DOMINE A MI JEFA - Mi polla estaba chorreando de los flujos del culo de Sonia y recubierta del semen que habia eyaculado un momento antes pero la meti en la boca de Victoria y la muy guarra la acepto sin ninguna quejaDOMINÉ A MI JEFA Mi polla estaba chorreando de los flujos del culo de Sonia y recubierta del semen que había eyaculado un momento antes pero la metí en la boca de Victoria y la muy guarra la aceptó sin ninguna queja Llevaba seis meses trabajando en aquella empresa y ya tenía ganas de marcharme. La directora tenía muy mal genio y gritaba a todo el mundo. Parecía tratarnos como a sus esclavos pero tal y como estaba el paro, ninguno conseguíamos encontrar otra cosa. Ella lo sabía y se aprovechaba de la situación. Por alguna razón que no llegaba a entender me había cogido particular manía a mí y me hacía trabajar hasta altas horas de la noche. De cualquier modo todo tenía su lado bueno y eran sus piernas embotadas en ajustadas minifaldas y el pecho que amagaba con reventarle las camisas ceñidas que vestía. Lo cierto es que tenía unas piernas tan largas como la lengua con la que nos gritaba y era un placer tremendo verlas desfilar por los pasillos de la oficina.
Las malas lenguas decían que por eso ascendía; porque todos sus superiores querían tenerla cerca para verla las piernas y las señoras de la limpieza cotilleaban diciendo que escucharon a un par de socios hablando por teléfono y diciendo que estaban intentando acostarse con ella. Los compañeros decían que Victoria era una calienta pollas y que así tenía a los socios en un puño. Las compañeras decían que era una puta, simple y llanamente. En cualquier caso estaba buena y lo sabíamos todos pero tenía una mala leche que no había quien aguantara.
En una ocasión tuvimos que ir a Barcelona para atender a un seminario y Victoria nos llevó a cuatro con ella. Teníamos la ilusión de salir del hotel por la noche para ver la marcha de Barcelona, pero Victoria se empeñó en terminar un informe antes de volver y nos vimos recluidos las tres noches en el hotel. Sonia, Fernando y David trabajaban en una habitación y a mí, por desgracia, Victoria me quería para ayudarla a cuadrar las cifras. Así estuvimos las dos primeras noches cuando en la última noche tropecé con el cable de su portátil y lo desenganché.
Enchúfamelo otra vez – ordenó. Vale, un momento. No, ¡un momento no! ¡Hazlo ahora, coño, que la batería está jodida y no quiero perder lo que llevo hecho!
Dejé las carpetas que llevaba encima de la cama y cogí el cable de su ordenador. Se había desenganchado también del enchufe que había en el suelo, justo debajo de su mesa. El enchufe está debajo de tu mesa, me tengo que meter ahí un momento. En contra de lo que era habitual, no contestó al instante sino tras unos segundos:
¿Y a qué esperas? – contestó en un tono más agradable de lo normal.
Yo pensé que dejaría de teclear un momento y se levantaría para que yo enchufara el ordenador puesto que si no y con la minifalda que llevaba, la podría ver las bragas desde ahí abajo pero no, no se movió. Me agaché y cogí el enchufe. A modo de venganza miré entre sus piernas pensando en lo que me reiría contándolo luego a mis compañeros pero me sorprendió lo que vi: no tenía bragas y se entreveía algo justo por encima de los labios de su vagina aunque no podía precisar qué era. Victoria notó mi pausa y se dio cuenta de qué pasaba. Yo tenía el corazón en un puño.
¿Qué pasa, te gusta lo que ves?
Yo no podía contestar en aquel momento pero tampoco me moví. A los pocos segundos abrió las piernas tanto como la minifalda la permitió.
A lo mejor es que quieres más.
Yo sólo pude tragar saliva mientras mi mirada seguía fija en su entrepierna. Lo que tenía ahí parecía ser un vibrador pequeño, con forma de huevo y atado a la cintura y por debajo de sus nalgas con unas cintas de seda muy finas. El huevo vibraba rítmicamente si hacer ningún ruido perceptible.
Ven aquí imbécil – ordenó – Estoy muy cachonda y te tengo ganas desde que te vi en la entrevista. Llevo una hora con esto puesto y por la mierda del trabajo no he conseguido correrme.
