MONICA III - Extasiada con el enorme rabo al que estaba haciendo despertar siguio moviendo la piel para deleite del hombre que con la boca entreabierta seguia suspirando mientras sonreia a los alumnos que contemplaban anonadados la caliente escena.MONICA III Extasiada con el enorme rabo al que estaba haciendo despertar siguió moviendo la piel para deleite del hombre que con la boca entreabierta seguía suspirando mientras sonreía a los alumnos que contemplaban anonadados la caliente escena. Había decidido dar por terminada esa incoherente sesión cuando a sus espaldas se abrió la puerta de la habitación y vio a Toñete, sorprendido, retroceder y a sus dos compañeros de panda y de habitación ocultarse, asustados, tras el corpulento cuerpo del cabecilla. Antes de que pudiera girarse Toñete exclamó en voz alta:
-¡Coño! Es Juanma y la pardilla de Noelia. ¡Joder!. Al darse la vuelta Mónica observó, tan sorprendida como los demás, a Noelia quedarse paralizada junto a la puerta de entrada, y a Juanma acercarse, con absoluta extrañeza pero con decisión, hacia la cama en cuyo borde se encontraba ella de pie, impúdica y deliciosamente desnuda.
De inmediato se tapó con brazos y manos tanto los pechos como su sexo mientras el rostro se le enrojecía por la vergüenza. Juanma por su parte no quitaba ojo del cuerpo de ella, aunque miraba también de soslayo a los tres chicos:
-Que curioso y contradictorio, te muestras desnuda y sin tapujos ante tus alumnos y ahora te tapas ante mí. ¿Qué está pasando aquí? Al final va a resultar que no eres tan reprimida como pensaba y que hay cosas de ti que realmente debo conocer.
Mónica se sentía tan aturdida que ni podía pensar ni supo qué contestar. Se sentó en la cama esperando poder ocultar mejor sus vergüenzas mientras intentaba encontrar una explicación a todo lo que le estaba ocurriendo en ese desdichado viaje. Fue entonces cuando Juanma soltó el cinturón de su simpático Kimono, ese que por la tarde le había hecho tanta gracia a ella, y despojándose de él quedó ante todos tan desnudo como ella misma.
-Así estaremos los dos maestros en iguales condiciones, ¿no crees, Mónica?
Pero Mónica casi ni había escuchado lo que él le había dicho. Ante ella aparecía en todo su esplendor lo que durante toda la tarde y noche había sido el objeto de su ferviente imaginación. Miraba fijamente la entrepierna de Juanma admirando cómo la realidad superaba a la fantasía. Tenía un miembro enorme, con unos testículos de tamaño superior al de una pelota de tenis y un pene que en estado aún fláccido era muy grueso y debía medir unos 15 centímetros.
-¡Jooooder, que pollón! – exclamó Toñete incapaz de contener su admiración.
Era impresionante y Mónica se sentía incapaz de quitarle el ojo a la gran verga que reposaba aún tranquila sobre los huevos. Su blancura resaltaba entre el negro vello del que parecía nacer y el glande sobresalía ligeramente de su envoltorio natural, dando la impresión de que al formarse no hubiera habido suficiente piel para cubrir su tamaño.
-Parece que te gusta lo que ves – le dijo orgullosamente Juanma con un tono de voz irónico que a ella no le pareció tan encantador como el que había mostrado en otros momentos del día.
Mónica observó como él se le acercaba aún más y se sintió empujada suavemente por su mano hasta caer semi-tumbada sobre la cama. Manteniéndose de pie él se situó a la altura de su cabeza y señalando la verga con una mano le dijo:
-¿Te apetece tocarla? ¿Te gustaría sentir como crece entre tus manos?
Y sonreía mientras Mónica seguía sin poder apartar la mirada de su polla.
-Vamos, anímate – y cogiendo la mano izquierda de Mónica la acercó a su miembro.
Mónica, indecisa, inicialmente no reaccionó, pero una creciente curiosidad hizo que finalmente se atreviera primero a acariciárselo ligeramente y después a cogérselo entre dos de sus dedos y levantarlo. Tras tantear durante unos instantes el peso de la magnífica verga de Juanma, la cogió también con la otra mano y cada vez más hipnotizada siguió acariciándola hasta que la encerró entre sus dos manos y lentamente empezó a mover la piel de arriba abajo. Miguel empezó a suspirar dici
éndole:
-Bien, muy bien, sigue, sigue meneándomela.
