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SOY LA PUTA DE MI PROPIO HIJO III - Me monte encima de uno, otro se coloco detras y me penetro el culo. Ahora me follaban el coño y el culo al mismo tiempo y la boca la tenia siempre llena con una polla, y juro que lo estaba disfrutando

SOY LA PUTA DE MI PROPIO HIJO III Me monté encima de uno, otro se colocó detrás y me penetró el culo. Ahora me follaban el coño y el culo al mismo tiempo y la boca la tenía siempre llena con una polla, y juro que lo estaba disfrutando

Las semanas siguientes fueron bastante tranquilas. Me enteré que desde el día que mi hijo se acostó conmigo y su tía, había estado yendo a su casa de forma bastante regular para follar con ella.

Eso me excitó y también me hizo sentirme celosa de mi cuñada, que podía disfrutar de la polla de mi hijo siempre que quisiera, mientras que a mí me tenía que sobar y follar a escondidas. Quizá por esa razón durante un par de semanas no me acosó con tanta lujuria y riesgo como al principio, aunque por supuesto seguía magreándome siempre que le apetecía, y yo seguía escapándome de la cama de su padre en mitad de la noche para acostarme en su cama, y al menos pasar una o dos horas a su lado, siendo follada y tratada como una puta por él.

Había llegado a un punto en que dependía de él, necesitaba su cuerpo, su polla, su semen, sus insultos, sus humillaciones. Y cuando pasaban dos o tres días sin que me tocara me entraba ansiedad y suplicaba en silencio por que me follara; a veces me acercaba a él y le susurraba al oído que por favor me tocara, que me follara, y él muchas veces me despreciaba para demostrarme quién tenía el poder y el control.

Al cabo de tres semanas mi marido volvió a salir de viaje, era algo que hacía con mucha frecuencia, y mi hijo y yo nos quedamos solos en casa durante tres días. Esa tarde estábamos en el sofá, yo completamente desnuda arrimada a él, acariciándole suavemente mientras él veía la tele, cuando de repente la apagó y me miró muy serio.

–He hablado con mis amigos, mamá, y están como locos por follarte. Me quedé pálida, le dije que cómo se había atrevido a hacer algo así, que no podía hablar a sus amigos de mí de esa manera. -¡Cállate! Les he dicho que si quieren follarte no tienen más que decírmelo, y que lo harás encantada. -¡Pero hijo mío!, ¿te has vuelto loco? ¡eso es casi como si me prostituyeras! –Exacto, mamá, porque eso es lo que hacen las putas, y tú eres una puta, mi puta, y harás todo lo que yo te diga, ¿me entiendes? -¡No lo hagas, por favor, te lo suplico! -¡Ya lo he hecho! Hace un rato he llamado a tres de mis amigos, estarán aquí en una hora, y te vamos a follar entre los cuatro.

Me quedé sin palabras, no podía creer lo que estaba oyendo. Mi hijo me había ofrecido a sus amigos adolescentes para que me follaran y abusaran de mí a su antojo. Entonces empezó a entrarme un calor por dentro, era una mezcla de excitación y lujuria; mi hijo había decidido convertirme en su puta con todas las consecuencias, y el siguiente paso lógico era ofrecerme a otros hombres, en este caso a sus amigos. Y cuatro pollas jóvenes y fuertes para mí sola no era una idea tan desagradable. Pero me asustaba, pues nunca había estado con más de un hombre a la vez.

–Bien, ahora te vas a vestir como un buen putón, te vas a poner la minifalda más corta que encuentres, sin bragas, por supuesto, una camisa bien desabrochada para que asomen tus tetas y los tacones más altos que tengas. ¡Y date prisa, puta!

Me vestí como me dijo, y me presenté en el salón para que me diera su visto bueno; me sentía sucia por dentro, totalmente vejada y humillada por lo que iba a pasar, pero no podía revelarme, mi hijo ejercía un control sobre mí tan grande que no podía hacer otra cosa más que obedecerle. Se acercó y empezó a sobarme: -Estás buenísima, mami, mejor que cualquier puta callejera. Le notaba muy excitado, tanto por mi ropa, como por lo que íbamos a hacer.

