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NIAGARA

24 de julio de 2007

Era nada menos que el cumpleaños de nuestra hija, la adorable Niágara cumplía esplendorosos dieciocho años, pero mi pequeña no iba a tener un cumpleaños feliz. Esa noche volví a casa más temprano para prepararme, el plan era cenar en un lugar distinguido en un íntimo festejo familiar, mi esposa, nuestra niña y yo. Me vestí elegante para estar acorde con la natural belleza y frescura de Niágara y la distinción de mi hermosa esposa.

A las ocho de la noche estábamos listos y esperando a mi mujer que se encontraba algo atrasada, al principio no le dimos mayor importancia a la demora porque los viernes volver del centro se complica. A las nueve, ya algo nervioso, la llamé al teléfono celular, pero lo tenía apagado, supuse porque estaría manejando y no quería atenderlo. A las diez ya estábamos muy nerviosos y comencé a llamar a sus compañeros de trabajo, nadie sabía nada de ella desde temprano. Media hora más tarde estaba a punto de llamar a la policía, pensando que podría haber sufrido algún accidente, cuando llegó.

Tenía el rostro desencajado y antes que pudiésemos preguntarle que le había pasado me dijo con voz ronca: "Tengo que hablar con vos" Y se encaminó a nuestro dormitorio. Cerré la puerta detrás de mi y, antes que pudiera preguntar algo, ya habría un placard y sacaba una maleta que arrojó sobre la cama y en la que empezó a meter su ropa. "¿Qué haces?" Pregunté asombrado. "Me voy" Contestó. "Me voy con el hombre de mi vida" Agregó dejándome helado. "He hecho el amor con él toda la tarde y ya no podría continuar viviendo contigo, lo amo"

Sentí que el mundo se desplomaba sobre mis hombros, me sentí aturdido y me quedé sin habla. Ella ya había llenado malamente la maleta y agregó: "Explícale a Niágara, dile que me perdone, algún día…" Su voz se ahogó en un sollozo, pero ya bajaba las escaleras y se enfrentaba a la niña. "Me voy, perdoname, papá te va a explicar" Dijo ante la expresión asombrada de Niágara que no atinó a decir más que: "Pero…" Mi esposa la abrazó y con los ojos llenos de lágrimas se fue. Niágara comenzó a llorar y a preguntar: "¿Qué pasa papá? ¿Qué pasa? Yo non podía hablar, no se me ocurría que decir así que la abracé y después de unos minutos le expliqué que la mamá nos abandonaba porque creía estar enamorada de otro hombre.

Primero se asombró, luego enfureció y se sintió más traicionada que yo mismo, mi hija había recibido un durísimo golpe y lloraba desconsolada. La llevé a su habitación y le ofrecí una taza de té, pero la pequeña no quería nada más que llorar tendida en su cama, la dejé sola y me fui a acostar, era la noche más triste de mi vida, justamente cuando debió ser una noche de festejo y felicidad.

Acostado en mi cama me sentí el hombre más infeliz del mundo y hubiese llorado si la indignación por la traición de mi mujer no me hubiese ganado. Tenía la luz aún prendida cuando se abrió la puerta y Niágara, en camisón y aún llorando, me preguntó: "Papá, ¿Puedo dormir con vos? No era una pregunta que esperase de una jovencita de dieciocho años, pero no me pude rehusar, en ese momento era una niñita abandonada y no podía dejarla dormir sola en su camita. Se metió en mi cama y me abrazó y rompió a llorar angustiada, la apreté muy fuerte y le repetí que la amaba con todo mi corazón. Mal durmió el resto de la noche, pero al amanecer dormía profundamente aferrada a mí como si temiese que yo también pudiera irme.

El día siguiente fue de luto, pero de algún modo había que sobreponerse y hablé con Niágara largamente intentando organizar la casa en ausencia

de mi esposa, mi niña era toda una mujer y asumió rápidamente que la vida continuaba aunque el dolor nos agobiase. La llevé de paseo y a almorzar intentando mantenerla todo lo posible fuera de la casa, pero finalmente tuvimos que volver. Cenamos en silencio y luego vimos un rato televisión abrazados hasta que se hizo la hora de dormir. Acababa de acostarme cuando Niágara abrió la puerta, nuevamente en camisón, y se metió en mi cama, no atiné a decirle nada y acepté la situación pensando que aún no quería dormir sola.

