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Que noche con mi suegra

29 de abril de 2013

Me levanté para recoger las frazadas del suelo, la cubrí con las mismas tal como estaba, con las piernas abiertas y las tetas afuera y luego busqué mi calzoncillo, me lo puse y salí del cuarto. Fue una gran satisfacción haber culeado lindamente a mi suegra y en el mejor estilo, patas al hombro, nunca pensé que lo lograría, por cierto disfruté mejor que con la hija.

Mi suegra, en ese tiempo una señora de unos cincuenta años, morena, gruesa de cuerpo, labios no muy gruesos con una boca grande también profunda y elástica, de cara no muy atractiva, compensaba su relativa fealdad sus tetas grandes manteniendo un apetitoso atractivo sexual, de abdomen con carnes flojas y crecido por los años que era equilibrado por sus grandes nalgas aun duras que formaban un hermoso culo grande, aproximadamente el doble del que tenían sus hijas.

Sus gruesos muslos y pantorrillas formaban unas atractivas piernas todavía torneadas que al mirarlas era imposible no hacer comparación con la de sus hijas, esas piernas no dejaban de excitar cuando alguna vez se le subía el vestido o se agachaba para recoger algo o entreabría al sentarse.

En una oportunidad, salió de la ducha envuelta en sus toallas, estas le cubrían desde las tetas hacia abajo, tenía los hombros desnudos, se sentó en una silla en la terraza que quedaba al frente de la ventana de mi cuarto y empezó a cortarse las uñas de los pies, para eso levantó el pie sobre la rodilla del otro pie abriendo las piernas gordas y dejando ver al fondo sus pelos negros y abundantes, retiré un tanto la cortina miré con más atención y pude ver el comienzo de su clítoris y parte de los labios superiores de su gran coño.

Por supuesto que ella no me estaba viendo, yo estaba detrás de la cortina de la ventana, ella pensó que no había nadie en casa y fue así que libremente levanto las piernas dejando ver su desnudez, esta vez confirmé mis apreciaciones que la vieja tenía lindas y excitantes piernas, mi verga se puso dura, era la primera vez que la vieja me procuraba una excitación total, nunca antes pensé excitarme así por ella, pero me di cuenta que estaba mejor dotada que mi mujer, me bajé el pantalón para liberar mi verga y masturbarla apretándola fuertemente por ella, fueron largos minutos de ver el espectáculo que ella me estaba brindando, terminó de cortarse las uñas y se retiró a su habitación, yo me quede trémulo de excitación.

Mi suegra era una mujer un tanto conservadora de aquellas que sólo conocieron el sexo del marido en la forma más reprimida, en alguna oportunidad expreso no conocer la verga de su esposo porque solo culeaban por las noches y a oscuras, el orgasmo para ella era desconocido en toda su vida matrimonial, así lo expresaba ella en conversaciones con sus hijas, seguramente no expresó su deseo en su oportunidad a gritos como lo hizo mi mujer, cuando en las conversaciones se tocaba temas de orden sexual, le brillaban los ojos ardientes de deseo, le gustaba hablar de sexo, por la sinceridad de sus palabras esta mujer era virgen de boca y ano, su marido nunca pasó su verga por esos lugares, pese a tener tan lindo culo estaba envejeciendo sin conocer el verdadero goce sexual.

Así fueron pasando los meses, yo solo la miraba a mi suegra con deseo, era imposible pensar en algún día podérmela culear. En una oportunidad ella, muy apurada para salir a una cita con sus parientes, entró a su dormitorio a cambiarse de ropa sin darse cuenta que yo me encontraba muy cerca, de espaldas a la ventana donde yo me encontraba se quitó la ropa que llevaba puesta incluidos la bombacha y el sostén quedando completamente desnuda, yo pude apreciar su grueso cuerpo observando principalmente su culo y sus piernas gruesas, la vieja pese a su edad y gordura mantenía unas nalgas redondas y piernas gruesas y torneadas que provocaron un sacudón sobre mi verga, entreabrió las piernas y tomando su bombacha se limpió su cocho y luego toda la raja del culo.

