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CON MI CUÑADA BERTA - Me puse a comer sus tetas, sus dedos se aferraban a mi polla y la meneaban sin para mientras los mios entraban y salian de su vagina cada vez mas dilatada, jugaba con su clitoris y eso la hacia vibrar

CON MI CUÑADA BERTA Me puse a comer sus tetas, sus dedos se aferraban a mi polla y la meneaban sin para mientras los míos entraban y salían de su vagina cada vez más dilatada, jugaba con su clítoris y eso la hacía vibrar

Voy a contar lo que me ocurrió el verano pasado con mi cuñada Berta cuando estábamos pasando unos días en Almería en un chalet alquilado entre las dos familias. Berta es hermana de mi mujer. Bastante más joven pero se le parece mucho y me recuerda cuando ella tenía esa edad. Es más alta, también rubia de ojos azules; algo más voluptuosa y curvilínea. Siempre hemos tenido bastante confianza y cuando puedo le lanzo alguna caricia disimuladamente.

Un día de las vacaciones, después de haber salido de cena y copas, al volver a casa nos quedamos Berta y yo fumando un pitillo y tomando la última copa en el jardín. La noche era muy bonita y hablamos de bastantes cosas, algunas de cierta intimidad de las respectivas parejas; lo solíamos hacer sin ninguna traba pero sin profundizar mucho. Berta se retiró antes que yo a dormir. Iba vestida con un top blanco que resaltaba su hermoso busto y unos pantalones de cintura baja muy ceñidos a las caderas. Al darnos un beso de despedida aproveche para ceñir su cintura y atraerla contra mi hasta que sentí sus pechos contra mi cuerpo. Los tiene bastante grandes y me complace mucho hacerlo. A ella parece que tampoco le importa pues se deja hacer. Cuando se iba acaricié su culo levemente a modo de despedida. Poco después yo también me retiré a dormir.

A la mañana siguiente me levanté tarde, serían cerca de la una del medio día y no se oía ni un solo ruido en la casa. Evidentemente ya estaban todos en la playa. No me parecía nada mal; me encanta estar a solas de vez en cuando, ir y venir como más te pueda apetecer sin que nadie se cruce en tu camino y gozar del sonido del silencio. Hoy si que me pegaría un baño en la piscina totalmente desnudo como bien me gusta. Cuando bajé a la cocina me preparé un café y salí a la terraza del jardín con la taza en la mano. ¡¡oh!! Pues no estaba solo. Mi cuñada Berta se encontraba en la terraza frente a la tabla de la plancha con una cesta de ropa de los pequeños que parecía que se iba a desbordar de tanta ropa en miniatura.

-Buenos días Berta. -Buenos días; Ya es hora eh. ¿No vas a ir a la playa? -Ya sabes que a mi la playa no me entusiasma y ya que se han ido hoy pienso librar. Me bañaré en la piscina tranquilamente con un aperitivo esperándome sobre la mesa. ¿Y tú, como no has ido con ellos? -Me he levantado hace un momento y no tenía muchas ganas. Además, quiero quitar de en medio toda esta ropa de las niñas que necesita plancha. Berta estaba muy favorecida con el atuendo que vestía. Una especie de bata de colores azules y verdes con motivos chinos, sin botones y ceñida a la cintura por un cinturón de la misma tela. Calzaba unas alpargatas de suela de cáñamo con bastante alza, lo que hacía ver unas piernas largas y robustas hasta medio muslo. La verdad es que la encontraba preciosa; el pelo recogido en una especie de moño sujeto con una pinza, pendientes grandes, pulseras y sortijas, la cara arreglada de maquillaje y los labios pintados con un color rosa fuerte. De esta guisa y con lo que siempre me ha atraído, para mi resultaba todo una tentadora belleza. Yo tan solo llevaba el albornoz por encima; acababa de salir de la ducha y no pensaba pasar del jardín de la casa hasta bien entrada la tarde.

-Estás muy guapa con ese atuendo y el movimiento de la pancha te favorece. -¿Estamos de coña cuñadito? A que te pongo a planchar. -No me importa nada; cuando estoy solo siempre plancho mis camisa; me horrorizan las arrugas.