La tercera noche que Niágara volvió a entrar en camisón le dije: "Hijita ¿No crees que sería mejor que duermas en tu cama? Rompió a llorar desconsolada y me contestó: "No me abandones vos también…" Me rompió el corazón y le extendí los brazos. Se arrojó a ellos y se metió en la cama rápidamente y se apretó a mí aún sollozando. Ese fue mi primer gran error.

Al día siguiente, cuando llegué a casa y entré al dormitorio para cambiarme de ropa, descubrí en el cajón de la cómoda donde mi mujer guardaba su ropa, bombachitas, pequeños corpiños, medias, camisones y hasta una caja de tampones y un paquete de toallas higiénicas, mi hijita se había instalado en mi dormitorio. Sentí un sudor frío y comprendí que me enfrentaba a una situación de difícil resolución. Lo confirmé esa misma noche cuando al disponernos a acostarnos Niágara me dijo alegremente: "Papi, báñate vos primero que yo tardo más… así no te hago esperarme" Acepté con un movimiento de cabeza, Ese fue mi segundo gran error.

Estaba ya acostado leyendo cuando Niágara salió del baño y se metió en la cama, parecía feliz cómo si el abandono de su madre ya fuese cosa del pasado. Se metió debajo de mi brazo para que la abrazase y acomodó su carita pegada a la mía intentando leer ella también mi libro, pero no leyó demasiado, a los pocos minutos respiraba pesadamente y se durmió, la niña había dormido muy mal las últimas noches y el sueño la venció rápidamente. Se hizo un bollito a mi lado sin soltarme, caracolito perfumado, y besé su frente, Niágara olía muy bien, como todas las mujeres huelen después del baño, su aliento era tibio y me hacía cosquillas en el pecho. Apagué la luz y me deslicé en la cama para dormir, pero también tuve que bajarla a ella, entonces su camisón se deslizó y sentí sus piernas desnudas contra las mías y comprobé que, como su madre, no usaba bombacha para dormir, me estremecí, pero Niágara apenas rezongó un poco y se apretó más fuerte contra mí, dormí muy mal, despertándome varias veces en la noche. Una de las veces que me desperté tenía mi mano entre las nalguitas desnudas de Niágara, otra vez me despertó una dolorosa erección, la abstinencia sexual comenzaba a sentirse.

Comencé a temer las noches, Niágara se acostaba feliz, cada vez se la veía más contenta, como olvidada ya del abandono de su madre, en cambio yo estaba cada día más nervioso y no sabía como resolver el problema en el que me hundía cada noche más. Cuando me acostaba hacía esfuerzos para no dormirme porque temía a mis manos, ellas tenían memoria y recordaban a donde se dirigían cuando dormía con mi mujer, pero el sueño me vencía y mis manos se disparaban. Una noche me desperté abrazando a Niágara que me daba la espalda, mi mano había subido por debajo del camisón y tenía apresada una teta, redonda, tibia y con un pezón duro, para peor tenía una terrible erección y mi miembro se apoyaba entre sus nalgas, solo la delgada tela del pantalón me separaban de su culito, me estremecí aterrado y me retiré lentamente para no despertarla, tuve que ir al baño a masturbarme para calmarme, pero fue peor porque después me atacó la culpa ¡Me había masturbado por mi hija!

Al día siguiente llamé a una vieja amiga divorciada con la que, años ha, había tenido un fogoso romance. Le conté que me había separado y la invité a cenar. "Mejor cenemos en mi casa" Dijo dándome a entender que no hacían falta juegos de seducción entre nosotros. Le conté a

Niágara que el viernes a la noche me reuniría en la cena anual de ex compañeros y que volvería tarde, hizo un mohín de disgusto, pero no dijo nada.

