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MI VECINO EL NEGRO II

22 de agosto de 2006

Quienes haya leído mi relato "Mi vecino el negro" recordarán el retrato que en él hice de ese alegre personaje, dicharachero, humorista, irreverente e irrespetuoso, pero sobre todo atlético y lanzado, al que sorprendí fornicando entusiastamente a la hermosa mulata Rosa. Como les comenté, también, en ese relato, las cosas no terminaron ahí pues dos días después se presentó en mi casa.

Me saludó con esa alegre sonrisa que mostraba en forma natural.

- ¿Qué tal, vecino? ¿Cómo le va yendo en nuestro bello puerto de Acapulco?

Su visita me sorprendió pues no había habido, de mi parte, ningún intento de acercamiento que propiciara amistad, así que le contesté cortés, pero cortantemente.

-Muy bien, vecino ¿En qué puedo servirle? -Bueno, pue ¿ ahora sólo vengo a saludarlo, güerito, y a ponerme a su” órdene” por si acaso le puedo yo servir en algo a usté.

-Se agradece, vecino, pero estoy completo y, discúlpeme la franqueza, pero estoy un poco atareado de trabajo. En otra ocasión podremos platicar un rato.

El negro lanzó una estruendosa carcajada luciendo su espléndida dentadura.

-Pero mire que e´ usté franco, g0erito. Eso me gusta, carajo. Así e” como empiezan la” grande” amistade”, vecino y le advierto que traigo aquí un par de coco” con hielito picao y su buen chorro de ginebra para brindar por esa amistad.

Su gesto me desarmó.

-Pase pues, vecino, yo tengo en la hielera una buena ración de cerveza y unos bocadillos para acompañarlas.

Nos sentamos en sendos sillones frente a la amplia ventana que tenía la vista, a lo lejos, al mar.

- ¿Y qué le ha parecido la vista que ha disfrutao desde el día que llegó a esta casa, güerito? -Estupenda vecino. Mire, como aquí estamos en la parte alta, vemos los patios de las casas vecinas llenos del colorido y la frescura de la vegetación y, allá a lo lejos, el mar.

-No me refiero a eso, güerito. Me refiero a la vista que tuvo usté” desde la ventana de su baño, el día que llegó, cuando yo me estaba cogiendo a la Rosa..

Su franqueza me desconcertó.

-No le entiendo, vecino, no sé a qué se refiere.

-No me quiera ver la cara e bobo, güerito. Usté me estuvo espiando cuando yo me cogía a la mulata. ¿Le gustó o no le gustó? porque ya no lo he vuelto a ver asomarse.

-Óigame vecino, está usted equivocado, yo no… -No se altere, güerito. Si a mí no me molesta eso para nada; es más vengo a hacerle un ofrecimiento que le va a encantar. Estos días no me ha caído ninguna turista y la Rosa está en sus días, así que no he podido coger -me miró fijamente-y mi tolete que, de por sí siempre anda alborotao, con esta conversación ya está pidiendo guerra.

-Mire vecino -empecé a sentirme nervioso y tragué saliva- no me interesa su vida sexual y, si anda consiguiendo una mujer para tener relaciones, aquí no la va a encontrar.

-No, güerito, no ando buscando una mujer. Lo único que quiero es un agujero que picar ¿Si me entiende? -y mientras hablaba se empezó a frotar la verga por encima de sus bermudas.

-Pues no, no le entiendo -una descarga eléctrica me recorrió la espalda alojándose en la parte baja y empecé a temblar mientras tartamudeaba- ¿qué tengo yo que ver con todo eso? – ¿Qué tiene esté que ver? Pues que usté quiere verga güerito -afirmó con descaro- y yo se la vengo a traer -y de un solo movimiento se bajó el short , dejando afuera el enorme tolete color canela que yo ya conocía, aunque a distancia..

Intenté parecer indignado, sin poder apartar la vista de aquel impresionante aparato que se erguía frente a mí, arrogante y provocativo, pidiendo guerra. Haciendo un esfuerzo intenté reaccionar.

-Está usted equivocado, vecino -y al hablar tartamudeé un poco- yo soy heterosexual 100% y no he tenido nunca, ni ando buscando, ese tipo de experiencias. Búsquese una mujer, hombre, en este lugar abundan. No me diga que usted prefiere hacerlo con hombres.

Todo mi cuerpo estaba trémulo y no podía despegar

la mirada de aquel espectacular instrumento que palpitaba como si me estuviera retando. En ese momento me di cuenta de que mi verga tenía ya, también, una tremenda erección.

