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09-04-2004 UN MONOLOGO Eduardo Cuentos no Eroticos
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UN MONOLOGO

UN MONOLOGO
es poca la diferencia cuando quien lo escribe se encuentra solo.

Al parecer hay un símil entre el hombre promiscuo en su carne y aquel promiscuo en su pensamiento, pues ninguno es capaz de dar amor y lujuria a una mujer sin estar pensando en dónde hallará a la siguiente. El hombre que lo es de manera material por regla obtiene gran goce, pero que se ve ensombrecido alguna vez por aquella vieja costumbre humana del amar de verdad, cosa que a este personaje puede dejar muchas heridas. El otro, el que lo hace en la imaginación, apenas goza de sus fantasías, pero con la ventaja de no encontrarse tan contaminado frente a la posibilidad de un amor real. Unos son lo primero por la física inhabilidad de no serlo, mientras que otros son lo segundo por la física habilidad de no saber dejar de serlo. Aún así, ninguno de los dos casos es tan trágico, pues siempre existe en el hombre la facilidad de cambiar de acto casi al instante. La pregunta surge entonces: ¿Qué sentido tiene este escrito, si este asunto que al principio se describe como tan complejo, resulta no serlo?. En realidad el asunto, que es el deseo de cambiar, de dejar de ser o simplemente de alternar entre los bandos carnal e ideal, es algo más que espinoso. El sentido si es simple: asomarse a la realidad.

Es algo muy cierto que en el papel y en la saliva todos somos magos, todo lo podemos y todo lo sabemos. Y todo es bello hasta que miramos nuestro reflejo en el charco de la vida y decimos ¡Vaya!. Es cuando nos damos cuenta de lo absurdo de nuestro proceder con nosotros mismos. ¿No sería mejor actuar según deseamos realmente, sin importarnos cómo hayamos actuado antes?. Es obvio que una máquina de café express nunca hará helado, pero... se puede componer ¿No?, sólo es necesario cambiar algunas partes y ya. El único inconveniente es que tenemos que aprender a ser mecánicos de nuestra propia psiquis, hacer un curso intensivo que compite en horario con nuestras múltiples ocupaciones, entre las cuales está, por supuesto, ejercer la promiscuidad de forma cabal (No se puede incumplir con las obligaciones, ¿Cierto?).

Es mi interés que el lector entienda que no estoy en contra de la promiscuidad, pues soy uno de sus más fieles practicantes. Sólo deseo abogar por el derecho de todos los ciudadanos varones de tomar las riendas de su vida, sea para donde sea que éstas dirijan (sin hacer daño a nadie, claro). Y en este caso es necesario elevar la queja hasta la más alta de las instituciones terrenales: Cada uno de nosotros.

No hay que ser un psicólogo reconocido ó un médico competente para decir con certeza que la manera cómo hoy actuamos no es caprichosa, sino que está condicionada desde tiempo, tal vez mucho tiempo atrás. Y esto puede ser positivo, a menos que nuestras experiencias pasadas no hayan sido muy constructivas o que actualmente nos veamos tan agobiados y esclavizados por hechos alguna vez preponderantes, que no podemos dar la cara al presente y al futuro. Manifiesto aquí mismo que es mi caso y el de muchos otros el que no podemos cambiar de manera de actuar simplemente por falta de ejercicio mental. Nos hemos acostumbrado tanto a vivir con lo que ya tenemos que nos da pereza, o hasta miedo, adquirir nuevas cosas para nuestra vida. Y es lógico que algún día nos hallaremos en la difícil situación de tropezar con la mujer de nuestros sueños, y simplemente no sabremos cómo proceder, ya que nunca antes habíamos conocido a alguien así. En este punto entonces las posibilidades pueden ser varias, dependiendo de quien lea este texto:


- Soy promiscuo en la carne y ahora necesito limitarme a mi pensamiento, pues esta mujer se enteraría rápidamente de cualquier infidelidad que yo cometiera.


- Soy promiscuo en mi mente y debo dejar de serlo, pues la mujer que he conocido es la más pura entre todo mi universo de mujeres.


- Soy promiscuo en la carne y estoy interesado en dejar la promiscuidad a un lado, pues me he chocado con una mujer que no pensé que podría cambiaría mi vida de tal forma.


- Soy promiscuo en la mente y deseo serlo carnalmente, pues he conocido a una mujer que lo es y quiero estar con ella, y con otra, y con otra...


- No soy promiscuo y deseo serlo, pues he llegado a un punto de mi vida donde no me siento lleno con lo que he conseguido para mí.

Esta es una encrucijada terrible, como sabemos muchos. Lastimosamente, hemos dejado pasar y, posiblemente, seguiremos dejando pasar las oportunidades de cambiar que se nos presentan. Yo sólo pienso, ¿Por qué no hacerlo?. Pueden parecer pocas las probabilidades de éxito, pero hay que arriesgarse a ver que pasa. Y lo digo no sólamente para los que me leen, sino para mí mismo, pues unos días antes de escribir lo presente, conocí a la mujer de mis sueños. (Ahora me encuentro reuniendo fuerzas para dar el gran salto)

Espero este pasaje sea del agrado de quienes lo lean y sirva para mi humilde propósito de reflexionar un poco. Gracias.


Autor: Eduardo
eduardo9864 ( arroba ) hotmail.com

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