UNA PAJA CON EL BRASILEÑO - Empezamos a pajearnos suavemente y despues mas rapido, abriendo las piernas que se rozaban, mirando la verga del otro, imitando la tecnica, si yo me apretaba las bolas Fede hacia lo mismoUNA PAJA CON EL BRASILEÑO Empezamos a pajearnos suavemente y después más rápido, abriendo las piernas que se rozaban, mirando la verga del otro, imitando la técnica, si yo me apretaba las bolas Fede hacía lo mismo Conocí a Fede en un chat. Pregunté si alguien tenía un link para películas porno gratis. Ya llevaba unos meses sin mina así que, Manuela, necesitaba más estímulo para que no se volviera tediosa. Fede me envió un privado con varios links. Me dijo que él tenía un montón de porno, que si quería me copiaba algunos DVD’s. Acepté agradecido. Intercambiamos celulares para ponernos de acuerdo. Y me llamó. Tenía un acento algo extraño
— ¿eres brasileño? —le pregunté. — sí... — ¿y desde cuándo vives en Chile?— llegué hace dos años.
Resultó ser que su padre trabajaba en la embajada brasileña, que le había costado acostumbrarse porque no hablaba nada de español cuando llegó y que en un principio se sintió muy mal con las bromas de sus compañeros por su piel más oscura. Después comprobé que ni siquiera alcanza a ser negro, apenas mulato. Pero me contó que todo había cambiado después del primer partido de fútbol cuando se ganó el respeto de todos. Eso fue lo primero. Lo segundo fue su pene. Es que cuando no lo tengo parado igual es grande ¿cachai? —me explicó por teléfono— pero no es que tenga la media verga sino que en erección como que se me pone dura no más, no es que me crezca mucho más pero mis compañeros de colegio se imaginan que tengo una verga de burro y así me gané el respeto de todos los huevones —concluyó con un simpático acento.
Era viernes en la noche y después de hablar mucho rato por teléfono me dijo que si quería iba a su casa para tomar unas cervezas porque sus viejos se habían ido por el fin de semana a Viña con su hermano menor. Le dije que me daba lata salir tan tarde (ya eran pasadas las 12 de la noche) porque mis viejos tampoco estaban y no me habían dejado mucha plata como para salir en taxi (ya habíamos comentado dónde vivíamos y estábamos como a veinte minutos en auto)
— Entonces voy yo y llevo las pelis y las cervezas —se auto invitó... — no se huevón, ni te conozco —le dije. — bueno ahí nos conocemos... — ¿y no te da lata salir tan tarde?— no, total le digo al chofer de mi viejo que me lleve. — bueno, dale, anota mi dirección.
Pensé en que al tocar el citófono de mi edificio le vería la cara por la cámara y además el control de mi conserje podría espantarlo si era un ladrón. Ahora si era un joven-asesino estaba cagado pero quise no creer tener tan mala suerte.
En media hora estaba en mi casa. A través de la cámara del citófono sólo vi sus rasgos generales. Fede cumplía con todo el perfil de un mulatiño. Ya en la puerta de mi departamento lo vi bien. Era bien alto, un metro ochenta tal vez, delgado, pelo crespo negro, labios carnosos, piel oscura, como de bronceado permanente. Me llamó la atención porque aparte de que en Chile casi no hay negros (uno que otro turista por ahí, estudiante de intercambio o algún inmigrante perdido), nunca había visto a un verdadero mulato-brasileño así de cerca. Nos estrechamos la mano y nos mostramos una amplia sonrisa. Como de alivio tal vez.
Íbamos en la segunda ronda de cervezas cuando me dijo que pusiera una de las películas. Estábamos en mi cuarto usando mi cama como sillón. Habíamos encendido un velón para mitigar el olor a tanto cigarrillo que estábamos fumando. Apagué la luz principal y dejé encendida la de mi escritorio. La función estaba empezando. Seguimos conversando de nuestras vidas, las diferencias culturales, el intercambio de garabatos en español y portugués hasta que, supongo por culpa de la película, Fede comenzó a hablar de sexo. Ese chico era un año menor que yo y se veía mayor y además había debutado súper chico en el sexo. Me contó que fue con su nana cuando tenía 13. Me dijo que desde esa primera vez siempre se la folló y si ella se negaba la amenazaba con contarle todo a sus pa
dres. Renunció como dos años después. También me confesó que era súper pajero.
— cuántas pajas te corres —me preguntó. — no sé, unas dos o tres por semana. — ¡mentiroso! Jajaja. — en serio, antes me pajeaba más. — yo me hago una diaria como mínimo, pero lo normal son dos, el fin de semana más. Soy muy caliente huevón…— somos todos calientes, sobre todo a esta edad dicen. — qué edad tienes tú. — 19 —le contesté— y tú. — 18…— pensé que eras mayor que yo, te ves de más edad ¿estás en cuarto entonces?— si, ¿tú en quinto?— no, en segundo de universidad. — vas súper adelantado. — un poco. Tú te adelantaste en otras cosas…
Nos reímos. Trajimos más cerveza. La película seguía en curso. Mi pene erecto en mis jeans, supongo que el de Fede también.
