Un extraño juego

Hetero- control mental, relato del dia. Una mujer sola en una cafeteria, inicia un extraño juego en la distancia desde su mesa, provocando a los nueve hombres que la observan, solo uno la dominará y logrará su proposito.

Alli estaba ella, en aquella cafeteria, lugar de paso y de encuentro de ejecutivos, sentada en una de aquellas preciosas mesas de marmol blanco y doradas patas forjadas. Nueve, nueve eran en total, en cada una de las mesas, uno de aquellos hombres, aquellos hombres inmersos en sus cosas, en sus negocicios, en algun periodico, aparentemente relajados, pero muy, muy estredados, sufriendo, pensando como podrian subir mas y mas.

Un hombre en cada mesa, menos en una de ellas, en una estaba ella, como ida, inmersa en algo, alejada de este mundo, aparentemente sola, puesto que ella estaba al tanto y sin mirar de cada gesto, de cada uno de ellos, analizandolos por sus reacciones, por sus miradas.

Ella mantenia una postura fria, distante, pero hacia sentir que estaba alli, con cada uno de sus movimientos, de sus gestos. Gestos provocativos, sin dar a entender absolutamente nada directamente a nadie, pero era consciente de que todos y cada uno de aquellos hombres no hacia mas que seguirle los gestos, cuidadosos, relajados, sensuales.

Se preguntaban , que estaba haciendo ella alli, aquella mujer, preciosa, enigmatica, seria y elegante, dulce y distante, con aquella blusa que dejaba entrever sus pechos, dasabrochada hasta casi por debajo de ellos.

Sus pechos, los que se percibian hermosos, bien formados, sus pezones erectos, y su piel tersa, morena, suave.

Tomaba un capuchino, un capuchino con la taza llena de crema, a rebosar, la que ella muy lentamente cogia con su cuchara, balanceandola, mirandola, y llevandosela a la boca, donde la recogia con sus labios, labios deseosos, humedos, humedos como su lengua, con la que lamia la poquita crema que quedaba de la cuchara, degustandola , como si estuviera sedienta de algo, y finalmente tragandola, lo hacia todo sin mirar a nadie, pero consciente del mal sentir que estaba provocando.

Eso no era suficiente, queria hacer mas, sentir mas, provocar mas, desafiaba.

Al llevarse la cuchara a su boca, dejo caer un poco de crema por su escote, que fue resbalando entre sus pechos, hizo un gesto de sorpresa, de incomodidad, como una ninya que acaba de derramar algo y presiente el castigo ajeno. Pero muy astuta ella, la fue recogiendo con su dedo y llevandosela a la boca, lamiendolo una y otra vez.

Continuo tomandola, mientras cada vez que se acercaba a la mesa para ello, dejaba rozar sus pezones con el borde de la mesa, pezones erectos, excitados, los frotaba suavemente, mientras con ello cambiaba la expresion de su rostro, expresaba deseo, extasis, agonia, ansia.

Y mientras eso ocurria, alli estaba el, observandola, controlandola, dejandola hacer, queria saber hasta donde era capaz de llegar, pero al mismo tiempo que le excitaba, le dolia, le dolia que tantos hombres la estuvieran ya poseyendo, aunque solo fuera con la mirada, con el pensamiento, con el deseo, al fin y al cabo, ella era suya, solo para el y de el, y los dos lo sabian, pero a el le gustaba el juego y ella se prestaba a el.

Ella tambien, se empezaba a excitar, a desear sentir la fuerza del hombre, deseaba ser acariciada, poseida, deseada y empezo a perder el control, se le estaba escapando de las manos el juego, se metio la mano entre las piernas, y como quien no quiere la cosa empezo a frotarse, a moverse, a suspirar, no podia mas, deseaba, y deseaba tanto, de pronto advirtio la mirada fria y cortante de el, y paro, se quedo inmovil, que estaba haciendo?, que le estaba pasando?, como pudo perder el control de aquella forma?, pero no podia moverse de alli sin el consentimiento de el, ese era el trato si no queria ser castigada, el juego debia continuar, sentia su propia humedad, sentia como le recorria el cuerpo un fuerte sentir de deseo, de sexo, y que podia hacer?.

De pronto se encontro, como poseida por un sueño, empezo a imaginar a vivir lo que deseaba en aquel momento, deseaba que alguno de aquellos hombres se levantara de su mesa y se dirigiera ella, uno, o varios, porque no?, y asi lo fue viviendo, una fantasia, imaginaba que dos de ellos se acercaban a su mesa, se sentaban junto a ella, con mucha elegancia, con mucha clase, y sin ninguna duda de lo que iva a hacer y desde luego sin mediar una sola palabra, para que?que falta hacian las palabras en aquel momento?

Uno de ellos la empezo a acariar su cabello, pasando su mano por su por detras de el, acariciandola, mientras empezo a besarla, besos lentos, besos de labios y jadeos, el otro poco a poco le fue metiendo su mano entre las piernas, le pasaba la mano por ellas, pero sin llegar a su sexo, pretendia excitarla aun mas,

el otro mientras le acariciaba el rostro, el cabello, el cuello y la besaba, dejo caer lentamente su mano hacia aquel pecho de pezones erectos y piel tersa y deseosa, le tocaba el pecho cercandolo, tocandolos por fuera, sin llegar a los pezones, tambien el queria excitarla aun mas, mas, mas, mas y mas.

Ella estaba enloqueciendo, deseaba ser follada, ellos la ponian a un nivel de excitacion que ya era inaguntable, queria mas, empezo a moverse a retorcerse, a intentar desviar con sus movimientos las manos de ellos, hacia su sexo, hacia sus pezones, aaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhhhhh, no podia mas.

De pronto le cayo la taza de cafe de las manos, la derramo sobre ella, desperto del suenyo, se quedo inmolvil, se sentia perdida, confusa, y advirtio la mirada desafiante de el, fria, fija sobre ella, sabia que se acercaba el momento, y ella empezo a sonreir.

El tampoco podia mas, su excitacion era extrema, se levanto, se dirigio a ella, y por sorpresa de los demas, la cogio de la mano, la levanto y la echo encima de la mesa, le abrio la blusa de un tiron, le cogio las manos por encima de su cabeza inmovilizandola, le levanto la falda, y ladeando sus braguitas, se la metio toda de una vez, toda, dura, grande, caliente, y la follo, la follo y la follo, como si se le fuera la vida en ello, como la follaba, con fuerza, con una pasion loca y desenfrenada, y besandola, mordienlola, lamiendola por todo.

Los dos empezaron a jadear, a gritar, que pasion habia alli, ella queria, deseaba moverse, pero el no la dejaba, deseaba sentir la posesion, el dominio, la tenia inmovilizada, y la follaba, como la follaba, que goce, que locura, que gritos.

Y asi estuvieron un buen tiempo, los otros hombres estaban embelesados, anonanados, se sentian traicionados por ellos mismos, por su cobardia, preguntandose, porque no fueron ellos los que se levantaron, sin saber que de haberlo hecho arriesgaban su vida en ello.

Mientras, el continuaba follandola, sudaban, sudaban y forcejeaban como animal en pelea, gozando como poca gente sabe, dejandose llevar por aquel loco y profundo sentir, por su pasion, por su locura, por su celo, hasta que salio de ella, se subio a la mesa sin dejarle las manos, cercandola, rodeando su cuerpo con sus rodillas , le empezo a pasar el pene por sus pechos, restregandolo entre y por ellos, acariciando sus pezones con el, como gritaba ella, sus jadeos de placer y dolor le cortaban la respiracion, y entonces el sin dejar sus manos, las acerco a sus pechos, para que con ellas y las manos de el acariciaran el pene, los pechos, los pezones, el pene, los pezones, los pezones, el pene, el pene,el pene, el pene, el pene, hasta que…………………….. aaaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhhhh–hhhhhhhhhhhhhhaaaaaaaaaaaaa, que placer………………., el dejo por fin sus manos y la acaricio frotando con todo lo que habia derramodo sus pechos, masajeando con ella su cuerpo, sus tetitas, sus pezones erectos, hasta que cayo, cayo sobre ella, vencido por el extasis, dejandose abrazar por las manos que tanto tiempo tuvo inmovilizadas, las de ella, las de la mujer a la que el AMABA.

 

Mi Ama

relato del dia

No cabe la menor duda de que la gravedad acaba poniendo todas las cosas en su sitio. Es verdad que los científicos saben que la ley de Newton no explica toda la gravedad y que discuten sobre relatividad, física cuántica, partículas, gravitrones y otras sutilezas. Pero eso es a escala galáctica. Aquí, en la tierra, las cosas caen "por su propio peso". Pues lo mismo pasa con las personas. Al cabo de los años, a veces más, a veces menos, todos caemos al sitio que nos corresponde. Parece como si una fuerza desconocida, nos hiciera gravitar hacia aquello que nos gusta o aquello que sabemos hacer. Sin perder el tiempo con filosofías, puedo contar mi propio caso como una ilustración de lo que estoy diciendo.

Yo siempre he sido más bien tímido y un algo apocado, por eso siempre me he manejado mejor con libros que con gente. En la Universidad hice empresariales, con muy buenas notas, y obtuve un trabajo en un empresa multinacional muy buena. Quizás tratando de compensar mi timidez no toleraba discusiones de mis subordinados y hacía sin rechistar todo lo que decían mis superiores. Como soy trabajador y no soy tonto, ascendí de forma rápida y ahora soy el gerente "duro". Poca gente en la empresa sabe de mi timidez, pero durante mis primeros años mis jefes se aprovecharon y abusaron de mí y de mi trabajo. Pero creo nadie ha explotado y abusado de mi timidez como Almudena.

Almudena es mi mujer, llevamos siete años de casados y durante este tiempo se ha convertido en una verdadera tirana. Ya cuando éramos novios noté que a ella le gustaba tomar decisiones y que era un poco mandona pero como yo soy tímido y apocado, pensé que seríamos una buena combinación. Además yo soy más bien pequeño (algunos hasta dirían esmirriado) y no muy agraciado así que me consideraba afortunado por tener una novia tan atractiva como Almudena.

Esta tendencia mandona de Almudena se fue acentuando más y más después de casarnos. Empezó con cosas pequeñas cosas, ella decidía que programa veíamos en la televisión, cuándo salíamos a cenar, dónde ir de vacaciones… Poco a poco la cuestión fue escalando más y más, ella decidía qué coche comprábamos, quien conducía… Este afán de mandar pronto se reflejó en nuestra vida sexual.

Almudena a sus treinta y siete años no esta mal. Es de estatura media, uno setenta y cinco, y aunque de joven era delgadita con un gran tipo, desde que nos casamos, poco a poco a ido poniendo kilos. Ahora, si no gorda, desde luego esta sólida, pero se mantiene ágil con las carnes duras y prietas. Tiene una melena cortita, castaño claro, no es muy agraciada de cara pero tiene un lunar grande en la mejilla izquierda que a mi siempre me ha gustado mucho. En los últimos años le esta saliendo algo de vello en la cara, sobre todo en el bigote, pero ella se depila bien. Los kilos de más los ha puesto en buenos sitios y tiene unos pechos y un trasero… Cuando notó que empezaba a ganar peso decidió ir a un gimnasio. Empezó con aerobics y esas cosas, pero poco a poco fue progresando empezó a hacer pesas, ya lleva más de tres años haciendo pesas y ¡tiene unos musculazos! A ella no parece importarle sus kilos de más y se viste un tanto llamativamente, como además le gustan los tacones altos y anda de forma firme, decidida, con buen garbo, pues cuando uno la ve por delante, los generosos pechazos bamboleándose llaman la atención y vista por detrás… por detrás las caderazas suben y bajan, van y vienen de tal forma que los tipos por la calle se quedan mirando el hechizante contoneo como tontos. La verdad es que de sólo pensar en ella andando con su garbo, con sus piernas gruesas, fuertes, recias, enfundadas en unas medias negras con costura, moviendo y agitando los enormes cachetes, dentro de una falda estrecha, me pongo excitado.

