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QUIERO SER UN CORNUDO FELIZ - La acuestas y le separas las piernas, apoyas tu capullo en la entrada, quiero verlo de cerca, es un momento muy importante para mi porque voy a convertirme en cornudo y no quiero perderme detalle

QUIERO SER UN CORNUDO FELIZ La acuestas y le separas las piernas, apoyas tu capullo en la entrada, quiero verlo de cerca, es un momento muy importante para mí porque voy a convertirme en cornudo y no quiero perderme detalle

Primero nos vamos a describir, bueno, mejor la describo a ella que es la protagonista. Tiene 35 años y está en lo que podríamos decir bella madurez: unas tetas todavía prietas, 90 de sujetador, culo respingón, piernas bonitas, la piel suave y tersa, pero lo mejor amigos, es su coñito, estrechito, caliente y acogedor, un coñito que sólo ha conocido un pene, el mío, normalito, y que ansía que un cipote más grande le separe y le haga sentir que le han abierto y llenado de rabo.

Llevamos once años casados y aunque nuestra vida sexual es satisfactoria, con los años hemos llegado a un punto de rutina y también de ganas de experimentar nuevas sensaciones.

Todo comenzó hace un tiempo mientras veíamos una peli porno en la cual salía un actor con un trabajado cuerpo de gimnasio, musculoso, esbelto y con una polla de al menos 22 cm. Estábamos en el sofá acariciándonos y se me ocurrió preguntarle si le gustaría comerse un rabo como el que estábamos viendo; para mi sorpresa me contestó que sí, mi polla dio un brinco y algo como unas mariposas me recorrieron el estómago, mitad celos mitad excitación. Mientras le metía mis dedos pude comprobar lo mojado que tenía su coñito y lo excitada que se encontraba imaginándose que tenía ese rabo a su disposición. Para abreviar os diré que echamos un polvo de campeonato.

A partir de ese día fue normal que incluyéramos en nuestras folladas a un chico o una chica de forma imaginaria. Mi mujer me susurra al oído como le gustaría sentir otra polla o como le gustaría correrse mientras es chupada por otra mujer, a mí como os podéis imaginar, todo esto me vuelve loco. Yo ya estoy decidido a dar el paso, dejar el rollo de los celos y liberarnos de una vez de este deseo.

El problema es que mientras nos movemos en el mundo de la fantasía todo va de puta madre, pero cuando le pido que lo hagamos realidad me topo con el muro de la educación religiosa recibida en el dichoso colegio de las monjas, que si pecado por aquí, que si puñetas por allá, miedo a lo desconocido etc. El caso es que sé positivamente que una vez metida en faena va a ser mi mujer la que nos pida rabo a los dos, pero el tema es llevarla a nuestro terreno sin ser descarado, de forma que no crea que ha sido premeditado y se asuste. En una ocasión la llevé a un local de intercambio y casi sale corriendo.

Así que he trazado un plan y esta es la película según me imagino que sucederían las cosas:

Mi mujer y yo saldríamos a cenar una noche. Le pediré que se ponga especialmente sexy, con tanga y vestido negro corto. Tiene unas piernas muy bonitas y torneadas y le gusta lucirlas. Durante la cena me encargaré de que tome un poco más de la cuenta para que vaya perdiendo sus inhibiciones, y remataré con algún licor de hierbas o similar. De allí nos iremos a bailar a alguna sala de fiesta donde tú nos estarás esperando. Pediremos una consumición y nos sentaremos. Podrás ver a mi mujer discretamente y verás que no te he engañado, que es un bombón de mujer, si te gusta (que ya te digo que te gustará), pasas por nuestro lado y entonces yo te saludaré como si fuéramos viejos amigos que hace mucho que no se ven.

- Hombre Manolo ¡qué alegría verte! cuánto tiempo sin vernos... ven siéntate con nosotros y te presento a mi mujer.

Aquí nos tenemos que inventar una milonga, algo como que estudiamos juntos o que entrenamos en el mismo equipo, algo que mi mujer no sospeche y que resulte natural.

