Mi profesora Mariluz
Mi Profesora Mariluz.
Hetero. Un joven tiene en la cabeza la idea de
follarse a su profesora del instituto.
Hola, esta historia me pasó
hace un par de años, yo ahora tengo 19 y esto sucedió en
mis imborrables e inolvidables 17. He de decir que soy un tío de
lo más normal del mundo, corrientito, como se suele decir, del montón.
Yo soy Paolo, desde que empezó
a despertar mi sexualidad, allá por los 12 o 13 años siempre
me he sentido atraído por las mujeres mayores que yo, las maduras
siempre me han dado un morbo increíble, y desde siempre me he fijado
en todas las cuarentonas y cincuentonas apetecibles que pasan por mi alrededor.
Mi historia comienza en lo que antes
era mi cárcel particular, y ahora mi paraíso, es decir, el
instituto.
Ese año, estaba yo repitiendo
2º de FP e iba al instituto en el turno de tardes porque se tenían
que dividir los grupos, como estaba repitiendo, tenía algunas clases
convalidadas, por lo que tenía bastante tiempo libre.
Una de mis profesoras era Mariluz,
era una mujer corriente y normal, pero había en ella un morbo tan
especial, que algo me atraía hacia ella.
Mariluz era rubia de pelo corto
rizadito, de estatura normal, de piel blanca, sus tetas eran pequeñas
pero bastante firmes, por aquel entonces tenía 39 años, pero
tenía un morbazo increíble, sobre todo su mirada, muchos
de mis compañeros decían que tenía cara de zorra,
puede que fuese cierto pero a mí me tenía como atontado.
He de reconocer que desde el primer
momento en que la conocí, me masturbé infinitas veces pensando
en ella.
Una tarde, después de dar
una clase (qué casualidad, con Mariluz) a la siguiente hora la tenía
libre. En aquella clase Mariluz traía un jersey de hilo blanco y
una falda por encima de las rodillas, esa tarde me fijé más
en ella de que lo había hecho las veces anteriores. Su forma de
moverse, de andar, de mirar...
Cuando se sentó en su mesa,
supongo que por un gesto involuntario, separó sus piernas bastante,
lo que me hizo fijarme en que se le podían ver sus bragas blancas.
Aquella visión fue ya el colmo, no sé cómo pero de
repente empecé a notar que mi verga estaba empezando a subir de
forma considerable, también he de decir que los pensamientos que
se me estaban pasando por la cabeza ayudaron a que me empalmase de tal
manera.
En ese momento no deseé otra
cosa que hacerme una paja, y nada más tocar el timbre acudí
a la biblioteca, sabía que allí a esa hora no vendría
nadie y que podía cascármela sin problemas, entré
en una pequeña habitación donde había un par de sillas
y una mesa, y allí mismo me saqué la verga y empecé
a darme unos meneos, no se me quitaba la imagen de Mariluz abierta de piernas
allí con sus braguitas blancas...
Cuando empezó mi movimiento,
de pronto escuché un ruido, ¡coño! ¡¡¡Qué
manera de cortar el rollo!!! En seguida me la guardé y cuando salí
de aquella habitación vi que había entrado Mariluz, no sé
por qué pero el susto inicial que tuve al escuchar la puerta se
me pasó al ver que era ella.
Cuando me vio me saludó y
soltó allí unos papeles, me dijo que tenía que corregir
ejercicios, me preguntó que qué hacía allí,-
je, si te lo contara- pensé.
Le dije que estudiar y me miró
y me sonrió como diciendo así me gusta.
Entonces me fijé detenidamente
en todo su cuerpo, y noté que a través del jersey se le notaban
los pezones duritos, ante esa visión, me faltó poco para
partir el slip con mi polla erecta.
De repente un calentón me
vino por todo el cuerpo y me dije a mí mismo que me tenía
que follar a aquella mujer quisiera o no quisiera. Me empecé a acercar
a ella y a ofrecerle mi ayuda, lo que aceptó encantada, ella estaba
de pie y me puse a su lado un poco más para atrás. Podía
observar ese culo en todo su esplendor y como se le marcaban sus braguitas.
