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Preñando a Mari

16 de abril de 2009

Suavemente fue abriendo las piernas de la muchacha, y el viejo le estaba pasó su lengua por el rosado clítoris, Mari se encontraba sumamente mojada por dentro, sus flujos vaginales la tenían más que lubricada, por lo que se extrañó al sentir esa rara y deliciosa sensación sobre su clítoris, el placer era único a tal grado que alcanzó un grupo de sabrosos orgasmos, sus gemidos eran más bien gritos de placer.

Don Benigno es un rico industrial, que aparentemente es un dechado de virtudes, dueño de una gran empresa se aprovecha de cuanta ocasión se le presenta para abusar de sus empleadas, o de las esposas de sus empleados, y eso fue lo que le sucedió a José, joven ejecutivo, que recién había comenzado a prestar sus servicios para la compañía de Don Benigno.

José se encontraba recién casado con Mari, una joven de apenas veinte años, pero dueña de un escultural cuerpo, que cualquier reina de belleza envidiaría, no le sobraba ni le faltaba nada, y sumado a eso su gracia juvenil la hacía mucho más atractiva ante los ojos de la mayoría de los hombres.

Don Benigno no conocía mucho a su nuevo gerente de una de las plantas de producción, hasta que debido a un llamado pasadías familiar, José fue acompañado de su hermosa y joven esposa. El viejo como le decían algunos empleados, no pensaba estar mucho rato, pero al ver a la joven, se antojó que esa hermosa mujer sería suya o que por lo menos se acostaría con ella en una ocasión, por lo cual buscó la manera de acercarse a ella, sin levantar sospechas de sus intenciones. La mejor forma que se le ocurrió, fue hacer que le presentasen a José, y desde ese momento los invitó a su mesa, en la que no dejaba de darle reconocimiento al joven gerente. El cual a su vez se sintió sumamente honrado por el hecho de que el dueño de la fábrica le hiciera tantos elogios.

Lo siguiente en el plan de Benigno, era invitarlos a pasar un fin de semana en su lujosa casa de campo. Era un truco que nunca la había fallado, estando en la casa José y su mujer, recibiría una llamada urgente de la planta, por lo cual debería abandonar con premura la reunión, pero por lo urgente del caso debía dirigirse de inmediato a la planta, cosa para la cual y por casualidades de la vida el helicóptero de la empresa se encontraba en la propiedad con el piloto listo a despegar. El detalle era que ese modelo tan sólo tenía dos plazas, la del piloto y la de un sólo pasajero.

Tras una corta intervención, Benigno le indicaba a su empleado, que no se preocupase por su esposa, que una vez que corrigiera la situación se le darían órdenes al piloto para que lo trajese de vuelta a la finca y así podía continuar disfrutando del fin de semana. Ante tales ofrecimientos, y ante la oportunidad de poder demostrarle a su jefe de lo que él era capaz de hacer, José habló unos momentos con Mari, luego de darle un amoroso beso de despedida se marchó en el aparato con rumbo a la planta.

El helicóptero no se había perdido en el horizonte cuando Don Benigno, le ordenó a su mayordomo que se tomase el resto del día libre, lo mismo hizo con la cocinera y par de empleados más que prestaban servicios en la casa. Mari, se encontraba disfrutando de un baño de sol en la piscina, cuando el viejo se le acercó diciéndole. Vente acompáñame al cuarto que estoy desesperado por echarte un buen polvo. La joven no daba crédito a lo que escuchaba, se quedó pasmada sin saber qué decir, hasta justo esos momentos pensaba que Don Benigno era todo un caballero, ya que ni tan siquiera había observado en él una mirada inadecuada o algo que la hubiera hecho sospechar de las intenciones que ante ella en esos momentos él le demostraba.

Como Mari no le respondía él volvió a repetirle casi lo mismo, pero indicándole que si lo prefería lo podían hacer ahí mismo, que a él le daba igual. Fue cuando la chica reaccionó indignada ante la propuesta del jefe de su esposo. Insultando a Benigno de todas las maneras posibles que a ella se le ocurrían en esos momentos, pero lo que más le indignaba a Mari era la pasmosa calma que ese hombre mostraba ante la actitud de ella, el amenazarlo con decirle a su esposo José, no lo preocupaba en lo más mínimo.

