EL FLASH HIPNÓTICO (IV) : DOBLE DIVERSIÓN
EL FLASH HIPNÓTICO (IV) : DOBLE DIVERSIÓN
Control Mental, Dominación, orgía. A partir
de la fantasía de muchos hombres de estar con dos chicas a la vez,
se le ocurrió una maravillosa idea, sólo tenía que buscar
las candidatas perfectas
Ya habían pasado varios meses desde
que utilicé mi sensacional invento para
vengarme de la que había sido mi jefa en mi anterior trabajo.
Definitivamente el pequeño cilindro metálico me había dado
ya grandes
satisfacciones. Debo mencionar que el tener este poder puede hacerlo a uno
perder la noción de lo correcto. En un par de ocasiones lo utilicé
para
convencer a potenciales clientes para que "gustosos" me contratasen
para
darles servicio de asesoría y soporte a computadoras... que se le va
a
hacer, no nada más de sexo vive el hombre y un dinero extra no me vendría
nada mal.
Gracias a lo anterior había logrado
independizarme, me salí de casa de mis
padres y renté un depa, en donde en varias ocasiones y con un poco de
ayuda
de mi flash hipnótico había logrado unas veladas maravillosas.
Cierto día
que me visitaron unos amigos para bebernos unas cervezas, después de
una
larga charla que abarcó desde la política, la religión
y el fútbol, el tema
terminó en el ya tan trillado tópico del sexo.
En algo coincidimos todos, en que definitivamente
la fantasía de todo hombre
era tener sexo con dos chicas a la vez... en el instante que caímos en
eso
en mi mente inmediatamente comenzó la maquiavélica idea de realizarlo
tan
pronto como fuera posible, así que después de un par de tragos
más, opté por
despedir a mis camaradas para apurar la realización del mismo.
Tan pronto cerré la puerta y algo mareado
por el alcohol me puse a pensar en
posibles candidatas para la realización de mi fantasía... no tardé
mucho en
dar con las personas ideales... Diana, una chica que trabajaba en una
agencia de publicidad de largo cabello rizado y con un cuerpo delgado pero
muy bien proporcionado, vivía en el departamento de abajo y para colmo
de
colmos, vivía sola, ya que el chico con el que vivía la había
dejado... ya
tenía a mi primer prospecto...
Mi segunda opción fue Claudia, una hermosa
mujer con gafas que vivía a dos
departamentos del mío en el mismo piso con su esposo Javier, esta linda
mujer blanca como la nieve, de pelo largo, liso y castaño tenía
un hermoso
rostro que adornaban unas gafas muy monas que la hacían verse más
sexy.
Ya estaba hecho el plan, no podía fallar,
fui por mi fiel flash hipnótico,
revisé que la batería estuviese perfectamente cargada y salí
del
apartamento. Al pasar por la puerta del depa de Claudia y Javier escuché
el
sonido de la Televisión... no era muy tarde, apenas las 11 de la noche
y de
seguro aún no se acostaban a dormir. Tomado en cuenta esto opté
primero por
hacer la tarea que me quedaba más lejana, bajé las escaleras y
me dirigí al
depa de Diana. Al acercarme a su puerta escuché música New Age
que de ahí
emanaba y me imaginé que ella debía estar relajándose después
de su arduo
día de labores. Con leves golpes toqué a la puerta y escuché
como alguien se
acercaba a abrir.
Al abrir la puerta, no puede evitar verla de
pies a cabeza, la bella Diana
acababa de ducharse y traía su larga y leonezca cabellera rizada aún
húmeda,
con una suave blusa de algodón por donde se notaban unos dormidos pezones,
carentes de sostén que los escondiera, traía un monísimo
short que alguna
vez fueron vaqueros y que se deshilaban de la parte baja, dejando ver unas
delgadas y torneadas piernas en todo su esplendor, Diana estaba descalza.
"Hola Armando!" me saludó
"pasa algo?" Apenas terminaba de decir esto cuando
yo tenía el flash frente a su rostro y la potente luz roja la cegaba,
dejándola paralizada, con la mirada perdida en el espacio. "Diana..."
le
dije, "toma tus llaves, cierra el departamento y s
ígueme".
Sus ojos
recuperaron una ligera cordura y se regresó sobre sus pasos para agarrar
su
llavero y ponerle cerrojo a la puerta.
Subimos las escaleras y antes de llegar a la
puerta de Claudia y Javier le
dije a Diana "ve a mi departamento, la puerta no tiene cerrojo, entra,
siéntate en el sofá y espérame". Sus pies descalzos
siguieron su marcha y ya
que la vi entrar a mi cueva toqué a la puerta de los casados.