Tu pides otra ronda para celebrar nuestro encuentro casual con lo que mi mujer, que no está acostumbrada a beber, terminará por coger el punto. Dile algún piropo del tipo qué suerte tiene tu marido de haberse llevado un bombón, te sienta fantástico el vestido, etc., como buena mujer eso le gustará. La conversación procuraré llevarla discretamente al terreno que nos interesa. Tú cuentas que estás en nuestra ciudad de paso por asuntos de negoc


ios y que te alojas en un hotel; que estás pasando una mala temporada porque hace poco te separaste de tu mujer, que no has hecho el amor desde entonces, que por eso estás esa noche aquí, a ver si conoces a alguna chica. Sueltas una picardía como la mujer que esté conmigo esta noche va a disfrutar como nunca. Lo más probable es que mi mujer vaya empezando a vislumbrar la posibilidad de realizar su fantasía, pero quizá no esté convencida del todo y haya que darle un empujón.

Salimos a bailar y yo con la excusa de ir al baño os dejo solos. Tienes que aprovechar el momento para tomar contacto y si juegas bien tus cartas la tendrás en el bote. Rodéala por la cintura y mientras bailáis, arrímate y que note tu virilidad. Si le gustas se pondrá colorada, pero no te rechazará, dile que te ha gustado mucho, que te sientes a gusto con ella, lo que quieras para enrollarla. Os daré tiempo suficiente y apareceré. Entonces tú te retiras al baño y yo le preguntaré si le gustas. Si me dice que si, pero que tiene miedo, la terminaré de convencer y le diré que es una oportunidad única de hacerlo con prácticamente un desconocido que está de paso y en un hotel.

Si todo va bien, cuando vuelvas te diremos que tenemos mucho calor y entonces nos propones ir a tu hotel a tomar la última. Tiene que quedar claro que la última palabra la tiene ella. No quiero emborracharla y forzarla a hacer algo que no le guste. La quiero mucho para eso. Si dice que no, mala suerte y quedamos como amigos.

Pero esta es mi película y en ella mi mujer está caliente y cuando está salida se convierte en una verdadera hembra. Salimos y me ofrezco ser el conductor y que vosotros os sentéis atrás para que os vayáis conociendo. Veo por el espejo como os besáis con pasión, como le estrujas las tetas y le levantas la falda, como te sacas la polla y mi mujer empieza a comértela. Abre los ojos como platos al ver el tamaño de tu cetro y exclama ¡madre mía! Le metes mano y notas como tiene el chocho de mojado. Acelero porque estoy deseando llegar a la habitación.

Allí van a ser cuatro manos las que soben su cuerpo divino de arriba abajo, le quitaremos todo y la tumbaremos en la cama. Mientras le acaricio las tetas, tú procedes a saborear su chochito. La oirás como gime y se retuerce. Mi mujer es muy agradecida, así que te cogerá tu miembro para devolverte parte del placer que le has dado. Cuando te la ponga bien dura, la acuestas y le separas las piernas, apoya tu capullo en la entrada, pero ¡espera! quiero verlo de cerca, es un momento muy importante para mí porque voy a convertirme en cornudo y no quiero perderme detalle, le metes la polla poco a poco hasta la mitad, ella jadea de placer y se pasa la lengua por los labios. Yo miro tanto la cara de zorra que está poniendo como tu polla entrando y saliendo del coño de mi mujer. Verás como no te había engañado. Es un coñito estrechito, pura delicia.

Te la follas en esta posición el tiempo que quieras y cuando te canses de verle la cara le dices: date la vuelta y ponte a cuatro patas que te la voy a meter por detrás. Verás con que rapidez y docilidad te obedece. Una vez que le hayas metido tu polla, la tendrás a tus pies, hará lo que le pidamos. Mientras se la clavas, me pongo delante para que me la chupe, tú le das cada vez más rápido, oigo como chocan tus huevos en su culo y como las tetas le van adelante y atrás, no miramos y nos reímos de que haya salido todo a pedir de boca, incluso nos damos una palmada como los jugadores de baloncesto, ¿y por qué no? ¿A quién hacemos daño? estamos disfrutando a tope.

Cuando mi mujer se pone a follar es una amazona, le gusta cabalgar y que le digan cosas fuertes. Te tumbas boca arriba y ella se lanza a sentarse encima tuyo, te la coge y la dirige a su coño abierto por tu miembro, se deja caer y comienza a dibujar ochos con su cuerpo, se contorsiona, mueve el culito en círculos, y te dice: fóllame, fóllame y tu toma puta, toma rabo. Cuantas más cosas le digas más loca la vas a tener y más va a gemir y al final verás como es su grito cuando explota en un orgasmo.

Siendo nuestra primera vez, me gustaría que el tío que se la vaya a follar reúna algunas cualidades: buen cuerpo, guapo, dotado y de una edad entre 30 y 35 años.

Autor: Luys Lui

Un producto Marqueze Telecom S. A.