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“Invéntate algo el viernes por la noche. Tengo ganas de chupártela otra vez y de beberme toda tu leche. Y de que me folles salvajemente”. Éste es el mensaje que llegó a mi móvil y que leyó mi cuñada por error. Estábamos en la casa de mis suegros pasando las vacaciones. Éramos muchos, pero esa tarde estábamos solos mi cuñada y yo. Mi mujer, Alicia, y sus padres habían ido a comprar unas plantas para el jardín. Pablo, el marido de mi cuñada,  trabajaba todavía y no llegaba hasta el día siguiente. Mi sobrino, de 7 años, estaba en casa de unos vecinos de mis suegros.

Tatiana, mi cuñada, después de pegarse un baño en la piscina, se tumbó en el sofá para ver uno de esos programas de una tarde de verano que yo considero bastante absurdos. Así que yo estaba en el jardín, junto a la piscina, tomando un poco el sol y escuchando música con los auriculares puestos. Por esta razón, no escuché que me llegaba un mensaje. ¿Qué pasó? Resulta que Tatiana y yo tenemos mucha confianza. A veces nos vacilamos mucho. Incluso, su marido alguna vez se ha llegado a poner celoso. A mí no me ha dicho nada. Pero Tatiana sí me lo ha confesado. El caso es que con ella mantengo conversaciones de todo tipo. Me habla de sus cosas, de su vida, en general, y de su marido, en particular. Del trabajo, de su hijo, de sus miedos… Y también de sexo. Concretamente del poco sexo que tiene con su marido.

La cuestión es que llegó el mensaje a mi móvil y yo no lo escuché. Tenía el teléfono en una mesita de centro, junto al sofá donde estaba mi cuñada tumbada. Y a ella no se le ocurrió otra cosa que mirar quién me enviaba el mensaje. Al cabo del tiempo me dijo que lo había mirado porque pensaba que había sido mi mujer y que sería porque necesitaba preguntar alguna cosa. Pero se encontró con un mensaje de un teléfono no registrado en mi agenda que, por una parte, la dejó sorprendida. Y, por otra, la dejó excitada. Esto también me lo dijo después.

El caso es que estando yo tumbado escuchando música, sentí una sombra ante mí. Abrí los ojos como pude y vi a Tatiana de pie con su bikini de colores ante mí, mirándome muy seria y con mi teléfono en la mano. Me preguntó qué significaba aquel mensaje. Lo leí y le dije que no tenía ni idea, que seguramente era de alguien que se había equivocado, que era de un número que no tenía en mi agenda. Evidentemente, no se lo creyó. Lo cuento ahora con la situación en el recuerdo y no pasa nada. Pero en aquel momento estaba muy nervioso.

Entonces, Tatiana me dijo que le diera unos minutos. Y se metió dentro de la casa. Fui detrás de ella, pero se encerró en su habitación. Yo no sabía qué hacer. Le daba mil vueltas. No sabía si fingir que era un error de alguien o contarle la verdad. Se trataba de una compañera de trabajo, casada también, con la que estaba follando de vez en cuando. Pasaban mil ideas por mi cabeza. Pero mis pensamientos quedaron interrumpidos cuando Tatiana me llamó. Me dijo que pasara a su habitación. Abrí la puerta y la vi tumbada encima de la cama, con los laterales del bikini desabrochados, con una sonrisa dibujada en su carita y con la parte de arriba del bikini colocada, pero sin atar. Me hacía gestos con un dedo para que me acercara.

Está claro que no podía acercarme. Le pedí por favor que se pusiera bien el bikini y se lo atara y que saliera fuera para charlar. Entonces me dijo que tenía dos opciones: una, quedarme fuera. Y dos, chuparle el coño. La verdad es que Tatiana está buenísima. Casi 1,70 de estatura, un cuerpo bonito, más bien delgada. Con pechos pequeños, pero muy lindos. Unos pezones rosados deliciosos. Y siempre huele muy bien. Y por las conversaciones que mantenemos, muy morbosa. Y poco explotada sexualmente por su marido.

