FIESTANDO CON OLGA - Enterre mi verga en su ano y empuje, al principio le dolio un poco, pero luego, con el morbo de tener dos vergas adentro se dejo comer por el culo, como ya lo habia hecho muchas veces sola conmigoFIESTANDO CON OLGA Enterré mi verga en su ano y empujé, al principio le dolió un poco, pero luego, con el morbo de tener dos vergas adentro se dejó comer por el culo, como ya lo había hecho muchas veces sola conmigo Los niños estarían dos semanas en la casa de la abuela (mi suegra) pasando vacaciones. Olga y yo hemos acordado darnos un tiempo para nosotros y hacer cositas ricas, aprovechando que la casa se quedó sola. Pensé desde días antes darle una sorpresa y decidí conseguirme una película porno, para verla juntos.
A Olga no le gustan demasiado las películas porno, creo sinceramente que esas películas están hechas más para hombres que para mujeres. Tardé mucho tiempo consiguiendo algo que de pronto le pudiera interesar. La pena que pasé (a todos los hombres nos gusta ver porno, pero a muy pocos comprarlo) no se compara con lo que significa la segunda sorpresa que le voy a dar.
Me voy a ahorrar los detalles de cómo fue que logré organizar todo y pasaré directamente al día D. En la tarde, a eso de la seis, salí del trabajo directamente para mi casa. Me esperaba la follada de mi vida y no quería perder tiempo. Entré con mi llave y sentí a Olga en la cocina. Posiblemente ella no me sintió entrar a la casa, porque normalmente sale a recibirme.
Al entrar a la cocina procuré no hacer mucho ruido para poder admirarla. Olga es una mujer a la que deseo profundamente. Llevamos muchos años follando con el mismo fervor y morbo de los primeros días. Ahora, después de dos hijos, ha ganado algo de peso, pero eso no importa, porque me encanta tal como está y además porque tiene las tetas más gordas. Me acerqué por atrás y poniéndole la porno al frente y mi bulto detrás le dije:
- Hola mami, ¡mira lo que traje!
Es un juego maquiavélico de doble sentido: ¿qué fue lo que le traje? ¿La película o la verga hinchada para que se la comiera? Como sea ella me respondió al principio con un saltico de susto y luego volteando la cabeza hacia atrás y saludándome con un buen beso de lengua. Luego de unos segundos puso las manos atrás y tanteó la polla que se me apretaba contra el pantalón.
- ¡Cómo está de duro!, quiero de eso.
Me encanta cuando se refiere a mi polla así, el pantalón se me apretó todavía más y a Olga la vi con intenciones de hacer algo allí mismo: se dio vuelta sin dejar de atenderme con su mano derecha mientras me abrazaba con la otra. Tuve que hacer un esfuerzo para apartarla y decirle:
- Espera que tenemos tiempo, ¿no quieres ver la película antes? - Papi, tu sabes que esas cosas casi no me gustan, si quieres la vemos juntos, pero no creo que me vaya a sentir más calientica por eso.
Me esperaba una respuesta tal cual, pero eso no me desanimaba, así que la dejé en la cocina diciéndole:
- Voy a poner la película mientras tú acabas allí, te espero...
Puse la película y le hice saber que ya estaba todo listo, ahora era ella la que me hacía esperar. Al cabo de unos minutos apareció en la sala con un pantalón marrón y una blusita de esas que me gustan tanto: con las tetas prácticamente al aire. Olga creía que me estaba dando una sorpresa con su ropa, que yo se que le encanta dármelas, pero la sorprendida fue ella. Al principio, tal vez por la sorpresa, paró en seco cuando entró a la sala, luego se acercó mirándome y como pidiéndome una explicación con sus ojos. Yo me limité a mirarla con una sonrisa (algo maquiavélica confieso) y a palmear el sofá para que se sentara a mi lado.
