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Pasaron las semanas y llegó la navidad. Pasamos la noche buena en casa de mis padres, felices porque mamá estaba tranquila y algo recuperada de peso. La quimioterapia se pospuso y los cuidados médicos disminuyeron. Regresamos en enero a nuestra casa para prepararnos a enfrentar algunos cambios en nuestra rutina.

Mientras yo luchaba por comprender las funciones de la cámara digital y lograr que se programara a mi gusto, Sandra se daba un largo baño. Al salir, lucia un pans gris casi blanco, una blusa holgada de color celeste y su pelo aún húmedo, que cepillaba cuidadosamente.

-Me da pena admitirlo pero creo que ya necesito otro corte.

-Para que quieres tu pelo tan corto, así luce bien, o es que quieres cambiar de look  conteste casi automáticamente sin dejar de luchar con el menú de la cámara, después de todo la había mirado luchando con su cabellera.

-No tonto, me refiero a& mi otro pelo.

Levanté la mirada para confirmar si entendía lo que decía y noté como se sonrojaba al verme, noté su nerviosismo y su mirada picara.

-La verdad con lo ocupada que he estado, traigo el vello muy largo y me siento algo incómoda, ya me acostumbré a tenerlo bajo control.

-¿Tenemos el mismo trato de antes? pregunté entusiasmado -Creo que sí, solo que te parezca malo.

-Si no te parece mal a ti, por mi esta bien.

Sandra entró en su cuarto mientras yo fingía seguir tratando con la cámara, la verdad estaba super excitado con la sola idea de repetir tan inolvidable momento.

Sandra salió con el maletín en la mano y colocó la toalla sobre el adorable sillón de la sala, que ahora era mi lugar consentido.

-Ahora me toca ser la primera, la vez pasada tú fuiste mi conejillo de indias.

Dicho esto se acercó al sillón, me entregó la maletita y se dispuso a sentarse. Justo antes de hacerlo, se bajó su pans al mismo tiempo que su panty ahora de color negro y pude notar aquella hermosa pelambrera. Efectivamente, estaba larga aunque menos que la primera vez y bastante despeinada, como si la hubiera alborotado momentos antes. Su coño me hipnotizaba, era hermoso, ligeramente peludo lucia tan hinchado como virginal, solo que esta vez no estaba tan húmedo, apenas y brillaba su vello azabache con el reflejo del foco de la sala.

-De veras te creció el vello.

-¿Se ve mal? -No, solo me asombra la velocidad con que te crece.

-¿Te gusta que crezca rápido o me equivoco? -Claro que sí, así podré recortarlo con más frecuencia.

Disfruté arreglándole su coño con toda paciencia y tranquilidad y cuando terminaba de asearlo con una pequeña toalla, Sandra se incorporó y giró para luego toqué, Sandra respingo y comenzó a temblar.

Sin reclamo aparente ni resistencia, volví a rozar sus labios como extrayendo nuevamente su fluido. Sandra se estremeció nuevamente y sin más disimulo comencé a acariciarlo con sumo cuidado de no parecer evidente ni tosco.

Apenas rozaba el largo de dos de mis dedos, recorriendo horizontalmente su concha, cuando Sandra tuvo un espasmo.

-Si te incomodo dime y&

Sandra seguía muda, su cuerpo se movía en vaivén como exigiendo que continuara aquel frote delicioso. Incomodo porque su blusa casi tapaba la vista más hermosa del mundo, levanté con la mano izquierda su prenda hasta dejar visible su cintura y todas las nalgas. En este proceso rocé también la piel de su espalda, suave y tersa aunque de consistencia más firme que el resto de lo que tocaba.

Pasé mi mano derecha por abajo rumbo a su concha, en una ruta totalmente a ciegas. Apenas acaricié su clítoris disparó un fuerte espasmo acompañado de un breve orgasmo. Sequé todo y acaricié por último sus nalgas, sus muslos y despeiné un poco el recortado coño que seguía invisible por el lado de enfrente.

-Listo Sandra, ya terminé.

