Mi papá y yo nos enamoramos

Mi papá y yo siempre tuvimos una relación distante. Sin razón aparente, simplemente, durante la mayor parte de mi adolescencia, no conectábamos. Muchas veces percibía que él no podía relacionarse bien conmigo debido a que yo era un joven poco masculino, y a pesar de que no había mencionado mi atracción hacia los hombres a la familia, era muy evidente para todos y no existía duda al respecto.

Mi padre, por otro lado, era un hombre muy masculino. Papá y mamá me tuvieron de muy jóvenes, por este motivo, a mis veinte años, ellos se encontraban apenas por los 42. La relación de ambos siempre fue buena ante mis ojos, sin embargo, una vez que cumplí 21, tomaron la decisión de separarse. Para evitar la participación de abogados, y no complicar aun más las cosas, llegaron a un acuerdo: cada mes tendría que pasar una semana en casa de papá. No era algo que me entusiasmaba mucho, debido a nuestra poca cercanía, pero lo positivo era que en su casa tenía más libertad. Un par de ocasiones llevé a chicos que conocía a través de aplicaciones y teníamos sexo en mi habitación. El jamás se enteraba, o al menos, eso pensaba yo.

Antes de empezar la historia, voy a describir a sus protagonistas. Por mi lado, soy un chico de 22 años, de estatura media, 1.70, pelo castaño claro, ojos de color miel, cejas pronunciadas y barba en forma de candado. Mi contextura es promedio, ni muy delgado, ni muy gordo. No tengo mucho músculo, pero me enorgullece decir que después de un tiempo en el gimnasio, empecé a formar mejores pectorales y un buen abdomen. Pero mi papá.. él es otro cuento. Un hombre guapo y maduro como no se imaginan. Musculoso, velludo, cejas también muy pronunciadas, ojos negros, cabello castaño, aunque ya con su toque de gris. Mucha barba, también canosa. Voz gruesa, masculina, y con una mirada penetrante que te puede cautivar fácilmente. Realmente nunca me había puesto a pensar hasta mis 21 en que en distintas ocasiones, mi padre me había parecido muy atractivo. No le daba importancia al asunto. Un par de veces lo veía salir en toalla de su baño, pero no lo había visto desnudo, seguramente él no se sentía cómodo pues tenía sus dudas acerca de mi sexualidad. Fueron algunas las veces en las que sentí que él me miraba de reojo, pero me imaginaba que se debía a que intentaba ver formas de relacionarse conmigo, sin atreverse a acercarse a la final. Nunca pensé que podría ser por algún motivo más.

Entonces, ahora sí, la historia acerca de cómo empezó todo. Fue en el verano cuando mi madre decidió darse un pequeño lujo y viajar, lo cual significaba que se ausentaría por un mes completo. Hasta el momento, no me había tocado quedarme en casa de papá durante un período tan largo. Al comienzo, me preocupó un poco. No sabía si iba a funcionar. La primera semana fue un poco incómoda, durante la cena no conversábamos mucho, y si es que lo hacíamos, la conversación era un poco incómoda. Sin embargo, el fin de semana conocí a un chico mediante una aplicación, y tuvimos sexo en mi habitación. Después de que se fue, ya pasada la medianoche, salí a la cocina a tomar un vaso de agua. Dio la coincidencia de que a mi papá también se le apeteció un vaso. Él se encontraba sin camiseta, y con un pequeño (y ajustado) bóxer. Se lo veía guapísimo.

– “Hijo, veo que estás despierto”

– “Si papá, tenía un poco de sed. Y tú, ¿no puedes dormir?”

– “También estaba un poco sediento. Oye, te quería preguntar… y ese amigo tuyo, ¿cómo así vino a la casa?”

– “Ah pues vino para jugar unos videojuegos pero se tenía que ir temprano. ¿Por qué?” (en este momento me puse un poco nervioso, tenía miedo de que sospechase algo).

– “No, por nada. Simple curiosidad. Oye, ¿y qué tal te va de novias?”