Luego que Mari descargó su ira verbalmente, Benigno le dijo. Mira Mari, me permites llamarte así, y si no, no me importa, las cosas funcionan es de la siguiente manera, uno de los elementos, que va a permitir que tu esposo continúe trabajando para mi firma lo tienes tú entre las piernas, otro de dichos elementos lo tienes tú en tu culo, y un tercer elemento lo tienes en tu boca, eso sin contar cómo te comportes conmigo, y desde luego que tan buen empleado es José. Por lo que yo sé es el primer empleo de él, donde está ganando un sueldo elevado, sin contar con la participación de las ganancias anuales y los otros beneficios marginales.

Ante tal situación Mari se volvió a quedar de una sola pieza, todo su futuro y desde luego el de su esposo en la empresa dependía de que se acostase con Benigno. Apenas José llevaba tres meses laborando, y debido al sueldo y su lugar de trabajo le aprobaron el préstamo para la compra de una buena casa en una de las urbanizaciones más caras de la ciudad, eso sin contar la gran cantidad de deudas en que habían incurrido, desde que su esposo trabajaba, ropa, autos, cenas, muebles, en fin de la noche a la mañana de ser un recién graduado en administración de empresas pasó a ser un alto ejecutivo de una gran empresa.

En cierto momento Mari se sintió sofocada, y hasta un cierto mareo le dio, fue cuando Benigno la tomó por el talle y la fue llevando hasta la casa, mientras le decía lo bella y hermosa que era, que él jamás se le hubiera ocurrido hacer algo así tan bajo como eso, pero que se había enamorado locamente de ella, pero que entendía que era la mujer de otro, pero era algo que estaba fuera del control de él, algo que sencillamente no podía controlar, y por eso no dejaría pasar dicha ocasión, para demostrarle tan sólo como él sabía, que tanto la amaba. Esas palabras y otras más fueron repercutiendo en la cabeza de la joven, además Don Benigno a cada rato le indicaba que él era una persona sumamente discreta, y que por medio de él su marido jamás se enteraría. También le recalcó que se encontraban solos, ya que la servidumbre incluso el mayordomo, tenían ese día libre como era costumbre en su finca, cosa que era mentira.

La pareja ya había entrado a la casa, mientras tanto a Mari le daban vueltas en su cabeza todo lo dicho por Benigno, ella era algo inocente en cuanto a su manera de actuar, pero no tonta. Sabía que oponerse a los requerimientos de Benigno, significaría el despido inmediato de su marido de la empresa, y la consiguiente perdida de todas las cosas que juntos habían logrado desde que se casaron. Mari se encontraba en un predicamento, o aceptaba el pedido de ese hombre y se acostaba con él, lo que la haría sentir como una puta, o bien se negaba y se resignaba a vivir en la honrada pobreza.

Ante tal dilema La chica le pidió a Benigno que le diera unos momentos para pensarlo, a lo que él muy caballerosamente aceptó, no sin antes decirle a tono de compromiso, que la carrera de su marido, en la empresa sería una de crecimiento rápido. Pasaron unos minutos, y Mari se presentó al salón donde Benigno se encontraba hablando por teléfono en esos momentos, tras colgar el aparato, le dijo a la chica. Era tu esposo, que va a demorar algo más de lo que pensaba ya que tiene que llegar a unos acuerdo con los lideres sindicales, y esto no se van reunir con él sino hasta mañana. Sacando fuerzas de flaquezas Mari vio a los ojos de Benigno y bajando el rostro le dijo únicamente, sí. El viejo parecía que se hubiera pegado el premio mayor de la lotería, su cara demostraba una alegría tremenda. Casi de inmediato comenzó a besar el bello rostro de la joven, la cual trataba de controlar su rechazo ante tal situación.

Finalmente los delgados labios de Benigno se posaron sobre los carnosos labios de Mari, poco a poco el calor entre los dos fue en aumento, hasta el punto que a él su miembro se le había puesto erecto y presionaba con fuerza contra su pantalón, mientras desesperadamente besaba a la bella joven, por su parte Mari también comenzó a sentir los estragos de la excitación sexual, el serle infiel a su marido era algo que como a toda mujer le había pasado por la mente, pero el serlo era algo muy diferente y excitante, al grado que se dejó llevar por el calor del momento y dejó de reprimir sus nacientes deseos de ser follada por otro hombre que no fuera su amante esposo José. Por debajo del sostén del biquini que ella estaba usando para tomar el sol en la piscina, sus pezones se notaban completamente erectos, el estar semi desnuda frente a ese extraño que la besaba con lujuria, la excitaba más todavía.

