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MI HISTORIA CON BELINDA - Mi pene entraba dentro de la conchita caliente de Blinda, ella gimio levemente, Y fue dejando caer sus nalgas hasta que se lo metio todo, comenzo a moverse despacito sobre mi miembro

MI HISTORIA CON BELINDA Mi pene entraba dentro de la conchita caliente de Blinda, ella gimió levemente, Y fue dejando caer sus nalgas hasta que se lo metió todo, comenzó a moverse despacito sobre mi miembro

Hola amigos, este es un nuevo relato que mando a esta pagina, siempre mando historias que me han resultado muy interesantes y agradables en mi vida y creo que esta es una de ellas, son de esas cosas que suceden y que uno las recuerda por siempre; esta historia la viví hace muy poco tiempo con una chica llamada Belinda, ella tiene 21 años de edad; yo como les he platicado tengo actualmente 26 años, sigo viviendo en la pequeña Ciudad en donde nací, soy arquitecto y trabajo para una constructora.

Empezaré diciéndoles que acá donde vivo, tengo una muy buena amiga llamada Naty, ella actualmente estudia en una Universidad de una Ciudad que está a mas o menos tres horas por carretera de donde vivo; viene a la casa de sus papas acá en mi Ciudad natal solo los fines de semana. Un viernes por la noche que nos reunimos junto con otros amigos Naty me comentó que recientemente había rentado una casa con otras dos amigas allá en la Ciudad en donde estudia, y que sus papas le habían dado unos muebles los cuales se los quería llevar pero que necesitaba alguien que le prestara una camioneta de carga, preguntándome si yo podría conseguirle una, le mencioné que si, que se la conseguiría de la constructora en donde trabajo, y que la ayudaría a llevárselos, mencionándole que el día siguiente lo tenía libre y que podíamos aprovechar para hacerlo.
Naty me dijo que sí, que de hecho tenía que irse al otro día temprano ya que ella y otros amigos habían organizado una fiesta por la tarde para despedir a una de sus compañeras de la universidad que se iba de intercambio a estudiar a otro país; así que quedamos de vernos el sábado temprano, pasé por ella a su casa como a las nueve de la mañana, cargamos la camioneta con los muebles y partimos hacia la Ciudad en donde Naty estudia; en el camino entre muchas cosas que platicamos me contó sobre su amiga a la cual ese día por la tarde le harían una fiesta de despedida, me mencionó que esta chica por sus altas calificaciones se había ganado un lugar en un programa de intercambio estudiantil que se iba a dar entre la universidad en donde estudiaban y una universidad de Francia, me platicó algunas otras cosas más de esa chica de las cuales en ese momento no le puse mucha atención.

Llegamos a la casa de Naty, eran como las dos de la tarde, sus amigas con las que ahí vivía no estaban, bajamos los muebles, luego me invitó un refresco, pasados unos minutos le dije que ya me tenía que ir, Naty me invitó a la fiesta de su amiga, yo le mencioné que no, porque quería regresarme antes de que se hiciera de noche, ella me insistió que la acompañara, diciéndome que solo fuéramos un rato, que ella también tenía pensado ir solamente por una o dos horas, después de pedírmelo durante algunos minutos terminé aceptando su invitación, nos subimos a la camioneta y nos fuimos, eran como las tres de la tarde, yo en ese momento tenía pensado solamente estar un rato y luego irme, ya que no me gusta manejar en carretera de noche; llegamos a la casa en donde habían organizado esa fiesta, ahí ya había varios chicos compañeros de Naty, ella me presentó a algunos de ellos, y por último me presentó a la chica por la cual ese día se reunían, por primera vez supe su nombre, se llamaba Belinda, de hecho ella misma al presentarse conmigo me lo dijo.

Desde el primer momento que la vi me atrajo mucho, y lo principal que me llamó la atención de ella fue su aspecto asiático; debo de confesar que las chicas de rasgos asiáticos siempre me han llamado mucho la atención, se me hacen muy atractivas, aunque en mi país no es muy común verlas. De momento pensé que ella era extranjera, japonesa o algo así, aunque se me hacía raro que Naty no me hubiera platicado nada al respecto, y aparte si era asiática no podía llamase Belinda, porque ese nombre no es común de algún país de esos; en fin, comencé a tomar cerveza con algunos de los chicos que había ahí, y al cab


o de un rato me acerqué a Naty, le pregunté si su amiga Belinda era japonesa o de algún país asiático, Naty riendo me dijo: Claro que no, toda la gente que la conoce piensa igual que tú, lo que sucede es que su mama es de nuestro país, pero su papa es japonés y esa es la razón por la que tiene rasgos asiáticos. Después de lo que me dijo Naty comprendí como estaban las cosas, y supuse que Belinda debía parecerse mucho a su padre y muy poco a su madre ya que ella tenía todos los rasgos físicos de una japonesa.

Seguimos tomando cerveza, después llevaron unas botanas, la fiesta estaba muy buena, todos los amigos de Naty eran de mucho ambiente, yo estaba muy a gusto, comenzaron a pasar las horas, cuando me di cuenta eran las siete de la tarde, para ese momento ya me había tomado varias cervezas, en ese instante pensé en irme, sin embargo, sin sentirlo, el ambiente de la fiesta me volvió a absorber, seguí brindando con Naty y sus amigos. Todos los que habíamos ahí en menos o más cantidad estábamos tomando cerveza, menos Belinda; al principio de la fiesta todos la abrazaban y decían palabras donde le deseaban lo mejor en su viaje, pero, conforme pasó el tiempo se fue quedando sola, ya eran pocos los que se le acercaban, ella se mantuvo casi todo el tiempo en una mesa.

En una de las veces que fui al sanitario, al regresar pasé junto a la mesa en donde estaba Belinda, me detuve un momento junto a ella y le pregunté si apetecía por lo menos una cerveza, ella me contestó que no, que ella no acostumbraba tomar alcohol, luego le dije: Te notas algo aburrida. Ella me respondió que si, que ya se había aburrido un poco y que mejor ya se iba a ir a su casa, en ese momento Naty llegó junto a nosotros, se notaba ya muy tomada, se sentó junto a Belinda y la comenzó a abrazar diciéndole que la quería mucho y cosas por el estilo, luego Naty me pidió que me sentara, ella quedó en medio de Belinda y de mi y nos abrazó, nos decía que éramos sus mejores amigos y demás tonterías comunes de la gente que esta ebria, Belinda y yo solo la escuchábamos, hasta que de momento, recargo sus brazos en la mesa, se inclinó y acomodándose se quedó dormida.

Belinda y yo nos quedamos mirando y reímos por lo que había sucedido, luego comenzamos a platicar, hablamos un poco de su viaje, me preguntó algunas cosas sobre mi, y yo de ella, en la platica me atreví a preguntarle si alguno de los chicos que estaba ahí era su novio, Belinda me dijo que no, que con su novio había discutido el día antes porque él no quería que se fuera a Francia y que como ella le había mencionado que su decisión de irse era definitiva, él se había molestado y que ese día no había querido ir a esa fiesta.
Seguimos hablando por varios minutos, yo al igual que la mayoría de los que estábamos ahí me sentía un tanto ebrio, aunque al estar platicando con Belinda traté de que eso no se me notara; en ese momento algunos de esos chicos se comenzaron a ir, al cobo de un rato de que Naty se había dormido despertó y empezó a vomitar ahí a un lado de la mesa, Belinda la auxilió, Naty se veía realmente mal, el dueño de la casa que era uno de los chicos que habían organizado la fiesta, se acercó, diciéndonos que si queríamos podíamos meter a Naty a uno de los cuartos de la casa para que ahí descansara y que incluso ahí se podía quedar a dormir, este chico igualmente estaba muy ebrio; noté en ese momento a Belinda un tanto desconfiada, y de inmediato dijo que no, me preguntó si yo podía llevar a Naty a su casa, le contesté que si.

Belinda hizo reaccionar un poco a Naty, la levantó y casi cargándola la condujo a la puerta de salida, yo las iba siguiendo, ya estando afuera subimos a la camioneta a Naty y Belinda me preguntó si nos podía acompañar, le contesté que sí, llegamos a la casa de Naty y Belinda fue la que la bajó, tocó la puerta, observé desde la camioneta que una chica les abrió entraron a la casa, después de unos cuantos minutos Belinda salió, se acercó a la camioneta y sin subirse me dijo que tomaría un taxi para irse a su casa, le mencioné que yo la podía llevar, ella no quería, le insistí varias veces hasta que terminó por aceptar, se subió a la camioneta, me fue indicando el camino para llegar a su

casa.

En el trayecto Belinda me preguntó si en ese momento mi iba a regresar a mi Ciudad, yo le contesté que si, que al siguiente día tenía que trabajar; me preguntó si me sentía bien, le mencioné que estaba un poco mareado y con algo de sueño, y que lo mejor sería que pasara yo a cenar algo y a tomar un café para que el alcohol dejara de hacer efecto en mi cuerpo, le pregunté si me quería acompañar. Belinda me contestó: No gracias, en mi casa deben estarme esperando, ya es tarde. Yo le insistí: Vamos, acompáñame, si voy a cenar solo seguramente me quedaré dormido en la mesa. Belinda se quedó callada por un momento y luego me dijo: Espera, déjame hacer una llamada. Sacó un teléfono celular de su bolsa de mano he hizo una llamada, a quien le contestó le decía que la fiesta ya había terminado y que iba a pasar a cenar con una amiga, que en un rato ya llegaba.

Belinda me recomendó un restaurante que estaba cerca de su casa, llegamos ahí; en el transcurso de esa cena volvimos a platicar de muchas cosas, me contó de su familia diciéndome que vivía con sus abuelos maternos, me ratificó lo que Naty ya me había dicho con respecto a que su papa era japonés, me platicó también que sus papas se habían separado desde que ella era una bebe, y que desde entonces sus abuelos maternos se habían hecho cargo de ella, que su mama se había vuelto a casar y que muy poco la veía y que su papa había muerto en Japón cuando ella era una niña; luego en esa platica yo le pregunté: ¿Y estas contenta de irte a estudiar a Francia? Ella me contestó: Al principio no estaba segura, me hacía sentir mal el saber que voy a dejar a mis abuelos solos, en realidad es lo único que tengo en esta vida; pero luego lo medité bien y decidí irme, creo que me hará bien un cambio de ambiente, a veces ya no me siento a gusto acá.

Le pregunté que porque decía eso, ella me mencionó: Lo que pasa es que nunca he sido muy sociable que digamos, aparte siempre he tenido gustos muy diferentes a los demás chicos de mi edad, nunca me ha gustado salir, no tomo, no fumo, no me gusta bailar, etc, y creo que eso me he hecho muy estigmatizada, muy impopular, siempre termino aburriendo a la gente, todos me dicen que soy una matada en el estudio, casi nadie entiende una vida así, he tenido muy pocos amigos, de hecho esta fiesta que me organizaron me sorprendió, nunca me la esperaba porque realmente no hay mucha amistad entre mis compañeros y yo; cuando conocí a mi novio pensé que por fin había encontrado a una persona que me entendía, pero ayer que discutimos acaloradamente por la cuestión de mi viaje me di cuenta lo que verdaderamente piensa de mi, ya que terminó diciéndome que era una mujer aburrida y que eso ya le había artado de mi.