– “Pues nada, no he conocido a nadie”

– “Oh, ya.. Y disculpa la pregunta, espero que no te ofendas, pero con lo liberal que es tu generación ahora.. ¿alguna vez has estado con un chico?”

En este momento pensé en dos posibles opciones. Uno, le mentía y me hacía el desentendido, o dos, ya que él estaba abriendo paso a esta conversación, le decía la verdad.. O al menos de forma parcial. Así que opté por la segunda opción.

– “Bueno, ya que tocas el tema, pues sí. Sí he estado con chicos. Espero que no te moleste”.

Mi papá se quedó en silencio por unos segundos. Se lo notó un poco incómodo, pero luego contestó: “No, tranquilo. Tú sabes que tus padres te vamos a querer tal y como eres. Entonces.. ¿eres gay?”

– “Gracias papá. Yo creo que sí. He estado con mujeres, pero me siento mucho mejor con un hombre”.

– “¿Es decir que has tenido sexo con hombres? ¿El chico que vino hoy era tu novio?”

– “Bueno, no me siento muy cómodo hablando de estos temas papá, pero no, el chico no era mi novio, y sí, he tenido sexo con hombres”.

Mi papá soltó una risa nerviosa y luego me dijo que no había problema, que si no quería hablar sobre el asunto, no iba a insistir. Se despidió con un beso en la mejilla y se fue a dormir. Yo me fui a mi habitación sintiéndome un poco extraño. Por un lado, me daba curiosidad pensar en cómo pudo haber continuado la conversación. Luego comencé a pensar en lo guapo que se lo veía, sus pectorales velludos, sus brazos, hombros, espalda, culo, y sus piernas. Me encantan sus piernas. Pero más allá de eso, pensaba en sus palabras. “Te vamos a querer tal y cómo eres”. En lo poco expresivo que era conmigo, me pareció un buen gesto. En fin, me fui a dormir. Al día siguiente, domingo, almorzamos juntos en casa. Ahí papá volvió a sacar el tema.

– “Hijo, espero que no estés molesto por la conversación de ayer. En realidad sólo quería tener la oportunidad de conocerte más. Y no quiero que te preocupes por el tema de tu sexualidad, para mi eso no es un problema. Y si deseas, no se lo diré a tu mamá”.

– “Gracias papá. Por el momento, prefiriera que no se lo digas. Y descuida, no me molestó. Me sentí bien conversándolo contigo. Deberíamos compartir más a menudo”.

– “Me alegra mucho que digas eso. A mi también me gustaría compartir más contigo. ¿Qué te parece si nos metemos al jacuzzi y nos tomamos un whisky?”

Me pareció el plan perfecto. Acto seguido, nos encontrábamos en un jacuzzi, tomando whisky y conversando sobre la vida. Todo encajó perfecto porque nos excedimos de tragos, y eso nos quitó un poco la vergüenza. Estando ya un poco ebrios, mi papá me abrazó. Estuvimos un buen tiempo abrazados y luego yo reposé mi cabeza sobre su hombro. Ahí estábamos, en un día soleado, papá y yo, abrazados, un poco ebrios, y compartiendo un momento ameno juntos. Él me hacía caricias en mi cabello y luego me dio un beso en la mejilla.

– “Sabes, cuando tenía tu edad, yo también experimenté una vez con un hombre”-

– “¿Me lo dices en serio? ¡Jamás lo imaginé!

– “¿Por qué no?”

– “Pues no sé, eres muy masculino”.

– “¿Y eso te gusta?”

– “¿Qué quieres decir?”

– “Pues me refería a si has estado con hombres muy masculinos, o si ese es tu tipo, no sé”

– “Ah… Sí, se podría decir que sí”.

Hubo un silencio después de esto. Para mi sorpresa, comencé a tener una erección. El tan sólo pensar que mi papá, por tener unos cuantos tragos encima, se me había insinuado… me traía todo tipo de pensamientos. Y me sentía un poco culpable. Es decir, estamos hablando de mi padre. Observé a mi papá y lo veía muy pensativo, también un poco incómodo. Seguramente estaba pensando en lo mismo que yo. Me dio curiosidad ver si tenía alguna erección, pero por las burbujas del jacuzzi, no era muy visible. Es por eso que le pregunté que si podría traer más hielo, y fue ahí cuando me dijo: “dentro de un rato”. Lo notaba nervioso, y se me ocurrió que a lo mejor era porque tenía una erección.

