PLACERES OCULTOS - Eva levanto un poco su camiseta, dejo cerrar sus ojos y se corrio, empapando de semen su propio vientre a la vez que Veronica sentia como el calido liquido de su cliente resbalaba por su caraPLACERES OCULTOS Eva levantó un poco su camiseta, dejó cerrar sus ojos y se corrió, empapando de semen su propio vientre a la vez que Verónica sentía como el cálido líquido de su cliente resbalaba por su cara Aquella noche no tenía ganas de nada. Tiró el bolso al suelo, dejó caer su cuerpo sobre la cama y encendió un cigarro. Miraba al techo mientras hacía figuritas con el humo. Entre calada y calada llegaban a su mente flashes, imágenes de lo que había sido una velada extraña, con la sensación de que aquel 17 de julio no habría acabado a la mañana siguiente. Eva no tenía previsto trabajar aquella noche. Eran las ocho de la tarde y estaba en su apartamento, tirada en el sofá, limando sus uñas mientras oía a su compañera de piso (y de trabajo) follar con un cliente en la habitación de al lado. No estaba viendo nada interesante en la tele, pero antes que subir el volumen, prefirió acercarse y cerrar la puerta entreabierta donde atendía Verónica. Al agarrar el pomo entre los dedos, sus ojos se desviaron hacia la pareja. Eva notó cómo subió la temperatura de su cuerpo al ver a su amiga ser follada con tal fuerza, agarrada al cabecero de la cama. Ésta, se apartó el rubio mechón que cubría sus ojos y vio a Eva en el umbral de la puerta, espiando. Una sonrisa pícara y un ligero guiño de ojo fueron suficientes para que Eva abriera del todo la puerta y se sentara en el sillón a disfrutar del espectáculo. No era la primera vez que lo hacían. A Verónica le gustaba que Eva mirara. A veces incluso dejaba que participara si así lo deseaba el cliente. Pero hoy ni siquiera le preguntó. La verdad es que estaba disfrutando muchísimo. Rodeó fuertemente la espalda de su compañero con los brazos, arañándole incluso en algunos momentos, mientras sus piernas se cruzaban y era vorazmente penetrada. Su clítoris se excitaba como en las grandes ocasiones, y soltaba gritos que animaban aún más a aquel hombre, recientemente cornudo, que decidió tomarse la justicia por su mano, antes de decirle a su mujer lo puta que era...
Eva se había acomodado estratégicamente para tener una visión privilegiada de lo que allí ocurría. Sobre la camiseta vieja que cubría su cuerpo sin sujetador, empezó a acariciarse los senos. Advirtió que Verónica había cambiado de postura, ahora recibía por detrás, como una perrita en celo, y eso fue el detonante para Eva, pues el sexo anal era su preferido. Se desabrochó los vaqueros, bajó la cremallera, se acarició por encima de las braguitas y, finalmente... sacó y empezó a masturbar su pene. Eva era travesti. Su melena oscura, piel bronceada e irresistible figura no hacían sospechar que ocultara una dotación bastante generosa debajo del pantalón. Era una diosa que aunaba en sí lo mejor de dos mundos.
Empezó a moverlo de arriba abajo a buen ritmo, quería acabar al mismo tiempo que Vero y su amigo. Los gemidos de su compañera la excitaban muchísimo. Se masturbaba cada vez más rápido, acompañando el frotamiento con caricias en sus testículos. Vero gritaba más y más y Eva seguía aumentando el ritmo de su paja, ya con claros gestos de placer en su cara. Viendo en la mirada de su amante que éste no iba a durar mucho más, Verónica se detuvo, le quitó el condón y succionó como una posesa su miembro. Advirtiendo que llegaba el momento, Eva levantó un poco su camiseta, dejó cerrar sus ojos y se corrió, empapando de semen su propio vientre a la vez que Verónica sentía como el cálido líquido de su cliente resbalaba por su cara. Las dos amigas se miraron y sonrieron.
Al rato, mientras Vero salía de la ducha y Eva se retocaba desnuda frente al espejo, sonó el móvil de ésta. En un principio, Eva tenía pensado decir que no atendería aquella noche, estaba algo cansada, pero tras un buen rato de conversación, el tono de voz del hombre al otro lado del teléfono acabó por convencerla. Colgó con una sonrisa en la cara y explicó a su amiga que no iba a ser un servicio convencional, aquí te pillo aquí te mato, sino que era má
s bien una cita, porque aunque aquel hombre sabía perfectamente que Eva era prostituta, prefería recordar lo que era pasar una noche entera con alguien, puesto que había quedado viudo unos meses atrás, y a Eva, en parte le dio pena, le atrajo la suculenta cantidad que acordaron...
La diosa del tercer sexo se arregló especialmente aquella noche, como esperando algo. Se puso un vestido negro con amplio escote, vuelo por encima de las rodillas y zapatos de tacón. Se retocó rápidamente el flequillo, dio volumen a su cabello pasando las manos sobre sus hombros y tras coger el mínimo bolso en el que guardaba los condones (por supuesto), el monedero, las llaves, el tabaco y el móvil, dio un pico a su compañera que ésta devolvió con una palmadita en el culo y salió por la puerta. El cliente de aquella noche, que respondía al nombre de Abel, había quedado con ella a las 11 bajo el reloj de la plaza. Eva llegó puntual, pero por allí no esperaba nadie con una camisa roja, como habían acordado para reconocerle. Encendió un cigarro mientras esperaba y cuando buscaba su número en la agenda del móvil para llamarle, quedó gratamente sorprendida. Al oír aquella historia de que se había quedado viudo y llevaba tiempo sin verse con nadie, Eva esperaba a un hombre cincuentón como poco, con bigote y entrado en carnes, lo cual tampoco le importaba, pero en su lugar vio aparecer un joven de unos treinta y pocos (algo mayor que ella entonces, aún en la alta veintena), con pelo alborotado, barba de tres días y músculos bastante bien definidos. Enseguida se reconocieron, y tras las presentaciones se dirigieron rápidamente hacia un pub.