En cuanto Mónica comenzó a masturbarle, sintió la polla de Juanma crecer y no hizo falta mucho para que pronto su mayor grosor y longitud hiciera que sus manos no pudieran abarcarla por entero. Extasiada con el enorme rabo al que estaba haciendo despertar siguió moviendo la piel para deleite del hombre que con la boca entreabierta seguía suspirando mientras sonreía a los alumnos que contemplaban anonadados la caliente escena.
Finalmente Juanma decidió pasar a la acción y agachándose le puso las manos sobre sus mejillas y tras acariciarla unos instantes acercó su boca sobre la de ella con ánimo de besarla. Por un instante Mónica pensó en advertirle de la presencia de los chicos, pero ante la posibilidad de romper de nuevo el hechizo en el que estaba sumida, decidió continuar pasara lo que pasara. Cuando los labios del hombre se posaron sobre los suyos cerró los ojos y esperó a que Juanma la besara primero en los labios y luego buscara con su lengua la de ella. Mónica entreabrió la boca y dejó que la lengua de su amante se introdujera en ella explorándola por completo.
A estas alturas Juanma ya había bajado sus manos por su cuello y había alcanzado con sus grandes manos los pechos, recorriendo inicialmente sus formas redondeadas mientras continuaba besándola con intensidad. Cuando sus atenciones manuales se centraron en sus pezones, rozándolos con las yemas de los dedos para y pellizcándolos después suavemente, con mucha maestría, Mónica reaccionó a las caricias respondiendo al beso, intentando conocer a su vez la boca del hombre que la estaba enloqueciendo, y sin soltar de sus manos el enorme falo que lentamente seguía creciendo entre ellas, replegando de forma natural aún más la piel y dejando al descubierto el rosado glande.
-¡Mirad cómo le menea la picha! ¡Esto es la hostia! – Toñete, tan asombrado como los demás, y cada vez más caliente, radiaba el acontecimiento - ¡Mirad como crece, la va a hacer estallar!
Pero Mónica, embriagada de placer, no oía nada, solo sentía las manos y la lengua de Juanma sobre ella y empezó a necesitar sentir también, pero ahora dentro de su cuerpo, la grandeza del inmenso pene, una vez ya conocido éste visualmente y al tacto, por lo que tiró suavemente de él atrayendo al hombre, que seguía de pie, incómodamente agachado, hacia ella. Juanma dejó de besarla e incorporándose de nuevo se pegó a la cama y cogiendo con sus manos las de Mónica, que seguían aprisionando su pene, las dirigió hacia los pechos de ella. Dejándose guiar, notó como él dirigía la cabeza de su verga hasta golpear suavemente uno de sus pezones y después apoyarla con más firmeza dibujándolo con los primeros líquidos de su excitación.
Mónica quería más y por unos momentos liberó sus manos del preciado juguete y agarró las duras nalgas de Juanma, instándole a subirse a la cama y a acercar la gran verga a sus labios, ya impacientes de probar el manjar. Como si quisiera hacerla sufrir, él rehuyó la espléndida invitación y agachándose de nuevo se apoderó de nuevo de sus tetas y las manoseó brevemente, apoyó sus labios sucesivamente en los dos pezones y tras dedicarles la atención suficiente para endurecerlos, éstos continuaron su viaje hacia el estómago escoltados por las hábiles caricias de sus manos.
Mónica sintió un estremecimiento al adivinar las intenciones de Juanma y conforme sus besos bajaban del estómago al vientre acercándose a la oscura selva que servía de antesala a su sexo ardiente, comenzó a abrir lentamente las piernas que, hasta ese momento había mantenido púdicamente juntas, y agarró de nuevo con ambas manos la enhiesta polla que, pese a la notable erección, seguía colgando por el peso de su volumen.
-¡Uaaaff! ¿Habéis visto el chocho de la profe? – Toñete volvió a dirigirse a sus dos agazapados compañeros cuando el sexo de Mónica apareció frente a ellos, completamente abierto y enseñando buena parte de sus rincones más ocultos- ¡Mirad qué raja! ¡Joder, me está poniendo a mil!