Le mencioné: Bueno, pero si tu te sientes a gusto vivir así y estas convencida de lo que haces, creo que eso es lo único que te debe importar, no te debe interesar lo que la gente pueda pensar de ti. Belinda me dijo: Sí, sin duda alguna así me gusta vivir, aunque Naty me dice algo que a veces le doy cierta razón con respecto a que la vida en ocasiones no hay que tomarla tan en serio y hay que divertirse un poco porque solo se vive una vez, creo que ahora que me vaya tomaré en cuenta ese consejo y trataré de divertirme un poco más de lo que lo he venido haciéndolo en mi vida, sin exagerar, claro está.

Belinda y yo en ese restaurante seguimos platicando de eso y otras cosas más, sin sentir pasaron como dos horas, ella vio su reloj y se dio cuenta que ya eran más de las once de la noche, y preocupada me dijo que ya nos fuéramos, pagamos la cuenta y abordamos la camioneta; ella me mencionó que su casa ya estaba a unas cuantas calles, en el momento de querer arrancar la camioneta esta no daba marcha, intenté encenderla varias veces y no quería arrancar, hasta que por fin pude encenderla, pienso yo que debido a que estaba haciendo muchísimo frío el motor no quería responder.

Llegamos a la casa de Belinda, me estacioné afuera, ella me dijo: ¿Ya te sientes mejor? Le contesté: Me siento menos mareado, aunque todavía tengo sueño. Belinda me mencionó: ¿Y porque no mejor te quedas en un hotel y descansas un rato? Yo le contesté: No me gusta quedarme en hoteles, mejor me voy de una vez y llegó a descansar a mi casa. Ella me mencionó: Pero es que ya es muy tarde, es peli

groso que manejes con sueño, aparte por lo que vi tu camioneta esta fallando, que tal que te deje a medio camino, imagínate que te quedes a media carretera con este frío que hace, si no te quieres quedar en un hotel le puedo hablar a Naty para que te deje quedar en su casa, para esta hora ya debe habérsele bajado un poco su borrachera

Yo le dije: No, me da pena, no conozco a las chicas con las que vive y ellas obviamente no me conocen a mi, entonces posiblemente les incomode que me quede ahí, mejor lo que puedo hacer antes de irme es dormir un poco acá en la camioneta en cuanto me sienta con menos sueño me voy. Belinda se quedó callada por un momento y luego me dijo: Te debe parecer una grosería de mí parte el no invitarte a quedar en mi casa, pero es que mis abuelos son muy especiales y pienso que no me lo permitirían. Yo le dije: No te preocupes, te entiendo, como te dije hace un rato, me dormiré un momento acá en la camioneta antes de irme. Belinda me mencionó: Esta bien, pero duérmete acá enfrente de la casa, es más seguro, te estaré viendo de mi ventana. Yo le dije que si.

Belinda me dio las gracias por haberla llevado a su casa, nos despedimos con un beso en la mejilla, ella se bajó de la camioneta, vi que se acercó a la puerta de entrada, pero de ahí se regresó, abrió la portezuela de la camioneta y se volvió a subir diciéndome: Si te quedas acá te puede hacer mal, hace un frío exagerado, estaba pensando, vamos ha hacer el intento de que te quedes en mi casa. Yo le mencioné: No Belinda, te lo agradezco mucho, pero no quiero causarte problemas, mejor ya me voy. Belinda me respondió: No, no, espera, hazme caso, ven, vamos a entrar y has lo que yo te diga.

Ya no me dio mucho tiempo para responderle, se bajó de la camioneta y yo también lo hice, la cerré y la seguí a su casa, abrió la puerta de entrada, vi que ahí había un patio grande y en él un auto estacionado, Belinda me dijo que ahí me esperara un momento que iba a ver que hacían sus abuelos, me quedé parado ahí junto al automóvil, Belinda me dijo que si alguno de sus abuelos me veía, que ella iba a decirles que yo era uno de sus compañeros de la universidad y que la había acompañado porque me iba a prestar unas libretas para estudiar.

En ese momento sí sentí ya mucho frío, aparte de que no me había traído una chamarra ya que por la mañana había sol y algo de calor, nunca pensé que durante la noche bajara tanto la temperatura; Belinda regresó en unos cuantos minutos, llevaba consigo una chamarra muy abrigadora, me dijo que me la pusiera, me reconfortó mucho, me mencionó que sus abuelos ya estaban en su cuarto viendo la tv, y me indicó que la siguiera, entramos a la casa, pasamos por una sala, luego me dijo que me metiera a un cuarto, al entrar ella encendió la luz, era un cuarto tibio y acogedor, era obvio que se trataba de su cuarto por la forma en como estaba arreglado y decorado, me dijo que me recostara en la cama y tratara de dormir un rato, que ella iba a darle las buenas noches a sus abuelos, y en el momento en que me decía eso quito varios muñecos de peluche que estaban en la cama y los acomodó en otro mueble, Belinda salió del cuarto, yo me recosté en la cama.
Tenía mucho sueño, sin embargo no me podía dormir, Belinda estuvo fuera de ahí por espacio de unos quince minutos, al regresar abrió silenciosamente la puerta y entró tratando de no hacer ruido, pero al verme que estaba despierto me dijo: Creí que ya estabas durmiendo ¿Te sientes mal? Yo le contesté: No, estoy bien, creo que en unos instantes estaré ya dormido, pero dime ¿Este es tu cuarto verdad? Ella me contestó: Si, hay otro cuarto para dormir extra del de mis abuelos y el mío, pero no te quise llevar allá porque como mis abuelos guardan cosas en ese cuarto pensé que posiblemente alguno de ellos durante la noche fuera a buscar algo ahí, creo que aquí estas más seguro. Yo le pregunté: Pero, te estoy importunando mucho, porque me imagino que tú también debes tener sueño. Belinda me respondió: No te preocupes, faltan cinco días para que me vaya, así que quiero irme acostumbrando al horario de Europa, tú duerme un rato en lo que yo organizo algo de mi equipaje porque hasta hoy no he preparado nada, te prometo no hacerte ruido.

Le di las gracias, me quedé callado tratando de dormir, lo intenté durante algunos minutos pero no pod&

iacute;a lograrlo hasta que me enderecé quedando sentado en la cama, Belinda andaba acomodando su ropa y me preguntó: ¿Por qué no duermes? ¿Te pasa algo? Yo le contesté: Tengo sueño, pero por alguna razón no me puedo dormir, así que lo mejor es que me vaya. Belinda me mencionó: Mmm, hubiera sido bueno que durmieras un rato para que descansaras, pero, como tú quieras, esperemos solo unos minutos en lo que mis abuelos se duermen por completo para que pueda salir a dejarte. Yo le mencioné que esperaría, me quedé sentado en la cama y le dije a Belinda: ¿Sabes? Lastima que te haya conocido ahora que ya te vas, me hubiera encantado volverte a ver en otra ocasión, eres una chica muy especial. Belinda me mencionó: ¿A si? ¿Y porque se te hace que soy especial? Yo le contesté: Hay muchas cosas que te hacen especial, eres de buen corazón, agradable, de platica muy interesante, aparte de lo linda y atractiva que estás.

Belinda me dijo: Te agradezco el cumplido, tú también eres un chico agradable, me gustaría que cuando me vaya por lo menos podamos estar en contacto por correo electrónico, en un momento te daré mi dirección. Sacó un papel y me la escribió, se acercó a la cama para darme el papel, al entregármelo se sentó también en la cama como a un metro de donde yo estaba y me dijo: Ojala tengas tiempo y me escribas, me gustaría seguir sabiendo de ti. Yo le contesté que si; nos quedamos mirando a la cara, aunque ella al cabo de unos cuantos segundos quitó su mirada de mi rostro y la dirigió hacia el piso.

Belinda permaneció sentada en la cama casi junto a mí, yo le mencione: ¿Sabes? Nunca creí que una persona en tan poco tiempo de conocerla me encantara tanto. Belinda fue volteando lentamente su cabeza hacia mí y en voz bajita me dijo: Tú también me has caído muy bien. Nos quedamos viendo a la cara y sin preguntarle nada me arrimé ahí en la cama junto a ella, mi rostro lo fui acercando al suyo, delicadamente puse mis labios sobre los suyos y comenzamos a besarnos, pasé mis manos a su cara acariciándosela suavemente, era un beso muy tierno, realmente esa chica algo había despertado en mi, así que al estarla besando me hacía sentir mariposas en el estomago, Belinda mantenía sus manos abajo, no me tocaba, yo le seguí acariciando su rostro y muy despacio sin dejar de besarnos nos fuimos recostando sobre la cama.

Tratando de describir a Belinda les diré que ella es de estatura media, más o menos debe medir como 1.65 mts. es como les decía de rasgos completamente asiáticos, de piel blanca, parpados un tanto rasgados, de pelo lacio de color cobrizo oscuro el cual le llegaba un poco debajo de sus hombros, peinado con una ralla en medio, de nariz delgadita y pequeña, de boca también un tanto pequeñita, tiene una mirada de niña coqueta, sus ojos son de color café claro, de delgadas cejas depiladas y tiene unas pestañas rizadas cortas, su cuerpo es esbelto y estilizado, parece una muñequita, sus brazos son delgados, sus senos son de medianos a pequeños, de abdomen plano y de piernas delgadas aunque bien formadas y estilizadas. Belinda se día llevaba puesta una falda corta de color café de tela de pana y un suéter grueso de color crema, las zapatillas que tenía puestas desde un rato antes se las había quitado y andaba descalza sobre la alfombra de su cuarto.

Nos seguimos besando recostados en la cama, con una de mis manos tomé una de las suya y mis labios fueron descendiendo sobre su rostro hasta llegar a su cuello, cuando comencé a besarle ahí sentí como Belinda apretó mi mano con la suya, sus parpados estaban cerrados y su boca la tenía un tanto abierta; luego solté mi mano de la suya y comencé a acariciarle su cuerpo por encima de su ropa, sin dejarle de besar y lamer suavemente su cuello, con mi mano le fui acariciando su costado y luego lo que pude de sus senos, eran caricias lentas y delicadas, Belinda no me decía nada.

Le pregunté si le gustaba ser besada así, me respondió casi susurrando que sí; mi boca la subí de su cuello a sus labios para continuar besándola ahí, al mismo tiempo que una de mis manos la fui metiendo por debajo de su suéter, acariciándole la piel suavecita de su abdomen, mi mano fue subiendo hasta llegar a sus senos los cuales empecé a tocar por encima de sus sostén, se sentía un sostén delgado, con el tacto podía percibir que tenía unos senos peque&nt

ilde;os, pensé en escuchar en ese momento algún reclamo, pero este no se dio, ella continuaba respondiendo a ese beso pasional que le estaba dando, mi lengua buscaba afanosamente la suya, ella abría su boca para recibirla, aunque su lengua casi no la movía.

