entrando unas ganas enormes de meterles mano a las dos y especialmente a mi madre porque el culo de Luci ya lo había tocado alguna vez. Sin embargo, y a pesar del ambiente desenfadado que se había creado, yo notaba a mi madre bastante nerviosa y mi tía miraba el reloj con demasiada frecuencia.

Yo tenía ganas de verlas completamente en pelotas y de meterles mano pero no me atrevía a decirlo claramente, sobre todo porque no sabía como reaccionaría mi madre. Su nerviosismo y preocupación por la hora también me hizo pensar que allí había gato encerrado y que podía haber otra explicación sobre el hecho de que estuvieran casi en pelotas en casa. Entonces se me ocurrió la idea de simular que me iba de casa. Les dije adiós a las dos, bese a mi madre y mi tía en las mejillas mientras aprovechaba para palmotear sus culos y les dije que me iba al cine con unos amigos. Salí al pasillo, abrí la puerta de la entrada, la cerré con bastante ruido y con gran sigilo volví a mi habitación dejando la puerta entreabierta.

-Bueno, ha salido bien. Mi hijo pensará que su madre es una calentorra y una indecente pero peor hubiera sido si nos encuentra en plena faena con los otros dos.

Mis sospechas habían sido fundadas. Al parecer tenían un lío con dos tíos a los que estaban esperando cuando había aparecido yo tan inoportunamente. Su conversación acabó por aclararme que estaban esperando al marido de una amiga de mi madre, un tal Andrés, y a un amigo de éste para tener una sesión de sexo los cuatro. Me parecía increíble que mi madre fuera una calentorra que practicaba el sexo en grupo en compañía de mi tía Luci y con dos hombres, poniéndoles unos buenos cuernos a sus maridos. Sin embargo no me sentí ofendido porque mi madre actuara así. Más bien me excitaba la idea de contemplar a mi mama y mi tía en plena orgía y de saber que eran tan lanzadas en temas de sexo. A los pocos minutos llamaron a la puerta el tal Andrés y su amigo. Fue a recibirlos mi madre y a mí casi me da algo cuando pude ver de nuevo desde mi habitación su generoso culazo contoneándose, con un embelesador subir y bajar de los cachetes debido a los tacones y con aquella braguita tanga que se metía por la raja del culo. Estaba buenísima.

Y no es que yo me estuviera olvidando de que era mi madre; es que precisamente el hecho de que mi madre era tan calentorra era lo que me ponía más excitado todavía. Los hombres silbaron al verla y pasaron a la sala magreándole el culo. Allí se encontraron con Luci.

Oí como se besaban y los piropos que ellos les dirigían a las dos. Les llamaban "zorronas" , "putas buenas" "marranas" y "cachondas" sin que ellas se ofendieran por ello. Unos minutos después me atreví a salir de mi habitación para ver si podía ver lo que sucedía en la sala. Tuve suerte ya que habían dejado la puerta entornada y con las luces en sala y el pasillo a oscuras yo podía ver desde el pasillo sin ser visto.

Lo que vi me puso la polla a cien en un segundo. Se trataba de mi madre pero reconozco que me excitó enormemente ver como ella, inclinada ante uno de los hombres y con todo su culazo en pompa, se metía el cipote de éste en la boca haciéndole una espectacular mamada .

-Venga, Nati, cómeme todo el rabo, calentorra. – Le decía él mientras recibía los lengüetazos de mi madre- Lo haces de miedo, mamona. Chupa, chupa… trágate toda mi verga. Si te viera el cornudo de tu marido, ¿eh, so puta? A él seguro que no se la chupas con tanto vicio, putona. -Ni con vicio ni sin vicio -dijo mi madre parando un poco de chupársela al hombre aquel -A mi marido no se la he chupado nunca. Pensaría que soy una indecente y no me consentiría ni intentarlo pe

ro bueno, él se lo pierde.