Esta vez Mónica sí escuchó las burdas palabras del alumno, pero en lugar de molestarla sintió una morbosa sensación excitando al chaval y abrió sus piernas
completamente para calentarle aún más. Juanma ya había alcanzado con sus labios el vello de su pubis y sus manos recorrían el interior de sus suaves muslos levantándolos y preparando el terreno para el asalto de su coño. Presa de la excitación Mónica se incorporó ligeramente y volvió a tirar hacia ella de la verga intentando acercarla a su boca inútilmente pues Juanma, extrañamente, no colaboraba, manteniéndose de pie, aunque agachado, y arrastrando la verga con sus movimientos lejos del objetivo de Mónica.
Cuando Juanma le asió con sus grandes manos los cachetes de sus nalgas y abandonó las ingles que besaba con deleite, Mónica supo que había llegado el momento y se concentró en disfrutarlo, despreocupándose del mástil caliente que a duras penas mantenía entre sus manos. En efecto Juanma apoyó suavemente su nariz sobre los mojados labios de su sexo, aspirando el aroma de hembra caliente que desprendía, y unió sus labios con los de su vagina haciéndola gemir de gusto. Sus gemidos se intensificaron cuando le recorrió repetidamente el sexo con la boca, chupando y pellizcando suavemente con los labios sus más recónditos lugares.
El punto álgido llegó cuando él empezó a utilizar su lengua para continuar su trabajo y Mónica, soltando la enorme presa, llevó sus manos a la cabeza del hombre y la empujó hacia su coño como queriendo evitar que él pudiera abandonar la maravillosa tarea que estaba llevando a cabo, aunque pronto se dio cuenta de que Juanma, de momento, no tenía intención alguna de dejar de comerle el sexo, al contrario, cimbreaba su lengua por toda la raja y la introducía repetidamente tanto en su orificio vaginal como en el anal, que también se había convertido en objetivo de sus atenciones.
Mónica sabía que si Juanma la seguía lamiendo tan maravillosamente acabaría por correrse, pero prefería sentir todas las sensaciones del orgasmo con la gran polla en el interior de su sexo y manejando ella la situación. Cambió el sentido de la presión de sus manos sobre la cabeza de Juanma, separando de su cuerpo la boca, que relucía impregnada de la sexual humedad de su coño. Con rapidez se incorporó de rodillas sobre la cama, cogiendo a la vez de los hombros al sorprendido hombre e instándole a tumbarse boca arriba sobre la misma, deseo al que él complació obedientemente de inmediato.
Mientras acomodaba su posición moviéndose sobre sus rodillas para situarse frente a Juanma, Mónica pudo ver fugazmente a Toñete a los pies de la cama, sacando una de sus manos apresuradamente de los pantalones e interrumpiendo la paja que evidentemente se estaba haciendo. Esa imagen en la que se mezclaban la excitación que ella estaba provocando en el corpulento chico y la avergonzada maniobra de éste al haber sido descubierto por sorpresa, le produjo una placentera y extraña sensación de dominio sobre el alumno.
Mónica se empezaba a encontrar cada vez más a gusto siendo el centro de atención y disfrute de los allí presentes y decidió sacar el máximo provecho posible a una situación insólita apenas unas horas antes pero irreversible. Situó la entrada de su vagina justo por encima de la polla de Juanma que la sujetaba apuntando al cielo, cambió las manos de éste por la suyas propias para agarrar de nuevo el gran pedazo de carne y con lentitud comenzó a hacer bajar su cuerpo sobre el del excitante macho al que ahora tenía a sus anchas.
No pudo evitar lanzar una exclamación de placer cuando la cabeza de la gran verga se alojó en su interior. Se alzó sobre sí misma y volvió a bajar, introduciéndose un poco más la longitud del palo y mezclando ahora sus gemidos con los primeros de Juanma a quien obviamente le debía encantar la estrechez de su húmeda vagina mientras se acomodaba al tamaño del pollón que la estaba invadiendo.