Seguí acariciando y apretando delicadamente sus senos por encima de su sostén, para ese momento mi miembro estaba con una erección a tope, recostado junto a ella sentía el roce de mi pito en sus piernas, aunque había de por medio la ropa que nos cubría, Belinda no me tocaba, sus brazos y manos estaban en ese momento a los lados de sus costados; mi boca la fui alternando entre sus labios y su cuello con besos suaves y delicados, el olor de su perfume era exquisito, yo sentía como la pasión me comenzaba a embargar y la excitación iba tomando control en mi cuerpo; mi mano con la que estaba tocando sus senos la bajé ahora a sus piernas, le acaricié esas lindas y delicadas piernas en la parte donde terminaba su falda que era un poquito arriba de sus rodillas, mi mano la fui moviendo lentamente hacia arriba por esos dóciles muslos hasta tocar su entrepierna, sus muslos los mantenía bien cerrados, con mis dedos toque sus pantaletas, se sentía que también eran de una tela delgada, mis dedos fueron moviéndose de tal forma que los pude meter en medio de sus muslos, empezándole a tallar suavemente su vagina con dos de mis dedos por encima de sus pantaletas, esto lo hacía sin dejarle de besar su cara, cuello y boca.

Ella en ese momento dio leves gemidos, seguía sin reclamarme nada, sentí como fue abriendo un poquito más sus piernas lo cual permitió que mis dedos se movieran con más libertad en su panocha, por lo delgado de sus pantaletas podía sentir sus labios vaginales y podía darme cuenta como sus calzoncitos se iban humedeciendo, sus brazos y manos seguían a un lado de sus costados y noté como cerro sus puños en el edredón de la cama apretándolo muy fuerte; luego, saqué mi mano de entre sus piernas y comencé a subirle su suéter hacia arriba al mismo tiempo que mi cabeza la bajé a la altura de su abdomen y se lo fui besando, su cabeza lentamente la movía sobre el colchón de un lado al otro, su boca la mantenía abierta como si tuviera un grito retenido, sumía en momentos la parte de su abdomen como si mi lengua le diera toques eléctricos.

Mi boca la fui subiendo sobre su abdomen, su suéter se le fue haciendo hacia arriba, llegó el momento en que sus senos quedaron al descubierto solamente tapados por su sostén, pude ver que era un sostén de color rosa pálido de tela delgada, sus senos y pezones se transparentaban un poco, mi lengua siguió lamiendo su piel en esa zona y con una de mis manos en un movimiento rápido hice su sostén hacia arriba, no me costó mucho trabajo, sus senos ahora si quedaron completamente al descubierto, eran unos senos pequeños y lindos, de piel rosada, sus pezones eran chiquitos de color café oscuro y sus delicadas puntas estaban bien paraditas, sin darle tiempo a reclamaciones de inmediato plante mi boca en uno de sus pezones comenzándolo a lamer y chupar con mucha fogosidad, mientras que con mi mano le daba caricias y leves apretones al otro.

Sus jadeos y gemidos fueron mucho más perceptibles, aunque todavía eran en un tono leve, más bien eran como quejidos suaves, sus parpados estaban cerrados por completo, su boca la mantenía abierta y sus brazos y manos estaban extendidos hacia los lados, comencé a pasar mi boca de un seno al otro al mismo tiempo que una de mis manos volvió a bajar a su vagina para acariciársela por encima de sus pantaletas, en su cara comenzó a tener un gesto entre gozo y sufrimiento, la delgada tela de sus pantaletas se sentía muy mojada, así estuve por un rato dándole besos y lamidas a sus senos y pezones y acariciándole su conchita, metí uno de mis dedos en el borde de sus delgadas pantaletas y delicadamente le comencé a tocar su vagina de forma directa, Belinda en ese momento gimió de una forma más fuerte y prolongada: Huuuu, haaaaaa. Su vagina estaba empapada de sus propios jugos, con dos de mis dedos recorrí suavemente de arriba abajo esa delicada conchita sin dejar de lamerle y chuparle sus pequeños pero deliciosos senos.

Sus puños seguían apretando el edredón de la cama, mi dedo encontró su clítoris y se lo comencé a acariciar de forma delicada pero rápida, Belinda en ese momento apretó sus piernas como tratando de imped

ir que siguiera tocándola, sin embargo no logró que sacara mi mano de entre sus piernas y seguí moviendo mi dedo en su clítoris, sus gemidos ya eran fuertes, pasó uno de sus brazos a su boca y mordió la tela de su suéter, no paré de mover mi dedo, hasta que ella dejó de morder su suéter y entre jadeos y gemidos me dijo: Yaaaa, yaaa por favor, no lo hagas maaaas, para, paraaaaa. Al decirme esto se movió de una forma muy violenta hacia un lado, haciendo que mi mano ya no pudiera seguir ahí en su vagina.

Belinda quedó de lado dándome la espalda, en esa posición le hice hacia arriba su suéter y le comencé a besar su blanca espalda, ella no me reclamó nada, mi lengua le iba recorriendo toda la piel de su lindo dorso, al mismo tiempo que con mi mano lentamente le fui subiendo su falda por detrás quedando casi de inmediato al descubierto sus pantaletas en la parte de sus nalgas, eran de color rosa bajito del mismo tipo de tela delgada que su sostén, se transparentaban un poco pudiéndose ver la carne de sus nalguitas, le di varios besitos en sus nalgas por encima de sus pantaletas y luego con mis dedos se las fui haciendo hacia abajo, con mi lengua le comenzó a recorrer la carne de su trasero que sus pantaletas iban dejando al descubierto conforme las iba bajando, Belinda se fue moviendo hasta quedar boca abajo, como pude le bajé más sus pantaletas hasta dejárselas a medios muslos y con mi lengua le recorrí la piel de sus hermosas nalguitas dándole dulces besos ahí; luego de forma cuidadosa la moví para ponerla boca arriba.

Una vez que estuvo boca arriba le acabé de subir su falda, quedándole enrollada en su abdomen, pude verle su hermosa panochita, tenía una linda mata de vellos que comenzaba desde su vientre y bajaba hacia su vagina, eran pelitos de color oscuro, muy chinitos y algo gruesos, Belinda se veía preciosa boca arriba, con su suéter y sostén arremangados por arriba de sus senos, su falda enrollada en su estomago y sus delgadas pantaletas de color rosa pálido a la altura de sus rodillas, ella mantenía sus ojos cerrados, su cabeza volteada hacia un lado y sus manitas con sus puños cerrados puestas a la altura de su pecho; me parecía increíble que hasta ese momento nada me hubiera reclamado; me levanté de la cama, vi que mi pene casi rompía mi pantalón de lo erecto que estaba; Belinda se mantuvo recostada boca arriba en el colchón con sus piernas prácticamente colgando en la orilla de la cama, me hinqué en la alfombra ahí junto a sus piernas y comencé a besárselas en la parte de sus espinillas y con mis manos le seguí bajando sus pantaletas las cuales estaban ahí atoradas en sus piernas a la altura de sus rodillas.

Al bajarle otro poco sus calzoncitos como sus piernas estaban colgando, prácticamente se resbalaron solas y cayeron al piso, hincado como estaba me metí en medio de sus piernas, mis labios fueron recorriendo sus rodillas y luego la parte interna de sus muslos hasta que llegue a su entrepierna y a su linda vagina la cual estaba empapada, comencé a lamerle su panochita de forma delicada y lenta, de arriba hacia abajo, fui percibiendo en mi lengua el sabor de sus jugos vaginales, tenía una conchita hermosa, de un color rosado y de una textura muy suave, el olor que salía de ahí me excitó aún más de lo que ya de por si estaba, con mis manos le acariciaba su abdomen, comencé a escuchar como sus jadeos y gemidos aparecieron de nuevo, después de chuparle y besarle por un rato sus labios vaginales mi lengua se concreto a sólo lamerle su clítoris, al mismo tiempo que con uno de mis dedos le seguía recorriendo delicadamente su vagina.

A los pocos segundos de estarle chupando su clítoris Belinda gemía de una forma que parecía como si llorara, yo no sabía si el cuarto de sus abuelos estaba junto o retirado de donde nosotros estábamos, pero me parecía que el ruido que Belinda hacia era muy probable que ellos lo escucharan, sin embargo no dije nada y seguí acariciándola de ese modo, ella se retorcía para todos lados, el edredón de la cama la jalaba con sus manos de una forma muy violenta; llegó el momento en que Belinda entre sus gemidos y jadeos me gritó: Yaaa, yaaaaa, no sigas más, paaara paaara. En ese instante ella se enderezó quedando sentada, haciendo con ello que yo ya no pudiera seguir con mi cabeza metida ahí en medio de sus piernas; quedé hincado entre sus muslos, ella sentada en la orilla de la cama, respiraba muy

rápido; yo le pregunté: ¿Te gustó chiquita? Ella todavía agitada, con sus manos puestas en su pecho me contestó: Haaay, sentí que explotaba.

Me puse de pie, quedé parado frente a ella, mi pene bien erecto hacia que mi pantalón pareciera una carpa de circo, Belinda se quedó mirando directamente sobre ese bulto que en mi pantalón había, yo entonces le dije: Mira como me dejaste, me excitaste mucho. Belinda sonrió nerviosamente, ella seguía sentada en el borde de la cama, yo parado frente a ella le pregunté: ¿Lo quieres tocar un momento? Refiriéndome a mi pene, al mismo tiempo que tomé una de sus manos y lentamente la fui acercando al bulto que mi miembro hacia en mi pantalón, ella se me quedó mirando un poco sorprendida, hice que la palma de su mano tocara ese bulto, ella mantenía en su rostro esa sonrisa nerviosa, sin que yo soltara su mano hice que la moviera ahí en mi pene por encima de mi pantalón, luego la solté, ella quedó con su mano puesta ahí, comenzó a acariciarme suavemente, le pregunté: ¿Te gusta tocarlo? Ella dentro de su sonrisa nerviosa me dijo: Se siente bien. Pasados unos instantes le dije: ¿Te gustaría tocarlo directamente? Ella me respondió tímidamente: Si tú quieres. Yo entonces desabroche mi cinturón y me bajé el pantalón, Belinda había retirado su mano y solo observaba, en seguida me bajé de un tirón mi bóxer y mi miembro saltó de inmediato, Belinda lo miró fijamente.

Volví a tomar su pequeña y suave mano y se la puse sobre mi pinga, comenzó a acariciármela, primero estuvo pasando sobre todo mi miembro la palma de su mano y luego sin que yo se lo pidiera cerro su puño delicadamente en el tronco de mi pito y de manera lenta me empezó a masturbar, no retiraba su mirada de mi erecto pene, su dócil mano me estuvo masturbando muy despacio durante un rato hasta que le dije: ¿Te gustaría besarlo como yo te bese hace un rato? Belinda volteó a verme, en su cara tenía de nueva cuenta dibujada esa sonrisita tensa, no me contesto nada, soltó mi pene, se puso de pie y luego se hincó en la alfombra ahí junto a mi, yo seguía de pie junto a la cama, Belinda entonces hincada como estaba tomó mi pene cerro su puño en el y me masturbo de esa forma durante algunos segundos más, luego acercó su boca y con su lengua comenzó a lamerlo, al sentir su lengua en la cabeza de mi pito casi brincaba de placer, su lengua muy despacio me la estuvo pasando por toda la cabeza de mi pinga, luego sentí como con sus manos delicadamente tomo mis testículos los cuales estaban ahí colgando he hizo pasar también por ahí su lengua durante algunos segundos, luego, volvió a poner su boca en la punta de mi pene y se lo comenzó a comer, hacia que entrara un poquito en su boca y luego lo sacaba, era una mamada pausada y delicada.

