Principal
Relatos de Marqueze
Relato aleatorio
Actualización del dia
Actualización del dia anterior
Ranking de relatos
Envíanos tu relato
Zona RSS
Autor del relato Busca relatos Envía tu relato Imprime el relato
Tamaño del texto del relato:
[Pequeño]

[Mediano]

[Grande]

[Muy Grande]
Fotos e imágenes:
[Visibles]

[Ocultas]


EN LA CONCESIONARIA DE AUTOS - Mientras nos bajabamos los jeans yo mantuve la vista fija en el monitor del computador, pero de reojo pude ver que Francisco no quitaba su mirada de mi paquete

EN LA CONCESIONARIA DE AUTOS Mientras nos bajábamos los jeans yo mantuve la vista fija en el monitor del computador, pero de reojo pude ver que Francisco no quitaba su mirada de mi paquete

Le había tomado el gusto a eso de la masturbación asistida. Reemplazaba perfecto la falta de sexo. Me decidí a buscar, a todo propósito, un nuevo asistente. Entré a un chat supuestamente erótico y digo supuestamente, porque no calientan a nadie sino más bien aburren, nadie propone ningún tema colectivo, sólo se mensajean en privado o comienzan discusiones inútiles en base a insultos. Leyendo esas estupideces estaba cuando me llegó un mensaje privado de Pancho21.

— ¿De dónde eres? —comenzó. — Santiago. — ¿Qué sector? — ¿Importa? ¿Cuál es la idea? — ¿Te gusta pajearte? — ¿A quién no? — ¿Te has pajeado con amigos? — Sí ¿tú? — No, pero me gustaría. Tengo esa fantasía ¿me ayudas a cumplirla? — Pero no te conozco. — Hablemos por teléfono.

Me dio su número y lo llamé. Hablamos, tenía voz normal, no parecía viejo —le temo a los viejos. Mientras más jóvenes más inocentes somos ¿no? Me dijo que nos juntáramos en una automotora en Las Condes, lo cual me pareció raro pero supuse que era para juntarnos ahí y luego partir a su casa.

Llevé un pack de cervezas. Llegué todo nervioso. Me tomé una mientras lo esperaba. De pronto suena mi celular. Era él

— Ya te vi. — ¿Dónde estás?. — Estacionado, acabo de pasar frente a ti en mi auto. Entra a la automotora y estaciónate al fondo, aquí te espero. — ¿Ahí estás? — Sí.

Cortó. Encendí el auto y entré al estacionamiento. Había alguien en un auto rojo deportivo. Esperé que se bajara para bajarme yo. Francisco andaba un tanto elegante para mi costumbre. Llevaba jeans, zapatos de cuero negro, una polera blanca y una chaqueta (campera, chamarra, casaca, cazadora,) de algodón negro, de esas que son la parte de arriba de un traje. Me bajé del auto.

Cuando se acercó a mí pude reconocer que este chico podía ser modelo perfectamente: cabello rubio-oscuro ondulado algo largo, tez bronceada y ojos claros. Olía a recién duchado. Era un chico que cualquiera podría considerar guapo. Yo muy poco preocupado de mi presentación, andaba, limpio como siempre, pero con jeans, zapatillas, polera y chaqueta de buzo (chándal) con capucha.

Nos estrechamos la mano y me invitó a subir a una oficina. Me explicó que era una de las oficinas de su padre. Me confesó que estaba un poco nervioso porque nunca había hecho esto de juntarse con un desconocido. Le dije que se relajara que lo peor ya había pasado y le ofrecí una de las cervezas del pack que había subido.

Charlamos un rato en una especie de entrevista mutua sobre nuestras vidas y nuestras experiencias. Me contó que tenía 21 años y que estudiaba Ingeniería Comercial. Me dijo que tenía polola (novia) pero que justo esa noche se había peleado con ella y no sabía si habían terminado. Cortó la conversación de súbito. Parecía como si anduviera en speed, o hubiera jalado coca

— Bueno, vamos al PC a ver porno ¿así se empieza esto, no? — Supongo, no creas que soy experto en esto tampoco. — Pero tenés más experiencia que yo así que tenés que irme guiando. — Parte por encender el computador y conéctate a alguna página porno.

