CON MI HERMANO - El arremetio con todo, se estremecio y gimio satisfecho expulsando un calido y espeso chorro de leche dentro de mi y le arrime lo mas que pude la cola para exprimir muy bien su sabrosa mangueraCON MI HERMANO Él arremetió con todo, se estremeció y gimió satisfecho expulsando un cálido y espeso chorro de leche dentro de mí y le arrimé lo más que pude la cola para exprimir muy bien su sabrosa manguera Las relaciones con mi hermano comenzaron de la manera más espontánea e inesperada. Habíamos salido de la ciudad para los quince años de una prima, y al llegar a aquel lugar donde sería la fiesta nos hospedamos en un hotelucho y nos tocó a él ya mí dormir en la misma habitación. Mis papás apenas y llevaban el dinero necesario, por lo que tuvimos que compartir una sola cama.
Hasta ese momento, lo único que había yo hecho era ponerme cada que podía ropa de mujer, casi toda de mamá, y había tenido también algunas fantasías con hombres pero nada más; en realidad nunca me había atrevido por miedo a hacer más. Yo estaba entonces concluyendo la secundaria y mi hermano la prepa. En fin, luego de terminada la fiesta regresamos ya noche al hotel, y tanto mi hermano como yo estábamos algo tomados. Yo apenas llegué me desvestí y me metí a la cama, perdido, aunque mi hermano aún entró al baño y se tardó un rato. Casi de inmediato me dormí, y comencé entonces a tener un sueño húmedo: estaba en la escuela, en el baño, mientras un hombre que nunca había visto me acariciaba las nalgas y yo, aunque le decía hipócritamente que se detuviera, hacía todo por arrimarle las nalgas. Y entonces, tal y como yo lo deseaba, el sujeto arrimó su gruesa pija a mi cola, que por alguna razón estaba bien al descubierto, y pude sentir claramente cómo aquel húmedo pedazo de carne entraba dentro de mí.
No sé, quizá fuera el dolor, pero unos momentos después fue que me desperté, y todavía amodorrado, entre aún dormido y no del todo despierto, encontré a Javier acostado detrás mío y, no lo pude creer: ¡dándome efectivamente por el culo! Un par de segundos después reaccioné e intenté no muy en serio zafarme, pero él me sujetó de la cintura y volvió a atraerme hacia él. -¿Qué haces?, le pregunté, susurrando, temeroso de que alguien nos pudiera oír. -¿Te desperté? -¡Claro que me despertaste!, ¿qué crees que estás haciendo?- -¿Te duele? -¿Estás loco?-, dije subiendo un poco la voz, e hice como si quisiera soltarme. -Ya, ya, no es para tanto, ahora me vas a salir con que no te gusta. -¿Pero qué te pasa?, qué tal si alguien nos oye. -No te apures, nadie nos va a oír.
Javier penetró entonces más profundo, casi la totalidad de su verga estaba ahora dentro de mi recto. -Abre las piernas, así no puedo entrar bien. -No, suéltame, ¡estás loco!-, le dije fingiendo indignación, y de nueva cuenta hice como si quisiera despegarme de él. -Ándale, sólo un ratito, abre el culo un poco más.--¿Pero y si os oyen? -No nos oyen, no te apures, ándale-, dijo, como si aquello fuera la cosa más natural del mundo, y yo asimismo y como él me lo pidiera subí y extendí mi pierna. -Eso, así, así, aaahhh-, gimió él entonces, luego de que la totalidad de su miembro pudo abrirse paso en mi interior. -Aahhh-, susurré yo también, pues la verdad es que la sensación era sumamente placentera, nunca antes me habían cogido pero llevaba meses soñando con ello; aunque claro, la idea de que fuera mi hermano el que me desvirgara no me pasó nunca por la mente.
Javier siguió fogoso el mete-saca, ciertamente aquello me iba gustando cada vez más, pero intentaba contenerme para no gemir o gritar. Seguimos follando varios minutos más, y a continuación sentí a mi hermano estremecerse, algo raro dentro de mi culo sucedía y él expresó un satisfecho suspiro: -Aahhh. Medio segundo después pude entender qué es lo que había sucedido: ¡el cabrón se había corrido dentro de mí!
Acto seguido, y ya conseguido lo que quería, sacó su miembro empapado en semen y se volvió de lado, quedándose al poco rato dormido sin decir nada. Yo, por supuesto, me quedé atónito y ya no pude conciliar el sueño en toda
la noche. Al día siguiente Javier se levantó como si nada, y luego de bañarnos y desayunar con mis papás, regresamos a casa.
