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19-07-2008 LAURA Y LAS TORMENTAS tonywanda Hetero(generales)
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Laura y las tormentas

Laura y las tormentas
anto esperar el sábado para salir con los amigos y se desata una tormenta terrible ¿Quién podría pensar en salir una noche como esas? Sin dudas mi hermana no, las tormentas la aterran y, para peor, estábamos solos en la casa porque nuestros padres se habían ido a pasar el fin de semana a la quinta de unos amigos, así que cuando empezó a temblar y a mirarme aterrada le advertí: \"Mira Laura, si tenés miedo a las tormentas metete bajo la cama, pero a mi no me jodas\" Como única respuesta sollozó.

Tanto esperar el sábado para salir con los amigos y se desata una tormenta terrible ¿Quién podría pensar en salir una noche como esas? Sin dudas mi hermana no, las tormentas la aterran y, para peor, estábamos solos en la casa porque nuestros padres se habían ido a pasar el fin de semana a la quinta de unos amigos, así que cuando empezó a temblar y a mirarme aterrada le advertí: "Mira Laura, si tenés miedo a las tormentas metete bajo la cama, pero a mi no me jodas" Como única respuesta sollozó.

Después de cenar en silencio, excepto sus pequeños gritos cuando se escuchaba un trueno, nos sentamos a mirar una película en la tele, Laurita temblaba todo el tiempo y no se iba a dormir para no estar sola, pero finalmente la película terminó y nos fuimos a la cama. Estaba acostado leyendo aún cuando se escuchó un terrible trueno: "BROMBOMBOMBOM" Y a continuación el correspondiente grito de Laura. Unos minutos después nuevamente: "BROMBOMBOMBOM" Pero esta vez la puerta de mi habitación se abrió y Laura entró corriendo y se arrojó en mi cama, levantó las cobijas y me abrazó tiritando como un náufrago a una tabla.

"¡Tengo miedo, tengo miedo!" Dijo sollozando. "No podés ser tan pelotuda" Opiné "Si tenés miedo a las tormentas deberías recurrir a un psicólogo y tratarte, no es normal que una chica de dieciocho años se comporte de manera tan infantil" Agregué, pero ella solo respondió: "Abrazame tengo miedo" Y metió la cabeza bajo mi brazo derecho y la apoyó contra mi pecho, temblaba como una hoja, estaba realmente muerta de miedo.

"Mirá, esta cama es chica y no podemos dormir los dos juntos, andate a tu cama y tratá de dormir" "No puedo, está mojada, me hice pis..." "¿Queeé? ¿Y te metiste en mi cama toda meada?" "No, antes fui al baño y me lavé y me puse un camisón limpio" Respiré aliviado y contesté: "Anda a dormir a la cama de mamá y papá" "¡Ni loca! ¿En esa cama tan grande sola? Yo me quedó acá" Ni mi opinión respecto a su salud mental ni mis súplicas para que se vaya dieron resultado, Laura estaba abrazada a mi como si le fuese la vida en ello y no se iba a ir de ninguna manera.

Apagué la luz resignado, pero ante mi intento de darle la espalda gruñó y no me dejo mover, tembló y sollozó ante cada relámpago y cada trueno hasta que se quedó dormida, pero ni así pude deshacerme de su abrazo, finalmente me dormí. Me desperté a la medianoche todo dolorido, Laura me seguía teniendo fuertemente abrazado y tenía la boca semi abierta apoyada en mi pecho y se había babeado, completaba el cerrojo con su pierna cruzada sobre las mías. Comencé a percibir otras cosas a las que no había prestado atención antes, Laurita tenía unas tetas muy duritas y no usaba bombacha para dormir porque eso tibio y suave que sentía contra mi muslo no podía ser otra cosa que su vagina, le acaricié el culo.

El culo de Laurita era redondo y durito y sus nalgas algo separadas eran como me gustaban a mi, las acaricié y deslicé suavemente las yemas de mis dedos por el canal entre ambas sobre el camisón que apenas las cubría, estuve tentado a subirle el camisón, pero me contuve, a ver si se despertaba y hacía un escándalo, intenté zafar del abrazo sin éxito y mal dormí el resto de la noche.

