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POBRECITO MI MARIDO

19 de agosto de 2006

Esa es una de las cosas que siempre pienso, sobre Javier, mi marido. Desde hace ya algún tiempo, le he sido infiel, por lo general con personas que él no conoce. Todo comenzó hace unos cinco años, recién nos habíamos casado. Aunque pensándolo bien ya mucho antes cuando todavía éramos novios, al momento que él me dejaba en casa, después de ir a un cine o a cenar con sus padres, yo esperaba que su auto le diera la vuelta a la esquina y de inmediato me escabullía, sin que mi madre se diera cuenta tampoco. Por lo general me encontraba con algunas de mis amigas, las que ya como costumbre teníamos el ir a un Pub. Donde algunas, después de pasar toda la noche bailando, terminábamos en el asiento trasero, del auto de algunos de los chicos.

En la tercera ocasión en que fui al pub con mis amigas, terminé conociendo esa noche a un tío que le decían Chino, quizás por su abundante cabello negro bien lacio, y sus ojos achinados. Pero de chino lo único que tenía eran esas dos características, por lo demás era casi como los demás chicos, ya en el pub mientras bailaba conmigo, me manoseó casi todo el cuerpo, finalmente me invitó a ir al mirador, o como le dicen los chicos al matadero. Apenas llegamos, nos sentamos en el asiento trasero de su auto, para estar mucho más cómodos, nos comenzamos a besar mutuamente, pero el Chino me sorprendió, lentamente me bajó las bragas y de momento que dirige su rostro directamente a mi coño, el que comenzó a lamer y chupar como un desesperado. Hasta esos momentos, yo había mantenido una que otra relación con mi novio y alguno que otro chico. Pero jamás ninguno me había hecho lo que él me estaba haciendo. Me acuerdo casi como si fuera ahora mismo, yo con mis piernas bien abiertas, colocadas sobre sus hombros, mientras él me pasaba su lengua y su boca por todas las partes de mi coño. Yo estaba que me lo disfrutaba todo, hasta que él cambió de posición y su verga quedó frente a mis ojos.

No se si sería lo excitada que me encontraba o lo mucho que había bebido en el pub, pero sin demora alguna me dediqué a extraer su miembro del pantalón. Apenas lo tuve entre mis dedos, de inmediato sin pensarlo me lo introduje dentro de mi boca y comencé también a mamárselo. Después me enteré que a eso le dicen el 69. Con el chino salí en otras ocasiones, pero siempre era lo mismo. A diferencia de otros chicos, al parecer eso era lo único que le gustaba hacer y que le hicieran. Para mi despedida de soltera, mis amigas me prepararon una fiesta inolvidable, que aún entre ellas hablan de lo que me sucedió esa noche. Resulta que por aquello de divertirse a mis costillas y supuestamente celebrar mi próximo matrimonio, contrataron a un par de chicos para que nos dieran un show. Desde que llegué no dejaron de llenar de ginebra o vodka, la copa que yo tenía en mis manos, más que una copa era un copón. Después de que me estregaron un sin fin de regalos, la mayoría de ellos resultaron ser dildos y consoladores, supuestamente para cuando mi marido, no me pudiera atender como era debido.

Otros regalos eran de doble sentido, mientras que otra parte de los regalos, resultó ser ropa íntima bastante sugestiva. Fue cuando los dos muchachos, entraron a la sala donde nos encontrábamos. Uno un musculoso negro vestido de vaquero, mientras que el otro era un chico blanco, algo gordito, que venía disfrazado de policía. Una vez que ambos ya se habían quedado únicamente en slip, me sacaron a bailar. O mejor dicho, a hacer una especie de emparedado con mi cuerpo. Por lo tomada que me encontraba, simplemente me dejé llevar por el excitante ambiente que me rodeaba. Cuando uno de ellos comenzó a soltarme la falda, al yo darme cuenta, ni tonta ni perezosa yo misma me la he quitado. Tras la falda se fue la blusa, las pantimedias al rato, sus manos acariciaban sin vergüenza alguna todo mi cuerpo, frente a todas mis amigas. Sentía sus labios besarme y su lengua lamer mi cuello. Todas ellas, habían hecho una especie de círculo a nuestro alrededor, aplaudiendo con sus manos marcaban el ritmo del baile. Como les dije no dejaban que mi copa se vaciara, ya que de

inmediato la llenaban y yo de inmediato casi me bañaba por completo, por que era más lo que se me regaba, por todo el cuerpo, que lo que llegaba a tomar realmente.