Mi madre continuó mamándole la verga al hombre aquel con una glotonería, vicio y desenfado que a mí me estaban poniendo a punto de reventar. Además Andrés le había quitado el sujetador y mientras ella chupaba él le magreaba sus gordos pechos que le colgaban, como ubres gloriosas, bailando al ritmo de la mamada que ella le estaba haciendo

Mientras, el otro hombre le había bajado a Luci las bragas y le estaba chupando el conejo haciendo que ella diera fuertes gemidos de placer. Mi tía le cogía la nuca con las dos manos y decía: -Si, mamón si, chupame la pipa, chupa, chupa. No seas pasmao, mete la lengua en el coño, metela cabrito. Así, mamón así, de la pipa al coño y del coño a la pipa; dame gustirrin jodio. Después los dos tíos se desnudaron por completo y terminaron de dejar a las dos hembras sólo con las medias y los zapatos.

La verdad es que estaban cojonudas con sus gordos culos y peludos coñazos al aire. Las dos tienen el chocho bien frondoso, especialmente mi madre que tiene un auténtico bosque en el coño. Hubiera dado cualquier cosa por poder gozar con ellas yo también, y no me importaba en absoluto que una de ellas fuera mi madre, es más, creo que eso me excitaba especialmente. Las dos siguieron portándose como auténticas zorras y ver a mi madre y a mi tía en aquel plan me ponía cada vez más cachondo.

Lo que hicieron a continuación fue ponerse de cuclillas y chuparles las vergas a los dos machos hasta que se corrieron en sus bocas. Yo podía ver perfectamente como las pollas de los tíos se metían por entero en las bocas de las dos hembras y también veía, por su posición, sus coños perfectamente expuestos. Cuando ellos se corrieron las dos trataron de tragarse todo el semen que pudieron y no me cupo la menor duda de que ellas disfrutaron recibiendo su leche, parte de la cual terminó manchando sus caras y resbalando hasta sus tetas. Luego Andrés le indicó a mi madre que se pusiera a cuatro patas y en esa postura la penetró por detrás iniciando una salvaje follada mientras ella decía:

-Así, así, jódeme, destrózame el chocho y dame gusto con tu pollón, cabronazo. ¡Qué bueno es esto! Sigue, sigue… Aaah, gozo como una cerda sintiendo todo tu rabo en el coño. Muévete, muévete, metela hasta dentro cabrito, hasta adentro.

Toma rabo, zorrona, que eres una buena calentorra. Eres una auténtica guarra, Nati. Cómo me gusta joderte, putona maciza, ¡que bien te mueves viciosa, que bien lo haces!.

Por su parte Luci se había tumbado de espaldas en el sofá, esparrancada, con las piernas en alto, sujetándolas con ambas manos y el otro hombre la estaba penetrando a toda velocidad mientras ella gemía sonoramente de placer y pedía más y más castigo. Al rato los cuatro llegaban prácticamente a la vez al orgasmo entre gritos de placer. Luego descansaron un poco y enseguida ellas volvieron a chuparles los rabos a los tíos para ponerlos otra vez en forma. Cuando los tíos, y sus instrumentos, estaban listos Luci dijo:

Anda mamones, vamos a cambiar a ver que rabo me gusta más.

Sin mas preámbulos, se puso a cuatro patas, puso el culo en pompa y como perra en celo ofreció su sexo. Andrés no se hizo de rogar, de un solo viaje le metió el cipote mientras mi tía ronroneaba de placer y le animaba a entrar más y más. El otro tío tumbado en el suelo boca arriba, fue violado por mi madre que sin ceremonia se sentó en su enhiesta verga y subía y bajaba totalmente enloquecida.