En ese momento llamaron a la puerta. Me dijo que fuera a abrir y recibiera a sus amigos. Eran tres, como había prometido, todos adolescentes guapos y fuertes, a alguno ya le conocía de haberle visto en casa con mi hijo y eso me hizo sentir aún más avergonzada. Cuando me vieron así vestida se quedaron alucinando mirándome, con luju


ria en los ojos, y medio babeando por la visión de mis piernas y mi espectacular escote. Les saludé y di dos besos a cada uno, acercando mucho mi boca a sus labios, y pegando mis pechos a sus cuerpos.

Debieron de empalmarse los tres en ese mismo momento. Los llevé al salón, donde nos esperaba mi hijo y nos sentamos, yo en el sofá, donde me dijo mi hijo, en medio de dos de ellos, y el otro en un sillón. Empezaron a hablar mientras no dejaban de desnudarme con la mirada con todo el descaro del mundo. Me sentía incómoda, con esos adolescentes babeando y deseando follarme, y mi hijo disfrutando viendo cómo sufría. – ¿Os gusta mi madre, chicos? -Está buenísima. Respondió uno de ellos pasando el brazo por mis hombros. –Cuando le he dicho que veníais a verme se ha vestido así para recibiros, ha dicho que quería ponerse muy guapa y provocativa para vosotros.

Mi hijo estaba utilizando una serie de mentiras muy obvias, pero que servían para calentar todavía más el ambiente. Uno de ellos puso una mano sobre mi muslo para ver mi reacción. –Tu madre está tensa, creo que está nerviosa. –Es posible, a lo mejor necesita que la animéis un poco, ¿por qué no la sobáis las tetas?

Y el que tenía a mi derecha me las empezó a magrear con las manos, sacándomelas de la camisa, mientras el de mi izquierda me metía la mano bajo la falda y me acariciaba el coño. –La cabrona no lleva bragas, y está toda mojada. –Claro, os lo dije, es una puta, y está cachonda porque sabe que la vamos a follar hasta reventarla, ¿verdad chicos? –Ya lo creo, dijo el que estaba en el sillón, levantándose y colocándose delante de mi cara; se bajó la bragueta y se sacó la polla. Estaba ya bastante empalmado, y su miembro era realmente grande, para ser un chaval. Me la acercó a la boca y me ordenó que se la chupara.

Mi hijo se levantó también y se acercó: -Ya has oído, sé una buena puta y chúpasela. Abrí la boca y se la chupé. Ahora tenía una polla en la boca y mi cuerpo era magreado por los otros dos chicos. Entonces me levantaron y casi en volandas me llevaron a mi habitación y empezaron a desnudarse. Cuando vi los cuatro cuerpos jóvenes desnudos ante mí, sus pollas grandes y ya erectas, empecé a excitarme y gemí de gusto. Mi hijo se acercó y me besó con pasión en la boca para que los otros lo vieran bien, después los demás se fueron acercando poco a poco para seguir sobándome, mientras yo les acariciaba los cuerpos y sus pollas.

–Ojalá mi madre estuviera tan buena como la tuya, la follaría a todas horas. –Sí, igual que la mía, y tan puta. –Bueno, no os preocupéis, mi madre se ha ofrecido a ser vuestra puta, cuando queráis follar con ella no tenéis más que decírmelo o venir aquí directamente y ella se abrirá de piernas para vosotros, ¿verdad, mamá? Yo asentí entre gemidos. Los comentarios de mi hijo les ponían todavía más cachondos, y ya no se cortaban a la hora de llamarme puta o cosas mucho más fuertes, incluso me llamaban mamá o mami, para humillarme más.

Me desnudaron y me echaron en la cama, y se pusieron a mi alrededor. Uno de ellos se tumbó encima de mí y me la clavó en el coño, mientras los otros me sobaban y me acercaban sus pollas a la boca para que las chupara; estaba tan excitado que duró muy poco y se corrió en seguida dentro de mí, e inmediatamente su lugar lo ocupó otro. Pero al poco decidió cambiar de postura, se tumbó boca arriba y yo me monté encima de él, otro se colocó detrás y me penetró el culo. Ahora me follaban el coño y el culo al mismo tiempo y la boca la tenía siempre llena con alguna polla. Nunca me había visto en una situación así, follada por todos mis agujeros, y juro que lo estaba disfrutando. Y ellos también, por supuesto, y disfrutaban insultándome y haciendo comentarios sobre mi marido, que deberíamos dejar que viera cómo me estaban follando para que aprendiera, y cosas así.

