TODO EMPEZO EN EL COLECTIVO - Me penetro la vagina con gran facilidad, cada vez empujaba mas fuerte, yo gemia y le pedia mas, chupaba mis tetas, lleve una mano a mi vagina buscando donde el me estaba cogiendoTODO EMPEZÓ EN EL COLECTIVO Me penetró la vagina con gran facilidad, cada vez empujaba más fuerte, yo gemía y le pedía más, chupaba mis tetas, llevé una mano a mi vagina buscando donde él me estaba cogiendo Hola amigos, ¿cómo están? Mi nombre es Marcela, una antigua pareja mía llamado Alex ha enviado algunas historias sobre nuestra relación. Espero que les hayan gustado y que hayan disfrutado de ellas como me imagino.
Ahora escribo yo para experimentar y darles a conocer algunas experiencias vividas por mí sin Alex y contadas por mí, desde mi óptica. Una de ellas que me gustó mucho lo sucedió una mañana en que me iba al trabajo. Eran alrededor de las siete de la mañana y tomo siempre el colectivo para ir al trabajo.
Soy secretaria de un abogado. Había una gran cola de gente esperando el colectivo y cuando llegó tardamos en subir todos. A medida que circulaba se iba llenando más y más. Sé lo molesto que es esto y generalmente no lo soporto pero esta mañana fue diferente. Yo llevaba una falda verde que llegaba hasta mis rodillas, nada debajo. Y una camisa rosa apretada con un saco tejido (moda aparte). Detrás de mí había quedado un caballero que cada vez que el colectivo frenaba, arrancaba o lo que fuera se chocaba conmigo.
Al principio parecía ser casual, pero después de unas cuadras me di cuenta que no era así. Ya no chocaba todo su cuerpo contra mí como generalmente sucede, sino que sólo chocaba su pelvis contra mi culo. Como soy muy juguetona empecé a provocar yo misma esos choques, que ya no eran tales, sino más bien roces desenfrenados de una calentura guardada. Yo ya empezaba a sentir un cambio en la fisonomía de su pene. Ya chocaba algo más duro de lo que chocaba al principio. Como pude paré aún más mi culo y solté mi mano de la baranda (en la otra llevaba una cartera) y busqué con mi mano libre acercar a mi vecino de viaje que no se resistió demasiado.
Él llevaba un portafolio en una mano y agarraba la baranda con la otra y como iba lleno de gente y estamos en realidad todos apretados, el movimiento del colectivo difícilmente hiciera caer a alguno.
Él se soltó de la baranda y tomé su mano para llevarla y dejarla en una de mis piernas. Él tuvo la idea de tocar mi culo y refregar como podía su verga contra unos de los cachetes de mi culo. Me pareció una idea genial que aprobé con una cara de gozo que mi vecino no veía pero si una señora sentada más atrás. No se en realidad como fue o que pasó y nunca le preguntó después, pero juro que en un momento sentí su verga en carne propia rozar mi vestido y la raja de mi culo, pero al estirar la mano y buscar su pedazo de carne me encontré con que estaba en su pantalón, suplicando por salir. No me animé a bajarle el cierre porque la gente ya iba descendiendo.
El calor que yo sentía era tremendo. Todo esto habrá llevado unos quince minutos hasta que él me dijo cerca del oído que ya tenía que bajarse. Yo me considero una mujer muy inteligente y más aún si se trata de sexo. Noté que su parada (de colectivo, no la que imaginan ustedes, y la que yo quería probar en realidad) estaba cerca de la mía así es que decidí bajarme con él. Fue grande su sorpresa al verme detrás de él al bajarse.
Se acercó a mí y se presentó como Juan Torres. En realidad parecía algo mayor que yo, pero mucho no me importó. Me presenté y en lugar de darle su mano (que ya estaba extendida) fui a su paquete. Le propuse que termináramos lo que habíamos empezado y lo tomé de la mano. A una cuadra había un cine. Estaba abierto y entramos, él compró dos boletos y entramos a una sala vacía. Allí nos acomodamos... o debo decir mejor que nos desacomodamos.
Nos besamos apasionadamente y él buscó casi con desespero mis tetas. Primero las tocó y luego se dedicó a chuparlas a través de la camisa que llevaba. Yo con mi mano busqué liberar su pedazo. Lo sentía latir en mi mano, bajé buscando sus bolas y él sintió esto, ya que sin dejar de lamer mis pezones ya liberados también, gimió de placer. Él agarr&oac
ute; su pene y lo apoyó sobre mi vestido a la altura de mi vagina. Busqué su boca para probar su lengua, el calor era impresionante, él llevó sus manos hacia atrás mío y tocó mi culo. Empezó a subir el vestido hasta dejar mi culo al descubierto totalmente, lo acarició por un rato. No nos decíamos nada, dejamos que el placer hablara el lenguaje de los gemidos y lo sollozos.
