MI HERMANA Y MI ABUE MARIBEL - Se la enterre hasta los huevos, sus tetas se fueron hacia atras hasta quedar a los lados, Isabel acabo a los gritos, eyacule en la concha de mi hermanita, fue un polvazo inolvidableMI HERMANA Y MI ABUE MARIBEL Se la enterré hasta los huevos, sus tetas se fueron hacia atrás hasta quedar a los lados, Isabel acabó a los gritos, eyaculé en la concha de mi hermanita, fue un polvazo inolvidable ¿Cómo les va? ¿Se acuerdan de mí? Yo soy Marcelo, el que se cogió a su abuelita Maribel. Les recuerdo, tengo veintiún años, mi abuelita sesenta y cinco y el tercer protagonista de mi historia es mi hermanita Isabel de diecinueve.
Isabel fue la única que se había dado cuenta que me había cogido a nuestra abuelita y me comprometió, a cambio de su silencio, a que le contase lo sucedido con todos los detalles.
Habían pasado algunos días ya y una tarde que nos encontrábamos solos en nuestra casa, tirados en sendos sillones en el living mientras mirábamos televisión, me recordó la promesa:
- Contame como te cogiste a abuelita. ¿Cuánto hacía que lo venías planeando? Sos un hijo de puta, pobre ancianita... Contame como la obligaste. - Te juro que no lo planeé, se dio espontáneamente y yo no la obligué a nada... Además abuelita no es ninguna santa, era re puta de joven...
- ¿Qué decís? ¿Abuelita re puta? - Si, ella me contó. De joven en lo único que pensaba era en coger todo el día, después se hizo hippie y vivió en una comunidad, sexo, droga y rock and roll todo el día, era re puta Isabel, ella me lo dijo.
Isabel me miraba asombrada.
- Además te confieso que esa noche Abue estaba hermosa, se había puesto un vestido muy escotado y me despertó todas esas sensaciones que sentía cuando tenía trece años y me empecé a masturbar espiándola. - ¿Vos te hacías la paja espiando abuelita? - Si, terribles pajas, las tetas de Abue me obsesionaron toda la vida.
Los ojos de mi hermana se abrieron como platos.
- A propósito, ¿viste que cosas raras tiene la genética?
Isabel me miró extrañada, pero enseguida le expliqué:
- Abue tiene terribles tetas, en cambio mamá tiene unas tetas normales que no llaman la atención y vos parece que heredaste las tetas de abuelita, es como si la genética se hubiese salteado una generación, tenés un hermoso par de tetas...
Isabel se cruzó los brazos sobre el pecho como intentando taparse y dijo:
- Dejá a mis tetas tranquilas que no estamos hablando de ellas. - Bueno, pero siguen siendo hermosas.
Isabel se sonrojó y cruzó las piernas para ocultar su entrepierna, pero tenía puesto un pantalón blanco de tenis muy corto y con ese movimiento lo único que logró fue exhibir mejor sus largos muslos desnudos. La miré intencionadamente y noté que se ponía nerviosa.
- Te sigo contando. Empezamos a tomar vino y a los dos se nos soltó la lengua, yo le conté de la pequeña Lulú y de Silvina y le pregunté si tenía novio y me contestó que no porque no le gustaban los viejos y los jóvenes no la mirarían, pero yo la desmentí contándole que a nuestros amigos los calienta muchísimo y a mi me calentó toda la vida. Abue se rió y me contó de su juventud y de que se cogió todo lo que se le puso por delante...
- Es increíble. Interrumpió Isabel.
A medida que la noche transcurría y seguíamos tomando vino la charla se fue poniendo cada vez más caliente y ya me insinuaba a Abue y le conté que me reventaba tremendas pajas de chico pensando en sus tetas y ella me retaba de vez en cuando pero yo me daba cuenta que estaba excitándose...
Isabel descruzó sus piernas y le miré descaradamente la entrepierna.
- ¿Qué mirás? Preguntó agresivamente. - Que tenés muy buenas piernas. Buenas tetas, buenas piernas, bello culo... Estás re buena Isabel. - A mi no me tomés el pelo que no me voy a dejar engatusar como la pobre abuelita... - ¿Pobre? No sabés lo que decís Isabel. - Bueno, no te vayas por las ramas, seguí contando.
Ya era muy tarde cuando terminamos la tercera botella de vino y la conversación ya era decididamente muy caliente cuando abuelita dijo que era hora de irse a la cama y yo le pregunté si íbamos a la mía o a la de ella. Se rió y me mand&oacu
te; a mi cama, pero al agacharse para darme un beso le metí una mano entre las tetas y la otra bajo el vestido y le toqué el culo. ¿Vos sabías que Abue usaba tangas?