-Mire, güerito, hay un refrán que dice "Siendo agujero, aunque sea de…" -Sí, lo conozco "Siendo agujero, aunque sea de caballero", sólo que yo… -No, güerito, se equivoca usted, el de caballero es el más apreciado, por su estrechez, por la energía con la que oprime una verga, por la participación activa con la que hace gozar al que lo penetra. En realidad el refrán debería decir "Siendo agujero, aunque sea de dama" -No me interesan sus teorías-intenté apresuradamente callarlo, mientras mi voluntad se iba debilitando.

El vecino se levantó de su asiento y avanzó hacia mí, balanceando su enorme, gruesa y reluciente verga; se detuvo frente a mí y la puso a veinte centímetros de mi asombrada cara.

-Mírela bien, güerito. ¿No se le antoja? Yo le aconsejo que aproveche la oportunidad y que la disfrute, porque este ofrecimiento no va a volver a repetirse.

Y colocó su mano atrás de mi cabeza, acercándola al encendido tizón que despedía un aroma y un calor que me parecieron irresistibles..

Levanté la vista y vi su cara con su sonrisa descarada, haciéndome un guiño con un ojo de su mirada lujuriosa; abrí la boca y, sin pensarlo mucho, la atrapé desesperada y golosamente entre mis labios.

Nunca pensé que algún día llegaría a aceptar esa situación, pero, sobre todo, nunca imaginé que iba a llegar el día en que la disfrutara tanto. Besé, lamí, chupé como si en ello me fuera la vida. Todo mi cuerpo vibraba como si aquello fuera un aparato eléctrico que me inundara de energía con una deliciosa descarga eléctrica, entendí en ese momento lo que significa la expresión "hubo química". Mientras acariciaba su pecho, su espalda, sus nalgas y todo su cuerpo, mis cinco sentidos se deleitaban; la piel de mis manos me excitaba .con la textura y el calor de su piel, mi olfato con el olor de su cuerpo, mi paladar con el sabor exquisito de su maravillosa verga, mi vista con su color canela y mis oídos con los suaves gemidos con los que expresaba su satisfacción.. Todo mi cuerpo disfrutaba a aquel atlético y maravilloso negro que, luego de unos, no sé cuantos minutos, de acariciar y chupar me inundó la boca con una abundante descarga de esperma que, tal vez lo imaginé, pero me supo a néctar de mango y agüita de coco, mezclados con leche y miel.

No sé cuánto duró todo eso, pero deseaba que no terminara nunca. Cuando creí que todo había terminado, me levantó y me llevó cargando hacia la cama, sobre la que me tiró, su hermosa verga color canela, escurriendo jugos, no había perdido su dureza, me levantó las piernas poniéndolas sobre sus fuertes hombros y, con la lubricación natural de su propio esperma y de mi saliva, colocó la punta de su enorme ariete y de un solo empujón me penetró hasta lo más profundo. La primera impresión fue de sorpresa, incomodidad y dolor, pero una vez superados me sentí tan pleno y gozoso, complacido y satisfecho que cooperé entusiasmado en la penetración, sin dejar de animarlo y pedirle, durante todo el acto, entre jadeos.

-Más, más, más, mi negrote cachondo, te adoro, papasote, empújale más que quiero sentirte hasta lo más profundo, no dejes un solo milímetro de esa deliciosa verga afuera de mi sorprendido, hambriento y engolosinado esfínter. Este agradecido culo que es tuyo y sólo tuyo para que lo disfrutes con esa rica verga color canela.

Una nueva expulsión de esperma que imaginé (ahora no podía saborearla) con el mismo sabor a néctar de mango y agüita de coco, mezclados con lechita y miel escribió el final de esa deliciosa historia.

Apenas terminado ese momento empecé a imaginar un trío con Rosa, donde yo me la cogía mientras chupaba la verga del negro y otras mil cosas más, pero eso sería más adelante, por lo pronto había que cuidarse de Rosa, no me agradaba tener la competencia en casa, quería esa riquísima verga para mí solo.

Quiero decirte, amigo lector, que si tú, por casualidad, tienes una hermosa verga semejante a un tolete color canela y tu esperma tiene un delicioso sabor a néctar de mango y agüita de coco, mezclados con lechita y miel, te agradece

ré que te comuniques conmigo. Eso sí con la advertencia de que, pasado el momento del acto, tú, al igual que yo, borraremos de nuestra memoria intelectual (en la emotiva quedará grabado como un tatuaje) aquello que pueda haber pasado para seguir siendo, los dos, como he sido, como soy y como seré siempre:

Autor: Aquel

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