MI PRIMERA SESION CON MI AMO - Vas tomar lechita perra, si, tragatela toda, si, Y asi lo hice me la trague toda como si fuera un liquido sagrado. Y despues se la limpie con la lengua. Despacio, dandole el mayor placer a mi amoMI PRIMERA SESION CON MI AMO Vas tomar lechita perra, si, trágatela toda, si, Y así lo hice me la tragué toda como si fuera un líquido sagrado. Y después se la limpié con la lengua. Despacio, dándole el mayor placer a mi amo Lo conocí cuando aún era joven mujer que recién cumplía sus 22 añitos. Soy morocha delgada pero con muy buenas curvas. Pequeña de contextura, por lo que siempre me dan muchos menos años de los que realmente tengo. Siempre dicen que parezco una nena, incluso tengo voz de nena. Pero en todo caso, seré una nena mala.
Hoy tengo 33 pero aún conservo el mismo cuerpo. Tengo el pelo negro ondulado. Ojos negros y bella sonrisa. Grandes tetas, con aureolas y pezones oscuros. Un culo parado, redondo, duro. Por esos tiempos hacía casi 4 años que convivía con mi marido. Después de muchas peleas nos separamos un tiempo. Él me engañó. Salía con mujeres de su trabajo. Con sus amigos de joda hasta altas horas. Y yo me quedaba sola llorando en casa. Nos separamos un tiempo y luego tras muchas promesas volvimos.
Pero yo no era más la niña inocente. Ahora teníamos Internet. Conocí a través del ICQ a un hombre de 40 años. Charlamos durante meses. Al principio en forma inocente... me fue trabajando hasta que consiguió que fuera su esclava virtual. Me dijo: “yo te voy a enseñar a complacer. Te voy a educar”. Me decía que ropa usar, si cogía o no con mi marido. Me decía: “Hoy se la chupás” u hoy le decís tal cosa mientras te coge. Y yo lo hacía. Del chat, pasamos al teléfono. Todos los días dedicaba tiempo a cumplir sus ordenes introducirme objetos tanto en la concha como en mi culo virgen. Me ataba las tetas hasta dejarlas moradas. Colocaba broches en mis pezones para aprender a soportar el dolor. Y un día, llegó el gran día. El de conocernos.
Él vivía en la Recoleta y yo en Ramos Mejía en la provincia (un promedio de 2 horas en colectivo). Pero por esas casualidades de la vida, yo iba al dentista a una cuadra de su casa. ¡No lo podía creer! Era el destino. Él era mi amo. Sin lugar a dudas. Así que una tarde fui a su encuentro... a su servicio. A demostrarle que todos esos meses habían valido la pena. Que había sido una buena sumisa. Que había preparado mi cuerpo cómo el me lo había pedido.
Me pidió que me vistiera con un vestido blanco con florcitas celestes de gasa cortito, sin corpiño, medias blancas con ligas, portaligas y por encima del portaligas una colaless blanca. Así fui. Llegué a su departamento, toqué el portero y cuando preguntó quién era respondí –cómo él me había indicado- “Servicio a domicilio”. Subí por el ascensor y el corazón se me salía. Latía con fuerza. Estaba muy nerviosa, ¿estaría a su altura? ¿Estaría orgulloso? ¿Qué tendría preparado para mí? ¿Qué me haría? Y sin quererlo ya estaba mojada antes de entrar. Él me había dicho lo que tenía que hacer paso por paso cuando llegara. Y lo hice. Toqué a su puerta y cuando preguntó: -¿Quién es? Respondí: “Su PUTA a domicilio Sr.”
Abrió la puerta, esperé un momento y luego entré. Dejé mi cartera, y me paré en el living frente al sillón. Tomé un pañuelo negro que había en este y me vendé los ojos. Y esperé. Tal como él me había dicho.
Estuve un tiempo así, esperando. Respirando entrecortadamente Y escuché sus pasos... se acercaban a mí. Lo escuché girar alrededor mío. Lo sentí observarme.