Estuvimos así mucho rato. Cuando uno se corría descansaba y su lugar era ocupado por otro; siempre rotaban, de manera que en ningún momento dejaron de follarme, pero a mí empezaba a dolerme todo el cuerpo. Decidieron hacer una pausa para fumar y coger unas cervezas de la cocina, mientras yo me quedaba tumbada, gimiendo y recuperándome, semen goteándo

me de mis dos agujeros que ya los tenía muy irritados, mi cuerpo reluciente de saliva y semen adolescente.

Uno de ellos entró y me vio así:

-Joder, qué puta eres. Yo le sonreí: -¿Os gusta cómo lo estáis pasando? Se acercó y empezó a volcar su cerveza sobre mi cuerpo: -Vamos a venir muchas veces por aquí para follarte, hija de puta, y diciendo esto se echó cerveza en la polla para que se la chupara.

Volvieron todos y siguieron follándome, con fuerza, haciéndome gritar de placer y dolor, hasta que ya no pudieron más. Se había corrido cada uno dos, tres veces en mi cuerpo, y yo había perdido la cuenta de las veces que yo también me había corrido. Estábamos todos exhaustos, sudando y jadeando, tenía el cuerpo lleno de semen, por dentro y por fuera, y me dolía todo. Se levantaron y fueron a por más cervezas, me trajeron una que tuve que beber, aunque no me apetecía. Les dije que tenía que ir un momento al baño.

Cuando estaba saliendo de la habitación uno de ellos me agarró: -¿Vas a mear? ¿Por qué ir hasta el baño? Hazlo aquí. De repente todos se animaron y empezaron a jalearme para que orinara allí mismo en el suelo. Me agaché, me puse de cuclillas, y empecé a soltar mi chorro. Ellos me miraban fascinados y lujuriosos, incluso mi hijo, mientras yo soltaba mi chorro de pis sobre el suelo, salpicándome los pies y las piernas.

Entonces uno se acercó, dijo que viéndome y por las cervezas a él también le habían entrado ganas de mear, y empezó a orinarme encima. Yo solté un grito, pero los demás vinieron corriendo y se pusieron también a mearme, gritándome que abriera la boca. La abrí y recibí sus meados en mi boca y por todo mi cuerpo, me entraron arcadas pero aguanté. Cuando terminaron me dejaron bañada y chorreando sobre un charco de meados. No quería ni moverme. Ellos se fueron lavando y vistiendo poco a poco, y cuando estuvieron listos me dijeron que había sido un placer follar con una puta como yo, dieron las gracias a mi hijo y se fueron.

Mi hijo se acercó: -Lo has hecho muy bien, mamá. ¿Te ha gustado? Le dije que sí, que lo había disfrutado todo muchísimo. Me dijo que fuera a lavarme, que el limpiaría la habitación. Cuando terminé de bañarme y me sentí bien limpia ya era de noche, comimos algo y me acosté con mi hijo. Pasamos la noche juntos, abrazados, besándonos, como amantes, como hijo y puta.

Algunas veces salía con mi hijo por la noche e íbamos a alguna discoteca; mi marido no veía extraño que saliera con mi hijo a dar un paseo. Me vestía muy sexi para él y nos comportábamos como si fuéramos una pareja: bailábamos, bebíamos, nos besábamos, nos metíamos mano. Me encantaban esos momentos. Luego nos amábamos en el coche, e incluso una vez me llevó a un motel.

Una tarde me propuso ir a un club nuevo que conocía. Acepté sin pensarlo dos veces. Me dijo que me vistiera provocativa pero elegante, y me decidí por una falda corta, medias negras y tacones altos, y una blusa blanca fina muy escotada, por la que asomaban mis pechos sin sujetador, aunque sí me puse unas braguitas negras de encaje. Cuando mi hijo me vio tuvo que controlarse para no follarme allí mismo. Me dijo que estaba buenísima, que era la mamá madura más atractiva del mundo y que esa noche lo íbamos a pasar de vicio. Mi marido no había vuelto todavía del trabajo y le dejé una nota diciendo que me había ido al cine con las amigas y que a lo mejor llegaba un poco tarde, y que el nene había salido con sus amigos.

