EL PROBADOR - Pascual metio su polla en mi coño. Mis tetas se bamboleaban al compas de las embestidas, la chica sujetaba mi cabeza para que mi lengua entrase hasta el fondo de su coño que no dejaba de moverseEL PROBADOR Pascual metió su polla en mi coño. Mis tetas se bamboleaban al compás de las embestidas, la chica sujetaba mi cabeza para que mi lengua entrase hasta el fondo de su coño que no dejaba de moverse Hacía un calor infernal aquel día. Era sábado, las doce del mediodía y julio nos regalaba otro de esos días en los que se asan las piedras. La gente no estaba por la labor de salir de compras a esas horas. La mañana se había dado bastante bien y decidimos cerrar antes en vista de que no pasaba un alma por la calle.
Me había puesto un vestido blanco y verde con un escote generoso que dejaba ver la puntilla del sujetador. Era bastante corto, por lo que debía tener cuidado al andar y agacharme si no quería que el minúsculo tanga no dejase nada a la imaginación. Sandalias negras con tacón de vértigo remataban mi indumentaria de aquel caluroso sábado.
Salimos de la tienda rumbo al piso cogidos de la mano y hablando de cómo había ido la mañana.
-Cariño, si andas tan deprisa se te van viendo los molletes del culo, me dijo Pascual riéndose. -Da igual. No hay nadie por la calle, y con este calor tengo prisa por llegar a casa a darme una ducha fresca. Estoy empapada… De sudor- le contesté.
Pasamos por la puerta de una tienda de ropa interior que acababan de abrir no hacía mucho y me llamó la atención una de las prendas que había en el escaparate.
-Vamos a entrar, quiero ver lo que tienen- le dije. -Vale, pero no nos entretengamos mucho, quiero enseñarte una cosa cuando lleguemos a casa.
Nos recibió con unos buenos días una muchacha de unos 25 años, alta, bien proporcionada (debería gastar una 100 más o menos), con una blusa semitransparente que dejaba ver su sujetador de encaje negro y unos pezones erectos, seguramente por el efecto del aire acondicionado, que luchaban por escapar de su prisión de telas y encajes. Su coqueto conjunto lo completaban una minifalda de lycra azul y unos zapatos azules de tacón ancho de unos 12 cm.
Le pedí que me enseñara conjuntos en negro y algún body blanco. Pasó a la trastienda y se presentó con 8 cajas de los productos que le había pedido.
-Los probadores están al final de la tienda a la derecha; si necesita que la ayude en algo puede llamarme: Me llamo Ana- indicó la dependienta.
Cogí las cajas, dejé mi bolso a Pascual y fui hacia los probadores. Pascual me siguió, pero Ana le dijo que no podía entrar conmigo al probador: Normas de la Empresa.
Comencé probándome los conjuntos, bueno, solo los sujetadores y elegí dos de ellos. Cuando me puse a probarme los bodys, tuve que pedir ayuda a la dependienta porque la mayoría se abrochaban por la espalda y yo no podía ponérmelos sola. La chica entró al probador y comenzó a abrocharme la espalda del primero; cuando estaba abrochado me puse a colocarme las tetas para que quedaran perfectamente sujetas y dejando ver la aureola de mis pezones por encima del encaje blanco.
Como no llevaba medias no podía ver bien el efecto que haría cuando estuviese sujeto el liguero que llevaba incorporado, así que, Ana, adivinando mis pensamientos salió a buscar unas.
Cuando vino con ellas, se sentó en el taburete y puso mi pie derecho sobre su rodilla para empezar a ponerme las medias. Las subió hasta arriba y las sujetó con las tiras del liguero. Comenzó la operación con la otra pierna y pude ver como se mordía el labio inferior cuando subía la media por mi pierna.
Como quien no quiere la cosa, me abrí un poco más de piernas para que pudiese ver de cerca el pequeño triángulo de mi tanga que quedaba justo a la altura de su cara. Su respiración era cada vez más agitada, y cuando llegó al muslo, deslizó su mano rozando apenas el triángulo de mi tanga.
Bajé la pierna temblando, y ella, muy diligente, se puso a colocarme los tirantes del body por la parte de atrás. Después me pidió que me diera la vuelta y colocó las gomas del liguero de la parte delantera subiendo sus manos poco a poco por mi cintura hasta llegar a mis pechos.
Pascual, al ver que tardábamos se había acercado a los probadores, y al no escuchar una sola palabra retiró
la cortina dejando una pequeña rendija para observar cómo la zorra de su novia se dejaba sobar por aquella desconocida.
Cuando Ana llegó a mis tetas, las sacó por la parte de arriba del body y empezó a chupar las aureolas y luego los pezones.
