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Mujer contra mujer

1 de febrero de 2009
por YoLiPoP

Nos besamos en la boca largamente mientras nos acariciábamos mutuamente. Nos agarrábamos las nalgas y nos chupábamos la piel de una manera agradable. Le pedí que me enseñara como sentir más placer y me dijo que nos chupáramos mutuamente la vagina. Ahí aprendí la pose del 69, y de tanto lamer nos bebimos los jugos que salían de nuestras partes.

Tengo 23 años y me llamo Guacimara. Estudio en la Universidad de La Laguna y desde que ingresé me hice muy amiga de una compañera de mi clase. Íbamos de arriba a abajo y nos comprendíamos muy bien ya que éramos de la misma edad. Fue hace unos meses que un chico de otra facultad me pretendía, y debo decir que él me gustaba mucho.

Me enamoré como una boba de él pensando que era correspondida, a pesar que mi amiga me decía que fuera con cuidado. Vanos fueron sus consejos ya que una noche él me hizo suya en el asiento trasero de su coche. Desde esa vez, me hacía el amor casi a diario y yo era la mujer más feliz sobre la tierra.

Un día en que cancelaron una clase fui a buscarlo a su casa, y grande fue mi sorpresa cuando la que abrió la puerta me dijo que era su esposa. Me puse colorada de la vergüenza y no le dije nada a su esposa, pero por dentro sentí que lo odiaba por su engaño.

Desconsolada fui al único refugio que conocía, mi amiga.

Ella me recibió y me abrazó fuertemente mientras yo le contaba todo en medio de un llanto incontrolable.

Pasaron los días y me sentía muy sola, apoyada únicamente por mi compañera de estudios. Ella al verme así me propuso que fuera a vivir con ella y me dijo que compartiríamos los gastos del departamento.

No me pareció mala idea así que me mude casi sin pensarlo.

El departamento era pequeño y tenia tan solo una habitación por lo que ambas dormíamos ahí. En las noches nos contábamos nuestras cosas y lo que me llamaba la atención es que nunca le había conocido novio alguno a mi amiga.

Me dijo que ello era debido a que los hombres eran muy traicioneros. Quedé satisfecha con la explicación pero noté que cuando nos desnudábamos en el cuarto ella se quedaba mirando mis senos fijamente. Como las dos éramos mujeres yo no tenía reparo en mostrárselos. Desde chica he tenido el busto grande y el resto de mi cuerpo es proporcional.

Un día antes del verano me encontré con el chico que me había engañado y quiso darme explicaciones, pero le dije que ya no estaba interesada. Parece que eso le molestó ya que cuando me iba me dijo “cuidado con la machona”.

Supongo que se refería a mi amiga pero me fui sin tomarle importancia a su comentario.

Unos días más tarde, mi amiga y yo nos fuimos a la playa y debido a que tengo la piel blanca me puse colorada por el sol. Mi amiga por el contrario era morena y lo soportó mejor. Al llegar al departamento nos bañamos y cuando estábamos en el cuarto le enseñé mi cuerpo todo colorado diciéndole que me ardía la piel.

Ella me dijo que me acostara en la cama para que me untara crema en el cuerpo. Me eché boca abajo y el recorrido con sus manos llenas de crema calmaron el ardor que tenía en la piel. Ella agarraba mis nalgas con ambas manos, pero me pareció que lo hacia de forma natural.

Me volteé quedando boca arriba y mis senos fue lo primero tomó para masajear. Sus caricias empezaron a darme calor y en un momento cerré mis ojos para disfrutar los masajes hasta que sentí que uno de sus dedos tocó mis labios vaginales. Di un brinco y abrí mis ojos asustada. Ella me pidió por favor que no le dijera nada y que la dejara acariciarme.

En ese momento caí en cuenta porque le decían machona, pero no me importó saber que me deseaba como mujer. Dejé que pasara sus manos por donde quisiera, y ella al ver que yo me dejaba hacer empezó a besar la parte interior de mis muslos. La sensación era deliciosa y no la había sentido nunca ya que cuando tuve relaciones con este chico, me penetraba sin ninguna caricia previa.

Su lengua llegó hasta mi vagina y sentí como me lamía suavemente. Abrí mis piernas para sentirla más y empezó a chuparme como si me quisiera beber. Yo me retorcía en la cama de placer y olvidé el ardor que sentía. De pronto se puso encima mío y su cuerpo suave y caliente hizo que me mojara toda.

Nos besamos en la boca largamente mientras nos acariciábamos mutuamente. Nos agarrábamos las nalgas y nos chupábamos la piel de una manera agradable.

Le pedí que me enseñara como sentir más placer y me dijo que nos chupáramos mutuamente la vagina. Ahí aprendí la pose del 69, y de tanto lamer nos bebimos los jugos que salían de nuestras partes.

Luego me pidió que me pusiera en cuatro patas y metió dos dedos a la vez. Cada vez se hacia más rápido el meter y sacar de sus dedos haciéndome dar gritos de placer por la corrida que me estaba dando.

Yo hice lo mismo con ella hasta que quedamos rendidas en la cama abrazadas y besándonos. Desde ese día hemos gozado mutuamente y dormimos desnudas en una misma cama dándonos amor y placer. En la universidad comentaban que éramos lesbianas pero no nos importaba ya que lo que sentimos era mas fuerte que cualquier habladuría.

Luego mi amiga fue transferida de universidad, y aunque a veces nos comunicamos no creo que nos volvamos a ver.

A pesar que me pretenden muchos chicos el hecho de haber estado con otra mujer, me dejo el deseo de experimentar nuevamente esas sensaciones.

Autora: YoLiPoP

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