Ella lentamente se acercó y obedeció sentándose en el sofá, aunque claramente asombrada. Un par de veces antes, al calor de una follada muy pesada, Olga me había confesado que le gustaría atenderme a mí y a otro hombre al mismo tiempo. Luego siempre lo negaba, tal vez porque le daba pena lo que yo pensaría de ella, o porque cree que ese tipo de cosas no son sanas para un matrimonio. En fin, allí estaba mi segunda sorpresa: en el otro mueble de la sala estaba sentado un negro (ella así lo quería) al que Olga jamás había visto en su vida. Sobra decir que el negro y yo había
mos hablado del asunto y que estaba de acuerdo (quien en sano juicio no lo estaría) en comerse a Olga y darle gusto.
Olga todavía no salía de su pasmo. Me la imaginaba con el corazón acelerado, con la cara caliente y llena de sangre (se le notaba algo), con miedo a preguntarme qué significaba eso. Ella bien sabía la respuesta y creo que el sustico era una previa deliciosa para lo que pasaría después. Yo me limité a pasarle el brazo por detrás de los hombros y empecé a acariciarle el cabello, al tiempo que iniciaba la película con el control remoto. No dije una palabra, pero le hice notar que mi verga seguía dura esperando la oportunidad de recibir atención. Imagino que esa desvergüenza de mi parte, le hizo dar más pena delante del extraño.
A pesar de mis esfuerzos por conseguir algo distinto, la película era como todas, no me llamó mucho la atención al principio. Yo seguía disfrutando la situación de mi esposa, atisbando en su cara cualquier asomo de morbo, quería ver si se atrevía a mirar al negro, me fijé en su postura, en la posición de sus manos, quería que sus ojos se encontraran con los míos, pero nada: estaba como petrificada, rígida en el sofá, erguida y con las manos sobre las piernas, viendo la película sin verla, con la mirada algo perdida y visiblemente incómoda.
Pensé que ya había sido suficiente de esa tortura, de modo que dejé de deslizar su cabello entre mi mano y la moví hasta la parte alta de su nuca, para masajearla. Yo sé que eso a ella la encanta y la relaja mucho. Apenas sintió mi mano en la base de su cráneo hizo un pequeño gemido y levantó la barbilla un poco, en señal de sorpresa. Luego noté como se iba relajando hasta que se recostó sobre mí y se venció al masaje que le estaba dando.
Traté de poner su mano sobre mi pantalón hinchado, pero apenas ella adivinó mis intenciones se soltó y trató de separarse de mí. Menos mal la tenía dominadita con el masaje de nuca y no tardó mucho tiempo en relajarse nuevamente y dejar de forcejear conmigo. Sabía que solo era iniciarla, hacerle dar el primer paso y Olga empezaría a portarse como la puta que es cuando estamos en la cama. La cuestión era cómo obligarla a empezar. Creo que fui algo impaciente con este primer movimiento, ya que no esperé mucho y ella todavía tenía la primera impresión del negro desconocido sentado en su sala. Decidí esperar un poco más por el momento oportuno, aunque me costó mucho, porque en ese momento yo ya estaba a millón, a pesar de no haber hecho nada aún.
Fui avanzando poco a poco, empecé poniendo mi cabeza contra la ella y luego besando su oreja, ella hacía el ademán de resistirse, pero luego se dejó incluso dar lengüetaditas en el oído, para este momento la polla se me iba a salir del pantalón, entonces apareció la mejor oportunidad. En la película porno, de la que había perdido el hilo hace rato, empezó una escena donde una mujer de rodillas le daba sexo oral a dos tipos. Masajeando y dirigiendo su cabeza por la nuca, le hice notar a Olga que quería que viera esa escena, ella la vio un momento y pasó saliva (tan atento estaba a la reacción), pero no dijo nada. Viendo que mi plan estaba resultando, me bajé el cierre del pantalón, empujé su cabeza desde la nuca y le dije al oído:
- Chúpeme Mi verga aún estaba resguardada por la ropa interior, así que se la saqué hasta la base, su cara estaba muy cerca de mi glande, pero ella se resistió y trato de decirme algo:
- No papi, me da p...
