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CON LA SECRE DE MI OFICINA - Se puso en cuatro patas y le enterre mi verga, amasaba sus tetas, ella vio que yo me venia se dio vuelta para chuparmela, me acariciaba los huevos haciendo que eyacule sobre sus labios y cara

CON LA SECRE DE MI OFICINA Se puso en cuatro patas y le enterré mi verga, amasaba sus tetas, ella vio que yo me venía se dio vuelta para chupármela, me acariciaba los huevos haciendo que eyacule sobre sus labios y cara

La historia que les contaré trata del día que hice amistad con una chica de mi trabajo. Ella laboraba como secretaria en la oficina en que yo realizaba mis labores administrativas.

Desde que llegó quedé prendado de ella y mi desilusión se hizo manifiesta cuando me dijo que era casada hace tres años. Repuesto de la impresión decidí ser su amigo con tal de poder gozar de su presencia y así poco a poco ir ganando su confianza.

Para que se den una idea de la figura que hizo que mi corazón palpitara les diré que tiene 27 años y su piel es blanca como la leche, algo difícil de encontrar ya que la mayoría de las mujeres de mi país son de tez trigueña. Además posee un cuerpo muy bien formado con unos senos que quitan el habla al que la ve y unas piernas torneadas.

Ella siempre acostumbraba a vestir falda, y sus piernas enfundadas en medias de nylon hacían que atrajera la mirada de cualquier varón cuando ella pasaba. Que afortunado debe ser su marido de poder poseer su cuerpo pensaba para mis adentros, sin poder hacer nada para gozarla como yo hubiera querido.

Debido a nuestra amistad me hice su confidente y a pesar que muchas veces tenía que soportar banalidades de mujer, también me contaba los problemas que tenía en su relación conyugal. Eso me ponía en una situación inmejorable ya que me daría la oportunidad de saber cuando era más vulnerable.

Luego que terminaba nuestra jornada laboral la acompañaba al paradero donde tomaba el ómnibus que la llevaba a su casa, y ahí aprovechaba para decirle que me gustaría ir un día al cine con ella o a tomar un café. Siempre me respondía que algún día podría ser, y a mi no me quedaba más que resignarme y esperar.

Un buen día la noté muy seria mientras trabajaba y a la hora del almuerzo le pregunté que era lo que le pasaba. Ella me contó que la relación con su esposo se había deteriorado ya que él no era muy cariñoso como a ella le gustaba. En mi mente yo pensaba como desearía darte todas esas caricias que deseas mi amor.

Así pasaron los días y cuando nuevamente la invité a salir me respondió que si, ya que su esposo había salido de viaje y no tendría que llegar temprano a casa. Quedamos para salir el día viernes luego del trabajo. Faltaban aún dos días pero tendría que tener paciencia y eso me daría tiempo para pensar en hacer esa noche inolvidable.

Llegó por fin el ansiado día y cuando temprano la vi quedé impresionado por lo bien que se había arreglado. Tenia puesto un polo de lycra que hacia que sus senos se vean más grandes de lo que eran, y una falda mucho más corta de las que se pone cualquier día de semana. Sus piernas se veían perfectas en esas medias color carne y su cabello lo había recogido en un coqueto moño, dejando su delicioso cuello al aire.

Durante el día me deshice en piropos por los cuales ella me regalaba una sonrisa. El día se me hizo interminable hasta que llegó la hora de salir. Le dije que ella mandaba esa noche y que me dijera que quería hacer, a lo que ella me respondió que deseaba ir a un lugar discreto.

Fuimos a un restaurante que yo conocía y al llegar nos situamos en un lugar que no fuera muy transitado. Pedí una jarra de cerveza y prendimos unos cigarrillos para iniciar esa velada tan esperada por mi. Mientras ella hablaba yo me dedicaba a observar sus labios gordezuelos y sus ojos de gata.

Luego de beber un par de jarras le volví a preguntar por sus deseos y ella me dijo que lo que me había contado era cierto pero que su marido no era el hombre cariñoso que ella esperaba. En su voz se notaba el efecto del licor y sus palabras eran más pausadas y llenas de sentimiento. Era el momento de jugármelas y puse en una balanza mi amistad con ella, y mi deseo de tener aunque sea una noche a la mujer de mis sueños.

Primeramente tomé su mano cuya tibieza sentí en la mía ya que no me rechazó. Tenerla así de la mano


hizo que me provocara una erección inmediata. No se imaginan como deseaba poder comerme a esa hembra ávida de cariño. Le dije que todo ese amor que le faltaba deseaba dárselo yo, y ella me miró a los ojos y me respondió que esa noche no estaba casada y que yo propusiera.