Las manos de Benigno como por arte de magia desataron los tres lazos que ajustaban las dos prendas al cuerpo de Mari, quedando esta completamente desnuda ante él. Mientras que con un brazo mantenía el cuerpo de la mujer contra el suyo, con el otro el hombre apartó algunos platos y cubiertos que se encontraban sobre la mesa del salón comedor. Tras lo cual levantó en vilo el delicado cuerpo de la joven, y la sentó sobre el mantel de brocados que se encontraba sobre la mesa, al tiempo que continuaban besándose apasionadamente los dos.

Benigno seguía besando a Mari con mucha pasión, pero lentamente comenzó a bajar su cuerpo y a medida que aún besaba la morena piel de la joven, su boca y lengua se detuvieron sobre los hermosos y parados pezones de la chica, cuando la lengua y boca del hombre comenzaron a chuparlos ella gemía de placer, las manos de Benigno acariciaban todas aquellas partes del cuerpo de Mari que estuvieran a su alcance, pero de forma suave, delicada sin ser brusco ni grosero. Benigno continuó bajando, y por breves momentos se detuvo su lengua sobre el plano vientre de ella, y su lengua la fue introduciendo dentro del ombligo de la mujer de su empleado, para luego continuar bajando al pozo, que es como él se refería al coño de las mujeres con quien estaba.

Suavemente fue abriendo las piernas de la muchacha, y antes de que esta se diera cuenta de lo que realmente pasaba, ya el viejo le estaba pasando su lengua por el rosado clítoris de ella, Mari se encontraba sumamente mojada por dentro, sus flujos vaginales la tenían más que lubricada, por lo que se extrañó al sentir esa rara y deliciosa sensación sobre su clítoris, su marido jamás se le había ocurrido hacerle lo que Benigno le estaba haciendo en esos momentos, las manos de Mari se colocaron sobre la plateada cabellera de él, y con pasión desmedida enterraba la cara de Benigno contra su coño una y otra vez, el placer era único a tal grado que alcanzó un grupo de sabrosos orgasmos, sus gemidos eran más bien gritos de placer.

En esos momentos Mari disfrutaba de algo nuevo en su vida, que la dejó agotada, pero muy contenta y alegre. Tras esa tremenda mamada que él le dio a ella, se incorporó y la levantó de la mesa atravesando la habitación con ella acurrucada contra su pecho, Benigno se dirigió a su habitación donde colocó a la mujer sobre su cama.

Sin prisa Benigno se fue quitando su ropa, su cuerpo contrario a lo que algunas personas podían pensar se conservaba atlético y tonificado. De reojo Mari lo vio desnudo y mentalmente lo comparó con su marido, lo único que José tenía a su favor era la juventud, por lo demás Benigno en todo lo superaba con creces. Mari se encontraba deseosa de continuar, de ser follada por ese tío todo poderoso, y así se lo hizo saber de manera inocente. La verga de Benigno de por sí era mucho más grande y gruesa que la de su marido y se observaba como que más dura y erecta. Mari abrió sus piernas deseosa de recibir ese gran pedazo de carne dentro de ella, con suavidad Benigno tomó su verga y comenzó a rozar los labios vaginales de Mari, mientras que ella toda llena de deseo movía sus caderas buscando introducirlo por completo dentro de ella.

Benigno comenzó a introducir su erecto y duro miembro, dentro de la húmeda y lubricada vulva de Mari, la cual suspiraba profundamente, cada vez que centímetro a centímetro él se lo iba metiendo entre sus carnes. Finalmente los dos cuerpos estuvieron en pleno contacto, él le había llegado hasta donde ningún otro hombre había llegado todavía, y ella estaba dándose sin reserva alguna, se sentía más espontánea y libre que con su propio marido, decía cosas que antes jamás se le hubieran ocurrido ni pronunciar a solas. Papito métemelo duro, qué rico papi, ay Dios que sabroso.

Frases como esas, Mari las repetía una y otra vez, no eran producto de un fingimiento, todo lo que ella sentía y expresaba en esos momentos era completamente real y natural. Por su parte Benigno tampoco permanecía callado, aunque sus expresiones eran algo más reservadas, no por eso era menos calientes.