Al año o así de hacer las pesas en el gimnasio me dijo que aquello le gustaba mucho y que quería cultivar su cuerpo, así que compró pesas, banquetas, esteras y todos los trastos apropiados y monto un gimnasio en casa. Muchas veces se ponía a hacer pesas vestida con un traje de baño o un bikini, según hacia las pesas ver aquellos musculares muslazos, reluciendo de sudor y el poderoso culote saliéndose del traje de baño me ponía a cien. Pero lo que más me excitaba es que a veces se ponía a

hacer las pesas desnuda. El ver las tetorras bailoteando mientras "hacia" pectorales me excitaba mucho pero lo que para mi era increíblemente excitante era verla desnuda, en cuclillas, con los brazos extendidos, levantando las pesas por encima de su cabeza. Ver el sexo de Almudena totalmente expuesto, medio abierto por la postura enmarcado por los recios y enormes muslazos me volvía loco. En cuanto la veía así tenia que inmediatamente ir al cuarto de baño y masturbarme como un mono.

Creo que esto bastará para dar una idea de lo mucho que me excita Almudena, la verdad es que esta bien buena. Pero volviendo al hilo; al cabo de un par de años de estar casados sin que yo pudiera decir cómo y cuándo, estaba claro que ella era la que mandaba en la casa. Su "jefatura" se extendía a todo hasta en nuestras relaciones sexuales. Empezó con que ella decidía cuándo y cuándo no, hacíamos el amor; paso a decidir el cómo y el dónde lo hacíamos. El siguiente paso fue exigir satisfacción y de ahí llegamos a que ella me demandaba el sexo oral mientras se negaba a hacérmelo a mi. Esto progreso, así que al cabo de los años me exigía que le produjera orgasmos con mi lengua cuando ella le apetecía y aunque yo me excitara, una vez ella había tenido dos o tres orgasmos, se tapaba y me dejaba a mi caliente y sin otra satisfacción que mi mano.

Las cosas estaban así hasta que hace como seis meses, un sábado por la tarde yo estaba solo en casa y buscando algo en el armario abrí un cajón y encontré unas bragas negras, de encaje, de Almudena. Empecé a imaginarme aquellas bragas conteniendo el culazo de Almudena y me excitó muchísimo la idea. Hundí mi cara en las bragas y aspiré profundamente, pero estaban recién lavadas y no olían a nada. Sin saber muy bien porque, mientras la manoseaba y pensaba en las poderosas ancas de Almudena, se me ocurrió la idea de ponérmelas. Me desnudé y me puse las bragas. Inmediatamente que mi pene toco el suave encaje empezó a levantarse. Sin pensarlo mucho me puse unos zapatos de tacón alto de Almudena y empecé a pavonearme por la habitación medio cayéndome (debido a la falta de costumbre con los tacones altos) llevando la braga de encaje y mi pene casi rompiéndola con una tremenda erección. Una voz a mis espaldas me sacó de mi embelesamiento.

¡Hay que joderse! Yo ya sabía que eras un poco amanerado, pero no sabía que fueras una puta travesti. ¿Y quien coño te ha dado permiso para ponerte mis cosas?

Yo, sorprendido, embarazado y avergonzado me quedé paralizado, mudo sin saber que hacer o decir. Por fin, mientras tartamudeaba me di la vuelta para ver a Almudena y dije:

Al, al, al, Almudena.

En ese momento ella debió de notar mi erección.

Cabrito estas empalmado. No, si igual la puta travesti pensaba correrse y manchar mis bragas. Pues eso no te lo consiento. Vas a aprender tu lo que es bueno.

Tiró su bolso al suelo vino hacia mí, me agarró por un brazo y manejándome como si fuera un muñequito me llevó al lado de la cama. Ella se sentó en la cama, me dobló sobre sus rodillas, bajó las bragas descubriéndome el culo y empezó a azotarme con todas sus fuerzas (que eran muchas).

Ya que te gusta hacer de puta yo te voy a enseñar. Lo primero que tienes que aprender es que no puedes coger mi ropa sin me permiso. ¿Me oyes so guarra?

Almudena, deja de pegarme ¡me estas haciendo daño!

Pues claro que te hago daño. Ni se te ocurra decirme a mi lo que tengo que hacer, so puta. A partir de hoy yo soy tu ama y tu mi putita esclava. ¿Te enteras?

Mientras hablaba, Almudena seguía azotándome yo estaba dolorido, humillado, avergonzado y me sentía impotente. Bueno impotente para poder parar aquella bestia muscular que era Almudena, pero no en el sentido sexual. Porque la azotaina no solamente no había quitado mi erección; al contrario, sin tocarme note una serie de espasmos, tuve un orgasmo y grité que me corría y eyaculé más que nunca. Mi leche salpico las medias de Almudena y la colcha.

Además de putita… masoquista ¿eh cabrón? Te gusta que te pegue ¿eh? Pues lo primero que vas a hacer es limpiar mis medias con tu lengua marrana.

Tirándome al suelo, se puso en pie y dijo:

A cuatro patas, como la perra que eres.

Después de la azotaina que me había dado el mari

macho en que se había convertido mi mujer no tenia ganas de recibir más golpes, así que saqué la lengua y limpié sus medias.

Te gusta que te pegue, ¿eh? pues que bien nos lo vamos a pasar tu yo ¡so guarro! porque a mi me da mucho gusto pegarte. Me ha puesto de un cachondo azotarte el culo que me tengo que pajear.

Sin ningún remilgo se subió la falda hasta la cintura, se quito las bragas y empezó a refrotarse el clítoris y a meter dedos en su coño.

Alberto estoy de un caliente, que no veas, anda putita mía chúpame el culo mientras yo me pajeo.

Así diciendo puso su culo en pompa invitándome. Yo nunca le había chupado el culo, la idea me daba asco y me molestó esta ultima humillación, así que decidí poner las cosas en su sitio.

No me da la gana chuparte el culo Almudena.

¡Joder con Almudena! Como una furia se vino hacia mi, con la falda por la cintura, sin bragas y las negras medias hasta medio muslazo, me dio tres bofetadas bien dadas.

So mierda no se te ocurra volver a hablarme así o te arranco la piel a tiras. Tu haces lo que yo te diga y sin rechistar so marica o ¿es que quieres que te ponga la cara como te he puesto el culo?. ¿Todavía, no te has enterado de quién manda aquí?

Sin más palabras apoyó la frente cabeza sobre la cama, se despatarró, separó sus cachetazos con ambas manos y exhibió su ojete. Yo sintiéndome terriblemente humillado después de la azotaina pero relajado y confuso después de mi orgasmo decidí evitar que me inflara la cara a leches chupando el culo de Almudena. Cuando había chupado y besado un poco Almudena dijo:

Mete la lengua dentro, Alberto, no seas tímido, métela bien metida. Ya sé que llevas tiempo pensando que me quieres meter otra cosa en el culo. Algún día putita, algún día quizás te deje que metas la picha, pero ahora la lengua mamón, chupa.

Seguí sus instrucciones y chupe y metí la lengua mientras ella se masturbaba en su clítoris. Por fin se tumbo sobre la cama y con grandes gritos tuvo varios orgasmos.

Cuando Almudena se tranquilizó, dijo:

Mira Alberto, a partir de hoy vas a ser mi putita y mi esclava todo en uno. Vas a obedecerme en todo y cuando estemos solos haciendo cochinadas me vas a llamar ama. Yo te voy a decir como te vas a vestir que me tienes que hacer y si eres muy buena muy buena, haces todo lo que te diga y me das placer, quizás algún día te daré mi culo. ¿Estamos de acuerdo?

Nunca he tenido mucha fuerza de voluntad pero la verdad es que Almudena era mucho más fuerte que yo y no quería más palizas, además, el orgasmo que había tenido mientras me azotaba era el más intenso que recordaba. Así que dije:

Sí, Almudena.

¡Plass! ¡Vaya una leche que me pegó Almudena con toda su fuerza!

Sí ama, o sí mi ama.

Sí, mi ama.

Así me gusta putita, que aprendas rápido. Mira por contestar tan bien te voy a dar un premio.

Almudena se desnudó por completo, me dijo que cogiera las bragas que se había quitado y me llevó al gimnasio. Allá en pelota picada se puso en mi posición favorita: En cuclillas, con los muslazos bien separados abriendo la flor de su sexo. Me puso delante de ella para que tuviera una buena vista de coño. Se puso a subir y bajar la pesas luciendo los pechos, el culo y el coño y mientras trabajaba con las pesas, jadeando dijo:

Anda putita, que no hace falta que te vayas al cuarto de baño. Mira mi coño, huele mis bragas y mientras hueles y miras te haces una paja pero estate seguro de correrte en las bragas. ¡No me manches mi gimnasio!

Gracias, mi ama.

No se si fue el olor de las bragas, el tener primera fila mirando aquel coñazo o el masturbarme por primera vez delante de Almudena; sea la que fuera la causa, el hecho es que me corrí enseguida. Eso si, tuve mucho cuidado de poner toda mi leche en la braga.

¡Qué cerda eres, Alberto, ya te has corrido dos veces! Te gusta mirar mi coño ¿verdad?

Sí, mi ama, me gusta mucho.

Pues ven conmigo, que lo vas a ver como no lo has visto nunca.

Dejó las pesas, me llevó al cuarto de baño, me metió dentro de la bañera mientras ella se ponía, de pie, a horcajadas, sobre mí. Con las manos separó los labios de su sexo y mientras yo miraba embelesado empezó a orin

ar duchándome a mí.

Mira esclava, ves mi coño, pues mira como te meo. Abre la boca putita, abre tu boquita de piñón.

Yo como buena esclava, sin rechistar, abrí la boca y aunque no la tragué, sentí la cálida orina, recién salida de cuerpo de mi ama, en mi boca. Cuando acabo de orinar abrió la ducha y nos lavamos los dos.

A partir de ese día mi vida cambió por completo. Mi ama me trata como a una esclava. Si hago alguna cosa mal me azota como si fuera una niña mala, me ha comprado un collar de perro y a veces me lo pone en casa me hace seguirla a cuatro patas como un perrillo faldero.

Pronto decidió que puesto que había cogido sus bragas, bragas debería llevar y no calzoncillos. Me compró unas cuantas bragas de seda y me hacía llevarlas debajo de los pantalones cuando iba a trabajar. La verdad es que a mí me gustó la idea y al principio me corrí varias veces en la oficina, simplemente con el contacto de la seda sobre mi pene y el morbo de darme cuenta de que yo, todo un gerente, llevaba bragas. Había días que al llegar a casa Almudena me hacía quitarme la ropa, excepto las bragas, me ponía zapatos de tacón alto y mientras yo andaba y me contoneaba ella se masturbaba en el sofá. Decía que tenia un tipo muy majo y que por detrás, si no fuera por los pelos de las piernas, parecía una niña. A mí la idea de que, paseándome con bragas y tacones pudiera excitar tanto a Almudena me excitaba mucho, tanto que cuando mi ama terminaba de masturbarse yo le pedía permiso para masturbarme. Ella, caprichosa, a veces me dejaba y otras veces no.

