EL REGRESO I - El comenzo a pajearme lentamente para aumentar el placer de mi venida y al mismo tiempo el de el, pues al contraer mas los musculos de mi culo por la intensidad de mi venida, papa sentia mas presion en su vergaEL REGRESO I Él comenzó a pajearme lentamente para aumentar el placer de mi venida y al mismo tiempo el de él, pues al contraer más los músculos de mi culo por la intensidad de mi venida, papá sentía más presión en su verga Hola. La historia que les contaré sucedió hace apenas un par de meses, cuando regresé a mi país luego de 15 años de ausencia.
Me llamo Carlos. Actualmente tengo 33 años de edad. Soy un tipo alto, delgado, aunque tengo el cuerpo bien formado, de piel blanca y pelo castaño claro. Soy bien velludo, y creo que estoy bastante bien equipado, unas 8 pulgadas (alrededor de unos 20 cm.).
Pues bien, cuando se llegó la época de irme a estudiar, me separé de mi papá, mi hermano, mi tío Omar y mi primo Josué. Y digo me separé, pues todos vivíamos juntos en la hacienda de mi papá. Yo me fui a estudiar arquitectura a Massachusetts, Estados Unidos, mientras que mi hermano y mi primo se quedaron estudiando en la capital de nuestro país de origen.
Al principio se me hizo bastante difícil adaptarme a la vida normal de la gente común, pues habiéndome criado en un ambiente nudista, se me hacía difícil estar vestido todo el día y no tener la misma libertad con la que crecí en casa de mi papá. Ahora tenía que cuidarme más, no podía estar desnudo por todas partes ni mucho menos masturbarme en cualquier lugar de la casa en donde vivía, pues la compartía con 5 personas más (dos varones y tres chicas). Además, estábamos bajo estricta supervisión de un oficial universitario, ya que era una residencia mixta, o sea, de varones y hembras. Mi papá ya me había preparado para todo eso y me había explicado que tenía que acostumbrarme a la vida en sociedad y a las normas de la misma, especialmente en la comunidad ultra conservadora donde se encontraba la universidad en donde cursaría mis estudios. Con el paso del tiempo aprendí a vivir de la forma normal, al punto que nadie podía adivinar que yo provenía de una familia nudista. Así pasé mis cinco años de estudio hasta que por fin terminé mi carrera y me gradué.
Viví en muchas ciudades como Chicago, Los Ángeles, Phoenix, Houston, Tulsa, Jersey City, Tampa y Orlando, debido a que siempre estaba en búsqueda de mejores oportunidades y proyectos. Papá se mudó a vivir conmigo desde que me mudé a Houston en el estado de Texas, ya que mi hermano se había ido a vivir a Panamá por razones de trabajo, mi primo se había ido a vivir con su pareja y mi tío había muerto en un accidente. Por tal razón se sentía solo y como él y yo siempre fuimos muy unidos, pues yo lo invité a vivir conmigo. Por suerte, en cada ciudad donde vivimos, siempre buscamos lugares en donde pudiéramos practicar nuestro estilo de vida (nudista) sin ser molestados ni señalados. Donde más difícil se nos hizo fue en New Jersey, pero luego de varios meses buscando, logramos conseguir una propiedad bastante privada, algo alejada de la ciudad, pero al mismo tiempo accesible a la misma.
Viviendo en la Florida, nos avisaron de nuestro país que la persona que papá había dejado a cargo de nuestra propiedad se había enfermado y que lamentablemente había fallecido. Por tal motivo era indispensable que papá regresara a nuestro país y decidiera qué iba a hacer con la propiedad. Para ese entonces ya yo tenía mi propia empresa constructora, por lo que dejé a cargo a uno de mis empleados de confianza y regresé con papá a nuestro país.