Al ver eso mi verga se me puso enhiesta como un mástil, era la segunda vez que veía sus partes intimas al desnudo y la segunda vez que mi verga se enduraba brutalmente por ella, seguidamente procedió a cambiarse rápidamente su nueva ropa de salida, se hizo unos arreglos de cabello y salió a tomar un taxi apresuradamente dejando la ropa que se cambio encima de la cama. Al ver todo aquello y como no había nadie más en casa, me aproximé a ver las ropas de la señora sobre todo el calzón y el sostén, ambas eran prendas enormes que en esos momentos aun conservaban el calor del cuerpo de la vieja.

Decididamente tomé el calzón observando directamente la parte más importante que era la que hacia contacto con la concha de la señora, se veía una mancha tendida a un color café claro de aproximadamente tres centímetro en su parte más ancha y unos nueve a diez centímetros de largo, la forma y el tamaño de la mancha en el calzón daban una muestra muy evidente del tamaño y forma del gran coño de esta mujer.

Llevé esa parte del calzón hacia mi cara para olerla, sentí el calor del cuerpo que aun mantenía la prenda, el olor característico que despide el coño de la mujer en este caso era algo muy especial, más profundo, más concentrado, más de mujer. Seguidamente y sacando la lengua me puse a saborear aquella parte del calzón, en ese momento imaginé estar lamiendo la concha más rica y excitante. El trapo se entró en mi boca definitivamente para ser chupado intensamente, mi verga estaba totalmente parada y latiendo, bajándome el pantalón la cogí sin dejar de chupar el calzón, me encontraba muy excitado y me masturbé duramente, por un momento dejé de chupar el calzón sacando de mi boca, me di cuenta que mi boca se quedaba con el sabor y olor de la rica concha.

La operación de chupar el calzón y masturbarme la repetí varias veces hasta que, sintiendo el deseo de descargar mi semen, llevé el calzón a mi verga y poniendo en contacto la parte de la mancha con la punta, envolví mi verga y empecé a masturbarme con fiereza, con la otra mano cogí el sostén llevándolo también a mi boca por la parte que hizo contacto con los pezones de la vieja, chupé para sentir el sabor salado de las tetas, en esos momentos vino la rauda y prolongada eyaculación sobre el calzón, este quedó totalmente empapado en esa parte con todo mi semen, por primera vez me masturbe por mi suegra y tuve un orgasmo muy placentero gracias a su olor y sabor de la vieja, su calzón y su sostén me sirvieron para imaginármela culeando conmigo. Salí del cuarto un tanto tembloroso por la emoción dejando las prendas encima de la cama, luego me senté en el patio a relamerme la boca que se quedó con el rico sabor de la concha de mi suegra.

Desde que la vi cortarse las uñas miré y admiré el culo, las tetas y las piernas de mi suegra, pero esa fue la primera oportunidad que tuve para sentir y gozar de deseo por ella y darme cuenta que era una mujer más. Desde aquel día no perdía la oportunidad de tomar sus calzones de la vieja y masturbarme a gusto saboreando el exquisito sabor de su coño, imaginándola desnuda con las piernas abiertas y yo culeándola, lamiendo su concha y haciéndola chupar mi verga, esto lo hacía aprovechando los momentos de descuido de todos los de la casa. También siempre buscaba la manera de ver como se desnudaba para ponerse el camisón cuando se disponía a dormir, y poder apreciar el tamaño de sus tetas y su hermoso culo.

Pasaron algunos meses y todo ese tiempo quedó en mi una curiosidad de saber que pensaba mi suegra luego de haberme visto culeando a su hija, ella en alguna conversación que escuché con sus hijas comentó que solo sentía dolor en sus relaciones, y a su hija la vio gritar de placer pidiendo más. Me llamó mucho la atención como desde aquel día que nos vio, fijaba los ojos con disimulo en la parte de mi verga como preguntándose como realmente era. Sus miradas me causaban estremecimiento en mis bolas, yo sabía porque lo hacia, por otra parte yo no perdía la oportunidad de robarle los calzones para sentir el olor y sabor de su coño y masturbarme en su nombre. De hecho me di cuenta que era una mujer a la cual su marido no le dio el suficiente placer en todos los años de matrimonio, esto me excitaba aún más.