Se paró detrás de mí y acarició mis brazos, se acercó y me apoyo su verga. Se notaba grande... dura... Bajó sus manos hasta mis piernas y las subió lentamente apretando sus dedos contra mi piel, por debajo del vestido. Se acercó a mi oído, respiró profundamente y susurró:
-Muy Bien... Cumpliste con lo que te pedí. Hoy vas aprender a complacer a un hombre. Y vas a saber lo que es que te cojan de verdad como a una buena Puta. Hoy me vas rogar que te coja, te lo puedo asegurar. Hoy vas a suplicar cómo nunca en tu vida. Vas a sufrir... vas a sentir dolor... y vas a rogar p
or más...
Mi cuerpo temblaba. Bajó el cierre de mi vestido y lo escuché moverse. Me tomó de la mano y me guió. Caminé solo unos pasos. Lo escuché sentarse en el sillón. Y empezó la sesión.
Me dijo: Bien putita, vamos a ver que tan buena sos. A partir de este momento vas a obedecer a todo lo que te pida. Sino lo haces, recibirás un castigo. Me vas a llamar Sr. O Amo. Por cada “No” que me digas vas a recibir un azote. No podes acabar hasta que yo te lo diga. Si acabas, lo voy a considerar una falta grave, y te voy a castigar. No quiero quejas de nenas histéricas, quiero placer y vos me lo vas a dar... Me entendiste? Preguntó. –Sí. Te entendí. Contesté. Y lo próximo que escuché fue que se movió y un golpe en mi culo con su pesada mano. Me sorprendió.
-Me parece que no me escuchaste. ¿Me entendiste? Me di cuenta en el momento: -Sí Sr. Lo entendí. –Mucho mejor- dijo y se sentó. -Quiero ver tus tetas. Sacate el vestido!
Y así lo hice. Bajé lo breteles y lo dejé caer al piso. Suspiró y dijo-Síii que tetas mi amor. Cómo las voy a disfrutar! ... Dejame verte... Pasó un instante y sentí sus manos en ellas; las empezó a tocar, las apretaba, pellizcaba mis pezones, los retorcía y estiraba y me arrancaba gemidos y grititos de dolor al mismo tiempo. –Que tetas que tenés!... umm esos pezones... sii que lindos, cómo se estiran, que grandes... mirá putita que duros que están. Lo escuchaba gemir mientras me tocaba y a pesar del dolor que sentía cuando me estiraba los pezones me estaba excitando como loca... y lo notó... entonces metió su mano entre mis piernas sobre la bombacha... y se rió. –Estás mojada perra. Sos más puta de lo que pensé. Y era verdad.
Me dijo:-Date vuelta. Mmmm que culito...- dijo cuando lo hice. No sabía que iba a hacer ni cuando, todavía tenía la venda en mis ojos. Estaba a su merced. Y eso me calentaba. Me tocó el culo con ambas manos y metió sus dedos debajo de la colaless y la recorrió de arriba abajo; y me la sacó. Luego me dijo: -Agachate- Lo hice y mi culo quedó a la altura de su cara. –Muy bien –dijo-ahora separá las piernas y abrite el culo con las manos. Mostramelo bien. Te quiero ver bien el agujero del orto.
No podía creer lo que escuchaba. Nunca lo había hecho. Él lo sabía. Me daba mucha vergüenza. Ni mi marido me tocaba mi agujero, ni me lo miraba. Me paralicé durante un segundo hasta que escuché su voz esta vez más firme: -¿Qué estás esperando? Sabía que no podía decepcionarlo, que había ido a darle placer y obedecerlo. Así lo prometí. Me armé de valor y lo hice. Me abrí las nalgas con mis manos y el agujero de mi orto quedó expuesto. Me moría de la vergüenza. –mmm mirá que estrechito... uhh que lindo ese agujero... empezó a tocarme las piernas muy suavemente, subiendo cada vez mas. Me acariciaba y me excitaba. –mmm mirá como se contrae y se afloja... Te excita puta... Te juro que antes de irte vas abrírtelo vos sola... Estaba como loca. Sentía muchísima vergüenza. Humillación. Y a la vez estaba re caliente. Seguía tocándome y hablándome... –Ahora abritelo bien, y no saques las manos sino queres que te castigue.