Yo alucinaba viendo a mi madre y a mi tía tan desmelenadas. Parecían auténticas furcias, comiendo polla, pidiendo más y siendo magreadas y folladas boca arriba, boca abajo y de medio lado como unas fulanas. Me encantaba ver las abundantes carnes de mi madre, completamente desnuda y gozando del sexo con aquellos dos tíos como una cerda. Estaba tan excitado que tuve que sacarme la polla y casi sin tocármela me corrí abundantemente cayendo todo mi semen contra la puerta de la sala y en el suelo. Después de una hora con aquellos dos machos, dieron por terminada la sesión ya que aunque, según decían, ellas tenían cuerda para más, los pobres hombres ya no aguantaban pues se habían corrido tres veces cada uno. Cuando empezaban a marcharse ellos yo me escondí de nuevo en mi habitación

Cuando ellas regresaban a la sala,

después de haberles acompañado a la puerta a los tíos, iban comentando que no les hubiera importado tener más ración de verga para quedarse satisfechas. Luci le comentó entonces a mi madre que para ella lo ideal era un chico joven como yo. Sorprendentemente mi madre dijo entonces: -Chica, pues yo te pareceré una depravada pero creo que hoy estoy tan salida precisamente por el incidente de antes con José. Me ha excitado que me viera medio desnuda y, la verdad, aunque sea mi hijo, no me importaría hacerle una demostración de lo zorrona que puede ser su madre. Me pone cachonda pensar que me ha visto prácticamente en pelotas y que nos dijera que estábamos para comernos.

Luci se volvió a mi madre y dijo: -Lastima que se les haya acabado la cuerda tan pronto a esos dos, por que ¿sabes? Para quedarme a gusto de verdad a mí me ha faltado que me dieran bien dada por atrás.

¡Pero Luci! ¿Por atrás, por el culo, tu tomas por el culo? Dijo mi madre sorprendida.

-Si hija, no siempre, pero si un tío esta bien plantado, sabe lo que hacer con su aparato, me ha dado bien dado por delante, me chupa la pipa con arte y gracia, y me hace correrme dos o tres veces yo le ofrezco mi culo.

¿Pero no duele mucho? ¿De verdad te gusta? Mi madre preguntaba incrédula y se notaba un cierto temblor en su voz.

-Coño Nati, no me digas que a tus casi cincuenta años nunca te han enculado bien enculada.

-La verdad es que no, bueno Felipe, un chaval con el que tuve un apaño a poco de casarme, hace ya veinte años, siempre quería metérmela por el culo. ¡Madre del amor hermoso, que tranca tenia el Felipe! Tanto insistía, que yo una vez le deje probar, pero cuando empezó a meter aquel vergón de gloria que tenia, me dolió mucho, se la saque y desde entonces no he vuelto a probar. ¿De verdad da tanto gusto como por el coño?

-No sé es distinto, quizás es psicológico. Como te he dicho, una vez un tío me ha satisfecho de verdad yo le sacrifico mi culo. Después de haberme corrido dos o tres veces estoy relajada y con un poco de aceite o vaselina entra bien. Me da una sensación de que soy mas mujer, me hace sentir mas plena, que me he entregado toda al tío y me relaja. Y los tíos no veas, se ponen a cien. Les gusta mas que untar pan en la salsa. Todos lo que lo han catado vuelven a por más. Nati, tienes que probarlo, además con este culazo tan bueno que tienes.

Mientras hablaba la cachonda de la tía Luci le estaba sobando el culo a mi madre. -Mira, si no fuera porque tengo que volver a casa antes de que vuelva el cabrón de Juan te lavaba el culo bien lavado, te hacia un buen beso negro y yo misma desvirgaba el culo de mi hermana mayor, aunque fuera con una vela.

-Luci, Luci eres aun más guarra de lo que yo pensaba, pero con tus guarradas me estas poniendo bien caliente. Anda vete a tu casa y ya hablaremos.

Yo estaba aun más alucinado si cabe. Después de ver como se trajinaban a los dos tíos ya me había dado cuenta de que eran un par de salidas. Pero esta conversación final dejaba bien claro que eran un par de putas de mucho cuidado. Las dos se reían y entre chistes y toqueteos, Luci se vistió y se fue. Luego mi madre, que seguía desnuda, bueno, sólo con las medias de malla y los zapatos de estilete, al volver a la sala, reparó en el semen que había en el suelo, consecuencia de mi anterior corrida – Esto es leche de hombre, pero aquí… -empezó a decir para sí un tanto sorprendida.