Como una bola de nieve crece, el juego fue aumentando. Mi ama pronto decidió que "una putita tan fina como tu" no podía ser peluda, así que me hizo afeitarme la piernas y la ingle. A mí no me importa afeitarme las piernas, pero el escroto y el pene son un problema, a veces me corto, otras veces cuando salen los pelos forman granitos… pero el ama dice que tengo que afeitarme, así que me afeito. Una vez afeitada "la putita", el paso siguiente fue que mi ama me hizo llevar liguero y medias debajo de los pantalones. Claro está que llevaba calcetines por encima de las medias pero cuando llegaba a casa y me quedaba con liguero medias y tacones me daba un morbo enorme, y mi ama se volvía loca conmigo. Decía que tenía unas piernas preciosas y así afeitadas estaban aún mejor. Le gustaba tanto su putita con medias y tacones que una tarde cuando llegué me dio una gran sorpresa. Estaba con mis contoneos habituales y me ordenó que me quitara las bragas. Me quedé con liguero, medias y tacones, el ama estaba en el sofá, completamente desnuda. De pronto de debajo del sofá sacó un artilugio, era un arnés con varias correas y un gran falo de goma. Se puso de pie, se ató las correas y con un tremendo falo saliendo de su ingle me cogió en brazos, y manejándome como un guiñapo me dobló sobre el respaldo del sofá. Yo noté como me metía unos dedos con algo húmedo en culo. Mientras con una sola mano en mi cuello me inmovilizaba sobre el sofá dijo:

Aprende, jodía, aprende, hoy te convierto en mujercita, vas a ver lo que es bueno.

Yo trataba de escabullirme, pero el tremendo marimacho me tenia acogotado.

Por favor, ama, por favor por el culo no, que me va a doler.

Almudena ni se molesto en contestar. Me dio unos azotes bien fuerte y poniendo el falo en mi culo con un empujón de su poderoso cuerpo me empaló. Tan fuerte embistió la fortachona que literalmente me levantó del suelo yo solté un alarido de dolor, miedo y angustia. Después de la brutal embestida mi ama fue muy dulce conmigo. Dejándome todo el falo dentro de mis entrañas me dejó descansar sobre el sillón y mientras acariciaba mis piernas y besaba mi nuca decía.

Pobre putita mía, pobrecita que nunca se la habían follado hasta ahora. Ya veras, mi amor, ya veras, aunque ahora te duela te acabara gustando. Mira te voy a hacer una pajita.

Cogió mi pene con su mano derecha y empezó a masturbarme. Al mismo tiempo empezó con un dulce y lento mete y saca del falo mientras ronroneaba.

Sí, putita mía, sí, traga polla mi amor, traga. Hazte mujer, ay que culito tan rico y recogido que tienes, nada más te faltan una tetitas para volverme loca. ¿Te gusta putita, te gusta?

Sí, ama, me empieza a gustar y me gusta lo que me haces en la picha mientras me da

s por culo. Pero cuidado con el culo, aun me duele un poco.

Calla, putita, calla que ya se que te gusta que te haga daño.

¡Ama, me corro!

Mi ama otra vez me empaló a lo bestia levantándome del suelo y mientras me mantenía recostado en su cuerpo siguió masturbándome. La sensación de reposar sobre el cuerpo de marimacho, tener el culo lleno con el falo y su masturbación fue increíble. Tuve un orgasmo bestial echando torrentes de leche a grandes salpicones que llegaron hasta la pared.

Claro está que ahora que el ama me había hecho "mujer de verdad" quería hacerme aun más mujer. El viernes siguiente me regaló un sujetador bien relleno de esponja que era justo mi tamaño. Cuando me lo puse y empecé a pasearme como a ella le gustaba con liguero, bragas, medias y tacones y ahora con el sujetador añadido mi ama se volvía loca de gusto.

Qué fina y delicada que eres, putita. Qué guapa estas con tus tetitas.

Tanto se entusiasmó con su putita tetuda que sin poderse contener cogió aquel falo se lo metió en el coño y se masturbó con él como una posesa mientras me pedía que le chupara las tetorras o que le enseñara mi culito de puta fina. Claro esta que después de tener un par de orgasmos, se puso el arnés y me empaló a lo bestia. Me puso a cuatro patas en el suelo y me la metió hasta el corvejón. En vez de la dulzura de días antes, ahora me estrujaba los huevos, mordía el cuello y me daba azotes hasta que se hartó de romperme el culo. Acabó el festejo llevándome al cuarto de baño y orinándose sobre mí.

El sábado por la mañana me dio otra sorpresa. Sacó un vestido que había comprado para mí y dijo que nos íbamos a ir de compras juntas. Yo le dije que me daba mucho miedo salir vestida de mujer que me podría reconocer algún conocido o peor aun, alguien del trabajo y sería una vergüenza enorme. El ama sin ningún comentario me puso sobre sus rodillas y me dio una sarta de azotes.

No discutas conmigo, putita. Además, con tu sostén, tacones, vestido y una peluca que te he comprado vas a estar guapísima y nadie te podría reconocer.

No me quedó más remedio que hacer lo que mandaba el ama. Ella me enseñó a maquillarme, pintar párpados, labios, poner colorete. La verdad es que cuando me puse el vestido y la peluca y me miré en el espejo… ¡era una chica muy fina! El ama me miró y dijo:

Estas guapa, putita, pero el vestido te queda un poco grande, por eso es por lo que salimos juntas.

Así es que por primera vez salí a la calle vestida de mujer. Recorrimos varias tiendas y, o nadie notó nada, o la gente era muy discreta. Mi ama me compró unos zapatos negros preciosos, con un tacón altísimo, casi el doble de los que usa ella. Claro que yo tengo las piernas más finas y delicadas que ella. También me compró varias medias negras con costura, un par de minúsculas braguitas negras con encaje blanco, sujetador haciendo juego y un uniforme de doncella muy bonito, negro, faldita corta y bastante escotado, una cofia blanca y una peluca morena completaron las compras. Yo pregunté un par de veces por qué comprábamos todas esas cosas. El ama me dijo que me callara y cuando volví a preguntar me agarró un tremendo pellizco y apretó con tal fuerza que tuve que hacer grandes esfuerzos para no chillar en medio de la tienda, aunque no pude contener las lagrimas. Una vez en casa me dijo teníamos planes para esa tarde.

Mira putita, quiero que te afeites con especial cuidado, que te pongas cremas para que tengas la piel más suave del mundo. Perfúmate y ponte tu uniforme de doncella quiero que estés lo más guapa posible. A las seis espero una visita. Quiero que hagas de doncella. No solo de doncella quiero que hagas todo lo que yo te diga. Todo, todo, sin rechistar, dudar ni protestar. Como no obedezcas en el instante no solo te mato a palos, te echo a la calle y no me vuelves a ver. ¿Me entiendes esclava?

Sí, ama, te entiendo.

Mira putita que esto es lo más importante que te he ordenado hasta ahora. ¡No me falles!

No, mi ama, no fallaré.

Todo, todo, todo sin rechistar.

Sí, mi ama.

Me bañé, me afeité por todos lados, me puse cien cremas y lociones, me maquillé, pinté los labios, puse la lencería nueva, las medias, el uniforme, los zapato

s y la cofia. Me miré en el espejo y la verdad es que estaba atractiva. Las piernas las tengo bonitas y bien afeitadas, con las medias y la falda del uniforme llegando nada más que un palmo por encima de las rodillas más que atractiva estaba de lo más incitante.

A las seis menos cuarto había acabado con mis arreglos. Salí del dormitorio, en el cuarto de estar estaba Almudena. Ella también se había arreglado. Bien maquillada, los labios casi morados, con un vestido de terciopelo rojo oscuro, muy escotado, largo hasta los pies, con una gran abertura en un lado. Aunque se la veía sólida y hasta corpulenta, la verdad es que quedaba muy atractiva. El vestido, bien ajustado, realzaba sus grandes pechos y su magnifica grupa.

Estas muy guapa putita. Todo el mundo me va a envidiar mi doncellita.

Gracias, ama.

Recuerda, putita, obedeces en todo, sin dudas ¡no me hagas quedar mal!

No se preocupe ama, que obedeceré ciegamente.

En ese momento sonó el timbre de la puerta.

Vete a la cocina putita que abriré yo.

Me fui a la cocina y desde allí escuche voces y risitas. Una voz era de hombre, mejor dicho un vozarrón era de hombre. A los pocos minutos vino Almudena a la cocina.

Tráenos una ginebra con tónica y un jerez. Recuerda, obedece y calla.

Sí, mi ama.

Yo estaba de lo más intrigado con tanto énfasis y secreto, pero sabía que pronto se acabaría el secreto. Puse las bebidas en una bandeja y me encaminé al cuarto de estar. Primera sorpresa, andar con tacones altísimos y llevar bebidas en una bandeja ¡no se aprende en un día! Segunda sorpresa con la que casi tiro la bandeja y todas las bebidas. En el cuarto de estar había un tío enorme, grande como un armario, que sentado en el sofá le había sacado una teta a Almudena y se la estaba mamando. La muy guarra no solo se dejaba hacer si no que le estaba sobando la entrepierna. Tosí discretamente.

Ah, Carlos, mira, esta es la doncellita de que te he hablado: "Alberta".

Carlos dejó la enorme teta de Almudena colgando fuera del vestido y me miró como un ganadero puede mirar a una vaquilla.

Quizás un poquito menuda y delicada pero sí que es guapita, sí.

Yo serví las bebidas en la mesita de café. Al inclinarme noté la manaza de Carlos por debajo de mi falda. Di un pequeño respingo pero me acordé de mis instrucciones y no dije nada. El muy cabrón dijo:

Sí que tiene el culito suave y recogido, sí.

Yo viendo a la golfa de Almudena con una teta colgando, sobándole la ingle a aquel tío, mientras él me metía mano por debajo de la falda me puse de lo más incomodo y cabreado. Hice grandes esfuerzos por contenerme. Poniendo mi voz más dulce y aflautada posible dije:

Si la señora no manda nada más me retiro.

No seas impertinente, Alberta, habla cuando te hablen. Quédate aquí.

Yo me quedé como un pasmarote mientras los dos después de beber un poquito de sus bebidas volvieron a su besuqueo y sobeteo. La verdad es que era la leche estar delante de mi mujer mientras la muy puta se magreaba con aquel cabrón. Hablando del cabrón, me había parecido grande, pero en realidad era enorme. Sus hombros eran dos veces la anchura de los hombros de Almudena y las piernas eran más largas y más gordas que las de Almudena. Mientras yo miraba, Almudena se levantó y sin importarle que yo estaba allí se quitó el vestido. La viciosa no llevaba sujetador, así que se quedo únicamente con las bragas y los zapatos. Sin ceremonia le quitó la chaqueta y la camisa a Carlos, aflojó su cinturón, abrió la bragueta sacó la polla y sin palabras se la metió en la boca y mamó como loca.

Yo estaba alucinando. El ver a Almudena de espaldas a mí sacando su maravilloso culazo mientras chupaba la verga de otro tío delante de su marido era demasiado. Pero ¡que tío! Almudena tiene buenos músculos pero el tal Carlos los tenia el doble; el pecho era un enorme triangulo con músculos saliendo como tallados a cincel. Mientras yo estaba boquiabierto, Carlos se levantó y se desnudó por completo. Tenia unos muslos como cuatro veces los míos, pero los muslos no eran nada comparados con la tranca. Ave María Purísima ¡que tranca! Con los chupeteos de Almudena se había puesto bien tiesa y aquello era un monstruoso as de bastos más que un pene. Mientras yo la miraba con incr

edulidad Almudena dijo:

Mira Alberta, mira que músculos, ¡que verga! Hace un año que conocí a Carlos en el gimnasio y desde entonces me folla como un salvaje. Mira Alberta, ¿verdad que no te sorprende que este nabo buenísimo me vuelva loca? Estoy enviciada con este nabo. Me hace falta a todas horas. Ven aquí toca Alberta toca.