Escuché como el volumen del televisor
descendía y como unos pasos firmes se
acercaban a la puerta, al abrirse la puerta me topé con el rostro de
Javier
quien algo confundido por mi nocturna visita me saludó... pero antes
de que
terminara de hacerlo recibió la descarga carmesí de mi invento.
"Javier", le
dije, "dile a Claudia que veng..." apenas terminaba de dar la orden
cuando
el rostro de Claudia se asomó por encima del hombro de su marido, preocupada
por la nocturna intromisión " que pasa Armando, que haces por aquí
tan
tarde?" me preguntó sin darse cuenta que su marido era una estatua
petrificada. "Nada Claudia, le estaba diciendo a Javier que este aparato
que
tengo aquí..." FLASH! Y ya tenía un par de estatuas a mi
entera merced.
Le ordené a Javier que se fuera a la
cama, que descansara como nunca y que
despertara hasta las 9 de la mañana. Cuando vi a Claudia, quien vestía
una
nada sexy pijama, decidí que si mi fantasía fuera una gran experiencia,
ella
debía vestir lo ideal para la ocasión, le ordené que fuera
a su cuarto y se
pusiera la ropa interior mas sexy que tuviera y que encima de esta se
pusiera únicamente una camisa de su marido. Estuve tentado a entrar a
su
recamara para ver como se cambiaba, pero decidí que lo mejor era esperar
a
tenerla en mis dominios junto con Diana. Al cabo de unos minutos Claudia
regresó con las ropas que le había ordenado y cerrando la puerta
de su
departamento nos dirigimos al mío.
Una vez adentro de mi hogar, le ordené
a Claudia que se sentara junto a
Diana, quien petrificada y con la mirada perdida, esperaba mis órdenes.
Me
despojé de mis ropas y me senté desnudo en el sillón que
se encontraba
frente al sofá donde estaban mis dos victimas. Mientras me acariciaba
el
pene, que ya para entonces estaba durísimo por lo que pasaría,
y les di el
primer comando: "Diana, Claudia, atención, mírense la una
a la otra, en este
momento sienten deseos irrefrenables de hacerse el amor la una a la otra,
comenzarán a besarse y acariciarse para después de esto lentamente
se
desnudarán y se darán placer hasta llegar al orgasmo. Cuando truene
mis
dedos comenzaran."
Snap! En ese momento como impulsadas por una
fuerza invisible se dieron un
cachondísimo abrazo y comenzaron a besarse en la boca como dos enamorados.
Sus manos se acariciaban la espalda mientras que sus lenguas se peleaban. El
ruido de sus labios succionándose era enorme y mientras esto sucedía
yo
contemplaba todo, masturbándome lentamente. Diana comenzó a desabotonar
la
camisa que cubría a Claudia mientras Claudia metía sus manos por
debajo de
la camiseta de Diana, acariciando sus ya duros pezones. Cuando Diana terminó
su labor, la camisa cayó a un lado y me dejó ver el hermosos y
blanco cuerpo
de Claudia, con unas nalgas grandes y firmes totalmente descubiertas porque
usaba unas bragas de hilo dental que solo tapaban en parte su pubis. Claudia
jaló hacia arriba la camiseta de Diana y los dos bellos y pequeños
pechos de
Diana quedaron al descubierto.
Las piernas de ambas chicas se entrelazaban
mientras Claudia se inclinaba
para desabrochar el sostén de Claudia. Diana gemía al sentir sus
pezones
succionados y tras despojar a Claudia de su bra, comenzó a acariciar
los
enormes y blancos pechos de esta. Yo ya me sentía explotar ante este
cuadro,
por lo que opté por dejar de masturbarme para seguir viendo el espectáculo.
Claudia desabotonó el short de Diana y esta se levantó para quitárselo,
con
todo y bragas, dándome la espalda y dejándome ver su lindo y pequeño
trasero. Diana se arrodillo frente a Claudia y con fuerza jaló las
diminutas
bragas de Claudia, dejando al descubierto un hermoso chocho de labios
rozados. Claudia abrió sus piernas y la larga melena de Diana cubrió
el
espacio al inclinarse a mamarle la ya húmeda raja.
En ese momento me levanté del sillón
para poder seguir más de cerca el show,
y me puse a un lado del sofá para ver como Claudia inclinaba su cabeza
y
gemía por tan severa mamada que recibía. "Chicas" ordené.