Yo desde mi habitación tenia una visión gloriosa de su estupendo culazo. De espaldas a mí, con los tacones altos, las medias de malla negra cubriendo aquellos jamones, las piernas un poco separadas, la cintura completamente doblada sobre mi corrida, las tetas colgando y su culazo en pompa mostrando los incitantes cachetes en toda su gloria. Yo bien caliente por sus comentarios anteriores, y las confesiones de la tía Luci, ya no pude aguantar más. Hice algo de ruido para no asustarla e inmediatamente salí presentándome ante ella con mi cipote en ristre y completamente empinado.

-Pero hijo, ¿qué, qué haces tú aquí?- dijo nerviosa, medio tartamudeando y sin saber qué hacer. Al verme se había puesto roja como un tomate e incluso hizo un vano amago de taparse el chocho y las tetas con las manos pero enseguida comprendió que yo me había quedado en casa y no tuvo dificultad en deducir la procedencia del semen caído en el suelo.

Le dije que no se preocupara, que yo sería muy discreto y n

o tendrían problemas por mi causa. Además le dije que me parecía estupendo todo lo que había visto y que gozaran de sus cuerpos todo lo que pudieran. Ella entonces, ya más tranquila y relajada, indicó el semen derramado en el suelo y me dijo con picardía:

-Así que te puso cachondo ver a tu madre portándose como una puta y te cascaste una paja ¿eh? ¡Que jodio! Pues muy mal hecho, cariño, porque si mamá te la pone dura debe ser mamá la que te saque la lechecita. Ya que tienes una madre un poco putita será mejor que cuentes con ella para que te dé gustito ¿no, cariño? De paso yo disfrutaré de un jovencito y si es con mi propio hijo con más placer aún.

Sus palabras y el hecho de tenerla cerca de mí en pelotas, sin preocuparse ya de tapar su chochazo ni sus gordas tetas, que aunque un poco caídas por la edad, seguían estando super apetitosas, había hecho que mi mango estuviera durísimo.

Entonces me acerqué a ella, le empecé a acariciar el culo e indicando mi erecta verga le dije: -Pues mira cómo la tengo ahora, mamá. Y la verdad, estoy deseando hacer contigo todo lo que te he visto hacer antes con esos dos, so macizota.

Mi madre me cogió el cipote con una mano y dijo: ¡Ay amante! como sois los jóvenes.

Tirando suavemente de mi instrumento me guío a la sala mientras yo seguía sobándole las deliciosas tetas y el culo. Daba gusto magrear su cuerpo relleno, sobre todo su estupendo culazo, grande, firme y suculento. Luego ella me terminó de desnudar, me sentó en el sofá y, de rodillas frente a mí, empezó a hacerme una mamada de artesanía, la mamada más excitante de mi vida. -José, hijo, vaya polla más dura que tienes aquí. Verás como ahora mamá te da mucho gustito en ella. Yo alucinaba de excitación viendo a mi propia madre chupándomela con aquellas ganas y aquel vicio mientras yo le magreaba las exuberantes tetas.

Pero no duró gran cosa porque con lo excitante de la situación, enseguida me corrí en su boca, tragándose ella parte de mi leche mientras el resto le resbalaba por la barbilla llegándole hasta las tetas. Yo estaba tan salido que no se me bajaba así que ella me dijo: -Y ahora, cariño, vas a joderte a la putita de tu madre hasta reventarla de gusto, que estoy deseando sentir esa verga en el coño.