La propiedad de papá es bien grande. Cuenta con muchos acres de terreno y queda bastante apartada de la ciudad. La carretera que nos lleva a la propiedad termina precisamente en la entrada de la misma. Por un lado se llega a una finca cafetalera, del otro lado hay una propiedad privada con un pequeño bosque y al final de la propiedad se llega a un río. En los tiempos de mi abuelo, la finca también producía café, pero luego de la muerte de mi abuelo, Papá decidió convertirla en un paraíso nudista para toda la familia, pero mamá no estuvo de acuerdo y huyó con el mejor amigo de papá…
Camino a la casa pu
de percatarme de lo mucho que había cambiado todo en15 años (cuando yo me fui apenas contaba con 18 años de edad; ahora tengo 33). Pero a medida que subíamos por la carretera, ésta se iba tornando cada vez más solitaria y más parecida a como yo la recordaba. Al llegar a la entrada de la finca, todo estaba tan deteriorado que llegué a pensar que la persona encargada nunca se acercó a la misma. Y al llegar a la casa todo estaba tan horrible, que a mí no me quedó duda alguna de que en efecto, nunca se le dio mantenimiento. Pero, ni modo, enseguida comenzamos a hacer llamadas para contratar personas que se encargaran de arreglar y limpiarlo todo. Esa tarde bajamos al pueblo a cenar en un restaurante y de paso a hacer algunas compras en el supermercado. Al regresar, estábamos tan cansados que solo nos bañamos y nos fuimos a dormir.
Al otro día comenzaron a llegar las personas contratadas para los arreglos y limpieza de la casa y sus alrededores. Papá los atendió y les indicó lo que había que hacer. Yo mientras tanto, me dediqué a recorrer los alrededores y decidí llegar hasta la orilla del río. Todo ese recorrido me trajo gratos recuerdos y sensaciones de placer. Me dispuse a buscar mi roca favorita, lugar de muchos encuentros sexuales de mi adolescencia. Fue ahí donde muchas veces tuve sexo con mi primo, con mi hermano, con mi tío, con papá y hasta con varios amigos, no solo míos, sino también de papá y de mi tío. Por fin llegué a mi roca. Me senté en ella y vino a mí el deseo de volver a vivir aquella época. Me quité lo poco que traía puesto, un mahón, una camisetilla y unos tenis, (nada de ropa interior ni calcetines, pues raras veces los uso), y me recosté en la roca con los pies en el agua del río.
Me sentía como cuando era un adolescente, libre y feliz de estar así, desnudo y ya bastante caliente. Mis recuerdos me transportaron a tiempos pasados y me trajeron ricos recuerdos que me excitaron mucho. Me puse tan bellaco que no me quedó de otra sino masturbarme. Comencé a jalarme la pinga pensando en la clavada que me dio Pedro, el profesor que nos daba clase en la casa a mi primo, mi hermano y a mí. ¡Esa clavada fue espectacular! Recuerdo que ambos la disfrutamos muchísimo. También pensé en las veces que mi hermano y yo nos clavamos mutuamente en ese lugar y hasta en la vez que Rubén, un amigo de papá, que para esa época contaría con unos 50 años, me cogió con su enorme pinga cabezona.