Tras varios intentos, cada vez más profundos, Mónica consiguió por fin aclimatar su sexo al pene de Juanma y lo hundió por completo dentro de ella notando perfectamente la invasión de su gran volumen en sus entrañas. Permaneció inmóvil durante unos instantes, deleitándose con esa sensación de plenitud, antes de agacharse sobre él para besarle y comenzar a follárselo moviéndose pausadamente de arriba abajo y gimiendo quedamente de gusto.
Toñete se ha
bía acercado tímidamente al lateral de la cama, con la mano metida de nuevo bajo sus calzones y dudaba sobre qué hacer a continuación, hasta que su antiguo profesor le ayudó a decidirse instándole a subirse a la cama.
Mientras Mónica incrementaba el ritmo de la cabalgada y, a la par el de su placer, con la ayuda de las manos de Juanma, que se habían apoderado de sus pechos y los acariciaban expertamente, sintió sobre su trasero un roce diferente, más tosco, más torpe, no sabía definirlo. Giró el rostro y vio de rodillas junto a ella a Toñete que, como el día de la proyección, le sobaba el culo con mucho menos atrevimiento que aquel día.
En medio de una creciente excitación, Mónica se sometió al morbo de intentar dominar sexualmente al alumno que tantos sinsabores le había proporcionado últimamente. Irguió su cuerpo y agarrando de la cintura al chaval le hizo ponerse de pie sobre la cama y situarse frente a ella dando la espalda a Juanma que permanecía tumbado. Miró fijamente a Toñete, cuyos soeces comentarios hacía rato que no oía, apreciando en su cara la inquietud propia de quién desea muchas cosas y a la vez teme poder o no poder conseguirlas.
Ante la sorpresa del chico le bajó de un tirón los pantalones e hizo lo mismo con los grandes calzones, dejando a la vista sus duros testículos, tapizados de cortos pelos negros, y su erguido pene de color aceitunado oscuro, en total estado de erección. No le desagradó demasiado el olor que despidió la verga de Toñete, y continuó con sus maquiavélicos proyectos cuando, tal y como él le había hecho a ella, comenzó a pasearle las manos por el voluminoso culo para luego pellizcárselo con sus largas uñas. Después cogió sus cojones por entero con una de las manos y, tras acariciarlos brevemente con taimada dulzura, tiró de ellos suave pero firmemente hacia abajo.
Mónica se regodeaba con la cara de estupor del chaval que permanecía inmóvil pugnando por mantener el equilibrio cuya estabilidad dependía de la intensidad con que ella tiraba de sus huevos, una estabilidad que perdió casi por entero cuando ella acercó los labios a su polla y con un ligero chupetón desenfundó el glande reteniéndolo dentro de su boca y manteniendo el resto fuera de ella con una precisa presión de los dientes.
El estupor de Toñete se torno en auténtico pánico ante la embarazosa situación de peligro en el que se encontraba su miembro viril, cuya erección comenzaba a decaer, a merced de los dientes de su profesora. Juanma decidió en ese momento retomar las riendas de una follada cuya intensidad había reducido Mónica con su perverso juego, y comenzó a aplicar rítmicos movimientos con su pelvis, que provocaron la subida y bajada al unísono de los cuerpos del alumno y la maestra. Durante un par de minutos los tres ocupantes de la cama mantuvieron sobre ésta una curiosa especie de danza en la que Juanma llevaba el ritmo con sus fuertes golpes de riñón, Mónica se movía al compás del gran pollón que se abría paso y retrocedía en el interior de su vagina y Toñete se esforzaba, entre el temor y el morbo de la situación, por evitar que un movimiento suyo mal acompasado pudiera acabar con un señor mordisco en su virilidad.
Por suerte para el alumno la situación duró poco y cambió drásticamente. Mónica, cada vez más concentrada en las sensaciones que le estaba provocando la magnífica cabalgada sobre la verga de Juanma, olvidó sus malvados planes, quiso gozar plenamente de la situación de inimaginable sexo en la que estaba sumida y la polla que mantenía entre sus dientes pasó a ser toda una invitación a lamerla, a gozarla y exprimirla. De repente la engulló por completo y, sujetando firmemente a Toñete por el trasero, empezó a mamársela recorriéndola repetidamente con sus labios desde la cabeza a la base. El chico, tambaleándose ahora por el inesperado placer, no pudo evitar soltar un “uffff” cuando sintió todo su miembro en el interior de la boca de su bella profesora. Conforme ella incrementaba el ritmo con el que le comía la polla, ésta recuperó el tamaño perdido minutos antes y él ganó la suficiente confianza para tomar y acariciar los bonitos pechos de su profesora de dibujo.