En esos instantes estaba yo que poco me importaba lo que todas fueran a pensar, por lo que me terminé de quitar tanto el sostén, como la braga que estaba usando. No contenta con eso, aún entre los dos chicos, me agaché y al que tenía frente a mí que creo era el vaquero, le fui bajando su slip ante el asombro de mis amigas. El miembro del vaquero, quedó completamente a la vista de todas. Yo siguiendo el ritmo de la música, aunque agachada movía mis nalgas, con mis manos me puse a jugar con su instrumento, el que en cosa de segundos se puso completamente erecto. Al verlo así, les di una mirada a mis amigas y las pude escuchar como me decían a coro, a que no me atrevía a meterlo dentro de mi boca. Sin pensarlo mucho realmente, lo hice. Pero al mismo tiempo me levanté del piso, abrí mis piernas y le ofrecí mis nalgas al que se encontraba tras de mí. Aunque en más de una ocasión me habían dado por el culo, sobre todo cuando tenía la regla.

En esa ocasión sí que lo sentí de verdad. Tanto que sí el negro, no me lo saca de la boca, de seguro se lo hubiera mordido, por el dolor que me produjo cuando el poli me lo empujó por mi culo. Pero que en cosa, de un dos por tres pasó a ser uno de los mayores placeres, que haya sentido. No se como los tres terminamos acostados en uno de los sofás de la sala, el vaquero me lo introdujo por el coño, mientras que el policía seguía castigándome divinamente por el culo. Mis amigas hasta me tomaron fotos, yo estaba entre esos dos hombres, moviéndome de lado a lado, restregando mi cuerpo contra el de ellos. Pidiendo que me dieran más duro. Puede haber sido cosa de la tanta ginebra o vodka que me tomé. Pero me sentía en las nubes, en un sin fin de ocasiones, uno que otro de los chicos con quien salía fugada, me planteaba la posibilidad de hacer un trío, pero con otra chica, pero realmente no es que no me hubiera atrevido, es que nunca aparecía otra chica con quien hacerlo. Pero esa noche sin pedirlo, me lo estaba dando.

Yo estaba que no cabía dentro de mí, de la alegría. Cuando alcanzamos el clímax, di un grito de placer que hasta asustó a más de una. Al día siguiente cuando me desperté finalmente, me encontraba con mi cabeza que no valía un centavo. Todo mi cuerpo apestaba a sudor y a sexo, estaba que daba dos pasos y vomitaba hasta la bilis, para colmo mi coño y mi culo estaba llenos de leche y por mis muslos tenía lamparones secos de eso mismo. Por lo que me contaron, después que terminamos, me levanté del sofá y como estaba me puse a bailar en medio de la sala, hasta que me caí de lo borracha que estaba. Me vine reponiendo realmente, al siguiente día después de que me desperté. Una de mis amigas, para taparme le comentó a mi novio, que había comido sin darme cuenta unos langostinos, que eso me había intoxicado, o que era alérgica a los mariscos, lo que es falso, pero él no lo sabe. Después de mi despedida de soltera, a la semana fue mi boda, la que pasé bastante bien, sí tomamos en cuenta que Javier, es algo anticuado. Después de mi boda, no volví hacer ninguna loquera, hasta que cumplimos nuestro primer año de casados. Pero de eso les hablaré en otra ocasión, ya que según me recomendó una amiga que es psicóloga, el contar todo lo que yo hago, es muy saludable para mí. Siempre y cuando Javier no se entere.

Autor: Narrador narrador (arroba) hotmail.com

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