Belinda durante todo ese tiempo nunca volteó a verme, mantenía sus papados cerrados, solo en momentos los entreabría, me la estuvo chupando de esa forma durante algunos minutos, luego yo mismo me separé y le dije: Ven vamos a la cama, ambos quedamos recostados sobre el colchón, ella no me mencionó ni una sola palabra, la fui acomodando de tal forma que quedamos en un sesenta y nueve, Belinda no entendía muy bien como hacerlo pero le fui explicando hasta que lo logramos, ella solo reía muy nerviosamente, yo quedé boca arriba y ella encima de mi con sus nalguitas casi puestas en mi cara, su falda estaba completamente replegada hacia arriba en su cintura dejándome ver por completo su pequeño y lindo trasero, le comencé a lamer su panocha diciéndole que ella me chupara mi pene.

Belinda lo hizo sin replicar, con las lamidas que yo le daba en su conchita ella empezó a gemir nuevamente aunque lo hacia con mi pene dentro de su boca, esta vez el mete y saca de mi miembro en su boquita lo hizo más rápido, por lo pequeño de su boca el rece con sus labios era delirante, yo lamía y chupaba su rica panochita por todos lados y uno de mis dedos sobaba su inflamado clítoris, ella ahí lanzó gemidos más fuertes, era excitante sentir las vibraciones de sus quejidos en mi miembro, hasta que después de un rato de estarle tocando su clítoris Belinda se hizo hacia un lado en el colchón quedando recostada boca arriba y me dijo: Haaaay, no aguanto más. Yo le pregunté: ¿No te gusta que te toque ahí? Ella me respondió: Sii, pero no aguanto.

Me acomod&eacut

e; en la cama ahí junto a ella, se notaba que alrededor de su boca tenía una buena cantidad de liquido seminal de mi pene, sus delgados labios se veían completamente húmedos y brillosos, muy despacio y de manera delicada con uno de mis dedos le limpié un poco sus labios y alrededor de ellos para quitarle ese liquido, luego la besé tiernamente en su boca, me fui moviendo de tal manera que quedé sobre ella, mi pantalón y mi bóxer los tenía a medias piernas, con mis propios pies hice movimientos para quitarme los zapatos los cuales cayeron al piso alfombrado, estando encima de ella mi pene rozaba todo su abdomen, Belinda seguía besándome febrilmente, luego separé mi boca de la suya y viéndola a la cara le pregunté: ¿Quieres que te penetre? Ella mirándome me contestó con voz completamente temblorosa: ¡Es que nunca lo he hecho!

Yo me sorprendí de su respuesta, me quedé inmóvil sobre ella sin decirle nada por algunos segundos, Belinda entonces me mencionó: ¿Te molesta eso? Yo le contesté: No, por su puesto que no, sólo que no se si quieras hacerlo en este momento. Ella sonrió, buscó mi boca y nos volvimos a besar, me abrazó por mi espalda suavemente, luego de unos segundos separó sus labios de los míos y en voz baja me dijo: Quiero sentirte dentro de mí. Al decirme eso cerró los parpados de sus ojos, yo le di un suave beso en su frente y me enderecé quedando hincado en medio de sus piernas.

Belinda seguía con sus parpados cerrados, tenía su cara tensa, yo hincado en medio de sus piernas con una de mis manos le acaricié su rostro, ella en ese momento abrió sus ojos y me dijo: No me lastimes, solo mete un poquito.

No le contesté nada, tomé mi miembro y se lo empecé a frotar en su vagina, mi pene lo movía lentamente de arriba hacia abajo en sus húmedos labios vaginales, Belinda mantenía sus ojos abiertos aunque no me miraba ya que su cabeza la tenía un poco volteada hacia un lado, después de unos segundos de estarle untando mi pito en su panocha Belinda comenzó a mover su cabeza despacio de un lado a otro, de su boca salían leves quejidos y en el colchón lenta y apenas perceptiblemente se notaba como subía y bajaba su cintura, me di cuenta con esto que el roce de mi pene en su vagina la estaba excitando, la cabeza de mi miembro ya había quedado completamente embarrada de sus jugos vaginales; hincado como estaba en medio de sus piernas coloqué mi pinga en la entrada de su concha y empecé a empujar, mi miembro fue entrando dentro de ese reducido hoyito, observé en la cara de Belinda un gesto de dolor muy marcado, sus parpados los cerró y apretó fuertemente, uno de sus brazos lo puso a la altura de su boca y mordía la manga de su suéter y con los dedos de su otra mano me apretaba uno de mis muslos, yo me fui moviendo lentamente, mi pene poco a poco fue entrando en su orificio vaginal, ella seguía mordiendo muy fuerte la manga de su suéter, de su boca salían sonidos agudos de dolor, en cuestión de segundos mi pene ya la había penetrado totalmente.

Me recosté por completo sobre ella abrazándola y me comencé a mover lentamente, sin que yo se lo pidiera ella abrió y elevó sus piernas, sus talones me golpeaban mi trasero, dejó de morder la manga de su suéter y me abrazo tiernamente por mi espalda, con sus manos suavemente me acariciaba toda mi espalda por encima de mi camisa, mientras que de su boca salían gemidos suaves pero lastimeros: Haaay, hooo, haaaauu.

Los parpados de sus ojos las mantenía cerrados y su cabeza hecha hacia un lado, yo aproveche para besarle su lindo cuello, en cada metida lenta que hacia con mi pene en su panocha podía sentir como mis testículos pegaban con sus nalgas, cada vez me fui moviendo más rápido encima de Belinda, ella a su vez fue aumentando la intensidad de sus gemidos y jadeos, llegó el momento en que mi pito entraba y salía a una buena velocidad de su apretada vagina, le pregunté en ese momento: ¿Te gusta chiquita? ¿Te gusta como te lo estoy haciendo? ella entre jadeos me contestó: Haay, sii, sii.

Seguí moviéndome sobre ella, Belinda comenzó a dar gemidos fuertes, más bien ya eran gritos, a pesar de la excitación que yo tenía comprendí que esos gritos ya eran muy riesgosos y que en cualquier momento iban a llegar sus abuelos, así que busqué su boca y planté mis labios en los suyos, con mi boca pegada en la suya ella solo balbuceaba, me abrazaba f

uertemente de mi espalda y percibí como su cuerpo empezó a convulsionar debajo de mi, fueron varias las sacudidas que en ese momento dio su cuerpo, yo seguía moviéndome arriba de ella, sus piernas las apretó muy fuerte sobre mis nalgas, hasta que poco a poco dejo de sacudirse y sus gemidos y gritos que estaba ahogando en mi boca casi desaparecieron, yo igualmente diminuí los movimientos que estaba haciendo sobre su cuerpo, sus brazos y piernas que estaban completamente apretados a mi se aflojaron un poco; luego, sin despegarme de Belinda me rodé sobre la cama quedando ahora yo boca arriba y Belinda encima de mi, le fui dando instrucciones para que quedara sentada sobre mi pene a horcajadas, ella obedeció lo que le estaba pidiendo, no me decía ni replicaba nada, solo sonreía nerviosamente al estarse acomodando sobre mi pito.

Quedó hincadita sobre mí deteniéndose con sus manos de mi pecho, mi miembro estaba completamente metido en su panocha, sentía como su linda conchita me ligaba mi pene, entonces le dije: Muñequita, muévete.

Ella sonriendo nerviosamente me contestó: ¿Pero como? Te voy a lastimar. Yo le mencioné: No mi reina, muévete con confianza, no me lastimas. Ella comenzó a mover sus nalguitas, muy despacio, no entraba y salía, sino que levemente se movía hacia atrás y hacia delante frotando suavemente sus pequeñas y redondas nalgas sobre mis muslos, se seguía deteniendo con sus manos de mi pecho, su suéter se le había hecho hacia abajo por lo que ya no le podía ver sus senos y su falda también se había bajado cubriéndole su vientre y su trasero, poco a poco fue tomando mas velocidad en ese vaivén que tenía sobre mi pinga, aunque seguía sin entrar y salir, solo su panocha y nalgas las movía de atrás hacia delante, podía sentir como sus vellos púbicos rozaban contra mi vientre, todo mi pene estaba adentro de ella, su velocidad aumentó más, y en ese momento me preguntó con voz muy agitada: ¿Así está bien bebe? Yo le contesté: Si muñequita.

Belinda siguió moviéndose arriba de mi, con mis manos le subí su suéter quedando otra vez al descubierto sus senos y al mismo tiempo que ella se movía yo le apretaba y acariciaba sus pequeñas pechos, luego bajé mis manos a sus piernas alzándole otra vez su falda, acariciándole sus muslos, sus nalgas y todo lo que podía, llegó el momento en que su cabeza la echó hacia atrás jadeando muy rápidamente, su pequeña boca la abrió por completo metiendo y sacando aire en ella como si se estuviera ahogando, arqueó notoriamente su cuerpo y con sus manos tomó cada uno de sus senos apretándoselos, al mismo tiempo que comenzó a estremecerse, se sacudía muy notoriamente, en ese mismo instante yo acostado boca arriba como estaba, la tomé con mis manos de la parte de abajo de sus nalgas elevando su trasero un poquito y comencé a moverme haciendo que mi pene entrara y saliera en una muy buena porción y a una rápida velocidad en su vagina.

Ella siguió sacudiéndose por espacio de algunos segundos más, de su boca salían sonidos raros, llegó un momento en que jaló aire, aguantó la respiración por algunos instantes y luego lo dejó escapar con un fuerte gemido, sus manos las apretaba muy fuerte contra sus senos, yo seguí moviéndome debajo de ella haciendo que mi pene entrara y saliera de su apretada conchita y de momento se inclinó hacia mí y de forma brusca pegó su boca contra mis labios besándome arrebatadamente.

La seguía teniendo tomada de la parte de debajo de sus nalgas y al mismo tiempo de estarnos besando me movía debajo de ella haciendo que mi pene continuara entrando y saliendo de su apretada y caliente panocha, Belinda me besaba muy ardientemente, luego separó sus labios de mi boca poniendo su cara a un lado de la mía, ya no convulsionaba solo respiraba de forma rápida y entre sus jadeos me dijo: Haaa, haaa, mi amor, haaaa, yaaa, yaaa, paraa.

Yo detuve mis movimientos ahí debajo de ella, Belinda se enderezó quedando sentada sobre mi pito; los dos quedamos sin movernos, ella continuaba respirando de forma rápida, estiré una de mis manos y le acaricié muy despacio sus pequeños senos, al mismo tiempo que le dije: ¿Ya no te gustó mi amor? Belinda me respondió con voz agitada: Si, si, solo que, quiero recuperarme un poco. Luego yo le mencioné: Chiquita, hace un rat

o gritaste muy fuerte ¿No crees que tus abuelos puedan escuchar? Belinda con una sonrisa notoriamente nerviosa y aún agitada me contestó: ¿Yo grité? Haay, que pena, no me di cuenta.

Notaba a Belinda excitada, pero igualmente la veía algo avergonzada, así que en ese momento ahí sentada sobre mi pito como estaba, la jalé haciendo que se inclinara hacia mí, ella recargó su cabeza en uno de mis hombros y yo le dije en ese instante: Mi vida, esto ha sido algo de lo más lindo que me ha pasado, eres hermosa y encantadora, gracias por compartir esto conmigo, yo encantado seguiría adelante, pero no se si tu quieras que continuemos. Belinda en voz bajita, ya mucho menos agitada me contestó: No se como pasó esto, pero bueno, creo que ya no puedo hacer nada, ya sucedió. Le pregunté: ¿Te hace sentir mal lo que hicimos? Ella me respondió: Mmm, no se, no estaba en mis planes, pero, creo que no fue tan malo. Luego sonriendo me mencionó: Aunque me dolió mucho. Yo le pregunté: ¿Te sigue doliendo? Belinda me contestó: No, creo que ya no tanto.