Mientras no dejaba de chupar mis tetas, sus habilidosas manos bajaron a mi coño totalmente empapado y con los dedos índice y corazón pellizcaba mis labios vaginales. Miré hacia la cortina y vi los ojos de Pascual fijos en lo que hacía la muchacha. Me imaginaba lo dura que se le estaría poniendo y aquello hizo que me mojara más todavía. Queriendo devolver las caricias, senté a Ana en el taburete y le saqué su camisa dejando su sujetador a la vista. Empecé a lamer por encima del sujetador en una postura un poco forzada para que mi culo quedase a la altura de la polla de Pascual que estaba al otro lado de la cortina.
Saqué sus tetas por encima del sujetador y me lancé a comerme aquellos pezones que me señalaban directamente a los ojos.
Sin dejar la faena en la que me encontraba inmersa, de vez en cuando, echaba una ojeada al espejo y veía los ojos de Pascual fijos en la entrepierna de la chica, así que, como obedeciéndolo sin que me dijera nada, me puse de rodillas delante de ella; la abrí de piernas y separé el tanga de un coñito totalmente húmedo y perfectamente rasurado. Pasé mi lengua por su ingle y sin previo aviso metí mi dedo en aquel coño que estaba a punto de echar humo. Acerqué mi lengua a su clítoris, pasee un poco de arriba hacia abajo y lo succioné con fuerza dejando que Ana gimiera de placer mientras sujetaba mi cabeza contra su coño. La cortina se abrió de repente y el bulto en los pantalones de Pascual no dejó lugar a la imaginación. Ana me separó de su coño de un empujón y se abalanzó de rodillas hacia la bragueta de Pascual. Sacó su polla y comenzó a metérsela en la boca como si fuese la última polla que se iba a comer en su vida.
Me senté en el taburete con las piernas separadas y comencé a meter y sacar los dedos en mi coño. Necesitaba correrme viendo como una desconocida se le chupaba a mi novio. El orgasmo no tardó en llegar y una vez recuperada me arrodillé junto a ella para chupar aquella verga que parecía a punto de explotar.
Sin mediar palabra, Pascual cogió a Ana por un brazo y la puso de pie levantando su pierna izquierda y ensartándola sin siquiera quitarle el tanga. Yo me puse detrás de ella y empecé a pellizcar sus pezones mientras mi novio seguía, con su mete-saca cada vez más rápido, arrancando gemidos escandalosos de la boca de la chica que pedía por favor que no parara.
De pronto bajó su pierna y Pascual sacó la polla de su coño. La empujó hasta sentarla en el taburete con las piernas bien abiertas. Ella se levantó con cara de enfado, y con otro empujón de Pascual quedó sentada:
-Quiero ver como te corres en la cara de mi novia- dijo él mirándonos a las dos y sonriéndose.
Le abrí las piernas y metí mi lengua en su empapado y caliente coño sin dejar de moverla. La chica estaba a punto y no paraba de gemir y de decir:
-Sigue puta, estoy a punto de correrme.
Con los gemidos de la chica, Pascual me cogió de la cintura y metió su polla en mi coño bombeando cada vez más rápido. Mis tetas se bamboleaban al compás de las embestidas y la chica sujetaba mi cabeza como si así pudiese lograr que mi lengua entrase hasta el fondo de aquel coño que no dejaba de moverse como si estuviera poseído.
-¡Ya!, me corro- gritó Ana.
Yo estaba a punto de correrme también. Pascual lo notó y me la sacó sin previo aviso.
-Ahora cambiar las posturas, que mi novia también quiere correrse en tu cara- nos dijo a las dos.
Pero no me senté. Me quedé de pie. Subí mi pierna derecha al taburete. Ana se arrodilló casi debajo de mi coño y se lo comió entero. Pascual se masturbaba mientras miraba como la chica se afanaba en comerme el coño. Me corrí como nunca. Seguro que mis gritos y gemidos se oían en la calle.
Para terminar todos bien, nos pusimos ambas otra vez de rodillas ante él, y mientras una le comía la polla, otra se afanaba en chuparle los huevos o el ano. Pascual llenó la boca y la cara de Ana con su leche. Ella lamió su polla hasta dejarla totalmente limpia y reluciente. r> Los dos salieron del probador y yo me vestí con lo que traía puesto. Pagamos el body y dos de los sujetadores, y cuando íbamos a salir, Ana nos dijo:
-Espero veros por aquí pronto. Esta es la mejor hora en estas fechas, y si venís sobre las dos, estarán mis jefes que son quienes me han enseñado todo lo que sé.
Salimos otra vez al calor de julio con la cara sonriente y cogidos de la mano como dos enamorados que están deseando llegar a casa para hacer el amor.
Ha pasado casi un mes y no hemos vuelto por allí, pero la verdad es que necesito medias y ropa interior, y como Pascual está de viaje y salgo a las dos…
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Autor: Nuria y Pascual pynrelatos (arroba) hotmail.com |