Un día mi mujer se fue de viaje por asuntos de trabajo, era la primera vez que nos separábamos y también que dejábamos de culear después de más de un año de matrimonio, tenía veintisiete años de edad y mujer veinticinco, por más de un año mi cuerpo ya se acostumbro a tener sexo activo en forma diaria. Mi mujer partió un día lunes a primera hora, su ausencia duraría unos diez días.

Los primeros días pasaron sin notarse la ausencia de la costumbre de hacer sexo. Al cuarto día sentí la hinchazón de mis bolas y mi verga se ponía gruesa y dura, busqué de alguna manera satisfacer mi deseo intentando inútilmente robarme un calzón de mi suegra para masturbarme como lo hacía cuando se presentaba la ocasión, sin lograr este objetivo porque los papas de mi mujer no salían de casa. Al día siguiente (viernes), durante la noche no aguanté más, tenía que vaciar mis bolas de cualquier manera, me acosté en mi cama totalmente desnudo, mi verga se puso dura y empecé a masturbarla duramente, en eso me acordé que Malena, la hermana de mi mujer, dejó sus zapatos de taco alto días antes, Malena era poseedora de unos pies pequeños, bonitos y excitantes, de aquellos pies que no podían dejar de ser besados y saboreados en el momento de hacer sexo.

Busqué los zapatos en el ropero, los tomé y realmente la forma de los hermosos pies quedaron en los en los zapatos y esto me puso más excitado, uno de ellos lo llevé a la boca y lamí la parte donde hace contacto la planta del pie y los dedos sintiendo el sabor excitante de los pies, el otro zapato lo puse en mi verga llenando totalmente el zapato con todo mi aparato incluidas las bolas, me tiré encima de la cama para hacer movimientos como si estuviese culeando realmente, me masturbaba en el zapato, nada tuvo que envidiar a una vagina de mujer, imaginarme culeando con la bella Malena era realmente hermoso, no tardó el momento de liberar mis bolas, un gran chorro invadió el zapato de Malena causándome gran satisfacción.

Llegó el día sábado, ya eran seis días que no agarraba mujer, sin embargo me ayudó mucho haberse masturbado en los zapatos de Malena y pasé el día tranquilo. En las primeras horas de la noche los papas de mi mujer se alistaron para ir a una invitación, una fiesta, yo me quede en casa mirando TV en mi cuarto hasta muy tarde, eran las primeras horas de la madrugada del día siguiente domingo, aproximadamente la una de la mañana y cuando apagando la TV me aprestaba a dormir, escuché el ruido de la puerta al abrirse, eran mis suegros que llegaban de la fiesta con unos amigos, todos estaban muy bebidos, mucho más bebida estaba mi suegra, los amigos se quedaron en el living y los viejos subieron a su dormitorio, por el ruido que hacían me pare a ver, una de las ventanas de mi cuarto daba justamente al frente del baño, al pasillo y al dormitorio de los suegros y me puse a mirar.

Mi suegra con deseos de orinar entró al baño muy tambaleante, su marido la ayudó, seguramente pensando que no les veía nadie dejaron la puerta abierta del baño, la vieja levantándose el vestido se bajó el calzón y las medias para sentarse luego en el inodoro depositando su hermoso culo grande, se veían sus piernas gruesas casi unidas, en esa posición se quedó varios minutos dormitando, su marido al percatarse de ello se dispuso a levantarla, en la acción pude ver un triángulo de abundantes vellos negros percibiendo también unas gotas del líquido que descargó momentos antes, el marido hizo que la vieja separara un tanto las piernas para luego coger parte del vestido y secar los vellos mojados por la orina, la acción fue clara, aprovechó también para masturbarla un poco metiendo su dedo a su cocho. Al ver se me paró inmediatamente la verga, se puso bastante dura.

