Principal
Relatos de Marqueze
Relato aleatorio
Actualización del dia
Actualización del dia anterior
Ranking de relatos
Envíanos tu relato
Zona RSS

Autor del relato Busca relatos Envía tu relato Imprime el relato
FECHA TÍTULO AUTOR CATEGORÍA
01-01-2006 EL PUNTO R II Angel Control mental
Tamaño del texto del relato:
[Pequeño]

[Mediano]

[Grande]

[Muy Grande]
Fotos e imágenes:
[Visibles]

[Ocultas]


EL PUNTO R II

EL PUNTO R II Utilizo toda mi cara intentando comerle el sexo y agarro el culo con dedos como garfios para detener el movimiento convulso de mi pareja, cuando un grito largo y contenido me indica el orgasmo.

De repente me entraron unas ganas tremendas de practicar y conseguir dominar el control mental. Se me ocurría un uso tan importante como el del sexo: conseguir aprobar las jodidas tres asignaturas que me iban quedando de un año para otro. Bueno, dijo Alfredo, vamos a ello.

No soy mal estudiante, pero todo lo ligado a las matemáticas me cuesta mucho trabajo y el departamento de estadística de la facultad tiene bien ganada fama de no aprobar a nadie con facilidad, en especial el joven catedrático Secundino Girón, que tiene el record de suspensos, yo entre ellos. Alfredo y yo pedimos una entrevista con Girón y, cosa rara, la amable secretaria lo consiguió en unos breves minutos. Entramos en el oscuro despacho del catedrático que nos recibió con una cara de desdén y desaprobación que casi daba miedo. Mi tío le miró a los ojos, hizo un gesto con la mano izquierda y una sonrisa asomó a la cara del joven Secundino. En menos de media hora ya habíamos revisado mis últimos tres exámenes y el catedrático había llegado a la conclusión que eran más que válidos como para calificarlos con un notable. Milagro. Y pensar que llevaba tres cursos seguidos de suspensos en sus asignaturas y varios meses intentando ser recibido por el catedrático. Se me ocurrió una pequeña venganza.

Hicimos entrar en el despacho a la secretaria del catedrático y tras la correspondiente persuasión de Alfredo, desnudó a un sorprendido Girón que después fue conminado por la mujer a ponerse a cuatro patas encima de la mesa. El propio cinturón del hombre sirvió para azotarle las blancas y delgadas nalgas, los muslos y las piernas. Despacio, con fuerza, sin dejar ni un centímetro de piel sin recibir su correspondiente cinturonazo. La secretaria demostró bastante celo en castigar a su jefe al mismo tiempo que se ponía tremendamente cachonda, lo que manifestó urgiendo al cátedro a comerle un coño rasurado brillante por los jugos vaginales. Joder qué corrida; los sollozos de la mujer resonaban en el despacho como si llevara toda una vida sin follar. Secundino fue obligado a masturbarse y correrse sobre su maletín de piel. ¿Qué habrá pensado al despertar desnudo, dolorido y con su maletín manchado de semen?

Ángel, nunca se te olvide que al utilizar el poder mental debes conseguir que nunca te relacionen con los posibles hechos y sucesos que provoques. Para los demás siempre hay que quedar al margen.

Aún sin saber utilizar el poder, pero tremendamente contento de poseerlo, estaba deseoso de practicar con él y darme todo tipo de satisfacciones.

Mi mejor amigo desde que tengo memoria es Didier (Desiderio). Es francés, tres años mayor que yo, veterinario y un discretísim era el grito de guerra que todos los chicos del pueblo berreábamos como gracia y como constatación de que Luisa es un bellezón y está buena como para gritar. ¿Por qué se casó con Didier, homosexual confeso para sus allegados?; probablemente tuvo bastante que ver el hecho de que él tiene dinero y mucho que heredar (su familia es propietaria de un gran casino en el sur de Francia) y a ambos siempre les ha convenido la discreción. Luisa es tan maciza como puta, según cuenta su marido y a mí me gustaría comprobarlo.

Los viernes por la noche, excepto en agosto, porque entonces el pueblo se pone imposible de veraneantes, quedamos un grupo de amigos en un restaurante que está junto al polideportivo. Picamos toda la gama de tapas, pinchos y raciones que les da fama y nos pasamos de copas en un ambiente relajado, amistoso, casi familiar. Nunca somos más de doce y fijos casi siempre somos Luisa, su marido, Iguácel (la alcaldesa) y su marido, José; Mayte y Malena, hermanas ya maduras, de profesión sus cotilleos; Roger, arquitecto, y yo. Hoy es viernes, son ya las tres de la mañana, el nivel de alcohol ha subido bastante y yo estoy deseando probar mis aptitudes ocultas. Nos vamos separando por las calles del pueblo y al final estamos Luisa, Didier y yo en el portal de su casa. Intento llevar mentalmente al ánimo de Didier que tiene mucho sueño y que se va a acostar ya mismo, mientras que quiero que Luisa me invite a pasar a tomar algo. Lo consigo. ¿Será control mental?