Ella me dijo que si decidía quedarme fuera, le contaría a su hermana lo del mensaje. Y que si decidía chupárselo, nadie se enteraría de nada. Ni que me llegó un mensaje ni que se lo había chupado. Me dijo también que más de una vez había visto como follaba con su hermana. Y que tenía grabado en su cabeza una tarde en que nos pilló follando en nuestra habitación porque teníamos la puerta entreabierta. Me dijo que ella estaba tumbada con las piernas abiertas y que yo estaba con mi cabeza metida entre sus piernas, haciéndole una mamada que por la cara y los gemidos de mi mujer debía estar encantándole.

Por un momento pensé… De perdidos, al río. Si se tiene que enterar, que se entere del todo. Así que me acerqué a Tatiana, me senté a su lado, la miré fijamente a los ojos, luego a sus pechos, le sonreí y le di un morreo que casi la asfixio. Ella no se quejó. Al contrario, respondió perfectamente echando mano a mi paquete. Yo ya estaba excitado. Nos besamos durante muchos minutos. Le dije que podían llegar todos en cualquier momento. Ella me dijo que tardarían, que mi hermana siempre se liaba cuando salía con sus padres de compras. Después de muchos abrazos, de muchos besos, empecé a besarle el cuello de forma delicada, suave y dulce. Luego sus hombros. Después sus pechos. Me paré en sus pezones. Los saboreé. Estaban duros. Tersos. Erectos. Impresionantes. Los chupé tranquilamente primero. De forma muy delicada. Como mis besos. Y luego más salvaje. Se los mordisqueé y ella gemía de placer. Me decía que se los mordiera. Me gritaba: – Me tienes a mil, cabrón. Con razón mi hermana está loca contigo. Me gusta tu polla. ¿Te la podré chupar como te la chupará el viernes la putita que te ha enviado el mensajito?

Yo no respondía. Sólo chupaba y chupaba. Después de sus pezones bajé por su barriguita, por su ombligo. Con mis manos rozaba sus piernas, sus pechos, sus pezones, sus labios, su cuello, todo su cuerpo. Mi polla estaba dura. Iba a reventar. Además, estaba a mil porque cuando nos quedamos en casa de mis suegros, mi mujer no es demasiado dada a follar por las noches porque le da vergüenza que alguien nos pueda oír. Estaba loco por follarme a mi cuñada. Pero seguí chupando todo su cuerpo. Después de su barriguita y mientras rozaba todo su cuerpo, con un dedito rocé su coño. Lo introduje entre sus labios, busqué su agujerito y pude comprobar que estaba absolutamente mojada.

Ella me preguntó si me gustaba verla así, excitada por mi culpa. Le respondí que me encantaba. Ella me dijo que soñaba desde hacía años con ese momento, que estaba mal decirlo, pero que me deseaba. También me insistía: – ¡Fóllame!

Le dije que tenía que esperar. Seguí con mi boquita recorriendo su cuerpo. Me detuve en su coño cada vez más excitado y cada vez más mojado. Después de pasar mis deditos por él, pasé mis labios y lo besé. Y luego paseé mi lengua entre sus labios para saborearlo. Fue entonces cuando me dijo que después de decirme lo del mensaje, se había excitado y como sabía que iba a acceder a su chantaje, se fue rápidamente al baño para lavárselo y para prepararlo bien para la mamada que le iba a hacer. Le dije que nunca imaginé que pudiera ser tan caliente. Y ella me dijo: – Y tan puta, ¿verdad? Hazme tuya. Quiero ser tu puta ahora mismo.