Sandra seguía inmóvil, a pesar de que yo me incorporaba para cambiar de turno. Poco a poco se movió, tomó la pequeña toalla y se aseó un poco la humedad que empapó toda la zona. Giró poniéndose de pie y me sonrió nerviosa, estaba color tomate.

Se vistió, cambiamos y fue mi turno. Esperaba que ella también se propasara un poco pero no lo hizo. Acarició mi pene en busca de vellos y fingió cortar algunos mientras lo aferraba totalmente erecto. Al girar y mostrarle mi trasero, lo acarició tiernamente como reconociendo cada milímetro y unos minutos después, pasó su mano debajo de mis piernas y sujetó mi pene totalmente erecto. Lo acaricio sin prisa, secó algunas gotas que salían de él frotándolas contra el largo tronco. Acarició mis testículos y regresó a las nalgas. Minutos después terminaba.

Apenas y recobramos la normalidad, Sandra volvió a la regadera. Apenas terminó, salió y se paró frente a mí con el mismo atuendo.

-Quedó preciosa y limpia, eres un experto.

Pasaron varios días y pensé que deberían pasar muchos más para repetir el corte. Que equivocado estaba. Como a los diez días del inolvidable evento, dormitaba en mi cama como a las 11 de la noche cuando sentí que alguien se sentaba al borde. Sorprendido reconocí entre penumbras la silueta de Sandra.

-¿Estás bien? -Sí.

-¿Entonces&.

-¿Puedo acostarme junto a ti? -Andale pues acuéstate, yo ya casi me dormía.

Intrigado, cerré los ojos y fingí dormir mientras Sandra se acostaba a mi lado, pero la verdad estaba expectante de lo que pudiera ocurrir. Nada pasó, perdí el conocimiento ya tarde y me levanté como a las diez de la mañana; por fortuna era domingo.

Medio dormido, y tambaleante busqué a Sandra y la encontré en la mini cocina, lavando unas frutas. Usaba una de esas blusas a la mitad, a las que llaman ombligueras, era de color blanco, además llevaba un short muy pequeño y ajustado del mismo color, que al trasparentarse mostraba la su pequeño bikini debajo, también blanco.

Me acerqué a ella un poco más despierto y fingí estar modorro y soñoliento. La abracé por atrás y coloqué mis manos en su cintura, recargué mi cachete izquierdo en su nuca y le hablé imitando alguien modorro.

-¿Dormiste bien? -Sí cuándo sería?

Sin meditarlo mucho, acaricié levemente su cintura y recorrí su vientre jugueteando con su desnudo ombligo sin poder verlo, pues estaba de espaldas a mí. Sus manos se posaron en las mías, me acariciaban, me consentían. Recargué de nuevo mi cabeza en su nuca y disfruté de acariciar su vientre, pero no me atreví a nada más. Su perfume me encanta, es suave pero delicioso.

Estuvimos así por un interminable momento cuando decidí soltarla para acariciar su pelo. La despeiné como hacia siempre jugando, besé su mejilla dulcemente y la abracé más fuerte que antes besando traviesamente su mejilla. Al mirar hacia abajo noté la parte superior de sus senos, dibujar esa hermosa separación entre ellos, note que no usaba sostén pero nada más pude ver.

Finalmente pensé que estaba apenada y la solté, me aparté y me recargué de espaldas a la barra, junto a ella. Me miró y sonrió, de nuevo se sonrojaba. Volvió a sonreír y me abrazó recargando su cabeza en mi hombro. No puedo negar que amo a mi hermana, no por ser mujer, sino por ser como es, por ser tan linda y preocupada por mi desde siempre.

Mientras me abrazaba, sujeté de nuevo su cintura y comencé a acariciar su espalda para corresponder a su abrazo. De pronto y para no variar, sentí su mano derecha acariciar mi short a la altura de mi pene. Conforme me tocaba, el pequeño dormido despertaba. Notaba su caricia torpe sobre el short y mi bóxer, como tratando de despertarlo. Después de un momento, seguía su caricia mientras yo me erectaba irremediablemente.