Me acerqué hasta ella y enseguida pude sentir el olor característico de su perfume en combinación con el de su cuerpo y entrever por el escote el comienzo de sus prominentes senos que noté algo sueltos, por lo que deduje que no llevaba sujetador puesto; ambos olores eran para mi embriagadores y las curvas que más que ver me imaginaba, sentí como una pequeña excitación y endurecimiento de mi miembro. Casi sin pensarlo me atreví a propinar una palmadita con la mano abierta sobre su hermoso culo. Por un mo


mento pensé que quizás había metido la pata, pues me miró diciendo:

-¡Eh!, que me vas a hacer moratones. -No es mi intención ni mucho menos; es que tienes un culete tentador. -Pues déjalo tranquilo que a estas horas estoy muy relajada y está flácido. -Que va, está en su punto. -Anda, ve a la terraza de atrás y recoge la ropa que está tendida para terminar con la faena. Crucé el salón, entré en la cocina y salí a la terraza de atrás donde estaba la ropa tendida y me puse a recoger unas cuantas prendas pequeñas que allí había, probablemente de las niñas.

Estaba un tanto excitado. Berta estaba deliciosamente atractiva y cuando tuve la mano por su culo me dí cuenta de que únicamente lo cubría la tela de la bata; esta sensación de desnudez me produjo una erección que disimulé bajo el albornoz colocando mis brazos cruzados por delante. Seguramente llevaba un tanga como ropa interior. Y, pensando en ropa interior, lo que ahora recogía era precisamente ropa interior femenina de mi mujer que bien conocía; al lado había un sujetador y unas braguitas desconocidas para mí, luego eran de Berta.

Me fijé en como eran: pequeñas, negras, con una especie de cinturilla de unos 10 centímetros de tela y el resto semitransparente; también estaban adornadas con alguna flor por los costados. Me las acerqué a la nariz por si conservaban algún íntimo olor pero olían nada más que a jabón. Al lado estaba el sujetador a juego. También negro y transparente con una flor de color rosa en el centro de la parte anterior disimulando el cierre que era una especie de imán y corchete. Tomé todas las prendas y me fui de nuevo junto a Berta.

-Aquí está la colada seca. Puedes seguir con la tarea. -Ve colocando por grupos; la de las niñas a un lado, los hombres a otro y lo demás a otro. Así lo hice e intencionadamente dejé la ropa interior negra para el final.

-¿Esto ¿Es de las niñas o de la madre? -Anda no seas bobo, serán de su padre. -Pues me gusta mucho este conjunto; ¿Qué tal queda? -Ya te lo enseñaré cuando me lo ponga. -Eso me dijiste una vez hace unos ocho años y hasta hoy. -Pues no me acuerdo. -Y ¿Por qué no te lo pones ahora? -Si claro, aquí en medio me desnudo y me lo pongo? -No mujer; ve dentro y te lo pones con tiempo. Total, algo te tendrás que poner debajo de la ropa para salir. -Venga venga, que tengo que terminar esto. -Yo sigo mientras vas y vienes. -No me líes que tengo mucho que hacer antes de que vengan de la playa.

Me acerqué a ella de frente con las prendas en la mano izquierda y con la derecha tomé la mano con la que planchaba para indicarle que yo seguiría. Me miró con cierta confusión. Tenía los ojos preciosos, de un azul fuerte adornado con los reflejos verdes del jardín; con cara seria me miraba directamente a los ojos y en ese momento me sentí turbado. Pensé que había ido demásiado lejos y que me iba a reprender por mi tozudez.

Sentí repentinamente caer la erección que me acompañaba desde hacía un rato y dudé sobre seguir en mi empeño. Pero no fue así; Berta me tomo la mano y la puso sobre el mango de la plancha dejándola un rato sobre la mía. Se inclinó levemente para tomar un puñado de ropa y la bata se abrió por el escote dejándome ver gran parte de sus deliciosos pechos. Yo ya se los había visto desnudos a hurtadillas y de lejos en alguna ocasión y me tenía obsesionado con su forma y tamaño. Me dio la impresión de que no le importaba nada que pudiera ver su cuerpo desnudo y eso me animó sobremanera hasta el punto de que mi pene se puso duro en un instante. Dejó la ropa sobre la tabla y dijo:

-Anda, plancha un poco que tengo que empezar a arreglarme. -Pues así te encuentro muy bien arreglada. Estás muy guapa. -Gracias cuñadito, eres un sol. Cuantos piropos. -No me lo agradezcas, ya sabes que eres mi cuñada preferida. -Enseguida vuelvo.

Me quedé muy desasosegado esperando que volviera. Planchaba y planchaba procurando hacerlo bien pues estaba bastante nervioso. Por la hora que era sabía que no llegaría nadie a la casa hasta después de la comida. Cuando vamos a la playa se toma algo en el chiringuito y luego se merienda en casa.