Acostamos a Didier en la inmensa cama con dosel en la que duer


me (el matrimonio tiene habitaciones separadas) y oigo la frase mágica: Ángel, vamos abajo a tomarnos una copa. No he descrito a Luisa Pina: guapa, pelo largo teñido de moreno muy negro, alta, delgada, engañosa, muy curvilínea, sensual, piel morena, elegante, alegre y cuando habla y te mira con sus grandes y marrones ojos parece que te la está chupando. Impresionante. Pasan los minutos con una conversación banal, con risas y un cierto vacile tontorrón, pero nada de lo que quiero. No hago más que intentar llevar a la mente de Luisa las imágenes sexuales y obscenas que pasan por mi cabeza, pero es evidente que aún no se utilizar el control mental del punto R. Me estoy empezando a impacientar y tras una forzada carcajada por mi parte, me abalanzo sobre Luisa y la beso. Menos mal, recibo respuesta e introduce su lengua en mi boca, se ríe, acaricia de abajo-arriba mis brazos varias veces seguidas y me lleva a su habitación.

Luisa se ha adormilado después de darle unas pocas caladas a un apestoso cigarrillo. Yo sigo sorprendido y satisfecho porque apenas puedo creer que en las últimas horas he follado con la mujer de mi mejor amigo más y mejor que en los últimos cinco años. Al llegar a la habitación nos hemos desnudado con gestos presurosos, siendo la primera alegría la preciosa, mínima, transparente y excitante ropa interior negra que lleva. La segunda sorpresa es que sin avisarme se ha arrodillado para chuparme el rabo como si de una profesional se tratara utilizando lengua, labios, dientes con verdadera maestría ("comer polla me excita a tope") y acariciando mis huevos y muslos con la tetas ("luego me tienes que mamar los pezones un ratito, eh"). Otra sorpresa ha sido ver que su vello púbico lo lleva afeitado excepto un pequeño y denso vellón negro y rizado con forma de delfín ("¿te gusta?; me lo comerás, ¿verdad?"). La mamada es tan buena que temo correrme rápidamente, por lo que tiro de su cabellera hasta conseguir que deje de chupar, le doy la vuelta y tras doblar su cintura penetro un coño empapado que me recibe con mucho calor y gemidos de excitación ("aaaaayyyy; ¡muévela, cabrón, dame lo q El jueguito es muy excitante, sin necesidad de moverme y casi sin esfuerzo le estoy follando (debería decir que ella me está follando) el culo. Me corro dando un sonoro grito y caigo a plomo sobre Luisa ("¡qué gusto; qué bueno!"), quedándonos en la cama quietos, recuperando la respiración.

Al cabo de un rato está acariciando mi cipote con mano experta y yo le mordisqueo sus oscuros pezones, lo que arranca gritos de deseo en esta caliente mujer ("salvaje, bruto; qué gustito me das"). ¡Cómo me pone! Me muero de ganas por comerle el coño, lo que me pongo a hacer con verdadero éxito ("sí, sí, dame lengua; no pares, chupa") hasta que empieza a golpear mi cara con su pelvis, a restregarse a derecha e izquierda, arriba y abajo ("sigue, quiero correrme"). Estoy completamente empapado de densos jugos vaginales y salivales, utilizo toda mi cara intentando comerle el sexo y agarro el culo con dedos como garfios para detener el movimiento convulso de mi pareja, cuando un grito largo y contenido ("aaaaayyyy") me indica el orgasmo, largo, seguido de movimientos convulsos durante muchos segundos.

Descansamos (ella fuma tabaco rubio mentolado) hasta que me sienta en una silla de respaldo recto que ha colocado frente al espejo ("me excita verme reflejada"), se sienta en el suelo y chupa la polla con sabiduría. Cuando más o menos recupero la erección se sienta de espaldas a mi cara introduciéndose el falo ("acaricia mis tetas y pezones, por favor") y comienza un lento subir y bajar, excitante y preciso, mientras no deja de hablar cada vez más excitada: "¿estoy buena, eh?; nadie te folla así de bien, so cabrón; te voy a dejar seco, maricón; cómo me pone tu polla; come y chupa mis tetas, cerdo; eres muy malo, un animal muy bruto".

Se ha corrido con profusión de líquidos y yo duro sólo un minuto más ("no la saques, déjala dentro, no te muevas. Quiero sentirla dentro"). Estoy medio adormilado, casi grogui.

No te duermas, Ángel, mírame mientras me hago una paja, me he excitado mucho. Dicho y hecho. Se pone en pie, pone su mano izquierda sobre mi cabeza y la mano derecha acaricia frenéticamente el clítoris durante tres o cuatro minutos. Me empuja hacia la cama en el momento del orgasmo volcando la silla y desplomándose sobre mí. Esto

y K.O. y me duermo.

- Vaya, vaya; por fin habéis estado juntos y por el aspecto de la cama y de vuestras caras ha sido una noche especialmente movidita. No se si ponerme celoso o alegrarme con sana envidia. Espero que hayáis gozado poniéndome los cuernos.

Didier entra en la habitación de su mujer, abre las cortinas y las ventanas, da un sonoro azote en el culo de Luisa (ya hablaremos tú y yo, so puta), una leve caricia en mi mentón y nos insta a bajar a la cocina donde nos ha preparado el desayuno (son las cuatro de la tarde, eso sí). Bueno, parece que no se enfada conmigo. Lo que no tengo nada claro es que anoche yo supiera manejar el control mental, más bien creo que fue Luisa la que quiso acostarse conmigo tanto como yo con ella.

Autor: Angel

Un producto Marqueze Telecom S. A.