El marido de la vieja subió el calzón y las medias para luego casi arrastrándola llevarla a su cama, también con la puerta abierta la ayudó a quitarse la ropa, prácticamente se la quitó el marido, dejándola semidesnuda, solo con el calzón, yo estaba viendo desde la ventana de mi cuarto todo aquello, las tetas grandes le colgaban dejando ver unos pezones grandes y rojizos que invitaban a la succión, la vistió con el camisón para dormir y echándola en la cama la arropó, salió del cuarto apagando la luz para dirigirse donde sus amigos que luego de una charla casi a gritos, alzaron una guitarra para luego salir a continuar tomando tragos en otro lugar.

Nos quedamos en casa solos mi suegra y yo, estaba vestido con una polera y calzoncillo, al oír cerrarse la puerta inmediatamente salí de mi cuarto para dirigirme al cuarto de mi suegra, en esos momentos pasaron muchas cosas por mi mente, tal vez me animaría por lo más riesgoso, era mi oportunidad para por lo menos apretar las tetas y las nalgas de mi suegra, aproximándome a la puerta escuché como roncaba, me quedé así varios minutos, mi verga dura sobrepasaba la pretina de mi calzoncillo hasta llegarme al ombligo. Al fin arranqué valor para abrir el cuarto de mi suegra, lo hice muy lentamente metiendo la cabeza, en la penumbra vi el cuerpo de la vieja, ella roncaba estaba en un sueño muy profundo producto de la borrachera, entre decididamente, la toqué por los brazos luego desabrochando todos los botones metí las manos debajo del camisón palpando las tetas en esos momentos desprotegidas, era la primera vez que tocaba aquellas tetas grandes y un tanto blandas, no me alcanzaban las manos para poder contenerlas completamente.

Percibí los pezones grandes y los apreté, en esos momentos mi verga me estaba por reventar, el semen estaba casi en la punta, la suegra seguía durmiendo profundamente no se daba cuenta de los apretones en sus tetas ni de mi presencia, entonces prendí la luz, con su vestido que estaba cerca tape los ojos de la vieja para evitar se despierte, luego vi las tetas enormes en completa exposición para mi solo, terminé de quitar las tapas que aun la cubrían, subí hasta la cintura el camisón y pude observar las hermosas piernas gordas y gruesas que tanto me excitaban, al verlas tan de cerca me produjeron un sacudón, las miré por un largo momento y luego metí mi mano bajo su calzón tocando los abundantes vellos de la vieja y al palpar su resbaloso y húmedo clítoris, no aguanté más, sentí que mi verga reventaba en un chorro copioso, soltando el clítoris tomé con una mano la una teta y me la metí en la boca para propinarle fuertes chupetones y mordidas, con la otra apenas pude coger un zapato de la vieja que estaba en el piso para meter mi verga apretándola y descargando inmediatamente todo mi semen concentrado en mis bolas, tal como lo hice en los zapatos de Malena. El orgasmo fue largo, intenso lleno de vigor, el zapato de la vieja quedó lleno de semen, mi verga pese a haber descargado el semen continuaba parada, las mordidas y chupadas sobre la teta grande de la vieja no le hicieron mella, ella continuaba durmiendo.

Luego de relajarme un poco la miré a mi suegra casi desnuda, con las grandes tetas y piernas totalmente descubiertas, mi verga continuaba parada y con el deseo que la tenía a la vieja pensé que podía hacer más cosas, de manera que para asegurarme salí corriendo hacia la puerta de entrada para poner la cadena de seguridad y evitar ser sorprendido por el suegro en caso de que llegase, volví donde la suegra, mi verga continuaba totalmente parada como si no hubiese descargado su semen. Esta vez con más seguridad quité el calzón de la vieja para ver definitivamente su vellos y piernas y la forma de su culo, no tomé en cuenta la gran cantidad de grasa que llevaba por la parte del abdomen, eso no importaba porque lo que yo quería era lo de más abajo, separé las piernas doblando un tanto las rodillas para quitar el calzón y con el en la mano lo mire y nuevamente me fijé en la parte que cubre el cocho, encontrándome nuevamente con la mancha de la concha tal como vi aquel primer día en que otro calzón estuvo en mis manos, pero en esos momentos tenía la oportunidad de tener la propiamente concha de mi suegra.