Y yo seguí trabajando entre sus piernas. Le chupé un poquito su rajita y después seguí mamando sus piernas, sus muslos, sus rodillas y sus pies, que me encantaban. Siempre se lo había dicho. En ese momento yo ya había perdido la noción del tiempo y de la responsabilidad. Y ya me daba todo igual. Subí rápidamente hacia su coño y empecé a chupárselo con frenesí, más salvajemente. Lo saboreaba y quería más. Ella estaba cada vez más loca, más excitada y gemía cada vez más alto. Su respiración se agitaba cada vez más y con sus manos apretaba mi cabeza contra su vagina con más fuerza. Yo pasaba mi lengua por sus labios, por su clítoris, que parecía una polla pequeñita, gordita, durita, erecta. Noté que cada vez que pasaba mi lengua por su clítoris y por la parte inferior del mismo ella se retorcía de placer. Me dijo que se iba a correr y que no parara y yo seguí con más fuerza y más rápidamente hasta que noté como sus espasmos hacían que golpeara su coño contra mi cara. ¡Qué delicia! Me bebí todos sus jugos. Estaban ricos. Ella se retorcía de placer y me pedía que parara. Pero en ese momento yo iba a estallar. Tenía la polla grande, dura, tiesa, enorme y cargada de leche. Estaba preparada para descargar.

Me puse a su nivel y besé sus labios. Le pregunté si le gustaban mis besos con sabor a su coño. Ella seguía excitada. Yo besaba sus labios y rozaba su coño con mi polla. Ella me la tocaba con sus manos y la colocaba en la entrada de su cuevita. Y me susurraba al oído que la follara: – ¡Fóllame! ¡Fóllame, cabrón! Métemela entera. Hazme a mí todo lo que le haces a mi hermana.

A mí me excitaba que Tatiana hablara así. Me ponía malísimo. Y no aguantaba más. No quería follármela tan rápido porque sabía que no iba a tardar nada en correrme con el calentón que llevaba. Pero ella se movía junto a mí con mi polla colocada en la entrada de su agujerito. Y hacia movimiento buscando ser penetrada. Y no pude más. Así que introduje mi polla de un solo golpe en su interior. Ella me decía que era una delicia sentirla así. Me decía que eso era una polla y no la de Pablo, su marido, que la tenía pequeña, que se aflojaba cada dos por tres y que se corría en dos minutos. Y que no sabía chupárselo. Y que ni siquiera se esforzaba en masturbarla. Así que siempre iba salida, con ganas de follarse a cualquiera. Y que no lo hacía porque no se atrevía. Pero que lo que estaba haciendo era algo que deseaba haber hecho hacía años.

Yo empecé a moverme rítmicamente. Primero despacio. Mete y saca. Entra y sale. Despacito. Para que ella notara como mi polla entraba y salía de su coño. Pero ella me pidió que lo hiciera más rápido. Volvía a gemir como una loca y con la voz entrecortada me decía: – Fóllame salvaje, hijo de puta. Fóllame como en tu puta vida hayas follado a mi hermana.

Esas palabras me pusieron loco. Empecé a bombear cada vez más rápido mientras besaba su boca y tocaba sus pezones con mis dedos. Mis movimientos eran cada vez más rápidos, más fuertes, más salvajes y sentí que me iba a correr. Con un movimiento rápido se la saqué del coño y justo en el momento en que me corría se la puse en la boca y empezaron a salir los chorros de leche de mi polla dura, gorda y tiesa como un palo. Y ella abrió la boca, se puso mi tronquito en los labios al tiempo que con una mano me lo meneaba para llevarme al orgasmo y empezó a saborear cada uno de los chorros de leche que salieron de mi polla. Y cuando acabaron de salir los chorros de leche, se la metió en la boca enterita, me la mamó durante unos minutos y me la dejó absolutamente limpia. Y a mí me dejó totalmente relajado.

A partir de esa tarde, mi relación con Tatiana cambió. Además de aprovechar cada momento en que mi mujer y mis suegros y mi cuñado estaban fuera, también se las ingeniaba para quedar conmigo de vez en cuando. Lo hacía enviándome un mensaje al móvil que decía “Invéntate algo el viernes por la noche. Tengo ganas de chupártela otra vez y de beberme toda tu leche. Y de que me folles salvajemente”.

dulcesalvaje69@hotmail.com (se admiten comentarios y sugerencias)

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