De pronto y casi sin pensarlo, cuando
nos habíamos sentado, me fui acercando a ella poco a poco, juntándose
nuestros muslos, por supuesto ella no dijo nada, cada vez estaba yo más
caliente, y me dije a mí mismo- ahora o nunca-. Empecé a
quedarme fijamente mirándola, este pequeño acto de lo
más
normal, hizo que mi polla empezara a aumentar su grosor nuevamente, el
sentir su muslo blandito y caliente me hacía ponerme indudablemente
muy muy cachondo, ella no pensaba ni por un momento de mis intenciones,
por lo que era un gesto muy normal, pero yo tenía que conseguir
algo más. Y se me ocurrió la típica idea de tirar
un bolígrafo al suelo, y así lo hice, cuando me agaché,
por supuesto, no hice el intento de verle las bragas, porque hubiera resultado
muy obvio, pero al recoger el bolígrafo, rocé sus piernas
y sus muslos, aquellos instantes me parecieron eternos, el sentir sus carnes
blanditas y calientes, estaba como atontado con ese simple roce me ponía
a más de mil, luego subí y me senté como si nada hubiera
pasado, entonces empezamos hablar de temas banales y como un gesto involuntario,
ella posó una mano en mi hombro, esa simple gilipollez hizo que
yo pusiera una cara de imbécil total, entonces empezamos a hablar
de la feria de abril que ya estaba próxima y le pregunté
si se iba a vestir de flamenca, ella sonrió y me dijo que ya a estas
alturas no se vestía nunca, yo le pregunté el por qué
y ella contestó -tampoco nadie me lo ha pedido- supongo que hacía
referencia a su maridito, yo le dije que tendría que estar realmente
linda vestida de flamenca y me volvió a sonreír agradeciendo
mi cumplido, yo le dije que no era un cumplido en ese momento nos pusimos
de pie, y le dije que con su bonita figura un vestido de flamenca tendría
que sentar realmente bien, y en ese momento noté cómo se
ruborizaba y la miré de arriba abajo, contemplando ese cuerpo que
me traía loco, y ella me dijo que ya hacía bastante tiempo
que nadie la halagaba tanto, le dije que a las mujeres bonitas había
que decirles cosas bonitas, lo que hizo que se ruborizara aún más,
y eso me gustó, había conseguido sonrojar a mi profe, y quién
sabe, a lo mejor hasta excitarla. Le dije -mírate, si tienes una
figura espléndida que haría caer a cualquier hombre-, y noté
que ella se empezaba a sentir bien ante esos halagos, pero igualmente extrañada
al decírselos un alumno suyo. - Bueno dejemos esto ya-, dijo ella,
-Si es que nada mas verte entrar ganas de... bailar contigo muy abrazado-
dije yo.
Y en ese instante me lancé
a por todas a riesgo de cualquier cosa y posé una de mis manos en
su precioso culo, ella al notar aquello, se echó hacia delante de
la mesa, como sin querer darse cuenta, pero yo insistí y dejé
mi mano pegada a su culito, entonces ella miró hacia mí como
sorprendida y me dijo:
-Paolo pero qué estás
haciendo-
Yo no dije absolutamente nada, y
apreté su culo con mi mano,
-Pero Paolo estate quieto- , repitió
ella.
De repente, la rodeé con
mis brazos y me quedé mirándola fijamente, ella tenía
cara de sorpresa increíble, pero tampoco hacía nada por quitarme
de encima, bajé mis manos hacia su culo y empecé a masajearlo,
qué sensación, qué blandito qué rico, y empecé
a subir mis manos hasta su cintura y le subí el jersey para tocarle
los pechos, cuando llegué intente bajar el sujetador y así
poder acariciárselos, ella seguía inmóvil y cuando
consiguió articular palabra me dijo:
-Paolo, por dios estate quieto,
por lo que más quieras-
Y le dije:
-Lo que más quiero eres tú-
Intenté besarla pero ella
apartó su cara pero a mi segunda embestida ya no se pudo resistir,
empecé a juntar mis labios con los suyos, dios mío estaba
en el cielo, y cuando conseguí meter mi lengua la recorrí
por toda su boca, y su lengua empezó a buscar a la mía, noté
cómo empezaba a emitir pequeños gemidos de placer, mis manos
seguían acariciando sus tetas y su culo, ella suspiró y me
dijo:
-Esto no esta bien, esto no está
bien, por dios que yo estoy casada- (cierto, está casada con un
policía, qué morbo ¿no?)