Yo estaba bastante empalmado y procuraba no pensar en nada pero me seguía en la mente la imagen de los pechos desnudos de Be

rta, su culo tan suave al tacto, sus hermosas piernas y la boca amplia y dulce. Siempre que nos saludábamos con un beso yo procuraba posar mis labios cerca de los suyos y en algunas ocasiones la había besado la comisura sintiendo la humedad y dulzura de su boca. Unos días antes de casarse, estando a solas, me pidió que fuera el padrino de su boda, a lo que yo acepté encantado y orgulloso. Para sellar el compromiso le pedí que me dejase besar sus labios y aceptó. Fue un beso muy liviano pero que me dejó su aroma y sabor para el recuerdo.

-Ya estoy aquí. ¿Te ha cundido el trabajo? -Bueno, he planchado todo esto. Es que has llegado enseguida. -He tardado un rato, tenía que retocarme bastante. -Pues estabas muy favorecida. ¡Anda, si llevas la misma bata y los mismos zapatos. -Pues algo ha cambiado. -Si, ya veo, te has soltado el pelo y maquillado. -Muy bien, gran observador. Te daré más pistas.

Volvió a la misma maniobra de recoger ropa del taburete agachándose sin doblar las rodillas de modo que al inclinarse su cuerpo la parte superior de la bata se abrió por completo. Mi vista se dirigió automáticamente hacia el gran escote para ver de nuevo sus pechos y allí estaban ahora más erguidos y prominentes, ajustados por el sujetador negro que había recogido del secadero.

-¡Bingo!, te has puesto sujetador. -Claro, estoy más cómoda. Con este pecho tan amplio prefiero ir menos desparramada y un poco colocada. -Pues te ha quedado el busto muy exuberante y atractivo.

Me acerqué un poco más a ella hasta sentir su aroma. Se había perfumado y el olor que desprendía, mezcla del perfume y de los efluvios propios resultaba muy embriagador y así se lo dije.

-Que aroma tan sensual despides. -Es la naturaleza misma con la ayuda de Dior. -Así que te has colocado la ropa interior negra que estaba aquí antes. -Era lo que más a mano tenía. -Pues si me gustaba cuando la he visto en la mano, ahora debe de ser muchísimo más gustoso. -A mi me parece que si cuñadito. En el espejo me encuentro muy bien. -Pues pronto si quieres podrás tener otra opinión.

La miré a los ojos y me sonrió. Sabía cuanto me gustaba y como la deseaba pues llevábamos muchos años disimulando ante los demás pero no ante nosotros mismos. Tomé el nudo de la cinta que cerraba la bata y poco a poco mientras la decía más piropos lo fui soltando hasta que cayó al suelo. La bata se abrió ligeramente y mi vista fue descendiendo desde sus ojos hasta su pecho donde la bata había quedado semiabierta de modo que se podía ver claramente el centro del escote. El sujetador cumplía bien su cometido y los pechos de Berta estaban firmemente sujetos y realzados, juntándose en un delicioso canalillo en el que de inmediato introduje el dedo índice de mi mano izquierda.

Esto es una costumbre que practico con las mujeres que tengo confianza y, sorprendentemente, no suelen tomárselo a mal si después de la “auscultación” hay alguna frase halagadora como “excelente temperatura”, “que suavidad”… Tengo una amiga que cuando se lo hago siempre me dice: ¿Están duras? Y yo siempre respondo: “mejorando con los años” pues puede que la primera vez se lo hiciera cuando éramos adolescentes.

-Muy fresquitos están los melones al tacto. Seguro que también jugosos. -Es que me acabo de duchar con agua fría. -Por eso la tersura también se nota.

Seguí reconociendo el cuerpo de Berta; sus “melones sobresalían en gran parte del pequeño sujetador y lo que se encontraba cubierto por la tela se vislumbraba perfectamente debido a su transparencia hasta el punto de que se distinguía la escasa aureola alrededor de unos pequeños pezones contraídos. La tripa y el vientre con las redondeces de una mujer madura pero bien formada adornaban la hendidura del ombligo donde mi dedo pulgar se introdujo por un instante. Lo tenía caliente y palpitaba un tanto rápido al ritmo del corazón.

-¡Que cuevita tan tentadora para un explorador! -Me matas a cosquillas. Es una parte de mi cuerpo muy sensible. -Supongo que tendrás otras partes que lo serán más. -En otro sentido si.