Me quité el calzoncillo liberando totalmente mi verga que empezó a moverse en una forma incontrolable como pidiendo entrar de una vez a su estuche favorito, entonces tomé las piernas gruesas y gordas de la vieja, pese a la gordura me producían una fuerte excitación porque al fin y al cabo eran piernas de otra mujer y además de la mamá de mi mujer, esto último me causaba una emoción bien fuerte.

Separé las piernas poniéndome en medio, las levanté sujetando por las gruesas pantorrillas al mismo tiempo que las abría, bajé la mirada y al fin pude ver lo que más me fascinaba de las mujeres que en este caso era mucho más especial, al fondo y entre los pelos estaba la hermosa, grande y rica concha de mi suegra, mirando me quedé casi sin respirar era un momento de emoción que me embargaba, tenía que verla y olerla más de cerca, entonces sin dejar de abrir las piernas las llevé hacia delante a la altura de las tetas que en esos momentos estaban totalmente expuestas, y doblando las rodillas logré una posición donde toda la raja de la vieja quedaba expuesta, en esa posición aprecie realmente el tamaño y las formas redondas del culo grande, bello y excitante de mi suegra, era la primera vez veía un culo de semejantes proporciones, era el culo por el cual me masturbé tantas veces, ni el culo de mi mujer que era el más grande culo que había culeado hasta esos momentos era así.

Mi mujer también era gorda y de gruesas piernas con relación a otras que conocí. El canal de la vieja era también oscuro como de mi mujer pero más largo en extensión, me fije más detenidamente en la poderosa concha acercándome a diez centímetros, lo que estaba viendo era realmente fantástico, estaba observando un clítoris largo como de unos cuatro centímetros y tan grueso como la parte inicial del dedo medio de mi mano, los labios de la concha de color café oscuro en sus bordes y rosados en sus bases de unos tres centímetros de alto y cinco de largo, la vulva rojiza dejaba entrever el comienzo de la vagina también del mismo color, que agrandaba más el tamaño del cocho con unos dos centímetros más, despedía una fragancia exquisita y fuerte de mujer.

A los cincuenta años la vieja era poseedora de una hermosa rosa al medio de sus piernas que pedía a gritos el riego fantástico del deseo, su forma y prestancia nada tenía que envidiar a las conchas de mujeres de veinte o treinta años. La vulva daba inicio al túnel ancho y profundo de la vagina, dispuesta a recibir las más grandes y gruesas vergas y a brindar el placer más absoluto al macho que la penetre, que sepa disfrutar de esa sexualidad y sepa también brindarle el placer que se merece.
Así me quedé mirando por largos minutos aquella concha fascinante, estaba estupefacto. La vieja hizo un movimiento que me sacó de mi estado absorto, ella solo movió la cabeza de una lado a otro sin dejar de dormir, no se daba cuenta que estaba siendo observada en toda su intimidad, nunca antes un hombre la observó y apreció de esa manera, cuando estuve seguro que continuaba durmiendo volví a mirar su hermosa concha, esta vez miré también su ano casi cerrado, menos cerrado que el de otras mujeres, sin embargo este estaba virgen y parecía estar pidiendo que alguien penetre rozando las paredes de su túnel oscuro, a dos centímetros de distancia de la vulva.

No aguante más, mi lengua salió rauda clavándose en lo más hondo de la vagina, con una convulsión de movimientos como queriendo tocar el útero, los movimientos de mi lengua dentro de la vagina eran tan intensos que cualquier mujer hubiese estado por el quinto orgasmo, tal vez ella misma si hubiese estado más consciente.

Saqué la lengua de la vagina para chupar el clítoris que con el accionar de la lengua se endureció reciamente, estaba muy erecto, la chupada de clítoris fue memorable, este llenaba toda mi boca era mordido y latigueado con la lengua sin compasión, nunca antes había chupado un clítoris de ese tamaño, solté un poco las piernas hasta que los pies apoyaran en la cama con las rodillas dobladas.