Ni una palabra al respecto salió de sus labios, e incluso se portó cada vez más tosco conmigo, al grado de que los días siguientes apenas y me dirigió la palabra, siendo que antes de aquello nos llevábamos muy bien. Sin embargo, algunas semanas transcurridas, una noche que nos quedamos solos en casa viendo una película, él se me volvió a arrimar; primero y discretamente me pasó uno de sus brazos por la espalda, como hacen los chicos la primera vez que quieren abrazar a su novia, y al poco rato y sin dejar de ver la película comenzó a acariciar una de mis piernas (llevaba yo un short muy cortito de la escuela).
Yo hasta entonces me había hecho como que no pasaba nada, pero cuando él entonces bajó su mano de mi espalda a mi cintura y me atrajo más hacia él, le dije en tono molesto que se estuviera en paz. Claro, que esto no lo amilanó en lo más mínimo, sino que luego, con su otra mano y ya vuelto hacia mí, metió la mano entre el sillón y mi trasero. Yo intenté entonces apartarme un poco y le dije que se estuviera quieto, que quería ver la película, más él tan sólo se limitó a decir: -Voltéate, anda. -No, ¿qué te crees?, estoy viendo la película.
-Ándale, ándale-, siguió él insistente, y ya no sólo lo dijo sino que me alzó levemente con sus brazos. -¿Y qué tal si llegan mis papás?, le pregunté yo con nervios, aunque iba ya colocándome en la posición que con sus brazos él me indicaba. -Van a llegar hasta la noche, no te apures-, respondió él tranquilo y, ya teniéndome de espaldas a él en el sofá, se colocó detrás de mí y me bajó el short y los calzones.
Yo ya no repliqué más y lo dejé que me volviera a dar por detrás. Esta situación se siguió dando por casi un año, aunque muy ocasionalmente, y debo confesar que yo en algún momento empecé a esperar impaciente el siguiente encuentro. Un par de meses después, no obstante, papá lo mandó, o él por propia cuenta se fue, no sé, a una escuela militar, fastidiado de todas formas de vivir bajo el mismo techo que todos nosotros, sobre todo de papá, que le hacía la vida imposible, y por varios años le perdí la pista.
Muchos años más tarde, y ante la actitud cada vez más hostil de mis padres que iban viendo cómo a mí me daba cada vez por portarme más -maricona-, opté por mejor irme a vivir a un pequeño departamento con algunos amigos. Ya estando por mi cuenta pude vestirme como me diera la gana, y comencé además a tomar hormonas, por lo que al cabo de algunos meses unas pequeñas y florecientes teticas fueron asomándose bajo mi ropa. Había conseguido un trabajo como operadora telefónica, y ahí poco les importó que fuera yo a trabajar en fachas de hombre o de mujer. En fin, que un buen día, estando mis dos compañeros ausentes, ya algo tarde estaba yo viendo la tele cuando escuché de pronto que alguien tocaba a la puerta.
Eché un vistazo por la mirilla pero no reconocí al sujeto, por lo que pregunté quién era. -Yo, Javier, me respondió. Yo apenas y lo podía creer, y dudé mucho todavía en si debía abrirle o no, después de todo, llevaba yo puesta una minifalda muy corta de mezclilla y una blusita de tirantes, mis teticas transparentándose perfectamente bajo la tela, y definitivamente me veía ya muy diferente a lo que él o cualquiera otro de mi familia estaba acostumbrado. Él insistió en tocar. -Espérame, ahora te abro, le dije, pero sin decidirme aún.
Luego de algunos segundos de duda, y sin saber qué más hacer, hice de tripas corazón y descorrí el cerrojo. La puerta se abrió y ahí estaba mi hermano. No obstante, muy diferente a lo que me habría yo imaginado, luego de echarme un rápido vistazo, él tomó su maleta del suelo y pasó a mi lado. -Necesito donde dormir esta noche, mañana salgo para Monterrey.- Así nada más. Yo no supe qué decirle, y me quedé aún un rato en la puerta. Javier por otro lado se dejó caer rendido en el sofá, se le veía exhausto, y ahí se quedó. Finalmente yo c
erré, y con paso cauteloso me le acerqué. -¿Tienes hambre?, le pregunté, sólo por decir algo. -Sí, ¿qué tienes?- -Pollo empanizado, y unas papas, ¿quieres? -Sí, respondió escueto, y yo me metí a la cocina a calentárselo.