Así inclinada completamente hacia mí y abrazada como la tenía, comencé a moverme debajo de Belinda haciendo que mi pene empezara a entrar y salir de su vagina, eran movimientos lentos, Belinda de forma inmediata reaccionó comenzando a gemir suavemente, en ese momento le mencioné: ¿Quieres que sigamos mi amor? Ella dentro de sus suaves gemidos me contestó: Siii, bebe, pero, espera. Y al decirme eso se enderezó quedando otra vez completamente sentada sobre mí, le vi intenciones de quererse quitar de arriba de mí, así que le dije: No, mi amor, no te quites. Belinda me mencionó: Déjame poner música para que no se escuche el ruido que hacemos. Yo le mencioné: Ok, pero, no te quites, yo te llevo. Belinda se quedó quieta no entendiendo muy bien a lo que me refería, yo debajo de ella me fui moviendo sobre la cama con Belinda arriba de mi, me deslicé sobre el colchón hasta que bajé mis pies al suelo, ella sonreía diciéndome: Hay bebe ¿Qué es lo que haces? Mejor me quito porque te puedo lastimar. Yo le dije que no, que se tranquilizara, me puse de pie cargándola, sosteniéndola con mis manos de sus nalgas, ella me abrazó de mi cuello para detenerse, sus piernas quedaron bien abiertas hacia los lados.

Belinda reía nerviosamente y me seguía preguntando en voz bajita que es lo que yo pretendía, le mencioné que lo único que quería era no separarme de ella. Caminando con Belinda agarrada de mi y sin que mi pene saliera de su rica conchita llegué hasta donde estaba el aparato de sonido, ella estiró uno de sus brazos y lo encendió con su mano haciendo que se escuchara música a un nivel medio, luego me volvió a abrazar de mi cuello y sin que yo se lo pidiera me besó en la boca, ahí parado como estaba cargando a Belinda al mismo tiempo de estarnos besando tomada de sus muslos y nalgas como la tenía comencé ha a moverla haciendo que mi pene iniciara de nueva cuenta el mete y saca en su apretada y humeada vagina, ella me tenía bien abrazado de mi cuello, sus piernas colgaban hacia los lados y se balanceaban en cada movimiento que yo hacia para que mi verga le estuviera entrando y saliendo en su rica panocha.

Belinda fue gimiendo cada vez más y más fuerte y en momentos daba gritos cortos al mismo tiempo que jadeaba enardecidamente, me di cuenta que esa posición le gustaba ya que en pocos instantes estaba completamente enloquecida, los parpados de sus ojos las mantenía cerrados, yo con mis manos la seguía moviendo aunque llegó el momento en que ya no lo necesité hacer porque Belinda tomada de mi cuello, enredó sus piernas en mis nalgas y comenzó a moverse por si sola de una manera febril, gemía y gritaba diciendo palabras que apenas se entendían: Haaa, haaay, mi amor, mi amor. Yo en ese momento le pregunté: ¿Te gusta así mamita? Ella balbuceando me mencionaba: Sii, Sii, bebe, siii, me estás haciendo sentir otra vez, haaaa. Belinda con los impulsos que se daba agarrada de mi cuello y enredada con sus piernas de mis nalgas hacia que una buena porción de mi verga entrara y saliera de su panocha.

Siguió ahí colgada de mi moviéndose alocadamente, llegó el momento en que agarrada de mi cuello se hizo muy hacia atrás, su cabeza la dobló también hacia atrás notoriamente, lanzó un grito ahogado abriendo desmesuradamente su pequeña boca y se comenzó a sacudir como si tuviera esc

alofríos, así lo hizo por varios segundos, esta vez sus sacudidas fueron por más tiempo y más intensas que las anteriores que había tenido, hasta que poco a poco se fue quedando quieta, se pegó otra vez hacia mi cuerpo y se abrazó fuertemente de mi, ya no gemía solo jadeaba, parecía como si acabara de llorar, su cabeza la recargó en uno de mis hombros y en voz muy bajita pero aun con respiración acelerada me dijo: Bebe ¿Terminaste dentro de mi? Yo le contesté: No chiquita, de hecho no he terminado. Ella me mencionó: No lo vayas ha hacer dentro de mí por favor. No le contesté nada, deteniéndola de sus nalgas comencé a caminar con ella, llegué a la orilla de la cama y la deposité en el colchón.

Belinda quedó recostada en la orilla del colchón y yo de pie junto a la cama, mi pene seguía adentro de su panocha, con mis manos la tomé de sus piernas y se las levanté un poco y ahí parado comencé a moverme, metiéndole y sacándole otra vez mi pinga en su panocha, yo para ese momento me moría de la excitación, sabía que mi eyaculación pronto vendría, ella de nueva cuenta empezó a jadear y gemir levemente, con sus puños apretaba el edredón que cubría el colchón.

Comencé en ese momento ha hacer ruidos con mi boca diciéndole cosas referentes ha lo mucho que me estaba gustando, pienso que eso hizo suponer a Belinda que yo estaba por eyacular, entonces me dijo: ¿Ya vas a acabar? Le contesté: Si mi cielo, ya estoy por terminar. Ella de inmediato me mencionó: No, espérate. Y al decirme eso se impulso en la cama con sus codos haciéndose para atrás, mi pene salió por completo de su caliente panocha, me quedé sorprendido ya que de golpe dejé de disfrutar lo rico que estaba sintiendo, entonces le dije: Mi amor ¿Por qué te quitaste así? Ella me respondió: Perdón, pero es que no quiero embarazarme. Yo me quedé parado junto a la cama con mi pene bien erecto, mis ganas de eyacular seguían presentes, hubiera querido por lo menos yo mismo masturbarme para poder explotar y lanzar esa eyaculación que estaba en la punta de mi miembro; sin embargo, me dio pena hacer eso enfrente de Belinda.

Ella se quedó recostada a media cama, se acomodó su sostén y su suéter y se bajó su falda, yo me senté en la cama, poco a poco las ganas de eyacular fueron desapareciendo en mi, y pasados unos instantes le dije a Belinda: No iba a terminar dentro de ti, tenía pensado salirme y eyacular fuera, me hubieras dejado llegar al final, sentí muy feo quedarme a punto de hacerlo. Belinda recostada en la cama me contestó en voz bajita: Perdón, pero es que de momento pasaron por mi mente muchas cosas, tú sabes que estoy a punto de irme y no quisiera terminar con todo mi sueño por un embarazo. Yo me quedé callado, seguía sentado en la orilla de la cama, no me había subido ni mi bóxer ni mis pantalones, me hice hacia atrás y me recosté sobre la cama, quedé a un lado de ella.

Belinda estiró una de sus manos y me acarició mi cara, luego se enderezó quedando sentada sobre la cama, me di cuenta que se quedó observando mi pene y me dijo: Lo tienes sucio de sangre. Al estarme diciendo eso ella bajó su mirada hacia sus piernas, se levantó un poco su falda observándose su entrepierna y me mencionó: Yo también estoy manchada, no me había dado cuenta. Sin decirme más se bajó de la cama y se fue al baño el cual se encontraba dentro del mismo cuarto en donde estábamos, estuvo ahí varios minutos, yo seguí recostado boca arriba en la cama sin moverme, mi pene fue perdiendo su erección, seguía con mi bóxer y mis pantalones a medias piernas; cuando Belinda salió del baño se sentó en la orilla de la cama junto a mi y me dijo: Me salió mucha sangre. Le pregunté: ¿Te sigue saliendo? Ella me respondió: No, creo que no. Luego me mencionó: Estás muy manchado.

Me enderecé quedando sentado en la cama junto a ella, observé y efectivamente vi que tenía ciertas manchas de sangre seca en mi pene y en la parte de enfrente de mis muslos junto a mis genitales, se notaba que Belinda había sangrado en una cantidad considerable, yo no me había dado cuenta de eso sino hasta ese momento.

Belinda me dijo: Que pena me da haberte ensuciado ¿Porqué fui yo verdad? Sonriendo le mencioné que no se preocupara. Ella me

preguntó: ¿Por qué no te metes a bañar? Le contesté: Bueno, si me das permiso creo que estaría bien. Ella me dijo: Si, claro, ahora te doy una toalla. Al decirme eso se levantó de la cama y fue a sacar una toalla del closet, me la llevó ahí a la cama, en ese momento me puse de pie y me quité por completo mi bóxer y mi pantalón, lo mismo que mis calcetines, solo quedé con mi camisa y una playera que llevaba abajo, Belinda se me quedó mirando y se sentó en la cama, yo le mencioné: ¿Te molesta que me quite aquí mi ropa? Ella me contestó: No, no te preocupes. Aunque me dijo eso yo la noté un tanto nerviosa por esa circunstancia; entonces le pregunté: ¿Tú igual te vas a bañar? Ella me contestó: Si, lo haré después de que salgas tú.

Yo le pregunté: ¿Y si nos bañamos juntos? ¿Te gustaría? Belinda me respondió: Noo ¿Cómo crees? Yo lo haré después. Le insistí diciéndole: Anda, vamos, acompáñame. Ella me respondió: Noo, ya se por donde vas, pero no, creo que con lo que hicimos ya está bien. Le pregunté: ¿Por donde voy? ¿A que te refieres? Belinda me respondió: Nada, olvídalo. Le seguí insistiendo: Anda, por favor. Ella me mencionó: Noo, de veras que no, ya de por si tengo mucha pena con lo que sucedió. Le dije: No vamos ha hacer nada más que bañarnos, no te estoy pidiendo otra cosa, anda, hagámoslo porque me estoy congelando aquí desnudo, hace mucho frío, el agua calientita nos caerá muy bien ¿No lo crees? Belinda me respondió: Haay, que persistente eres, esta bien, pero sólo te acompaño en lo que tú te bañas, luego te sales y yo me baño ¿Ok? Le dije que sí, ella me mencionó: No me veas, voltéate un momento por favor. Le pregunté: ¿Por qué, que pasa? Ella me dijo: Es que me quiero poner esto. Enseñándome sus pantaletas que había levantado de la alfombra a un lado de la cama, yo le di la espalda durante algunos segundos hasta que ella me dijo: Ya, gracias.

Tomó la toalla que me llevaba y caminamos hacia el baño, ya estando adentro cerró la puerta, se sentó en una especie de banco de plástico que ahí había y me dijo: Acá espero, si quieres me volteo para no verte. Yo le contesté: No, para que, no hay necesidad. Me quité mi camisa y mi playera y quedé completamente desnudo, estaba yo a unos dos metros de donde se había sentado, ella me observaba detenidamente, el hecho de sentir su mirada lejos de avergonzarme hizo que me excitara de nuevo, en el tiempo que me llevó doblar mi camisa y mi playera y ponerlas en un mueble que ahí había mi pene empezó a tener una nueva erección, Belinda me indicó que dentro de ese mueble había sandalias para que me pusiera unas y no estuviera pisando el suelo frío, saqué unas y me las puse, para ese momento mi pene ya estaba bien parado.