Echó la silla hacia atrás y se subió la min
ifalda a la cintura, dejando su sexo al descubierto y ofreciéndomelo. En aquel momento sentía miedo; no sabía a dónde podía llegar aquello, pero pensaba en mi trabajo y en que no quería perderlo. Al fin y al cabo se trataba de echar un polvo con la jefa, cosa que no se hace todos los días, teniendo en cuenta también lo buena que estaba. Acerqué mi lengua a su clítoris después de que ella se quitase el vibrador y lo comencé a lamer y chupar. Ella me agarraba de la cabeza y la empujaba contra su entrepierna al tiempo que gemía. De alguna manera conseguí verla la cara mientras trabajaba con su clítoris.
El pelo castaño la caía suelto y la tapaba la cara pero se podía ver su lengua lamiendo la comisura de sus labios mientras gemía. Aquello me hacía pensar en que me chupaba la polla y eso me daba energía para continuar con lo mío. La erección no tardó en aparecer y aplastarse contra los pantalones abrochados. Estando tan cachondo y oyéndola a ella, el momento me perdió y llevé mi mano a la entrada de su vagina, con la intención de meterle un dedo o dos.
Pero ¿qué haces? – Gritó horrorizada – ¿Tú crees gilipollas que me vas a meter algo a mí?, aquí quien mete soy yo. Me dejó allí, de rodillas y completamente asustado mientras fue en busca de su maleta. ¡Quítate la ropa! – Me dijo mientras rebuscaba entre sus ropas.
Una vez me desnudé, vi que tenía en la mano un consolador de cintura. Se bajó la falda y se desabrochó la camisa. Las medias negras resaltaban con su piel blanca y junto con los zapatos de tacón hacían un conjunto muy atractivo. Se acaricio los pechos con una mano y se los sacó por encima del sujetador.
- ¿Te gustan, verdad? Sé que a todos os gustan mis tetas. Si te portas bien dejaré que me las chupes un rato. Túmbate en la cama.
Me eché en la cama y viendo que se ajustaba el arnés con el consolador a su cintura, me tumbé boca arriba, como queriendo negar lo que veía venir. No pareció importarle.
Levanta las piernas que te voy a follar. No me gusta eso. Puedo seguir comiéndote el coño si quieres. Lo que a ti te gusta me lo pasó yo por donde monto a caballo. Te quiero follar y te voy a romper el culo lo quieras o no. Levanta las piernas he dicho.
Mi resistencia desaparecía, no veía como oponerme por lo que levanté las piernas tímidamente. Victoria se acercó y las echó hacia mis hombros de un empujón. Sacó un tarro de vaselina de su bolso y la aplicó al consolador generosamente. Después, la puso en mi culo. Comenzó metiendo un dedo y yo me movía inquieto; mi cuerpo parecía querer evitarlo sin yo indicárselo pero Victoria no cesaba en su empeño. Cuando estuvo contenta me metió la polla de silicona. Al principio fue con cuidado pero al cabo de unos veinte o treinta segundos, aumentó el ritmo. Mis piernas me presionaban el vientre por lo que mis gemidos se mezclaban con el aire que cada empujón suyo me hacía expulsar y sin darme cuenta me vi gimiendo en un tono cada vez más alto; como si me gustara.
¿Te gusta, eh? Os trato como a perros porque sois como perros. Y a ti te gusta que te folle como a una perrita; te abres de piernas para mí. Si tuviese una polla de verdad te la metía en la boca ahora mismo, con lo cerda que eres seguro que te gustaba.
Victoria seguía bombeando con energía y no paraba de insultarme. Decía que yo era una zorra, que merecía me trataran como a una puta y seguía metiendo y sacando aquel consolador de mi ano. Pídeme que te folle – no la contesté por lo que volvió a insistir – Vamos puta, pídeme que te folle que sé que te gusta.
Sin dejar de follarme el culo me cogió la polla, dura como una piedra a estas alturas y empezó a masturbarme.
Venga, pídelo por favor. Di que eres mi zorra y que quieres que haga contigo lo que quiera; dilo.
Yo ya no podía más; estaba tan salido en ese momento que ya todo me daba igual por lo que satisfice su deseo y dije lo que quería entre gemidos y con las palabras ahogadas por sus embestidas.
Soy una zorra Victoria, fóllame. Por favor; pídelo por favor. Por favor, Victoria, haz conmigo lo que quieras. Di que eres mi puta. Soy tu puta y lo que tú quieras pero fóllame que no puedo más.