En esto andaba yo cuando oí que le cambió de canal y se puso a ver el futbol. Destapé además una cerveza y le llevé todo en una charola. Él comenzó a comer sin decir gracias. Y una vez más, sin saber qué decir o hacer, me senté en el sillón opuesto y me quedé acompañándolo viendo la tele. -¿Estás solo?-, preguntó él al cabo, una vez se hubo devorado hasta la última migaja del pollo. -Sí, hasta el domingo; puedes quedarte a dormir en la cama de uno de ellos. -M’h-, gimió él, y no tuve más que tomarme eso por un -está bien-. Javier se levantó entonces y me preguntó si tenía más cerveza. -No, esa era la última. -¿Hay una tienda por aquí? -Aquí en la esquina-, le respondí, y él salió sin más dejando la puerta entreabierta.
Al poco rato lo escuché volver y echarse otra vez en el sofá. Ya más tranquila, intenté olvidarme de él y me metí a mi cuarto a escuchar un poco de música. Era ya bastante noche cuando al fin salí, sólo para lavarme los dientes e irme luego a dormir. Apenas había terminado de enjuagarme la boca cuando, por el espejo, encontré a Javier mirándome desde la puerta. -La cama ya está hecha, le dije sin volverme. Me sequé luego la boca con la toalla y sentí de pronto el cuerpo caliente de mi hermano justo a mi lado. -No tengo sueño, me dijo, echándome su aliento alcohólico en la cara. -Bueno, pues yo ya me voy a dormir-, le dije brusca, e intenté darme la vuelta y salir, pero él no me dejó el camino libre. -¿Qué quieres?, le pregunté sin mirarlo. -Nada. -Pues déjame pasar entonces. -Pasa, me dijo, y efectivamente se hizo a un lado. Sin embargo, cuando yo intenté salir, él me sujetó por la cintura y me atrajo hacia él.
De inmediato yo me solté y me di la vuelta. -¿Qué haces?, le grité, enfadada, más él ya se había abalanzado nuevamente sobre mí. Con sus brazos fuertes me sujetó fácilmente de las manos y me acorraló contra la pared. -Qué linda te has puesto hermanita, me susurró luego casi al oído, y yo traté muy en serio de soltarme, pero mis fuerzas no daban para tanto. -Suéltame-, le ordené sin dejar de forcejear. -Quieta, quieta, no te voy a hacer nada que no te guste. -Estás borracho, déjame. -No te hagas, bien que quieres. -¡No, déjame, en serio!- Él ya había empezado a desabrocharse el pantalón, y cuando intentó además levantarme la falda yo pude librar una de mis manos y le di una bofetada. No me devolvió el golpe, al menos, que era lo que más me temía, pero tampoco se detuvo.
Luego de un instante de aturdimiento, comencé a pegarle, me revolvía intentando soltarme de sus brazos, más todo fue inútil, era mucho más fuerte que yo. -Por favor Javier, no-, le supliqué entonces, dejando ya de luchar, rendida. -Ya, ya, quietecita...- Y luego de dicho esto me hizo girar, quedando yo de espaldas a él. Con sus mismas piernas separó las mías, y mientras con una mano sujetaba las mías por la espalda, con la otra me bajó las bragas. Un instante después sentí su miembro erecto recargarse contra mis nalgas.
Hice un último intento por librarme girando las caderas, pero él ahora sí me apretó muy fuerte de las muñecas y me dolió mucho. -No, me estás lastimando-, le dije, ya casi con lágrimas en los ojos, y él me soltó un poco. -Ya deja de hacerte la difícil..., ni que no fueras puta. -No soy ninguna puta, ¡idiota!, déjame. -¿A no?, ¿puto entonces? -Imbécil. -Maricón. -¡Animal, asqueroso!-, le grité muy fuerte, al tiempo que él apuntaba su miembro contra mi orificio anal, y sin mucho pensárselo dio el primer empujón. -¡Aaay!-, volví a gritar yo, y esta vez con mucho dolor. Él tuvo entonces la consideración de detenerse un momento, más no me soltó.
Con la mano que le quedaba libre tocó cariñoso mis nalgas. -Mmhh, justo como las recordaba. -Eres un imbécil-, le contesté sollozando; él se d
etuvo unos momentos, pues la resistencia de mi esfínter de cualquier forma no lo dejaba entrar más. Aunque enseguida de la breve pausa arremetió de nuevo, clavándomela dolorosamente y haciéndome gritar más fuerte, y esta vez ya no se contuvo, siguió empujando y empujando cada vez más y más profundo, hasta que llegó un momento en que sentí que mi recto estaba a punto de romperse. -Aayyyy, me duele, le grité, sacudiendo bruscamente mi trasero, y Javier entonces se detuvo. -Ya, ya, ahora pasa, ¿ya no te acuerdas cómo te gustaba?--Imbécil, volví yo a decirle, ya en un susurro, comenzando a llorar. -Shh, shh, ya, no pasa nada-, dijo él enternecido, dejó de sujetarme las manos y pasó las suyas alrededor de mi cintura; más sin mayores miramientos continuó cogiéndome.