Yo mire a Almudena con sorpresa. ¿Me estaba pidiendo que cogiera la verga de un tío en mi mano? Ella con un gesto imperioso resolvió mis dudas. Cogí la verga de aquel gigante, no la podía abarcar con una sola mano a duras penas bastaba con dos manos. Era dura y poderosa.

¿Que te parece Alberta?

Es muy… grande y dura señora.

No solamente es grande, tiene un sabor… de maravilla. Anda chúpala, Alberta, ¡chúpala!

Yo me iba negar a hacerlo pero la mirada de ira de mi ama y la patada en un tobillo me recordaron que tenia que obedecer. Me incliné sobre aquel falo de leyenda y sujetándolo con ambas manos lamí el enorme capullo.

Métetela en la boca, Alberta, verás que buena está.

Con un gran esfuerzo conseguí meter algo de aquel descomunal ariete en mi boca. Mientras chupaba, Almudena con mucho desparpajo metía una mano debajo de la falda y mientras me acariciaba el culo decía:

Ay que culito tan recogido y tan suave tienes hija. Carlos, cabronazo, que bien te lo vas a pasar.

Yo levanté la cabeza para hacer una pregunta pero antes de que pudiera decir nada Almudena dijo:

Qué verga ¿verdad? No te extrañara que este cacho de carne gloriosa me vuelva loca ¿eh? Seguro putita que tu entiendes mi fascinación por esta tranca maravillosa. Mira, putita mira que bien jode.

Sin más preámbulos se quitó las bragas y ella sola se ensartó la descomunal verga en su sexo. Enseguida empezó a chillar y mientras cabalgaba decía qué grande era la polla, qué gusto que le daba, como la sentía dentro, dentro y que Carlos tenia la mejor verga del mundo. En menos de cinco minutos estaba aullando pregonando al mundo su intenso orgasmo. Cuando aun estaba chillando y jadeando, Carlos se levantó del sofá y, en una exhibición de fuerza, puso un brazo alrededor de la cintura de Almudena y levantándola como a una pluma, la llevó junto a la mesa camilla, de un empujón la dobló sobre la mesa, boca abajo, dejándole el glorioso, enorme y macizo culazo de mi ama bien expuesto. Carlos escupió en su mano y aplicó la saliva en el ojete de Almudena.

Carlos, no por favor, no me des por culo. Me vas a desgraciar con tu vergón. No, no me des a mí. ¡Dale a Alberta!

Carlos sin inmutarse le dio unos azotes con gran fuerza y dijo:

Calla, putorra, que siempre protestas y luego te encanta.

Yo miraba transpuesto, como hipnotizado. No podía creer que la fuerte, muscular y dominante Almudena, mi ama, fuera manejada como un guiñapo, dominada, azotada y estuviera suplicando, implorando y gimoteando; pero la verdad es que Carlos era descomunal y poderoso, un verdadero coloso. Carlos puso algo de saliva en su gigantesca verga y poco a poco, recreándose en su potencia y vigor la introdujo en el enorme y glorioso culo de Almudena. Almudena durante unos momentos crispó sus manos en el borde de la mesa, puso ojos como platos y se quedó sin respiración, Cuando, por fin, consiguió respirar, grandes lagrimones corrían por su cara pero ella me miro y, con orgullo, dijo.

Mira, putita, mira y aprende como toma por culo una mujer de verdad, mira como me rompe el culo ese vergón de gloria. Mira como goza la bestia de Carlos. Aprende, putita aprende, porque al principio duele pero al final… al final es pura gloria. Cuando Carlos acabe conmigo te va a ensartar a tí.

Yo ya me temía algo así. Viendo a mi ama, con un culazo el doble de grande que el mío, ensartada como una aceituna por el atroz instrumento de aquel gigante, su rictus de dolor y los lagrimones corriendo por sus mejillas me aterrorizó. Pero al mismo tiempo me fascinaba. Poco a poco Carlos incrementó el ritmo de su mete y saca, Almudena ahora se movía con él y ella sola, empujando contra la mesa camilla, se empalaba con violencia en la desmedida estaca. Carlos la animaba:

Lo ves, putorra, siempre te quejas y luego tomas por culo como una diosa. Goza, gorrina, goza de mi verga. Me das un gusto con tu culote. Goza, ramera, goza mientras te rompo este culo glorioso que tienes ¡so maciza!.

Mientras así decía le daba tremendas embestidas con

su pelvis y el marimacho fortachón que era Almudena no solo aguantaba, tomaba y tomaba sino que, hasta ella misma, con sus movimientos se ensartaba en la verga de aquel bárbaro. Por fin Almudena empezó a gritar enloquecida, desvariando, perdido el control y la cordura:

Me matas, cabrón, me estas matando con esa tranca, pero qué bueno, te noto dentro de mí desgarrando mis entrañas. Dame, cabrón, dame sin piedad. Quiero toda tu polla ese vergón es todo para mí. Jode mi culo hambriento con toda tu fuerza. ¡Jode mi culo de puta viciosa! Jódelo como nunca lo has jodido. Me voy a correr, me voy a correr. Hasta los huevos, Carlos, méteme esa verga de ensueño hasta los huevos. Sin compasión, rómpeme en dos, destrózame. ¡Mátame con ella, Carlos, mátame! Me corro, Carlos, me corro. Dame toda tu leche Carlos ¡dámela!

Por fin con un gran aullido Almudena tuvo una serie de orgasmos que como espasmos agitaron su cuerpo. Casi al mismo tiempo Carlos aúllo, se corrió y cayo sobre la espalda de Almudena. Yo quería irme, aterrorizado por aquel épico follar de gigantes; pero mis piernas no me obedecían y permanecía paralizado, hipnotizado, mirando aquellos dos cuerpos a cual más atlético a cual más muscular, a cual más fuerte, a cual más deseable. Por fin Carlos se irguió y poco a poco sacó su tranca imperial del trasero de Almudena. Viendo al tío así, fuerte, poderoso, desnudo, de pie, su piel reluciendo con el sudor, con todos los músculos marcados como si una lamina anatómica fuese y con el inmenso falo, enhiesto, furioso y amenazante, me fascinaba. Parecía un dios griego, bello, poderoso, sexual. Poco a poco Almudena se irguió también y dijo:

Anda putita mía, ¿no ves como esta de sucia la polla de Carlos? ¡Límpiale esa gloria nacional con tu lengua!

Yo, como en trance, me arrodille delante de Carlos y como pude chupé, lamí y limpié aquel impresionante instrumento de placer. Era mi primera picha, pero ¡que picha! Carlos puso su mano sobre mi cabeza y medio me acariciaba medio me empujaba para meter su enorme pija en mi boca. Por fin Almudena se acerco a mí y dijo:

Ven, putita, ven. Le he prometido a Carlos que le sacrificaba tu culo de puta fina. Él esta como loco por probarlo. Ven y no dejes mal a tu ama.

Me puso sobre la mesa camilla en la misma postura que ella había estado antes, boca abajo, con el cuerpo sobre la mesa. Levanto la falda de mi uniforme y me quitó las bragas nuevas. Separó los carrillos de mi expuesto culete y arrodillada tras de mí, con una dulzura inusitada en ella, comenzó a darle besos y lamer mi culo, después metió su lengua profundamente y tiernamente decía:

Animo, putita, se fuerte, veras que gloria da el vergón de Carlos. Al principio duele, pero luego…

Yo temblaba como una hoja al viento. No se si de miedo, de excitación o de qué. Con cuidado mi ama puso un lubricante en sus dedos y los metió en mi culo. Metió y sacó, dilató mi esfínter y, al cabo de unos minutos, cuando consideró que estaba listo, chupó con vicio y glotonería la verga de Carlos y dijo al gigante:

Con cuidado, bestia, no me vayas a desgraciar a mi putita.

Carlos apoyando la punta de su lanza contra mi culo dijo:

Sí que tiene un culito chiquitín y respingón. Gracias, Almudena, me lo voy a encular con mucho gusto.

Almudena corrió al otro lado de la mesa camilla, y tumbándose sobre ella puso su cara frente a la mía y sus manos sobres mis hombros. Empezó a acariciarme y consolarme. Carlos, lento pero seguro, ponía presión en mi culo y comenzaba a hundir su enorme pistón. Yo sentí como si un cuchillo al rojo vivo me desgarrara y abrasara las entrañas. Sin poderme contener aullé de dolor, angustia y desesperación. Estaba sin poder respirar, aterrorizado, gimoteando, implorando, suplicando a mi ama que parara aquella tortura. Almudena me acariciaba la cabeza y los hombros.

Aguanta, putita, aguanta. No me llores, ya veras que delicioso acaba siendo. Acuérdate de mí, de cómo he aguantado yo, sé una mujer de verdad. Acoge el vergón de Carlos en tu cuerpecito de puta. Sí, vida, así, así aguanta. Tómala entera, hasta dentro putita, cuanto más dentro más puta eres, así, así.

Poco a poco el hierro candente fue desapareciendo, las sensaciones de desgarro y presi&oa

cute;n también se fueron, Carlos metía y sacaba su descomunal instrumento con un ritmo continuo y yo empecé a notar como una onda de relajamiento y laxitud invadía mi cuerpo.

Lo ves, putita, lo ves por que quería yo que gozaras de esta picha gloriosa. Esta picha de Carlos es un tesoro de la humanidad. ¿Ves qué bueno que es? Goza Albertita, goza con mi regalo, siéntete mujer de verdad. Goza de la polla de mi amante en tu culo. ¿Ves cómo te quiero?, te he traído como regalo la fuente de mi placer, la picha de mis sueños. Goza de esta picha imperial dentro de tus entrañas, goza de mi regalo. Carlos, ¡no seas bestia! ten cuidado y no me rompas a mi putita que me hace mucha falta, con cuidado, así, así.

Una gran paz invadía mi cuerpo yo me abandoné al placer de ser usado, de ser poseído, de ser gozado por aquel coloso, de ser una puta completa, de entregar mi culo y de recibir el cariño, las caricias y el consuelo de mi ama, Almudena. Ella al ver que me tranquilizaba y dejaba de sufrir dijo:

Goza, pequeño goza. Ahora veras qué bien te lo pasas. Ya verás cómo te envicias y acabas pidiendo más y más verga. Ya lo sé yo que vas a ser una viciosa de verga. Mira, como premio a lo bien que aguantas te voy a dar aun más gusto.

Poniéndose bajo la mesa mientras la inmensa verga de su amante, entrando y saliendo cual gigante embolo, destrozaba mi culo ella con cariño y vicio chupo mi picha. ¡Qué delicia! El vergón colosal rompiendo mi culo y la boca de Almudena mamando y chupando mi humilde polla. Lo único que pude hacer en un susurro, suspirando, fue decir:

Gracias, mi ama ¡Gracias!

Con los más profundos espasmos de mi vida, tuve un violento orgasmo y mi ama chupó y tragó toda mi leche. Carlos no me dio tregua ni cuartel. Con su ariete siguió perforando mi puerta trasera sin piedad. Mi ama le chilló:

Acaba, Carlos, acaba, que si no me matas a la putita.

Carlos aceleró sus brutales enculadas y por fin sentí como derramaba su cálida y abundante semilla en mis entrañas. Carlos dio un grito y calló derrumbado al suelo.