Mirando a sus dos colegas, que empezaban a aclimatarse a lo q
ue estaban viviendo, Toñete volvió a lanzar al aire sus exclamaciones, mucho mas ahogadas por la excitación.
-¡Hooostiaaaa! ¡Chicos, mirad esto! Me está comiendo la picha, se la mete entera en la boca. ¡Esto es acojonante! ¡Joooder como me gusta!
Las palabras de Toñete calentaron más aún a Mónica que comenzaba a vislumbrar un cercano orgasmo y soltando el culo del chico agarró el cuerpo del pene que sobresalía de su boca y comenzó a masturbarle con fuerza mientras con su lengua recorría ávidamente la cabeza del mismo y todo ello sin dejar de acariciar sus pelotas.
-¡Joder, no puedo aguantar más! ¡Cómo me la chupa!
Mientras decía esto Toñete, consciente de su inminente corrida, intentó recular para sacar su verga de la deliciosa boca de Mónica y lanzar su semen fuera de ella, pero la maestra, también al límite de su propio placer por la fuerza de las embestidas de Juanma, le sujetó de nuevo por el trasero y volvió a engullirla por completo, moviendo la lengua en toda su extensión.
-¡Ay, profe, no puedo frenarme! ¡Voy a correrme dentro de su boca!
Mónica sintió cómo Toñete, ya maravillosamente resignado a lo que iba a pasar, la cogía por la cabeza y se apoyaba en ella para follarle la boca unas cuantas veces antes de pararse y, con un entrecortado aullido, empezar a soltar su juvenil esperma. Notar la salida de los abundantes chorros de semen del chico fue el detonante para que ella misma alcanzara su propio clímax con grandes gemidos que quedaron ahogados al tener ocupada su boca por la polla de Toñete dejando escapar las últimas gotas del final de su extraordinaria corrida.
Recuperándose de su orgasmo Mónica notó como Juanma había dejado sabiamente de moverse mientras Toñete, sacando su mojado y goteante miembro del glorioso recinto en el que había vomitado su esencia, volvía a mostrar su orgulloso logro a los otros dos alumnos.
-¡Chicos, esto ha sido la hostia! ¡Miradla, miradla, aún guarda toda la lefa que le he echado en su boca!
Incapaz de tragarse la leche del chico, y sin un kleenex a mano para limpiarse con él, como hacía con su marido las veces que él se corría en su boca, Mónica pensó por un instante en escupirlo pero finalmente decidió dejarlo caer sin más por las comisuras de sus labios. Con Toñete acercando de nuevo y frotando el decadente pene entre sus labios, ella fue dejando escapar poco a poco, con premeditada lentitud, la totalidad del espeso líquido blancuzco que, resbalando por su barbilla, goteó hacia abajo mojando sus senos y aterrizando en el abundante vello negro del pubis de Juanma.
Éste último contemplaba, con auténtico deleite, la caliente escena protagonizada por su “remilgada” amiga profesora y el alumno que mas repulsión le producía a aquella, hasta que pensó que era el momento de gozar él de la hermosa hembra a la que había conquistado casi sin proponérselo. Un rápido movimiento de incorporación, sin dejar que su verga abandonara el cálido recinto en el que se aposentaba, hizo que Mónica quedara tumbada boca arriba con la cabeza a los pies de la cama y él encima de ella dominando la situación. Toñete, aun tambaleante, se bajó de la cama y se acercó a sus dos excitados compañeros sin dejar de mostrarles una gran sonrisa de triunfo.
Antes de comenzar a follarla de nuevo, Juanma miró a Mónica y ambos, en voz muy baja, lejos de los oídos de los cercanos chicos, iniciaron un pequeño diálogo:
-Tenías razón Mónica, hay cosas de ti que efectivamente no conocía, y aún me cuesta trabajo creerlas.