Le dije que no pasaba nada, mi mano
empezó a levantar su falda, conseguí llegar hasta sus bragas
noté cómo se estaban empezando a humedecer, no pude más
y le quité la falda de un tirón dejándola en bragas,
comencé a besarle el cuello y su oreja, aquello era manjar de dioses
y subí su jersey, recorrí sus tetas por encima de la tela
con mi lengua, seguidamente descubrí uno de sus pechos, noté
como Mariluz esta
ba excitada, su pezón parecía salirse del
propio pecho, comencé a chuparlo y a jugar con mi lengua recorriéndolo
todo, a la misma vez que le bajaba la otra copa que le cubría el
otro pecho que comencé a masajeárselo, después de
un rato deleitándome con sus riquísimas tetas, empecé
a bajar por todo su torso, lamiendo su delicioso ombligo hasta llegar a
sus ya mojadas bragas, al llegar allí me detuve a contemplar aquello
que tantas veces había deseado, qué rico, qué olor,
qué bueno, ella me miraba como pidiéndome que parara pero
a la vez disfrutando con todo lo que le hacía, entonces empecé
a besar aquel chumino por encima de la tela de sus mojaditas braguitas
, y poco a poco como si a cámara lenta se tratara se las fui bajando,
admirando cómo aparecía ante mi aquel maravilloso chochito,
con sus vellos en forma de estrías y de un color castaño
muy claro le bajé las bragas hasta la rodilla y empecé a
lamer sus delicadas y lisas piernas, me recreaba en sus muslos, los lamía
con todo el placer posible, mientras que Mariluz empezaba a disfrutar como
yo y a cerrar los ojos y gozar con aquello, subí lentamente hasta
su conchita y comencé a acariciarla poco a poco, dios santo, qué
tacto qué suavidad, sus labios se ponían de un color rosado
riquísimo se los abrí lentamente y ante mi apareció
su precioso clítoris, me sorprendió porque era bastante grande,
como un botoncito, y empecé a lamerlo, lamía y lamía
sin parar, qué delicia, qué bueno estaba, yo la miraba y
veía como su cuerpo ya no se resistía a mis caricias y cómo
empezaba a tener unos espasmos de un intenso placer, Mariluz gemía
de gusto, y al ver eso, le pregunté si le gustaba lo que le estaba
haciendo, a lo que me contestó:
-¡Por dios! ¡Cómo
me está gustando esto!, pero cómo me estás haciendo
esto, mmmmmmmmmmm, siii así, así-, mientras cogía
mi cabeza para que la hundiese en su chochito, a lo que yo aceptaba encantado,
sus gemidos empezaron a ponerme más cachondo de lo que ya lo estaba
y le metí un dedo por el coño a lo que ella respondió
con un gemido más grande de los que había dado hasta entonces,
yo metía y sacaba el dedo de su concha más y más rápido,
y empecé a notar cómo ella empezaba a mojarse más
de la cuenta, así, tuvo ella su primer orgasmo, notaba cómo
le brotaban sus flujos lentamente, aquello parecía el manantial
de mi deseo, y no deseaba otra cosa más que probarlo, y lamerlo,
seguidamente, Mariluz ya estaba totalmente entregada y me subió
la cabeza hasta la altura de la suya, se quedó unos instantes mirándome
cómo agradeciéndome todo aquello, y para deleite mío,
me comió la boca, estaba excitadísima y me dijo:
-Cabrón, cómo te has
atrevido a hacerme esto- mientras yo la miraba embelesado, -pero ahora
te vas a enterar- dijo ella.
Empezó a desabrochar la botonadura
de mi camisa y me despojó de ella, hasta ese momento, yo no me había
dado cuenta de que llevaba la cremallera de mis jeans abierta, pero parece
que la zorrita de Mariluz sí, muy decidida, metió su mano,
y me sacó mi ya empalmada y gorda polla y haciéndose a su
tacto, comenzó a masajeármela muy despacio sin dejar de mirarme,
yo me quité los pantalones y mis slips preparándome ya para
la acción.
Los movimientos de su mano comenzaban
a acelerarse poco a poco y yo notaba cómo mi verga se ponía
mas gorda, tengo que reconocer que hasta ese momento no había visto
nunca mi polla tan gorda y tan dura, otras veces había conseguido
empalmarme considerablemente, pero jamás como en aquel momento,
parece que Mariluz notó cómo crecía el grosor de mi
pene y por fin se decidió a agacharse y empezar a introducirlo en
su boca, aquella sensación de sus labios recorriendo mi instrumento,
me hizo sentir un escalofrío tremendo haciéndome temblar
mis piernas y poner mis ojos blancos, se la metió poco a poco hasta
el fondo, y cuando estaba totalmente metida, comenzó a saborearla
con su lengua, dios qué sensación, qué gusto, qué
rico sentía, ella allí agachada chupando mi polla y yo haciendo
movimientos con la cadera de mete y saca, quería follarme su boca
y metía y sacaba mi pene de su húmeda boca, con su mano empezó
a acariciar mis huevos, hinchados com
o globos en esos momentos, yo estaba
ya casi a punto de botar toda mi esencia, parece que Mariluz también
lo notó y me dijo:
-Ahora te voy a castigar- Y se sentó
encima de la mesa abriendo sus piernas y con sus dos dedos empezó
a abrir su concha chorreante, y me dijo que me acercara, la tomé
de los muslos abriéndola aún más y acercando mi verga
a su chocho, le dije:
-Creo, que te voy a castigar yo
a ti putita-
Y poco a poquito empecé a
introducir mi glande todo morado en su vagina, sólo la puntita,
y sin ella esperarlo, pegué una embestida que hizo que todo mi pene
se metiera hasta donde empiezan los huevos en el chocho de aquella zorrita,
que dio un grito que inundó toda aquella habitación, por
lo que tuve que ponerle una mano en la boca para que no hiciese tanto ruido,
ya que allí cerca estaban dando clase, me rodeó con sus brazos
el cuello, y me decía:
-Vamos cabrón, a ver si vale
la pena el riesgo que estoy corriendo-, aquellas palabras me pusieron más
cachondo todavía y empecé a meter toda mi potencia dentro
de ella, notaba cómo toda mi verga se inundaba de su esencia, notando
las paredes de su vagina cada vez más dilatadas, y allí estaba
yo, como si de un sueño se tratara, como si estuviera en una película
XXX, follándome a la profesora que había hecho que me hiciera
tantas y tantas pajas pensando en ese chocho que ahora era mío.