Tomé los bordes de la bata y los separé dejando ver su cuerpo cubierto tan solo por la ropa interior negra. Me quedé impresionado. Sus hermosas tetas estaban bien aseguradas y firmes rebosando por fuera del sujetador y juntándose al centro. La forma del sujetador permitía que se juntasen pero en el centro quedaban descubiertas de ta

l forma que se apreciaba perfectamente las curvas de su anatomía. La parte baja del sujetador era más fuerte pero la parte alta era totalmente transparente y se veían los pechos enteros mostrando ahora los pezones ligeramente abultados. Sin duda la escena le estaba provocando alguna excitación incontrolada.
-Tienes un pecho precioso Berta. Que envidia me da tu marido que lo tiene tan a mano. -Tú lo has visto crecer a lo largo de los años pues me conoces desde pequeña. -Bueno, eso de que “lo he visto” no es verdad; lo he notado. -Pues yo creo que alguna vez si que me has visto el pecho al desnudo.

-La verdad es que sí. Alguna vez en casa de tu madre, cuando te vestías con la puerta semiabierta y yo estaba durmiendo en otra habitación. -Ya me lo imaginaba, pero no me importaba; tengo mucha confianza contigo. -Eso me halaga mucho Berta. -Tú también me halagas continuamente. -No es para menos. Eres cariñosa, bonita, hermosa, dulce… -Menos cuando me entra la ira. No me conoces.

-Si, si que te he conocido también así y me gustas también. -Y el conjunto ¿Te gusta? -Desde luego; me encanta como te queda y lo bien que le sienta a tu cuerpo. Un poco atrevidillo ¿no? -Me encanta la ropa interior sexy. A mi marido también y le pone. -Y a mí, ¿que piensas que me produce? -Bah! Si tan siquiera me has visto bien. -Pues creo que también me pones.

Me acerqué por detrás y tomé la bata por las solapas; la abrí de todo y la deslicé por sus brazos hasta que cayó al suelo. Estaba acostumbrado a ver a Berta en bikini pero aquello era otra cosa. La espalda la encontraba ahora mucho más sensual y deseada. La cinturilla opaca de la braga cubría la parte alta del culo dejando casi al descubierto sus papos por debajo. La transparencia de la tela dejaba ver la comisura de los glúteos que se juntaban como los pechos en un canalillo tentador. Con ambas manos golpeé muy suavemente su culito y acto seguido introduje el dedo índice por encima de la goma hasta deslizarlo entre los glúteos.

-Aquí hay más temperatura que en el pecho. -Claro, y más volumen, supongo. -Es un volumen perfecto. Tienes un culete muy acogedor. -Me habían dicho muchas cosas de mi culo, pero nunca que era acogedor. -Pues es lo que se me ocurre. Lo encuentro así. Mi dedo ha sido muy bien acogido por las formás tan resaltadas. Cuando lo he pasado notaba que me lo oprimía. -Que cosas tienes. Como si tuviera vida propia. -Pues si que lo parece.

Me moví a su alrededor contemplando su cuerpo para mi perfecto, hasta colocarme delante de ella. Además de sus pechos semidesnudos, turgentes y voluminosos, ahora veía al completo el resto del cuerpo; las caderas, el vientre, los muslos…, hasta que mi mirada quedó prendida en el triángulo que se formaba al final del vientre y comienzo de los muslos. La parte de la cintura bajo el ombligo quedaba cubierta por la tela de la braga en unos centímetros pero, a partir de ahí, la transparencia de la tela ponía en evidencia lo que apenas quedaba cubierto. Pegada la tela a la vulva se percibía hinchada, las formas de los labios se marcaban y una pequeña hendidura en el centro delataba su verdadera forma.

-Eres muy hermosa querida Berta. No sabes cuanto me gustas. -Creo que siempre hemos tenido bastante empatía. -Para mi eres la versión joven de Cruz y eso puede con mis sentimientos. -Cuidado con eso. No debemos lanzarnos al vacío sin red. -No te preocupes; lo tengo muy claro.

Ni corto ni perezoso volví con la misma maniobra que en otras partes y deslicé el dedo índice de mi mano izquierda bajo la cinturilla de la braga hasta que sentí como se introducía entre los labios ardientes. Enseguida noté el calor y la humedad que desprendía. Saqué de nuevo el dedo para no resultar inoportuno aunque lo hubiera dejado al calor de la cueva.