No sabía que esperar. Y sentí su dedo tocando mi agujero... El instinto hizo que me corriera y me dio una nalgada. No hizo falta más. Pedí perdón y volví a mi posición. Me abrí bien y le dije: -Perdón Amo, por favor. Volvió a tocarme el orto. Hacía presión con el dedo. Me dijo –En disculpa por haberte corrido, rogame que te chupe el orto. Que meta mi lengua adentro. Y te quiero escuchar así mientras lo hago. Mi marido no me lo hacía, ni me lo hace. Pero tomé valor y lo hice. Empecé a suplicarle mientras lo hacía. Hundía su lengua, la movía me lamía. Estuvo así hasta que se dio cuenta que en verdad era más puta de lo que creía, porque estaba a punto de correrme. Estaba toda mojada. Gemía como loca. Y se salió de repente y me dio una nalgada fuerte. Yo no entendía nada. Que había hecho mal? –Ni se te ocurra correrte puta!
Y me dio otro más –Necesitás bajar la calentura yegua –y otro más, esta vez más fuerte. –¿ibas a acabar perra?- otro mas, más fuerte -me ibas a desobedecer? otro más y otro y otro, y mi excitación cambió por
dolor y sentía el culo caliente y seguía pegándome y empecé a suplicarle que parara que me dolía, pero siguió dándome azotes y diciéndome que era una puta calentona, que no podía creer que me mojara de esa forma, que yo no estaba ahí para gozar. Y empecé a llorar del dolor. Paró y me dijo –Bien, Se te fue la calentura? Asentí con mi cabeza llorando. Me dijo- ¿Vas a hacer lo que te pida para que te perdone y sigamos? O te vas así-
Volví asentir con la cabeza y le dije, sin saber cómo después del dolor que había pasado, que iba a hacer lo que él me pidiera. – Bueno, si querés que te perdone por ser una perra tan calentona vas a ponerte de rodillas, vas a besarme los pies, vas a sacarme el cinturón del pantalón y me lo vas a ofrecer y te vas a dar vuelta para que te pegue un azote en cada cachete del culo, luego, uno en cada teta y luego vas a abrir tus piernas y vas ofrecerme tu concha para el azote del perdón supremo... ¿Lo vas a hacer o te vas? No podía creer lo que me pedía... Estaba loco... quería pegarme en las tetas y en la concha ¿con un cinto? Yo no podía ser tan puta. Estar tan entregada. Dejar que me humillen así... Pero si le decía que no, sabía que no iba a volver a verlo. Y había esperado tanto. Entonces lo hice. Le dije que sí. Se paró y me sacó la venda de los ojos, y por primera vez lo vi. Era bellísimo. 1,70 de estatura, cabello castaño, unos ojos verdes preciosos, profundos, de mirada penetrante. Tenía puesta una camisa blanca mangas cortas semi abierta que dejaba ver su pecho y sus brazos bien formados. Un pantalón beige y sandalias marrones. Emanaba sensualidad y masculinidad. Me hizo señas con la cabeza que me agachara al piso. Lo hice. Me arrodillé y besé sus pies y desde ahí lo miré a los ojos. Era tan hermoso. Me incorporé y le saqué el cinturón y se lo entregué temblando de miedo. Cuando lo tuvo en sus manos se dibujó en su cara una sonrisa completamente maliciosa.
Iba a castigarme, iba gozar con mi dolor. Me di vuelta y me recliné, dejando mi culo a su disposición, muerta de miedo y humillación. Agarró los elásticos del portaligas, los estiró y los soltó contra mi culo aún dolorido. Me pasó el cinturón por las piernas, las nalgas, la espalda podía sentir el cuero en mi piel... Nunca me habían pegado con un cinturón. La expectativa me mataba. Lo escuche como se lo enrollaba en la mano y lo estiraba haciéndolo sonar en el aire... humillándome, gozándome, haciéndome sufrir con la espera... Y no me hizo esperar más. Me golpeó. Sentí el cinturón moverse en el aire, y el ruido seco sobre mi piel, el dolor, mi grito, ahogaron el silencio. Respiré hondo para aliviar el dolor, y vino el otro; sin aviso, así, más fuerte. Esta vez acompañado de un grito de mi amo al dar el golpe maestro.