Me desperté ya de día, aún llovía torrencialmente y de vez en cuando se escuchaba algún relámpago lejano, me dolía la espalda, pero mucho más me dolía el hombro en el que Laura tenía clavada la cabeza, me quejé al moverme y gruñó. "Laurita, por favor, dejame sacar el brazo, me due


le el hombro" "¡No!" Contestó semi dormida. Insistí: "Ya pasó la tormenta..." Pero justo en ese momento se escuchó un trueno. "¡No pasó nada! Opinó terminante. "Al menos dejame poner en una posición más cómoda" Supliqué. Bufó molesta antes de responder: “Dejame pasar al otro lado” “Bueno” Acepté resignado. Entonces Laura se me subió encima para pasar al otro lado de mi cuerpo y sentí sus tetitas rozar mi pecho desnudo y su pubis encontrarse con mi habitual erección matinal. Cuando estuvo acomodada nuevamente con la cabeza apoyada en mi otro hombro soltó la carcajada.

“¿Qué es eso?” Preguntó refiriéndose a mi verga “Mi erección matinal” Respondí molesto. “¿Y eso qué es?” Repreguntó riendo. “Es normal, todos los hombres la tenemos cada mañana” Contesté de mala gana “¿Y cómo se te baja?” Preguntó, pero antes que le conteste había sacado su mano fuera de las cobijas y cerrando el puño lo agitó arriba y abajo en inequívoco gesto y largó la risa nuevamente “Se baja sola después de un rato ¡Y no quiero hablar más de este tema! ¿Entendés? “

Apenas estuvo callada un par de minutos antes de volver sobre el tema: “¿Todavía la tenés dura?” “Si” Contesté enojado. “¿Me dejas tocarla?” Preguntó. “De ninguna manera” Contesté terminante, pero ella insistió: “Dale, se bueno, yo nunca toqué una, dejame que quiero saber como es…” “¿Cómo que nunca tocaste una? ¿A tu edad?” “Si, soy virgen ¿Qué tiene de malo?” “Nada, es que es raro que hoy una chica de dieciocho sea virgen ¿Para quién te reservas?” Pregunté “Para alguien muy especial” Contestó sonriendo y volvió a la carga: “¿Me dejas tocarla” Me resigné y acepté.

Al principio la tocó con algo de miedo y sobre el pantalón del pijama “Está durísima” Confirmó, pero su curiosidad no quedó satisfecha “Sácala del pantalón” Le hice caso, de algún modo la situación me comenzaba a excitar, Laurita será mi hermana, pero uno no es de fierro tampoco. Primero la acarició suavemente y luego la tomó por el tallo y, sin darse cuenta, replegó la piel del glande que se rozó contra la sábana, gemí y se asustó. “¿Te hice mal? Preguntó “No, no, fue solo que… Nada… No te preocupes” La acarició nuevamente y comentó: “Que calentita y que suavecita que es ¡Me encanta!” Comencé a sentirme acalorado, la mano de Laurita me estaba enloqueciendo esta erección no se me va a bajar sola pensé.

Repentinamente Laurita retiró las cobijas y quedamos destapados, yo sorprendido, ella con mi verga en la mano “¡Es divina!” Exclamó “¡Qué linda!” Agregó mientras yo sonreía con algo de orgullo “¿Le puedo dar un besito?” Me tembló la voz cuando respondí: “Siiii, claro…, pero chiquito” Aclaré intentando evitar una sorpresiva eyaculación. Le dio un beso en el glande muy sonoro y luego me besó en la mejilla con la sonrisa de felicidad más grande que le había visto en la vida “¿Cómo se llama?” Preguntó. “No tiene nombre” Contesté y me respondió: “Vamos a pensar uno lindo” Comencé a convencerme que a mi hermana no le funcionaba muy bien la cabeza, pero ya me preguntaba: “¿Querés ver la mía?” Se me hizo agua la boca “Claro” Dije y soltándome se acostó boca arriba y se levantó el camisón.