- No... No lo imaginaba. Pero que bárbaro... ¿Cómo se te ocurrió meterle mano a abuelita? - Habíamos tomado mucho y perdí la cabeza. Tenía una calentura tremenda... - ¿Y ella, que dijo? - Nada, se dio vuelta y se fue y yo me quedé re puteándome por pajero calentón y me fui a dormir, pero me sentía muy mal y le fui a pedir perdón.
Abue estaba sentada en la cama esperándome y le pedí perdón, pero largó la carcajada y se quitó el camisón y me dijo que me meta de una vez en la cama que le había hecho agarrar una terrible calentura y yo me tiré a esos fabulosos pezones y me los metí en la boca y los chupé y los mordí mientras nos revolcábamos en la cama jadeando y Abue empezó a tratar de decirme algo de que ya no era una jovencita y que necesitaba lubricación porque no se humedecía pero yo se la enterré hasta las pelotas de un solo golpe y gritó...
- ¡Que bruto! Interrumpió Isabel. - ... y acabó como una bestia y yo también. Imagínate, hacía un montón de años que Abue no cogía y yo hacía como diez años que me la quería coger, no te imaginas Isabel ¡Qué acabada!
Mi hermana se había sonrojado y los pezones se le habían erguido y empujaban notablemente su remera que subía y bajaba al ritmo de su respiración agitada, se la notaba tensa.
- Isabel, se te mojó el pantalón, mentí mirando su entrepierna.
Abrió sus piernas y se miró asustada en un involuntario movimiento.
- ¡Sos un pelotudo! Dijo indignada al darse cuenta que había caído en mi trampa.
Me reí y me levanté para sentarme a su lado e intenté abrazarla pero me rechazaba ofendida.
- No te enojes, fue una broma. Le dije intentando calmarla. Te sigo contando ¿Querés?
Finalmente se calmó y rodeé sus hombros con mi brazo y sentí la piel tibia de su muslo contra mi pierna, le seguí contando.
- Después del primer polvazo la puse encima de mí y ahora que estaba bien lubricada con mi semen empezó a cabalgarme y me pasaba las tetas por la cara y yo le intentaba morder los pezones y se echó otro polvo tremendo. ¡No te imaginás Isabel como grita cuando acaba! Es una verdadera perra cogiendo abuelita. Después le hice el culo...
- ¿También el culo? Preguntó asombrada mi hermanita. - Claro, además no te creas que era la primera vez, ese culo estaba más visitado que la torre Eiffel. Me pidió que use gel pero yo la lubriqué con saliva y se la metí así, gritó pero acabó otra vez a lo bestia y después...
¡Callate! Susurró Isabel con voz ronca y se arrojó a mi boca mordiéndome y metiéndome la lengua hasta la garganta mientras me agarraba la pija que ya estaba endurecida mientras yo le metía la mano en la entrepierna y le apretaba la concha mojada. Caímos sobre la alfombra y le saqué la remera y el corpiño, ¡Qué fabulosas tetas!
Ella tironeaba intentando bajarme el pantalón hasta que lo logró mientras yo me llenaba la boca con esos fabulosos pezones, entonces tuve idea de cómo habían sido las tetas de abuelita cuando era joven.
Isabel me agarró la pija y tiraba de ella intentando llevarla a su vagina mientras yo intentaba quitarle el pantaloncito y la bombacha, finalmente nos pusimos de acuerdo y se quedó quieta un momento para que la desnude y luego ella me quitó mi pantalón y el calzoncillo, ahora si estábamos listos.
Pero Isabel estaba demasiado excitada y tironeaba de mi pija para que se la metiese, pero a mí me extasiaban sus tetas y quería dedicarles unos minutos, Isabel se impacientó:
- ¡Métemela!, ¡Vamos! ¡No seas puto y cogeme de una vez! Me mordió un hombro de la rabia y eso dolió, "Me las vas a pagar" Pensé. Dejé que llevase mi glande a los labios de su concha y cuando lo estaba acomodando le enterré la pija sin previo aviso hasta las pelotas. Gritó, eso debió dolerle.
- ¡Ayyyyyyy!
Se estiró echando la cabeza hacia atrás con los ojos en blanco y la boca muy abierta, su espalda se separó del piso y la agarré de los hombros y la penetré con todas mis fuerzas hasta que el hueso de la
pelvis me dolió de apretar contra el de ella, sus tetas se fueron hacia atrás hasta quedar a los lados de su cuello. Isabel acabó a los gritos mientras la tenía fuertemente agarrada para evitar que se escapase, eyaculé con una fuerza que me sorprendió, fuertes chorros de semen inundaron la concha de m hermanita, fue un polvazo inolvidable.