Pasaron unos minutos y a mi se me bajó la erección, así que salí a ver más hielo por mi cuenta. Mi propósito era beber más con mi papá, para ver qué ocurría. Una parte de mi sentía culpa, pero me dejé llevar por el momento. Y ahora no me arrepiento. Tomamos dos tragos más, y luego salimos del jacuzzi. No ocurrió nada entre los dos, así que, sintiéndome un poco decepcionado, decidí sacarme todas esas ideas de mi cabeza. Cuando fui al baño a orinar, mi papá entró.

– “Disculpa, pensé que estabas en el otro baño”.

– “Tranquilo, ya terminé”.

Me volteé y dejé que vea mi pene (mide aproximadamente 20 centímetros).

– “Wow..”

– “¿Qué?”

– “No, nada, si no que a veces se me olvida que ya no eres un niño”.

Sonreí, y me subí el pantalón de baño y procedí a lavarme las manos. Mi papá se bajó el pantalón y comenzó a orinar. Su pene seguramente medía unos 22 centímetros, y era muy lindo. Gordo, venoso y grande. No podría ser mejor. Intenté disimular un poco y no mirar mucho, pero él se dio cuenta. Una vez que terminamos, nos dirigimos a la sala. Mi papá comenzó a decirme, ya ebrio, que estaba muy contento de compartir tiempo conmigo. Le dije que yo también, y debido a que tenía la influencia del alcohol, no me importó y le di un beso en la mejilla y volví a reposar mi cabeza sobre su hombro. Él puso su mano sobre mi pierna y me comenzó a sobar disimuladamente.

– “Sabes papá, sé que no te lo digo a menudo, pero te quiero mucho”.

– “Yo también hijo, más de lo que te imaginas”.

– “Debo admitir que nunca pensé que me sentiría tan bien y tan cómodo contigo”.

Una vez que dije esto, mi papá me miró a los ojos. Durante unos segundos, nos miramos mutuamente. Mi papá no se atrevía a hacer una movida, pero observé claramente que tenía una erección, y yo también la tenía. Así que decidí dar el primer pasó y puse mi mano sobre su pierna y fui sobando poco a poco, hasta acercarme a su entrepierna. Mi papá cerró los ojos, como si ya no aguantara la excitación, y a su vez, la culpa. Yo decidí tan sólo dejarme llevar. Puse su mano sobre su pene y comencé a sobar. “Hijo… Tal vez tomamos de más”, me dijo. Luego soltó un suspiro, y en ese momento, abrió los ojos, me miró, y lentamente, se acercó y me dio un beso en la boca. Sólo un pico.

– “¿Cómo te sientes en este momento, hijo?

– “No sé cómo explicarlo, pero simplemente se siente correcto, papá”.

Le devolví el beso pero esta vez le metí pasión, además de mi lengua, y comenzamos a besarnos románticamente. Mientras nos besábamos, empezamos a tocarnos el pecho, el abdomen, los brazos, y luego, la entrepierna. La excitación iba aumentando nuestro ritmo.

Luego mi papá me soltó y dijo: “¿quieres ir a la habitación?”. Yo, sintiéndome como una puta, le dije: “sí, pero llévame en tus brazos”. Mi papá sonrío, se levantó, y me cargó hasta su habitación. Ahí me reposó en su cama y se puso encima mio. Empezamos a besarnos nuevamente y nuestros cuerpos estaban juntos. Se sentía tan bien. Mientras nos besábamos, mi papá me bajó el pantalón y empezó a tocar mi pene, a manosearlo, y posteriormente, a masturbarlo. Yo comencé a gemir, realmente estaba muy excitado. Entonces, me levanté, bajé su pantalón, lo miré fijamente a los ojos con una sonrisa pícara, y luego empecé a meter lentamente su pene en mi boca, hasta que comencé a darle una mamada. En mi mente decía “estoy dándole una mamada a mi papá, y me encanta”.