Mis casi únicas palabras fueron penétrame Como si él fuera un esclavo obedeció de inmediato. Agarró mi cintura y me hizo dar media vuelta para quedar con mi culo al aire frente a su pene. Su verga rozaba sin querer mi culo, mientras una de sus manos apoyadas en mi espalda me daban la señal de que quería que me apoyara con mis manos en el respaldar de unos de los asientos del cine.
No tardé demasiado en hacer esto. Demostró su caballerosidad al preguntar si estaba cómoda, a lo que sólo respondí con un sí entrecortado por un gemido. De pronto sentí su capullo rozar los labios de mi vagina, su verga estaba caliente, ya lo había sentido al tocarla, pero el tenerla cerca de mi concha me había llevado a un nivel más allá. Con un movimiento suave me penetró.
No fue demasiado difícil hacerlo ya que estábamos ambos empapados. En ese momento me di cuenta de que no usaba condón, pero no me preocupó demasiado cuando sentí salir y entrar su verga frenéticamente. Se había salido de sí mismo y me embestía de una forma animal. Ese es el sexo que me gusta, el fuerte, el salvaje, el apasionado. Yo sólo respondí acompañando el movimiento que él hacía al penetrarme y con gemidos largos y muy fuertes.
Para mi sorpresa él dijo que ya se venía, no había durado demasiado o por lo menos lo que yo esperaba, así es que le pedí que se aguantara y que la sacara de mi vagina. Así lo hizo. Él hacía una fuerza tremenda por no acabar. Me senté en la butaca y esperé a que se le pasara un poco, para comenzar a mamar su pedazo.
Por primera vez lo tenía frente a mí, comencé por sus bolas, las lengüeteé, puse mi lengua entre ambas y allí me quedé un momento. Después empecé a subir con mi lengua pegada a su tronco. Estaba muy duro, rígido, sé que no es sorpresa, pero se sentía mejor que otros. Noté una mezcla de algo de semen ya liberado con mis jugos, una buena mezcla. Me dediqué a besar su capullo y después la metí en mi boca.
Empecé a recorrerla de arriba abajo, muy lentamente. El gemía y se agarraba de mi cabeza y así acompañaba el movimiento que yo hacía al comérsela. Cada vez que subía, lo hacía con mi lengua pegada a su pene, llegaba al capullo y lo lengüeteaba para volver a bajar. De pronto sentí cómo él se hizo hacia atrás y pensé que ya se venía, pero no saqué su verga de mi boca, sino que la dejé allí y él acabó dentro. Sentí el chorro de semen golpear mi paladar y ahí sí la saqué de mi boca. Él seguía soltando semen y yo tragaba su lechazo mientras masajeaba su verga mojada.
Después de que terminara de acabar me tomó de la mano, me ayudó a pararme y otra vez me hizo poner con las manos en el espaldar de la butaca. Quería volver a cogerme la concha porque antes no había podido hacerlo bien. Ustedes bien sabrán que después de una acabada el siguiente polvo (follada, cogida, etc.) es más largo.
Me penetró la vagina con gran facilidad. Se movía muy rápido y cada vez empujaba más fuerte. Yo gemía y le pedía más, buscaba mis tetas y las tocaba, también llevaba mi mano cerca de mi vagina buscando el punto en el que él me estaba cogiendo.
Así seguimos por un rato hasta que acabó ensuciando la butaca de al lado. Volví a sentarme en la butaca en la yo estaba y agarré su pene y lo limpié con mi boca. Él se veía exhausto y yo estaba muy complacida. Después de terminar de vestirnos salimos de allí con la película sin terminar y nos separamos en la puerta del cine con un apasionado beso.
De allí me fui a mi trabajo con un mucho mejor carácter y no hace falta decir que llegué muy tarde. He vuelto a ver a mi amante pasajero en el colectivo, él me ha sonreído pero yo no he contestado a eso, sino que más bien me he hecho la distraída
y la que no lo conoce. Tal vez ustedes entenderán que fue lo que fue, sexo casual, de esos que se pueden repetir, pero que no serían lo mismo, sexo casual... muy buen sexo casual...
Autor: Marcela |