Quedamos exhaustos, respirando con fuertes jadeos mientras nuestros sexos continuaron latiendo por largo rato, aflojé un poco la presión porque ya la pelvis me dolía insoportablemente, entonces Isabel dijo con voz temblorosa.
- ¡Sos un bruto! - ¿Fue o no fue el mejor polvo de tu vida? Pregunté.
Se quedó en silencio unos segundos antes de contestar.
- ¡Sos un hijo de puta! Pero sí, fue el mejor polvo de toda mi vida. Y se largó a reír. - Esto fue solo el principio Isabel, prepárate que tenemos varias posiciones que practicar y además me muero por probar tu culo, me obsesiona desde hace mucho… - ¡El culo no! ¡Eso si que no!
La reacción de Isabel fue enérgica y me di cuenta que iba a tener que apelar a toda mi astucia y habilidad para hacerla cambiar de idea.
- ¿Por qué el culo no? Pregunté poniendo cara de sorpresa. - Porque eso duele. Contestó con seguridad. - Perdón… ¿Quién te dijo que duele? Pregunté con mi más convincente tono de sinceridad. - Todo el mundo lo sabe, no necesito que me lo diga nadie, además si yo no quiero no tengo que darte ninguna explicación, mi culo: ¡No! - Me apena escucharte.
Dije con cara compungida y agregué: En este momento pienso en abuelita y en lo triste que se pondría si te escuchase…
- ¿Qué dices? ¿Por qué Abue se va a poner triste si me escucha decir que por el culo no quiero? - Es que ella disfrutó tanto por el culo desde su juventud que me imagino que su gran ilusión debe haber sido que su hija y su queridísima nieta vivan una sexualidad tan plena como la que tuvo...
- ¿Vos me estás tomando el pelo? - ¡De ninguna manera! Solo pienso que si una noche te quedas a dormir con ella y te pregunta: " ¿Y a vos Isabel, por donde te gusta más? ¿Por atrás o por adelante? Y vos le contestas: "¡Ah no!, ¡Yo por el culo nunca! Se podría tristísima y se sentiría terriblemente frustrada...
Pero a vos que te va a importar lo que sienta mi querida abuelita mientras tu culo se mantenga inmaculado. Pero te digo Isabel, un día abuelita nos faltará y entonces no te alcanzará el resto de tu vida para arrepentirte por la soberbia con que la has ofendido. Claro, el culo de la señorita es más importante que el amor que esa adorable ancianita siente por ella, ya vas a ver Isabel, la culpa y el remordimiento te perseguirán para siempre por haberla defraudado.
A Isabel se le llenaron los ojos de lágrimas y frunció su boquita a punto de sollozar y con voz compungida dijo:
- Yo no voy a defraudar a abuelita ¿Cómo me pongo? - Arrodíllate frente al sillón y apoya los codos en el asiento, espera te pongo un almohadón para que te apoyes y estés más cómoda. - ¿Me va a doler? - Un poquito, pero abuelita se lo merece ¿No crees? - Trata que no me duela, por favor.
- Quedate tranquila. Dije poniéndome detrás y separando un poco sus piernas, el culito de Isabel era precioso y se me hizo agua la boca al verlo.
Separé sus nalguitas con mis manos y pasé la lengua suavemente por el pequeño orificio rosado, Isabel gimió y le pregunté.
- ¿Te gusta? - No sé... me haces cosquillitas.
Seguí chupando el delicioso agujerito y mis manos fueron por los lados en busca de su conchita. Las yemas de mis dedos mayores encontraron el clítoris y empecé a masturbarlo suavemente, mi hermanita suspiró. Luego comencé a combinar el masaje del clítoris con caricias en los labios mayores y suaves penetraciones de la vagina mientras mi lengua no le daba tregua al culito.
Metí mi dedo mayor derecho en la concha de Isabel para mojarlo en la mezcla de sus flujos y mi semen que aún la inundaba, luego llevé el dedo al culito y le metí la punta, gimió y le pregunté si le gustaba.
- Si, creo que sí. Dijo dubitativa.
Le metí el dedo hasta el fondo y le expliqué que la iba a masturbar para dilatarle bien el culito. Isabel estaba tensa pero no se resistía, había aceptado perder la virginidad del culo y no iba a retroceder.
La masturbé hasta sentir que mi dedo entraba y salía fácilmente
, pero necesitaba lubricarme la pija para no hacerle doler demasiado. Se la metí en la concha y se sorprendió.
- Pero... ¿No ibas a ponérmela en el culo? - Si, pero tu conchita está muy mojada y el flujo con semen es un excelente lubricante, ya te la pongo, esperá un poquito.
Se la metí y saqué varias veces hasta estar seguro, luego le apoyé el glande en el culito, que se había dilatado bastante, y empujé. Entró fácil, pero Isabel gritó.