Mi papá gemía sin parar y comenzó a decir “te amo, hijo mío, hazle disfrutar a papá”. Cada vez comentaba a meterme su pene más y más profundo en mi garganta, y también a hacer uno que otro truco que aprendí con los chicos que me acostaba. Luego mi papá dijo: “es hora de darte un poco de placer a ti también”. En ese momento, me hizo acostar, me agarró con firmeza, y se metió mi pene a su boca. Debo decir que fue la mejor mamada que he recibido. Estaba a mil, y me sorprendía, pues supuestamente él era hétero, pero su forma de mamarla decía lo contrario. Se metía todo mi pene en su boca, lo más profundo que podía, y lo acompañaba con su mano. Mientras me la mamaba, me miraba fijamente a los ojos, y yo a él. Por primera vez, nos sentíamos conectados. Después de un buen rato dándome una mamada, me dijo: “¿hasta dónde quieres llegar?”. Yo le contesté: “papá, soy todo tuyo, haz conmigo lo que te plazca”. Mi papá sonrío, me dio un beso apasionado, pero a su vez, cariñoso, sobándome el rostro. Y después de besarnos, me miró fijamente, con mucho amor. Fue muy extraño, pero en ese momento pensé: “esto no es sólo sexo para mi, creo que siento algo fuerte por él”. Mi papá se levantó y sacó un condón de su armario. Mientras se lo ponía, me miraba a los ojos de una forma dominante. No me cabía duda que me iba a coger duro y rico. Yo le sonreía de vuelta para que sepa que estaba completamente dispuesto a ser suyo. Para ser honesto, en ese momento sabía que a partir de ese día, sería su puta. Y me emocionaba mucho la idea. Me volteé y paré mi culo, y fue ahí cuando, por primera vez, me lo comieron. Yo pensé que me iba a penetrar inmediatamente, pero no. Primero empezó a pasar su lengua por él. “¿Papá?”, pregunté yo. “Tranquilo bebé, estás en manos de papá, tú sólo disfruta”. Sonreí y lo dejé continuar. Volvió a pasar su lengua por mi raja, y la verdad es que se sentía muy rico, así que comencé a gemir nuevamente. Luego de unos minutos, el ritmo aumentó. Comenzó a comerme el ano, literalmente, y estuvo espectacular. Me agarraba con sus fuertes brazos y metía toda su nariz en mi culo, comiéndolo con gusto. Luego, metió dos dedos, y comenzó a dilatar. Este acto duró aproximadamente unos 8 minutos, y luego llegó el momento. “Prepárate bebé, ahora si vas a sentir a papá adentro tuyo”, me dijo. “Hazlo papito, te quiero sentir adentro mio”, le respondí. Y así fue. Comenzó a introducir su pene lentamente, y me preguntaba si me dolía. Le contesté muy honestamente: “papá, ya me han follado antes, no te preocupes por eso”.

– “¿Entonces mi hijo es una puta?”

– “Sí, toda una puta”.

– “¿Cuántos se han follado a mi hijo?”

– “No llevo una cuenta, papi, pero muchos”.

– “¿El que vino el otro día también te folló?”

– “Así es, papito, me folló muy rico”.

– “¿Y quién folla mejor, él o yo?”

– “Tú papito, tú eres el mejor”

– “Pues de ahora en adelante serás sólo mi puta”.

A partir de esto, la penetración comenzó a ser más potente y acelerada. Yo estaba tan excitado que gemía como toda una puta, pero estaba totalmente de acuerdo. A partir de ese momento, sólo quería ser su puta y de nadie más. Luego cambiamos de posición y puso mis piernas sobre sus hombros. “Quiero poder ver tu cara mientras te follo”, me dijo, a lo cual yo respondí con una sonrisa. Volvió a introducir su pene venoso en mi culo. Qué rico que se sentía. Empezó a follarme nuevamente y esta vez comenzó a besarme y a morderme la oreja. A mi me encanta que me muerdan la oreja, eso me puso a mil.