Se sentó frente al monitor y yo acerqué una silla y me senté a su lado. Comenzó a revisar un sitio XXX. Cada cierto rato me preguntaba ¿está bien? ¿Está buena la foto? y al hacerlo se fijaba en mi paquete. Yo asentía.

A la cuarta vez de preguntarme lo mismo le dije: Para de preguntarme a mí, pregúntale a tu pico (pija, verga, huevo, pinga, polla) si está buena o no y me reí. Recién ahí se relajó un poco y se rió

— ¿Cómo empezamos? ya la tengo súper dura — Bajémonos los pantalones y empecemos a pajearnos —le propuse. — Vale.

Mientras nos bajábamos los jeans yo mantuve la vista fija en el monitor del computador pero de reojo pude ver que Francisco no quitaba su mirada de mi paquete. Bajé mis bóxers, el bajó su zunga.

Mi pene s


e irguió apuntando a mi pecho. Su pene se mantuvo duro en un ángulo paralelo al suelo, su cabeza todavía cubierta por el prepucio. Era la primera vez que veía una verga grande en vivo y en directo. Veinte centímetros, calculé, y gorda. Sólo nos alumbraba la luz del monitor. Francisco siguió haciendo click en las páginas para avanzar mientras empezábamos a pajearnos. Íbamos alternando nuestras miradas curiosas entre el porno y nuestros penes

— Estamos muy oscuros, voy a encender esta luz —dijo refiriéndose a una lámpara que había sobre el escritorio.

Apenas la encendió miró mi pene. Yo miré el suyo, lo tenía empuñado en su mano izquierda. Vi una contracción de su parte, como un tiritón. Supuse que casi eyaculaba. Huevón paremos un rato —me dijo— y saquémonos la ropa que hace mucho calor aquí. Rápidamente se sacó los jeans y los tiró lejos, se quitó la polera.

El hijo de puta tenía un cuerpo escultural: abdominales marcados, espalda ancha, pectorales. Yo, simplemente flaco. ¿Vas al gimnasio? —le pregunté. Todos los días —contestó, como si fuera parte de una religión. Volvimos a sentarnos en nuestras respectivas sillas.

Nunca había visto un pico como el tuyo —confesó. ¿Uno así circunciso? —le pregunté, movió la cabeza afirmativamente. Pero tengo prepucio, mira —lo invité a que se acercara— sólo me cortaron lo que molestaba —continué mientras Francisco examinaba mi pene.

De repente me dijo: oye mejor vamos al baño, estoy que me voy cortao en cualquier momento huevón, ando demasiado caliente, esta huevada y unas pastillas que me tomé me tienen así. Nunca me había pasado huevón.

Tranquilo, vamos al baño —acepté. La situación me dio un poco de risa pero no me reí para no hacerlo sentir mal. Francisco parecía tener 12 años y estar recién descubriendo la masturbación.

Se sentó en el WC y me pidió que llevara la silla y la situara frente a él. Me senté y continuamos la paja. ¿Crees que podamos acabar juntos? —me preguntó y apenas terminó de decirlo el semen comenzó a escurrir de su pene, lenta, espesa, escasa y él convulsionándose.

Aceleré mi ritmo y solté el primer chorro que salió disparado hacia arriba y luego cayó al suelo, cerca de su pie. Eso provocó que se moviera asustado y asombrado porque largué varios trallazos igual de potentes como el primero. Sus ojos ya salían de sus órbitas. Huevón no sé qué me pasó —trató de justificarse—, nunca me había pasado esta huevada de correrme tan rápido y menos pajéandome. Filo —le respondí— estabas caliente y punto, la próxima será más larga.

No sé huevón, no sé si haría esta huevada de nuevo —me dijo todo nervioso mientras limpiábamos con papel higiénico. Como quieras —le dije—, tienes mi teléfono. Francisco se sintió culpable, avergonzado, confundido. Eso es lo peor que te puede pasar, creo yo, en esta actividad tan simple como es masturbarse acompañado.

En la puerta de la oficina me detuvo y mirándome fijamente a los ojos me dijo: oye de verdad gracias, estuvo buena, me cumpliste esta fantasía que tenía. No hay problema —le contesté. Me dio la mano y apretó fuerte la mía, como sellando un acto de confianza que él pretendía no repetir. Pretendía…

Hay más por venir. Espero sus comentarios.

Autor: Diego de Chile diegorelator (arroba) gmail.com

Un producto Marqueze Telecom S. A.