-Aquí hay todavía más calor. Una suavidad indescriptible y la humedad relativa debe de andar casi al 100%. -Como no va a ser así después de la escena; o es que crees que soy de piedra. -Pues quiero sentir otras humedades de tu cuerpo.

La tomé por la cintura y la atraje contra mi cuerpo. Mi boca buscó la suya y nos fundimos en un beso apasionado que duró unos minutos. Su boca era deliciosa; su lengua jugaba con la mía entrelazándose y sentía que la absorbía hasta quedar entre la lengua y su paladar. Notaba como su pecho chocaba contra el mío y hasta sentí la dureza de sus pezones que ahora sin duda estarían erectos y duro

s. También mi cuerpo había reaccionado y mi polla estaba dura y erecta colocada entre mi cuerpo y el suyo.

Berta abrió mi albornoz y se asió a mi cintura empujando su pubis contra mi miembro. Yo sentía hasta el latir de su vulva contra mi pene y sus caricias en mi espalda; bajaba la mano y me acariciaba el culo con gran placer para mi. Me encanta que las mujeres soben mi culo. Sentí como su dedo se introducía entre mis glúteos y pasaba acariciándome de arriba abajo.

-También aquí hay calor. -No me extraña; debo tener todo el cuerpo caliente. -¿Habrá algún sitio más caliente? -Seguro que si; búscalo. -No sé si lo encontraré.

Separó un poco su cuerpo del mío y pasó la mano derecha por mi vientre. Pronto se encontró con mi polla erecta y su mano se abalanzó hasta estrecharla fuertemente.

-Esto si que está caliente. Y algo húmedo. -Son tus caricias que me endurecen y me hacen gotear. Pasé mi mano derecha hacia la parte delantera de su cuerpo acariciando la tripa. Luego baje la mano sobre la braga hasta que sentí el calor de su vulva; la tomé con la mano abierta y apreté su coño hasta estrujarlo. Berta se convulsionó y me mordía el cuello sin piedad al mismo tiempo que me la meneaba sin parar. Los jadeos iban subiendo de tono. Aquello no se podía parar y gritábamos sin parar. Mis dedos se deslizaron dentro de su ardiente coño y noté su dilatación. Me hubiese gustado posar mi boca sobre aquel delicioso manjar pero era imposible pararnos.

Me senté sobre el taburete mientras seguía con mis caricias vaginales y Berta frotaba mi polla sin parar; mis dedos entraban y salían de aquel coñito y ahora mi boca se había deslizado hasta encontrarse con sus tetas. Mordí el sujetador hasta que conseguí desprender el cierre y ante mi quedaron aquellas dos maravillas voluminosas. Me puse a comer sus tetas como si me las fuera a tragar de verdad. Mi lengua recorría cada centímetro de la sabrosa piel y jugaba con sus pezones mordiéndolos entre mis labios y golpeándolos con la punta de la lengua; sus dedos se aferraban a mi polla y la meneaban sin para mientras los míos entraban y salían de su vagina cada vez más dilatada: jugaba con su clítoris y eso la hacía vibrar.

-Me vas a volver loca cuñadito. Tienes unos dedos sabios y una polla muy agradecida. -Tus tetas si que son agradecidas. Se te han puesto tersas y los pezoncillos duros y de color fresa. -Es tu boca que me descompone de gusto. -Ya verás cuantas cosas se hacer con la boca. -En otra ocasión cariño; ahora mejor no pararararararararar. -Si, si, sigue, sigue que me voy a correr. -Yo también querido; me has puesto a cien y no aguanto más. -Ahhhhhhhhhhhhhhh... -Ahhhhhhhhhhhhhhh...

Nos corrimos a la vez. Fue delicioso. Se abrazó a mi cabeza que quedaba a la altura de su cintura y hasta mi nariz llegó el aroma de su sexo caliente. Un aroma que no olvidé y que me tuvo obsesionado hasta que lo volví a sentir de cerca.

Después de lo ocurrido fuimos a la ducha. Estábamos jadeantes y mojados por todas partes y no era una imagen que pudiéramos mostrar a la familia. Para no complicarlo más cada uno se duchó en su propia ducha en nuestro baño.

Otro día contaré alguna aventura más con mi cuñada y otras con amigas. Claro si alguien me anima a ello. No sé que tal resultara mi relato para los demás, el correo mio es ce.falo.podo (arroba) hotmail.com.

Espero los comentarios y ánimo con sus votos para contar otras aventuras.

Autor: Cefalopodo ce.falo.podo (arroba) hotmail.com

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