Su respuesta tan decidida me sorprendió y le pedí que saliéramos de ahí hacia otro lugar a lo que ella asintió. No hacia falta hablar más y tomamos un taxi al cual le indiqué una dirección que yo conocía muy bien. Llegamos a un hostal que me gustaba mucho ya que tenía todas las comodidades, apropiado para la dama que me acompañaba.

Nos registramos y luego de cerrar la puerta de la habitación ella se quedó mirando la cama y el espejo que había en el techo. Giró hacia mí para decirme algo, pero yo la abracé y la besé en la boca comiéndome sus labios. Sus pechos se apretaban contra el mío y no veía las horas en que la viera sin sujetador mostrándome esas tetas tan deseadas.

Nos echamos en la cama vestidos y en medio de caricias agarré sus piernas subiéndole la falda. Mis dedos tocaron el centro de su calzón notándolo húmedo por la excitación del momento. Con una mano le bajé el calzón dejando a mi vista su concha totalmente depilada. Me arrodillé en el piso y ella quedó al filo de la cama con las piernas abiertas. Empecé a lamerle la concha, chupando su clítoris y labios vaginales, haciendo que ella diera gemidos de placer.

Poco a poco nos desnudamos y estando yo de pie con mi verga totalmente parada me puse a observar su cuerpo niveo. Todo era tal como me lo había imaginado y me eché encima de ella metiendo lentamente mi verga en esa concha hasta ahora vedada. Ella enroscó sus piernas en mi cintura y se puso a moverse como una loca. Que manera de gustarle la verga pensaba yo. Cambiamos de posiciones varias veces hasta que no pude más y un torrente exploto de mi verga, llenándola de mi leche. Mamé sus grandes pezones rozados hasta la saciedad.

Nos seguimos besando y revolcando en la cama hasta que en un momento ella pasó sus piernas por mi cabeza, mostrándome toda su concha a la vez que se inclinaba para meterse mi verga a la boca, y chuparla hasta que se puso dura como un mástil nuevamente.

Yo aprovechaba para lamer y chupar la parte interna de sus piernas agarrando con mis dos manos sus poderosas nalgas.

Se metía mi verga hasta la base y recorría toda su extensión con sus labios hasta detenerse en la cabeza, para luego chuparla como si fuera una ciruela. Luego de eso me arrodillé en la cama y ella se puso sobre mí, de tal forma que agarrándola de las nalgas la atraía hacia mi para enterrarle todo lo que podía. Ella cabalgaba sin descanso y con una fuerza que hacia que sus grandes tetas se bamboleen de arriba hacia abajo. Les digo que era todo un espectáculo ver en su rostro el placer que sentía por la culeada que le estaba dando.

De pronto me dijo quiero que me des como a una perra, y acto seguido se bajó de la cama y se puso sobre la alfombra en cuatro patas meneando su culo a modo de invitación. Sin hacerme de rogar me bajé yo también, y colocándome detrás de ella le enterré mi verga a la vez que la tomaba de sus caderas. De rato en rato me inclinaba hacia adelante para poder amasar sus tetas y sentirlas entre mis dedos.

Cuando ella vio que yo me venía se salió de su posición y se dio la vuelta para chupármela y esperar a que mi leche saliera. Me agarraba con una mano la verga corriéndola y con la otra mano me acariciaba los huevos, haciendo que eyacule derramándome sobre sus labios y cara. Me la limpió totalmente con su lengua y nos fuimos al jacuzzi para relajarnos de la tirada que habíamos dado.

Ahí desnudos nos lamimos mutuamente sintiendo el agua tibia en nuestro cuerpos y ella no dejaba de masturbarme y yo de masajear sus labios vaginales. Después de esa sesión de amor increíble para mí la dejé cerca a su casa, y desde el taxi vi como se alejaba para entrar en su casa.

Al día siguiente me llamó a hablar en privado y me dijo que la noche anterior había sido muy especial para ella y que deseaba que todo lo que había pasado quedara como un gran recuerdo en nuestras mentes, pero que nunca volvería a pasar ya que no quería que algún día su marido se diera cuenta de ello. Me obsequió una foto que se había tomado y hasta ahora la conservo y miro c

on añoranza de lo que pasó esa noche.

Accedí a su pedido y de ahí en adelante fuimos amigos solamente pero con la satisfacción de haberme culeado a la más rica de las putas en la cama.

Autor: Arielcuento

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