Almudena, guarrona, tenias razón. El culo de tu maridito es el mejor culo que he tenido nunca. Qué apretado que está y que suave es la piel de tu putita. Qué gustazo sentirlo apretando mi verga. Hoy ya estoy exhausto, pero quiero repetir, quiero joderme otra vez a esta puta. Quiero destrozar a tu doncellita.

Almudena salió de debajo de la mesa y besándome dijo:

Estoy tan orgullosa de ti, putita, qué bien has aguantado, qué bien, qué bien. Tu también puedes estar bien orgullosa has tomado por culo como una reina. Y ¡vaya verga que te ha empitonado! Te lo digo yo que he visto muchas, desde hoy no le tienes que tener miedo a ninguna verga ¿Has gozado, pequeña?

Mucho, mi ama, he gozado mucho, gracias por tanto dolor y tanto placer.

Después de esa tarde maravillosa mi ama me exhibe en publico más a menudo. Me compra ropa muy atractiva, comparte sus amantes y hasta a veces pienso que los encandila y retiene prometiéndoles el culo de la puta de su marido. Hacemos muchas cosas. Un juego que le gusta mucho es que vayamos juntas a clubs de lesbianas y hacer "tortillas" allí en publico. Más de una vez hemos traído una tortillera a casa. A las lesbianas les encanta el corpachón fuerte y muscular de Almudena y se dejan dominar por ella hasta el punto de aceptar mi picha en alguno de sus orificios. A veces a traído a dos y tres tíos a casa y me puesto loco de chupar y tomar por culo. La semana pasada trajo a cuatro tipos del gimnasio. Ninguno era tan grande como el bárbaro de Carlos. Pero todos ellos eran fuertes y tenían instrumentos bien respetables. Me dejaron hecho unos zorros. Como me dieron los muy bestias, aun ando raro de como me desollaron los animales. Pero mi fuente de placer sigue siendo mi ama. Disfruto cuando me azota y me humilla. Yo hago lo posible por complacerla, hago siempre lo que ella manda. Siento no tener tetas par poder complacerla. Hasta he pensado hacerme una operación y poner unos implantes. Pero mientras trabaje no puedo hacerlo. El gerente "duro" no va a sacar tetas de un día para otro.

De todas las cosas que hacemos, lo que más me gusta es que muy de vez en cuando, si me he portado muy bien, como premio Almudena me azota hasta que lloro, luego me encula con su falo y me humilla con su ducha dorada. Después de ducharnos, mi ama, totalmente desnuda y aceitada para que re

luzca su piel y destaquen los músculos empieza a hacer pesas en cuclillas. Verla así, exponiendo, solamente para mí, su sexo glorioso enmarcado por los poderosos muslazos, abriéndose y cerrándose con el sube y baja, me produce una erección casi instantánea. Tan pronto como estoy empalmado Almudena deja las pesas y a cuatro patas me la chupa y después me deja encularla. ¡Qué gozada! ensartar el poderoso culote de ese marimacho vicioso que es mi ama. Eso… ¡Eso placer!.

Bueno pues este es el ejemplo de mi teoría. Uno puede tratar de ocultar y compensar pero al final todo acaba en su sitio. Yo tímido y apocado, en la empresa puedo aparentar ser el gerente "duro" pero de alguna forma la "gravedad" me ha puesto en las garras de Almudena que me ha transformado en lo que de verdad soy: ¡una dulce, obediente, sumisa y viciosa esclava!

Alberto

Albmartin (arroba) yahoo.com

 

La Ausencia del sostén

Hetero, polvazo. Un profesor "chantajea" a su alumna para darle buena calificación en el examen final.

"Si te portas bien conmigo quizá puedas aprobar" parecía decirme la expresión entre lasciva y amable de mi maestro de sociología, a quien yo visitaba en su cubículo como consecuencia de mi nota reprobatoria en el semestre. Jamás antes había reprobado semestralmente una materia y en verdad estaba afligida. El día del examen final había llegado hora y media tarde por problemas de tráfico y en consecuencia no había podido contestarlo como era debido.

Juan Luis era un maestro joven e inteligente y aunque no muy guapo, resultaba atractivo para la mayoría de sus alumnas, yo entre ellas. Su tipo no parecía el del maestro aprovechado, siempre me había parecido un caballero, pero en ese momento su indiscreta mirada pareció traicionarlo. Recorrió mi cuerpo con un dejo de lujuria, moviéndose alternadamente entre lo mucho que no ocultaba de mis piernas mi falda, y los pequeños bordes que mis pezones producían sobre mi ajustada camiseta gracias a la ausencia del sostén. En ese momento un silencio sepulcral llenó la pequeña oficina.

Por momentos me sentí confundida con lo que estaba pasando. Pensaba que quizá mi mente estaba inventando cosas, pero mi corazón empezó a latir como loco cuando Juan Luis se acercó a la puerta para ponerle llave. No supe qué hacer.

-Mira, Mónica, no eres mala alumna y mereces pasar, pero tu examen final no te ayuda mucho- me dijo mientras se sentaba en la silla de junto, evaluación en mano, y colocaba su brazo sobre mi espalda. – Mira, no miento- me decía al tiempo que mostraba el examen casi vacío.

-Sólo permíteme demostrarte que sí sé la materia, Juan Luis, tú sabes que no tuve tiempo para contestar el examen porque llegué tarde- le contesté tratando de explicar mi problema, pero su mente no estaba en mis palabras. Simplemente sus ojos se fijaron en los míos y sus labios se fueron acercando lentamente a mi boca. No tuve oportunidad de pensar, no pude hacerlo. Sólo cerré los ojos y repentinamente me vi envuelta en sus apasionados brazos. Me besó con excitación incontenible y sólo me entregué a la tarea de corresponderle. Quizá debía abofetearlo, gritar, patearlo, o algo así, pero aún dudo si no pude o no quise. Me inclino por esto último.

Pronto nos encontrábamos en ardiente entrega. El pasional intercambio de besos se acompañó del recorrido de nuestras manos por el cuerpo del otro. En pocos instantes me vi despojada de mi playera, luego sus manos se colaron bajo mi falda y sin mucho preámbulo, se dieron a la tarea de bajarme pantaletas y bragas al unísono, evidenciando su altísimo grado de excitación. A continuación, simplemente me recostó en la alfombra y, tras liberar ansiosamente su virilidad, la dirigió nerviosamente hacia mi entrepierna para ingresarme con más anhelo que habilidad. En ese momento, para mí la sorpresa se había convertido en excitación, y le recibí anhelante.

Durante los siguientes instantes su accionar correspondía más al del animal copulando que al del amante haciendo el amor. Yo no sé si esa fue su primera vez, para un hombre de veintitantos parece imposible, pero su comportamiento indicaba que esa era una de sus primeras experiencias. No pasaron más de dos o tres minutos cuando finalmente se vino dentro de mí. Instantes después su rostro pareció aterrado, como si una profunda sensación de culpa le estuviera inundado. Se iba Mr. Hyde y estaba regresando el Dr. Jekill a su cuerpo. No pronunció palabra alguna. Sólo se levantó asustado y, tras ayudarme a incorporarme, levantó mis íntimas prendas que yacían en el piso y me las entregó como invitándome a ponérmelas, lo cual hice tranquilamente.

Se supone que yo debería ser la ofuscada, pero no era así. No sé porqué, quizá porque nunca percibí maldad en él, quizá porque en el fondo yo quería aquello, pero en vez de coraje o repudio, aquel hombre sólo me inspiró ternura. Correspondiendo a su silencio, sólo quité el seguro de la puerta y me marché de aquel lugar, no sin antes dedicarle una sonrisa que pretendía tranquilizarle.

Aún me reprocho

haber obtenido aquel 10 de esa manera. ¡Parece tan vil! Juan Luis jamás me volvió a dar clase, pero cuando eventualmente nos llegábamos a cruzar en la universidad, su rostro tomaba tal tonalidad rojiza que todavía me hace gracia el recordarlo. Naturalmente en su momento no conté la aventura a nadie, para no afectarlo.

De aquella experiencia aprendí que quien es muy bueno en una cosa puede también ser muy malo en otra; y que el poder de una falda corta y de la ausencia del sostén, son un recurso que las mujeres no debemos ignorar; a mí me ahorró la necesidad de presentar de nuevo mi examen.

 

Por ser más bueno que el pan (II)

Hetero, polvazo, trío. Aclaradas las dudas y la ausencia de celos, una pareja de novios comparte nuevamente experiencias sexuales con un amigo.

Al llegar de regreso a su departamento Alejandro se puso a platicar con Carlos y le dio el regalo que Vero le había enviado. Muchos hombres le hubieran dicho cosas como "qué puta es tu novia", "cómo dejas que te ponga los cuernos así" o frases por el estilo, pero Carlos no era imbécil. Como persona inteligente, entendió que una actitud como la de Vero era más digna de agradecerse que de criticarse. -Les estoy muy agradecido a los dos por el momento que me permitieron; en verdad me levantaron el ánimo- dijo Carlos. Su amigo le explicó que no tenía nada qué agradecer, que los dos lo habían disfrutado mucho y que eso a él también lo hacía feliz.

Ese domingo, Alejandro se despertó temprano y se dirigió a recoger a Vero para llevársela al departamento, como habían quedado el día anterior. Esta vez ella llevaba puesta la mini falda más corta que él jamás le había visto, combinada con una blusita escotada que revelaba la inexistencia del bra. Aunque Alejandro ya estaba acostumbrado a la forma cachonda de vestir de Vero, esta vez se vio tentado a pedirle que se pusiera algo más discreto, pero tuvo pena de hacerlo. Por otro lado disfrutó enormemente el atuendo de su novia, aunque sabía que al salir a la calle todo mundo se le quedaría viendo envidiosa o libidinosamente. Vero le pidió que fueran a desayunar a un sitio cercano, y ya en el lugar, le comentó que se sentía sumamente apenada por lo ocurrido el día anterior. Le dijo que no quería regresar a su casa porque se sentiría avergonzada al ver a Carlos. Que se acordaba de lo que había hecho, y deseaba no haber tomado tanto brandy. Su novio la consoló diciéndole que le gustaba mucho la Vero del día anterior, que jamás la había gozado tanto, y que lejos de tener algo qué recriminarle, le estaba profundamente agradecido por haberse portado tan bien con su mejor amigo. Ella no pudo ocultar la felicidad en su rostro. -¿Estás seguro que quieres que sigamos siendo novios a pesar de lo de ayer?- le preguntó incrédula. -Ahora más que nunca- le contestó Alejandro seguro de sí. Entonces, Vero se levantó emocionada y le dio un indiscreto beso que, combinado con su corta falda, llamó la atención de los comensales del lugar. Terminaron de desayunar y se encaminaron al departamento.

En el camino, Alejandro la percibió excitada; supuso que le emocionaba la posibilidad de tener sexo de nuevo con Carlos, ahora totalmente sobria. De manera evidente, la calentura de ella iba subiendo a medida que se acercaban al departamento. Él se acordó de sus primeros días como novios.

Cuando llegaron Carlos aún dormía en su cuarto; Alejandro puso la película erótica que no habían visto el día anterior, y se recostaron en el sofá de la TV a disfrutarla. No habían pasado más de tres minutos desde que empezaron a ver el video, cuando las manos de aquellos novios se dieron a la tarea de acariciar con lujuria a su pareja, alentadas por las estimulantes imágenes que aquel par de amantes disfrutaba. Generosamente, e inspirada por las escenas de la película, Vero se hincó a los pies de su amante, desabrochó su pantalón, extrajo su miembro y empezó a consentirlo con su boca, procurando la delicia para su compañero. Entre tanto, Alejandro procuró agradecer aquellos favores acariciándola en sus anhelantes senos.