Concentrada en su tarea, seguía pegada a mi pecho sin moverse, como palo, rígida, solo su mano parecía estar viva. Finalmente me animé, con mi mano izquierda tomé su mano derecha, la guié a mi ombligo y le pedí sin hablar una caricia en mi estómago. Tan pronto entendió y la dejé sola, su mano recorría mi estomago y mi pecho oculta bajo mi playera también blanca. Se detuvo en mis pezones ahora muy excitados y los rozó como confirmando su erección. Bajó a mi ombligo y de nuevo capturé aquella mano deliciosamente traviesa.

Sin más, la conduje a mi ombligo y seguimos bajando hasta llegar al elástico de mi short. Noté

como intentó rebasarlo y seguir hacia el pene cuando la detuve. Con mis dedos aferrados a su mano, levanté el elástico de mi short y bóxer y guié su mano un poco más abajo. La solté mientras ella seguí sola su camino justo dentro de mis prendas. Acarició mi vello púbico y llegó a su meta. Tomó mi pene en su calida mano y comenzó a tratar de acariciarlo. La ropa impedía su maniobra, así que sin pensarlo, tomé ambos lados de mi short y bóxer y los bajé apenas lo suficiente para liberar mi pene erecto, sujeto por tan delicada mano.

Ahora libre, lo manipulaba en un sube y baja por el tronco, despacio. Noté como incrementaba su excitación pero seguía casi totalmente rígida. Mis manos ociosas retomaron su cintura y las caricias de su espalda. Subí casi hasta su nuca en una caricia que me excitaba tanto a mí como a ella, tenía su espalda prácticamente desnuda, pero como recargaba su pecho con el mío, los senos seguían invisibles.

Ahora tomaba mi pene con sus dos manos, movió su cabeza para mirar hacia abajo y observar como sus dedos recorrían inquietos aquel erecto pedazo de carne. Poco a poco fue tomando valor y se separó de mi pecho para manejar más diestramente sus manos. Al hacerlo observé el dibujo de sus pezones erectos sobre la blusa semitranspare suelo. Coloqué mi mano en su cabeza otra vez y la acerqué a mi pene. La reacción fue inmediata, su lengua tocaba tímidamente mi pene, el tronco y la cabeza, como buscando un sabor nuevo, una zona desconocida. Al poco tiempo, chupaba mi palo de arriba a bajo, recorría en círculos la cabeza, hasta que la metió en su boca. Podía sentir la succión de su boca en mi cabeza, su interior tan húmedo y caliente, tan agradable.

Finalmente se animó y comenzó a chupar más profundo hasta llegar a su límite. Absorto en aquella delicia, de pronto noté su escote, podía ver más de sus senos pero no lo suficiente. Sujeté la parte trasera de su cabeza y acaricié su pelo. Mientras ella chupaba torpemente yo alborotaba su mechón. Sus dientes me lastimaban un poco así que susurrando le pedí que la chupara como una paleta. Sandra obedeció mientras yo luchaba por no venirme en su boca.

Le anuncié que me venía muy tímidamente, traté de apartar su cabeza con mi mano pero nada logré. Descargué mi leche toda en su boca, apenas y pudo tragar si ahogarse, devoró todo mi semen, chupó y limpió hasta el último rastro antes de terminar. Yo comenzaba a sentir cosquillas cuando ella se puso de pie. Me abrazó un largo rato y después me dirigía al baño a ducharme y ponerme mi pans nuevo.

Al salir, un preparado de frutas estaba sobre la mesa y la puerta de su cuarto cerrada.

Trabajamos esa semana sin tocar el tema. Decidí dejarla tranquila un tiempo, darle su espacio y no presionarla. Mamá se puso grave y ambos fuimos a verla. Al llegar mi padre lloraba en la sala de espera del hospital, en compañía de mis tías y primos, mamá acababa de fallecer.

Terminamos los trámites, sepultamos a mamá y luchamos por llevar a papá un tiempo con nosotros. No pudimos convencerlo, sin embargo, permitió que mi tía Lola lo cuidara una temporada. Su hermoso y jovial carácter ayudó a mi padre a recuperarse más rápido, solo peleaban por sus alimentos, el sazón obviamente era muy distinto.