Entonces se tumbó de espaldas en la alfombra y me indicó que la penetrara. Yo así lo hice, puse sus ajamonados y firmes muslazos sobre mis hombros, revelando su coñazo en toda su gloria, y sin miramientos la empale. Al entrar en su chocho sentí como una nueva descarga de placer. Empecé a follarla con fuerza mientras le magreaba las tetas y, de vez en cuando, pellizcaba sus pezones. A los pocos minutos ella alcanzó un tremendo orgasmo al que siguieron otros dos. Ella gritaba de placer mientras sus tetas bailaban al ritmo de mis empellones y yo, llevado de la excitación le chillaba:

-Mama que puta eres, pero que buena estas, que tetazas y que bien follas; ¡guarrona que eres una guarrona!

Ella ponía los ojos en blanco y decía: Como sois los jóvenes, ¡que gusto dan las vergas bien duras!- Sí cariño, si, dame verga, dame gusto, dame pollazos y disfruta con la zorra de tu madre. -decía ella- ¡Qué puta me siento jodiendo con mi propio hijo! ¡Cuánto vicio! Soy una puta. Esto es lo mejor que hay.

Finalmente me corrí en su coño coincidiendo con un nuevo orgasmo suyo mientras ella chillaba -Si, si papito dame tu leche, dámela, dámela toda papito. Derrengado, caí sobre ella chupando uno de sus apetitosos pezones.

Mientras yo me quedaba medio dormido mamando de sus tetas, ella dijo -¿Has oído lo que decía Luci?

-Si, mamá si que lo he oído, sabia que la tía era calentorra pero no sabia que fuera tan guarrona.

-Debe ser cosa de familia hijo, porque la verdad es que Luci con sus guarradas me ha puesto bien caliente. ¿Quieres que te dé lo que no le he dado a nadie?Yo no podía creer lo que oía de la boca de mi madre. ¡Tu culo! ¿Me darías tu culo so guarra?. ¡Ay José! si que soy guarrona pero además es que Luci con todo lo que ha dicho me ha dejado con ganas de probarlo. Ven aquí amante.

Así diciendo me puso a horcajadas sobre su pecho y empezó a chuparme la verga. Yo pensaba que después de la paja y el polvo aquello no se iba a levantar, pero mientras mi madre chupaba como una loca, me metió un dedo en culo.

Con aquella visión, mi polla entrando y saliendo en la boca de mi madre, su dedo en mi culo y la cara de vicio y gozo que ella ponía fue todo lo que hizo falta. Mi tranca se puso orgullosa y firme. Mi madre la sacó de su boca y, mirándola con embeleso dijo: -¡Que maravilla! Es que los jovencitos sois magníficos; anda, levanta mi amor.

Yo me levanté y ella con toda la desfachatez del mundo, sin importarle su desnudez, se irguió y, balanceándose sobre los finos estiletes, contoneando sus cachetes y tetazas se acercó al respaldo del sofá. Dobló su cuerpo sobre el respaldo, separó sus piernas, puso el culo en pompa y apartando sus cachetes con sendas manos, sin mas preámbulos se ofreció:

-Anda amante, metémela, jodeme el culo, meteme toda tu tranca, hazme una mujer entera, empálame.

¡Que visión! las recias columnas enfundadas en tentadoras mallas, descansando sobre los zapatos de estilete que ponían su culazo, su maravilloso, redondo y albo culazo, en pepitoria, como en bandeja, ofrecido a mis ojos y a mi verga. No hacia falta que me lo pidiera. Cómo un loco, jadeando, me abalance; puse algo saliva en su culo y en mi capullo y chillando dije:¡Gracias mamá, gracias! De un solo golpe se la metí hasta las bolas. Mi madre, chilló, mejor dicho aulló: -¡Ay, Ayyyyy!. Pero yo, como un poseso, con ambas manos le agarre las tetas y metía y sacaba mi tranca como un loco, con desesperación sin importarme sus aullidos. Mama chillaba:

-Joseeeé, José, me matas cabrón, me matas, ¡sácala, sácala que me partes en dos jodio!Pero aunque protestaba y aullaba como perra apaleada, sus pies no se movían y sus magníficos muslazos seguían bien plantados, recios, cual columnas de Hércules, aguantado mis empellones sin ceder un palmo. Yo seguía enloquecido, bombeando, mete y saca, mete y saca, macerándole el culo glorioso mientras estrujaba y retorcía sus pechazos y chupeteaba y mordisqueaba su nuca. Mama cambio el tono, ya no aullaba, ahora ronroneaba.