Tras varios minutos de sumo gozo, apareció Carlos aún somnoliento pero completamente atónito ante el espectáculo que sus ojos presenciaban. Seguro de contar con la aprobación de su novia, Alejandro levantó la de por sí reveladora falda, y sonrió a su amigo, como invitándole a unírseles. Sin dudarlo un momento, aunque visiblemente nervioso, Carlos bajó su pijama y trusa para liberar a su miembro y se acercó al trasero de Vero dispuesto a disfrutarlo. Arrebató con ansia las pantaletas de ella y la penetró, induciendo en ella un sonoro gemido que delataba un profundo placer. El enorme disfrute que le proporcionaba la actividad simultánea que tenía por primera vez con dos hombres, se reflejó en el excelso actuar de su boca sobre el sexo de su novio. T

ras varios minutos, al sentir cerca su eyaculación, Alejandro le pidió que dejara de complacerle para poderla penetrar cuando su trasero se desocupara.

Concentrada entonces en satisfacer sólo a Carlos, sincronizó el movimiento de su cadera con el de su amigo, obligando al cabo de unos momentos la eyaculación de su compañero en turno, tras lo cual se acercó a Alejandro para coger con él. Se sentó sobre él, frente a frente, de manera que su pene la penetrara, acción que se facilitó por la miel de Carlos que aún le escurría por la entrada vaginal, y que actuaba como lubricante. Se mecieron uniformemente disfrutando del entra y sale de aquel miembro mientras Carlos sólo contemplaba completamente relajado. Finalmente, Vero se estremeció haciendo notorio su orgasmo al tiempo que Alejandro derramaba dentro de su novia una nueva dosis de semen.

Las horas siguientes fueron de mucha relajación; miraron TV, comieron ricas botanas preparadas por los tres, y se tiraron a retozar relajadamente. Después de comer, Carlos propuso que jugaran al "strip poker", ese juego de cartas en el que en cada ronda el perdedor debe quitarse alguna prenda, hasta que alguien quede completamente desnudo. Vero y Alejandro aceptaron gustosos.

Compitieron hasta quedar desnudos los tres. Para seguir el juego, empezaron a establecer castigos para el que perdiera: dejarse sacar fotos desnudos, masturbarse ante los otros por un minuto, narrar una fantasía, revelar una aventura sexual desconocida para los demás, salir a la calle desnudo cubierto sólo por una gabardina, hacer una llamada telefónica excitante a algún conocido, besar a otro participante donde éste quiera, ir a comprar 10 paquetes de condones a la farmacia de la esquina, pedir prestado un condón a un desconocido en la calle, asumir por 15 segundos una pose tomada al azar de una revista porno, decir el nombre de alguien cercano pero no presente con quien le gustaría acostarse y muchas mas.

Después de varios castigos, a Vero le tocó confesar una fantasía, por lo que platicó haber fantaseado con ser penetrada por ambos orificios inferiores de manera simultanea. Evidentemente, esa fantasía excitó poderosamente a ambos muchachos, por lo que, ni tardos ni perezosos, se abalanzaron sobre su compañera, medio en broma, medio en serio. Ella, también visiblemente excitada, sentó a Carlos en el sofá y se colocó sobre él de frente penetrándose la vagina, para a continuación recostarse sobre él de manera que su trasero quedara libre para que su novio la penetrara por atrás, como en el día anterior. Tras mucho esfuerzo, finalmente lo logró.

Después de tan activo fin de semana, aquel día estaba llegando a su fin y de nuevo la chica debía regresar a casa. Alejandro y Vero se vistieron nuevamente. Ella se despidió de Carlos tan cariñosamente como lo solía hacer con su novio, mientras éste contemplaba comprensivamente el entusiasmo de su compañera. Minutos más tarde, de nuevo Alejandra estaba en su casa en el horario en que toda chica bien portada debe estarlo.

Autor: Mónica

eMail: mm2001 (arroba) starmedia.com

 

Mi Dulce e increible Liliana

Hetero, polvazo, trío, doble penetración anal-vaginal, doble penetración vaginal, relato del dia. Una pareja descubre dimensiones desconocidas del sexo que refuerzan todavía más su unión cuando comparten el placer a tope con otro hombre.

Mi nombre es Raúl, soy Argentino, de 41 años y quisiera relatarles una historia muy removedora que me sucedió hace unos seis meses.

Estuve casado casi diez años; de ese matrimonio tuve 3 hijos, dos nenas y un varón. Hace unos dos años que tengo una nueva pareja, Liliana de 38, con la que estoy conviviendo hace diez meses. Nuestra relación es excelente desde todo punto de vista, afectivo, sexual, compañerismo, etc., inclusive me llevo bastante bien con sus hijos, una nena y un varón adolescentes.

Decidimos tomarnos unas vacaciones en el Caribe, tener esa tan merecida luna de miel que no pudimos tomarnos cuando nos fuimos a vivir juntos. Preparamos nuestras valijas y pasaportes, nos tomamos un avión y fuimos a pasar una semanita en Acapulco – México. Como nuestro viaje era de placer y no cultural, solo visitamos Taxco en el primer día, luego nos pasamos tomando sol en la playa o la pileta del hotel y saliendo a bailar a boliches.

Liliana lleva sus 38 años muy pero muy bien, es una rubia delgada de ojos celestes que sobrepasa un poco el metro sesenta, tiene un cuerpo hermoso que a mí me encanta que muestre. Sus piernas y su cola son espectaculares, sus pequeños pechos son deliciosos y hacen que su figura sea muy armónica, debe ser de las pocas argentinas de clase media que no se los ha reconstruido, aunque está dentro de sus planes. Su cara no solo es bonita, sino que su sonrisa es capaz de iluminar un teatro. Si hay algo que complementa y completa a Liliana, convirtiéndola en una mujer extraordinaria, es su dulzura. Creo que soy bastante fiel en la descripción, aunque esta suene como la descripción de un hombre enamorado, cosa que también es cierto, estoy completamente enamorado de Liliana.

Me encanta que Liliana muestre su cuerpo y que resalte sus virtudes físicas cuando se viste. Cuando salíamos a bailar y aprovechando que no estábamos en Rosario, ciudad no muy grande de Argentina en la que uno a cada rato se encuentra con conocidos, ella se ponía vestidos muy cortos, pegados al cuerpo y provocativos. Su belleza y aspecto europeo hacía que los mexicanos se dieran vuelta a cada rato para mirarla. En los boliches cuando íbamos a bailar y yo iba al baño o a la barra a buscar bebidas, cuando volvía, siempre encontraba a algún tipo invitándola a bailar o intentando conversar con ella. Estas situaciones siempre me producían cierto escozor muy excitante. Después yo le preguntaba si el fulano le había gustado, si le gustaría acostarse con él, bromeábamos y nos excitábamos durante la noche con eso. Cuando llegábamos al hotel nos imaginábamos a uno de esos fulanos interviniendo en nuestras sesiones de amor y sexo. A mí me pone a mil el imaginarme a Liliana con otro hombre, lejos de ponerme celoso me excita enormemente, pero eso sí, siempre en mi presencia. Fueron noches muy excitantes y placenteras.

Almorzábamos por donde nos sorprendiera el hambre y el mediodía, pero normalmente cenábamos en el restaurante del hotel. La primera noche luego de volver de Taxco, cuando íbamos a cenar encontramos el restaurante lleno, una pareja de Brasileros, Claudio y Marta, muy simpáticos, de treinta y pico de años, nos ofrecieron compartir su mesa. Luego de eso casi todas las noches cenábamos con ellos. La noche antes de irnos lo encontramos a Claudio solo. Extrañados le preguntamos por Marta. Nos dijo que la llamaron de la empresa en que trabaja, pues la famosa prueba del año 2000 tenía problemas graves y como ella es la jefa de sistemas, tuvo que salir corriendo y sin poder despedirse de nosotros que estábamos en la playa. Como consiguieron sólo un lugar en el vuelo, él se quedaría un par de días que era para cuando tenía reserva.

Todo lo que escribo a continuación es apelando a mi buena memoria y a la reconstrucción de los hechos que hicimos con Liliana infinidad de veces. Claudio hablaba una especie de "portuñol" que yo intento traducir en este relato. Quizás las palabras que él dijo no son exactamente las que yo escribo, pero creo no cambiar la esencia de lo que él quiso expresar.

Cenamos con él y después fuimos al bar a t

omarnos unos Margaritas. Nos divertimos y reímos muchísimo, Claudio era una persona tremendamente divertida y su charla siempre picante y con doble sentido era muy entretenida. Cerca de medianoche nos pregunta:

¿Qué van hacer ahora después?.

Vamos a reventar la última noche que nos queda en algún boliche – le contesto.

Vamos a tomar unos tragos a mi habitación como despedida – nos invita.

Estuvimos de acuerdo con Liliana y fuimos a su habitación que era muy lujosa comparada con la nuestra. Además de tener una vista espectacular y ser enorme al igual que la cama, tenía varios sillones y estaba completamente equipada, fax, equipo de audio, video, etc.

Nos fabricó una especie de caipirinha pero con tequila dado que estábamos en México y no en Brasil. A medida que tomábamos nuestros tragos la conversación se fue haciendo más picante e insinuante. En determinado momento Claudio nos pregunta:

¿Siempre tuvieron sexo únicamente de a dos?.

¡Claro que sí! – le contesto.

¿Y vos? – le pregunta Liliana.

No nos contesta, se levanta saca un video del armario y lo pone en el equipo. Durante 15 minutos vemos una película casera en la que los protagonistas eran Claudio, Marta y otro hombre. La miramos absolutamente en silencio, el nerviosismo de Liliana era evidente, pero no podía sacar los ojos de la pantalla. La película estaba editada, pues claramente se veía que habían dejado solo los mejores momentos. Los vimos teniendo sexo de todas las formas. Mientras mirábamos la película, cada vez que tocaba con mi mano izquierda la pierna derecha de Liliana, esta temblaba y se estremecía como una vara verde agitada por el viento. Yo estaba terriblemente excitado, tenía una erección muy fuerte que apenas lograba disimular. Cuando la película terminó, Liliana fue al baño. Yo tenía la certeza de por dónde venía la mano, que se confirmó cuando Claudio me dice:

Me encanta tu mujer.

A mí también. – atino a contestarle.

La mejor forma de terminar mis vacaciones sería acostándome con ella. – agrega.

…….

¿Me dejas hacerlo?. – pregunta.

Durante 30 largos segundos no sé qué decir, al fin sólo atino a decir:

Por mí no hay problema, habría que ver que opina ella.

Sale Liliana del baño, Claudio y yo estamos sentados en uno de los sillones dobles de la habitación, ella va para el otro. Se la ve algo nerviosa y con las mejillas muy coloradas pero con una actitud especialmente sensual y provocativa. Se sienta y cruza las piernas sin preocuparse por la falda de su vestido que está subida casi hasta el pubis. Claudio se levanta de mi lado y va sentarse junto a ella. Pasa un brazo sobre sus hombros, pone su otra mano sobre una mano de ella que está sobre sus piernas. Además de cubrirle la mano le roza con la yema de los dedos los dorados muslos. Por dos o tres minutos le susurra en el oído cosas que yo no alcanzo a escuchar. La cara de Liliana que veo por encima del hombro de Claudio es un poema, por momentos parece un cabrito asustado, por otros su sonrisa más que iluminar un teatro podría iluminar un estadio, los colores le suben y le bajan. Me interroga con los ojos como diciéndome "¿qué hago?", le hago una guiñada y le sonrío, intentando con ese gesto contestarle "si te gusta continúa". Claudio con la mano que tiene detrás de los hombros de Liliana la toma de la nuca y le da un suave beso en los labios. Los ojos de Ana que no se cerraron para ese beso, vuelven a interrogarme. Le guiño y sonrío nuevamente.