Al llegar a casa, la rutina, problemillas en los negocios y para variar con la luz cortada, olvidé pagar el recibo por las prisas del viaje. Buscamos unas velas aromáticas que andaban por allí y las prendimos distribuyéndolas estratégicamente. Una en el baño, otra en el comedor y otra más en la cocina. Apenas iluminaban lo suficiente para evitar tropezar.

Sin TV, música y con los cuartos a oscuras no pudimos desempacar. Salimos a cenar unos tacos al pastor y después compramos más velas, una linterna y un quinqué.

Regresamos y distribuimos las velas y el quinqué, dejando en reserva la linterna. Nos desplomamos en el sillón y reímos por lo chusco de la situación. Me bañe y poco después Sandra también se duchó, al salir, se secaba su cabello en la toalla mientras lucía una larga blusa que le llegaba a medio muslo, parecía rosa pero no la distinguía muy bien. Tenía un gran cuello en V y no tenía mangas. Sus muslos

llamaban mi atención, fuertes y torneados se veían ligeramente menos blancos que el resto de su cuerpo, a excepción de los brazos.

Caminó a un lado del comedor y se paró frente a mí. Mientras secaba su pelo, observé como la blusa trasparentaba ligeramente a causa del quinqué de la mesa del comedor que quedaba justo detrás de ella. Como era la única luz intensa del área, dejaba ver su escultural silueta dibujada bajo su prenda. Quedé hipnotizado sin que al parecer Sandra lo notara.

Brincó y cay&oacute ese hermoso par de senos carnosos y desnudos.

Sus pezones se hincharon un poco más mientras ella me observaba atenta. Temeroso de ir más allá, me limité a soltar el escote y suspirar. Sandra totalmente colorada, tal vez por la luz de la vela, se volteó y sujetó un traste como si fuera a lavarlo. Me coloqué detrás de ella y repetí mi travesura, esta vez levantando su blusa de atrás para ver su bikini postrado a medias nalgas. Sin poder evitarlo con la izquierda jalé un poco la delgada y suave orilla del bikini que apenas cubría la mitad de sus preciosas nalgas. El movimiento me dejó libre la vista de la parte superior de sus nalgas, así que atrevido, metí mi mano derecha siguiendo el contorno de ambas curvas.

Sin voltearse, Sandra tomó su blusa y la sujetó para permitirme ver su trasero sin necesidad de sujetar el bikini. Metí de inmediato ambas manos, una en cada nalga, las acaricié totalmente sin bajar la diminuta prenda. Me hinqué detrás de ella y esta vez metí mis manos por debajo del bikini, capturando ambos pedazos de carne que recorría incansablemente.

Observaba como el diminuto bikini blanco, marcaba sus límites en forma diagonal a sus nalgas, justo a la mitad de éstas. Definitivamente se le veía excelente y muy sensual.

Bajé su bikini hasta llegar al suelo y acaricié su culo y parte trasera de los muslos por un rato. Su concha casi era imperceptible en esa posición pero podía apostar que estaba empapada. Me levanté y recogí su bikini tomándolo como botín, bajé su blusa ocultando sus nalgas hasta que Sandra lucía normal y me regresé al sillón.

Platicamos un rato de cosas agradables y como si nada hubiera pasado se movía por la casa con su blusa por única prenda. Nos dormimos y al despertar me levanté presuroso por la hora. Sandra servía unos huevos estrellados con tocino en la mesa y noté que usaba la misma blusa. Curioso me le acerqué y levanté su blusa, Sandra volteó y me sonrió, aún seguía desnuda bajo su blusa.

Fuimos a pagar la luz pero la reconexión tardaría un día más. Esa noche mientras conversábamos en el patio, alumbrados por la luna, el frío nos corrió y nos refugiamos en el sofá, seguimos bromeando sobre si le regresaba su bikini o si lo conservaba como trofeo. Me decidí por lo último. Poco después exploré el refrigerador para ver si me saltaba una milanesa, un postre pero vi con tristeza que era tiempo de surtirlo de nuevo y desilusionado me fui a mi cuarto. Apenas cerré la puerta, me desnudé y me recosté boca abajo, tenía que descansar. Casi de inmediato quede privado hasta que de madrugada, al girar, sentí compañía, era mi hermana, dormía placidamente junto a mi, estaba totalmente desnuda igual que yo.