Belinda me observaba, obviamente ella ya había notado que mi pene estaba otra vez en posición de atacar, aunque al respecto no me hizo ningún comentario; me dirigí a donde estaba la regadera y antes de abrir las llaves del agua le dije a Belinda: Me hubiera encantado que ambos no hubiéramos ayudado a enjabonarnos y limpiarnos, al fin y al cambo entre los dos nos ensuciamos ¿No lo crees? Ella sonrió sin contestarme nada, luego le mencioné: Anda, ven, verás que no es tan mala experiencia bañarse con alguien ¿Alguna vez lo has hecho? Ella me respondió con una sonrisa nerviosa: No, claro que no, nunca. Yo le mencioné: Prueba hoy hacerlo, ándale.

Al mismo tiempo de decirle eso abrí la regadera y el agua me comenzó a caer. Belinda me dijo: Es que para meterme contigo tengo que desnudarme y eso es lo que no quiero, me da vergüenza. Yo le mencioné: Haay mi amor, mira, yo ya estoy desnudo, me desnudé ante ti porque te tengo confianza, además ya te vi hace un momento, vi tu sexo, tus senos, en fin, creo que ya nos conocemos bien, así que ya no tienes porque sentir vergüenza ¿No lo crees?

Ella se quedó callada por unos segundos, me seguía observando, hasta que me dijo: Esta bien, te juro que me da mucha pena, pero en fin, veamos. Se levantó del banco en donde estaba sentada y lentamente fue quitándose la ropa, yo no observaba muy directamente para no avergonzarla, en ese momento comencé a enjabonarme la cabeza y hacer ciertos movimientos en la regadera, pero de reojo miraba lo que ella est

aba haciendo, se despojó primero de su suéter, el cual dobló y lo puso en el mueble que ahí había, todo lo estaba haciendo con movimientos lentos, luego se desabrocho su falda por la parte de atrás, se la fue bajando, la tomó con sus manos y también la dobló y la puso en el mueble, ella había quedado solo con su ropa interior, es decir, con su sostén y sus calzoncitos.

Sentí que mi pene casi reventaba de lo parado que estaba por la excitación que tenía debido al espectáculo que Belinda me estaba dando, aunque trataba de tranquilizarme para no demostrarle nada y provocar que quizás ella se arrepintiera de lo que estaba haciendo; el color rosa de tono muy bajito y la tela delgada y algo transparente de las prendas intimas de Belinda la hacían ver realmente linda, en su sostén se podían observar tenuemente sus pequeños pezones, aunque lo que más se le notaba era su mata de vellos negros transparentándose en sus pantaletas; Belinda caminó al mueble en donde un rato antes yo había sacado unas sandalias, tomó unas y se las puso, caminó hacia la regadera y se paró junto a mi, comenzó a mojarse del agua que caía, su sostén y sus pantaletas no se las había quitado, al caerle el agua sus prendas intimas que de por si eran de tela delgada se transparentaron por completo, todo se le veía, le pregunté si quería que le pusiera shampoo a su cabeza, ella me dijo en voz bajita que si, lo hice y le froté su pelo con mis manos.

Belinda en ese momento estaba seria, se notaba tensa, le estuve frotando el pelo por dos o tres minutos, ella tenía cerrados los parpados de sus ojos, luego le dije que se enjuagara su pelo, ella lo hizo, al mismo tiempo que yo le puse jabón a una esponja que ahí había y cuando terminó de enjuagarse su cabello empecé a enjabonarle su cuerpo con esa esponja, comencé por su espalda, de forma lenta, luego la volteé hacia mi y le pasé la esponja por sus senos y su estomago, Belinda no me decía nada, le eché más jabón a la esponja y le enjaboné sus piernas, quedamos los dos bien juntos mirándonos a los ojos, acerqué mi boca a la suya y nos besamos, ella no se resistió, nos juntamos aún más, mi pene quedó pegado a su estomago, el agua de la regadera nos caía sobre nuestros cuerpos, ella me tenía abrazado de mi cuello, durante ese beso con mis manos le recorrí toda su espalda y luego las bajé a sus nalgas acariciándoselas por encima de la tela delgada y mojada de sus pantaletas.

Durante ese beso una de mis manos con la que acariciaba sus nalgas muy lentamente la fui moviendo y comencé a tocarle suavemente su vagina por encima de sus pantaletas, en el momento que ahí le tocaba separamos nuestras bocas, entonces le dije: ¿Te duele mi amor? Refiriéndome a su panochita, ella me contestó: No, solo estoy un poquito adolorida. Le pregunté: ¿Te puedo limpiar aquí también? Ella haciendo un sonido con su boca me dio a entender que si. Con una de mis manos le fui bajando sus pantaletas las cuales se atoraban en sus piernas debido a lo mojado de la tela, Belinda se mantenía agarrada de mis hombros, sus pantaletas bajaron por sus muslos y cuando llegaron a sus rodillas solas cayeron hasta sus tobillos, con sus propios pies se las acabó de sacar, le empecé a frotar su panocha con la esponja, y con mi otra mano le acariciaba suavemente su espalda y sus nalguitas.

Luego me despegué de ella un poco y la hice girar poniéndola de espaldas a mi, me le pegue por detrás haciendo que mi pene se aplastara contra su espalda y sus nalguitas; le puse más jabón a la esponja y con mi mano se la pasé por el frente frotándole delicadamente su abdomen y luego la baje de nuevo a su conchita, le volví a limpiar toda esa zona con la esponja de forma lenta y suave, a la vez que yo hacia con mi cuerpo leves movimientos tallándole mi pene en su espalda y nalgas, Belinda se mantenía con sus parpados cerrados y en momentos levantaba su cara para que el chorro de el agua le cayera en su rostro, luego, ella se despegó de mi cuerpo, se volteó de frente a mi y mirándome a la cara me dijo: Préstame la esponja, ahora yo te voy a enjabonar. Le di la esponja, ella la tomó le puso jabón y me empezó a limpiar mi pene el cual estaba completamente erecto, con la esponja me recorrió todo mi miembro, luego delicadamente me enjabonó y limpió mis testículos y la parte de mis muslos junto a mis genitales; aparte

de lo excitado que estaba, me dio un cierto sentimiento de ternura ver a Belinda como me limpiaba con esa esponja de forma tan cuidadosa y delicada.

Estaba utilizando sus dos manos, con una manipulaba la esponja y con la otra me acariciaba la zona en donde me enjabonaba, su mirada estaba fija en lo que hacia, de la regadera salía una manguera que llegaba a otra pequeña regadera manual que estaba ahí atorada en la pared, una vez que me había enjabonado todos mis genitales, tomo esa regadera, la hizo accionar y con ella me enjuagó esa zona, cuando terminó acomodó esa regadera en su lugar, Belinda se quedó parada frente a mi y con voz bajita me dijo: Yo te ensucié, pero ya te limpié, así que no me podrás reclamar nada. Los dos sonreímos, se acercó más a mi y pegó sus pequeños y delgados labios en mi pecho, los fue deslizando de forma lenta, bajó una de sus manos acariciándome mi pene y mis testículos, empecé a sentir que el agua caliente se terminaba, ella sin dejar de besar mi pecho estiro una de sus manos y cerró las llaves de la regadera.

Siguió tocando mis genitales con una de sus manos y su boca la fue deslizando de mi pecho a mi estomago ahí me lamió por unos instantes, hasta que Belinda se puso en cuclillas quedando mi pene bien erecto frente a su cara, se le quedó mirando durante unos cuantos segundos y sin decirme nada comenzó a lamerlo, la cabeza de mi pito estaba completamente fuera de mi prepucio, el puño de su mano lo movía lentamente sobre el tronco de mi pene, su lengua delicadamente me la pasaba por toda la punta de mi inflamada pinga, en su cara se le notaba que no era desagradable para ella estar haciendo eso, siguió lamiendo la cabeza de mi pito hasta que se lo empezó a meter en su boca, muy despacio, primero la cabeza, luego un poco más, hasta que la mitad de mi pito entraba y salía de su pequeña boca, lo hacía de forma lenta, mantenía sus parpados cerrados aunque en momento los abría un poco notándosele solo lo blanco de sus ojos, luego los abría por completo volteándome a mirar a la cara, me observaba por unos cuantos segundos, volvía ha echar sus ojos en blanco y cerraba sus parpados, esto lo hizo varias veces, sin dejar de estarme mamando muy lentamente mi pito.

Siguió Belinda ahí en cuclillas, con ese mete y saca de mi miembro en su boca, no se exactamente por cuanto tiempo lo hizo, pero si recuerdo que fueron varios minutos, el movimiento de sus labios era perfecto, ni muy rápido ni muy despacio, a pesar de su pequeña boca sus dientes no me lastimaban en lo más mínimo, los gestos sensuales que hacía con su cara eran realmente intensos; de por si desde un rato antes mi eyaculación había quedado en la punta de mi pito, así que con esa mamada tan caliente que me estaba dando fácilmente hizo que mis ganas de terminar volvieran ha aparecer, traté de controlarme al máximo, quería seguir disfrutando de esa mamada tan delirante, ella no paró ni un solo segundo, mi pito casi lo sacaba por completo y luego lentamente se lo volvía a meter hasta más de la mitad, en esos movimientos lentos que hacía podía ver como parte del liquido que me salía de mi pene revuelto con su saliva le resbalaban de las comisuras de sus labios, se notaba como mi pene apenas le cabía en su pequeña y linda boquita.

Mis ganas de eyacular se fueron haciendo más y más intensas, cuando sentí que estaba a punto de explotar le dije a Belinda: Mi amor, voy a terminar. Ella en ese momento sacó mi miembro de su boca y me siguió masturbando con su mano, en unos cuantos segundos mi pene comenzó a lanzar chorros de caliente semen, ella levantó un poquito su cara para evitar que mi eyaculación le cayera ahí, mi semen le salpico su cuello y toda la parte de sus senos, fueron varios chorros los que mi pene expulso, Belinda me hizo terminar por completo con su suave mano y luego volvió a meterse mi pito en su boca, limpiándome con ella todo el semen que había quedado escurriendo de mi miembro, podía ver como con los movimientos de sus labios sobre mi pene se formaban burbujitas del semen que me había quedado ahí, así me lo siguió chupando por dos o tres minutos más, cuando se lo sacó de su boca, mi pene estaba completamente limpio, Belinda sonrió y se puso de pie, lentamente se fue caminando hacía el lavabo del baño y se enjuagó la boca.

Mientras tanto yo fui a tomar la toalla que me había prestado y me

sequé, Belinda terminó de enjuagarse la boca y luego se dirigió a la regadera, abrió las llaves del agua y se empezó a duchar de nuevo, ni ella ni yo nos decíamos nada, duchándose Belinda se desabrochó su sostén, se lo quitó y lo dejó caer en el suelo quedando tirado junto a sus pantaletas, con el agua se fue lavando toda la zona de su cuello y pecho en donde mi eyaculación le había caído, en realidad mi semen ya le había escurrido hasta su estomago; a pesar de que yo momentos antes había eyaculado, seguía muy excitado debido a la chupada que Belinda al último me había dado en mi pene, excitación que creció aún más por el hecho de estar viendo a Belinda ducharse, era todo un espectáculo ver a esta chica desnuda quitándose con el agua todo mi semen que le había quedado en su cuerpo.