Ya había anochecido cuando entramos en el club; era un sitio con clase, más pensado para gente adulta que para jovencitos; luz tenue, música suave, me pareció un sitio de lo más sensual. Nos dirigimos a la barra, sintiendo las miradas de los hombres sobre mí, mirando con lujuria mi escote, mi culo, mis piernas. Mi hijo me susurró que me desabrochara un botón más de la camisa, que alegrara más la vista a los hombres. Entonces me fijé que había algo distinto en ese club, había muy pocos hombres o mujeres solos, la mayoría eran parejas. Ante mi extrañeza, mi hijo me explicó que era un club de intercambios. Había oído hablar de eso, pero nunca lo había pensado en serio, y ahora sabía que mi hijo me había traído

aquí para hacer un intercambio con otra pareja. La idea me excitó.

Nos sentamos en una mesa con nuestras bebidas y nos dedicamos a mirar a la gente, como si la analizáramos. Entonces un joven se acercó a mi hijo, le dijo algo al oído, y se lo llevó a otro lado; vi como hablaba con el joven y con una chica que debía ser su pareja. A los pocos minutos se acercaron los tres y mi hijo me dijo que nos habían estado observando y que les gustaría sentarse con nosotros a tomar una copa y que él había aceptado gustoso, les había dicho que yo, su pareja, estaría encantada. El joven se sentó a mi lado y su novia al lado de mi hijo. Estaban de viaje en la ciudad por un asunto familiar, se alojaban en un hotel cercano, y habían salido a tomar una copa; habían entrado en este club sin saber que se trataba de un lugar de intercambio, y les pareció estupendo, pues ya lo habían probado en una ocasión y les había gustado mucho.

El joven era muy guapo, tendría unos treinta años, era alto y rubio, y me miraba con deseo. Su novia era muy atractiva y sensual, con pelo largo rubio y liso, alta, unas piernas fantásticas y dos pechos grandes y firmes. Me sentí celosa en seguida, y más viendo cómo hablaba y reía con mi hijo, y este le prestaba a ella toda la atención. Por su lado su novio empezó a hablar conmigo, y sin darme cuenta me encontré con su mano sobre mi muslo, empezó a subirla, metiéndola bajo mi falda, mientras se arrimaba y su boca se pegó a mi oreja; me susurró si no sería estupendo hacer un intercambio los cuatro, que su sueño era hacerlo con una mujer madura tan atractiva como yo, mientras follaban a su novia.

Su mano llegó a mis bragas y su lengua me lamía la oreja y yo empezaba a estar muy caliente. Miré con disimulo a mi hijo y vi que se estaba besando con pasión con la chica, con una mano acariciándola los pechos. El joven descubrió mi mirada y me dijo que hiciéramos lo mismo, y acto seguido me besó en la boca, cerré los ojos y dejé que nuestras lenguas se encontraran. Su mano dejó mis braguitas y fue a mi escote, la metió bajo mi blusa y me acaricio un pecho y me pellizcó un pezón.

En ese momento su novia nos interrumpió con una sonrisa pícara, diciendo que porqué no íbamos a su hotel y continuábamos el intercambio en su habitación. Mi hijo dijo que estupendo, mirándome con expresión lujuriosa como estaba descamisada y abrazada al joven, y dije tímidamente que sí. Fuimos andando, pues era cerca, cogidos cada uno a su nueva pareja; entramos en el hotel y el recepcionista no se fijó en nosotros, subimos a su habitación muy excitados, sobre todo yo, y entramos.

Había dos camas separadas y mi hijo y la chica no perdieron el tiempo, se fueron a la más alejada y empezaron a desnudarse sin dejar de besarse. Yo me sentía un poco cortada, pero el joven me abrazó por detrás y presionó sus manos en mis pechos, me desabrochó la blusa y me la quitó, sus manos aferraron mis pechos, pellizcando mis pezones, mientras me lamía el cuello; una de sus manos bajó hasta mi falda, la subió y se metió debajo, buscando mis bragas; cuando las encontró las acarició, las frotó, haciendo que me humedeciera, cerré los ojos y me dejé acariciar y meter mano por él.

Me bajó la falda y me echó sobre la cama, casi sin darme cuenta se había desnudado y se tumbó a mi lado; acaricié su cuerpo desnudo, musculoso, casi sin vello, su polla empezaba a ponerse dura y me resultaba muy tentadora. Me quitó los zapatos, las medias, muy lentamente, besándome y lamiéndome las piernas y los pies, me las puso sobre los hombros, me apartó la tela de las braguitas y me penetró. Su polla entró entera casi de un solo golpe, solté un grito de placer, y no pude evitar mirar a mi hijo, que me miró al mismo tiempo, lujurioso, gozando al verme poseída por otro hombre; tenía a la chica a cuatro patas y la penetraba con las manos en sus caderas, la chica jadeando de placer.