Acaricie su rostro y despertó, me sonrió y me besó en la mejilla. Giró y se puso en cuatro sobre la cama, repitiendo sus besillos coquetos en mi mejilla. Apenas la podía distinguir, así que giré y recordé que no podía prender la lámpara del buró, estábamos sin luz. Burlona se rió traviesa y me extendió la linterna. La encendí y la coloqué en el buró apuntando en sentido contrario a nosotros, la contraluz me reveló una hermana preciosa. En esta singular posición, sus senos colgaban delatando su hermoso perfil, sus hombros y sobre todo la figura de su trasero sobresaliendo la mostraban imponente. Gateó un poco y como una gatita tomando su leche, capturó mi pene adormecido con la boca. Sin ayuda de las manos continuó su trabajo yo la comía. Su excitación iba en aumento.

-Que rico&..ohhhh. Comeme hermanito, comeme, comeme, esta noche no tienes limites, devorame.

Mientras ella disfrutaba mientras comía su coño, yo descansaba mi pene, quería durar toda la noche. Con u

n par de suaves nalgadas y un jaloncito, le pedí que girara, acerqué su rostro al mío y me prendí de uno de sus senos, los chupaba, mordisqueaba y apretaba en mis manos, cambiaba de seno y repetía la operación. En eso, Sandra se coloca sobre mi pene y comenzó a rozarlo con su vagina para entonces empapada.

Podía escuchar el chasqueo de su vaivén rozando mi pene mojado por sus fluidos, liberé sus senos y la dejé gozar esa rica sensación para ambos. Veía su rostro hermoso, su boca bien abierta, sus ojos cerrados, sus senos carnosos agitarse al vaivén, su culo sentado en mi pene, ir y venir resbalando sobre mi horizontal pene, casi a punto de estallar.

La detuve y le pedí que hiciera lo mismo pero de espaldas a mi. Obedeció y apreciaba como su espalda terminaba en sus curvas caderas, como su culo acariciaba mi pene. Ante el temor de venirme, bajamos el ritmo hasta que se recostó a mi lado. Era mi turno. Bajé y abrí sus piernas, me coloqué en medio y comencé a comer su concha empapada. Casi de inmediato se vino en mi cara y sin inmutarme seguí comiendo. Sandra vibraba de placer y eso me excitaba más, cuando finalmente la sentí muy caliente, casi fuera de control, me acerqué y me dispuse a tomarla por primera vez. Apenas sintió mi pene rozar sus labios como lo hacía ella unos momentos atrás, abrió los ojos espantada y me clavó su mirada preocupada. Seguí rozando despacio para no venirme, ella me miraba.

-No hermanito, no.  repetía en muy baja voz sin quitarme la mirada -Soy virgen. Cómelo disfrútalo pero no lo penetres.

Entré más suplicaba más me calentaba, su cuerpo obedecía mis caricias en vez de detenerme, parecía como si lo deseara pero a la vez tenía miedo.

-No hermanito, me va a doler&.

Me decidí y metía la punta hasta donde encontré resistencia, la excitación era total. Sandra me pedía que no lo hiciera y su cuerpo empujaba para ser penetrado. Ella se movía resbalando mi pene hacia dentro y hacia fuera apenas un poco, parecía disfrutarlo, desearlo con todo su ser, el dilema moral la traicionaba, la decisión era mía.

-No hermanito&..ahhhhh -Solo disfruta mi coñito&.así, así&.Ahhhh -Estoy ardiendo, caliente, escurriendo&me encanta

Apenas terminó la frase empujé fuerte de golpe penetrando como hasta la mitad. Sandra gritó de dolor y sorpresa y comenzó a llorar un poco, mientras me calme sin retirar la ventaja ganada. Sentía su interior ardiendo, quizás por la sangre que surgía.