- ¡Ay! - ¿Te dolió? - No, me asusté cuando sentí que entraba...
Esperé un momento antes de continuar, la visión de la cabeza de mi verga metida en el pequeño culo de mi hermanita me dio vértigo, acaricié sus suaves cachetes y mis manos fueron a su vagina para continuar masturbándola.
Empezó a gemir cuando mis dedos acariciaron el clítoris y se deslizaban entre los labios de la conchita, sentí que latía. La carita de Isabel apoyada de lado sobre el almohadón me enardeció, los ojos cerrados, los labios entreabiertos, el pelo que le caía sobre la frente y la mejilla y sus suaves gemidos me hicieron perder la cabeza y se la metí sin más contemplaciones, Gritó y hundió la boca en el almohadón.
Vi sus puños crisparse aferrando el almohadón, Isabel rugía pero no se resistía ni pedía clemencia. Empecé a meterla y sacarla, ese culo era increíble y yo lo estaba penetrando por primera vez.
- Despacio, despacio, déjame acostumbrarme. Susurró Isabel con voz ronca.
Hice más lentos mis movimientos, tanto por que me lo pedía como porque no quería acabar tan rápido, estaba disfrutando como nunca lo había hecho con ningún culo y quería durar todo lo posible, al mismo tiempo mis manos masturbaban incansables la pequeña concha.
- Así Marce, así, despacito, despacito.
¡Isabel estaba gozando! Me sentí maravillosamente bien, había logrado mi objetivo y mi hermanita también disfrutaba su primera vez por el culo, aquello que tanto la asustaba.
- Marce. ¡Es divino! - Viste tontita que abuelita tenía razón. - Sí... Y vos también sos divino. - Solo te quiero Isabel y quiero que goces como te mereces.
Empecé a bombear más fuerte y rápido, mi hermanita ahora no se quejaba, solo jadeaba con la boca abierta y repetía: "Así, así, así" Sentí que algo empezaba a crecer dentro de mi más y más y me di cuenta que mi hermanita empezaba a temblar y su jadeo se transformaba en una especie de aullido: - ¡Huuuuuuuuu! ¡Huuuuuuuuuuuu!
Un aullido que cuando su cuerpo se estremeció arrasado por un terrible orgasmo se transformó en un grito: - ¡MARCELOOOOOOO!
Me aferré a su cintura para que no se me escapase porque se sacudía con tanta fuerza que mi verga casi se sale del pequeño culito, me tuve que echar sobre ella para sujetarla y poder acabarle adentro.
Chorros y chorros de semen brotaban de mi pija con una fuerza inaudita, Isabel gritaba y se sacudía mientras hundía mi mano entre sus piernas y le apretaba la conchita, sentí que le latía muy fuerte. Se la dejé metida hasta que nuestros cuerpos dejaron de estremecerse, Isabel reposaba la carita sobre al almohadón y yo le besaba el cuello y la mejilla y le decía palabras dulces en el oído, mi hermanita se había comportado con gran valentía.
Cuando se la saqué se escurrió hacia el suelo y quedó sentada sobre la alfombra mirándome con cara de asombro.
- Yo no sabía Marce, te juro que no sabía. - ¿Qué cosa no sabías Isabel? - Que era tan lindo. Gracias Marce, si no hubiese sido por vos quizás nunca me hubiese enterado ¡Qué equivocada estaba!
La abracé, le di un besito en los labios y le dije:
- Sos mi hermanita querida y quiero que seas la mujer más feliz del mundo, yo nunca te haría algo que no te gustase o te hiciese sufrir. - Ya sé que no, pero dudé. ¿Me perdonas? - Claro que te perdono, pero ahora vayamos a bañarnos que ya casi es la hora de que mamá vuelva. ¿Quieres que esta noche vaya a tu habitación a charlar un ratito cuando mamá y papá duerman? - Te lo iba a pedir. Pero ahora... ¿Quieres bañarme? Me gustaría que me enjabones toda.
Por supuesto la bañé y la enjaboné, pero esas cosas siempre terminan mal y terminamos cogiendo parados bajo la ducha. r> Esa noche continuamos conociendo nuestros cuerpos y descubrimos que formábamos una pareja terriblemente ardiente, desde ese día no podemos para de coger en cada momento en que quedamos solos en casa o, si salimos, siempre terminamos en algún hotel, desde luego que no descuido a abuelita Maribel a quien visito todas las semanas y con la que tenemos cogidas memorables.
Isabel se ha hecho muy confidente de ella y Abue le da maravillosos consejos que enriquecen cada día más nuestra sexualidad.
Marcelo Nieto.
Autor: Marcelo marcenieto81 (arroba) yahoo.com.ar |