NOCHE DE BAR Y SEXO - El culo se fue abriendo para dejar lugar a mi pija. Ella ya estaba totalmente entregada, le di el topetazo que terminaria con mi pija al fondo de su culito, sintiendo todo su interior que me apretabaNOCHE DE BAR Y SEXO El culo se fue abriendo para dejar lugar a mi pija. Ella ya estaba totalmente entregada, le di el topetazo que terminaría con mi pija al fondo de su culito, sintiendo todo su interior que me apretaba -Juan, vamos a acercarnos a las dos chicas de aquella mesa. -Ok, dale. Pero encará vos. -¡Ok vamos! -Hola chicas, ¿como están? ¿Nos podemos sentar? -¡Hola! Si, pueden. -¿Que están tomando? -Sangría, sírvanse. En ese momento nos miramos con Juan y sabíamos que algo podía pasar. Ellas parecían muy simpáticas y algo bebidas. Comenzamos a charlar, Juan contaba sus chistes y las chicas no paraban de reírse.
El bar estaba bastante lleno, por lo que nuestra mesa estaba corrida contra la pared y a su vez estábamos todos muy juntos allí. A los pocos minutos, luego de estar conversando y riendo, siento algo que se posa, por debajo de la mesa, sobre mi pantalón. No tuve otra reacción que querer reír a carcajadas, quizás porque la situación me ponía algo nervioso por pensar que la gente de otras mesas podría estar observándonos.
Lo codeo a Juan y le digo en voz muy baja que la chica me estaba tocando por debajo de la mesa. Él ve su mano sobre mi pantalón y no podía creerlo. Aún no habíamos dicho nada referido al sexo y ella ya tenía su mano sobre mí.
Luego de estar apoyada un rato, comenzó a mover la mano para acariciar mi pene, siempre por encima del pantalón. A esa altura lo tenía más que duro. Decidí empezar a jugar yo también y puse mi mano en su pierna. Ella tenía puesta una pollera y debajo de ella unas medías de invierno.
Fui acariciando su pierna, deslizando mi mano por debajo de su pollera, hasta casi llegar a su concha. Podía sentir un leve temblor y el calor que salía de su parte más íntima. No aguanté más y le dije que nos fuéramos del bar. Juan hizo lo mismo con la amiga. Arrancamos caminando todos juntos pero en una esquina cada pareja siguió por su lado.
No podíamos hacer cinco pasos seguidos sin para a besarnos y tocarnos con toda la pasión que pueda existir en un momento así, entre dos desconocidos. Hasta llegar al punto de querer arrancarnos las ropas.
Dimos vuelta a una esquina y llegamos a una cuadra que más o menos en la mitad tenía una zona muy oscura porque parece que se había roto un farol de la calle. Empezamos a besarnos en esa zona oscura contra la pared, yo apoyado y ella delante mío.
Enseguida ella me desabrocha el pantalón, lo baja hasta mis rodillas y se agacha frente a mi pene que se desplegaba casi verticalmente debido a la erección que tenía. Cara a cara con el empieza a besarlo de una manera increíble. Era joven pero lo hacía como las que realmente saben. Se lo metía hasta el fondo de la boca, lo sacaba, besaba los huevos, y siempre mirándome, cosa que me ponía a mil.
Estuvo así un rato realmente largo y fue la primera chupada que disfruté tanto en mi vida, quizás el hecho de estar en la calle haya sumado al mix de sensaciones. Se levanta, vuelve a besarme y en un movimiento le levanto la pollera y en otro le bajo las medias. Quedó desnudita en medio de esa vereda y sólo unos ojos acostumbrados a aquella oscuridad podrían ver lo hermosa que era.
Me senté en la entrada de una casa que parecía abandonada y me puse un forro. Ella se sentó encima de mí dándome la espalda, y comenzó a moverse. Pude penetrarla con facilidad porque su concha estaba realmente empapada. Empezó a moverse lentamente pero no se aguantó y enseguida estaba saltando como una desesperada.
Ya no nos importaba que nos vieran, nos escucharan o lo que sea, nos habíamos olvidado que estábamos en la calle y los gritos de placer se confundían con el ruido de algún auto que pasaba cada tanto.
Estuvo moviéndose así un largo rato, yo no lo podía creer, casi no había costado nada y estaba pasando la mejor noche de mi vida. Pareció cansarse asi que nos levantamos y le dije que pusiera las manos en la pared y que se agachara, arqueando la espalda, que quería ver bien su cola.
La imagen era fantástica, ella contra la pared, arqueada, dándome ese culito que se veía hermoso con la pollera levantada y la
bombacha y las medias a la altura de las rodillas. La penetré nuevamente y empecé a moverme con fuerza, cada vez más y a ella parecía encantarle. Mientras tanto alternaba mis manos entre sus tetas y su boca, le gustaba chuparme los dedos.
Seguí cogiéndola así, bajé mi mano y acaricié su clítoris. Se puso como loca, estaba desenfrenada y no paraba de menear su cola para que fuera hasta el fondo. Casi termino cuando ella agarró mi mano, la sacó de su clítoris y me lamió los dedos.
En ese momento el nivel de excitación estaba por las nubes, y en mi cabeza empezó a ganar protagonismo la idea de penetrarla por su cola. Ella estaba como loca, realmente muy excitada, siendo cogida contra una pared, en la vereda, semi desnuda.
Fue entonces que saqué mi verga de su concha y empecé a pasarla por el agujerito de su cola. Ella no dijo nada, y por la cantidad de flujos que había en mi forro, sería relativamente fácil la penetración. Fue así que agarré mi verga y dirigí la punta hacía el agujero de su cola, ella parecía dispuesta. Comencé a hacer presión y de a poquito el culito se fue abriendo para dejar lugar a mi pija. Ella ya estaba totalmente entregada y hacía movimientos con su cola que facilitaban la penetración. Hasta que en un momento se agarra los cachetes del culo, separándolos y me dice:
-¡Dale hasta el fondo por favor!
Fue así que me decidí y le di el topetazo que terminaría con mi pija al fondo de su cola, sintiendo todo su interior que me apretaba.
Siguieron unas cuantas embestidas salvajes, y cuando se acercaba el momento de acabar, donde los dos gemíamos desesperadamente, ella se da vuelta, me saca el forro y se agacha. Toma mi verga y me la empieza a pajear al mismo tiempo que acerca su boca.
No aguanté más y le llené la boca de semen, ella parecía disfrutarlo. Chupó mi verga un rato largo hasta asegurarse que no me quedara ni una gota de leche por salir.
Se levantó, nos besamos, y no podíamos para de sonreírnos. Había sido realmente una experiencia increíble. La acompañé a tomarse un taxi y como un tonto no le pedí el teléfono.
Aunque la ciudad donde vivimos no es tan grande, jamás la volví a ver. Quizás debió ser así. Y es un recuerdo hermoso que al escribirlo me genera sensaciones tan intensas como las que sentí en aquel momento.
Espero que al leerlo les pasé algo parecido.
Autor: Simon surdelmundo (arroba) hotmail.es |