-Nooo, por favor hermanito&nooo, soy virgen.

Me animé y volví a empujar. Esta vez resistió un poco y luego llegué hasta el fondo. Podía ver mi pene desaparecer totalmente en su concha finamente recortada, peinada y empapada. Veía sus piernas abiertas, mis testículos topando en su concha, mi vello rozar el suyo, unidos en un monte común. Me incliné un poco hacia delante sin mover mi pene un milímetro.

Sandra lloraba calladamente interrumpida por espasmos de dolor y gozo. Su rostro de lado no me miraba, sus mejillas llenas de lágrimas me cautivaban y dudé de si era un monstruo. Apenas se calmó un poco, retrocedí hasta casi salir y volví a entrar a fondo. El llanto cesó y cambió a pequeños gemidos, sus piernas y vientre estaban tensas, el dolor las contraj salí de ella pensando que me agrediría ahora que tenía oportunidad, pues la tome sin su consentimiento. Me recosté dudoso, me miró y me besó largamente, acariciando mi rostro. Con su mano me acaricio el pene manteniéndolo firme, como esperando más acción.

-¿Te lastime?, no pude resistir&.

-Lo se, no me hiciste ningún daño, nada que pudieras evitar, solo&. solo me convertiste en mujer, tuya solo para ti.

Sandra descansó un poco y después se montó sobre mí, rozaba su concha con mi pene como antes, asustada e impresionada por el color rojizo de sus fluidos. Pronto mi erección regresó, Sandra la disfrutaba, su clítoris raspaba mi pene y la excitaba en exceso, cuando finalmente, ayudada por su mano, lo introdujo en su concha y bajó su cuerpo hasta que sus labios devoraron completamente mi palo. Reposó un poco, disfrutando aquella nueva sensación. Su cara miraba el techo, su boca completamente abierta, sus muslos postrados sobre mi eran hermosos, su cintura, sus senos, todo era hermoso. Comenzó a menearse en

círculos, a subir y bajar hasta que volvíamos a coger a buen ritmo. Sentía como topaba en su interior, como lo disfrutaba ella, sin escuela, sin maestros, se movía por instinto, me culeaba como toda una experta, definitivamente lo disfrutaba igual que yo.

De pronto sentí venirme, traté de avisarle sin resultados, la tomé de la cintura y me vine dentro de ella. Casi de inmediato ella se vino y apretó con sus piernas para disfrutar más su venida.

Se recostó a mi lado y se durmió agotada. Por la mañana, la luz del amanecer me descubrió a Sandra totalmente desnuda y boca abajo, despeinada y hermosa. La sábana apenas mostraba señales de sangre, no así mi pene repleto de ella.

Mientras besaba su mejilla, decidí ducharme. Apenas entré al agua cuando Sandra entró, abrió la cortina y me besó. Nos duchamos en silencio, nos enjabonamos y yo limpié su concha, la tallaba suavemente provocando un poco de agua colorada caer hacia la coladera. Ella me aseó mi pene y terminó de bañarme como una madre cuidadosa que asea a su pequeño.

Mientras terminaba se apoderó de mi pene y me dio una mamada deliciosa. Al secaros nos abrazamos y salimos desnudos a nuestros cuartos. Apenas me vestí la alcancé en la cocina, lucía radiante, hermosa.

-No iré a trabajar por unos días, quiero cuidarme un poco el sangrado y& -No tienes que explicarme, cuídate vuelvo cuando antes.

Sin darme tiempo, bajó mi cierre, desabrochó mi cinturón, desabotonó la mezclilla y comenzó otra mamada deliciosa, devorando esta vez, toda mi leche.

Mi hermana ahora era mi mujer, mi hembra, mi amante, mi compañera y ella lo sabía tan bien como yo. A partir de entonces dormimos juntos, hacemos el amor seguido y continuamos con nuestros cortes de vello. Si esta felicidad es incesto, no me interesa.

No más soledad.

Autor: Luis stuka15 ( arroba ) mexxxico.com

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