Sin dejar de chupar aquel poderoso clítoris mis manos empezaron a manipular con fuerza las grandes nalgas, haciendo eso combinaba con lamidas y chupadas, metiendo la lengua en la vagina y agarrando nuevamente el clítoris con los labios, tiré mis manos hacia las tetas grandes y las apreté con vehemencia. El sabor de esa concha era realmente exquisito como se reflejaba en el calzón que mucho antes me hizo vibrar, nuevamente sujeté las piernas a la altura de las rodillas y las impulsçe hacia adelante para tener mejor disposición del culo, a lengüetazos recorrí todo su canal profundo, mi lengua también se introdujo en el ano, la hacía girar en la entrada para luego de un solo lengüetazo unir el ano con la concha haciendo varios embates seguidos y rápidos en ambos agujeros.

Desde que entré en la habitación ya había transcurrido como una hora, eran como unos cuarenta y cinco minutos que yo estaba lamiendo y chupando aquel culo. La vieja que ya había dormido todo ese tiempo empezó a sentir las caricias febriles de mi lengua sobre todo el contenido de su canal, manifestándose con un gemido de placer, entonces antes que asustarme, intensifiqué las lamidas sobre su chocho, tragándome todo el clítoris sacudía rápidamente la cabeza de lado a lado soltando nuevamente las piernas para dejar que apoyen los pies en la cama. La vieja gimió más claramente, con el apoyo de sus pies sobre la cama empezó a mover todo el culo con los movimientos propios de un culeo, ella ya estaba excitada y sintiendo placer, por primera vez en toda su vida sexual ella estaba sintiendo las caricias de la lengua de un macho sobre su concha y estaba gimiendo de placer pese a los tragos que llevaba encima que por lo visto ya se le estaban diluyendo.

La vieja ya daba muestras de estar consciente por los movimientos de deseo de su lindo culo y sus gemidos cada vez más fuertes, aun tenía el vestido cubriendo su cara y ojos. Me acordé del riesgo que estaba pasando y decidí de una vez metérsela mi verga dura en esa concha que tanto había lamido, así, dando un fuerte chupetón al clítoris que estaba totalmente erecto, dejé de chupar y me levanté poniéndome de rodillas, al mismo tiempo que levantaba nuevamente las piernas de mi suegra abriéndolas, seguidamente me acerqué hasta la altura del cocho expuesto, colocando las piernas sobre mis hombros e inclinándome un poco busqué con mi pene el agujero tan deseado, la punta hizo su primer contacto con el clítoris como saludándose, los grandes labios de la concha se separaron cual si fuese una rosa abriendo sus pétalos como dando la bienvenida a aquella verga, la humedad del chocho era abundante y caliente, estaba todo dispuesto para la penetración.

Vino el primer embate con vigor y violencia sobre la linda concha perdiéndose totalmente mi verga, los dos cuerpos estaban completamente unidos como si más antes ya se hubiesen conocido, esto produjo en ella un gemido que le salió desde muy adentro de su garganta aparentemente de sorpresa mezclado con abundante placer, yo sentí la suavidad y el calor de la vagina que abrigaba mi verga con profunda satisfacción, ella volvió a mover la cabeza esta vez de un lado a otro sin destaparse la cara cubierta con su vestido.

Yo busqué darme comodidad sobre mis rodillas y agarrando con mis manos el grande culo, empecé a culeármela a mi suegra, moviéndome rítmicamente con fuerza, metiendo y sacando mi verga, sentí la suavidad y calor de la vagina totalmente lubricada por el liquido que esta emanaba en cada movimiento, el liquido era tan abundante que se notaba como salpicaba y mojaba lo vellos de ambos, hecho que permitía un desplazamiento fabulosamente placentero de la verga dentro de la vagina que en cada embate producía un sonido innegable de algo que estaba totalmente húmedo (mi mujer nunca soltó una gota de liquido en los momentos de orgasmo). Mi suegra y yo estábamos totalmente embalados, ella realmente gemía de placer, a mi me saltaban los ojos de la emoción, ya no nos importaba nada, estábamos gozando como locos, ella con los ojos cerrados sin saber quien le estaba proporcionando por primera vez tanto placer, sin saber quien estaba logrando que por primera vez se humedezca con tanto liquido en su vagina, sin saber quien la estaba convirtiendo en mujer a su edad actual.