— Todo es tan exagerado en las pornos, minas perfectas, tetas gigantes, tíos con los medios abdominales, con picos (vergas) enormes. — Sí…—acepté su crítica. — igual me gustaría tener el pico así. — ¿así de grande?— no, así de recto. — pero nadie lo tiene recto-recto. — sí, pero yo lo tengo curvo como para abajo. Me caga esa mierda. — ¿cómo para bajo?— Mira, te voy a mostrar —anunció...
Acto seguido se bajó abrió sus jeans, bajó sus calzoncillos tipo zunga, blancos y vi su pene. Oscuro, húmedo, limpió su líquido preseminal con dos dedos y luego se los chupó. En vez de asquearme, su audacia me cayó bien, actuaba con total naturalidad como si nos hubiéramos conocido de toda la vida. Volví a fijar mi vista en su pene. Sí, era gordo y se le curvaba hacia abajo. Nunca había visto uno así. Era bien cabezón como el mío pero tenía mucho más prepucio que yo. De hecho como que tenía que sostenerlo en la base de su pene para mantener el glande descubierto. El mío en cambio apenas se me para, el glande se descubre automáticamente. Pensé que tal vez el frenillo en su pene tenía algún efecto en su curvatura pero no dije nada.
— wow, qué loco…— sí y por más que trato de enderezarlo no pasa nada. — ¿será porque usas el pico hacia abajo en los calzoncillos?— sí, lo pensé alguna vez y empecé a usarlo hacia arriba pero al rato igual se me baja la mierda —sacudió su verga como zarandea a un niño que se ha portado mal. Nos cagamos de la risa. ¿Y el tuyo? —me preguntó... — el mío es al revés, curvo pero pa’rriba... — a ver, muestra...
No se guardó el suyo en ningún momento y si bien lo tenía duro, debido a la curva a ratos parecía como si no estuviera en erección.
— Mira —le dije, me bajé los jeans y los bóxers —que estaban mojados de líquido preseminal— y le mostré mi erección. Al liberar mi verga, otra gota de ese líquido transparente —y tan rico para pajearse— se escapó y se deslizó por el glande hacia el tronco. La atrapé con mis dedos y la esparcí por el glande.
— así mismo me gustaría tenerlo... — pero tú lo tienes más grueso, no te podes quejar. — súper distintos nuestros picos, el mío pa’bajo y el tuyo pa’rriba. — el mío blanco y el tuyo oscuro. — tu cabeza es rosada y la mía roja —agregó Fede.
En todo ese rato de exploración no nos habíamos soltado las vergas, las sobábamos de forma inconsciente. Fede, que se había puesto de costado para observar mi pene, volvió a apoyar su espalda en la pared y nos reconcentramos en la película.
— ya, pajémonos bien —me dijo y se bajó los pantalones hasta los tobillos. — OK —acordé e hice lo mismo.
Empezamos a pajearnos primero suavemente y después más fuerte, más rápido, gimiendo, abriendo las piernas que se rozaban de vez en cuando, mirando la verga del otro, imitando la técnica, si yo me apretaba las bolas Fede hacía lo mismo, si él se llevaba sus jugos a la boca yo también, si uno le daba rápido el otro lo seguía y así, en la rápida en estábamos cuando me dijo, huevón, me vengo y bastó con que lo dijera para que nos subiéramos un poco las poleras y nuestros penes comenzaran a eyacular. A Fede sólo le salieron unas pocas y espesas gotas de semen.
— ¡opa la cagaste, qué manera de salirte leche! —exclamó sorprendido. — ah, sí
;, no sé cómo controlar esa huevada —dije mirando mi pecho todo lleno de semen. Pásame esos pañuelos que están ahí por fa —le pedí a Fede enseñándole la caja de pañuelos desechables encima de mi escritorio...
— Amigo de verdad estoy sorprendido, sólo había visto algo así en las pornos —me dijo con su semen en una bola de papel y su mano limpia mientras miraba como yo me limpiaba. — ya, ya, ahora me estás agarrando pal hueveo…— no, en serio. — bueno, así no más es la cosa, nunca he podido acabar en mi mano y eso lo encuentro súper práctico, mira la cagaita que dejo cuando me voy cortao.
Le avisé que iría al baño a lavarme el pene y las manos y me dijo que haría lo mismo. Allí pude ver su pene en estado flácido y Fede tenía razón, su tamaño no variaba mucho entre la flacidez y la erección.
Eran casi las cuatro de la mañana. Nos fumamos el último cigarrillo y Fede anunció que se iba. Otro día repetimos —me invitó. Demás —le conteste. Y hasta nos podríamos hacer más de una al hilo hasta quedar raja (rendidos) —agregó. Puede ser puede ser —le dije. Lo acompañé hasta la puerta y pensé en lo fácil que era encontrar un compañero para el místico ritual de la paja.
Hay más por venir. Sigan leyendo y escríbanme a mi correo.
Autor: Diego de Chile diegorelator (arroba) gmail.com |