Volví a casa pasadas las cuatro de la mañana, me sentía ligero y feliz, tanto como mi amiga a la que sorprendí con una performance erótica que la deslumbró, yo tuve tres orgasmos y ella perdió la cuenta. Cuando me metí en la cama Niágara me daba la espalda y parecía profundamente dormida, pero cuando la besé en la cabeza se dio vuelta y haciendo cómo que olfateaba, "Sniff, Sniff" Y dijo con voz enojada: "Tenés olor a puta" Me reí y se enojó más cuando le contesté: "No puede ser, si me bañé después" "¡Asqueroso!" Dijo y me atacó con cosquillas en mis flancos. Me reí y contra ataqué, pero se revolvió y el camisón se le subió más arriba de la cintura y mi mano que buscaba su costado terminó en su entrepierna. Apreté accidentalmente su pequeño pubis y sentí la suavidad de su vello, los labios de la vagina eran firmes y apretados, niñita virgen, la sentí muy tibia en su entrepierna. Retiré mi mano asustado y Niágara se quedó quieta, ninguno de los dos dijo nada pero se dio vuelta y me dio la espalda disponiéndose a dormir, me sentí terriblemente mal y decidí que era hora a hablar claramente con mi hija.

A la mañana siguiente cuando desperté Niágara ya estaba despierta y me miraba. "¿Dormiste bien asqueroso?" Preguntó. Seguía enojada. Entonces le dije: "Niágara, anoche yo no quise tocarte, pero cuando un hombre y una mujer duermen juntos los accidentes suceden inevitablemente. Sos una mujercita muy bella y joven y yo, aunque soy tu padre, soy un hombre y a veces en la noche me olvido que sos vos la que está a mi lado y mis manos recuerdan a tu madre y nuestra intimidad y yo…" ¡Papá! ¡Qué bobo que sos! Me interrumpió. "¿Te olvidás que somos padre e hija? ¡Entre nosotros no puede pasar nada tontito, sí sos mi papá! La miré desconcertado, la pureza de mi hija me asombraba, en su inmaculada moral el concepto de incesto no existía, para ella el vínculo filial era suficiente barrera para impedir cualquier tentación. Me quedé en silencio, nada podía decirle sin quedar como un inmoral ¿Cómo explicarle que lo que para ella era imposible se daba cada día en todo el orbe? Callarme fue mi tercer gran error.

A medida que pasaban los días y las noches, Niágara se sentía más segura y confiada y actuaba con absoluta naturalidad, se pintaba las uñas de los pies sentada en la cama y el camisón se le subía y le veía el triángulito oscuro del sexo, verla en corpiño y bombacha era habitual porque se vestía o desvestía delante de mí con absoluta inocencia, claro que evitaba que la viese completamente desnuda, pero así la veía cuando dormía, claro que ella lo ignoraba. Darme cuenta que se había indispuesto fue demasiado fácil, se había puesto bombacha para dormir, esa noche descubrí su olor a hembra y me sentí terriblemente alterado, me excitaba el olor a mujer de mi hija al punto que me revolví en la cama sin poder dormirme.

Esa noche, por primera vez, la toqué premeditadamente, puse una mano en su cintura como al descuido y la dejé deslizarse para acariciarle las nalgas, Niágara dormía profundamente. Haciéndome el dormido la abracé y metí la mano bajo su camisón para tocarle las tetas, hizo un ruidito parecido un ronroneo pero siguió durmiendo, le apoyé la verga contra el culito, pero tuve que retirarme y soltarla porque estaba tan excitado que temí tener una eyaculación involuntaria, me fui al baño a masturbarme, esta vez no sentí culpa.