Después de penetrarme durante un rato, se salió de mí y se medio sentó sobre mi vientre, colocando su polla entre mis pechos, yo me los apreté y empecé a frotársela, mientras él seguía el movimiento, cada vez más excitado, y yo intentaba llegar con mi lengua para lamerle la punta y darle lametazos, hasta que se corrió; los

chorros de semen me llenaron la cara y antes de que me recuperara de la impresión y sin avisar, me la metió en la boca para que se la chupara y se la dejara bien limpia.

El semen me había empapado la cara y goteaba de mi pelo y mi barbilla, uno de los ojos lo tenía cerrado por el semen que lo cubría; cuando terminó, llamó a su novia, que estaba chupándosela a mi hijo tras haber recibido su semen en su coño, y vino a nuestra cama; siguiendo las indicaciones de su novio, me lamió la cara tragándose todo el semen que pudo. Su lengua recorría mi cara y cuando termino me besó, abrí mi boca y recibía su lengua y su saliva mezclada con semen; nos besamos con deseo, mientras nuestros hombres nos miraban con lujuria.

La chica se desplazó hacia mi raja, situándose encima de mí formando un 69, metió su lengua en mi coño y me lo empezó a chupar; su raja estaba a centímetros de mi cara, y no pude hacer otra cosa más que lamerla, disfrutando de su coño joven y fresco. Así situadas, mi hijo se acercó por detrás y empezó a hurgarle el culo a la chica con sus dedos, mientras su novio se colocaba entre mis piernas y me frotaba su polla contra mi coño, mientras su novia seguía comiéndomelo.

Mi hijo empezó a penetrarla, lo que la hizo dejar mi coño un momento para jadear y gritar de placer y dolor, lo que aprovechó su novio para metérmela en el coño. Yo gemía incontrolada, pero no podía dejar de comer aquel coñito tan delicioso, mientras la polla de mi hijo entraba y salía de su culo a centímetros de mi cara. Varias veces la sacó de su culo y me la metió en la boca, para que se la chupara y saboreara su delicioso culo, e incluso me la pasó por la nariz para que la oliera.

Mientras, su novio me follaba con furia y hacía lo mismo que mi hijo, de vez en cuando paraba para metérsela a su novia en la boca. Así estuvimos un rato, disfrutando los cuatro juntos de un polvo maravilloso, hasta que casi simultáneamente mi hijo se corrió en el culo de la chica, y su novio en mi coño. Mi hijo casi enseguida la sacó y me la metió en la boca, metiéndomela casi hasta la garganta, llegó a echar un último chorro dentro de mi boca y se la lamí. Lo mismo hizo el chico, tras correrse en mi coño, la sacó y se la metió a su novia en la boca para acabar de correrse. Después se apartaron, y dejaron que la chica lamiera mi coño encharcado de semen y fluidos, y que yo le lamiera a ella su culo, del que brotaba semen que tragué con placer.

Después de descansar un rato mi hijo y yo nos vestimos y nos fuimos, dejando a la pareja tumbados en la cama acariciándose. Cuando llegamos a casa mi marido estaba despierto y nos preguntó qué tal lo habíamos pasado; nos duchamos por turnos, y cuando me acosté mi marido me folló, lo disfrutó, e incluso yo también, pero no le veía a él, veía a mi hijo y a la pareja con la que habíamos follado tan salvajemente ese día.

Una tarde mi hijo me propuso ir al cine. Yo estaba un poco aburrida, mi marido estaba en casa trabajando en unos informes para su empresa, y en la tele no había nada interesante, así que acepté encantada. Fui a mi habitación para cambiarme y al poco entró mi hijo. Me empezó a acariciar el culo y me susurró que me pusiera algo provocativo, algún vestido corto con mucho escote, y que no me pusiera ropa interior, porque el cine era un lugar ideal para meterse mano, y él tenía la intención de pasarse toda la película metiéndome mano.