Mari se encontraba disfrutando de otro sabroso orgasmo, y pensando que él estaba a punto de venirse, si no lo había hecho ya. Una vez que ella comenzó a bajar el ritmo del movimiento de sus caderas y su agitada respiración se fue normalizando, Benigno le sacó su pene de la vulva de ella. Con suavidad la fue volteando, hasta que ella quedó por completo boca abajo, le separó ligeramente las piernas y sin perder tiempo se lo volvió a introducir en el húmedo coño de Mari. Ella se sorprendió al sentir nuevamente entre sus carmes el ariete de Benigno, pero como por arte de magia las fuerzas para continuar follando regresaron a ella, ya no era con la suavidad del primer encuentro, ahora era con una sabrosa fuerza animal que desplegaba ese hombre a sus espaldas, mientras que su verga entraba y salía de su peludo coño, las manos de él jugueteaban con sus senos y con su inflamado clítoris.

Nuevamente los gritos de placer de Mari se escuchaban por toda la habitación y de seguro que por gran parte de la propiedad. El disfrute de la pareja era algo evidente, tanto que ella pedía a gritos prácticamente que le diera más y más duro, a lo que él la complacía haciéndoselo con más fuerza, al tiempo que los gruesos dedos de él exploraban dentro del esfínter de Mari. Nuevamente Mari alcanzó otro estupendo y sabroso orgasmo, acompañada de esa rara sensación en su ano debido al curioso trabajo que parcialmente Benigno le hizo con sus dedos dentro de su culo, era evidente que cada vez que Mari alcanzaba un orgasmo sus fuerzas parecían abandonar su cuerpo, mientras que ella quedaba agotada y hasta somnolienta, pero con una sonrisa de puta en su rostro que reflejaba mucha alegría, ese tío se la había tirado como nunca nadie lo había hecho.

Como si se tratase de una muñeca de trapo, nuevamente Benigno la volvió a colocar boca arriba, ya Mari se había entregado completamente, y cuando se dio cuenta de que sus largas piernas eran colocadas contra los hombros de su amante, ni tan siquiera se molestó en abrir los ojos. En el estupor que se encontraba debido a lo agotada que estaba, no le puso mucha atención a lo que Benigno le estaba haciendo, sentía sus gruesos dedos sobre su coño y parte de su culo, como con cuidado le hurgaban tanto su vulva como su apretado esfínter.

Sentía esas suaves caricias sobre la piel, realmente estaba bien agotada ella se preguntaba de dónde coños sacaba ese viejo de cabellos plateados tanta energía, su esposo siendo mucho más joven apenas y lo hacía una vez a la semana si acaso y en los cinco meses de casados, tan sólo había logrado alcanzar pocos orgasmos tan pocos que sobraban dedos de las dos manos para contarlos.

Las caricias sobre su vulva y sus nalgas la tenían completamente entregada, hasta que de momento debido a un agudo dolor que sintió dentro de su culo, abrió sus ojos desesperadamente, el jodido viejo se la estaba clavando por el culo. Pensó resistir las embestidas de Benigno, pero éste se quedó quieto por un momento contemplando los abiertos ojos de la que en esos momentos era su mujer.

Mari apenas pudo susurrar. Me duele, sácamelo por favor. Pero Benigno comenzó a pasar su mano por sobre los labios vaginales de la vulva de ella, distrayendo ligeramente su atención, mientras que le decía, mira mi negra lo primero que me impactó al verte adivina qué fue, a lo que ella algo confundida respondió que los ojos, los cuales siempre desde pequeña le habían dicho que eran muy hermosos. Benigno la corrigió diciéndole. Estás equivocada, lo primero que me llamó la atención de ti fue tu hermoso y sabroso culo. A medida que continuaba introduciendo su verga dentro de las bellas y duras nalgas de la chica, y al tiempo que por las mejillas de ella corrían un par de lágrimas.

Benigno le continuó hablando para tranquilizarla, y dando tiempo a que ella pasase el dolor, y a medida que le hablaba se lo iba metiendo más y más hasta que sus testículos ya no podían moverse por encontrarse aprisionados entre el cuerpo de él y parte de las nalgas de ella. Durante esos momentos se quedó un rato quieto, pero continuó acariciando con mayor insistencia todo el coño de la delgada muchacha. Mari por su parte sintió un fuerte dolor que en cierto momento le hizo saltar un par de lágrimas, pero la manera en que Benigno le estaba acariciando el coño, rápidamente la distrajo y se concentró más en el placer recibido que en el dolor que soportaba en esos momentos. Pasaron unos cuantos minutos mientras que el hombre permanecía sin moverse, y no fue hasta que ella comenzó a menear sus caderas que él comenzó a meterla y sacarla con calma.