Mi hermana tenía entre las piernas una pequeña obra de arte, la vagina más hermosa que había visto nunca. Un vellón rubio muy estético la coronaba, se la notaba muy bien depilada, el clítoris era bien visible y asomaba del capullo y tenía un color rosado intenso. Los labios mayores parecían tallados por un escultor, firmes y algo gruesos (estaba algo inflamada) y entre ellos se percibían los labios menores unidos por una línea de espuma brillante que denotaba que Laurita estaba excitada “¿Te gusta?” Preguntó “¿Qué si me gusta? Es preciosa, la más linda que vi en mi vida” Contesté y sonrió de felicidad, luego tragué saliva y pregunté: “¿Le puedo dar un besito?” “¡Si!” Respondió entusiasmada. Hundí mi lengua entre los labios muy profundamente y subí lentamente hasta el clítoris donde coroné el besito tomándolo entre mis labios dándole una fuerte chupadita, Laura se arqueó en la cama y gimió echando la cabeza h

acia atrás, luego se desplomó y comenzó a temblar, había tenido un inesperado orgasmo.

Volví a acostarme y Laurita me abrazó y volvió a enarbolar su nuevo juguete, es decir mi verga, temblaba y respiraba agitada y nos quedamos un largo rato en silencio. Después de unos minutos intenté romper el silencio: “¿Cómo llueve no?” “Muchísimo” Respondió Laura. “No dan ganas de levantarse” Agregué “¿Y para qué? Si estamos muy bien así” Acotó “De todos modos es temprano” Dije y ella agregó: “Además es domingo” Permanecimos en silencio otros minutos mientras yo pensaba como continuar con lo que quería decir, entonces se me ocurrió:

“Se me ocurrió… No sé si te parecerá bien… Pero, ya que estamos… Y llueve tanto… Y es temprano… Y no tenemos nada mejor que hacer… Estaba pensando si… Siempre y cuando estés de acuerdo por supuesto… Ya que estamos acostados juntos y los viejos no están… Y andá a saber cuando se nos presenta otra ocasión así… Ya que estamos medio desnudos… y vos me la viste y yo te la vi… Y vos le diste un besito a la mía y yo le di un besito a la tuya… Y yo tengo mi erección matinal y sería una pena desperdiciarla… Y vos sos virgen… No se que te parece, pero sería una buena ocasión para vos… Digo… de perder la virginidad… ¿No querés que te la ponga un poquito?

Ahora que recuerdo lo que dije en ese momento no puedo creer que eso haya resultado convincente para nadie, excepto claro para mi hermana que tenía una calentura tan grande como la mía y a la que no le importaban demasiado los argumentos si nos conducían a donde ambos queríamos llegar, pero Laura no podía entregarse tan fácilmente.

“¡A mi ni loca me metés todo eso!” Exclamó obligándome a sonreír con mi sonrisa más hipócrita y responder: “¿Cómo se te ocurre? Nunca pensé en meterte todo esto” Dije mirando el mandoble que seguía manteniendo aferrado en su manita. “Yo pensaba nada más que en la cabecita” Dije tomando entre las yemas de mis dedos pulgar e índice la base del glande. “La puntita nada más ¿Ves?” Miró con atención. “La puntita sí” Accedió, pero agregó: “Sólo la cabecita ¿Si?” Con mi mejor sonrisa de asesino serial la tranquilicé: “Quedate tranquila ¿Acaso no confías en mi?” “Si” Contestó segura y después preguntó: “¿Cómo me pongo”

Me tomé mi tiempo para prepararla, era virgen y debía ser muy cuidadoso con ella, sobre todo porque mi intención era gozar y hacerla gozar, era mi hermanita después de todo la que estaba a punto de poseer y no podía ser egoísta. Empecé por desnudarla y desnudarme, Laurita era un verdadero bomboncito, tenía unas tetitas pequeñas pero deliciosas, con pezones rosados y muy duritos y areolas grandes, cuando comencé a lamerlas se estremeció de goce y los pezones crecieron desmesuradamente sorprendiéndome.

Cuando me arrodillé entre sus piernas abiertas sentí un vahído al ver la pequeña concha totalmente mojada, los labios se habían inflamado mucho más y el clítoris se veía rosado y erecto asomando fuera de su capuchón, le dediqué varios minutos y mi lengua hizo un excelente trabajo de precalentamiento, ayudada por mis dedos que profanaban por primera vez la intimidad de su tibia vagina, Laurita gemía y se debatía presa de una sucesión de orgasmos y, cuando comprendí que estaba lista, me dispuse a penetrarla.