"Acomódense en el
sillón y hagan un 69." Inmediatamente Diana dejó su labor
y ayudó a Claudia
a acostarse a todo lo largo del sofá. Una vez hecho esto le abrió
las
piernas y se montó sobre ella, abriendo las suyas y colocando su raja
a la
altura de la boca de Claudia. Claudia tomó a Diana de las nalgas mientras
hundía su cara en la papaya ardiente de Dianita. Por unos minutos que
se me
hicieron eternos contemplé el espectáculo, cambiándome
de lugar para ver a
detalle todo lo que ahí ocurría. Cuado estuve detrás de
Diana, quien tenía
el culo al aire y era succionada en el chocho por Claudia, me incliné
para
lamer su apretado y expuesto ano.
Al hacer esto Diana se estremeció y
gimió largo y profundo. Continué mi
labor mamando ese rico e impecable ano mientras que con mis manos acariciaba
las tetas en reposo de Claudia, quien también respondió gozosa
al estimulo.
"Bien chicas, deténganse, tomen asiento en el sofá una al
lado de la otra".
Jadeantes se desencadenaron y se sentaron, sin que sus manos dejaran de
tocarse una a la otra, sudorosas, calientes y deseosas. Me planté de
pie
frente a ellas y les ordené que las dos me mamaran el pene, tomándose
turnos. Claudia tomó la iniciativa y engulló velozmente mi ardiente
fierro,
ante la mirada perdida y fogosa de Diana, quien se conformó con acariciarme
las pelotas. Claudia se sacó mi miembro y tomándolo en la mano
se lo ofreció
a Diana, quien gozosa comenzó a mamarlo con energía. Seguimos
con estos
turnos un par de veces y decidí seguir con el tratamiento...
"Síganme a la cama, chicas"
y desnudos los tres nos enfilamos a la cama.
Adelantándome me acosté boca arriba y le ordené a Diana
que me pusiera el
coño en la cara, a Claudia le ordené que me montara el fierro
como nunca.
Ese momento fue glorioso al ver a estas dos hermosas mujeres desnudas
subiendo a mi cama y acomodándose para recibir este tratamiento especial.
Diana se montó sobre mi rostro y ya no pude ver nada más que una
hermosa
raja que olía a jugos y saliva de mujer, la cual tenía los labios
hinchados
de la excitación. Apenas empezaba a saborear el coñito que se
me ofrecía
cuando sentí las manos de Claudia sobre mi abdomen, para acto seguido
sentir
como con la diestra tomaba mi verga y se la colocaba en su húmeda vagina.
Instantes después sus piernas descansaban sobre las mías y la
húmeda cueva
de su sexo cubría completamente mi miembro.
A los gemidos de estas chicas se unieron los
míos mientras seguía mamando la
raja jugosa de Dianita y recibía tremenda follada por parte de Claudia,
entre los húmedos sonidos escuchaba como las chicas se seguían
besando en la
boca mientras sus sexos se mantenían ocupados conmigo. No se como le
hice
para no explotar, pero estuvimos así por eternos momentos, hasta que
les
ordené que cambiaran lugares.
Ahora, acostado e inerte observaba como se
alejaba el rico culo de Dianita
quien cambiaba lugares con Claudia, la cual se colocaba sobre mi rostro,
para también recibir su dosis de mamadas. Dianita se acomodó sobre
mí y noté
como su coñito era mas apretado que el de Claudia, quien como mujer casada
ya tenía mas "flexibilidad" para estos menesteres. Un profundo
gemido escapó
de su boca al meterse todo mi duro fierro en su chocho húmedo, para quedarse
estática por unos momentos y después proceder a montarlo con energía.
Ahora me dedicaba a mamar la raja jugosa de
Claudia, la cual tenía un sabor
muy diferente al de Diana, pero igual de delicioso. Mis manos acariciaban
sus grandes nalgas mientras mi verga re
cibía los embates de una muy cachonda
Dianita. Como ya sentía muy cerca los deseos de correrme les ordené
a las
chicas que desbordaran sus ganas y tuvieran su orgasmo ya... apenas lo
ordené y las dos comenzaron a gemir durísimo y a estremecerse
mientras se
abrazaban para no caer del circo de tres pistas que habíamos formado.
No les
di tiempo de descansar, ya que las tumbé en la cama una al lado de la
otra y
yo al pie de mi cama comencé a masturbarme vigorosamente para derramar
grandes disparos de leche sobre los cuerpos de ambas. Las dos abrazadas
tomaron las porciones que les tocaron y las embarraron por todo su desnudo
cuerpo.
Cabe decir que había quedado sin fuerzas,
agotado por tan tremenda faena,
por lo que mi ultima orden fue que tomaran sus ropas, se vistieran,
regresaran a sus respectivos depas, se fueran a dormir y olvidaran todo lo
que había sucedido.
Una vez más... gracias querido Flash
Hipnótico...
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