– “Te amo papá, de ahora en adelante quiero ser sólo tuyo”.

– “Yo también hijo, te amo mucho”.

Perdimos la noción del tiempo, estuvimos follando y follando, cambiando de posición, besándonos, tocándonos. Me encantaba sentir sus pectorales velludos con mi mano, y luego encima de mi. Le chupaba las tetillas, las axilas, el coello. Y el también a mi. Después de un buen rato follando, me dijo: “voy a terminar”, y sacó su pene de mi culo. Se acostó para terminar masturbándose, pero le dije: “papá, sin problema eh, puedes terminarme en la boca”. Mi papá río y se levantó. Yo empecé a hacerle una última mamada y luego a masturbarlo. “¡Hijo, no puedo más!”, gritó mi papá, y me terminó en toda la boca, cara y cabello. Su semen no sabía nada mal, y estaba calientito. Decidí tragármelo, no me importó. “Vaya, de verdad has sido bien puta”, dijo mi papá sonriendo. “Puedes terminarme en la boca también”, contestó, para mi gran sorpresa. Me sequé con la mano el resto de semen que tenía en mi rostro, me lo metí a la boca mirándolo pervertidamente a los ojos, y luego el se acostó, y yo me senté sobre su pecho. Comenzó a masturbarme pero no duró mucho tiempo, yo jamás había estado tan excitado en mi vida. Se metió mi pene a su boca y le terminé adentro. Todo adentro, y el se lo tragó por completo. Escupió un poco, pero con una sonrisa. Y luego lo besé, sin importar que en sus labios habían restos de mi semen. En verdad fue un momento muy pervertido, pero a la vez, excitante.

Nos quedamos acostados un momento, yo reposando mi cabeza, como siempre, sobre su velludo pecho, mientras el me sobaba el brazo y el hombro. Y luego, vino la conversación:

– “Ya se me está pasando un poco la borrachera, hijo”.

– “¿Eso quiere decir que ya te estás arrepintiendo?

– “No te voy a negar que no puedo creer lo que acaba de suceder, pero a su vez, me siento extraño. Me doy cuenta que me he fijado en ti en otros momentos. No cuando eras más pequeño, ahí era distinto. Pero en el último año, comencé a notar que te convertías en un hombre atractivo, y que a veces me mirabas”.

– “Yo también sentía que me mirabas de vez en cuando, pero nunca me imaginé que esto podría pasar”, dije riendo.

– “Lo sé, yo tampoco. Y sin embargo, no me siento mal. Es decir, quiero que esto se repita, quiero tenerte más tiempo conmigo, quiero conocerte y disfrutarte más”.

En ese momento le di un beso lentamente a mi papá, y le dije que lo amaba. “Yo también”, me contestó. Pero ya no se sentía como un “te amo” de padre e hijo. Era distinto. Después de un rato, nos metimos a bañar juntos, y hubo un poco de morbo de nuevo. No follamos, pero nos tocamos un poco, y obviamente, nos besamos. Está de más decir que durante el mes que pasé en su casa, follamos casi siempre. No todos los días, pero sí todas las semanas. Nuestra relación cambió drásticamente durante ese mes, dejé de verlo como padre, y él dejó de verme como hijo. Seguramente nadie lo entenderá, pero me enamoré de mi padre, y él de mi.

Aquí la historia no termina. Pasaron muchas cosas después. Mi madre, al regresar, me confesó que tenía una nueva pareja y que se iba a mudar a la casa. Yo no me sentía muy cómodo, y le comenté que quería pasar más tiempo donde papá. Me daba pena mentirle, pero cada vez que estaba a sólas con mi padre, me enamoraba más de él. Eventualmente mi madre aceptó, y comencé a pasar mucho más tiempo donde él.

Hay un par de historias más que se derivan de esto: una en la que mi padre me pidió que sea su novio, y que seamos una pareja de verdad. Y otra en la que hicimos un trio. Pero lo dejaré pendiente, si es que están a gusto con lo que acabo de contar.

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