En ese momento Victoria abandonó mi miembro para mayor decepció
n mía y agarrándome firmemente de las caderas, aumentó la potencia y cadencia de sus embestidas. Sentía cómo con cada empujón las tripas se movían en mi interior y Victoria seguía follándome sin piedad. – Toma. Toma zorra. Toma polla puta, lo que tú querías – me decía mientras me la metía con más violencia. Recuerdo que no pude evitar sorprenderme por la facilidad con la que mi culo estaba recibiendo semejante castigo. En cualquier caso la distracción fue breve porque la vista de sus grandes pechos desbordando el sostén y bamboleándose con sus acometidas fue demasiado. Así estuvimos por un tiempo indeterminado hasta que, sin que me volviese a tocar la polla, me corrí sin remedio. Nunca pensé que algo así fuera posible y me sentí como un quinceañero en su primera noche de sexo.
¿Ves cómo te gusta guarra? Ahora me toca a mí – Dijo mientras se quitaba el consolador y acercaba su pecho a mi boca.
A pesar de haberme corrido todavía estaba muy excitado por lo que le chupé la teta sin demorarme. La agarré con ambas manos y aprecié aquella firmeza que mis compañeros y yo ya habíamos apreciado en la oficina. La besaba y lamía los pezones como si me fuese la vida en ello y agarraba ambos pechos con firmeza para que no escapasen. Tras un corto rato me empujó de espaldas a la cama y se sentó en mi cara. Me puso su ano en la boca para que se lo lamiese y así hice. Mientas volvió a coger el vibrador y se lo puso ella misma en el clítoris. Sus gemidos y la lamida que le estaba dando a ese estupendo trasero me pusieron a mil de nuevo y con ambas manos le abrí las nalgas para tratar de meterle un dedo. Justo cuando mi dedo tocó la entrada de su ano, Victoria saltó de encima de mí.
¿Pero qué haces gilipollas? – en esta ocasión el tono me molestó tanto que se me quitó la excitación de golpe.
Para mí aquello fue lo último que estaba dispuesto a tolerar. La mandé a la mierda y la dije que me marchaba y que el informe lo iba a terminar ella; que buscara un sustituto para mí. Para mi sorpresa Victoria se asustó y se echó a mis pies para, agarrándome de las piernas, impedir que me fuese. Me pedía que me quedase y ante mis constantes negativas, su desesperación crecía.
¡No!, no te vayas, por favor. No me dejes así, necesito que me hagas algo o me muero de lo salida que estoy. Pues te jodes tía puta. No, por favor, quédate y te dejo que me la metas – me rogó. Aquello me dio una idea. ¿Cómo que tú me dejas que te la meta? Si me quedo haces lo que yo te diga y sin rechistar. Sí, lo que tú quieras pero empieza ya; tengo el coño ardiendo.
La tumbé en la cama y empecé a chuparle las tetas al tiempo que la manoseaba rudamente el coño. La introduje los dedos sin cuidado alguno y ella sólo gemía pero no decía nada. Ahora era yo quien dominaba la situación y me iba a aprovechar de ello. La quería hacer pagar por aquellos seis meses de tortura que me había dado.
Date la vuelta – la ordené. No, quiero que me chupes el coño ahora, estoy que me muero. ¿Serás zorra? Te he dicho que te des la vuelta y el que manda aquí soy yo! Te voy a reventar el culo como tú me has hecho a mí. – Grité.
Victoria, no parecía segura de sí misma y no acababa de darse la vuelta en la cama por lo que añadí – Llama a Sonia. ¿Para qué? – Preguntó temblorosa. Porque hoy quiero meterla en un culo y el tuyo ya no lo quiero. Llámala y dile que venga ella sola, que tienes que hablar con ella. No, por favor, no quiero que nadie más sepa de esto. Métemela en el culo si quieres. ¡Te he dicho que no!, ahora quiero encular a Sonia. ¿La llamas o me voy?
A los pocos minutos Sonia estaba en la habitación y no podía creer lo que veía. Mi compañera era todavía muy joven y su cuerpo estaba en la flor de la juventud. Pechitos incipientes, culo respingón y vaqueros ajustados que resaltaban su figura. Estaba como un tren y dado que me vi que podía aprovecharme de la situación, pensé que estaría estupendo tirármela a ella también. Victoria ordenó a Sonia que se desnudase y esta, al igual que hice yo al principio, no se atrevió a protestar. Había algo en la voz de Victoria que hacía que nadie la cuestionase y todos, como borregos, acabaran haciendo lo que ella ordenaba.