En ese momento aproveché y le empujé la polla por la boca, no la dejé terminar su frase, tuve que levantar un poco la cadera para poderla penetrar, pero luego, viéndose vencida, empezó a mamarme la verga con buen morbo. Le chupaba la punta, la metía hasta donde le cabía, luego se metía la cabecita en la boca y me sobaba la base del glande con la lengua. Todo el tiempo miraba la verga, como queriendo olvidarse del público que tenía.
- Hoy vas a ser la más puta, le dije como mandándola.
Ella se limitó a gemir con la boca llena:
- Uhhhum...
Estaba hecho: la tenía lista. El negro no se había perdido movimiento alguno y empezaba a sobarse la verga por encima del pantalón. Me di cuenta que Olga lo miró un par de veces muy r&aac
ute;pido, solo un vistazo. Seguramente le daba pena que yo me diera cuenta de ello, lo disimuló muy bien. Lo que ella no sabía era que yo la reparaba en lo más mínimo, esperando cualquier señal de morbo, sé muy bien que le gustan los negros y sé que quería ir a ver que le tenía guardado aquel en el otro mueble. Se me calentó mucho la cabeza de pensar en esas cosas. En ese momento, tuve que detenerle la cabeza a Olga con mis dos manos, porque sentí que me podía hacer venir anticipadamente. Me le acerqué y le dije suavemente:
- Vaya chúpeselo, putica.
Ella obedeció, no sin antes un empujoncito de mi parte. Se puso de pie, se arrodilló frente a las piernas abiertas del negro y le abrió la bragueta. El negro tenía una polla impresionante, mucho más grande que la mía. Me sorprendió ver como Olga, tímidamente al principio, y muy hábilmente después se tragó ese trozo de carne negra y como la pelaba con la mano para dejar al descubierto la punta roja, con la que goloseaba como una niña chupándose un bombón. Olga no alcanzaba a cerrar bien la mano alrededor de la verga del negro, estoy seguro que eso siempre fue parte de sus fantasías, chupaba como una puta maestra, meneaba y se daba golpecitos en la lengua y los labios con ese vergón negro, chupaba la punta mientras le masturbaba el resto con la mano.
El negro se bajó los pantalones hasta la rodilla y Olga le empezó a atender los huevos también, les pasaba la lengua por todo el centro y subía hasta la punta de la tranca, antes de tragársela nuevamente, mientras su boca se ocupaba de la polla, le masajeaba los huevos con la mano como diciéndole:
-Yo sé lo que hay aquí adentro y lo quiero todo.
La sala de mi casa estaba mucho mejor que la porno en el televisor. Aprovechamos un momento para desnudarnos todos, la ropa ya no servía. Vi como la ropa interior de Olga estaba mojada y me tenté a acercarme. Ella volvió a su bombón y quedó arrodillada de espaldas ante mí. Me acerqué por detrás y cogiéndola por las caderas la levanté para que quedara en cuatro patas. A pesar de haberla tomado con fuerza, Olga no se despegó de la verga de su negro, ahora lo chupaba con media verga dentro de su boca (no le cabía más) y moviéndola hacia adentro y hacia fuera.
Ninguno de nosotros había dicho otra palabra y así, sin decirle nada, empecé a tocar la raja de mi mujer. Estaba muy húmeda y caliente, como siempre me ha gustado. No tardé mucho es ponerle el pene en la entrada y empujar con todo. Olga hizo un gemido y empezó a mover las caderas, al tiempo que seguía atendiendo al negro con su boca. Solo se la sacó para contestarme rápidamente:
- ¿Esta cochina putica? - Si papá. - ¿Cómo estaba mi verga, puta? - Sucia papá. - ¿Y la del negro? - Peor papá, peor.
Luego se volvió a tragar esa carne, que se veía ya a punto de estallar con leche en su boca. Yo me la seguí cabalgando hasta que el negro hizo ademanes de que se iba a venir. Le tuvo que pedir a Olga que parara y así como hiciera yo, separarla con las dos manos de su tranca.
- Cómo estás de golosa, no le quieres soltar la verga.
