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DE CHILE - Saque su pinga y me la meti a la boca. Su agitada y entrecortada respiracion lleno el vacio del cuarto, dandome la aprobacion de lo que estaba haciendo.Pedro se retorcia y me agarraba la cabeza

DE CHILE Saqué su pinga y me la metí a la boca. Su agitada y entrecortada respiración llenó el vacío del cuarto, dándome la aprobación de lo que estaba haciendo.Pedro se retorcía y me agarraba la cabeza

Fui invitado a una Feria que se realizaba en Tacna, un departamento en el extremo sur del país, que es frontera con Chile. Como ni mi madre ni mi padrastro querían llevarme tuve que ir con una de mis tías.

En la misma posada-albergue donde nos registramos, en uno de las habitaciones colindantes, también había venido de visita a la ciudad una anciana y su nieto, chilenos ambos. Lo supe al cruzarme con ellos en el pasillo, su “dejo” (acento extranjero) era muy fuerte, como de otros países, pude saber rápidamente de que nacionalidad eran.

Llegamos en la noche, y en la mañana ya estuvimos listos para asistir a dicha Feria. En dicho lugar se había preparado un gran evento, se podían apreciar shows musicales folklóricos, contemporáneos y montajes artísticos; artesanías de distintos materiales; orfebrería y platería; algodón, telares, confecciones de todo tipo; y sobretodo (y lo que más me gusta) comida peruana (comida criolla), postres, dulces y bebidas (como el Pisco y el Pisco Sour).

En ese mismo día vi en la Feria a la abuela y al muchacho que la acompañaba. Me supongo que habrían venido a Tacna de compras, como es mucho más barato que en Arica aprovechan su estadía en Perú, ya se sabe que de cada 1 peruano que va a Chile 10 chilenos van a Perú. La señora de edad estaba como los sultanes comprando todo lo que podía, y su nieto estaba apreciando los conjuntos musicales. Él estaba con otros chicos también chilenos que, seguramente, habían viajado juntos, y yo también me encontraba junto con mis amigos que me habían invitado a la Feria.

Aunque yo no lo provoqué, fue inevitable la bronca con los sureños y los muy malcriados (al parecer se olvidaron que estaban en un país ajeno) comenzaron a maldecirnos e insultar a todos los peruanos que se hallaban. Obviamente lo botaron. Pero aun así lo pude seguir viendo en el albergue, y ya teníamos un buen tema de conversación. Aunque yo también estoy rozando la ideología de la antichilenización me contuve, no por la amistad entre países, ni por la integración de los pueblos, ni por mostrar ser buen anfitrión del país que es conocido por su hospitalidad, sino por que ese muchacho era una ricura.

Se llamaba Pedro, de mi misma altura, blanco, cara angelical, pelo castaño claro y lacio, con algunos lunares y pecas en el cuerpo, flaco, piernas largas y un redondo, grande y parado culo. Eso con el valor agregado de ser extranjero (no sé por qué pero siempre da morbo) y su acento medio chistoso de hablar me gustaba. A diferencia de otros mapuches, este era muy amistoso, atento, agradable, y congeniábamos muy bien (repito, a diferencia de otros chilenos), yo le enseñé lo poco que sabía de Tacna y lo mucho que sabía del Perú, él atento.

Aunque los amigos de él no me pasaban y mis amigos no le pasaban (o sea le aceptaban pero no le agradaban y viceversa) de igual ellos nos siguieron viéndonos juntos, se quedaron el resto de la Feria y los amigos de Pedro se tuvieron que ir, pero él se iba a quedar a que se termine la semana de plazo que le da Migraciones, y mis amigos también se retiraban poco a poco después del final del evento.

Como siempre, quiero explotar lo mejor posible mis viajes y sobretodo hacer turismo, me quedé unos días más, por lo que seguí yendo con Pedro a los diversos lugares que iba a visitar. De pronto a mi mente degenerada comenzó darle morbo el hecho de tener “algo” con Pedro, podría decir que este era tan dependiente que con una buena treta se dejaría llevar, y no me equivoque.

Ya había desperdiciado mucho el tiempo, y justo el último día me decidí a hacerlo. Al tocar su puerta, me dejo pasar diciéndome que su abuela (calculo de unos 55 años máx.) había salido y se demoraría en llegar y que él estaba comiendo unos postres de la Feria. Mi reciente amigo sureño estaba sentado al pie de la cama viendo tele, con una mano sujetaba el control remoto y con la otra terminaba de comer un (riquísimo) t


urrón (era octubre, mes en el que se come ese dulce), a su consentimiento me serví un arroz con leche, pero la verdad de verlo comer me hostigué.

Comencé a hablarle, contarle cosas sin importancia dándole un toque sexual, erótico, mientras me acercaba y le daba indirectas que parecía entenderlas. Como tanto rodeo no me gusta, inicié el manoseo de mi mano por su muslo (sé que está muy usado pero el resultado es siempre igual; al menos conmigo) y al llegar a su entrepierna, el cual mi palma cubrió como calculando las dimensiones de su órgano, como si se hiciera el desentendido me preguntó: ¿Qué haces?

Su pinga (o pico como él diría) rápidamente se erectó y aunque él trataba de ocultarlo, era obvio su gusto o al menos su curiosidad al nuevo caso. Tan solo déjame hacer –le dije…

Le quité las manos, desabroché su pantalón y bajé el cierre, con algo de apuro saqué su pinga de los interiores y me lo metí a la boca. Su agitada y entrecortada respiración llenó el vacío del cuarto, dándome la aprobación de lo que estaba haciendo.

Su pene, blanco, mediano y delgado, entraba en su totalidad en mi boca, la cual me encargaba de llenar de saliva, jugaba en su glande medio colorado pasando mi lengua por su contorno, lamiéndolo, y degustando su presemen. Pedro se retorcía y me agarraba la cabeza queriendo seguir el trayecto que recorría su verga. Después de haberlo dejado mojado, descendí a sus bolas, las cuales se habían contraído y lucían llenas, las succioné una por una al tiempo que un dedo mío se aventuraba por detrás de ellas, en su perineo. Al ver que su glande se hinchaba, volví a el y llegué justo cuando comenzaba a dar sus primeros chorros de semen. Era de un sabor peculiar…, en general me gustó.

Para continuar con la faena, le quité el polo y empecé desde abajo a lamer y chupetear su torso. Primero por su ombligo, el esternón, sus tetillas, su cuello,… miré su cara su expresión era de disfrute, suficiente para que no me rechazara el beso… acerqué mis labios y antes de rozarlos… sentimos el crujido de la puerta, y, como si de una película de suspenso se tratara, volteamos a la misma vez la cara hacia la puerta… era su abuela…

Autor: Xabier jumper_300 (arroba) hotmail.com

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