Sin dejar de mirarla me puse mi playera y mi camisa, mi pito seguía bien parado, Belinda en esos dos o tres minutos que tardó en ducharse me estuvo dando la espalda, al terminar cerro la llaves de la regadera y volteó hacia donde yo estaba, al ver que la observaba me dijo: Haay no me mires. De inmediato jaló una toalla larga que ahí había, se secó el agua de su cuerpo de forma muy rápida y se cubrió con ella, se la amarró a la altura de sus senos, la toalla le cubría todo su cuerpo y le llegaba hasta medias piernas, con una toalla más pequeña se secó su pelo; yo seguí ahí parado esperándola, ella me preguntó: ¿No tienes frío? Le contesté: Después de todo esto lo que menos tengo es frío. Belinda sonrió.

Nos salimos del baño, ella se dirigió a su closet y comenzó a buscar algo ahí, yo llegué junto a su cama y me senté en la alfombra recargando mi espalda en la base del colchón, Belinda seguía buscando en su closet dándome la espalda, vi como sacó unas pantaletas y con movimientos rápidos se las puso por debajo de la toalla que traía, luego sacó un sostén, se desamarro la toalla la cual cayó a la alfombra, como me estaba dando la espalda no pude verle sus lindos y pequeños senos, se puso el sostén y luego volteó hacia donde yo estaba, empezó a caminar lentamente, verla en ropa interior casi hacia que mi pene reventara.

Las pantaletas que se había puesto eran de color blanco con unos dibujitos y las orillas rojas, su sostén era igualmente de color blanco con los mismos dibujos y orillas rojas; Yo seguía sentado sobre la alfombra recargado en la base de la cama, Belinda se dirigió a una maleta, de ahí sacó un suéter y un pantalón diciéndome: Será mejor que nos acabemos de vestir, hace mucho frío. Yo le mencioné: No, no te vistas todavía, quédate así un rato más, te vez preciosa. Belinda me respondió: Es que tengo mucho frío, no se porque tu no tienes. Le mencioné: Ven, siéntate acá un momento junto a mí. Ella me contestó; No, mira mi piel, ya está chinita de frío, mejor nos vestimos ¿Si? Le volví a insistir diciéndole: Ven, solo unos minutos siéntate acá conmigo, anda bebita por favor. Belinda sin contestarme nada sonriendo dejó su ropa junto a la maleta, caminó hacia donde yo estaba y se sentó en la alfombra junto a mi, al igual que yo recargó su espalda en la base del colchón de la cama, la abracé haciendo que recargara su cabeza en mi hombro.

Me di cuenta como ella se quedó observando mi pene al cual continuaba completamente erecto, seguía recargada en mi hombro y pasados unos instantes me preguntó en voz muy bajita refiriéndose a mi miembro: ¿Siempre lo tienes así? Yo le contesté: No, está así por ti, con lo último que me hiciste en el baño después de que ya había terminado así me quedó otra vez. Ella me dijo sonriendo: ¿En serio? ¿O sea que yo tengo la culpa? Le mencioné que si, volteé a verla a la cara y nos besamos apasionadamente, fue un beso fogoso que se prolongó varios minutos, mi mano la coloqué en la panocha de Belinda acariciándosela por encima de sus pantaletas, mientras que ella una de sus manos la cerró sobre mi pito masturbándome lentamente; sin dejar de besarla la fui jalando poco a poco de modo que quedó sentada sobre mis piernas, mi pene quedó aprisionado entre el vientre de Belinda y mi estomago; continuamos co

n ese caliente beso deteniéndose ella con sus manos de mis hombros y yo acariciándole sus nalguitas y espalda por atrás.

Durante ese beso y teniendo a Belinda sobre mi, con mis manos hice que levantara un poco sus nalgas y jalé hacia un lado sus pantaletas poniendo mi pito en la entrada de su vagina, empujé un poco ahí debajo de ella como estaba y sentí como la cabeza de mi pene entraba dentro de la conchita caliente de Belinda, ella gimió levemente, fue dejando caer sus nalgas hasta que se lo metió todo, cuando mi pito estaba completamente dentro de ella separé mi boca de la suya y le dije que se moviera, ella deteniéndose de mis hombros comenzó a moverse despacito sobre mi miembro, siguió gimiendo, eran gemidos suaves que iban al ritmo de cada movimiento que ella hacía, sus parpados estaban cerrados, su boquita la tenía entre abierta, no entraba y salía en mi pinga, solo eran movimientos lentos de atrás hacia delante restregándome sus nalguitas sobre mis muslos.

Entonces yo le dije: Chiquita, muévete para que entres y salgas sobre mi pene, veras que eso te va a gustar más. Ella entre abrió sus ojos, no me contestó nada pero me hizo caso, sentí como su cintura la empezó a elevar y luego a dejarla caer sobre mi pito, en un principio lo hizo despacio con sentones cortos y pausados, aunque pasados unos instantes comenzó a darse sentones más fuertes, sus gemidos fueron en aumento convirtiéndose en ciertos momentos en grititos de placer, con sus dedos me apretaba mis hombros, yo pasé mis manos por detrás de ella y le desabroche su sostén el cual le quedó colgando de sus brazos, ella misma se lo terminó de quitar y lo echó hacia un lado, le comencé a acariciar y manosear sus pequeños senos, sus sentones sobre mi pito aumentaron aún más en fuerza y velocidad, se podía escuchar el choque de la piel de sus nalgas con mis muslos, la música que desde rato antes había puesto en su aparato de sonido seguía escuchándose.

Sentado sobre la alfombra como estaba me enderecé un poco para hacer llegar mi boca a sus senos, se los besé y chupé, lamiéndole principalmente las puntas de sus pezones las cueles estaban bien paraditas, ella gemía y gritaba diciéndome: Haaa, haaa, Siii, siii, bebe, siii. Seguía moviéndose sobre mi pinga como si fuera una experta y yo la mantenía abrazada de su espalda con mi cara puesta en sus senos besándoselos por donde podía hasta que así abrazada como la tenía empecé a sentir como Belinda temblaba y se sacudía, puso su cabeza sobre uno de mis hombros haciendo ruidos extraños con la boca, parecía como si se asfixiara, se sacudió por varios segundos sobre mi y luego se quedó completamente quieta con su cabeza recargada sobre mi hombro, agarrada del colchón de la cama, yo le acariciaba su espalda preguntándole: ¿Te gustó mi amor? Ella me contestó con vocecita suave: Sii, me encantó bebe.

Estábamos inmóviles, hasta que pasados unos instantes le dije: Voltéate mi amor, pero hazlo sin que me salga de ti, Belinda no me replicó nada y comenzó ha hacer lo que le decía, aunque no lo podía hacer bien, la forma como le dije que se fuera volteando era para que quedara sentada sobre mi como estaba pero dándome la espalda.

Ella estaba haciendo ciertas peripecias para voltearse, se notaba excitada aunque también la vi nerviosa, entonces me dijo: Mejor seguimos como estábamos bebe ¿Si? Yo le insistí que siguiera dándose vuelta para quedar como le había dicho, Belinda terminó haciéndolo, quedó sentadita sobre mi pito mirando hacia mis pies, le pedí que se moviera, ella lo empezó ha hacer muy despacio, sus nalguitas apenas se elevaban un poco, Belinda estaba sentada sobre mi de forma completamente recta, le dije que se inclinara hacia el frente y que con sus manos me tomara de mis tobillos para que de ahí se apoyara, Belinda hizo caso de lo que le dije, entonces me empecé a mover debajo de ella haciendo que una buena porción de mi pene entrara y saliera de su panocha, me fui deslizando sobre la alfombra con Belinda arriba de mi hasta que quedé recostado boca arriba, ella seguía inclinada agarrada de mis pies, sus nalgas se movían de arriba hacia abajo haciendo que su panocha se resbalara sobre mi bien parado pito; sus pantaletas estaban hechas hacia un lado.

Era muy excitante ver como las nalguitas de Belinda se movían haciendo aparecer y desaparece

r a mi pinga lentamente, ella gemía suavecito, yo ahora era el que estaba haciendo ruidos de placer con mi boca, Belinda en ese momento con voz agitada me preguntó: ¿Te gusta así bebe? Yo le respondí: Si mi amor, me matas de placer, sigue moviéndote así de rico bebita.

Se siguió moviendo sobre mi pito de esa forma por varios minutos, nunca lo hizo rápido siempre fue a una lenta velocidad, yo en ese momento le dije: Mi amor, me encantaría termina dentro de ti. Al decirle esto, Belinda, como impulsada por un resorte se salió de mi pene, quedó en la alfombra hincada a un lado mió y con voz un tanto agitado me dijo: No, no, ya te dije que no quiero que hagas eso. Me quedé sorprendido de los movimientos tan bruscos e inesperados que Belinda acababa de hacer diciéndole: Ok, tranquila, sólo te dije que me gustaría pero no pensaba hacerlo. Ella se quedó callada hincada junto a mí con sus manos bien juntas metidas entre sus piernas, noté como su cara estaba muy sonrojada y tenía varias gotitas de sudor en el rostro.

Recogió su sostén que estaba tirado en la alfombra, me di cuenta que pretendía ponérselo y le dije: Mi amor ¿Quieres que sigamos otro rato? Belinda me contestó: ¿No te ha sido suficiente niño travieso? Yo le dije: Mi amor, contigo nunca tendría suficiente, podría pasarme toda la vida haciéndote el amor. Ella me mencionó: Que exagerado ¿Eres muy adulador sabías? Yo le mencioné: No es lo mismo adular que decir la verdad. Belinda sonrió y me dijo: Pero, me da miedo que vayas a terminar dentro de mí. Yo le mencioné: No mi vida, ya te dije que eso no lo haría, no te niego que me encantaría, pero si tu no quieres no lo haré. Ella me preguntó: ¿Y porque dices que eso te encantaría? Yo le contesté: Bueno, es que después de haber hecho el amor tan rico contigo, el poder haber terminado dentro de ti hubiera sido una culminación perfecta, no es lo mismo terminar dentro que hacerlo afuera, pero como ya te dije, yo respeto lo que tu quieras que hagamos.

Belinda seguía entre hincada y sentada junto a mí en la alfombra y me mencionó: Bueno, si quieres continuamos, pero prométeme que no vas a terminar dentro de mí. Yo se lo prometí. Ella me mencionó: Ok ¿Quieres que me suba como hace un momento? Le dije: No mi amor, mejor lo hacemos en otra forma. Me levanté de la alfombra haciendo que ella se pusiera también de pié y le dije: Quítate tus pantaletas. Ella me contestó: No, así esta bien. Yo le insistí que se las quitara y aunque reclamando terminó haciéndolo; se las quitó muy despacio, ya no me decía que no la viera o que me volteara, pero si se le notaba cierta vergüenza y nerviosismo, al terminar de quitárselas las dejó caer en el piso mirándome y diciéndome con vocecita un poco mimada: Bebe, me da pena estar denuda. Yo la abracé diciéndole que no se preocupara, que era muy hermosa. Entonces ella me dijo: Haa, mira, que gracioso eres, ya me desnudé por completo y tú sigues con tu camisa. Me quité de inmediato mi camisa y mi playera y quede al igual que ella completamente desnudo. Belinda sonrió y me dijo: Déjame cambiar el disco porque ese que está ya me aburrió.