Todos menos yo. Yo ya había roto el hechizo y las tornas habían cambiado.
Victoria, chúpale el culo a Sonia. ¿Yo? ¡Tú, puta!, chúpaselo y bien.
Sonia era testigo mudo de todo aquello, pero se podía leer la incredulidad en su rostro y no se atrevía a decir nada. Mientras Victoria lamía su culo de ensueño, metí la polla en la boca de Sonia para que hiciera algo y no pensara mucho. La chica pronto le cogió gusto a la cosa y me la empezó a chupar tan bien que daba vértigo.
Cuando estaba ya bastante excitado saqué la polla de la boca de Sonia quien casi me pareció que protestaba ante ello y dije a Victoria que se pasara debajo de la chica para chuparle el coño. Sonia recibió aquello con una gran sonrisa y se notaba que disfrutaba humillando a Victoria tanto como yo. Viendo el culo de Sonia en pompa y delante de mí no pude evitar lanzarme a por él como un poseso. Lo lamí con todas mis fuerzas y Sonia gemía de tal manera que temí que Fernando y David nos oyeran desde su habitación al final del pasillo. Cuando estuve saciado y su culo bien lubricado, se la metí poco a poco hasta que estuvo toda dentro. Después inicié la follada pero la delicadeza duró poco puesto que estaba increíblemente salido.
¿Ves Victoria lo que te pierdes? Mira cómo le gusta a Sonia mi polla en su culo.
Victoria no decía nada y seguía lamiendo el clítoris de Sonia quien, a estas alturas se había dejado caer sobre el cuerpo de Victoria y aunque su culo seguía todavía en pompa, su rostro yacía sobre el vientre de Victoria con los ojos cerrados y babeando de placer. Según me acercaba al límite agarré a Sonia del pelo y tiré de ella hacia mí con fuerza. No se lo esperaba y la debí de hacer daño pero no se quejó y arqueó la espalda, dándome todavía una visión más lasciva de su culo. Empezó ella también a culear mientras mi miembro entraba y salía en toda su longitud de su ano y la locura se apoderó de mí.
Toma polla, zorra, toma. Toma, puta, toma…
Me recliné sobre Sonia y mi lengua lamió su cara mientras apretaba sus pechos y la metía dos dedos en la boca; después comencé a follarla con toda la fuerza que podía poner en mis empujones a la vez que tiraba de su pelo hacia mí. Gritó mientras se corría y a juzgar por la duración del mismo, el orgasmo que tuvo debió de ser inmenso. Yo seguí empujando un rato más hasta que me corrí con la polla metida totalmente en su culo. Mi corrida también fue increíble y al notar la inmensa cantidad de semen que eyaculé, pensé en una nueva humillación para Victoria.
¡Tú cerda, chúpale el culo!
Esta vez Victoria no dudó y se puso a lamerle el culo a Sonia quien, quizá adivinando mis pensamientos, se irguió y abriendo sus nalgas expulsó todo el semen que tenía en su culo mientras Victoria le lamía la entrada al ano lamía y se tragaba los borbotones que le caían en la boca abierta. Una vez que Sonia hubo terminado se echó en la cama como dormida y Victoria se vino a mí de rodillas y con el rostro y la boca todavía cubiertos de los jugos de Sonia y mi semen.
Fóllame ya, por favor, soy tu puta y quiero que me folles. Como tú quieras, pero haz que me corra, por favor.
Mi polla estaba todavía chorreando de los flujos del culo de Sonia y recubierta en gran parte del espeso semen que había eyaculado un momento antes pero la metí en la boca de Victoria y la muy guarra la aceptó sin ninguna queja. Incluso la lamía y limpiaba como si estuviera recubierta de su dulce favorito. Sugerí a Sonia que le metiese el consolador en el culo a Victoria y sin parar de sonreír se puso manos a la obra. La visión de Victoria tan humillada y a pesar de ello, tan lasciva que culeaba para que le entrasen más polla en la boca y más consolador en el culo me excitó tremendamente otra vez.
Mi miembro volvía a estar duro y Sonia empezó a meter y sacar el consolador del culo de Victoria con una violencia inusitada. Parecía estar vengándose de las humillaciones recibidas por parte de Victoria y en ocasiones parecía que el puño entero iba a desaparecer detrás del consolador y entrar hasta el codo en el culo de Victoria.