Una noche me desperté asustado, Niágara gemía y se revolvía en la cama. Estaba a punto de encender la luz cuando me di cuenta que estaba soñando, me di cuenta que estaba boca arriba y tenía las manos entre las piernas abiertas, se estaba masturbando dormida, Me quedé paralizado, era la primera vez que Niágara manifestaba su sexualidad, despierta o dormida. De pronto sentí que su cuerpo se tensaba para luego caer pesadamente en la cama, gimió y luego se quedó completamente quieta y percibí que trataba de reprimir su respiración agitada, se había despertado en medio

del orgasmo. Simulé dormir profundamente y Niágara, luego de unos minutos, se levantó y fue al baño, entonces metí la cabeza bajo las sábanas y olí el olor a sexo joven, era muy dulce y delicado, pero intenso, más excitante que el de mi mujer, o eso me pareció, pero ya volvía del baño así que disimulé seguir durmiendo. Se metió en la cama rápidamente y me pareció contenta cuando se apretó contra mí y me dio un beso en el hombro ¿Mi hija me besaba agradecida? ¿Acaso se había masturbado pensando en mí? Sentí un escalofrío.

Por la mañana Niágara se mostraba contenta y me propuso que saliésemos esa noche. "Es sábado Pá y nunca salimos, dale" Suplicó con mohín de nena caprichosa, pero mi niña tenía razón, nunca habíamos salido desde que mi mujer nos abandonó. La llevé al teatro y luego a cenar y después fuimos a tomar algo y escuchar música, Niágara estaba eufórica y yo terriblemente orgulloso por la forma en que los chicos la miraban y me envidiaban, es que estaba hermosa como nunca y se la veía tan feliz que cualquier despistado pensaría que éramos una pareja y no padre e hija. Volvimos a casa muy tarde y nos dormimos abrazados y felices.

Domingo por la mañana, día en que nos gustaba remolonear en la cama, disfrutaba muchísimo desde siempre las mañanas de los domingos, era el día en que con mi mujer teníamos sexo antes de levantarnos. Extrañaba a mi mujer, era muy apasionada y teníamos relaciones casi a diario, pero los fines de semana eran muy ardientes, el sábado por la noche hacíamos el amor hasta quedar agotados y la mañana del domingo volvíamos a amarnos, era el momento que nos sentíamos más relajados y que teníamos los mejores orgasmos, por eso las mañanas de domingo eran tan peligrosas desde que me despertaba con Niágara a mi lado.

Me desperté sintiéndome maravillosamente bien y con una maravillosa erección, pero cuando me di cuenta que la mano de Niágara estaba sobre mi pene me quedé helado, intenté quitar la manito de mi miembro pero rezongó y lo apretó negándose a soltarlo, simulé seguir durmiendo. Un rato después despertó y sentí su mano acariciándome la verga, me moví como sí me estuviese despertando y ahora la que simuló dormir fue ella. Le tomé la mano y la llevé a mis labios y la besé, entonces hizo como que despertaba. "¿Dormiste bien? Pregunté. Se estiró desperezándose y pegó su cuerpo al mío haciéndome sentir su sexo contra mi pierna y sus tetitas contra mi brazo, suspiró: "Muuuuy bien papi" Dijo con voz de gatita mimosa. "¿Y vos?" "Si, muy bien" Respondí y agregué: "Niágara, tenemos que hablar" Me besó el brazo y se aferró a él. "Es mejor que vuelvas a dormir en tu habitación, esta situación se está poniendo cada vez más incontrolable y no quiero que suceda algo de lo que me arrepienta toda la vida, sos joven, muy bella y deseable y yo no soy inmune a tus encantos…"

Niágara permaneció en silencio unos minutos y luego dijo: "Yo también te deseo y ninguna pared entre ambos hará que nos dejemos de desear, vos me desearás en tu cama y yo te desearé en la mía ¿Crees que eso solucionará algo? Será peor, nos reprimiremos y nos amargaremos y seguiremos deseándonos, nos terminaremos odiando por no ser valientes y afrontar la verdad y nuestra vida se transformará en un infierno" Mi hija me estaba dando una lección de sensatez y madurez sorprendente. "Entonces… ¿Crees que…?" Intenté preguntar pero me interrumpió: "Papá es mejor que lo que tenga que pasar pase de una vez" Concluyó terminante mientras su mano se posaba nuevamente sobre mi verga erecta y la apretaba en decidido gesto, ahora si, de definitiva pertenencia.

Autor: Marcelo papincesto (arroba) ahoo.com.ar

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