No podía moverme del dolor. Me quejaba... Y sin siquiera notarlo me incorporó y tomo mis manos y las ato por la espalda con el pañuelo con que antes me había vendado los ojos. –No vas a necesitar tus manos por ahora. No tengo todo el día - dijo. Y lo entendí perfectamente. Me dio vuelta y toco mis tetas. Las lágrimas empezaron a brotar de mis ojos. Se dio cuenta de mi pánico. Me besó por primera vez a penas en los labios y acarició mi rostro con una ternura incomparable y mirándome a los ojos me dijo: -confía en mí Y era todo lo que necesitaba. Me paré derecha y le ofrecí mis tetas. –Quiero que mires bien como te pego. Y lo hice.
Y pude ver como acomodaba el cinturón en sus manos, midiendo la distancia Y soltó el golpe justo sobre el pezón. Grité, y mis lagrimas seguían cayendo. El no hablaba. Solo disfrutaba su labor. Y todavía no había terminado. Se acomodó y fue el segundo. Un golpe seco, directo al pezón. Me doblé del dolor. No lo aguantaba. Y grité. Se acercó y me dijo –shhh tengo vecinos. No quiero tener que amordazarte porque mi placer es escuchar tu dolor... Y no querés restarme placer no? Negué con la cabeza.
-Muy bien- me dijo –ya terminamos. Y me llevó hasta donde estaba la mesita del living que seguramente había corrido para tener más espacio. Me ayudó a acostarme y me abrió las piernas... casi a la fuerza, porque no podía abrirlas por mi misma... imaginaba el dolor. Pero no me hizo esperar. Había cerrado
mis ojos y estaba respirando hondo para prepararme. Con voz firme me dijo –Abrí los ojos- y en el instante que los abrí el cinto ya iba en camino certero hasta mi concha, aterrizando con un golpe, seco, firme. Haciéndome gritar de dolor y doblarme como un bebé. Estuve así un rato llorando apretando mis piernas, encogida. Abrí mis ojos y el estaba mirándome...
Disfrutándome... el placer en su cara hizo que mi dolor se aliviara. Me ayudó a pararme y me llevó al sillón. Parado detrás de mí me apoyó y empezó a manosearme entera; me besaba el cuello; tocaba mis tetas, las apretaba. Metía sus manos en mi concha, que volvía a estar mojada... Lo escuché bajarse el cierre, separó mis nalgas y apoyó su verga en mi culo. Empecé a gemir como una perra en celo, a suplicarle que me cogiera. Dejo de tocarme y se sentó en el sillón con su pija afuera. Ahora la veía. Grande, dura, gorda, parada. –De rodillas perra. – me dijo. Y lo hice. Esta vez, obedecí gustosa. No veía la hora de tener ese pedazo en uno de mis agujeros.
Mis manos seguían atadas. El tomo mi cabeza con una mano y con la otra su verga y la metió en mi boca. –comela toda putita... así... siii...hasta los huevos... siii... así... apretala con tus labios... si.. comela bien... así..no pares... toda... en tu boca... – lo escuchaba gemir, y me volvía loca. Sus manos sostenían mi cabeza y la movían a su antojo. Se la chupé con devoción, casi con desesperación. Y sin quererlo me corrí... estaba tan caliente.... que en el momento olvidé que no debía hacerlo... el revolvía mi cabello.. lo tiraba...sacaba su pija de mi boca... y yo me desesperaba por meterla otra vez... como una viciosa... él sonreía... –sí perra, chupámela bien... entera... voy a acabar perrita... no se te ocurra correrte... ohh si, asi... si... chupala.. si.. Así... ahí va... vas tomar lechita perra... si.. ahh trágatela toda.. si... Y así lo hice me la tragué toda como si fuera un líquido sagrado. Y después se la limpié con la lengua. Despacio... dándole el mayor placer a mi amo.
Yo volvía a estar a punto otra vez. Así que me dijo que me parara, desató mis manos y me dijo que me masturbara mientras él me miraba sentado en su sillón. Y así lo hice.
No me hizo falta mucho. Apenas me toqué un poco acabé y mis jugos chorreaban por mis piernas. No fue un orgasmo, fueron convulsiones. No podía parar de temblar... jamás había experimentado tanto placer. Abrí mis ojos y el estaba sonriendo.
–Que puta sos! Me dijo. Y fue el mejor cumplido que pudo decirme.
Autor: Secretsumisa spxlmnt (arroba) hotmail.com |