LAS BOTAS DE MI AMA I - Como desearia que me dejara lamerle las botas como antes, acariciarlas cuando su pie y sus piernas estan dentro, todo ante su escrutadora y vigilante miradaLAS BOTAS DE MI AMA I Cómo desearía que me dejara lamerle las botas como antes, acariciarlas cuando su pie y sus piernas están dentro, todo ante su escrutadora y vigilante mirada Hoy he eyaculado dentro de las botas de mi ama. Lo he hecho a escondidas. He llegado a casa con unas ganas tremendas de masturbarme mientras contemplaba y lamía sus maravillosas botas.
Me explicaré: tengo un ama con la que convivo, pero la convivencia crea roces de pareja. Hace algún tiempo que ella está enfadada conmigo, y no me permite acercármele, no me ordena acariciar y besar sus pies como antes, y por supuesto, no me hace “sesiones” de dominación. La verdad es que estoy desesperado. Recuerdo sesiones fantásticas que disfrutamos juntos, desconozco cuando y cómo terminará esta crisis, y la verdad es que cuando por las noches me masturbo pensando en las cosas que me hacía, quisiera llorar. (Si alguien tiene interés en leer sobre una de aquellas sesiones ama-esclavo puede leer el relato “Mercado de esclavos”, publicado en la sección de Dominación).
Y mientras tanto, mi suplicio consiste en verla tan bonita y tan guapa todos los días…saliendo al trabajo muy elegante, con sus botas altas de cuero negro, sus conjuntos de falda y chaqueta, sus medias de color carne que el hacen un pie tan delicioso…Y cuando al volver a casa se quita las botas ante mí, con su mirada fría, sabiendo que lo que más desearía en el mundo es que me ordenara quitárselas con veneración y respeto…Incluso con las zapatillas de estar por casa está preciosa, sus bonitas piernas envueltas en la media, los talones de sus pies al descubierto me llaman para ser besados y lamidos…y como está enfadada conmigo no me deja hacer nada, sólo mirarla a hurtadillas, y desearla en silencio…conocedora del castigo que me está infligiendo. Cómo desearía que me dejara lamerle las botas como antes, acariciarlas cuando su pie y sus piernas están dentro, todo ante su escrutadora y vigilante mirada…que después de lamérselas bien me ordenara quitárselas y entonces, supremo goce, me permitiera oler su fino pie con ese aroma indescriptible fruto del sudor divino que exhala su pie junto con el buen cuero.
Y ella sabe que es para mí una diosa, que es mi adorada, que para mí no puede haber otra mujer en el mundo. Y cómo echo de menos cuando me castigaba después de haber lamido bien sus botas y sus piecitos divinos. Pero ella me tiene sufriendo así, cada vez que la miro, y sólo ella decidirá el destino que me tiene reservado. ¿Y qué me decís de cómo la mirarán los demás hombres? En el trabajo debe llevar a todos calientes, seguro que a lo largo del día muchas miradas se posan en sus botas deseando adorarlas.
Bien, si a los lectores les gusta, seguiré contando más cosas de mi diosa en otro relato, pero ahora voy a centrarme en lo que nos ocupa. Esta tarde, estaba en la cola del supermercado cuando a mi lado se ha puesto una mujer del tipo de ella, guapa y bien cuidada, vestida con unos pantalones que se introducían dentro de sus botas de alta caña y tacón alto. Contemplándola he creído desfallecer allí mismo. El deseo me apretaba debajo del pantalón, mis calzoncillos se han mojado todo el rato que ha durado la cola. En el camino de vuelta a casa me hundía en mi frustración, y he pensado que esa mujer tan adorable que acababa de ver no se diferenciaba mucho de mi ama, por tanto no tenía que sufrir por no tener sexo con aquella desconocida. Además, si acaso hubiese podido tenerla, lo que hubiera deseado es lamer sus botas, descalzarla, besar sus pies todavía con la media, y probablemente masturbarme eyaculando dentro de su bota, derramando mi semen en la plantilla, donde esa diosa posa su pie. “Así que si se trata de eso – he pensado- yo también puedo hacerlo.
Como mi ama no llegará hasta tarde, al llegar a casa he soltado las bolsas de la compra en la cocina, he ido directo al dormitorio, me he desnudado y del armario he sacado dos pares de sus botas (ella posee bastantes) uno negro y otras de color crema, muy bonitas, y también los zapatos negros que llevó la otra noche. He lamido todas las botas y los zapatos. Me he encantado viendo cómo mi saliva hace brillar la piel de sus botas, me he imaginado que ella me contemplaba y se enorgullecía del brillo tan fenomenal que me había sacado,
y mientras olía en interior de una bota de las de color miel, he eyaculado dentro de la otra.
Allí estaba mi leche blanca, en el interior de la bota, sobre la plantilla. La he inclinado para que descienda el semen hacia las marcas que han dejado los deditos de sus pies. ¡No sabéis qué placer me ha provocado el ver cómo mi semen llegaba allí donde sus plantas se posan, allí donde no llega la punta de mi lengua para poder lamer y paladear su sabor. Y lo mejor de todo es que no lo he querido limpiar, que se quede allí secándose, quizás cuando ella se las ponga notará aún la humedad, pero yo sabré que yo estoy allí dentro, íntimamente unido a su pie y el cuero de su bota.
No se si algún lector habrá sentido lo mismo que yo. He contemplado largamente la preciosa bota pensando que había hecho el amor con ella, que a fin de cuentas soy fetichista del calzado femenino, y que lo que deseo es eyacular sobre o dentro de él, es como diríamos vulgarmente “follármelo”. Me consuelo pensando que tengo suerte de tener una compañera que aunque no quiera darme sesiones tiene bonitos zapatos y botas para que yo pueda follármelos. Seguiré haciéndolo otro día con otra bota, y luego pasaré a eyacular y distribuir mi semen por todo el exterior y por el interior de la caña.
Me gustaría saber lo que piensan los lectores de mis experiencias.
Autor: Carlos kenguerop (arroba) yahoo.es |