Al decirme eso se dirigió al aparato de sonido, fue lindo verla caminar completamente desnuda, su figura esbelta era preciosa, sus nalgas aunque pequeñas, estaban bien paraditas y redondas, cambió el disco, luego regresó a donde yo estaba, al llegar junto a mi me dijo: ¿Y ahora, que me va usted ha hacer señor? Yo sonreí de lo que me decía y le mencioné que se pusiera en la alfombra en la posición de perrito, Belinda un poco titubeante fue obedeciendo lo que yo le indicaba hasta quedar con sus rodillas y las palmas de sus manos puestas en la alfombra, me coloqué atrás de ella, hice que abriera un poquito sus piernas ya que las tenía muy juntas, luego tomé mi pene y se lo puse en la entrada de su vagina y comencé a empujar al mismo tiempo que con mi otra mano le acariciaba su espalda, mi pito se le fue introduciendo en su vagina, ella al sentir esto dio grititos lastimeros diciéndome: Auuu bebe, me duelee. Yo le mencioné que abriera un poquito más sus piernas, ella lo hizo y seguí empujando hasta que mi pito quedó todo adentro.

Me empecé a mover despacito atrás de ella deteniéndome de su trasero, Belinda siguió dando quejidos de dolor, aunque poco a poco esos

quejidos fueron convirtiéndose en gemidos de placer, mis movimientos cada vez fueron siendo más rápidos, pasado un rato ella otra vez estaba gozando y disfrutando el mete y saca de mi pene en su panocha, agarrándome de su pequeña cintura podía ver como mi pinga desaparecía y volvía a salir de su conchita apretada, el roce que mi miembro tenía ahí adentro era delirante, comenzaron a aflorar en mi las ganas de eyacular, traté de controlarme al máximo, podía ver como ella apretaba sus puños en la alfombra, en momentos gemía y en otros solo metía y sacaba aire de su boca de forma rápida, en ese momento le pregunté: ¿Te gusta mi amor? Ella me contestó: Sii bebe, sii. Le pregunté: ¿Quieres que siga?: Ella muy agitada con voz apenas entendible me dijo: Sii, sigue, sigue, haaaa. Eso que Belinda me decía me excitó aún más.

Mis testículos rebotaban contra sus pequeñas nalgas, su cabeza la hacía hacia un lado y otro sin dejar de gemir y jadear, llegó el momento en que dio gritos más fuertes: Haaa, haaaaa, haaaaayy, mi amor, bebeee, haaaa, siiiii. Dejó caer su cabeza a la alfombra extendiendo sus brazos hacia el frente, en esa posición sus nalgas se ensancharon más, noté como su cuerpo otra vez estaba temblando, yo no disminuí ni un instante el mete y saca de mi pene en su vagina, sino que por el contrario lo aumenté aún mas, ella con su boca casi pegada en la alfombra siguió gritando: Haaa, mi amor, haaaaaay, delicioso, delicioso, haaa, bebeee.

Fueron gritos fuertes, me volvió a dar temor que sus abuelos escucharan y detuve mis movimientos. Belinda siguió temblando y al sentir que yo me detenía ella en esa posición de perrito como estaba movió su cuerpo hacia atrás y hacia adelante haciendo que su vagina siguiera lentamente entrando y saliendo de mi pito, dando todavía ciertos gritos y gemidos aunque ya más leves, fue deteniendo sus movimientos hasta quedar quieta con su cara pegada en la alfombra y su traserito bien parado, sus brazos los mantuvo estirados hacia el frente con sus uñas clavadas en la alfombra, sus gemidos desaparecieron por completo, solo respiraba rápido, estaba bien mojada en todo su cuerpo de su propio sudor.

Le pregunté: ¿Te gustó mi amor? Ella con voz excitada me contestó; Haaay amor, casi me muero. Le dije: Me detuve porque como gritaste fuerte pensé que tus abuelos podían escuchar. Ella con su respiración todavía acelerada me contestó: Si, si mi amor, perdón. Muy lentamente me empecé a mover otra vez ahí atrás de ella, Belinda siguió completamente empinada con su cara puesta en la alfombra, esa posición que ella tenía me permitía en esos momentos verle su pequeñito orificio anal en todo su esplendor; seguí moviéndome atrás de ella lentamente, haciendo que mi pene casi le saliera por completo de su vagina y luego se lo metía todo hasta que mis testículos chocaban con sus nalgas, se le escuchaban a Belinda leves pujidos cada vez que mi pene le entraba hasta adentro de su conchita, con el dedo pulgar o gordo de una de mis manos le empecé a tocar su orificio anal, primero acariciándole su parte exterior y luego muy lentamente se lo empecé a introducir, esto lo hacía sin dejar de meterle y sacarle despacio mi pene en su vagina.

Pensé que Belinda me iba a reclamar por estarle tocando su ano con uno de mis dedos, pero hasta ese momento ella no me decía nada, solo se escuchaban sus leves pujidos que daba cuando mi pene entraba en su panocha, la mitad de mi dedo pulgar estaba dentro del ano de Belinda, así estuvimos por un rato más, ella seguía empinada en la alfombra, una de sus manos la pasó a su boca mordiéndose la uña de un dedo, su carita estaba de lado recargada sobre la alfombra, llegó el momento en que todo mi dedo pulgar estaba dentro del ano de ella, entonces le dije: Mi amor, si quieres te lo puedo hacer por este hoyito y ahí sí puedo terminar dentro de ti. Ella entreabrió sus ojos y me mencionó en voz bajita: No bebe.

Yo le pregunté: ¿Pero porqué mi amor? No te va a pasar nada. Belinda me dijo: No me pidas eso, me da miedo. Yo le insistí diciéndole: Vamos mi vida, esa sería lo única forma en que podría terminar dentro de ti, te prometo que lo haré con mucho cuidado, no va a ser algo desagradable, confía en mi. Ella se quedó callada por unos segundos y luego me preguntó con vocecita tierna:

¿Me va a doler? Yo le contesté: No chiquita, te lo haré con mucho cuidado. Yo le pregunté: ¿Tienes alguna crema? Belinda me dijo: En el mueble del tocador hay varias. Le mencioné: Ok, espera acá, no te muevas. Saqué mi pene de su vagina, fui rápidamente al mueble del tocador y efectivamente vi que había varias cremas, escogí la que creí más adecuada y me regresé a donde estaba Belinda, ella continuaba bien empinadita, su cara puesta de lado sobre la alfombra, sus ojitos cerrados, sus manitas estaban a los lados de su rostro y sus nalguitas bien paradas, mantenía sus piernas un tanto abiertas por lo que se le podía observar perfectamente su peluda vagina.

Mi pene continuaba completamente erecto, el hecho de saber que estaba a punto de penetrar a Belinda por ese pequeño hoyito hacia que casi temblara de la emoción, puse crema en uno de mis dedos, dejé el embase a un lado y esa crema se la fui untando en la entrada de su orificio anal, coloqué mi pene en su vagina y se lo volví a meter despacito, al mismo tiempo que con mi dedo le acariciaba su orificio anal dejándole ahí embarrada toda la crema, Belinda estaba inmóvil, solo escuchaba sus leves quejidos al estarle entrando mi pito en su caliente vagina, mi miembro estaba completamente embarrado de sus jugos vaginales, el dedo con el que le acariciaba su ano se lo fui metiendo, con la crema que ahí tenía no me costo mucho trabajo, una vez que tuve adentro todo mi dedo en su ano se lo comencé a mover lentamente, metiéndolo, sacándolo y rotándolo, eran movimientos lentos, esto lo hacia sin dejar de penetrarla con mi pene en su vagina.

Su ano con mi dedo adentro se empezó a dilatar, saqué mi pene de su vagina, puse una buena cantidad de crema en él, saqué mi dedo de su orificio anal y coloqué la punta de mi pito ahí, comencé a mover mi pene en su ano haciendo que toda la cabeza de mi miembro tocara la entrada de ese pequeño hoyo, Belinda al sentir eso, volteó un poco a verme y con voz temblorosa me dijo: Por favor, ten cuidado. Yo le contesté que si, que lo iba a tener, después de untarle mi pito por algunos segundos en la entrada de su ano, di el primer empujón, sentí como apenas la puntita de mi miembro entraba en ese reducido orificio, ella dio un grito lastimero diciéndome: Haaaay, me dueleeee. Yo le mencioné: Tranquila mi amor, relájate y afloja tus músculos, con eso ayudaras a que mi pene entre más fácil, al decirle eso empujé más, casi la mitad de mi pene estaba dentro de su ano, podía ver como la piel de mi pito se replegaba hacia atrás debido a lo apretado que estaba ese hoyo, ella se enderezó deteniéndose con la palma de una de sus manos sobre la alfombra, la otra de sus manos la pasó hacia atrás apretándome uno de mis muslos, con mis dos manos yo la tenía agarrada de su lindo traserito.

Seguí empujando muy despacito, Belinda me decía: No, yaa noo, me duele, sácalo por favor. Su ano de verdad que estaba bien reducido, sentía como me ligaba mi miembro, pensé en ya no seguir adelante y sacárselo, pero, por alguna razón no lo hice, me quedé quieto, un poco más de la mitad de mi pene estaba adentro de su ano, la seguí acariciando de su espalda al mismo tiempo que le dije: Tranquilízate por favor mi amor ¿Recuerdas que cuando te penetré en tu vagina en un principio te dolió? Así está sucediendo ahora, vas a ver como en un momento se te pasa el dolor y va ha hacer algo agradable para los dos, pero me tienes que ayudar, relájate y aflójate lo más que puedas. Ella me dijo que sí, su mano soltó mi muslo, con las dos palmas de sus manos se detenía de la alfombra, separó un poco más sus piernas, seguí empujando levemente, ella sólo se quejaba sin ya decirme nada, era obvio que conforme iba pasando el rato su ano se tenía que dilatar y abrir mas ya que mi pito seguía ahí dentro, levemente seguí empujando hasta que me di cuenta que todo mi pene ya estaba adentro de ese cerrado hoyito, Belinda seguía quejándose aunque ya no tan lastimeramente como al principio.

Solo una poco porción de mi pene se movía dentro del ano de Belinda, fui sintiendo como ese orificio iba cediendo, mi pene fue moviéndose mas y más dentro de él, yo no paraba de acariciarle sus nalguitas y su espalda y de decirle palabras de amor, a los pocos instantes me di cuanta que prácticamente la mitad de mi pene entraba y sal&iacu

te;a de su ano en movimientos lentos, fueron desapareciendo esos quejidos lastimeros que Belinda hacía, la mayor parte del tiempo solo jadeaba un poco, seguí moviéndome atrás de ella, el roce de la suave piel de su ano con mi pene era para volverse loco, nunca había sentido tan apretada a ninguna mujer, mis movimientos cada vez se fueron haciendo más rápidos, bajé una de mis manos buscando el clítoris de Belinda, al encontrarlo se lo empecé a frotar sin dejar de mover mi pene dentro de su ano, paulatinamente empecé a escuchar gemidos de Belinda, pero estos gemidos ya eran de placer y gozo; Haaa, haaaa, mmmm, haa, siii.

Incliné un poco mi cuerpo hacia el frente tratando de tocar con mi pito los puntos mas sensitivos de su ano, con mi mano no paraba de frotarle su clítoris, a pesar del frío nuestros cuerpos estaban empapados de sudor, mi pene ahora si resbalaba completamente dentro del ano de Belinda, aunque de todos modos ese orificio se seguía sintiendo bien