Su pene grueso y duro se deslizaba no muy libre en mi aún apretado culo, lo que aumentaba mi dolor, por lo que tuve que soltarme y dejar de hacer fuerza. -Eso, eso, así... ¿te gusta?-, preguntó, más yo no le respondí y dejé que siguiera haciendo lo suyo. Lo malo fue que al cabo de un rato el dolor fue desapareciendo, él ya no me tenía sujeta, se puso más cariñoso y me decía de cosas al oído. -Mmhh... qué rico culito... Te extrañé mucho hermanita. -Mentiroso.--No, no, en serio..., soñaba con tus nalguitas. -No es cierto. -Y sobre todo con esta rajita... mmhh. -¿Sí? -Sí..., hermanita chula. -No te creo. -Chiquita...
Ya sin oponer ninguna resistencia, yo le arrimé un poco más la cola y lo dejé que me entrara más profundo. -Mmhh, ¿te gusta hermanita, te gusta? -Sí... pero eres un grosero. -Perdóname mamita, me moría de ganas. -Me las hubieras pedido y ya. -¿Le ofreces las nalgas a todo mundo?--No, pero a ti te las hubiera dado... yo también extrañaba que me cogieras. -¿Qué tu novio no te la mete? -Tú la tienes más rica. -Golosita. -¿En serio me extrañabas? -Mucho. -Vámonos a la cama. -¿Ya te cansaste? -Es muy incomodo aquí. -Bueno, dijo, y en efecto me la sacó.
Por medio segundo tuve aún el impulso de salir corriendo, pero lo cierto es que un sentimiento más vivo en mí me impidió hacerlo, así que sencillamente me dirigí a mi habitación. Javier entró detrás de mí y sin perder más tiempo hizo que me subiera a la cama, me ordenó que me pusiera en cuatro patas y se colocó detrás de mí. Yo me quité por completo las bragas y la falda, y coloqué mi trasero en posición.
Al notar que él aún tardaba en acomodarse, se me salió decirle impaciente: -Ya, éntrame. -¿Quieres que te vuelva a coger? -Sí. -Pídemelo. -Cógeme por favor. –Hermanita, dijo, y de un solo empuje me la metió enterita. -¡Aaayyy!- -¿Qué, te la saco? -No, no... Dame más duro. -¿Así, así?, respondió él, penetrándome en efecto con mayor fuerza. -¡Más duro, más duro, como hombre! ¿Como hombre, eh?-, exclamó él entonces orgulloso, y fue entonces que comenzó la cogida más cabrona y sabrosa que me hubieran dado hasta entonces.
Todo el poderoso y grueso miembro de mi hermano entraba y salía de mi culo una y otra vez, taladrándome fuerte y hasta el fondo. -¡Sí, sí, sí, dame, dame! ¿Te gusta que te den por atrás, eh? -Sí, sí hermanito, me gusta, ¡cógeme, cógeme!- Él arremetió con todo, y unos instantes después, y justo como hacía cuando vivíamos en casa de nuestros padres, se estremeció y gimió satisfecho: -¡Aahhhh!, expulsando un cálido y espeso chorro de leche dentro de mí. -¡Ayyyy!, grité yo también, y le arrimé lo más que pude la cola para exprimir muy bien su sabrosa manguera.
Algunos segundos después Javier finalmente se despegó de mí, dejando correr por mis nalgas los excesos de semen que no pude retener en mi interior. Rendido se recostó a mi lado, más yo aún me llevé su pija a la boca para limpiársela. Una gran sonrisa en su rostro me indicó que aquello le había gustado. Así, pues, se quedó a dormir la noche en mi cama, y ya bastante tarde por la mañana, luego de desayunar, como todo un caballero me pidió las nalgas y yo se las entregué gustosa. Luego de eso se marchó, pues efectivamente llevaba prisa, y aunque se la pasa él viaja
ndo la mayor parte del tiempo, de vez en vez, cuando pasa por aquí siempre se queda conmigo, y por supuesto, tenemos muy sabrosas y prolongadas sesiones de sexo anal.
Autor: Greenfly tamaulipeca_25 (arroba) yahoo.com.mx |