Mari la tenía enterrada hasta el fondo de su culo, y lo que en principio parecía ser un dolor insoportable, se había convertido en una fuente de placer incontrolable. La chica movía sus caderas como una desesperada, mientras que él aparte de darle por el culo como nunca antes hombre alguno se lo había hecho, acariciaba el velludo coño de la joven mujer y en repetidas ocasiones la hizo ver las estrellas, Mari había vuelto a disfrutar de un sin número de orgasmos, estaba como loca completamente entregada a su amante y él a ella. La diferencia de edades parecía no existir entre ellos dos.

Finalmente, Benigno llegó al punto en que se dejó venir, dentro del sabroso y tierno culo que se estaba comiendo en esos momentos. Mari notó que su nuevo amante se encontraba eyaculando dentro del culo de ella y procuró sentir su semen dentro de sus entrañas, ella juraba que algo caliente la invadía por dentro, hasta que por fin el viejo se fue deteniendo poco a poco. Tras lo cual lentamente fue extrayendo su pene, de las duras nalgas de la joven. Mari sí sintió como parte de la esperma de ese hombre que al principio llegó a odiar con toda su alma, corría por sus nalgas, si es verdad que sentía un cierto dolor alrededor de su esfínter, pero comparado con el placer disfrutado eso no era nada.

Benigno se recostó al lado de la que en esos momentos era su mujer, y ella se acurrucó sobre el pecho de su nuevo marido. Así pasaron unas cuantas horas, tras las cuales ambos se levantaron y tomados de la mano se dirigieron al baño para asearse mutuamente. Ya en el cuarto de baño Mari se sentó en el bidé para asearse detenidamente, mientras que él orinaba en el inodoro Benigno fue el primero en entrar a la ducha, y había comenzado a enjabonarse mientras ella expulsaba de su cuerpo una gran cantidad de semen como nunca antes lo había hecho.

Mari sin complejo alguno luego de asearse el culo y las nalgas se reunió con Benigno en la ducha, ya él se encontraba sacándose el jabón, cuando ella a manera de travesura hizo como que el jabón se le había caído de sus manos, se agachó lentamente para poder agarrarlo y justo en esos momentos su rostro quedó frente a frente a la verga en reposo de ese hombre que tanto la había hecho disfrutar ese día.

Sin preámbulo alguno tomó la herramienta de él entre sus dedos y acto seguido la engulló dentro de su boca. Mari le estaba dando una mamada a Benigno sin que él se la pidiera o solicitase. Sus bellos labios lo cubrían completamente, y para ser la primera vez se comportó como una experta al punto que hizo que Benigno se viniera dentro de su boca completamente, tras lo cual él la enjabonó a ella desde la punta de los pies hasta la coronilla. Sus dedos de nuevo hicieron que la joven volviera alcanzar otro de los inolvidables orgasmos que ese día había disfrutado ella.

Tras salir del baño se besaron y luego se vistieron, fue al reencontrarse en la sala que ella le preguntó a Benigno qué pasaría ahora con ella. De momento Mari se sintió mal, al pensar en el pobre de José y le manifestó al dueño de la casa su intención de confesarle todo a su marido, fue cuando Benigno le preguntó qué tanto odiaba a José, extrañada por la pregunta Mari le aclaró que amaba a su marido, que aunque se sentía confundida por lo sucedido estaba segura de que lo amaba un montón.

Benigno le dijo si le cuentas lo sucedido entre tú y yo el día de hoy, vas hacer mucho daño, en el peor de los casos yo te perderé a ti para siempre, le vas a destrozar su vida a ese buen muchacho, y hasta es probable de que no tan sólo yo te pierda a ti, sino que también se puede dar el caso de que él te mate. Piénsalo bien detenidamente además la esposa de mi nuevo gerente general no puede darse el lujo de quedar en la calle tras divorciarse por adulterio, por lo que yo a mi vez me vería en la obligación de sacar a José de la empresa, piénsalo detenidamente, no te quiero presionar, pero analiza el daño que le harías a tu esposo si le cuentas lo sucedido.

Hoy en día, José es el Gerente General más joven de la empresa, Mari se encuentra preñada, y el pobre de José jura que es de él. Benigno se ha ido retirando de la empresa, pero acercando más y más a su amante, al punto que él mismo pidió ser el padrino de su hij… perdón del hijo de su gerente.

Autor: Cronista

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