Me decidí por un vestido corto rosa de tirantes y unas sandalias de tacón. Me sentía realmente atractiva, y provocativa. Nos despedimos de mi marido, quien nos dijo adiós y que nos divirtiéramos sin dejar de mirar sus papeles. En broma le dije que no nos esperara despierto. Aparcamos el coche en un parking y salimos a la calle. Yo pensaba qué película podíamos ver cuando pasamos por delante de uno de los últimos cines porno que quedan en la ciudad. Mi hijo se paró y me dijo que nunca había estado en un cine de esos, le dije que yo tampoco, y con una mirada de complicidad compramos dos entradas y nos metimos.

Era un día entre semana y estaba prácticamente vacío, sólo distinguimos cuatro hombres muy separados unos de otros. Nos sentamos en una de las últimas filas. La película ya había e

mpezado, en ella una chica de enormes pechos follaba con dos negros con pollas enormes. El encontrarme en un cine porno con mi hijo, casi vacío, la película, mi ropa, todo influía para que me sintiera muy excitada y caliente, y me alegré cuando mi hijo no tardó en volverse sobre mí y besarme en la boca. Su mano se dirigió a mi escote y me acarició los pechos y mis pezones, ya duros por la excitación, mientras nuestras lenguas se fundían en un beso apasionado. Le toqué el paquete y comprobé que él también estaba muy cachondo, le desabroché el pantalón y liberé su maravillosa polla. Él dirigió mi cabeza hacia ella y se la chupé con ganas.

Entonces me dijo que me quitara el vestido, yo le dije que no, que allí no, pero estaba tan caliente que no pude negarme, y dejé que me lo quitara y lo echara sobre una butaca; me pidió que me quitara incluso los zapatos. Y volví a agacharme para seguir chupándosela. Yo no me di cuenta, pero uno de los hombres sentados por delante de nosotros se volvió para ver qué eran esos susurros, y mi hijo le hizo una seña para que se acercara. Se acercó por detrás de mí, yo ni siquiera le oí llegar, y la visión de mi culo desnudo mientras se la mamaba a mi hijo le debió poner cien.

Él solo veía a una mujer madura muy atractiva chupándosela a un chico joven. Entonces me sorprendí al notar una mano que no era la de mi hijo tocándome el culo, quise incorporarme para saber qué ocurría, pero mi hijo me sujetó la cabeza y le dijo al desconocido que me follara el culo; casi sin darme cuenta sentí cómo unas manos agarraban mis caderas y una polla enorme empezaba a presionar para introducirse dentro de mi culo. Quise protestar, decirle a mi hijo que no le dejara, pero él me dijo que me callara, que fuera una puta buena y me dejara follar por ese desconocido.

Su polla entró dentro de mí casi de un solo golpe, provocándome un dolor inmenso, pero no podía gritar, con la polla de mi hijo en la boca. Los otros tres espectadores se acercaron atraídos por los gemidos y se quedaron mirando alrededor como embobados; era como la película de la pantalla, pero en vivo. Mi hijo se corrió brutalmente en mi boca, llenándomela de semen, y cuando se le pasaron los temblores se levantó y le preguntó a uno de los hombres que si quería ocupar su lugar. No se lo pensó dos veces, y se sentó en la butaca de mi hijo, se sacó la polla y me la metió en la boca. El que me enculaba no tardó en correrse, llenándome con su leche el culo, y poco después el otro desconocido se corría en mi boca. Por fin me dejaron libre un momento y aproveché para sentarme y relamerme el semen que goteaba de mi boca.

Pero aún había dos hombres masajeándose sus pollas fuera de los pantalones esperando su turno; y no pensaban irse sin disfrutar de mí. Me cogieron entre todos y me llevaron a un lateral de la sala, donde había más espacio, y me tumbaron en el suelo. Me fueron follando esos dos hombres por turnos, mientras mi hijo les animaba, y me obligaba a abrir la boca al máximo para tragarme dos pollas a la vez. Luego se levantaron todos y me dejaron de rodillas, pajeándose los cuatro desconocidos, incluido mi hijo, a mi alrededor. Me dijeron que abriera mucho la boca y que fuera manteniendo en mi boca todo el semen que me iban a echar, pero que no lo tragara ni lo escupiera. Yo me acariciaba las tetas un poco por los nervios y un poco para excitarles, y uno a uno se fueron corriendo en mi boca.

