ORGIA EN LA FIESTA - Nos balanceabamos una hacia la otra, haciamos que nuestros pezones chocaran, arribo otra chica y me chupo las tetas mordiendome y haciendome gritar, llego otra y tiro champan en las tetas de MariaORGÍA EN LA FIESTA Nos balanceábamos una hacia la otra, hacíamos que nuestros pezones chocaran, arribó otra chica y me chupó las tetas mordiéndome y haciéndome gritar, llegó otra y tiró champán en las tetas de María
Soy Mallory y nunca imaginé hacer realidad mis fantasías que por tantos años me hacían estremecer de placer.
Hoy recuerdo aquella noche y siento la necesidad de humedecer mis dedos y llevarlos hacia la humedad de mi concha y hundirlos muy dentro hasta agitarme nuevamente como hice aquel día.
Tuve que salir fuera de casa por algunos días, debido a unas sesiones de trabajo con el cliente más importante de la compañía para la cual trabajo.
Aquel día estuvimos encerrados en una oficina, yo me moría de ganas por llegar al hotel, darme un baño de burbujas y pedir de cenar a la habitación.
Cuando miré el reloj me di cuenta que faltaban unas horas para concluir la jornada. En ese momento la junta fue interrumpida por una mujer que entró en la sala, por unos instantes no le di importancia, hasta que uno de los ejecutivos la presentó, fijé mi vista en ella.
De pronto comenzó a hablar y quedé hipnotizada; me atrajo, en primer lugar, su seguridad. Pero sin duda después me di cuenta que su físico podía más que todo.
De estatura mediana, ojos almendrados, una boca robusta y dientes perfectos, piel morena y unas tetas firmes y que se antojaba saltar sobre ellas para comerlas desesperadamente.
Mientras ella hablaba mi imaginación volaba; pensaba en desnudarla y morderle los labios, acariciar su clítoris y humedecerlo con mi lengua hirviendo y lamerle hasta que cayera.
De pronto Miguel, compañero de trabajo, me tocó el hombro y me hizo volver a la realidad para decirme que nos podíamos ir a descansar. Me levanté confusa y más caliente que nunca, pues mis fantasías me habían puesto a arder.
Salimos al pasillo y caminamos rumbo al elevador y antes de entrar María (ése era su nombre) me llamó y me pidió un minuto antes de irme y me dijo: - Mallory fue un gusto conocerte y ya que estaremos en constante contacto, por cosas de trabajo, me gustaría invitarte a una pequeña fiesta que organicé.
- Sería muy agradable... Y ¿los demás también irán? - No, es una fiesta privada y la gente del trabajo no irá, de hecho es en el hotel donde te hospedas. - Perfecto, entonces ahí nos veremos. - Si muy bien, te espero a las 9 en el penthouse.
Cuando llegué a mi habitación el corazón me latía fuerte y actuaba de forma torpe. Pero traté de tranquilizarme. Como tenía tiempo, entré a la ducha y mientras entraba en un estado de relax, pensaba en María y mi excitación crecía, pensando en que esa noche podría cogérmela.
Por fin eran las nueve y salí rumbo a la fiesta. De suerte había llevado ropa menos seria y decidí ponerme más sexy y cachonda. Usé unos pantalones entallados y a la cadera, de modo que mi ombligo quedara descubierto, una blusa negra transparentosa y abajo un bra que me levantaba las tetas perfecto.
Cuando llegué al penthouse una mujer en la entrada preguntó quién me había invitado y le contesté que María. "Entonces puedes entrar" El salón era de un lujo opulento. Cuando caí en la cuenta de que no había ni un hombre, sólo mujeres y todas hermosas.
No encontraba a María y mientras esperaba verla opté por tomar un trago. La noche pasaba y yo seguía bebiendo y platicando con algunas invitadas.
De pronto la fiesta dejó de ser algo tradicional y recatado. La música se puso algo sugestiva y las luces bajaron su intensidad. La ropa de algunas también se hizo menos. Pude ver a dos rubias en un diván lamiéndose todo el cuerpo; en un rincón del bar, una de las camareras hacía jadear de placer a otra.
Tres que estaban a mi lado se besaban y sacaban sus lenguas, gimiendo y soltando algunas risas.
Yo me puse muy caliente y terminé mi bebida de un solo trago. Cuando de pronto apareció María y me tomó de la mano bruscamente. Fuimos a una habitación iluminada con tonos rojos, había o
tras zorras ahí, cogiéndose salvajemente.
María me ordenó quitarme los pantalones, después de hacerlo me tomó de la blusa y la rompió. Me dijo: ¿Crees que no me di cuenta en la junta? ¿Crees que no me di cuenta de tu excitación? ¡Pues ahora me vas a coger perra!
Todo me hacía estar en un éxtasis y entonces llevé a María hacía una cama vacía la tiré y nos dimos un beso largo mientras nos amasábamos las tetas.
Bajé a tocar su clítoris y estaba mojado y delicioso, comencé por morderla y meter mi lengua, agitándola fuerte. Ella gritaba ¡Si maldita! ¡Sé que te encanta, hazlo más fuerte! Después María sacó un consolador doble: Esto es para venirnos las dos.
Nos balanceábamos una hacia la otra, hacíamos que nuestros pezones chocaran. En ese momento arribó otra chica y me chupó las tetas, mordiéndome y haciéndome gritar y volar. Luego llegó otra y tiró champán en las tetas de María.
María y yo ahora nos vemos de vez en cuando con otras amigas y disfrutamos de la cachondería más perversa que puedes imaginar. Me haría muy feliz recibir tu voto. Un beso.
Autor: Marta