Tanto estuve pensando y recordando que ya no pude contenerme y me vine, disparando chorros de leche caliente que hasta mi cara llegaron. Fue un orgasmo sumamente delicioso. De momento oí un ruido en la maleza y rápidamente me levanté de la roca para ver de qué o de quién se trataba, pero no vi nada ni a nadie. Me metí al río y me limpié toda la leche. Luego me puse mi mahón y los tenis y me dispuse a regresar a la casa. Todo el tiempo tuve la sensación de que alguien me estaba mirando desde algún sitio, pero no vi a nadie…
Esa noche papá y yo cocinamos y luego nos sentamos a cenar desnudos, como en los viejos tiempos. Debo aclarar que papá, a sus 57 años, todavía se conserva muy bien. Es un hombre guapísimo que no aparenta esa edad. Tiene muy buen cuerpo, muy poca panza, pues hace ejercicios a diario. Es bien velludo, con un pecho bastante definido y unas tetillas deliciosas que parecen pesetas escondidas entre tanto vello. Sus nalgas son bien redonditas, cubiertas de vello y firmes, y su culo, a pesar de su edad y de las cogidas que le han dado, aún es bastante apretadito. Su verga es bien gruesa, con muchas venas, cabezona, no circuncidada y mide aproximadamente 9½ pulgadas (entre 23 y 24 cm.) de largo con un par de huevotes que le cuelgan y que cuando te clava, golpean tus nalgas con su rico vaivén. Además, lo mejor de todo es que no ha perdido su bellaquera, siempre está listo para lo que sea, y cuando se viene, son galones de rica leche caliente los que dispara por esa deliciosa pinga. Luego de la cena, conversamos sobre los acontecimientos del día; papá me contó sobre el progreso en el arreglo y las tareas de limpieza de la casa y yo le conté sobre la puñeta (paja) que me hice en el río y de esa sensación que tuve que había alguien cerca espiándome. Esto lo excitó mucho. Yo al ver que papá ya estaba totalmente empalmado, también me excité. Papá comenzó a pajearse
y yo le ayudé, liberando su mano, con la cual me agarró el pingo y se lo metió a la boca para comenzar a darme una de esas ricas mamadas que solo él sabe dar. Cambiamos a la posición de 69 y papá comenzó a pasarme la lengua por la raja del culo mientras yo me deleitaba con su deliciosa pinga y sus huevotes peludos. En eso llegó a mi culo y me cogió con la lengua un rato, metiéndola lo más adentro que podía. Al rato sustituyó la lengua por un dedo, luego dos, tres… Me tenía realmente bellaco…
Yo gemía de placer como podía, ya que no es fácil gemir con la enorme pinga de papá metida en la boca… De pronto papá se detuvo, me sacó el pingo de la boca y se paró. Yo ya sé lo que eso significa, así que me puse en posición. El me agarró las piernas y las puso sobre sus hombros, puso su bicho en la entrada de mi culo y de un solo empujón me mandó su pinga hasta que sentí sus bolas rozar con mis nalgas. A estas alturas de mi vida, ya no me duele cuando papá me clava con su enorme verga, más bien me da un placer que no puedo describir con palabras. Es un vínculo, una unión inquebrantable que se crea cuando él me lo mete, realmente me siento uno con él y así también me lo ha manifestado él a mí. Papá comenzó a moverse dentro de mí lentamente y luego fue tomando fuerza y velocidad hasta que comenzó ese mete y saca frenético, como si no hubiese un mañana.
Cada vez me clavaba más y más profundo. ¡Me estaba dando una cogida cabrona como nunca! Su respiración era cada vez más acelerada al igual que sus gemidos, hasta que de pronto gritó, ¡Me vengo, puñeta! ¡Coge mi leche caliente, Papito! ¡Cógela toda, cabroncito de Papá! ¡Toma, hijo, toma! ¡Ah! ¡Ahhh! ¡Ahhhhhhhhhhhh! Yo comencé a sentir los enormes chorros de leche caliente de mi papá llenar mis entrañas; rica leche de mi adorado papá y ya no hubo vuelta atrás para mí, pues en ese instante mi cuerpo comenzó a moverse y a disparar mis propios chorros de leche que cayeron sobre mi velludo pecho y llegaron hasta parte de mi cara. Me estaba viniendo como un loco con el pingo de papá adentro también viniéndose.
El me agarró el bicho y comenzó a pajearme lentamente para aumentar el placer de mi venida y al mismo tiempo el de él, pues al contraer más los músculos de mi culo por la intensidad de mi venida, papá sentía más presión en su pingo, lo que le daba a él más placer también. Así terminamos. Yo estaba exhausto, pero de placer y todo embarrado de mi leche por el pecho y la cara y de la leche de papá por el culo. Papá me dejó la verga adentro hasta que se le bajó por completo. Cuando me la sacó me dio un gran beso y nos levantamos del piso y nos fuimos a la cama a dormir. No despertamos en toda la noche…
Durante nuestra estadía en la finca, hubo muchos sucesos sexuales muy ricos entre ambos y también con otras personas, pero esos se los iré contando poco a poco.
Si te ha gustado mi historia puedes enviarme tus comentarios, serán apreciados.
Autor: Carlos darknstarman (arroba) aol.com |