Cuando uno terminaba otro le seguía, casi sin parar, y mi boca se fue llenando poco a poco de semen. Su semen no solo caía en mi boca, sino que pronto tuve llena toda la cara y el pelo. Goteaba por mi barbilla y caía sobre mis pechos. Mi hijo fue el último en correrse, y juraría que su cantidad fue la mayor de todas, claro que él es muy joven y los desconocidos todos hombres maduros, alguno incluso bastante desagradable. Cuando terminaron se quedaron jadeando contemplándome, asombrados de ver mi cara blanca de semen y mi boca abierta llena. Entonces mi hijo me dijo que les demostrara lo puta que era y que me lo tragara todo, así que cerré la boca y me lo tragué, y la abrí otra vez para que lo comprobaran.

Me vestí y salimos del cine, quería llegar a casa cuanto antes y darme un baño, me sentía muy sucia, pero también reconocía que había sido muy excitante y morboso hacerlo con uno

s desconocidos. Llegamos al aparcamiento y estaba casi vacío de coches y no se oía nada. Entonces oímos unas voces, alguien que nos llamaba. Eran los hombres del cine, los cuatro, nos habían seguido. Uno de ellos, parecía que hablaba por los demás, se acercó a mi hijo y le dijo que se habían quedado con ganas de más, que querían seguir follando conmigo.

Mi hijo pretendió dudar, diciendo que no estaba seguro, pero se notaba que en el fondo lo deseaba. Yo no quería más, además, aquellos hombres me desagradaban muchísimo. Entonces uno de ellos le ofreció dinero a mi hijo a cambio de follarme, y mi hijo aceptó, les cogió una buena cantidad y les dijo que podían hacer lo que quisieran conmigo durante una hora, y que a él le gustaría mirar. Aceptaron excitadísimos y yo le dije a mi hijo que no lo hiciera, que nos fuéramos a casa, pero él me dijo cruel que ya habían pagado y que ahora era iba a ser su puta.

Me cogieron y me metieron en el coche desnudándome, me tumbaron en el asiento y de nuevo me fueron follando todos por turno. Sus pollas entraban y salían de mi coño, mientras mi hijo observaba todo un poco apartado, sonriendo con lujuria. En cuanto uno se corría otro ocupaba rápidamente su lugar y me la clavaba, mientras mi boca siempre estaba ocupada lamiendo alguna polla o algunos testículos. Me trataban con fuerza, para ellos solo era un objeto sexual en el que descargar todas sus ansias reprimidas; me azotaban, me magreaban con violencia las tetas, me escupían. Cuando se corrieron todos, uno vio que todavía quedaba un poco de tiempo, y se le ocurrió una idea. Cogió una botella de licor que uno de ellos llevaba y me hizo beber un buen trago, luego la dirigió a mi coño y me la empezó a meter.

Lo tenía tan dilatado y tan lleno de semen que no me molestó demasiado y se deslizó en mi interior fácilmente, mezclándose el licor que brotaba de su interior con el semen que me inundaba el coño. Entonces uno dijo que lo probara en mi culo, y eso sí me asustó, les dije que no, pero eso es lo que estaban esperando, me dieron la vuelta, y me la empezaron a meter; el dolor era terrible, yo grité y uno de ellos me tapó la boca para que no se oyeran mis gritos; lloraba de dolor, era como ser empalada por una polla gigante. Después de unos minutos que se me hicieron eternos, me sacaron la botella, y de mi culo brotó licor mezclado con sangre. No me lo habían desgarrado, pero faltó poco, y desde luego durante un par de días me dolería horrores al sentarme y al andar. Me ayudaron entre todos a vestirme y nos fuimos a casa.

Por el camino mi hijo me preguntó cómo estaba, y si me había gustado. Le dije que lo de la botella había sido horrible, pero que ser follada y prostituida con unos desconocidos había sido increíble. Me preguntó si querría repetirlo otra vez y le dije que sí. Aparcó cerca de casa y me besó en la boca con ternura. Me dijo que era la mejor puta del mundo y me dirigió la cabeza con suavidad a su entrepierna para que se la chupara una vez más antes de entrar en casa. Se corrió en mi boca y me lo tragué con muchísimo placer y entonces entramos en casa. Saludamos a mi marido y rápidamente, sin que le diera tiempo de fijarse en mí, me dirigí al baño para lavarme.

Había sido una tarde increíble de sexo, pero tenía todo el cuerpo escocido y dolorido, y necesitaba un baño y descansar…

Autor: Galufo n9mil (arroba) hotmail.com

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