Liliana cierra los ojos durante el nuevo beso que le da Claudio, esta vez más largo e intenso. Se abandona blandamente al principio y cuando me mira nuevamente y ve que mi sonrisa continúa en mi rostro, se abalanza sobre él. Lo besa, lame sus labios y succiona su lengua casi con desesperación. Literalmente le arranca la camisa, arremete contra su cuello y pecho casi lampiño. Parece que quisiera recorrerlo con su boca de una sola vez, salta del pecho a las orejas pasándole la lengua por todos sus recovecos, de ahí va al cuello el cual chupa y mordisquea con tal intensidad, que desde donde estoy escucho claramente el ruido de la succión. Claudio avasallado y ahora debajo de ella que está a horcajadas sobre sus piernas, de a poco le va subiendo el apretado vestido. Cuando este está por debajo de sus hombros, Liliana se separa un poco de Claudio y se lo arranca el

la misma, se arranca también el sostén por encima de su cabeza, sin perder el tiempo en desabrocharlo. Apenas si deja un instante que Claudio le mire los pechos, que se aprieta a él nuevamente, pero ahora poniéndole uno de los pezones en la boca. La boca de Liliana está ahora libre, libre es un decir, pues la ocupan gemidos de placer que nunca le había escuchado, o que para ser justo, desde esa perspectiva escucho distinto. Se levanta Liliana de sobre las piernas de Claudio, desabrocha el cinto y baja el cierre del pantalón, se lo saca junto con el slip casi de un solo tirón. Se detiene por un instante como hipnotizada ante lo que ve y que su cabeza me tapa. Corre su cabeza hacia un costado para que yo pueda ver lo que ella estaba viendo, gira su cabeza y me mira como diciéndome "¡qué grande que la tiene, ¿no te hace mal si la disfruto?". Sin esperar ningún gesto mío se agacha frente a él, lo toma de las caderas, abre la boca lo más que puede y se traga la mitad de un solo bocado, pues más no le entra. Tampoco había escuchado antes el ruido infernal de la succión mientras su cabeza subía y bajaba con un parejo e incontrolado frenesí. Mi excitación era enorme, ya no pude mantenerme como espectador, me acerqué a Liliana y sin que ella interrumpiera su felatio le quité la tanga. En cuatro patas y con las piernas abiertas, el espectáculo de su hermoso trasero, con su intimidad totalmente expuesta en su centro, que me brindaba Liliana era tan fantástico, como para derretir al más frío de los humanos. Quise compartir con Claudio ese espectáculo visual y le ofrecí cambiar las posiciones. Claudio debe de haber estado mirándola desde atrás por cerca de 5 minutos.

A Liliana la excitaba enormemente el sentirse tan deseada, se notaba en su mirada transfigurada, en las ganas con que me chupaba el pene y en que cada vez abría más sus piernas para mostrar su trofeo. Claudio se agacha detrás de ella y comienza a pasar suavemente su lengua por la entrepierna, sigue por los labios apenas cubiertos de cortos vellos, la mete en la entrada de la cuevita y recorre el orificio en círculos. Siento a Liliana estremecerse, por momentos deja de chupármela y se concentra en sentir. Claudio se acerca lentamente a su objetivo, que es el botón rosado y erecto que corona la vulva de Liliana. Cuando la lengua de Claudio toca por primera vez el clítoris, parece que ella hubiera recibido una descarga eléctrica, su cuerpo comienza a temblar casi fuera de control. Apenas tres o cuatro veces más la lengua de Claudio roza y cubre como un húmedo manto el clítoris, cuando siento las uñas de Liliana clavarse en mis piernas, veo arqueársele la espalda, un hondo gemido de placer sube de su estómago y escapa en un grito por su garganta, del que solo alcanzo a distinguir "Dios mío".

El orgasmo que tuvo Liliana la deja como desfallecida sobre la alfombra. Con Claudio nos miramos sonrientes y alegres de nuestro éxito. "Esta mujer es lo máximo" me comenta Claudio, tomando una frase muy repetida por los argentinos cuando queremos decir que algo es excelente. Bebimos un par de tragos de nuestros vasos, a Liliana tuvimos que ayudarla a incorporarse un poco para que bebiera.

Apenas Liliana se recuperó y reapareció en sus ojos la mirada provocadora, recomenzamos con Claudio a dos bocas y cuatro manos a ponerla nuevamente en carrera. Ella se acostó en la alfombra y nosotros nos repartimos su cuerpo exactamente a la mitad y la estimulábamos en forma simétrica. Si yo besaba y chupaba uno de sus pechos y pezón, Claudio hacía lo mismo con el otro. La recorrimos toda, absolutamente toda, boca arriba, boca abajo, de costado, como dice la canción de Ana Belén "Besos, ternura, qué derroche de amor, cuánta locura, no quedó lugar en donde anduviera en mí". Por lo menos dos orgasmos más la hicimos tener de esa forma, la pusimos de costado con una de sus piernas levantadas y mientras yo lamía y sorbía su vagina y clítoris, Claudio lamía e introducía su lengua en el ano.

Traeme una gaseosa por favor. – me pide Liliana en una pausa.

Voy hasta la heladera que estaba en un rincón no visible desde donde estábamos, destapo la gaseosa y vuelvo. Cuando llego, veo a Liliana que está terminando de ponerle un condón a Claudio, se pone en cuclillas sobre él acostado, toma con una mano su pene y se lo introduce lentamente en la vagina. Cuando le entró totalmente por unos instantes quedó como

sin respiración, apoyó toda su vulva y piernas sobre él, como queriendo que no quede nada afuera y comenzó un lento vaivén. El mandarme a buscar una gaseosa fue como si me hubiera pedido que me fuera por un rato, lejos de ponerme celoso me puso como loco. Controlé mis ansias de integrarme inmediatamente y me senté en un sillón a mirarlos. Le ofrecí el refresco a Liliana que ignoró totalmente mi ofrecimiento, pero me dijo con voz entrecortada y en medio de suspiros:

¡Ay mi amor!, nunca tuve algo tan grande adentro y no te imaginás lo bien que la siento.

Los movimientos de sube y baja de Liliana se hacían cada vez más intensos, sus gemidos también eran cada vez más fuertes. Cuando quise intervenir poniéndole mi pene en la boca, ella me rogó:

Ahora no mi amor, que me vengo, que me vengo, que exploto, que acabo, que quiero disfrutar esto sola.

Y comenzó a moverse frenéticamente, mientras el nuevo orgasmo le hacía repetir el raro gemido del primero. Se quedó acostada sobre Claudio y sentí que se hablaban suavemente al oído. Después me confesaría que se habían dicho muchos mimos, que le había dicho que había tenido uno de los mejores orgasmos de su vida, que por suerte no se iban a ver nunca más, porque sino iba a ser muy difícil para ella negarse a verlo otra vez. Le preguntó si quería acabar y él le contestó que aún no, todavía quería hacerla gozar más. Ese secreteo entre ellos fue lo único que logró ponerme celoso, pues acepto que mi pareja disfrute de su cuerpo y sentidos con total libertad, lo que no me gusta es que establezca una relación afectiva que me excluya. Liliana se dio cuenta que me había dejado un poquito a un lado y me llamó diciéndome:

Vení mi amor que ahora te toca a vos.

A pesar de esos raros sentimientos de celos que me asaltaron, raros dada la situación, que si había de tenerlos tendrían que haber aparecido antes, mi excitación no había disminuido un ápice. Me paro al lado de Liliana que sigue sentada sobre Claudio, como no queriendo sacarse nunca de adentro su enorme miembro. Comienza a chupármela y a acariciarme los testículos como solo ella sabe hacerlo, mientras, Claudio la toma de las caderas y la hace subir y bajar sobre su pene. Liliana chupa y gime, acompasa el movimiento de sus caderas con el de su cabeza, por momentos pierde el ritmo pero lo retoma rápidamente. Al poco de estarse moviendo sobre Claudio le sobreviene otro orgasmo, que ella siente en su cuerpo y que yo percibo por el mordisco de sus dientes que quedan marcados en la base de mi pene. Nos levantamos del piso, nos sentamos los tres juntos, con Liliana en el medio en uno de los sillones de dos cuerpos. Claudio llama al bar y pide dos botellas de champán francés:

Para festejar la ocasión, que hace años que no me siento tan bien – le dice a Liliana. Charlamos un rato contándonos lo que hasta ahora hemos sentido. Liliana: "que nunca había estado tan excitada y que había tenido en un día los tres o cuatro mejores orgasmos de su vida". Claudio: "que estaba maravillado con la piel de Liliana, con el olor de su cuerpo y de su intimidad, con la estrechez de su vagina, con la dulzura de sus labios a los que besaría toda la vida". Yo, "que hasta este momento rescataba mi calentura y mi confirmación de cuánto me excitaba ver a Liliana gozando con otro hombre, pero que esperaba más aún, que mi participación había sido poca".

Después de terminar la primera botella de champán, Claudio nos invita a ir a la cama, acuesta a Liliana boca arriba y suavemente le vuelca parte de la otra botella en los pechos, en el estómago, en las piernas y en el monte de Venus.

Que el hotel lave las sábanas y seque el colchón, que para eso pago – dice y agrega – de la cintura para arriba es tuyo, el resto es mío.

Lamo los pechos de Liliana que con el champán están más deliciosos aún, Claudio le flexiona las piernas hasta hacer que sus talones toquen sus nalgas, después se las abre hasta que sus rodillas tocan la cama. Su intimidad queda totalmente expuesta, Claudio la lame, recorre toda su rajita de extremo a extremo. Lame el clítoris nuevamente haciendo caso omiso al temblequeo de ella. Cuando ve que va a tener un nuevo orgasmo se interrumpe y comienza a lamer su ano, lo humedece, introduce en él todo lo que puede de su lengua, la introduce y la saca, la introduce y la saca. Li

liana tiene un nuevo orgasmo. Está estupefacta:

Jamás soñé que podría tener un orgasmo sin que me penetren o me rocen el clítoris.

Yo estoy maravillado, la entrega de Liliana es total, no tiene ningún tipo de inhibición, yo nunca había logrado que ella me dejara lamerla hasta tal extremo.

Ahora sí mi amor, te voy a atender a vos.

Me acuesto boca arriba, Liliana se introduce mi pene de un solo envión y comienza a cabalgarme salvajemente. De a ratos se la saco para no venirme. Mientras tanto veo que Claudio se pone otro condón y unta su pene con crema. Se acerca a nosotros por la espalda de Liliana, la empuja suavemente sobre mi. Ella junta su pecho al mío y nos fundimos en un beso que más que ser beso parece que nos quisiéramos comer. Siento que Claudio está tocando por atrás a Liliana, presumo, pues no alcanzo a ver que le está acariciando las nalgas y el ano, ella parece no darse por enterada de lo concentrada que está en gozar de mi miembro y de refregar su clítoris contra mi pubis. De pronto Liliana se detiene, abre los ojos y me mira,"¿qué es lo que está pasando?" pienso, enseguida me entero pues siento a través de la delgada capa que separa el canal vaginal y el intestino, un dedo de Claudio que roza mi pene. Durante unos 30 segundos se queda quieta, luego comienza a moverse lentamente, con un movimiento más en diagonal, que hace que mi pene y el dedo de Claudio entren y salgan simultáneamente. Siento que otro dedo se introduce en el ano de Liliana, pero esta vez ella no interrumpe sus movimientos, parece estar disfrutándolo cada vez más. Luego de unos minutos en ese vaivén Claudio se coloca detrás de ella como para penetrarla por su agujerito ahora más dilatado. Ella da vuelta su cabeza y lo mira:

¡Ay Claudio! – dice suspirando – la tienes muy grande, no creo que la soporte.