El movimiento de cada embate hacía que las tetas grandes se movieran de arriba hacia abajo como indicando que también estaban participando de ese momento sublime, yo separando un poco las piernas de mis hombros me incliné más para cogerlas con la boca, tomé uno de los pezones para succionarlo profundamente una y otra vez, mordía el pezón al mismo tiempo que sacudía la cabeza de un lado a otro, mis brazos envolvieron las piernas gruesas que en esos momentos estaban levantadas hacia arriba para sujetarlas y además lograr coger las tetas y apretarlas logrando de este modo chupar de mejor manera, chupaba cada teta como nunca, hacia mucho tiempo que no chupaba unas tetas de ese tamaño (las tetas de mi mujer no eran ni le tercera parte), de manera que tenía que aprovecharlas al máximo.

Para ambos esto era maravilloso, entre meter, sacar y chupar las tetas ya pasaron como veinte minutos, eran fabulosos veinte minutos que no dejaba de culear, de tirármela duro a mi suegra (cuando lo hacía con mi mujer no duraba ni dos minutos dentro). El momento culminante llegaba, la vieja gemía, jadeaba ya sin reparos, al punto que ya empezó a gritar como lo hacen las mujeres que están en lo máximo de su placer diciendo:

-¡Así! ¡Así!, ¡ayyyy…! ¡ayyyy…!

Sus piernas se pusieron tensas, las apoyó con firmeza sobre mis hombros y empezó a mover el culo ejerciendo presión en su vagina apretando dulcemente mi verga sin dejar de gemir, sin duda que ella estaba gozando por primera vez de la sensación de un orgasmo profundo y prolongado.

A mi un calor me invadió mi cuerpo, sentí un escozor profundo en mi verga que me sacudió de pies a cabeza sacando de mi garganta también un gemido fuerte de placer, el chorro copioso de semen bañó el útero de la vieja aumentando más líquido a su dulce vagina, el sonido que producían los embates sobre la cola que no estaba húmeda, estaba chorreando, también aumentó, seguramente se escuchaban en toda la casa. El orgasmo fue larguísimo, intensamente vivido, salió la última gota de semen pero yo seguía culeando más suavemente, mi suegra también se calmaba de los jadeos como diciendo ¡gracias!

Sin sacar la verga solté las pesadas y gordas piernas dejándolas caer sobre la cama totalmente abiertas, con tanto movimiento las frazadas se bajaron al suelo, solo estaban los dos cuerpos uno encima de otro con mi cabeza en medio de las grandes tetas, ambos quedamos cansados y satisfechos. Así nos quedamos varios minutos, volví a escuchar los ronquidos de la vieja, me levanté y al sacar mi verga vi que estaba totalmente remojada, toqué el colchón y noté que la sábana donde se encontraba el culo de mi suegra estaba totalmente empapada en una buena parte debido al abundante flujo vaginal producido durante el coito.

Miré las piernas abiertas y gruesas, el abdomen ancho, grueso por la gordura y las tetas un tanto caídas y grandes, de cara la suegra era más fea que simpática, pero cuanto había yo gozado al medio de esas piernas, el culo y sus grandes tetas, desde luego que el chocho era mejor que el de mi propia mujer. Me levanté para recoger las frazadas del suelo, la cubrí con las mismas tal como estaba, con las piernas abiertas y las tetas afuera y luego busqué mi calzoncillo, me lo puse y salí del cuarto. Fue una gran satisfacción haber culeado lindamente a mi suegra y en el mejor estilo, patas al hombro, nunca pensé que lo lograría, por cierto disfruté mejor que con la hija.

Autor: Vicomale

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2 comentarios »

  1. spiderman dice:

    Deberían de ver que tremendas cogidas le pone a mi mamá mi cuñado Ernesto, le voy a decir que cuente los orgasmos en un round.

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  2. Chivis dice:

    Mi yerno me había cogido por todos lados, lo unico que no me había hecho es patas al hombro por lo que yo se las subí para que me penetrara mas profundo, ahora no falta en la cena.

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