¡Ay, Ay! Si cabrito, dame, dame. Como estas jodiendo a tu propia madre. ¡Si, si rómpele el culo a la zorra de tú madre! ¡Hazme una mujer! ¡Dame polla José, mata a pollazos a la reputa de tu madre! ¡Me rompes cabrón, me rompes, voy a reventar!

La verdad es que a mi no hacia falta que me jaleara; pero sus gritos, su voz de vicio, el refregar de su culote, su abandono y su implorar me excitaban aun más. Debía estar dejándole el culo como jalea, lo angosto de su culo me oprimía el cipote y lo empezaba a notar en carne viva, pero yo seguí sacrificando en aquel altar de las delicias. Finalmente, agarré su pelo con una mano y tirando de el como de soga, la puse medio de pie, y con un empellón final de mi polla la vencí sobre el sofá e hincándosela hasta los huevos me corrí dentro de ella con un último alarido.

¡Ay , José! Que bestia eres, me has roto el culo, me lo has roto. Pero que gusto me has dado cabrón, ¡qué gustazo! ¡Hijo mío que tranca tienes! !Y que bien la usas, eso no es una tranca, eso es un tesoro nacional! ¡Lo que me he perdido todos estos años!

Mientras mi madre así decía yo me derrumbaba en el suelo como el clásico saco de patatas.

-Marica, me has destrozado el culo, me va a doler varios días, no me voy a poder sentar. Decía, mientras se lo restregaba, -pero ¡que gustazo, mamón, que gustazo me has dado mi amor! Mi madre se sentó en el suelo junto a mí, puso mi cabeza en su regazo sobre su rezumante coño y mientras acariciaba y besuqueaba mi cara, pasaba sus tetas sobre ella y ronroneaba: ¡Ay jodio, jodio! Que bien que nos lo vamos a pasar tú y yo desde ahora.

Me vas a ayudar a recuperar el tiempo perdido. ¡Mamón, como te voy a cuidar esa joya de tranca que tienes y cuanta leche me vas a dar! ¡No te me vayas por ahí con nadie, amante, lo que quieras, cuando quieras y como lo quieras yo te lo daré! Soy toda tuya cabrón

Luego, mientras descansábamos, mi madre insistió en que teníamos que ser muy discretos y dijo que le parecía estupendo hacerlo conmigo, que por ella lo haríamos siempre que me apeteciera y que si quería podría tirarme también a Luci. Yo le dije que por supuesto que sí, pero esta es otra historia que ya contaré para no alargarme más en esta carta. Lo que sí puedo decir es que con estas dos calentorras mi vida sexual ha cobrado una dimensión que nunca pude imaginar. Además, gracias a mi madre, también he

podido pasarme por la piedra a dos amigas suyas igualmente calientes.

Así que me he hecho un especialista en mujeres maduras, hasta el punto de que las de mi edad apenas me interesan en cuestiones de sexo. No quiero perder el tiempo con niñatas a las que hay que contar filosofías, suplicar, prometer, y después cargar con sus culpabilidades.

Prefiero a estas casadas maduras, recias, de macizas carnes, reputas, que anhelan, adoran y aprecian las pollas duras, bien empalmadas, que aparentan ser decentes y que en el fondo son más zorras y viciosas que nadie. Y si en el medio del ajo están mi madre y mi tía todavía mejor pues me resulta de lo más excitante comprobar lo zorronas que pueden llegar a ser y como se inventan nuevas guarrerias para mi gozo.

Autor: Alberto Martin

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