-Yo no me refería a tanto, Juanma. Cuando estoy muy excitada me lanzo bastante a tumba abierta, pero lo de hoy es algo que aún no me explico. Esa sensación de dominio sobre Toñete, luego tener su polla entre mis labios y sentir tan en directo su brutal orgasmo mientras me penetrabas con esa inmensa cosa que tienes dentro de mí, ha sido de lo más excitante que me ha pasado jamás.
-Te lo he dicho muchas veces, hay que dar rienda suelta a todos los sentidos y aprovechar el momento sin pensar en otra cosa que en gozar.
-¡Si mi marido supiera lo que está pasando! -A lo mejor tu esposo disfrutaría tanto como tú y cómo pienso disfrutar también yo.
Mónica inmersa en lo que había pasado se dio ahora cuenta de que Juanma estaba aú
n dentro de ella, con el pollón ocupando todo su interior e indudablemente con ganas de culminar su propio placer. Cuando él empezó de nuevo a joderla y se apoderó de sus redondos pechos, Mónica sintió que el placer volvía a visitarla. Se aferró a la espalda del macho que tenía sobre ella y cruzó las piernas por encima de las de él para permitir la máxima penetración de esa gran estaca que se movía sin descanso.
Durante los siguientes minutos Juanma demostró a Mónica que ese aguante del que tanto presumía era cierto, y con sus acompasadas y profundas embestidas y un perfecto trabajo de sus manos y lengua sobre los adorables pechos de la mujer, la fue llevando de nuevo a las cercanías del placer, hasta que tuvo que suplicarle:
-Por favor, saca tu polla, déjame verla, déjame tocarla.
Juanma extrajo su verga, completamente humedecida, del caliente sexo de Mónica, se desplazó hacia el pie de la cama y puso sus rodillas a la altura de los hombros de ella. Mónica observaba, cada vez más impresionada, cómo se acercaba a su rostro la plenitud de la erección de él. Durante un par de minutos Juanma jugó con su gran miembro colocándolo entre los pechos de la mujer, sin poder envolverlo con ellas por su tamaño, moviéndolo lentamente e incitándola a atrapar con sus labios el prepotente glande. En efecto Mónica se esforzaba en capturar el grueso cipote consiguiendo apenas rozar con la lengua la babeante punta sonrosada y excitándose cada vez más ante la inminente posibilidad de poder meterse eso en la boca.
Decidió que era el momento de darse ambos el gustazo y agarrando la polla de Juanma tiró de ella y se metió de golpe la cabeza de ésta en la boca, consiguiendo arrancar del hombre un gemido de gusto, al que siguieron varios más mientras ella, pajeándole con ambas manos, se regodeaba lascivamente con el tamaño y el sabor sexual del prepucio que llenaba su boca. Tirando del deseado juguete consiguió abarcar con sus labios cerca de la mitad del mismo, pero de ahí no pudo pasar y tampoco pudo usar su lengua para jugar mucho con él, de modo que pronto prefirió sacarlo al exterior y dedicarse mejor a lamer por fuera toda su extensión mientras sus manos se ocupaban de acariciar y pellizcar suavemente los peludos y duros huevos del excitado amante.
Juanma había bajado una de sus manos hasta su sexo ardiente y le acariciaba el clítoris con tal maestría que Mónica, perdida ya por completo en un absoluto descontrol sexual, volvió a pajearle con fuerza y llevó la lengua en sus lamidas a recorrerle los testículos y a continuar aún más abajo, alcanzando el orificio anal. Cuando empezó a besar el esfínter aplicando sus labios húmedos, oyó a Juanma suspirar profundamente antes de escuchar su voz.
-¡Ohhhhh, Mónica! ¡Qué maravilla que me beses el culo! Es una de las caricias que más me calientan y que seas tú quien me lo haga aún mucho más. ¡Vamos, continúa así! ¡Eres soberbia!
Aún más arrebatada con las palabras de Juanma ella no se limitó a usar sus labios, sino que comenzó a jugar también con la lengua, circulando por los agrietados bordes del ano del hombre que tenía sobre ella, y a introducirla repetidamente por el orificio constatando cómo él se moría de gusto con su buen quehacer.
-¡Buuuffff! ¡Esto es único Mónica! – exclamó Juanma mientras sustituía las manos de Mónica por las suyas propias para masturbarse mientras su orgasmo se aproximaba – Estás haciendo que me muera de ganas de correrme sobre ti.