Me eché sobre ella y llevé el glande descubierto hasta los labios vaginales y lo apoyé entre ellos, me sorprendió lo caliente que estaban, Laurita miraba con ansiedad mis movimientos. Pensé un momento en mi estrategia, lo mejor sería la tradicional, besarla para distraerla y empalarla con mi lengua dentro de su boca. Sentí algo de remordimiento, la iba a engañar, yo le había prometido “la puntita” o sólo “la cabecita”, pero en realidad mi idea era clavársela hasta las pelotas, me consolaba la idea que algún día me agradecería mi engaño.

Me apoyé en los codos, todo mi cuerpo concentraba su peso en ellos, en mis rodillas y en mí verga enhiesta para que, cuando me desplomase sobre el cuerpo de mi hermanita, el duro miembro se le enterrase en la vagina desflorándola de una sola estocada, la miré a los ojos como pidiendo perdón por lo que le iba a hacer, pero en ese momento Laurita, con voz sibilan

te, ronca de deseo, me dijo: “¡Metemela toda!” Obedecí cayendo sobre ella.

Mi glande inflamado atravesó el himen y continuó su camino en busca de las mayores profundidades deslizándose suavemente entre las paredes lubricadas del canal vaginal, Laurita se crispó levantando las caderas de la cama como para ayudar a mi verga a llegar a su destino y echó la cabeza hacia atrás emitiendo un largo quejido: “¡AHHHHHHHH!” Mis manos apretaban sus hombros y ella se aferró a mis nalgas clavándome las uñas, nuestros pubis se apretaron tan fuerte que me dolió, pero también sentí que mi glande había llegado hasta el fondo de la vagina.

Laurita mantuvo la tensión de las caderas unos segundos hasta que el orgasmo la arrasó como un huracán, la contracción de su vagina fue tan fuerte que me pareció que una mano me apretaba el glande y eyaculé como un semental. De pronto perdimos completamente la cabeza y el dominio de nuestros cuerpos, nos sacudíamos como en medio de un ataque, gritábamos, nos apretábamos y nos mordíamos como posesos en medio de un terrible orgasmo, nunca había eyaculado tanto durante tanto tiempo, era sin dudas la más grande acabada de mi vida.

Quedamos exhaustos, Laurita con las piernas abiertas y los brazos caídos a los lados del cuerpo, yo encima de ella completamente relajado no pensaba que debería estar aplastándola, nuestros sexos latieron largo rato hasta que me pidió: “Bajate, por favor, no puedo respirar” Entonces tomé conciencia que la pobre me tenía encima soportando mi cuerpo exánime. Cuando se la saqué se quejó un poco, aún estaba muy grande y bastante dura, tanto que me pareció lista para otro encuentro, pero era demasiado pronto, era la primera vez de mi hermanita y debía ir con calma.

La abracé y se pegó a mí llenándome de besos de agradecimiento “¿Te gustó? Pregunté como si no supiese la respuesta “¡Es divino! ¡Es divino! Exclamó y la besé en la boca largamente para hacerle sentir que a mi también me había gustado muchísimo. Luego Laurita estaba tan contenta que quiso demostrarlo chupándomela, en realidad me hizo una tremenda mamada, algo desprolija es cierto porque no sabía chuparla, y lo hacía ruidosamente, pero tuve una tremenda acabada y ella se tomó todo el semen.

Laurita tenía ansiedad por aprender y me exigió se la pusiese en diferentes posiciones como veía en las películas porno, pero no aceptó entregar el culo, no se animó y yo entendí, ya llegará el momento. Era casi el mediodía y a mi ya no se me paraba más, había tenido cuatro orgasmos y era imposible que llegase a un quinto, y estábamos abrazados dándonos besitos dulces cuando se escuchó: “BROMBOMBOMBOM" Un tremendo trueno, la tormenta no amainaba. Apreté a Laurita contra mi pecho y le dije: “¡No te asustes! ¡No te asustes!” Ella rió y me dio un besito en la mejilla y luego me dijo al oído: “¡Qué dulce que sos! ¿En serio creíste que le tenia miedo a las tormentas?”







Autor: tonywanda
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