Cada vez notaba que su respiración se hacía más pronunciada
y emitía gemidos y jadeos que se entrelazaban con los míos.
Aquello no parecía real,
yo notaba cómo mi polla crecía y crecía y cómo
en cada metida sentía un placer glorioso, y la miraba a ella, y
ahí estaba, con la cabeza inclinada hacia detrás con los
ojos cerrados, y yo viendo cómo sus tetitas se movían al
ritmo de mis movimientos.
Pensé que ese placer se podía
hacer mayor y mientras metía y sacaba mi vergota de su chocho, comencé
a acariciarle con mi dedo pulgar el clítoris que estaba hinchadísimo
de tanto placer que recibía , lo que hizo en ella una reacción
de todo su cuerpo inclinándose hacia delante, con mi otra mano empecé
a pellizcarle los pezones a Mariluz, que estaban durísimos a lo
que ella no paraba de jadear.
Aaaah aaahh ahhhha ahhhh ahora sí
sí sí sí, dios, ¡¡¡qué gusto
sientoooooooo!!! Decía Mariluz con cara de auténtico vicio.
Cuando ya noté que mi polla
estaba apunto de explotar, casi sin articular palabra entre jadeo y jadeo
empecé a decirle:
-¡¡¡Me corro,
me corro, Mariluz, me corro!!!
-Eso es, es lo que quiero, que te
corras, ¡¡¡correte, correte!!!
Mis movimientos eran cada vez más
pausados y parece que Mariluz, debido a su experiencia supongo, también
notó que me iba a vaciar.
Y cuando mis ojos se tornaron blancos,
mis chorros inundaban aquella cuevita, mis piernas llegaron incluso a flaquear
y hacer un pequeño movimiento hacia abajo como si me desmayase,
dios mío, era increíble, me parecía de broma, no podía
creer que me estuviera corriendo dentro de la concha de mi profesora Mariluz,
yo no paraba de bombear semen a lo que ella notaba y hacía que gritase
con todo su poder, y para más deleite, ella tuvo otro orgasmo más,
no sé cuántos llevaba, y noté cómo sus jugos
empapaban mi polla, no lo podía creer nos habíamos corrido
los dos a la vez, nuestros fluidos se unían en mi polla y en su
coño, aquella sensación de mi polla toda mojadita, y su coño
chorreante, y la cara de zorra que había puesto al correrse, me
hizo llevarme al cielo, aquello era la hostia, nos quedamos por un momento
totalmente callados, sin mediar palabras, y mirándonos uno al otro,
acerqué mi labios a los suyos, a lo que ella respondió metiendo
su lengua en mi boca, estuvimos así un buen rato, besándonos,
ella abrazada a mi cuello, con nuestros sexos rozándose, mojados
todavía.
Ella me miró, y casi comprendí
todo lo que me quería decir, yo sabía que aquello no estaba
bien, que ella podía ser perfectamente mi madre, y además
era mi maestra, y que echando aquel polvo en la biblioteca, corríamos
un riesgo enorme, pero pienso que valió la pena, porque yo había
disfrutado como nunca lo había hecho, y ella también, como
así me lo dijo.
Pero comprendimos que
aquello no
se podía repetir en el instituto, yo le dije que aquello era lo
más hermoso que me había pasado, a lo que me dedicó
una tierna sonrisa, aquello se tenía que repetir, me daba igual
donde pero sin duda había que repetir.
Mi siguiente encuentro con Mariluz
sería mucho más excitante y ardiente, ya que nuestros cuerpos
ya se conocían . . .
Pero eso será en mi próximo
relato, que prometo no tardaré en enviar.
Si les gustó, por favor,
háganmelo saber, me encantaría recibir sus mensajes, gracias.
Un abraccio fortissimo. Ciao a tutti.
Paolo .
Paolo_svq (arroba) hotmail.com
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