Dejé de penetrarle la concha y le hice señas para que atendiera al negro, que parecía estaba a punto de venirse. Ella se arrodilló en el mueble, de frente al negro y tal como lo ha hecho conmigo muchas veces, pasó la mano por detrás de su cuerpo para encajarse la verga en la chochita, mojada como la tenía.
Escuché un gemido, que ella trató de reprimir y luego otro y otro, hasta que se volvió periódico, todo el tiempo ella trataba de ahogar esos griticos, pero no podía negarse ante semejante tranca. Me imagino que lo hacía por consideración conmigo, para no hacerme sentir menos, porque mi polla no puede provocar en ella tales reacciones. Yo seguía encantado viéndola moverse como una puta sobre esa verga negra y enterrándosela hasta que los huevos del negro le rozaban las nalgas. Ocasionalmente, Olga miraba para atrás tratando de adivinar que estaba haciendo yo. El negro por su parte le chupaba las tetas con regularidad y le pedía jadeando:
- Más duro, más hondo. Métala toda.
Olga al principio no hacía mucho caso, pero luego de aceptar un poquito mejor la tranca que se estaba comiendo, empezó a darle gusto al negro, moviéndose más rá
pido y más profundo. Ahora los huevos del negro le tocaban el culo con cada bajada y cada bajada era más violenta que la anterior. Ella dejó los pudores y empezó a jadear fuerte al mismo ritmo del negro. Ahí fue cuando se me ocurrió decirle:
- Putica: ábrase las nalgas, quiero ver su culo.
Mi mujer accedió inmediatamente. Se quedó quieta arriba (para decepción del negro) y así, en lo alto, con solo la puntita de carne ajena adentro se puso las manos sobre las caderas, y luego más abajo hasta que alcanzó la base de sus nalgas y me mostró ese agujerito delicioso que tiene. El negro aprovechó, se ensalivó el índice derecho y lo puso en el ano de mi cochinita, que ante semejante estímulo empezó a cabalgar otra vez, con más ganas que antes. El negro no le metió el dedo, solo le hacía círculos alrededor del ano. Olga seguía enloquecida y ahora gritaba sin reparo cada vez que ese chorizo se le metía adentro. Finalmente el negro no aguantó más y se vino, le lleno la concha de leche, relajó las manos y las dejó caer sobre el mueble. Olga se había quedado con casi toda la verga adentro y ahora solo se movía un poco sobre su cuerpo, era como si se estuviera rascando contra el negro alguna parte interna.
Yo aproveché la situación, me eché algo de lubricante en la polla y fui a tomar mi parte del botín. La empujé para que se doblara, puse mi verga en su ano y empujé, al principio le dolió un poco, pero luego, con el morbo de tener dos vergas adentro se dejó comer por el culo, como ya lo había hecho muchas veces sola conmigo. Ella hacía intentos de moverse mientras yo la penetraba, pero su posición era incómoda. No quise proponerle que nos acomodáramos de otra forma, porque tendría que sacarse la verga del negro. Me imaginé que parte de su fantasía era tenerlos a los dos adentro, y cuando pensé eso, me empecé a mover con más ganas en su culito apretado.
- ¿Así te gusta puta? - Aaaaayyyyyy, si papá. - Todavía puedes atender a otro más con la boca. - ¡Papi que rico!
Escucharla así de caliente me puso a millón, me calentó mucho además ver cómo el negro le mordía y lamía los pezones mientras yo me la culeaba. Se los apretaba con la mano, como si fuera a salir leche de ellos. Finalmente no pude más y también me vine, dejándole el culo lleno de semen. Cuando me quité, Olga había empezado a masajear su clítoris y había adoptado el mismo movimiento suave de antes. No tardó mucho tiempo en gemir y decir con gestos que por fin se había venido. No sé si fue a propósito, pero así nos pudo dar placer a nosotros hasta el final. Ahora mi putica está tendida en el sofá cansadísima por todo lo que la pusimos a hacer.
Influyan con vuestros votos para que me anime a seguir escribiendo, son Ustedes muy amables.
Autor: Cachutajaroca cachutajaroca (arroba) hotmail.com |