Eva seguía sorprendiéndose de la apariencia de Abel, que nada más entrar en el local le dijo que iba a pedir unas copas. Ella le sonrió y se quedó esperando en el medio de la pista. Echando una mirada alrededor advirtió la presencia de uno de los mayores polvos de su vida, Jaime. Jaime era un joven poco avispado, pero que follaba como una bestia. Vivía enfrente del apartamento de Eva y tenía novia, pero de vez en cuando le gustaba pasarse a visitarla, sobre todo durante el invierno, ya que su pareja estudiaba lejos. Le daba igual que fuera travesti. Él le follaba el culo y todos contentos. La última vez que se vieron es la que Eva recuerda con mayor placer, y aún le regala maravillosas corridas en sus masturbaciones.
Se encontraron en el ascensor del edificio. Jaime estaba escribiendo un mensaje en su móvil cuando éste se escurrió entre sus dedos. Al agacharse a recogerlo, observó que Eva no llevaba ropa interior y su pene colgaba debajo de la falda. Eva le acarició la cara y entonces Jaime le levantó la ropa y se abalanzó sobre su miembro, chupándolo con ansia. Movía su lengua con rápidos movimientos y Eva detuvo el ascensor antes de que llegara a su destino. Puso sus manos sobre la cabeza de Jaime, le pidió que se levantara y le besó apasionadamente. Volvió a apretar el botón del ascensor sin separar sus labios y al llegar arriba le pidió que entrara en su apartamento, que esta vez corría de su cuenta.
Se fueron quitando la ropa camino de la habitación, mientras Verónica, que estaba cocinando, veía la escena con total normalidad, ya no le sorprendía... Los dos cayeron sobre la cama, y Jaime siguió con el proceso anterior, lamiendo el pene de Eva. A pesar de que nunca quiso ser penetrado, le encantaba jugar con su miembro, y a Eva le encantaba que jugara, pues movía la lengua con total maestría. Ella estuvo a punto de correrse y entonces le frenó. Se giró, cogió un condón de la mesilla, se lo puso con la boca y le pidió que la follara, que ya no aguantaba más. Se recostó, abrió sus piernas y las puso sobre los hombros de Jaime, que introdujo su grueso (que no muy largo), pene en el ano de Eva y empezó a empujar. Al tiempo que la penetraba, agarró su pene y empezó a masturbarla. Eva se volvía loca de placer.
Cambiaron de postura, y Eva se colocó encima, de cara a él, con las manos apoyadas en los tobillos de Jaime, y empezó a cabalgar. Primero despacio, acompasando la respiración a sus movimientos, luego más rápido, ya con su mirada perdida en el techo mientras su polla rebotaba en el abdominal bien trabajado de su vecino, y finalmente con locura, hasta que su semen brotó y viajó para depositarse en el pecho de Jaime. Rápidamente Jaime sacó su pene, se quitó
; el condón y Eva le regaló una maravillosa cubana para que acabara en sus tetas. Mientras el chico recobraba el aliento, Eva le limpió con la lengua los restos de semen en la puntita del glande. Después se ducharon juntos y se despidieron con un beso.
Semanas después de aquello, Jaime entró en el cuerpo de policía y dejó la ciudad. Eva no lo había vuelto a ver hasta aquella noche, en la cual, lamentablemente, estaba acompañado por su novia, por lo que el saludo apenas fue un guiño de ojos a la espalda de su chica.
Abel regresó con las copas. Empezaron a bailar y entre el calor y el movimiento, no tardarían mucho tiempo en pedir una segunda ronda, y una tercera... No hablaron mucho, Abel parecía reservado, pero gracias al alcohol, pronto empezaron a besarse. Eva estaba encendida y se llevó a Abel al baño.
Lo metió en una de las cabinas y cerró la puerta con pestillo. Siguieron besándose y Eva empezó a bajar sus manos hacia la entrepierna de Abel, obcecado con el culo de ella. Se puso de rodillas y mordisqueó con picardía la zona. Desabrochó el cinturón de Abel, le bajó la bragueta y sacó su pene, ya medio erecto, para metérselo poco a poco en su boca. Le hizo una felación para recordar y antes de que se corriera paró, y fue subiendo dándole besitos hasta llegar nuevamente a su boca. Entonces Abel, realmente excitado, quiso meterle mano a Eva. Le sobó los pechos, le lamió el cuello y fue bajando su mano por el ombligo, pero cuando llegó a su pene, se retiró rápidamente.
Pero... ¡eres un tío!- dijo Abel con los ojos como platos. Eva se quedó sin saber muy bien qué decir y respondió:¿No lo sabías? En mi anuncio pongo claramente que soy transexual. ¡Qué coño iba a saber!- contestó Abel llevando las manos a su cabeza.
Al parecer, todo había sido idea de los compañeros de trabajo de Abel, que sabiendo de su situación de necesidad sexual, quisieron gastarle una broma, y le recomendaron a Eva, pero solo le dieron su número de teléfono y una foto en la que no se aprecia su miembro, en la cual, parece una mujer de bandera.
¡Apártate, puto! ¡Me das asco!- dijo, y tras empujar a Eva contra la taza del WC salió corriendo.
Eva quedó como en estado de shock, entre asustada y sorprendida. Se retocó un poco, se bebió un par de copas más y volvió a casa.
Esta es la primera parte del relato. Para leer la segunda parte vota positivamente ésta, gracias, Iris Canella.
Autor: Iris Canella |