No soy un sádico, pero probemos, tienes uno de los culitos más hermosos que he visto en mi vida y no quisiera perder la oportunidad de disfrutarlo, sin por lo menos probar. – dice Claudio.

Me prometes que si me duele mucho y no me puedes hacer la cola no habrá rencores y todo seguirá bien. – suplica Liliana.

Por supuesto preciosa, tu cuerpo me sugiere varias alternativas, pero la capacidad que tienes de disfrutarlo me hace presumir que esto también va a funcionar maravillosamente y me lo van a agradecer ambos.

Este casi "discurso" tranquiliza a Liliana. Claudio me pide que se la saque y salga de debajo de ella para poderle hacer adoptar una postura más adecuada. La hace poner boca abajo, con la cola levantada y las piernas bien abiertas. Lame toda su rajita, le introduce la lengua en el ano mientras con sus dedos juguetea con el clítoris. El rubor de la cara de Liliana vuelve a tope, por sus gemidos me doy cuenta que está nuevamente terriblemente excitada. Claudio se endereza, toma su pene que ahora parece más grande aún, comparado con el agujerito que lo va a recibir, se lo arrima al ano y presiona suavemente por dos o tres veces pero sin introducirlo, solo haciéndole sentir el calor que emana. Me pide que yo estimule con mis dedos su jugosa conchita. Empuja ahora con más fuerza y le introduce el glande, Liliana hace un gesto de dolor pero no dice nada, un instante después vuelve a empujar introduciéndole dos o tres centímetros y un quejido de dolor se escapa de los labios de Liliana. Claudio retira su pene de adentro y durante aproximadamente un minuto espera pacientemente a que el dolor ceda, mientras tanto le acaricia los senos. Luego enfoca nuevamente su miembro en el ano y de un solo envión se lo manda hasta la mitad, se queda quieto unos instantes y luego comienza a moverse lentamente. Liliana no parece estar sufriendo, aunque tampoco disfrutando. Un nuevo empujón hace que entre absolutamente todo. El cuerpo de Liliana da un sacudón y de su boca vuelve a salir un quejido, pero esta vez no parece de dolor. Ella lleva una de sus manos hasta su ano y comprueba que la penetración ha sido total. Eso parece enloquecerla y comienza a gritar como desaforada:

¡Ay dios mío!, ¡ay dios mío!, no lo puedo creer, entró toda. Dame, Claudio, por favor dame más, más, más….. más adentro, muévete por favor, rómpeme toda.

Yo tampoco lo podía creer. Era testigo directo y privilegiado de algo para mí increíble. Las veces que con Liliana habíamos tenido sexo anal, solo se la había metido hasta la mitad y ahora Claudio con un pene bastante más grande que el mío, se lo h

abía metido todo y la estaba haciendo delirar. Lejos de molestarme o de ponerme celoso me excitó de tal manera que mi miembro parecía explotar. Como pude me puse debajo de Liliana, su conchita desbordaba de lubricación y gracias a esto pude metérsela pues su canal estaba más estrecho debido al intruso que se había colado por detrás. Liliana se quedó quieta mientras Claudio y yo acompasábamos nuestros movimientos, una vez que lo logramos, ella se puso a llorar y gritar de placer, "¡qué bien que me siento!, ¡qué bien que me siento, gracias Raúl, gracias mi amor por permitirme vivir esto" apenas se le distinguía entre el temblequeo de su voz y sus lágrimas. Cuando Liliana comenzó a gritar "me viene, me viene, ¿qué es lo que me pasa?, me viene, me viene……..", para mí fue demasiado, ya no pude ni quise controlarme más, acabé con tal fuerza e intensidad que creí que se me iba la vida. Claudio detuvo sus enviones hasta que Liliana y yo tuvimos nuestros orgasmos, luego comenzó a sacarla casi toda y ponerla nuevamente, cuando comenzó a venirse sus empujones eran furiosos. Liliana comenzó nuevamente a gritar "me muero, me muero, más, más, por favor más aunque me muera" y acabaron simultáneamente.

Estuvimos casi diez minutos los tres acostados con Liliana en el medio hasta que nuestras erecciones cedieron. Liliana no paraba de llorar:

Es de alegría, es de gozo, es de satisfacción – nos tranquilizaba.

Luego nos sentamos a terminar la botella de champán y conversamos durante media hora de lo fantástico y maravilloso que había resultado la experiencia. Nos vestimos, Claudio y yo nos despedimos con un abrazo, Liliana y Claudio con un interminable beso y unos secreteos que por segunda vez en la noche lograron ponerme celoso.

Después de las tres horas y pico más intensas de nuestra vida de pareja, en cuanto llegamos a la habitación este fue nuestro diálogo:

Yo – Te quiero, mi amor, te amo.

Ella – Nadie jamás me hizo tan feliz y me hizo gozar de mi cuerpo como lo has hecho vos.

Yo – Pero no fui yo solo…..

Ella – Pero sin vos yo jamás lo hubiera hecho, jamás, de eso estoy totalmente segura.

Yo – Pero lo de Claudio fue muy importante.

Ella – Claro que sí, que fue muy importante, aprendí mucho, aprendiste mucho, nos enseñó mucho. Pero más allá de secretitos y dulzuras que él me dijo y que yo le dije, con él solo no voy a salir nunca, si por casualidad alguna otra vez me acuesto con él, será porque vos estás adelante.

Comenzamos a besarnos y a excitarnos nuevamente cuando sonó el timbre de nuestra habitación. Abro y está Claudio en la puerta, con bombones y un ramo de flores para Liliana.

Para la mujer más mujer que he conocido en mi vida, – le dice, y agrega – me he quedado con más ganas de ti, si tienen una hora más tengo otra cosa para experimentar.

¿Qué más me podemos hacer que no hayamos hecho ya Claudio? – pregunta Liliana.

Algo que nunca hice con Marta y que cuando le cuente se va a morir de envidia y de ganas de hacerlo, la doble penetración vaginal – responde.

No sé si podré hacerlo, pero me fascina la idea de romper todos los límites en una sola noche – dice Liliana – ya estoy caliente de solo pensarlo.

¿Le vas a contar lo que hicimos? – pregunto extrañado.

Por supuesto, con Marta nos amamos muy por encima de lo que puedan llegar a sentir y vivir nuestros cuerpos. Somos una pareja completamente abierta, tanto para recibir a un tercero, como para experimentar cada uno por su lado – responde él.

Nos desvestimos rápidamente, entre los dos besamos y recorremos con las manos y las bocas a Liliana, que está parada en el centro de la habitación. A los pocos minutos nuevamente estamos Claudio y yo a mil por hora, Liliana ya estaba pasada de vueltas apenas Claudio le hizo la propuesta. Siempre dirigidos por él me acosté boca arriba en la cama, Liliana se acuesta también boca arriba pero sobre mí. Sus jugos me permiten penetrarla de un solo envión y arrancarle el primer gemido. Mientras tanto Claudio se puso un condón, luego comenzó a lamerle el clítoris mientras introducía el dedo índice junto a mi pene por la parte superior de la vagina. Pero…. mejor que cualquier relato mío, es la transcripción casi textual que me hizo Liliana de sus sensaciones, cuando ya est&aacut

e;bamos de regreso.

"La doble penetración (anal-vaginal) era para mi cosa de películas porno y que nunca pensé que iba a hacerlo, la delicadeza y ternura con que me la hicieron fue enormemente disfrutable. Pero lo que nunca había visto en películas (en realidad no son muchas las que he visto) era que fuera posible una doble penetración vaginal. Siempre me jacté de ser bastante estrecha y cuando Claudio lo propuso en Mexíco al principio dudé. – Acaso alguna vez te hemos lastimado – me dijo – Si en algún momento te sientes mal o agredida solo me lo dices, pero no te niegues a intentarlo -. Algo asustada pero pensando que en definitiva todo lo que me habían brindado hasta ahora era placer, y que en definitiva si lo hacía y lo disfrutaba, tiraría una barrera más, (y van…..) Accedí entonces a intentarlo. Los dedos de Claudio, los sabios y maravillosos dedos de Claudio, lograron, después de que vos me penetraras, la excitación y estiramiento necesario de mi vagina para que ella lo recibiera a él también. Me sentí absolutamente invadida, completa, como que en mi cuerpo no cabía un milímetro más de nada, ni siquiera de aire pues la respiración se me entrecortaba, me costaba tragar el aire. He adjetivado demasiado en este último tiempo cuando me refiero a esa experiencia que vivimos con Claudio, pero permitime uno más, fue fantástico. Claudio y vos lograron además, que yo desee y pida ser penetrada analmente. En mis relaciones de pareja anteriores, las veces que lo había intentado, había sido más por presión de mis parejas que por que yo lo quisiera y me resultó por lo menos molesto, nunca placentero. Quizás todo esto que te cuento te resulte demasiado burdo y explícito pero necesitaba contártelo."

Nueva despedida de Claudio, más afectiva aún que la anterior. Con intercambio de teléfonos, direcciones y E-Mails. Con deseos de felicidad y augurios de un no muy lejano reencuentro.

Al otro día, antes del mediodía teníamos que abandonar el hotel y retornar para Argentina, por lo que nos dedicamos a dormir, a dormir abrazados. Ya tendríamos tiempo durante el viaje, o en Rosario para las reflexiones. Durante el viaje no tocamos el tema, nos limitábamos a mirarnos, sonreírnos y besarnos. El primer día después del regreso nos dedicamos a atender a nuestros respectivos hijos. Luego de eso ya no pudimos o no quisimos soslayar más el tema. Nos llevó varios días de charla, volviendo y revolviendo sobre cada punto, hablábamos entusiasmados. Aún hoy después de varios meses seguimos sacando conclusiones, además de ser un elemento que alimenta nuestras sesiones de amor y de sexo.

En síntesis podemos decir que fue una experiencia absolutamente positiva desde todo punto de vista. Sexualmente nos aportó muchísimo, descubrimos a partir de ahí, un mundo de sensaciones que ignorábamos totalmente, y si antes afirmaba que nos llevábamos bien en la cama, ahora puedo decir que nos llevamos fantástico. Como pareja nos acercó de una forma increíble, ya no tengo secretos para Liliana, se que ella será capaz de comprenderme en cualquier circunstancia. Siento que mi amor hacia ella pegó un salto cualitativo enorme. Somos además de pareja, amigos y compinches, compartimos un grado de intimidad y secretos que me hace pensar que nuestra relación es ahora prácticamente indestructible. Como forma de sellar el nuevo vínculo que se estableció entre nosotros, hemos decidido casarnos, ya no tenemos dudas.

Hemos pensado en repetir la experiencia, de que cada tanto le demos a nuestros cuerpos los extremos de placer que sentimos en esa circunstancia. Pero ahora a otro nivel, pues no tendremos la preocupación de lo que pasará por la cabeza y el corazón de cada uno de nosotros. Incluso estoy dispuesto (y se lo he dicho) a que si alguna vez otro hombre "le hace la cabeza", que no se prive de vivir y darle el placer que se merece su hermoso cuerpo y su aún más hermosa cabeza.

Raúl.

Si quieren hacerme algún comentario escríbanme a raulmen (arroba) mixmail.com.