Cuando Mónica notó que él se separaba y empezaba a arrastrarse hacia su sexo con evidente intención de terminar en él, puso sus manos sobre las nalgas de Juanma reteniéndole, intentando hacerle ver lo que ella realmente deseaba. Con satisfacción comprobó que él la había entendido y tras deshacer el escaso camino realizado, Juanma volvió a situar la imponente vara sobre su rostro, masturbándose con ambas manos cada vez con más fuerza.
Los suspiros de Juanma empezaron transformarse en furiosos resoplidos y Mónica, en un estado de máxima excitación pese a estar libre en ese momento de cualquier caricia sobre su cuerpo, concentró su mente en disfrutar al máximo con la inminente corrida de su amante. En efecto el orgasmo de Juanma no tardó en llegar con un grito
gutural que resonó con fuerza en la habitación. En el momento en el que él detuvo los movimientos sobre su verga, ella pudo observar una pequeña gota desprenderse de la punta de su pene y de inmediato abrió su boca, justo a tiempo para recibir un imponente escupitajo de esperma que se coló hasta su garganta. Mientras quedaba sorprendida por la fuerza del inicio de la corrida, que se tragó sin apenas saborearla, un segundo chorro de leche se estrelló violentamente en uno de sus ojos, cegándola por completo, y un tercero fue a parar con igual intensidad al centro de su frente para de inmediato resbalar hacia sus labios bordeando la nariz. Antes de permitir que el pollón siguiera escupiendo al aire, ella lo cazó con su boca recibiendo el resto de la corrida de Juanma en ella. Entusiasmada con la abundancia de la leche recibida se recreó en mantenerla en su boca junto a la fuente de la que manaba, la saboreó y se la tragó sin pensar siquiera que era la primera vez que se tragaba el semen de un hombre.
Toñete volvió a dirigirse a sus dos colegas:
-¡Que corrida! ¡Mirad a la profe, está pringada! ¡Que cantidad de leche tenía el cabrón en sus huevos! ¡Venga! ¿A qué esperáis, tíos?
Las soeces palabras del alumno, la excitante sensación de empape lácteo en su cara y el sabor del semen que todavía degustaba lascivamente, tenían a Mónica al borde de culminar su propio placer.
Juanma, recuperándose de su orgasmo, se dio cuenta de la situación y con su enorme verga aún lo suficientemente álgida la penetró por la vagina, sin dejar de estimularle el clítoris, e inició un fuerte bombeo al que ella respondió más con gritos que con gemidos, convencida de que se avecinaba un increíble orgasmo.
Justo antes de que éste llegara notó su rostro mojarse de nuevo. Al abrir los ojos contempló a los dos tímidos compañeros de Toñete aliviar la erección producida por la sesión de sexo recién vivida y eyacular sobre ella mientras, gimiendo, terminaban una masturbación no exenta de cierta desconfianza. Consiguió capturar entre sus labios algunos disparos del semen de los chicos antes de que el placer hiciera presa en ella de un modo muy superior a todas sus previsiones. Agarrada a la fibrosa espalda de Juanma y arañándole con violencia, Mónica disfrutó del orgasmo que más sensaciones placenteras le había producido jamás, y que sirvió de broche perfecto a su alocada aventura sexual.
Junto a la puerta de entrada a la habitación, Noelia había contemplado primero con incredulidad y luego con creciente excitación la maravillosa unión de sus dos más queridos profesores, salpicada por la morbosa presencia de los tres repulsivos compañeros de curso. Nadie parecía haberse dado cuenta de su presencia. Nadie se había percatado del juego de sus dedos en su caliente rajita. Nadie se había dado cuenta de que por primera vez en su vida había gozado del mayor de los placeres del sexo. Mientras se aplacaban sus sentidos, Mónica tuvo la fugaz sensación de haber vivido un auténtico cuento erótico y por un breve instante volvió a acordarse de su traicionado esposo y de los relatos de infidelidad que leían juntos. Asaltándola un ligero sentimiento de culpabilidad, se preguntó si sería ella capaz de escribir su propia aventura y hacérsela leer a él.
Autor: Mariano mariancon15 (arroba) hotmail.com |