Ante esto, Victoria detuvo su felación y se quedó con la boca abierta y mi polla
dentro mientras gemía, paralizada de placer, por las penetraciones de Sonia. La agarré de la cabeza y empecé a follarle la boca sin piedad.
Mira, Sonia, qué cerda es tu jefa. Cómo la gusta que la follen por todos lados. Es una puta, lo sabía yo. – Contestó Sonia – Toma, hija de puta, toma polla – mientras seguía bombeando con el consolador como si la fuese a matar. A la guarra le gusta que hagamos cerdadas con ella, quizá deberíamos llamar a Fernando y a David para que la follen ellos también.
Los ojos de Victoria se abrieron de par en par por el pánico que mi comentario provocó y si mi polla no hubiese reducido sus vanos intentos de hablar a inconexos gemidos, quizá la hubiésemos oído pedir que no fuese así. Sin embargo fue Sonia quien habló.
No. Esta es sólo tu perra y la mía. De nadie más. Vamos a pasarlo muy bien a partir de ahora cada vez que hagamos horas extra en la oficina y voy a follar el culo de esta cerda hasta que se le quede como una boca de Metro.
Me sorprendió su comentario porque no pensé que con sus veintiún o veintidós años se pudiese tener ya semejante mala leche pero mientras en esto pensaba, Sonia dejó el consolador colgando del culo de Sonia y comenzó a sacar fotos de Victoria con su teléfono móvil. Aquello me excitó todavía más y embestía la boca de Victoria de tal manera que todavía no entiendo cómo lo la hice vomitar o se ahogó. Así seguí hasta que me corrí en su boca. Apreté su cara contra mí de tal manera que no pudiese más que tragarse toda la corrida. Sonia estaba grabando un vídeo en aquel momento y todavía me gusta verlo casi a diario.
Victoria semidesnuda, esas piernas largas enfundadas en unas medias negras preciosas y con unos zapatos de tacón que la hacían ver increíblemente atractiva. Sus grandes pechos colgando y moviéndose al ritmo de mi follada. Pero lo mejor: el semen saliéndosele de la boca y por la nariz por lo abundante de la corrida y cómo, sin que yo se lo pidiese, se agachó a chupar lo que quedó en mi polla y cayó al suelo delante de mí. Después de eso nos marchamos y la dejamos todavía caliente y sin correrse y teniendo que terminar el informe ella sola.
Aquel vídeo garantizó nuestro ascenso y bienestar en la empresa. Sonia nunca más me dejó volver a acostarme con ella; obviamente no le gustó lo que hice pero tampoco nunca se quejó ni me dijo nada. Decidimos turnarnos para poder despacharnos a gusto con Victoria durante la semana pero nunca más los dos a la vez muy a mi pesar. Sé que cuando Sonia se echó novio, obligaba a Victoria a hacer un trío con ellos y los dos hacían lo que querían con ella. Según contaba Victoria, Sonia la usaba para lamerle el chocho a ella mientras le hacía una felación a su novio o para meterle los dedos en el culo y azotarla las nalgas mientras la obligaba a chuparle la polla al novio hasta que se corriera dentro. A Sonia no le gustaba que se corrieran en su boca y para eso utilizaba a Victoria.
Al final Sonia perdió el móvil y como no había guardado el vídeo en ningún otro sitio, perdió la forma de hacer chantaje a Victoria quien quedó sólo para mí. Obviamente fui yo quien dijo a Victoria que Sonia no tenía más copias del vídeo y que el único al que le quedaba una era a mí. Yo tenía el sueño de que Sonia me pidiese el vídeo para volver a aprovecharse de Victoria y así yo podría negociarlo con ella a cambio de volvérmela a follar pero nunca lo intentó.
De cualquier forma, Victoria pareció empezar a disfrutar de su condición de esclava y quizá porque ahora su vida sexual era mucho más activa ahora, se la veía más alegre. Su carácter cambió y dejó de ser la jefa tan asquerosa que tuvimos. No obstante, yo seguí follándole el culo sin piedad y corriéndome en su boca siempre que me apetecía; al fin y al cabo seguía estando bien buena y la oficina se quedaba desierta a tales horas de la noche.
Espero que os haya gustado mi relato. Si eres chica me gustaría saber qué te gustaría te hiciera o preferirías hacerme tú a mí; mándame tu fantasía.
Autor: Hamsterboy4u |